Bueno, no suelo escribir historias navideñas, de hecho, esta es la primera. Creo que está bien simple, pero me gustó como quedó, así que espero que la disfruten leyéndola, como yo lo hice escribiéndola.

Cuento IV: El primero.

Los días anteriores no había tenido intenciones de hacerlo. Se lo había planteado muchas veces, pero pensando siempre que lo que menos tenía era ese espíritu que llegaba a todos durante las fechas. Desde niña que había sentido algo de rechazo a todo aquello, viendo sólo el lado comercial del asunto: era una excelente fecha para pedir regalos, asegurándose de alguna manera poder tener aquello que sus padres no quisieron darle para su cumpleaños. Pero fue cuando iba en cuarto grado que descubrió un sentido bastante lindo… cuando tuvo que decidir entre quedarse con las botas de Nancy Spumoni, o regalarlas para poder ver que Arnold continuara creyendo en milagros.

Se dio cuenta que ni quedarse con las botas ni tener una felicitación de él valían mucho la pena. Fue por eso más que nada que decidió guardar silencio.

Primero, y una vez instalado, comenzaría con las luces…

En su casa de la niñez siempre tuvo un árbol navideño, aunque no lo podía nombrar como propio, ya que ni siquiera participaba en su armado. Siempre era una espectadora más, o simplemente la que sujetaba la cajita en que estaban los adornos, ya que era su hermana Olga la encargada de armarlo cada año. Quizás por eso siempre sintió disgusto durante esos "momentos familiares"

Y quizás por eso ese año sentía un sabor especial en su tarea. Por primera vez, ese árbol que adornaría su departamento sería completamente suyo, lo armaría completamente ella y disfrutaría de cómo quedaría a pesar de vivir sola. Estaba segura que aquello le serviría de algún modo, de compañía. En una de esas invitaría a algunos de sus amigos a cenar, aunque no fuera durante Noche Buena… se sentiría satisfecha si es que es acompañada por ellos aunque fuera por un ratito, durante los próximos días.

Después de las luces, las guirnaldas…

Eran bien simples, campanitas doradas y rojas unidas por pequeñas pelotitas. Podía asegurar que le darían un toque elegante y sobrio a su árbol de Navidad. Daba vueltas alrededor enredando entre las ramas verdes las campanitas, evitando que algunos lugares quedaran demasiado libres.

Podía llamar a Phoebe, y ella encargarse de invitar a Gerald, y quizás a Arnold… estaba segura que aceptaría ir, a pesar del tiempo que no se habían visto. Cada uno había seguido con su vida, y aunque ella sentía que difícilmente podría olvidarlo, en esos momentos de su vida lo único que deseaba era que él fuera feliz, con o sin ella…

Por unos momentos pensó, mientras continuaba poniendo las guirnaldas, que ese sería el primer árbol de muchos. Estaba segura que en algunos años más, no estaría armándolo sola… sería acompañada por pequeñas y traviesas manos, quizás gritando escandalosamente por la emoción… tal como ella lo hizo alguna vez. Aunque claro, personalmente se encargaría de no matar sus ilusiones de niños.

Ahora se encargaba de poner los adornos. Eran muchos tipos, pero definitivamente los que más le gustaban eran los de madera. Habían duendes pequeños, ángeles tocando algún instrumento, animalitos, copos de nieve, trineos… trataba de distribuirlos de manera equitativa, para que ningún lado se viera demasiado cargado de adornos.

Y mientras hacía eso pensaba en lo que haría esa noche. Había inventado una excusa para no tener que ir con su familia, y como ellos no insistieron demasiado con su asistencia, le pareció de lo más simple poder terminar con ese compromiso netamente moral. La única que lo había lamentado había sido Olga, pero de consuelo Helga le dijo que iría al día siguiente con ellos, a almorzar.

Sabía que no podía llamar a Phoebe y pedirle que la acompañara, no sabría sido bueno de su parte. Lo más seguro es que estaría con sus padres y luego con Gerald, su novio; Helga no era capaz de privarla de aquella compañía, a pesar que estaba segura que la oriental hubiera aceptado ir con ella sin pensarlo demasiado. No por nada continuaban siendo muy amigas, a pesar del tiempo pasado.

En conclusión, estaría sola. Pero la verdad era que no le importaba mucho, no al menos esa vez. Había rechazado una invitación de parte de sus compañeros de trabajo de pasarla con ellos, principalmente porque estando con ellos fue que, de pronto, se dio cuenta que a su departamento le hacía falta un Árbol de Navidad, por lo que se disculpó y fue inmediatamente a comprar lo necesario, y a pesar que se demoró toda la tarde, sólo cuando tuvo todo comprado se decidió a volver.

Sonrió satisfecha al ver el resultado. Encendió las luces del árbol, apagó las de la casa y, con una humeante taza de café en sus manos, se sentó en el sofá, observando su obra con una pequeña sonrisa en sus labios. Esa noche no saldría a ningún lado, se quedaría en su departamento, a observar el primer árbol navideño hecho por ella misma, el primero que representaba realmente que de verdad creía en la Navidad, a pesar que en más de una ocasión intentó olvidarlo.

Esa noche se dedicaría a observar su árbol, lo que, en cierta manera, representaba que algún milagro también había llegado con ella, a pesar que estaba sola. Porque a pesar de ello, se sentía tranquila… no, como pocas veces, podía decir que se sentía feliz.

No sabía bien cuánto tiempo había estado en ese lugar, pero había comenzado a dormitar cuando, de pronto, sonó el timbre. Media dormida se puso de pie, y fue a abrir. Esperaba a cualquier persona… menos a él.

-¿Qué haces aquí?- le preguntó ella.

-Supe que te negaste a ir con Phoebe, así que vine a acompañarte- contestó él, sonriendo y encogiéndose de hombros –por un momento pensé que no estabas, como estaba todo oscuro, pero vi el reflejo de las luces del árbol de Navidad. ¿Puedo pasar?

-Sí, claro…- se hizo a un lado, dejándole el paso libre. Aún no era capaz de pensar en qué decirle, cuando vio que él se dirigía hacia su árbol, y dejó un pequeño paquetito ahí, a un lado del único que había, que justamente (y aunque él no se hubiera dado cuenta en ese momento) iba dirigido a él mismo.

-Arnold- después de unos momentos, ella atinó a hablar –no creo que sea conveniente que te quedes…- él la miró, confuso –quiero decir, no tengo cena preparada… de hecho, ni siquiera pensaba cenar.

-Eso no importa- replicó él, sentándose en el sofá en que antes estuvo ella –he visto muchas veces que hay personas que se enfocan tanto en lo material, como la cena navideña, que se olvidan de lo esencial…

El rubio le sonrió desde su lugar, y Helga comenzó a relajarse. No se dio cuenta en qué momento terminó sentada a su lado, el lugar a oscuras, iluminados únicamente por las luces intermitentes del árbol de navidad de la muchacha, que con tanto esmero había hecho.

-¿Por qué estás aquí realmente?- le preguntó ella, después de unos momentos de silencio.

-No me gusta estar en casa estas fechas, y mucho menos solo- contestó Arnold, sinceramente –así que pensé en ti. Supuse que no querrías salir este año, por lo que quise venir a acompañarte…

-Y de paso, yo acompañarte a ti…- Helga sonrió a medias –gracias por pensar en mí, Arnold.

-Gracias por recibirme en tu casa, Helga- contestó él, suavemente –por cierto, bonito árbol… pensé que habías dicho que no armarías uno en tu casa.

-Para que veas… los milagros navideños ocurren de vez en cuando- contestó la chica –aunque sean tan simples como un árbol de Navidad…

-O tan complicados como encontrar a la persona perfecta para pasar estas fiestas- agregó Arnold, soltando un suspiro.

Helga lo miró durante algunos momentos, y luego sonrió. Consideraba que tenía toda la razón.


¿Qué les pareció?, espero que les haya gustado.

Aclaro, que los fics que aquí subo son más que nada oneshots, independientes unos de otros (por eso decidí llamarlos "Cuentos"). En realidad, éstas son las historias que se me ocurren y que normalmente dejo de lado, olvidadas, y que al cabo de un tiempo vuelven a mi memoria y me siento inspirada para escribirlos.

Agradecimientos a Teddytere, Seilen-dru, Bkpets, PerfectHell, por los comentarios que me dejaron por el tercer cuento.

Les deseo a todos unas Felices Fiestas, una muy feliz Navidad, que la pasen con sus seres queridos y que lo disfruten al 100%.

Que estén bien.