MakaxSoul

Tabla Ilusoria

1. Palabras prestadas 2. Paso a paso 3. Manos frías 4. En la radio 5. Perdón

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Ohkubo Atsushi ©

A/n: Madre mía, no me puedo creer que por fin me haya dignado a escribir de nuevo. Lo admito, esta vez ha sido por pura pereza. O más bien porque, como estuve una temporada sin mi portátil, se me ha quitado un poco la costumbre de escribir por ordenador. Pero tampoco es una gran disculpa para no haber escrito en meses. En fin, ¡disfrutad de la lectura de este mini-fic!

4. En la radio

- ¡Buenos días, Death City! Hoy damos la bienvenida a un nuevo y caluroso día, ¡quizás incluso más caluroso que el de ayer! Pero no os preocupéis amigos y amigas, porque os traigo las predicciones más frescas directamente desde la cúpula del Shibusen…

Maka subió el volumen de la radio, haciendo malabarismos con una sartén caliente en una mano y un huevo fresco sin partir en la otra. Le encantaba escuchar la radio por las mañanas mientras preparaba el desayuno para ella y su compañero, el eterno dormilón Soul. Era una parte fundamental de su ritual mañanero. Unas veces se ponía a mover los pies al ritmo de una canción machacona mientras le daba vueltas y más vueltas a una tortilla; otras veces canturreaba mientras oía las noticias, con la oreja bien puesta por si decían algo que le aportara información interesante para una nueva misión; y otras veces simplemente la tenía puesta de fondo mientras cocinaba. Y en algunas ocasiones, como medida de escarmiento, la llevaba a la habitación de Soul y se la ponía de repente a todo volumen, perforando los oídos de su compañero.

La técnico se rió al recordar la reacción del día anterior de Soul cuando le hizo eso mismo. El muy gorrón no se había querido levantar ni para la de tres, pero en cuanto ella hizo de las suyas, pegó tal bote como si de repente su cama hubiera estado llena de ascuas al fuego vivo. Maka no había podido dejar de reír en toda la mañana.

En la radio empezó a sonar una canción comercial y Maka, con la destreza que había adquirido después de cocinar todas las mañanas desde que tenía consciencia, rompió limpiamente el huevo echándolo en la sartén llena de aceite.

Miró el reloj de la pared que marcaba las siete y cuarto de la mañana y suspiró. Tendría que darse más prisa de la que se pensaba si quería llegar a clase a la hora. No quería volver a tener que ir corriendo por toda Death City para llegar puntual, pero viendo que su compañero no se había despegado de su querida cama, sabía que no habría manera de llegar a tiempo.

A veces se preguntaba si le podía haber tocado un compañero al que se le pegaran más las sábanas.

Más bien no, pensaba siempre la técnico.

Aunque tampoco se quejaba, a pesar de que esa costumbre la sacara de su casillas más de la cuenta. Tenía la impresión de que le iban a salir canas antes de tiempo con tanto estrés que le producía Soul. Por otra parte… Maka no pudo evitar sonrojarse al pasarle una idea por la mente.

- Y, ¿qué nos espera en el día de hoy, colegas? Pues hoy os puedo decir que los indecisos estáis de suerte. ¿Bromeo? ¡Qué va! Preparaos indecisos porque hoy os toca atreveros con eso que siempre os echa para atrás, ¡es ahora o nunca!

La técnico sacó el huevo frito de la sartén y cogió las dos trozos de pan de molde que sobresalían de la tostadora. Indecisos, indecisos. Maka le daba vueltas a la palabra en su cabeza, mientras servía el desayuno en la mesa. ¿Se consideraba ella una persona indecisa?

La primera respuesta fue un no rotundo. Le gustaba siempre llevar el control de todo lo que hacía, una táctica que le había hecho conseguir sobresalir entre los estudiantes del Shibusen. La indecisión era sinónima por lo general de un alma débil. Lo que posteriormente generaba problemas, tanto de toma de decisiones como a la hora de efectuar una sincronización de almas. No, ella no era indecisa. Aunque…

¡No!, se recriminó a sí misma, notando por segunda vez consecutiva como el rubor se le subía a las mejillas tiñéndolas de rojo. No podía pensar en eso. Debía de alejarlo de su mente lo más rápido posible, y obviar el hecho de su corazón se había puesto a latir al ritmo de un caballo desbocado con esa idea absurda, ese castillo en el aire con el que tanto fantaseaba desde hace semanas. Había cosas que nunca podían llegar a ser, por mucho que una las deseara.

Porque Maka Albarn tenía un secreto que guardaba muy celosamente en su corazón y que le costaba horrores hacer salir a la luz.

Cada vez que pensaba en decirlo creía ver como el mundo se le venía encima, aplastándola como a un vulgar insecto. Asfixiándola, imposibilitándole hablar.

Y si él… ¿Y si él no sentía lo mismo? Maka se hacía esa misma pregunta una y otra vez, sin llegar a saber nunca la respuesta. No, no se atrevía a realizarla en voz alta. Se sentía morir cada vez que pensaba en la posible respuesta, en ese rechazo que sabía que dolería más que guardar sus sentimientos en lo más recóndito de su interior. Más que verle día a día y no atreverse a abrazarle, o sintiendo una leve, pero siempre aguda, punzada de dolor cada vez que le veía sonreír con esa mueca que ella tanto adoraba.

Atrevimiento, indecisión. ¿Acaso ambas cosas no iban parejas? ¿Si una persona no era capaz de atreverse a algo, no significaba que era una indecisa en realidad?

Indecisa, la palabra se dibujada delante de sus ojos como si de una cartel luminoso de luces de neón se tratara. Indecisa, indecisa, indecisa.

Maka se sentó a la mesa llevándose las manos a la cabeza, intentado poner la mente en blanco. Pero era más fácil pensarlo que hacerlo.

Parecía ser que en el fondo, si que era una indecisa. Y ahora que se daba cuenta de ello, la palabra le quemaba por dentro como fuego líquido. No quería sentirse así, quería ser capaz de controlar todos los aspectos de su vida. Pero Maka parecía no saber que en cuestiones de amor, las cosas van por su cuenta, como si tuviesen vida propia.

Una lágrima se deslizó por una de las mejillas de la técnico, cayendo irremediablemente sobre el mantel de la mesa.

Odiaba sentirse así.

De repente oyó como una de las sillas era arrastrada y como su compañero, con un sonoro bostezo, se sentaba a la mesa delante de su correspondiente plato.

- Ey, buenas Maka –le saludó. Ella no le devolvió el saludo, hundida todavía en sus pensamientos -. Hooooooooola, Maka, ¿me oyes?

- Soul, ¿t-tú qué piensas de mí? –preguntó de repente Maka, levantando la mirada para observar el rostro de Soul.

El arma frunció el ceño ante la inesperada pregunta.

- ¿Aparte de que eres la tía más petarda e insoportable del universo? –contestó sin mirarla siquiera, cogiendo el tenedor y engullendo de golpe, y sin remilgo alguno, el huevo frito de una tajada.

La técnico sintió como se le encogía el corazón ante sus palabras. ¿Cómo podía ser tan cruel? No entendía ni por qué se había preocupado en preguntarle.

Disgustada, se levantó de la mesa y le dio la espalda a Soul. No quería romper a llorar delante de él. Ya tenía bastante con escucharse a sí misma sollozar por un imposible, como para encima tener público. Y sobre todo tratándose de él. Además, todavía tenía que cambiarse de ropa para ir a clase, aunque ahora lo que menos quería ir a clase y sentirse rodeada de tanta gente. Solo quería encerrarse en su habitación todo el día, meterse en la cama y abrazarse a su almohada. Donde nadie pudiera ser testigo de su desdicha.

- ¿Maka?

- O-olvídate de lo que te he preguntado, Soul –dijo, intentado que no le temblara la voz. Empezaba a notar cómo le picaban los ojos y como las primeras lágrimas empezaban a hacer su aparición.

Sonándose levemente la nariz con la mano, empezó a andar hacia su habitación.

- ¡Espera, Maka! –una mano se posó sobre su hombro izquierdo, parándola -. No había terminado.

- No hace f-falta que sigas, Soul. Ya me hago una idea –le contestó, haciendo un ademán de seguir andando.

- ¡No, espera! Mira, lo siento. Sé que a veces me paso de cool, pero en realidad no es lo que quería decirte.

- ¿Acaso no es lo que piensas de mi? ¡¿Qué soy una pesada que no hace m-más que m-molestarte todo el tiempo? –le espetó, dándole la cara. Al cuerno si la veía llorar.

Pareció haber pillado desprevenido a su compañero con su ataque verbal, pues este pareció quedarse sin palabras de repente.

- Sabes que en el fondo no piensas así –le dijo, mirándola a los ojos -. Yo… no creo que seas una pesada. Vale, quizás sí un poco. Pero, no… nunca me molestas, Maka.

Soul se mostraba nervioso mientras decía esas palabras, no parecía saber qué hacer con las manos. Las metía en los bolsillos, las sacaba, se rascaba la nunca, se pasaba la mano por el pelo.

Lo que quiero decir es que… Argh, ¡mierda! Eres lo mejor que me ha pasado, ¿vale?

Maka se sentía con ganas de abrazarle en ese mismo momento, pero se contuvo. Aparte de que no se veía capaz de mover ni un solo músculo del sentimiento de felicidad que le recorría todo el cuerpo, haciendo que sintiera mariposas en el estómago y su corazón latiera con fuerza y rapidez.

Pero de repente, sintió como la palabra indecisión se disolvía en su mente, llevándose las lágrimas de tristeza con ella. Sin dejar rastro alguno de la congoja que sentía minutos antes.

Y, sintiéndose más decidida que nunca, se acercó a Soul y unió sus labios con los de él. Ya no le importaba el posible rechazo, ni el dolor que produciría. Ni siquiera el hecho de llegaría tarde de sobra a la primera clase de la mañana. Solo quería sentir los labios de Soul deslizarse sobre los suyos en lo que, para desconocimiento en ese momento de Maka, sería el primer beso de muchos otros.