Nota del Traductor: Siento la demora... este fic ira mas lento, me cuesta mucho traducir este Edward, me hace enfadar y me pone muy nerviosa. Creedme es difícil de creer, pero es cierto, leyendo el fic no me pasa, pero al traducirlo si.


Nota del Autor: No poseo Twilight, o ninguno de sus personajes, pertenece a Stephenie Meyer!! Gracias a todos los que han comentado y añadido a alertas. Gracias a Bookbag, mi beta- que tiene una brillante y sinuosa mente. Es un capítulo largo, así que es mejor que pongáis una escusa a vuestros seres queridos y cerréis la puerta con cerrojo.

Después de todo, a Edward no le gusta compartir.


Capítulo Cuatro: No soy un juguete

Caminaron de vuelta a la casa en un silencio hostil. Bella peleaba por mantenerse el control de si misma, embotellando la apremiante frustración, el resentimiento, la impotencia. Era como tener de nuevo dieciséis años.

Como siempre, él había conseguido lo que quería. Satisfactoriamente la había atrapado y ella se lo había permitido. Toda la terapia, preparación, los años después de mudarse de aquel lugar, desperdiciados. Era como si desde el momento en el que había cruzado a la dimensión Cullen, se hubiese transformado en la débil adolescente que era entonces.

En la sesión de la semana anterior con Angela específicamente se había preparado para este día. El día en que le vería de nuevo. La charla de ánimo con Angela aún estaba en su cabeza.

"Recuerda esto, Bella, si no recuerdas nada más. No podrás cambiar a Edward; no tienes control sobre él. Él es una variable que está fuera de tu esfera de influenciación.

Quizás haya cambiado, pero lo más probable es que no lo haya hecho. Sabes quien es, él que será siempre. Y tienes que aceptarlo.

Pero TU has cambiado. Eres una persona más fuerte desde que empecé a tratarte hace cinco años. Eres lista y segura de ti misma. Estabas ahogada por la ansiedad cuando empezamos a trabajar juntas. No eras capaz de abrirte sin temer que te hicieran daño o te usaran. No era tan siquiera capaz de hablar con un hombre sin bloquearte.

Pero ahora tienes un trabajo en el campo que tu elegiste, y mantienes una relación estable con un hombre con éxito. Tienes alquilado un apartamento en un sitio maravilloso. Tienes amigos a los que les gustas por quien eres y no te están usando.

Recuerda todo esto y estate segura de controlar tu propio comportamiento, y no dejes que otros dirijan tu vida nunca más. No olvides tus opciones. "

Bella sintió un sabor metálico en la boca mientras se deslizaba por el campo, la casa se levantaba inminente en la distancia, envuelta por la niebla. Ojala la vida tuviera un botón para rebobinar, pensó, su garganta se tensó reprimiendo las lágrimas por la frustración.

Tendía a llorar cuando estaba feliz, triste, preocupada. Lloraba cuando estaba cansada y conmovida. Quizás era por los años en los que sus emociones fueron reprimidas, pero en la actualidad, las lágrimas aparecían con una regularidad irritante y era entonces cuando los pequeños músculos de sus ojos los que evitaban que salieran y corrieran por sus mejillas.

Todas sus fantasías sobre volver a ver a Edward nunca habían terminado así. Normalmente, en la cama por la noche, soñaba despierta que cuando le volviese a ver, él estaría asombrado por su fortaleza, su éxito, la transformación por la que había pasado.

Si era honesta consigo misma, siempre que visualizaba un gran éxito, veía la cara de Edward. La apreciaría sorprendido mientras la observaba con orgullo y el lamento inconfundible de que había sido él el que había arruinado las cosas entre ellos. Su fantasía de que él lloraría en su boda era una de sus favoritas. Quería triunfar sobre él, por muy infantil que fuera eso.

En su mente, mientras cruzaba el escenario y para aceptar el Premio Pulitzer por su contribución al periodismo, Edward sentado pálido y reverente en la primera fila. Había ensayado un millar de reencuentros diferentes durante las últimas semanas, al conocer el deterioro de Esme, había caído como el peso de un yunque sobre sus hombros.

Ninguna de esas fantasías había estado relacionadas con atravesar un campo, tragarse lágrimas de furia, con un anillo de compromiso de Tiffany and Co sujeto en su puño tan fuertemente que el diamante estaba a punto de perforarle la piel. Lo puso en el bolsillo de su chaqueta y cerró la cremallera.

Aunque no estaba lloviendo todavía, la atmósfera era tan húmeda, tan brumosa, y la tormenta que se avecinaba tan cerca que su cabello estaba cubierto de gotas de cristal y su chaqueta estaba medio empapada.

Edward caminaba un poco detrás de ella, sin tocarla, le ponía nerviosa ver su presencia negra por el rabillo del ojo, como una mancha desenfocada, como cuando las pestañas se pegan. Su propio demonio negro personal. Era como si todo lo que hizo estaba calculado para desconcertarla, para ponerla a prueba, para ejercer control y mientras caminaba, sus pies congelados tropezaron con matas y se le metieron en agujeros de conejo, el petardo encendido de furia en su interior ardía vivamente.

Cabrón mentiroso, pensó, la ira hirviéndole en la garganta. Pediría que lo grabaran en su tumba. Aquí yace Edward Cullen, amado hijo y hermano y un malvado cabrón mentiroso. Pensó si todas esas palabras entrarían en su tumba. Si se negaban a hacerlo, lo haría ella misma con un cincel. Se permitió imaginarse una imagen de ella mismo bebiendo una cerveza mientras estaba sentada con las piernas cruzadas sobre la tumba, agotada por haber cincelado. La imagen fue inmensamente gratificante.

Edward no parecía tener ninguna dificultad con el césped resbaladizo, sus largas piernas daban un paso por cada dos que daba ella. Se había acercado a ella y podía oír su regular respiración detrás de la oreja. Sintió su mano presionar su espalda presumiblemente en un intento infantil para hacerla reír. Se detuvo en seco volviéndose bruscamente, y le golpeó en la mejilla con la mano abierta. Él abrió la boca en estado de shock, y ella se volvió y siguió caminando con la mayor dignidad que pudo reunir.

Bella pudo ver Carlisle, una figura pequeña en la distancia, esperándoles en el patio de piedra detrás de la casa. Se mezclaban a través de los jardines, los aromas de las hierbas que flotaban alrededor de ellos en el viento que cada vez soplaba más. Gordas gotas de lluvia empezaron a marcar el camino de piedra pálida. Bella corrió el resto del camino, y se paró delante de Carlisle.

"Bella, cariño, ¿cómo estás?" Preguntó tiernamente, envolviéndola en un abrazo. Se relajó contra él, la mejilla apoyada en su suéter de lana picaba, sintió su ira disiparse mientras que el impacto de su aparición resonó en su interior. La enfermedad de Esme había cobrado su precio en Carlisle. Parecía cansado y gris, y había perdido por lo menos veinte kilos. Ella se apoyó en él, y sintió que él también se apoyaba en ella.

"Estoy bien. Carlisle, ¿tú estás bien?" Bella se separó para mirarle de nuevo. "Estás muy delgado."

Él sonrió débilmente, sus ojos azul-verdosos ensangrentados. "Ella no come, y se me olvida."

Bella sonrió suavemente. "Estoy aquí ahora, así que eso va a cambiar. ¿Como está ella?"

Bella escucho el paso de Edward en los escalones de piedra tras ella. Carlisle no la contestó, y en lugar de eso sonrió a Edward, y ofreció sus brazos.

Bella se echó a un lado y observó, con ojos amenazadores, mientras los dos se abrazaban. El hijo prodigo ha vuelto.

Edward normalmente no se parecía nada a Carlisle, tenía el aspecto de Esme, pero era tan alto como Carlisle, y por una fracción de segundo mientras se separaban y se estudiaban el uno al otro, parecieron exactos. Bella pensó que podía hacerse una idea de como se vería Edward cuando fuese más mayor.

Entonces se dio cuenta que era el dolor los que les hacía tan iguales. Edward tenía una mejilla enrojecida. Si Carlisle le había visto abofetearle o había notado el enrojecimiento, no dijo nada. A diferencia de su hijo, Carlisle era el alma de la discreción.

"¿No sentamos en la cocina?" Carlisle sugirió en voz baja. Bella y Edward se quitaron su calzado lleno de barro en la puerta. Bella hizo una nota mental de tirar el suyo a la basura y se preguntó si sus botas seguirían en al lado de la lavadora.

Fueron dentro, y los dos hombre se sentaron en el banco de la cocina mientra Bella preparó tres tazas de chocolate caliente, que colocó con delicadeza ante Carlisle y con fuerza frente a Edward. Se sentó en el taburete frente a Edward y todos pusieron sus frías manos alrededor de las tazas.

Edward no la había mirado a los ojos desde que le abofeteó.

"¿Cuando llegan Emmett y Rose?" preguntó Bella tras un minuto de largo silencio.

"Rose esta muy embarazada para volar. Él Esta conduciendo hasta aquí ahora mismo, deberían llegar tarde esta noche." Carlisle dio un sorbo a su chocolate, miró por la ventana durante largo tiempo. Parecía estar escogiendo sus palabras. Sus ojos no dejaban ver su angustia cuando finalmente habló, su voz mecánica y plana.

"Esme. Bueno. Está muy mal. Le quedan unas dos semanas, como mucho."

Bella miró a Edward; su rostro era como una preciosa máscara inexpresiva. Reconoció esa falta de expresión; era extraño ver su cara sin el leve ceño fruncido. Eso era lo más cerca que Edward podía estar de una angustia aulladora. Su dolor era tan palpable, el leve temblor de sus dedos mientras tocaba su taza, causó una inesperada compasión en ella.

Dejo la ira a un lado, prometiéndose regresar a ella, y puso su mano con la palma hacia arriba sobre el banco. Edward rápidamente apoyó su palma contra la de ella en agradecimiento. Carlisle observó sin sorpresa. Después de todo, ellos solían sentarse así, juntando sus palmas durante la cena cuando eran niños.

Bella no tenía claro cuanto conocían Carlisle y Esme sobre su don. Ella asumía que Edward podía leer a todo el mundo, haciendo contacto con ellos. Las mentes de incontables mujeres fueron por lo tanto conocidas por él en algún momento.

Edward sin duda daba la impresión de escuchar a todo el mundo. Él era insufriblemente presumido y siempre aludió sabre todo acerca de todos mientras crecían.

"No hay secretos," solía exagerar alargando las palabras mientras desenterraba los tesoros personales de Emmett, arruinaba planes de regalos sorpresa de cumpleaños y exponía pasiones ilícitas y enamoramientos tontos. Solo parecía deleitarse burlándose de Bella con su talento; con los demás era más discreto con sus manipulaciones.

Tenía una confianza inquebrantable en sí mismo y arrogancia que le habían hecho enemigos de los maestros de escuela y una legión de seguidoras femeninas, las Edwardianas, Bella las llamaba con desprecio.

Los ojos de Edward ahora brillaban, divertido ante el recuerdo del apodo y bebió otro sorbo de su chocolate.

No, no fue divertido entonces, ella pensó enfadada. No había hecho ninguna amiga en años que no la estuviera usando como forma de llegar a él. Su relación se consideró rara e incestuosa por la población estudiantil, Bella siempre sintió las miradas sobre ellos mientras el autobús del colegio se alejaba de la entrada a la casa de los Cullen y ellos caminaban camino a casa cogidos de la mano.

Bella era dolorosamente tímida y no fue considerada una amenaza para las animadoras y las reinas del baile que dieron vueltas como buitres.

Mientras estos recuerdos fugaces e imágenes se deslizaban por su mente, observó a Edward fascinada, dándose cuenta lo lánguidos que eran sus ojos de color verde oscuro cuando escuchaba.

No se hablaba sobre el don de dentro de la familia, pero parecía ser aceptado como un hecho, como si fuera simplemente un sentido de la vista excepcional o talento para los números o las lenguas extranjeras.

Edward torció la boca, él la había oído preguntarse esto mil veces pero nunca le respondió.

Ella sabía que podía dejar de escuchar si quería, si se concentraba, pero él había dicho con desprecio que escuchar sus pensamientos era como ser adicto a una telenovela. Sabía que no debía seguir escuchando, pero estaba enganchado de alguna manera a la historia, le había dicho.

Le gustaba escuchar. Le permitía planear.

Nunca le reveló como sonaban los pensamientos; si eran sólo imágenes e impresiones débiles, o un diálogo cristalino de su monólogo interior. (Ella rezó con fervor por los primeros).

Edward alzó las cejas y levantó los ojos al techo burlándose y ella le clavó las uñas en la palma de la mano cruelmente.

"¿Está Esme sufriendo?" Bella finalmente preguntó, sintiendo los dedos de Edward apretar en su mano a cambio. Él giro su mano, la cubrió con la mano suya, aplastado su mano suavemente contra la superficie del banco. Tenía unas manos bonitas, ligeramente ásperas pero cálidas. Su mano cubría totalmente la suya.

Carlisle se frotó la cara. "Sí, ella está sufriendo mucho dolor en este momento, aunque nunca se queja. Todavía están tratando de concretar un buen nivel de medicamentos para el dolor."

Hizo una pausa. "Pero varía. Algunos días, cuando el clima es agradable, está suficientemente bien como para sentarse en su balcón en un sillón. Otros días está apenas consciente."

Carlisle sonrió débilmente, claramente tratando de poner cara de valiente. "Ha estado preguntando por ti, Bella."

Bella respiró hondo. Tenía miedo de ir arriba. Asustada por si se desmoronaba frente a Esme y la molestaba. Este día ya había ido tan mal. Carlisle pareció advertir esto, y la miró con amabilidad.

"Quiero que estés preparada, está mucho peor que cuando la viste hace un par de meses. Pero sigue siendo la Esme misma en el interior. ¿Vamos arriba? Querrá hablar un rato. Sólo finge que todo es como antes."

Carlisle se levantó, le tendió la mano y ella deslizó la mano libre en la suya. Los tres vinculados, de la mano, caminaron a través de la casa, a oscuras, subieron por las escaleras al segundo piso, y se acercó a la puerta enmarcada de un destello plateado al final del pasillo.

Carlisle llamó suavemente y esperó. Bella soltó la mano de Edward.

La puerta se abrió y por un momento, Bella se deslumbró. La gran ventana, del suelo hasta el techo era cegadora. Las cortinas estaban totalmente abiertas, y las nubes turbulentas se deslizaban fuera como un río. Una vez que sus ojos se adaptaron, vio a Esme, medio apoyada sobre varias almohadas.

"¿Bella?" Esme dijo suavemente.

Bajo un gorro de suave punto, la hermosa cabellera pelirroja de Esme estaba casi desaparecida, asolado por meses de quimioterapia intensiva. Estaba consumida y delgada, apenas una forma debajo de las mantas, sus ojos hundidos y los labios agrietados. Pero al mirar a Bella, ella hizo un intento de sonrisa y levantó una mano ligeramente fuera de la cama.

Seguía siendo completamente hermosa, graciosa, su luz aun brillaba.

Bella sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas, y se mordió el labio torpemente. Su bella Esme, que le había trenzado el pelo, asistido a conferencias de padres y maestros y que la había arropado. Se desvanecía del mundo, dejando a Bella sola y fría. No habría nadie que la amara ahora. Bella se sintió tambalear, insegura de cómo reaccionar, qué decir.

Edward salvó Bella, saliendo de la oscuridad del pasillo y envolviéndola con sus brazos desde atrás, apoyando la barbilla en su hombro. "Los dos estamos aquí, mamá. Y Emmett y Rose estarán aquí pronto, también."

El rostro de Esme estaba radiante. "Venid aquí, queridos," dijo en voz baja, cerrando los ojos brevemente.

Edward movió a Bella alrededor de la cama, deteniéndola al lado de la cama. Él la giró, la sentó en el borde de la cama. Se tumbaron en la cama con Esme, con Bella en el centro. Carlisle se sentó en el sillón junto a la cama.

"Bueno, tenemos poco espacio." Esme dijo con voz débil, divertida. Bella hundió la cara en la almohada al lado del cuello de Esme, sus lágrimas calientes mojaron la funda.

"No llores, cariño," dijo Esme en voz baja. "No hay razón para llorar."

Bella rodeó con su brazo suavemente a Esme, y lloró de todos modos. Edward envolvió su brazo alrededor de los dos, acoplándose a Bella y todos ellos permanecieron allí en silencio durante mucho tiempo.

La combinación del increíble aroma a manzana y chocolate de Edward y el olor de la polvorienta piel de Esme, marcaron el momento en su memoria.

Ella capturó el momento en el tiempo, y lo guardó. Se comprometió a recordarlo siempre.

Edward, pasándose el dedo por la cara interna de su brazo, sentí la intensidad del momento doblemente, a través de su propia experiencia, así como viéndola a través de los ojos de Bella. Cerró los ojos con fuerza contra el dolor y la belleza abrumadora.

Pero en otro plano en su mente, el narcisista, se consoló de que él había estado en sus pensamientos, y que él olía tan bien.

"Lo siento," finalmente logró decir Bella. "Es que te echaba tanto de menos."

Esme, con su voz suave y maternal en un tono bajo dijo. "¿Me echabas de menos? Yo también te extrañé. A pesar de que te vi hace un par de meses. Ahora, dime, ¿cómo va el trabajo?"

Bella rodó sobre su espalda, entre los dos, la barbilla de Edward en su hombro y su aliento secando sus lágrimas.

"El trabajo va bien, supongo. Tengo un mes de descanso." Trabajaba como reportera de un tribunal, así había conocido a Michael. Edward resopló molesto a ese pensamiento.

"Va muy bien. Aunque estoy un poco harta de escribir sobre violencia." Si fuese honesta consigo misma, odiaba su trabajo. La estaba destruyendo. No había que pudiese destacar, sólo una decadencia general de su alma.

Ella desechó el pensamiento expertamente antes de que derrumbara en su mente. En comparación con este dolor insoportable, su crisis existencial era tan insignificante como una piedrecita en su zapato.

"Y Edward, cariño, ¿sigues trabajando para el New York Times?" Esme preguntó, incapaz de seguir la pista de donde trabajaba.

"No, estoy trabajando como freelance en este momento. Regresé de Afganistán hace tres semanas".

Edward era un fotógrafo. Bella sabia todo sobre su incursión en el fotoperiodismo de guerra por sus emails semanales con Emmett y también de ver sus fotos en la revista Time.

Su capacidad de hacer de una foto común una obra de arte era increíble. Parecía ver el mundo de una manera diferente a las personas comunes, y se veía a través de su trabajo. Sus fotografías de guerra no eran las habituales instantáneas de la miseria humana, lugareños agradecidos y alzamientos de banderas. La serie que fue presentada en Time capturaba la presión sobre los soldados.

Cada fotografía estaba impregnada de la soledad, el anhelo, la marca del paso del tiempo. Bella había llorado con la imagen de un joven soldado, sosteniendo una foto de su hijo recién nacido, como si estuviera sosteniendo el propio niño. La intensidad incrementada por la imagen en blanco y negro.

Por la serie presentada en Time, Edward fue nominado para un Brownson, un prestigioso premio internacional de fotografía. Conociendo a Edward, probablemente no le importaba una mierda. Ella sintió que en su boca se enroscaba una sonrisa sobre su cuello.

"Bueno, me alegro de que hayas vuelto. Es peligroso." Esme estaba empezando a sonar más a su antigua personalidad. Maternal. Omnisciente.

Edward la miró inclinándose por encima de Bella. "Yo no estaba en ningún peligro."

Bella se rió por lo bajo. "Por supuesto, Esme, no te preocupes. Él es a prueba de balas, ¿recuerdas?" Él le pellizcó el estómago en represalia.

"¿Y cómo esta... Michael, no? ¿El hombre con quien estabas saliendo hace unos meses?"

El silencio se prolongó mientras Bella luchaba por pensar en qué decir. Ella era una mentirosa sin esperanza. El viento golpeó contra la ventana.

"Rompieron." dijo Edward, sin tan siquiera tratar de ocultar su triunfo. Bella frunció el ceño pero no dijo nada.

"Oh, cariño. Era un muchacho agradable." Esme volvió el rostro hacia la Bella con ojos amables. "¿Estás terriblemente triste?"

"Um, no, Él, eh, no tenía suficiente tiempo para mí." Fue lo primero que se le ocurrió.

"Bueno, nunca pensé que él era el más adecuado para ti de todos modos. No era lo suficientemente bueno para ti. Casi nadie lo es." la voz de Esme estaba empezando a desaparecer, los párpados se le cerraban lentamente.

Edward sonrió maliciosamente, y Bella captó la mirada de sospechosa de Carlisle.

"Ummm. Bueno, ¡yo no sé nada de eso!" Bella bromeó sin convicción. La mano de Edward se deslizaba bajo el borde de su suéter, y ella se vio obligada a permanecer quieta.

"Es verdad. Tú eres especial, y necesita un gran amor. Amor verdadero."

Bella tragó cuando la mano de Edward se deslizó más alto, sobre su vientre tembloroso, con el dedo trazó el aro de su sujetador. Sus dedos estaban calientes. Iba a pagar por esto. Él se rió maliciosamente.

"Edward, conozco esa risa. ¿Estás molestando a Bella?" Esme reprendió mientras sus ojos cerrados se movieron. "Tienes que parar. No es un juguete".

Aunque ella le había dicho esto un millón de veces en los últimos años, sin efecto, esta vez la mano de Edward se congeló sobre sus costillas, y él retiró la mano bruscamente.

Él tragó saliva audiblemente. "Vamos a dejarte dormir, mamá. Los dos estamos aquí para quedarse ahora, así que te veremos cuando despiertes." La boca de Esme se levantó ligeramente en las esquinas mientras se deslizaba en el sueño más profundo.

La cama estaba tan cálido, Bella no quería irse. Sus pies apenas comenzaban a calentarse. Michael había estado trabajando muchas horas, y que había empezado a dormir en el dormitorio de repuesto de su apartamento. Así que no la moleste cuando regresaba a casa tarde, eso le dijo.

En realidad, no habían tenido relaciones sexuales en casi tres meses, lo que a ella en realidad no le importaba. El sexo con Michael era superficial, un cortés intercambio. Dios, se alegró de Edward no le estaba escuchando. Realmente necesita empezar a controlar sus pensamientos mejor.

Él no hacía ningún ademán de levantarse, y yacía sobre su espalda, el calor de su cuerpo envolviendo el suyo.

Bella pasó sobre Edward, brevemente a horcajadas sobre su torso, haciendo caso omiso de su alegremente moviendo las cejas, y se deslizó mientras enredada su pierna con la sábana. Sin gracia, cayó retorcida, aterrizando con fuerza sobre su espalda contra el suelo, arrancada de los celestiales edredones de lujo y los olores hermosos que ella tanto amaba.

Mientras se quedaba sin airea, no pudo dejar de pensar que esto sería lo que sentiría cuando muriese Esme. Cuando las lágrimas empezaron a aparecer una vez más, ella respiró frenéticamente para recuperar el aliento, la cara de Edward apareció sobre ella. Su frente estaba arrugada, él la miró con verdadera preocupación, y ella quería llorar aún más.

Pero entonces sus ojos brillaron con la diversión, y él se echó a reír. Sus carcajadas resonaban en sus oídos mientras Carlisle corrió y le ayudó a levantarse y la acompañó por la escalera a su habitación en el primer piso. Era un imbécil.

No había cambiado nada. La llamaban la habitación blanca, y siempre había sido la habitación de Bella. Se sentó en la antigua cama de matrimonio, sintiendo la inclinación familiar viejo colchón, dispuesta a rodar por él, como una cuna. Estaba contra en una de las paredes blancas como coco, y junto con la luz blanca, las alfombras y las cortinas, siempre le había recordado de Narnia. El efecto se veía reforzada por el gran armario de madera en la pared del fondo.

La habitación de Edward fue al final del largo pasillo. La suya era la habitación dorada. La habitación blanca en ese momento estaba fría. Carlisle había ido a intentar cambiar el termostato.

La puerta se abrió de golpe de manera abrupta, y Edward entró.

"¡Eso no tubo precio!" Él rió, evidentemente sin dejar de reírse de su caída. Pateó la puerta que se cerró tras de él.

"Cállate," dijo ella entre dientes con furia. "Podría haberme hecho daño. Me podía haber roto el cuello por lo que tu sabías."

"Deja que el doctor Edward te eche un vistazo." Se arremangó las mangas exageradamente, frotándose las manos a medida que avanzaba hacia ella. Vestido totalmente de negro, era casi una silueta, un recorte en la congelada habitación blanca.

"Por favor, llama la próxima vez, por cierto" le dijo, moviéndose rápidamente al otro lado de la cama, contra la pared, lejos de su alcance.

"Podría haber estado cambiándome o algo así."

"Oooh, nunca voy a llamar definitivamente entonces." Él se rió burlonamente.

"Habla en serio por una vez, Edward... todo este plan... es ridículo. Has oído a Esme ti mismo; sentía que había roto con Michael. Quiero decirle la verdad."

Edward puso la rodilla sobre la cama y comenzó a arrastrarse hacia ella, su rostro paso de alegre a amenazante en un abrir y cerrar de ojos.

"No lo harás."

"Pero la has oído..." Bella se sentó con la espalda contra la pared, su corazón comenzaba a acelerarse.

"Yo la escuché decir que casi nadie es lo suficientemente bueno para ti. Lo que quería decir era, el único suficientemente bueno para ti soy yo." Edward se tumbo pesadamente sobre su estómago, boca abajo sobre su regazo. "Hay que seguir fingiendo."

Hizo una pausa, su voz ahogada por los muslos. "O por lo menos empezar a fingir, por el amor de Dios. Tienes que dejar de llorar y empezar a actuar como si yo te gustara."

Se dio la vuelta, cerró los ojos, y Bella se quedó mirando su cara, su pelo creando una cortina a su alrededor. Suspiró, su cuerpo agitado al fin tranquilo. Ella puso sus manos en sus sienes. Casi nunca le veía así. Tranquilo, y no enojado.

"Tu me relajas," le dijo. No podía imaginar cómo, la mayoría de su vida se había dedicado a custodiarla, poseyéndola, lo que debe haber tenido que quitarle una enorme cantidad de energía.

"Especialmente cuando te crecieron las tetas," dijo con voz ronca. "Tuve que dar palizas a esos lameculos del instituto de Forks con un palo."

Siempre decía cosas así y Bella sabía que no debía sentirme halagada. Su boca se suavizó mientras ella acarició con los dedos su frente. Se preguntó cómo es que no tenía las líneas de expresión marcadas todavía. Viajaba por todo el mundo, había experimentado tanto, pero su cara estaba sin una línea, su piel una confección de un pálido dorado.

Su belleza le atravesó y ella separó bruscamente las manos. Sólo podía oír si sus pieles se tocaban. Sin embargo, él había oído una huella del pensamiento y abrió los ojos.

"Gracias. Tu también estás muy bien." Él la miró especulativamente, y se dio cuenta de que estaba lo suficientemente cerca para ver las manchas pequeñas amarillas alrededor de sus pupilas.

Exasperada, ella negó con la cabeza.

"Mira, no habrá problema al pretender que nos estamos enamorando." Edward se incorporó sobre un codo, puso la mano en la parte posterior de la cabeza de ella, acercando su cara a la suya.

"Ves, así." Él tocó los labios de ella, y la carga eléctrica entre ellos la hizo retroceder con espanto.

"Interesante ...". Observó, sus párpados caídos de forma sexy, lamiéndose los labios.

"No me he enterado muy bien, no estaba concentrado. Me pregunto lo que has pensado de eso. Inténtalo de nuevo." Tiró suavemente de su pelo cabello y el placer de sus dedos deslizándose, girando suavemente por su pelo contra su cuero cabelludo hicieron que parpadeara con fuerza.

Él la había besado en varias ocasiones durante sus años de adolescencia, de forma experimental, y casi había olvidado lo que era. Como cada átomo en su cuerpo había vibrado de forma simultánea. Ella se apartó.

"No, Edward, estoy comprometida con Michael. He hecho un compromiso con Michael. "

Su voz temblaba con convicción, y los ojos de Edward se oscurecieron. Envolvió un brazo por su cintura, la llevó hasta su cuerpo y rodó sin problemas hasta ponerla sobre su espalda. Ella se alarmó al sentir su erección presionando contra su muslo, y luchó, encarcelada bajo su pesado y musculoso cuerpo.

"Deja de decir cosas así. Sabes que me hace enfadar." Gruñó ásperamente contra su cuello.

"Siempre me vuelve loco. No eres para nadie más, eres para mí. Y no vas a ser capaz de recordar el nombre de ese pajero en cuanto acabe contigo." Cuando la lengua de terciopelo se deslizó por su cuello y Bella sintió que sus pezones se endurecían en respuesta campanas de alarma comenzaron a sonar. Estaba en peligro.

"Si que lo estás," él estuvo de acuerdo, chupando suavemente su la clavícula, su suaves y carnosos labios dejaron besos con la boca abierta.

Sus dedos estaban avanzando lentamente bajando su jersey por su hombro. Ella envolvió sus manos alrededor de sus muñecas, en un débil intento de quitárselo de encima, pero él suavemente entrelazó sus dedos en los de ella, levantando los brazos por encima de su cabeza mientras empujaba las caderas contra las de ella, lo que la hizo reaccionar sin pensar; arqueándose infinitesimalmente contra él. Su cerebro daba vueltas mientras él mordisqueaba el tirante del sujetador negro, su barba arañaba suavemente su hombro.

Estaba perdiendo el control, rápido, y su voz interior de la razón fue desvaneciendo rápidamente, probablemente irremediablemente seducida también. La estaba dominando, apretándola contra la suave cama, y ella levantó la mano a su cabeza, al preciado cabello en la nuca de su cuello. Su respiración era entrecortada, estrangulada y obligó a su mente a pensar. Debía parar esto, podía poner fin a esto, se ordenó a sí misma en desesperación.

"No, no lo pares," le susurró, su tono una petición ahogada que nunca había escuchado antes mientras él enmarcó sus hombros con sus manos, usando la rodilla para separar sus piernas. Apretó su muslo contra el suyo, estaba segura de que él sería capaz de sentir su calor a través de sus vaqueros.

"Mmm-hmmm," afirmó con voz ronca. "Es delicioso". Empujó contra ella de nuevo lentamente, deliberadamente, alzándose sobre ella con sus antebrazos, con la boca abierta sobre su sien. Si estuviesen desnudos en este momento, estaría deslizándose en su interior.

"Finalmente te voy a a poseer," susurró, su aliento entrecortado cada vez se flexiona la cadera contra la de ella, sus cuerpos buscando la fricción, y el estómago de Bella se encogió en respuesta. El loco y vertiginosa placer estaba nublando su cerebro por completo. Sabía que estaba mal, pero era incapaz de detener el maremoto de lujuria que se estrellaba sobre ellos, consumiéndolos. Sintió su ropa interior cada vez más húmeda.

Edward gimió, su dura erección casi dolorosamente contra ella. Sus ojos verde menta tan cerca de los de ella, y sus ojos cayeron a sus labios, vacilaron de nuevo a sus ojos, y luego comenzó a bajar su boca a la suya. Ella sabía que una vez que probará su boca, no habría manera de parar, no habría vuelta atrás. Ellos tendrían sexo, aquí mismo, probablemente a pocos minutos de este beso.

La anticipación del placer zumbaba en sus venas y de pronto ella hambrienta por él, de saborearle, de consumirle. Este era un universo extraño, alterno en el que había caído, suspendida sobre el blanco, apretada por el negro. Estaba tan cerca de sus más oscuras y húmedas fantasías, no había ni bien ni mal.

Esto simplemente era.

Un golpe seco en la puerta hizo que ella entrara en pánico. Se congeló.

"¿Bella?" la voz de Carlisle era suave desde el otro lado de la pesada puerta."Bella, ¿quieres bajar para comer algo?"

Abrió la boca, anhelando un aliento que no pudo llegar a sus pulmones.

"Dile que bajaras en una hora, que te estas echando un rato." dijo Edward con voz áspera, su deliciosa aliento baño sus labios. Él pasó la lengua por su labio inferior, que la hizo estremecer con delicadeza.

Sus ojos encontraron los suyos, y fue el divertido triunfo que se veía en ellos lo que la trajo de vuelta a la tierra. Ella había visto antes esa expresión en incontables ocasiones, mientras subía a través de su ventana, en sus años de adolescencia, apestaba a perfume barato de Revlon.

"Bajo en seguida, Carlisle," por fin encontró su voz. Edward cerró los ojos, las manos a ambos lados de su rostro se encrespa en puños.

"Bien, si ves a Edward, se lo dices." los pasos de Carlisle se alejaron.

"No voy a hacer esto contigo." dijo ella con voz temblorosa, deslizándose por debajo de él. "No puedo hacerlo. No soy un juguete para que juegues con él." Ella hizo eco de las palabras que dijo Esme, colocándose la ropa en su lugar.

"Interrumpido por mi propio padre…" Edward masculló incrédulo, mientras ella se tambaleaba por la habitación y lo dejó, tendido boca abajo, con la cara enterrada en la almohada.


Nota del Autor: Edward pone su rodilla en el borde de la cama, y se arrasta de rodillas hacia ti, gruñéndote para que dejes un comentario y que le saques de su miseria. Los comentarios son muy gratificantes para Edward.


Pasáros por mi perfil si queréis, he actualizado, mis "planes" de actualización... por llamarlo de algún modo.