Los personajes pertenecen a la señora Meyer.

Este drabble está dedicado a una pequeña chica que está muy débil y enferma en su casa. Espero que se mejore pronto y que ya no haga tantos corajes con su padre.

Por cierto, he de aclarar que nunca antes había escrito algo que tuviera como protagonista a alguien de La Push, así que sean misericordiosas con mi incursión en terreno queliute.



Paseaban por la playa, sintiendo en sus pies desnudos la tibia arena; sus manos, entrelazadas, se movían al ritmo de sus pasos. Dejaron atrás a los turistas, a los visitantes e incluso a los nativos de ahí. Llegaron hasta un lugar que era sólo de ellos, y de nadie más.

Tomaron asiento en un tronco que había dispuesto ahí para usarlo de banca las veces que iban a admirar la puesta de sol. Sam atrajo a Emily hacia sí y la envolvió con uno de sus brazos. Ella suspiró cuando él le besó su cabello.

Se quedaron en silencio por un momento, admirando la quietud del mar y la manera en que todo el mundo parecía sumirse en un tono anaranjado, despidiendo al sol.

Un momento después Sam tomó entre sus manos el delicado rostro de Emily y la observó con adoración, como si ella fuera el sol del medio día, la luna llena de la noche; en ese momento no existía nadie más que ella, su Emily, y él. Barrió con su mirada la tersa piel de su rostro moreno, vio cómo los últimos rayos de sol arrancaban de ella destellos color caramelo… y entonces vio su crimen.

Emily, al ver cómo se oscurecieron los ojos de Sam, supo qué pensamientos rondaban en su mente.

—Sam, por favor ya no te culpes.

—Es que… Emily, aún no puedo perdonarme por lo que te hice. Deberías odiarme, no amarme.

Ella sonrió.

—Pues lo siento. Te amo y no hay nada que pueda cambiarlo. Ni siquiera una cicatriz.

—Perdóname —pidió Sam con los ojos apagados.

—No —puso sus manos encima de las la él y las apartó de su rostro—. Nunca, porque no hay nada qué perdonar. ¿Cuántas veces quieres que te lo repita?

—Las veces que sean necesarias para que yo me lo crea.

Emily meditó un momento, sopesando las palabras de su prometido. Y entonces se le ocurrió algo.

—De verdad, Sam, si pretendes que te diga a cada instante por el resto de nuestras vidas que no hay qué perdonar… prefiero demostrártelo de otra forma.

—¿Cuál?

Emily no respondió, al menos no verbalmente. Acotó la distancia que separaba el rostro del suyo y lo besó. Soltó sus manos de las de Sam para poder enterrarlas en su cabello, y él la apretó hacia si. Se separaron para tomar aliento y se miraron a los ojos.

—Creo que me gusta más esa forma.

Sonrieron antes de besarse de nuevo. El sol ya estaba oculto en el poniente.


Happy weekend!!