Advertencias: Mucho fluff e incoherencias varias porque mi cerebro no funciona bien cuando es de madrugada.


Sostenerse la mano


Comenzó a llover antes de que pudiéramos alcanzar a resguardarnos. Eran gotas frías y demasiado pesadas que caían sobre mis hombros descubiertos y me hacían estremecer. En ese momento me maldije a mí misma por haberme puesto ese vestido sin mangas, pero luego vino a mi mente la expresión levemente asombrada de Luna (que, según recordaba, era uno de esos casi imposibles instantes en que sus ojos no tenían un matiz lejano y soñador) y me dije que aquello había valido la pena aunque ahora me estuviera temblando, helada, mientras corría hacia el lugar techado más cercano. Mi acompañante, ran rubia como yo misma, se quedó en cambio en medio de la calle mirando al cielo y empapándose al completo. Negué con la cabeza ante su locura, pero no pude evitar sonreír porque eso parecía algo normal en Luna Lovegood.

—¿Vas a quedagte allí todo el día? —le grité, tratando de que mi voz superara el sonido de los truenos que empezaban a resonar y de los pasos de la gente rezagada que aún quería protegerse de la lluvia. Ella no respondió, sino que bajó el rostro hasta mirarme, exultante de felicidad. No entendía su comportamiento, la lluvia sólo existía para 'pgoducigte gesfgiados y agguinag tu cabello, Gabgielle' según mamá siempre solía repetirme. Pero tal vez era el hecho de que Luna nunca había tenido una madre que le dijera ese tipo de cosas.

Suspiré brevemente y quise sacar la varita para hacer un hechizo protector que me mantuviera seca, pero entonces recordé que estábamos rodeadas de muggles y que por ende no podía hacer ningún hechizo. Me adelanté lo más rápidamente antes de llegar a ella y abrazarla, aunque con eso no hiciera más que mojarme de pies a cabeza. No podía parar de reír y tal vez el alcohol que había tomado tuviera algo que ver con ello.

—La lluvia está algo seca —dijo ella, de repente, como si eso fuera el comentario más común del universo. Alcé una ceja, levemente escéptica y ella me besó brevemente ante mi torpeza con las cosas más obvias—. En Hogwarts la lluvia estaba más atiborrada que aquí, más húmeda, más llena de vida.

La observé mientras ella se explicaba y casi, casi quise darle la razón. Se la hubiera dado sino fuera porque sabía perfectamente que 'en Beauxbatons ega aún mejog. La lluvia de Hogwagts es demasiado bgusca'. Ella discrepaba y yo lo sabía, ella iba a replicar y luego yo lo haría porque era horriblemente competitiva y nunca iba a soportar no tener la última palabra. Y luego todo se convertiría en una discusión sin sentido originada por el simple hecho de no traer paraguas a una reunión en un bar muggle.

Así que preferí simplemente sostener su mano y ubicarla en mi nuca, antes de susurrarle un cortante 'sólo bésame y no hables, boba' y llevar a cabo dicha acción. La verdad, las citas con Luna siempre resultaban divertidas y ésta —con el montón de gente señalando nuestros cuerpos enredados, empapados y medio desnudos, porque la ropa que llevábamos era eso, justamente— no era la excepción.