Ninguno de los personajes de Rurouni Kenshin me pertenecen, son copyright de Nobuhiro Watsuki, su autor. Muchas gracias de antemano por los reviews y gracias también por los que dejáis en mis otros relatos.

-¿Vas a dejarla ahí, Battousai?

No hubo respuesta. Los ojos de Kenshin, vacíos, parecían mirar a través del tiempo y del espacio. No había nada en ellos, ni sentimientos, ni alma, ni espíritu de ningún tipo. La luz contraía su pupila, pero a parte de eso, no había señal de vida en los ojos de Kenshin Himura. Estaba muerta. Daba igual. Kenshin contemplaba el cadáver de Kaoru sin sentimiento. ¿Para qué? ¿Por qué amar? ¿Para sufrir? ¿Esto era el dolor? Le dolió más cuando fueron sus padres, cuando fueron Akane, Sakura y Kasumi, cuando fue Tomoe... Ahora sólo existía vacío. ¿Cómo puede doler un corazón vacío? Así estaba mejor. Ella estaba muerta. Muerta como él.

-Traéme una sábana, kitsune-ordenó.

-Kaoru-san...-sollozó la mujer.

-Una sábana, Takani-san-ordenó Saito más firmemente, pero la doctora no hizo caso. Miraba el cuerpo de su amiga, con los ojos saliéndose de las órbitas, temblando, y con una mano en una boca que no contenía un silencioso grito de terror.

El lobo de Mibu desapareció unos segundos del dojo para volver con una tela de color amarillo y flores estampadas con la que tapar el cuerpo sin vida, empalado contra la pared, de la joven maestra de kendo.

Megumi observó la tela, distraída por los llamativos colores, Kaoru la había comprado al volver de Kyoto, pero no había tenido tiempo de hacerse el kimono que deseaba, ni siquiera eso. Pero ahora tendría oportunidad de llevarlo. La doctora, al fin, rompió a llorar.

Sanosuke mantenía la vista fija en Kaoru, incapaz de creer lo que veían sus ojos. Jo chan… la pequeña jo-chan, tan fuerte, gritona y llena de vida, inmóvil y carente de todo lo que hacía de ella la joven que él quería, que todos querían. Aquella ya no era Koaru. Ella no tenía nada que ver en esto. ¿Por qué? Enishi tendría que pagar. Debió haber dejado a Kaoru al margen de todo. Ella no tenía culpa de nada. Ella no tenía nada que ver en éso. Ella no tenía que morir.

Hajime Saito miró el cadáver de la joven con frialdad, y sin emoción alguna agarró la empuñadura de la espada que le atravesaba el pecho y la sacó de un solo tirón. El ruido que provocó la espada al ser retirada del cuerpo de Kaoru le puso los pelos de punta a Saito. Había visto muchas veces, y él mismo había atravesado el cuerpo de incontables enemigos, pero no esperaba tener que arrancar una espada del pecho de la chica tanuki.

El cuerpo de Kaoru, resbaló y se quedó tendido sobre el suelo, desvencijado como una muñeca de trapo. De espaldas a ellos, Saito cubrió la muñeca de Enishi con la tela floreada. Pobre chica.

-Llévala adentro, Himu…-pero cuando Saito se dio la vuelta, Kenshin ya no estaba. Himura ni siquiera se había quedado para asear a la chica.

-¿Qué… qué?-Megumi no parecía ser capaz de articular una frase.

-Aseadla-sentenció Saito-Es lo único que os queda. Himura se ha ido.

-Yo la llevaré-Sanosuke se acercó al cuerpo de Kaoru, lo envolvió con ternura en la sedosa tela, y la cargó con cuidado. Cuando se levantó con ella en brazos, se dio cuenta de que no quería quedarse allí.

-Megumi…-Sanosuke suspiró-Vayamos a la clínica.

Missing moment que me apetecía escribir porque esta parte del manga me dejó... catatónica, más incluso que al pobre Kenshin.