Disclaimer: Twilight no me pertenece. Además, me robe una escena de la película "Conociendo a Jane Austen" que fue la que inspiro esta historia y que espero no noten.

El amante (versión 2.0) por Princesa Lúthien
Summary:
A solo unos días de casarse, Bella se ve en la oportunidad de tener una aventura con el amante perfecto ¿Caerá en la tentación?
R:
M

Capítulo 1 – Un gran paquete
Editado

"HILTON" rezaba en azul el letrero del edificio al que entraba, debía ir al bar del hotel para encontrarme con mi novio, ahora prometido; iríamos a ver el salón en donde posiblemente sería la fiesta de nuestro matrimonio, y por qué no, a apartar y probar la suite "Luna de Miel", hoy me sentía coqueta y seguro que a él no le importaría.

Caminé por la planta baja del hotel que era bastante sobria con un ambiente espacioso y elegante hasta llegar a la recepción donde esperaba una mujer a la que sonreí agradablemente. —Hola, podría indicarme por favor como llegar al bar. Mi prometido está esperándome— dije levantando deliberadamente mi brazo izquierdo hasta que mi mano acarició mis labios y mejilla de tal manera que quedara expuesto el brillante anillo que finamente adornaba mi dedo anular. Los ojos de la recepcionista volaron rápidamente de mis ojos a mi anillo y de vuelta a mi mirada. Le sonreí aún más ampliamente.

Siguiendo las indicaciones de la recepcionista, fui hasta el ascensor seguida de un hombre que me sonrío de forma amistosa. Le devolví la sonrisa intentando ignorar lo guapo que era.

—¿A qué piso te diriges? — preguntó el hombre mirándome. Tenía una voz ronca, fuerte y definitivamente sexy que iba muy bien con su aspecto varonil. Aparte la mirada que cayo directo sobre mi anillo de compromiso y entonces me regañe mentalmente por lo que había pensado.

—Al 14°, por favor— respondí evitando sus ojos.

—¡Genial! vamos al mismo piso—Dijo con más entusiasmo del que debía.

—Ajá— dije cortante. No me gustaba hablar con extraños y menos en un ascensor. Quizás él podría ser un muy guapo, también podría ser un violador, asesino o ladrón. O tal vez yo debería dejar de ver "Criminal Minds" y "Law and Order" cada noche, parecía bastante razonable.

—Me llamo Edward— le escuché decir. No tenía intención de responderle pero…

—¿Edward? — un nombre demasiado anticuado para un hombre que por su aspecto no pasaba de los 28.

—Sí, e - d - doble u - a - ere - d. Edward— afirmó burlonamente. Rodé los ojos ante su infantil actuar, por favor, ¿quién se creía que era?, yo sabía como se escribía su anticuado y feo nombre.

Mientras me concentraba en ignorarle un silencio incomodo se apodero de pronto del reducido espacio, aproveche entonces parar de ver a Edward. Era atractivo, bastante más alto que el promedio de los hombres y poseedor de un cabello color bronce que parecía no conocer el significado de la palabra "peinarse" pues caía revuelto en varias direcciones enmarcando los duros rasgos de su rostro y de alguna manera haciendo parecer más brillantes sus ojos de un verde imposible. Tenía un lunar muy llamativo en su elegante cuello que desembocaba en unos anchos y musculosos hombros y una espalda trabajada que contrastaba con su amplio pecho. Tenía las caderas estrechas, unas piernas fuertes y…

—Jo-der— Mis ojos se ensancharon al ver su "paquete" por encima del pantalón ¿Se habrá metido un par de medias para que se le viera así?, es que… era gigantesco.

Edward se aclaró la garganta antes de dejar escapar una risa que me obligo a mirarle al tiempo que un fuerte rubor invadía mi cara; él me había pillado admirando aquella descomunal parte de su anatomía. Suspiré resignada, seguro que ahora creía que yo era una voyerista, violadora o algo similar.

—Lo siento— logré murmurar queriendo que me tragara la tierra. Edward, sin embargo, hizo caso omiso a mi disculpa.

—Entonces, ya que vamos para el mismo piso, ¿Por qué no te tomas una copa conmigo? —dijo mientras que con su mano derecha se cogía y se acomodaba su gran "paquete". Me mordí el labio inconscientemente, ¿este hombre quería volverme loca? Trague lentamente la saliva que se había amontonado en mi boca luego de mi escrutinio y casi sin querer pasaba mi mirada de la bragueta de Edward a su sonrisa y luego a sus ojos, estaba en una especie de trance hasta que el timbre del ascensor sonó anunciando que habíamos llegado. Las puertas se abrieron dolorosamente lentas.

—Eh, lo siento pero la verdad es que he quedado con una persona, Edward— Le dije mientras salía a paso rápido hacia el bar.

Al llegar a la lujosa estancia mire los rostros de los presentes sin encontrar ninguno particularmente conocido por lo que decidí sentarme en una de las sillas del bar y llamé al barman.

—Un Martini, por favor— le pedí tendiéndole un billete para pagarle. Él sonrío amablemente y se volteó. Mientras preparaba mi trago, no pude evitar fijarme en su trasero, no estaba nada mal, pero no se parecía en nada al de Edward que seguro sería duro como una roca.

Me mordí la lengua en cuanto note hacia donde iban mis pensamientos. Cielos, estaba a pocos días de casarme y aquí estaba yo, viendo a cuanto hombre se me pasa por el frente, ¿Dónde está mi dignidad? Sinceramente esperaba no haberla perdido en aquel ascensor.

No quería ni pensar que diría mi novio de esta situación. Mi novio, cada vez que pensaba en el suspiraba como toda una quinceañera, le conocía mejor que a cualquier persona por lo que podía decir que no llegaría puntal lo que era una desgracia para mí aunque ya mataría el tiempo contando las copas del estante solo para distraerme mientras bebía mi delicioso Martini.

—Me pone un Whiskey, solo, por favor— Escuché y casi de forma automática giré mi cabeza para encontrarme con Edward. Sus ojos se posaron sobre los míos casi al mismo tiempo y me sonrío de una manera que me hizo olvidar de todo. Su sonrisa levemente ladeada hacia la izquierda y su penetrante mirada parecían embrujarme al igual que su actitud coqueta y desinhibida.

Dios, si en verdad existes por favor mándame una señal ¿Debo acercarme a Edward o no? Pregunté mentalmente mirando al techo, como si Él fuera a estar ahí. Justo cuando terminaba mi intento de plegaria bajé mi mirada y la pose en Edward, él tomo su copa, la alzo e inclino su cabeza brindando conmigo desde lejos, una tonta sonrisa cruzo mis labios.

Tomare eso como un sí, le respondí al techo y a continuación tome mi copa, me puse de pies y camine hasta quedar al lado de Edward.

—Perdona— llame su atención tomándolo desprevenido y haciendo que saltara. En cuanto me reconoció, se repuso rápidamente y torció sus deliciosos y muy apetecibles labios en una sonrisa que me dejo deslumbrada por unos segundos, tome aire y continúe.

—¿Aceptas mis disculpas por lo de hace un rato?, soy Bella—. Le tendí mi mano a forma de saludo, él la tomo y deposito un casto beso sobre mis nudillos.

—Ese amigo tuyo ¿no ha venido? — Preguntó Edward.

—Hemos quedado un poco más tarde— La verdad se suponía que ya debería de estar aquí, pero prefería que él no se enterara que posiblemente él lo habría olvidado, muy de su estilo.

—¿ Y tú esperas a alguien? — Le pregunté mientras me sentaba a su lado, haciendo que mi falda se levantara un poco.

—Eh… en realidad no, me estoy hospedando aquí— dijo algo sofocado. Solté una risa al ver que le hablaba a mis piernas y no a mí. Le hice mi cara de "¡Hey! Mi cara no está ahí" y el solo respondió frunciendo el ceño y bebiéndose su Whiskey de un trago.

—¿Qué sucede? —Curioseé ¿acaso no le resultaba atractiva?

—Es que, veras, yo sé que no nos conocemos pero…—dijo, con voz sedosa e irresistible —Te he estado siguiendo incluso desde antes que entraras al hotel y cuando note que venías justo para acá no podía creer que tenía tanta suerte. Y la verdad es que no quiero luchar, ni tengo la fuerza necesaria para estar lejos de ti, Bella.

Le mire directo a los ojos, su mirada reflejaba deseo y lujuria, sentí como su fuerte mano recorría la piel descubierta de mis muslos y de repente algo se encendió dentro de mí, algo que me decía que yo debía y quería estar con él.

—Entonces… no lo hagas— Le dije acercándome. Sus labios finos eran una invitación y mientras nos acercábamos tuve un momento de lucidez en el que recordé a mi novio. No podía hacerle esto. Al parecer, Edward noto mi vacilación y suavemente tomo mi mano para posarla justo sobre su bragueta y apretó mis dedos sobre aquel bulto que sobresalía debajo de la fina tela de su pantalón. Dicen que la mejor forma de librarte de una tentación es caer en ella y como es mejor pecar por exceso que por defecto decidí dejarme llevar acortando la distancia lentamente le bese.

Nuestros labios se acoplaron de una forma inimaginable y ante aquel contacto una deliciosa electricidad recorrió todo mi cuerpo hasta llegar a mi centro y finalmente mojar mis braguitas. Sus labios eran demandantes sin dejar de ser suaves, su cálida lengua encontró el camino a la mía y jugo un rato con ella suave y lentamente. Ante aquel beso mojado la electricidad volvió a recorrer mi cuerpo.

Sus manos se aferraron fuertemente a mis piernas como queriendo contenerse de llevarlas a otro lugar entonces recordé que estábamos en el bar, tenía que parar ahora, de lo contrario acabaría tomando a Edward de la forma más salvaje y primitiva sobre la barra. La idea no me desagradaba, más bien me excitaba, pero no era tan atrevida.

—Vamos a tu cuarto—le susurre al oído mientras me ponía de pies y le tomaba de la mano llevándolo hasta el ascensor donde seguimos besándonos de manera salvaje, le necesitaba, nuestras manos empezaron a recorrer nuestros cuerpos. Imperceptibles suspiros salían de mi boca cada vez que él rosaba cualquier parte sensible de mi cuerpo y no podía dejar de fascinarme ante las reacciones de Edward cada vez que encontraba alguna parte erógena es su gloriosa anatomía. Edward tomo mi mano y de nuevo la dirigió hasta su paquete, su miembro aún no estaba muy firme pero eso cambiaría más pronto de lo que tardarías en decir "infiel".

Cuando llegamos a la habitación lo primero que hice fue buscar la cama, era grande y se veía cómoda, lo que era absolutamente genial, porque no pensaba dejar descansar a este hombre ni un solo segundo.

Edward se veía endemoniadamente guapo con su cabello desordenado y su ropa mal puesta debido a mis íntimas caricias. Lo jale de su corbata atrayéndolo a mis labios; le bese con urgencia tratando de descifrar el exquisito sabor de su saliva, de su aliento, memorizando los seductores y experimentados movimientos de su lengua contra la mía y luego le empuje sobre la cama. Muy sensualmente lleve mis manos hasta los botones de mi camisa y empecé a desvestirme quedando solo en mi ropa interior.

Miraba a Edward directo a los ojos al mismo tiempo que mis manos empezaban un erótico baile por mi cuerpo, lamí mis dedos mientras subía el mentón para delinear mi cuello luego el espacio entre mis pechos, deslice mis manos lentamente por mi vientre hasta llegar a mis braguitas que parecían más bien una piscina y me acaricie sobre ellas.

—Hmm, Edward estoy tan mojada— Gemí —Y ni siquiera me has tocado.

Seguí con mis caricias hasta llegar a mis senos, los apreté, cerré los ojos y deje volar mi imaginación. Mis fantasías se hicieron realidad. Edward tenía su cara enterrada en el valle entre mis pechos dejando besos húmedos y con maestría me quitaba el sostén, tome su cara entre mis manos y lo acerque a mi boca, mi lengua recorrió sus labios mientras que sus grandes y fuertes manos acariciaban mis pechos con vehemencia, el roce de sus dedos contra mis pezones me hacía estremecer de puro placer. Le bese con urgencia, mis manos empezaron a recorrer su cuerpo cuando caí en cuenta de una cosa.

—Llevas demasiada ropa cariño— Le dije agitada, y en un dos por tres su ropa desapareció.

Me quede atontada viendo su paquete, era mucho, muchísimo más grande de lo que me podía imaginar y tenía una erección enorme, se la podía coger con las dos manos y aun así sobraba, su duro y ardiente miembro pedía a gritos un poco de atención, no le hice esperar. Tome su delicioso, miembro con mi boca y empecé a succionar, le apretaba con mis labios tratando de darle el mayor placer posible al tiempo que relajaba mi garganta para poder tenerlo mucho más dentro de mí. Edward se movía inquieto, le escuche gemir al tiempo que empezaba a embestir en mi boca.

Empecé a acariciar su glorioso cuerpo con mi lengua, dejando un rastro húmedo por su depilado pecho y su sudoroso y muy marcado abdomen a la vez que mis curiosas y deseosas manos acariciaban su erección, me sentía en el cielo y mi mojada entrepierna era fiel muestra de esto. Estaba muy excitada le necesitaba, le deseaba más que nunca, con firmeza volví a tirar a Edward en la cama y gatee hasta quedar sentada sobre él, nuestros sexos se rozaron y un gemido escapo de mi boca ante aquel roce.

Me devore la boca de Edward en un ardiente beso, mis caderas se movían contra las suyas demostrándole lo caliente y dispuesto que estaba mi sexo para recibirle. Edward tomo su pene entre sus manos y lo llevo hasta la entrada de mi vagina, el aire se escapó de mi cuerpo cuando sentí su enorme paquete dentro de mí, nunca antes nadie había estado tan dentro de mí –literalmente-. Empecé a moverme sobre él muy lentamente prolongando nuestra excitación, estaba tan mojada que me deslizaba fácilmente una y otra vez sobre su erguido miembro, con cada embestida mi cuerpo absorbía cada pulgada de su ser. Era magnifico.

Fui aumentando el ritmo de mis embestidas incrementando nuestro placer, adoré la cara de Edward contraída de satisfacción, este hombre me ponía a mil.

—¡Hmmm, sí! — Gemí cuando Edward tomo entre sus labios mi pezón y su experta lengua jugaba con él. Sus manos no se quedaron quietas ni un segundo, se posaban en cada parte de mi cuerpo que pudieran alcanzar.

Casi con violencia Edward nos volteó, me tomo de las caderas y empezó a embestirme fuerte y salvajemente, mis pechos se movían al compás de su cuerpo, sentía como salía de mí, parecía no tener fin y sin haber salido completamente, volvía a entrar. Se movía de manera deliciosa.

Sentí el orgasmo llegar con mucha fuerza y me corrí de forma sorprendente, fue largo y delicioso y tras un par de embestidas más Edward se vino dentro de mi llenándome por completo cayendo rendido sobre mi cuerpo. Le abrace, nuestras respiraciones eran entrecortadas, poco a poco su miembro iba perdiendo dureza y yo me iba entregando a los brazos de Morfeo.


Con todo,

Princesa Lúthien