Introspección: Un plan estratégico de publicidad y una mentira conectan a un político corrupto y a una socialité caprichosa.

Sumary: ¿Qué se necesita para llegar al cielo? Una escalera. Un trato entre el sol y la luna. Una mentira.

Disclaimer: Bleach y todos sus personajes pertenecen a Kubo Tite. No busco lucro ni nada por el estilo.

Notas:

Universo alterno

El texto en itálica (cursiva) es para hechos pasados, flashback.

El título y el sumary es metáfora. Ichigo (sol) y Rukia (luna).

Cambié la edad de los personajes (Rukia e Ichigo).

No generalizo a los políticos, quiero pensar que hay sus excepciones.

Japón tiene una forma de gobierno Monárquico Constitucional (Parlamentaria). El país se divide en prefecturas, cada de estas tiene su parlamento local y su respectivo gobernador (allá se les conoce como Prefectos). En nuestro sistema, las prefecturas equivalen a los Estados, así como el parlamento local al Congreso de la Unión y el Gobernador al Prefecto.

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"El hombre es naturalmente bueno, es la sociedad lo que lo corrompe."

Jean-Jacques Rousseau

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~* Escalera Al Cielo *~

Capítulo I

"Si yo fuera..."

Muchas veces hemos sido escuchas o hemos dicho tan trillada frase "Si yo fuera...". Si bien esto se ha venido escuchando más en un ámbito político, "Si yo fuera Primer Ministro, Gobernador de tal Prefectura, miembro del Parlamento…" y demás cargos político habidos y por haber. Y a ese "Si yo fuera…" le añadimos infinidad de propuestas políticas que consideramos que son necesarias verse plasmadas en algún documento legal para la mejoría de la nación.

"Si yo fuera…" era una frase abierta que Kurosaki Ichigo años atrás no pensó mencionar, al menos, en el aspecto político; pero la vida lo había llevado por un camino distinto, quizás era el destino lo que lo llamaba pero cuando ocupó su primer cargo como miembro del Parlamento en la Prefectura de Tokio, llegó con las mejores intenciones del mundo… pero el sistema, sí, el jodido sistema terminó corrompiéndolo moralmente, físicamente, en sus acciones y en sus relaciones… hasta convertirse en lo que hoy en día era: un doble moral. Se sentía orgulloso de ello, aunque no debería estarlo… pero le importaba un reverendo rábano, mientras en su nómina apareciera aquella suculenta cantidad de yenes que recibía como sueldo, todo estaba relativamente bien.

En ese instante estaba viviendo un gran momento, no era el cumbre, ya que primero debía pasar por aquel camino por el que casi todos ya habían recorrido antes de llegar a ser Primeros Ministros: ganar la Gobernatura de la Prefectura de Tokio. Estaba a mitad del camino en esa escalera hacia los altos puestos gubernamentales, lo que él denominaba como su cielo.

Era el candidato elegido por parte del Partido Liberal Democrático y desde hace un mes que estaba en campaña política, recorriendo diversos sectores de la ciudad, haciendo hincapié en donde brillaba el proletariado, y por ende, la mayoría de votos. Haciendo proselitismo a cada lugar que visitaban con 'fingido' interés por conocer la opinión pública y las demandas de los ciudadanos. También otorgaba entrevistas a diversos medios masivos, desde la radio hasta el periódico, se presentaba a los pocos debates existentes y daba gracias a que alguien le hacía sus discursos y lo asesoraba en varios aspectos para que su presentación fuese impecable y convincente. Así mismo, se prestaba a anunciar apetitosas propuestas para la mejoría de la ciudad, aunque francamente le importaba una mierda, sólo estaba sediento de poder y riqueza, y sabía encubrirlo perfectamente.

Sin embargo, todos los discursos atiborrados de buenas propuestas y cosas bonitas, todos los spots televisivos mostrando su lado de gente bien y preocupada por el desarrollo de Tokio y toda su publicidad gráfica que llegaba a cada rincón, no estaba sirviendo como esperaban.

Un miércoles por la mañana recibió la noticia de que la estrategia se estaba viniendo abajo así como su sueño de ser Gobernador de la Prefectura de Tokio.

Todos los colaboradores de campaña estaban presentes, rodeando en sus almohadilladas sillas aquella gran mesa. El punto principal lo ocupaba el pelinaranja, quien se notaba serio y algo molesto, y no era para menos.

Yoruichi Shihoin era la directora de campaña del partido y por ende de la carta fuerte para los comicios próximos. Con total seriedad aventó el periódico del día a la superficie de la mesa, añadiendo con rigidez la situación de Kurosaki y todos los involucrados.

—Nos lleva 30 puntos de ventaja— Dijo cruzándose de brazos, mirando por encima de los que estaban sentados, haciendo indirecta referencia a los no muy buenos resultados de todos los esfuerzos invertidos.

Algunos se asomaron tratando de leer el titular del periódico, sin embargo, Sentaro se adueñó de la primicia, leyéndola primero para sí mismo y después para todos los demás al ponerse de pié y carraspear.

—El candidato del Nuevo Partido de Japón a la Prefectura de Tokio, Ishida Uryuu, aventaja al candidato del PLD, Kurosaki Ichigo, con 30 puntos. Poniéndose a la cabeza en las preferencias electorales— Dijo en voz alta Sentaro, leyendo el titular para que todos estuviesen enterados. Y obviamente era una noticia alarmante, no sólo porque la reputación del partido estaba en juego, también los puestos de algunos presentes.

—Estamos a dos meses de las elecciones… Se supone que deberíamos estar a la ventaja…— Habló de nuevo la morena pelipúrpura con evidente molestia, en sus años como directora de campañas, ese tipo de noticias no se habían presentado, era la primera vez y no lo concebía.

— Hemos estado haciendo lo de ocasiones anteriores, claro, ajustándonos a la opinión de Kurosaki pero no entiendo… ¿Qué estará fallando? — Fue el comentario que salió de la boca de Ise Nanao, colaboradora. Y quien dada su experiencia en otras campañas, tampoco lograba entender el porqué a esos pésimos resultados a 2 meses de los comicios.

El pelinaranja se encontraba en su asiento, cruzado de brazos, con la mirada puesta en un punto, tratando de hallar el error que lo ponía en desventaja ante Ishida. No podía creer que el cuatro ojos estuviese en las preferencias de los electores, si en primer lugar sus propuestas no tenían nada interesante, además sus escasos estudios no le daban la visión que él tenía de la ciudad. Él era el economista, con dos maestrías: una en administración pública y la otra en economía política y gobierno. Tenía más bases para ser Gobernador de la Prefectura de Tokio… ¿A caso los electores no lo notaban?

— ¡Kurosaki! ¡Qué opinas de todo esto! — Fue la estridente voz de Yoruichi lo que lo sacó de sus cavilaciones, y cuando volvió en sí, la miró con cierta sorpresa mientras los demás presentes aguardaban y lo observaban.

Ichigo pasó saliva con dificultad, y suspiró profundamente antes de hablar.

—Qué quieres que te diga…— Le dijo molesto —Es una mierda… Eso es lo que pienso… No puede ser posible que el cuatro ojos me esté robando el sueño de ser Gobernador— Dijo arisco, a su hastiado modo de decir las cosas, haciendo sentir inútil a los que le dirigían la campaña.

—Si lo sé, es ridículo pero— Dijo la pelipúrpura compartiendo su opinión —Qué propones… estamos a tus ordenes… lo que consideres dilo…— Acotó, ya que pensaba que el hecho de que el pelinaranja aportara ideas para subir en las encuestas, sería de gran utilidad para todo el equipo.

—Ustedes son los expertos… Deben saber qué hacer… Yo estoy dispuesto a lo que sea con tal de ganar las elecciones— Se acomodó en su asiento y lo dijo con algo de indiferencia, quizás algo ofendido, estaba abierto a que se probara con todo con tal de aventajar a Ishida.

Los colaboradores se miraron unos a otros, por momentos pasaron su mirada a la directora de la campaña, quien bien ya tenía casi agotadas las herramientas para enaltecer la popularidad de Kurosaki pero bien podría pedir alguna ayuda externa y ajena para sacar adelante la campaña de la manera más viable posible.

—Por ahora no tengo idea de que podamos implementar pero— Profirió Yoruichi sin más, palabras que sorprendieron, era también la primera ocasión que la directora estaba seca de ideas en momentos importantes ya que siempre se caracterizó de emerger con una grandiosa y exitosa idea en el momento más preciso —Voy a analizar otras opciones, nos reuniremos nuevamente cuando tenga algo concreto— Puntualizó antes de dar finalizada la reunión.

El recinto poco a poco se fue vaciando entre murmullos, hasta que la pelipúrpura quedó a solas con Kurosaki, quien estaba con mal sabor de boca, aunque tenía todas sus esperanzas puestas en la mujer que le acompañaba.

—No te preocupes, sigue normal como lo hemos venido manejando. Yo me ocuparé— Fueron sus palabras finales, palmeándole el hombro con intención de darle ánimos y sin más, abandonó el salón. Dejando al muchacho de hebreas naranjas en completa soledad.


Y aún cuando después de la reunión y desalojar las oficinas fue abordada por una parvada de reporteros que pedían conocer su opinión acerca de la noticia del candidato del Nuevo Partido Nacional llevaba en ventaja a su cliente, hizo lo posible por responder sin comprometerse. Ladeando preguntas que calificaba de estúpidas o bien, peligrosas que podría evidenciar el problema que tenían. Para desgracia de los reporteros, no lograron conseguir nada de gran valor.

Citó a todos sus colaboradores en un punto en específico para darle seguimiento a la situación, y aunque ella misma deseaba descansar de su ajetreado día, no pudo hacerlo ya que a cada instante volvía a su mente el problemón que se cargaba con la campaña de Kurosaki. No estaba en su haber quedar mal con la gente ni darle pésimos resultados, ya que de eso dependía su futuro. Así que se puso manos a la obra y dispuso a darle selección y consulta a la gran cantidad de libros existentes en su librero con títulos relativos a la publicidad política con todo y su equipo auxiliándola.

Incluso revisaron todo el esquema que representaba la campaña, tratando de encontrar esas fisuras que habían traído esos 30 puntos en desventaja para el Partido Liberal Demócrata, y aunque lo analizaron a profundidad repetidas ocasiones, cerciorándose de haber llevando bien los procedimientos, el resultado fue de sin errores…

—Maldita sea… No entiendo porqué— Espetó frustrada Yoruichi, sin saber que retomar o qué hacer.

Sus colaboradores estaban peor, aparte de exhaustos, estaban desesperados por encontrar una solución. Ni siendo los profesionistas más calificados podían dar con la falla.

—Deberíamos hablar con el director de campaña de Ishida… Podría asesorarnos— Fue la idea que se le ocurrió a Hisagi, otro de los colaboradores, y aunque en ocasiones anteriores sonara descabellada la idea, ahora no lo era. Se veía más como una solución.

—Pedirle asesoría al director del candidato contrario… Increíble— Soltó Ise Nanao con ironía y acomodando sus gafas, a su criterio era ridículo pensarlo, era como demostrar cuan débiles eran como equipo.

—Es una opción pero… no nos dirá nada útil… No son idiotas— Fue la opinión de Yoruichi, y es que bien la competencia podía dar datos pero lo más probable es que fuesen erróneos. Nadie ayuda a la competencia.

Era cuestión de poco tiempo y verlo a detalle… de analizar que les hacía falta… que podría ser bueno para alzar las preferencias electorales… era cuestión de ver más allá de lo convencional.


Habían pasado días algo angustiosos, al menos para Kurosaki, su directora de campaña aún no tenía nada de ayuda, comenzaba a pensar que todo estaba perdido y el hecho de llegar a casa y estar solo, pensando en su situación política no era lo más acogedor del mundo. Afortunadamente su familia aún se acordaba de él y le daban preferencia ante todo; ésta vez tenía que agradecerle a una de sus hermanas por la invitación a un cena familiar que tendría como punto de encuentro el hogar de la misma Yuzu.

Hizo todo lo posible por adelantar sus pendientes y terminar con sus labores de campaña para poder manejar hasta los suburbios para relajarse y compartir aunque fuese un momento agradable con su familia.

Aunque una vez que llegó al hogar de su hermana de cabellera clara, se arrepintió de haber ido.

—Agarra su mano, vamos— Le dijo Yuzu al pelinaranja, una vez que lo condujo hasta la habitación de su primogénito.

Yuzu de un lado de la cuna, tenía la manita de su pequeña hija tomándole un dedo, mientras Ichigo estaba del otro costado, mirando a su sobrina.

—No, no, no. Me hace sentir extraño que sea tan pequeña— Se negaba el ojimiel, mientras se rechazaba a la tentativa de su hermana a que por lo menos tocara a la pequeña.

—No le insistas Yuzu… Es mejor así, Ichigo es tan bestia que podría lastimarla—Fastidiaba Isshin cruzado de brazos y mirando a su hijo mayor con cierta altivez desde el marco de la puerta.

— ¿Sabes Ichigo?, las primeras veces también me asustaba agarrarla — Habló Marco, él era el esposo de Yuzu. Siempre trató de conseguirse la simpatía del pelinaranja pero no lo había logrado hasta el momento, esperaba ésta vez que si se ponía en su lugar, quizás podrían llevarse mejor.

Ichigo le miró con la ceja en alto, nadie le había pedido su opinión. Lo odiaba, no sólo porque resultaba ser un completo imbécil, también por su culpa, el apellido japonés quedaba en segundo término, siendo suplantado por el de Muccino, y es que el esposo de Yuzu era extranjero, italiano para ser precisos. Y al haberse casado, los hijos que procrearían llevarían el Muccino antes que el Kurosaki, vaya mierda.

—Nunca dije que me diera miedo tocarla, además, que yo sepa, siempre has sido un conejo asustadizo— Le espetó con seca actitud, si bien, la cortesía con Marco era algo que Ichigo no conocía.

—Mejor vamos a cenar— Pidió Karin al resto antes de que se suscitara una pelea verbal, una de tantas que Ichigo y Marco solían protagonizar en los momentos menos adecuados, pero ninguna superaba la primera de todas. La cual se suscitó en la boda de Yuzu y Marco, cuando a Ichigo le tocó dar el brindis.

Después de que el barbudo hombre dio un emotivo discurso hacia su joven hija que acababa de casarse y que aún no podía asimilar, el pelinaranja, que anteriormente no había dicho ni pío durante toda la ceremonia, ésta vez se vio obligado a decir unas cuantas palabras.

Su cristalizada copa llena de champagne hizo sonar con una cuchara a la vez que se erguía en toda su estatura, captando así la atención de todos los presentes.

Obviamente un momento muy extraño. Soy malísimo hablando en enfrente de la gente. No sé qué decir. Sé qué decir, pero no sé cómo— Trataba de encontrar palabras, aunque se estaba quedando como un gran estúpido, algo que no era.

—No es necesario— Decía la dulce Yuzu desde la mesa central, lugar donde sólo se hallaba ella y su esposo.

—En verdad quiero hacerlo así que…— Le dijo el ojimiel a su hermana, sonando tranquilo, a lo que la joven castaña ceniza accedió.

Las miradas de todos los invitados estaban puestas en el hombre de colorida cabellera, quien de gala era el único, al menos invitado, de pié. Sosteniendo su copa y mirando a la mesa principal.

—Yuzu… solo quiero decirte que te deseo lo mejor, mucha felicidad…— Articuló el ojimiel con algo de trabajo pero sincero, sembrando emotividad a la castaña ceniza, ya que Ichigo era un hombre que no comúnmente dijese ese tipo de palabras — aunque te hayas casado con el más imbécil de todos los novios que te conocí… Salud — Acotó socarrón alzando su copa y bebiendo de un solo trago.

Los rostros sonrientes y satisfechos cambiaron drásticamente a unos incrédulos, en especial la de los familiares del novio, en sus semblantes se mostraban algo de cólera dada por las palabras del hermano de la novia. Toda la paz y la armonía que se suponía debía ser el ambiente adecuado de una boda, se volvió turbio cuando el novio se levantó en seco, furioso, lanzando gritos.

— ¡¡Ya estoy harto de tus desplantes!! — Gritaba el novio con los ojos casi saliendo de sus cuencas, lo enfrentó gritándole infinidad de injurias.

— ¡¡Eres lo peor que pudo haberle pasado a mi hermana!! ¡¡No te conformaste con ser un parásito y casarte de ella, todavía tratas de hacerte el simpático conmigo, maldito pedazo de mierda!! — Saco toda su furia ante el hombre frente suyo, señalándole con el dedo, casi tocándolo. Provocándolo lo suficiente para que le lanzara un puño que fue a estrellarse a su mejilla.

Ichigo al recibir el impacto, la sangre le hirvió de furia y le regresó el ataque de la misma forma. Los más cercanos intervinieron antes de que el asunto acabara en tragedia, Isshin y algunos familiares se encargaron de detener al pelinaranjo, así mismo los hermanos varones del novio sostuvieron al recién casado. Yuzu, miraba angustiada la escena, se acercaba poco a poco levantando las enaguas de su vestido blanco mientras pedía que dejaran de discutir.

— ¡¡Y si fuera tu familia, me daría vergüenza por tener entre sus miembros a alguien tan desagradable como tú!! — Vociferaba Marco casi endemoniado, soltando todo su sentir hacia el hermano de su esposa, en el momento menos adecuado. Arruinando el feliz momento.

— ¡¡Me importa un rábano tu opinión!! ¡¡Eso no cambia que seas un pedazo de mierda!! — Le contestaba a gritos el de ojos miel, aún tratando sus familiares de retenerlo para que no se soltara a atacar a su cuñado.

— ¡¿Qué dijiste?! — Le preguntó incrédulo el hombre italiano, sin asimilar la cantidad de adjetivos terribles que el pelinaranja le atribuía sin conocerle del todo.

— ¡Escuchaste bien lo que te dije, pero te lo vuelvo a repetir y en tu idioma: Faccia di merda! — Volvió a gritar el de colorida cabellera usando sus conocimientos del italiano para agredir verbalmente a Marco.

—Ya es suficiente Ichigo…— Le dijo Isshin, jalando a su hijo para distanciarle de Marco, quien a su vez también se le llevaron de regreso a la mesa central y le sirvieron un calmante a sus alterados nervios.

Ichigo se marchó de la boda, despidiéndose sólo de sus familiares y pidiéndole disculpas a Yuzu por el show que le había armado en el día más importante de su vida, pero dejando claro que era honesto y pidiéndole que se cuidara, que si necesitaba algo que se lo pidiera.

Desde ahí su relación con su cuñado no era nada amistosa, aunque el mismo Marco le buscaba simpatía, Ichigo no estaba en condiciones de hacer el borrón y tratar de llevarse bien. No iba ha ser un hipócrita, por eso dejó claro que lo odiaba y nada de eso iba a cambiar por mucho que se esforzara en que hicieran las paces.

Se reunieron torno a la amplia mesa, la cual en su superficie estaba colmada de trastos, algunas frutas, un canasto de pan, dos grandes botellas de refresco y el elemento extraño: un Walkie-Talkie. Cuando el pelinaranja preguntó la razón por la que estaba esa cosa ahí, Yuzu le respondió con toda alegría que era debido a que así podrían estar en comunicación con la habitación del bebé y saber que tiene.

Mientras cenaban, de entre pláticas, todos eran escuchas de los diversos sonidos que hacía la pequeña bebé en la otra habitación, de vez en cuando Yuzu se encargaba de explicarles lo que el pediatra le decía en las consultas.

Aunque la cena había abarcado otros temas, al final de la misma y mientras saboreaban el postre, la plática se centró en Ichigo, sobre su campaña política que era de lo último que quería hablar dada la crisis momentánea. Afortunadamente su celular sonó en el momento perfecto.

Fue la voz de Yoruichi la que se escuchó al otro lado de la línea completamente animada.

—Ichigo… ya encontramos la solución—

La noticia de haber encontrado una viable opción fue música para sus oídos.

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Hasta aquí viene el 1er capítulo, ¿que le pareció?...

Espero me den su opinión y ver si vale la pena seguirlo escribiendo ;).

No tengo jucio, como ya se habrán dado cuenta, no termino un fic ando ya estoy con otro jeje pero prometo actualizar Desde el Corazón ;) pronto xD

Gracias de antemano por la lectura y sus comentarios.

Saludos!!!!!!!