Introspección: Un plan estratégico de publicidad y una mentira conectan a un político corrupto y a una socialité caprichosa.

Sumary: ¿Qué se necesita para llegar al cielo? Una escalera. Un trato entre el sol y la luna. Una mentira.

Disclaimer: Bleach y todos sus personajes pertenecen a Kubo Tite. No busco lucro ni nada por el estilo.

Notas:

El texto en itálica (cursiva) es para hechos pasados, flashback.

No generalizo a los políticos, quiero pensar que hay sus excepciones.


Hola a todos!

Como ya estoy a poquito de estar de vacaciones, hoy que no tengo nada mejor qué hacer les vine a pubicar lo que sería en sí en epílogo de ésta historia.

Se ubica a 2 años después del final y bueno, ya pasó algo de tiempo a ver quien se acuerda del fic hahahaha pero de todas formas lo pongo y espero les guste.

Gracias a todos por el apoyo, por la paciencia y por leer. Besos!

P.D. Inspirado en el tema "The first, my last, my everything" de Barry White (gracias a Gina por recomendarme el tema).


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"Lo primero, lo último, mi todo"

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Epílogo

2 años después

Las ansias de llegar a su destino le taladraban la mente, los deseos por ganarse un futuro exitoso la tenían absorta; sus orbes azulinas como el profundo mar se encontraban azoradas, esperando que los focos del semáforo cambiaran su tono, para mandar la señal a su cerebro y continuar con su trayecto a una máxima velocidad.

Su mano izquierda apretaba con fuerza el volante mientras la diestra descansaba en la caja de velocidades, sus pies ávidos se movían tensos por apretar el acelerador y los dientes oprimía ya desesperada, con sus delicadas facciones contraídas y oscuro mechón cubriendo parte de su faz.

Escasos segundos pasaron, el reflector del semáforo cambió su luz roja a una verde; una enorme sonrisa se dibujó en su rostro y apretó el pedal del acelerador y el vehículo junto con su conductor, salió con una velocidad óptima, dejando al resto de los autos atrás, más en un momento cumbre las llantas rechinaron al dar vuelta a una de las avenidas, pero una miniban llegó a su encuentro, ambos se estrellaron de manera estrepitosa, milagrosamente sin causarse daños físicos entre los individuos, solo materiales.

— ¡Aprende a manejar, estúpida! — Vociferó el conductor de la miniban, bajando del susodicho vehículo.

— ¡Cállate! — Fue la respuesta a gritos dada por la morena, asomándose por la ventanilla del Mercedes Benz.

Rukia se mantuvo sentada en el asiento de su casi coche, porque efectivamente no era suyo, tratando de buscar una escapatoria para el lío que se había metido, pero antes de enfrentarlo; sacó su celular con el fin de hacer una llamada de suma importancia.

—Bueno…— Dijo la chica con toda la formalidad posible, mientras de reojo observaba al conductor de la miniban, que molesto se hallaba y a la muchedumbre acercarse a la zona.

— ¿Sí? ¿Kuchiki, eres tú? — Preguntaba una dama al otro lado de la línea del teléfono.

—Sí, sí soy yo— Contestaba de mala gana, sin quitar la vista al accidente que había ocasionado.

— ¿En donde estás? Hace 10 minutos que debías estar aquí, los de recursos humanos no dejan de verme feo— Explicaba la mujer con un tono severo.

—No creo poder llegar a la junta, tuve un pequeño percance no sé si puedas pedirles que la programen para mañana— Dijo con seriedad, más que resignada, iba a ser casi imposible resolver en menos de 5 minutos el puto lío que tenía en plena avenida.

—Más te vale que ese 'percance' no sea en realidad 'Kurosaki Ichigo y la cama' porque juro que te mato, les diré pero no te garantizo nada— Profirió algo escandalosa la muchacha con aires de grandeza, exigiéndole a su compañera.

—Sí, sí lo que digas… nos veremos— Prorrumpió dándole poca importancia, por desgracia no había sido ese percance lo que la tenía atrasada, era una cosa de dimensiones mayores, sólo a su persona le pasaban ese tipo de cosas.

Absolutamente crispada, dejó el celular a un costado, enfadada salió de su Mercedes; y observó el panorama: dos autos con bolladuras, un tráfico espantoso y miles de personas en primera fila observando.

Rukia acomodó sus manos en la cintura, con la mirada puesta al cielo; como si éste le fuese a librar del problema, a brindarle en bandeja de plata toda las respuestas; más una voz le impidió continuar con sus labores.

— ¡Hey tú! ¡No sé en que rayos estés pensando, pero más vale que sea algo que me beneficie; mira como has dejado mi camioneta…! — Gritaba un regordete hombre de piel tostada y gorra, señalando su camioneta, en el sito preciso donde sufrió de tal abolladura.

— ¡Cállate, es solo una magulladura, nada grave que no se pueda arreglar… Aunque si te fijas bien, tu auto es una carcacha, creo que te hice un favor! — Dijo altanera, burlona, llena de sátira en sus palabras, y así lo creía, después de todo, el carro de ese sujeto no era nada comparado con el suyo-no tan suyo. Hasta se preguntaba si al tipo no le daba pena manejar esa cosa intento de auto.

— ¡No te pedí tu opinión a cerca de mi auto! ¡Esto no hubiese pasado si tuvieras algo de cordura, gente como tú me enferma, si no sabes conducir entonces no tomes el volante, como es posible que dejen transitar por las calles a la gente inepta como tú! — Gritaba alterado el sujeto, apuntando con el dedo índice a la causante de su desgracia, propinándole a sus oídos palabras ofensivas, con el fin de despertar en ella algo de remordimiento.

Y al término, de que el hombre ese expresó su sentir hacia la morena; esta le incrustó su puño en el rostro, exactamente en el ojo derecho; causando aún más la expectación entre la sociedad.

El sujeto calló al suelo; mientras la morena lo observaba completamente enojada; si bien; estaba harta… ¿Quién coños se creía ese imbécil para hablarle de esa forma?

Y estaba a punto de aventarle otro puñetazo cuando los oficiales de tránsito la detuvieron.

—Señorita por favor sea tan amable de acompañarnos…—

Rukia estaba lo suficientemente enojada, así que se alejó de la escena dando zancadas, vociferando su odio hacia el regordete hombre y los oficiales; proclamando su odio a medio mundo y dando muestras de su furia hacia todo objeto inerte en el suelo.


Fastidioso, era la palabra perfecta que describía su labor más pesada y lo peor de todo es que ese día era de esos de labores pesadas, ya que desde las 6:00 la mañana estaba confinado en la sala se reuniones con los titulares de los sub-ministerios de Finanzas para darle planteamiento, análisis y conclusión final a las propuestas a lo que sería la nueva reglamentación en asunto financieros, desde imposiciones a los bancos en Tokio, hasta consideraciones en la baja de impuestos y régimen tributario para las grandes empresas. Era una cosa aburrida, de mucha concentración y repaso, era cansado tanto para la mente como para el mismo cuerpo, estar sentado por horas era una tortura, quizá lo que lo entretenía a veces era cuando aparecían las dichosas peleas verbales entre los titulares de partidos contrarios, en casos más extremos empezaban con mentadas de madre y terminaba en agarrones de greñas, si la gente tuviera el derecho de ver las grabaciones del Ministerio de Finanzas en sus juntas seguro sentirían pena ajena.

—La sección cuarta del artículo 25 debería ser modificada en su contenido respecto al impuesto sobre las utilidades de un 30% a un 15% ya que según los resultados arrojados en las últimas investigaciones han dejado claro que…— Ichigo daba la resolución final de sólo una de las sección de 80 artículos, le parecía molesto tener que repetirlo todo, no pensó que ese tipo de cosas fuera a hacer como Ministro del Ministerio de Finanzas de Tokio, quizás hasta ahora maldecía al Señor Gobernador de Tokio, Ishida 'El Cuatro Ojos' Uryuu.

—Disculpe que interrumpa pero Sr. Ministro, la Señorita Kuchiki le llama por teléfono— La secretaria interrumpió deliberadamente la reunión, apenada porque le habían dado estrictas ordenes de no interrumpir por ninguna razón sin embargo como se trataba de la novia del Ministro pues la verdad no le daban muchas opciones.

Kurosaki al escuchar el apellido de la dueña de sus desdichas y alegrías se detuvo en su habladuría y miró a la secretaria, por dentro empezaba a preguntarse qué demonios había hecho la morena ahora como para interrumpirlo cuando sabía de antemano que no debía hacerlo en horas de trabajo.

—Dile que ahora no la puedo atender, estoy muy ocupado— Fue su respuesta, tenía un mar de cosas por hacer y no estaba en condiciones de andar resolviendo los problemas de su novia.

—Pero la señorita dijo ser urgente, que no puede esperar— Insistió la secretaria, sabiendo que estaba mal en abogar por la morena novia del Ministro.

Ichigo rodó los ojos, ya se imaginaba que tipo de 'cosas urgentes' podían tratarse de Rukia, lo cual era en términos de ella un simple 'se me ponchó la llanta', 'llévame a equis lugar' y una sarta de banalidades que podía hacer por sí misma si no fuera tan orgullosa.

—Tomaremos un receso, nos vemos en 5 minutos— Dijo a el panel de titulares antes de levantarse de su asiento para ir en dirección al vestíbulo, donde seguramente le estaría esperando el teléfono.

En el trayecto se encargó de maldecirla por lo bajo todo lo posible, esa maldita no tenía consideración alguna, ya ni por ser el Ministro de Finanzas de la capital, pero no fuese ella la ocupada porque lo mandaba directamente a la mierda pasándose por el arco del triunfo si era un asunto urgente.

Al llegar tomó el teléfono y no muy feliz le habló.

—Te dejé en claro que no me llamaras cuando estoy trabajando—

—Idiota, estoy detenida en el Ministerio Público…— Le espetó sin tomar en cuenta sus palabras, simplemente quería que fuera para que abogara por ella, los oficiales se habían tomado la libertad de detenerla, más allá del choque, por los perjuicios ocasionados al vehículo del conductor regordete que se negaba a pagar y por el mismo puñetazo que le propinó.

— ¡¿Cómo que estás detenida? — Gritó con sorpresa, restándole importancia a llamar la atención, ahora sí no entendía, ¿Qué carajos había hecho?

—Choqué el Mercedes con el auto de un idiota y además lo golpeé— Lo soltó de una buena vez, sabía que se iba a poner histérico porque el jodido Mercedes era de él y se lo había prestado para movilizarse y según él no le estuviera haciendo berrinche para que la llevara de un lado a otro.

Eso fue la gota que derramó el vaso, en ese momento quiso soltar todas las injurias habidas y por haber, efectivamente su estado mental sufrió un total desequilibrio y la poca paciencia que le quedaba en el día ella terminó por arrancársela.

— ¡¿Cómo que chocaste el Mercedes? ¡¿Tienes idea de cuanto me costó? ¡Jamás, escúchalo bien, jamás te volveré a prestar un auto! — Fue inevitable su griterío y exasperación, y no era para menos, ese auto le había costado años de duro trabajo como para que ella se lo chocara y se lo dijera así como si nada, maldito el momento en que le confió las llaves.

— ¿Ya acabaste de hacer tu berrinche? Si es así, ven y ayúdame a salir de esto — Lo cierto era que a la morena le iba y venía el daño del Mercedes Benz de su novio, si con lo que ganaba al mes podía comprarse otro, no entendía porqué tanto drama. Lo único que quería era de su influencia como Ministro en esos momentos.

—Ahora como castigo por chocar mi auto no iré, a ver si así aprendes— Puntualizó, si a ella no le importaba su carro, a él no le iba a importar que estuviese detenida, era lo justo.

Rukia se indignó, llena de sorpresa y enfado lo amenazó.

—Si no vienes, te juro que no tendremos intimidad— Se atrevió a decírselo, siendo observada por algunos presentes con rostro sorprendido, pero a la morena le parecía correcto, después de todo el que siempre empezaba todo era él… no iba a soportarlo… eso le pasaba por no querer ayudarla, ¿Qué clase de novio era?

De saber la manera que ella pensaba castigarlo le hizo murmurar un 'maldita' muy por debajo, sin embargo lo meditó un poco y de mala gana accedió.

— ¿En que jodido Ministerio Público estás? —

Rukia no pudo evitar sonreír, ese tipo de 'amenazas' surtían buen efecto.


Afortunadamente nada se puso peor, se responsabilizó de pagar las averías causadas al automóvil del otro sujeto así como los perjuicios a su persona, pagó la multa de la morena y evitó que terminara encerrada, todo gracias a sus 'contactos' y demás palabrería usada para sobornar. De su Mercedes ni hablar, le mandó a la agencia para que le hicieran los cambios debidos y Rukia… bueno, con ella quedaba una larga charla pendiente.

—Me has sacado de un asunto importante por esto… espero no se vuelva a repetir pero en caso de, desde ahora te aviso que no daré la cara por ti— Le anticipó su actuar por si se presentaba la ocasión, y no sentía remordimiento por eso, hasta parecía ser su niñero en vez de su novio.

—Hoy estás muy insoportable… ¿Qué clase de novio deja a suerte a la mujer que dice querer mucho? ¿he? — Se lo echó en cara, su comportamiento y advertencias le parecían fuera de lo que a su criterio un novio debía hacer, no sabía si la trataba así por tener un mal día en su trabajo o porque prácticamente ya no sabía qué hacer.

— ¿Entonces debería estar muy feliz de la vida después de que chocaste mi auto? Pues te informo que no, además esa pregunta la debería hacer yo, ¿Por qué no eres una novia normal? como las demás, de esas que se comportan debidamente y no se meten en problemas— Si ella se quejaba él también tenía una larga lista, para que ni pensara que se libraba de algo.

— El que habla de comportarse civilizadamente… ¿ya se te olvidó cuando golpeabas reporteros? — Le recordó sus momentos de candidatura, que no le viniera con que era decente porque todo Japón sabía que no y tenía pruebas visuales para demostrarlo.

—No sé a donde quieres llegar con esto pero no tengo tiempo, así que de una vez te aviso, mañana por la noche hay una cena en Palacio de Gobierno y me vas a acompañar— Ladeo la discusión para informarle de un evento social al que se veía obligado a ir y tenía que arrastrarla también.

— Ah o sea que ya no me preguntas si quiero ir, ya decidiste que iré ¿no? — Se cruzó de brazos una vez más quejándose e indignada, ahora resulta que el idiota maneja su vida y le dice que hacer, ni que fuera un objeto o un accesorio.

—No puedo ir solo a estos eventos y lo sabes bien, siempre son en pareja. Además no sé porque hoy te pones remilgosa si veces anteriores has ido y sin chistar— Para Ichigo era esa actitud caprichosa que salía a flote en cierta ocasiones, no le costaba nada sacrificar algo de su tiempo libre en acompañarlo, comer y beber de gratis.

—Está bien, ya… te acompañaré— Le dijo de una vez antes de tener que escuchar todo su monólogo.

—Y por favor, no vayas a ir vestida como si fueras a la discoteca. Tienes que ir como Primera Dama— Se lo repitió, y desde que estaban juntos siempre se lo quiso dejar en claro, tenía que recordárselo porque si no luego se aparecía como dios le dio a entender.

—Pero no me gusta, ya te lo he dicho mil veces—

—Mientras seas mi novia eres la Primera Dama del Ministerio de Finanzas de Tokio te guste o no, y debes de vestir como tal— Le mencionó el título que a la morena se le había asignado, no estaban en complacencias, sólo le pedía que le hiciera caso para que las cosas no terminaran mal.

A Rukia le parecía de lo más largo su dizque título, se escuchaba imponente y quizá no le molestaba que se le dirigieran así pero usar ropa recatada, no, eso sí que no; pero bueno ya le había chocado el carro y mínimo debía retribuírselo de alguna manera, así que con todo el 'dolor' en su corazón de fashionista tendría que aceptar el uso de un atuendo digno de una Primera Dama.


Bostezó una vez más, en toda la noche llevaba más de 50 bostezos, todo ellos originados por la aburridísima cena en el jodido Palacio de Gobierno, un evento al que desde un principio ni quería ir porque esa de lo más pesadito, no había nada de divertido, desde que había llegado había visto gente extraña la mayoría rebasaba los 35 años y no hacían más que platicar de tópicos que no entendía, que como veían el estimado del PIB para ese año, qué que opinaban de la reforma fulanita de tal y una sarta de cosas que en su mente juvenil le venían valiendo rábano.

Ni hablar de lo que se había visto obligada a vestir, un traje de chaqueta y falda al más estilo Jackie Kennedy, todas las damas presentes se encargaron de elogiarla por su buen gusto pero Rukia sabía que se lo decían porque todas ellas tenían uno de esos en sus closets, era como echarse flores así mismas.

Ichigo la había integrado a la plática de las damas para que se entretuviera y no estuviera de amargada en el rincón.

Sabía que estaba en el lugar incorrecto, con gente inadecuada y vistiendo ropa inapropiada para sus 23 años de edad; quería que todo terminara para volver a su vida normal, para ser ella misma.

El pelinaranja la alejó de esa nada agradable situación tomándola de la muñeca, llevándola hasta donde un regordete hombre que más que cara de político, tenía pinta de yakuza.

—Me gustaría presentarle a Kuchiki Rukia— La introdujo el pelinaranja con el hombre, un sujeto importantísimo en la política de Japón, tan poderoso como el Primer Ministro; quería tener cierta simpatía con él ya que eso podía ayudarle a que le considerara para algún puesto mucho más importante del que tenía.

—Un placer señorita— Le dijo con una mordaz sonrisa, tomando su delicada mano y con cierta lascivia le besó la mano.

Rukia retiró su mano al instante, se sintió acosada, asqueada y demás adjetivos desagradables, pudo sentir su penetrante mirada examinándola y casi desnudándola, era una sensación muy molesta.

—Es mi futura esposa, por si no lo sabía— Acotó el pelinaranja, según él para marcar muy bien la relación que tenía con ella porque efectivamente que no era pendejo como para no darse cuenta de la forma en que el tipo había percibido a la morena.

— ¿En serio? Pues yo no veo el anillo de compromiso — Dijo el sujeto como mucha sátira, claro que le había gustado la morena y aquello que tanto decía el pelinaranja le resultaba un método barato como para definirle que ni siquiera intentara algo porque según ya estaba 'apartada'.

Ichigo maldijo por debajo, el tipo era muy astuto.

—Eso no le incumbe, así que con permiso, nos pasamos a retirar— Fueron sus últimas palabras antes de volver a tomar la mano de la morena y marcharse.

En esos momentos a Kurosaki se le olvidó que ese hombre que pretendía acosar a su novia era un 'importantísimo' político de la nación, realmente ahí le valió rábano su título ante sociedad, no le había agradado para nada la forma en que miró a la morena e insinuó cosas.

La dichosa cenita en Palacio Nacional terminó sin pena ni gloria, el pelinaranja tal y como siempre lo hacía, se encargó de llevar a la morena a su casa, charlaron un rato antes de que ella desbordara sin embargo esa plática terminaría por poner dudas a Rukia.

— ¿Porqué le dijiste que era tu futura esposa? — Cuestionó Rukia con la total intención de querer encontrar algo más allá de lo real.

Kurosaki alzó una ceja, le sorprendía la pregunta… ¿a caso no se había dado cuenta de las intenciones que tenía ese sujeto?

—Ese tipo estaba más que dispuesto a conseguir algo contigo, el decirle eso fue como un advertencia— Soltó la verdadera razón, más por celos porque eso de coquetear con las novias de colegas políticos no era muy grato que digamos.

—O sea que fue táctica nada más…— En pocas palabras quiso asegurarse de que fue por querer 'protegerla' de cierta forma de ese pervertido, una lástima…

—Sí, básicamente eso. Además… ¿por qué querría casarme contigo? — Le dijo, ladeando su rostro, mirándola con una ligera sonrisa burlona en sus labios —Me gritas, me golpeas, chocas mi auto, en vez de agradecerme te quejas por los regalos de cumpleaños que te doy…—

Y aunque viera reflejada una tenue sonrisa en su faz las palabras de Ichigo a Rukia le calaron hondo, quedándose bien grabas en su memoria, molestándole y doliéndole a la par el saberlo, y no es que soñase algún día con ser la esposa de un Ministro como él, sólo que… no entendía porqué le daba tanta importancia…

—Como sea, nos veremos— La morena quiso zanjar la maldita conversación antes de que le afectara más de lo que ya le había afectado, así que se despidió con tales palabras y le dio un a penas perceptible beso en la mejilla a su compañero para después bajar del coche y entrar a su casa.


Era 14 de enero, habían pasado a penas dos días desde su charla en el carro, sin embargo no había dejado de pensar todas las cosas dichas, y seguía preocupándole, doliéndole y molestándole algo que no debía de ser así porque no era esa clase de mujeres que esperan ansiosas el puto anillo de compromiso, de hecho siempre lo había considerado como un requisito ante sociedad para ser aceptado.

—Kuchiki-san, ¿a que viene esa cara? Es tu cumpleaños deberías estar feliz— Comentó una de sus compañeras de trabajo al notarla absorta y con cara larga.

—Lo estoy… en serio— Respondió la morena a penas sonriendo, como forma de no preocuparla, de hacerle saber que estaba bien.

Su compañera confió y se sentó frente a ella para platicar un poco más afondo.

— ¿Y a donde te llevará tu novio Ministro a celebrar tu cumpleaños? — Cuestionó la chica muy animada.

—No lo sé, supongo que a su departamento… Es tan codo que no querrá llevarme a cenar a un restaurante aparte de que odia los lugares muy concurridos— Rukia no se hacía muchas ilusiones sobre el sitio, desde que estaban oficialmente juntos era lo mismo, ninguna novedad, de ahí sus quejas.

Sin embargo conforme más se pasaban las horas, su preocupación era creciente, una que era innecesaria pero que después de todo si le causaba estragos, ¿a caso era necesario que le diera las razones por las cuales no se casaría con ella? Realmente no y él lo había hecho a sabiendas de que se molestaría, como siempre Ichigo no medía sus palabras.

Al caer la noche, el pelinaranja pasó por ella a su trabajo, y como lo supuso la llevó a su departamento donde les esperaba una rica cena, nada fuera de lo normal. Platicaron de banalidades en el proceso, a decir verdad no la estaba pasando tan mal pero tenía muchas cosas en la cabeza que no la dejaban disfrutar al cien por ciento su cumpleaños.

Después del postre, la morena quiso tomar algo de aire fresco así que fue al pequeño balcón, donde se dispuso a ver el firmamento pero el silencio y la paz no le ayudaban de mucho, sin querer queriendo evoco de nuevo esos pensamientos sobre el matrimonio y demás, ahora que lo pensaba bien tenía 2 años y pico desde que estaba con Ichigo, tiempo insuficiente como para tomar ese tipo de decisiones pero ¡maldita sea!, aún considerando eso como una posibilidad algo lejana no era como para que era el pelinaranja le dijese que no la quería como esposa, así tan brusco y seco, ¿tan mal partido era?

Sabía que a Ichigo no le entusiasmaba mucho eso de casarse, o parecía que al menos casarse con su persona no era algo muy grato, y no es que tomara muy en cuenta lo que la sociedad dijera pero el ojimiel en ese mismo año cumpliría 34 años y no era común que una hombre a esa edad estuviese aún soltero… era raro… a menos que Ichigo le fuese a dejar pronto y se fuera a casar con otra… y si era así, no estaba lista para perder lo que tenía con él ni para verlo con alguien más… por eso le preocupaba tanto…

Suspiró profundamente…

— ¿Qué te pasa? — Cuestionó el ojimiel reuniéndose con ella en el balcón, mirando su perfil, estaba muy seria.

—Nada, sólo pensaba— Fue su respuesta dirigiéndole una mirada y una leve sonrisa para después volver a fijar la vista al frente.

Hubo un efímero silencio, Kurosaki no quiso insistir en saber lo que realmente le pasaba y lo dejó así.

—Por cierto, no te he dado tu regalo…— Habló el mayor acordándose del obsequio que había adquirido para uso exclusivo de la morena, quien le miró expectante, pensó que la cena había sido su regalo —espero ésta vez no te quejes— acotó haciéndole referencia a los regalos de sus cumpleaños pasados.

—No te garantizo nada— Dijo Rukia con gracia.

El ojimiel buscó entre sus bolsillos el dichoso obsequio, cuando dio con él lo retuvo en su mano y pidió algo más.

—Cierra los ojos—

La morena arqueó una ceja, sin embargo le hizo caso y cerró los ojos. Varios segundos después volvió a escuchar la voz del ojimiel.

—Ábrelos—

Sus largas pestañas se desplegaron dejando de nueva cuenta a sus ojos percibir las imágenes de su entorno, pero lo que vio frente suyo la dejó sin palabras, su regalo era un anillo… ¡no podía ser cierto!... se quedó perpleja mirándolo…

—Cásate conmigo— Acotó Kurosaki al verla sorprendida, para que no le quedara duda.

Y si, había tomado la decisión de pedírselo no por las presiones de sus dizque 'amigos', tampoco por las de su padre que no pasaba día que se lo echara en cara, en realidad iba más allá de eso, lo hizo porque era precisamente ella la única con la que se imaginaba una vida en familia.

—Pero tú dijiste qué…— En vez de aceptarle la propuesta se apresuró a querer saber porque su cambio de opinión, la confundía.

—Tonta, si te decía lo contrario arruinaría la sorpresa— Ichigo lo sabía, el punto era que ella no lo esperase, ¿Qué caso tendría pedírselo si ella ya lo suponía? Por ello sus palabras en el auto, lástima que no lo había hecho de una bonita manera.

O sea que su preocupación, molestia y dolor había sido casi en vano, no pudo evitar sonreír. La emoción que la invadió fue inevitable, así como tampoco le fue inevitable expresarlo al arrojarse a los brazos del pelinaranja, quien la recibió y la rodeó… eso significaba un sí por respuesta.

Finalmente habían sellado sus años juntos con un compromiso, la única clase de compromiso que haces con la persona a la que consideras lo primero, lo último y tu todo en la vida.

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F I N


Ahora sí aquí queda el fic.

Ya nos veremos pronto con otro proyecto, se los aseguro.

Ciao!