Los personajes pertenecen a la señora Meyer.

Hoy el drabble va para AniBishoCullen. Lamento la tardanza, pero aquí está.



Bella no contestaba, y para Edward la incertidumbre era peor que el rechazo.

—Bella, por favor dime si aceptas o no casarte conmigo. Tan sólo di sí o no, cariño.

—Lo siento, Edward —se disculpó la joven de ojos chocolate—; es que no quiero casarme contigo…

Estas palabras le rompieron el corazón al chico de cabello cobrizo, a quien se le descompuso la expresión de su rostro, y comenzó a guardar el anillo de solitario diamante en la cajita de terciopelo. Entonces, unas delicadas manos tomaron las suyas.

—Espera —continuó ella—. Debes saber que te amo más que a nadie, Edward, pero no quiero casarme contigo porque temo que nos pase lo mismo que a Charlie y Renée.

—¿Qué les pasó a tus padres? —. El semblante del joven ya no traslucía desamparo por el rechazo, sino curiosidad.

—Ellos también eran jóvenes y se amaban, pero al casarse todo cambió y poco después de mi nacimiento firmaron los papeles del divorcio. El matrimonio cambia a las personas y sus sentimientos, y yo no quiero que cambie todo lo que siento por ti.

Sonriendo, el joven de ojos verdes —que ahora brillaban—, la estrechó entre sus brazos, besando su cabello y aspirando la tenue esencia de fresas de su shampoo.

—Tonta Bella, ¿acaso no confías en nosotros? Yo estoy seguro que mi amor por ti crecerá cada día un poco más, y cuando seamos ancianos, cuando estemos arrugaditos y que nuestro cabello sea del color de la nieve, te querré mucho más que el día de hoy.

—Edward, eso dices ahora, pero si algún día nos enojamos, o discutimos, o nos gritamos cosas horribles, o…

Un largo dedo se posó en los labios de Bella, acallándola.

—Lo solucionaremos a su tiempo, amor. Todo es cuestión de confiar en que todo va a salir bien. Es como una apuesta, Bella… ¿y sabes? Yo suelo tener bastante suerte. Por ejemplo, te tengo a ti. Así que apuesta por mí. Apuesta por nosotros.

Edward hizo el infalible puchero que a su hermana siempre la abría puertas, y del que Bella jamás podía quedar inmune. Se aproximó a él y lo besó tiernamente en los labios.

—Lo único que puedo prometerte es que lo pensaré, ¿está bien?

—Está bien.

Volvieron a besarse. Edward estaba completamente seguro de que tarde o temprano —quizá más temprano que tarde— convencería a Bella para que le dijera el esperado "Sí, acepto".


Disfruten el último día de libertad que nos brindan los fines de semana xD.

Ciao!