((((((((((((( Con este capítulo llegamos al final del fanfic. Espero que os haya gustado tanto leerlo como a mí escribirlo. Nos vemos muy pronto.

Y como siempre recordar que los personajes no son míos, son de la FOX, pero todo lo que hacen, sí. ))))))))))))))))))))))))))))))))))

CAPITULO 6 y fin.

Booth entro en el despacho de Angela sin saludar. Hacía varios días que no se pasaba por el Jeffersonian, pero no se paró a hablar con nadie, ni siquiera con Cam, que se encontraba sobre la plataforma.

-Angela, tengo que hablar contigo. ¿Dónde se ha metido Huesos?

Angela le miró intentando escoger las palabras.

-Verás, Booth…

-Llevo todo el fin de semana llamando a su móvil, me he pasado por su apartamento y el portero dice que hace un par de días le dijo que iba a faltar unos días y que echara un vistazo a su casa. ¿Es que ha pasado algo?

-Booth, siéntate un momento, ¿quieres?

Booth se sentó en el sofá del despacho a la expectativa y miró interrogante a Angela.

-Brennan está bien, hemos pasado juntas el fin de semana y de verdad está bien.

-Podía haber contestado a mis llamadas y decirme que estaba contigo –dijo con exasperación-, sabe que la llamo casi todos los días y estaba muy preocupado.

-Booth, Brennan ha recuperado la memoria.

Booth se puso de pie de un salto.

-¿Qué? ¿Cómo ha sido? ¿Por qué no me ha dicho nada?

-Booth, tranquilízate –Angela puso su mano sobre su brazo-. Brennan no se encontraba bien, lo sabías, tenía un montón de recuerdos que no podía reconocer y poner en su sitio. Se encontraba tan frustrada que me la llevé a Nuevo México. Hemos estado juntas poniendo orden en su caos personal y ya lo tiene todo prácticamente encajado. Bueno, casi todo.

-¿Y cómo se lo ha tomado? Sabes que había partes de su vida especialmente delicadas, y si no se las tomó nada bien cuando era una persona totalmente racional, no puedo imaginar qué habrá ocurrido ahora.

-Pues creo que mejor de lo que había pensado. Ha sido doloroso, pero a la vez se siente en paz consigo misma por haberlo recordado. Y lo ha aceptado todo. Temía perder alguna parte muy importante de su vida, pero ahora ya sabe que no es así.

-Bien entonces –dijo Booth poniéndose en pie-, supongo que el hecho de que no haya contestado a mis llamadas tiene una razón: querrá estar sola.

-Te equivocas. Ahora te toca a ti.

-No te entiendo, Angela.

-Hay una parte de su vida en la que no pude ayudarle, y es la que se corresponde contigo.

Booth la miró interrogante.

-Yo no formo parte de su vida.

-Booth, ella y tú érais compañeros, y amigos, y compartisteis más de lo que yo sé y seguro que mucho más de lo que imagino. Sólo tú y ella conocéis esa parte, y sólo tú puedes ayudarla a recuperarla. Además, me ha pedido que vayas.

El agente se dio la vuelta y calló durante unos segundos.

-No podré ayudarla como cree. Tú podías haberlo hecho perfectamente aunque creas que no. No hay nada más aparte de lo que todos sabéis.

-Hay mucho más, Booth, tú lo sabes, ella lo sabe y nosotros lo sabemos. No puedes engañarte, y ahora menos que nunca porque Brennan te necesita.

Booth volvió a mirarla. Angela no sabía muy bien lo que decían sus ojos. ¿Era tristeza?

-Iré porque ella me lo ha pedido, pero sigo pensando que no servirá de nada.

Angela sonrió. Una pequeña victoria.

-Seguro que sirve de algo. La he dejado sin coche y si tú no vas, no podrá volver…

-¿La has dejado sin transporte en medio del desierto?

-Las víboras y los coyotes no podrán con Brennan, créeme –sonrió ampliamente.

Booth suspiró.

-No puedo creer lo que voy a hacer, pero de acuerdo. Voy a hacer un par de llamadas e iré a buscarla. Pero te aseguro que no me volveréis a pillar en una como ésta en mucho tiempo…

Después salió del despacho relatando. Angela cogió el móvil y marcó un número.

-Cielo, te lo he mandado por paquetería urgente. Estoy por jurar que ni se molestará en cambiarse de traje para volar lo antes posible hacia donde estás. Y no me des las gracias, sólo vuelve, ¿vale? Pase lo que pase, y si pasa algo, no os perdáis en el desierto…

Booth sabía dónde estaba la casa de Angela. La había visitado cuando su novio apareció muerto y acudió a la llamada de Brennan para ayudarles. Había tenido que ajustar los horarios de dos vuelos y alquilar un coche, aparte de llamar a la oficina para tomar un par de días libres y negociar con Rebecca para que llevara a Parker al dentista.

Lo estaba haciendo todo para ayudar a Huesos, aunque seguía sin entender muy bien por qué le había llamado a través de Angela y no lo había hecho ella misma. Si quería ayuda, sabía que podía pedirla, Booth se lo había demostrado durante bastante tiempo antes y después de su caída, y era como si hubiera querido alejarse de él para después reclamarle a su lado. Bastante lío tenía ya con intentar entenderla, unas veces como antes, otras como ahora, una mezcla de personas que le traía loco.

Mientras conducía por el desierto no podía evitar que le temblara el pulso. Parecía mentira que alguien como él temiera por lo que se iba a encontrar cuando llegara a la casa. Si Huesos había recobrado la memoria, pues se encontraría a la antropóloga forense racional, serena, segura de sí misma, que había sido. Si ya la conocía de sobra, ¿por qué temía?

A lo mejor era porque le apetecía encontrarse a la otra Huesos, la de después. Había sido tan divertido flirtear con ella, reír con ella, compartir películas y cervezas en su casa, consolarla y que le aceptara cuando lo necesitaba. Le gustaba la nueva Huesos, pero no sabía por qué no había asumido que tenía fecha de caducidad. Uno es como es y nada puede taparlo, ni siquiera una amnesia.

Esta nueva persona le había permitido soltar un poco del lastre que tanto le pesaba: sus sentimientos. Porque con la nueva Brennan no parecían tan irreales, incluso tenían una respuesta por su parte, lo había notado. Quizá con un poco más de tiempo podrían llegar a fructificar, o al menos esa había sido su secreta, secretísima esperanza. Pero por lo que se veía el tiempo se había acabado. Y no habían llegado a nada. Y volver a meter esos sentimientos dentro, tragarlos como un bourbon sin degustar era muy difícil. El disfrutaba del bourbon, no se lo tragaba sin más, y quería degustar a Huesos poco a poco, saborear todos los matices y dejar que llegara a su sangre y le envolviera por completo.

Cuando divisó la casa a lo lejos pensó que el momento de la verdad había llegado. Lo único que podía hacer cuando bajó del coche fue respirar hondo y expulsar el aire pesadamente. Estaría preparado para lo que llegara, estaba entrenado para eso y para cosas peores, así que lo único que tenía que hacer era seguir y no pensar.

La puerta estaba abierta, sólo tuvo que empujarla. Cuando entró en la casa la llamó temiendo lo peor. ¿Por qué demonios dejaba la puerta abierta? Aunque al instante se dijo: no hay un loco en este mundo que se adentre en el desierto pensando que alguien lo habitará. Aún así la llamó.

-Huesos, ¿estás ahí?

-¿Booth, eres tú?

La voz provenía del exterior. Booth recordaba un jardín llenó de cactus y plantas aromáticas, y se dirigió a la puerta por la que se accedía. Huesos ya venía a su encuentro.

-Booth, por fin has venido.

Brennan le abrazó, y Booth se dejó abrazar con timidez.

-Creía que ya no llegarías hasta mañana.

-¿Cómo se te ocurre quedarte aquí sola? –la voz de Booth denotaba un profundo reproche.

-No me ha pasado nada, ya lo ves. Sé cuidarme, Booth

-Claro, tú siempre pensando que eres autosuficiente.

Huesos le miró ligeramente sorprendida.

-Vayamos a la terraza. Te sacaré una cerveza bien fría.

Booth salió mientras Huesos iba a la cocina, y se sentó en un escalón del jardín, que estaba dispuesto en pequeñas terrazas de terreno hasta llegar a la parte de abajo. El aire se llenaba de aromas de lavanda y romero, que se agitaban por la brisa de última hora de la tarde en el desierto. Cuando Brennan salió con las dos botellas, Booth estaba mirando al horizonte, justo donde la puesta de sol tendría lugar en breve. Brennan se sentó a su lado y le dio una botella.

-Angela me dijo una vez que el amor es tan breve y efímero como una puesta de sol. Algo casi insignificante, dije yo. Y ella añadió que una puesta de sol puede ser muy importante si la compartes con alguien que realmente te importa.

-Angela es una persona muy sabia a pesar de su juventud –dijo Booth tomando un trago de su botella-, pero yo no busco una puesta de sol. Creo que daría la vuelta al mundo persiguiendo al sol para que no se pusiera nunca. Para mí eso es el amor. No busco lo efímero aunque se repita todos los días.

-Pues parece que buscas muchas puestas de sol a juzgar por las mujeres con las que sales…

-¿A qué viene eso ahora? –la miró con extrañeza-. Además, tú no sabes si me acuesto con muchas mujeres o no.

-Vamos, claro que lo sé. Eres un macho alfa que tiene que demostrar su estatus demostrando su hombría ante las mujeres.

-Oh, no –dijo mirando al horizonte-, volvemos a hablar como antes. Y a discutir como antes. Esto no tiene buena pinta. O sí, ya no sé qué es mejor…

Brennan miró al horizonte también.

-Booth, he recordado todo.

-Lo sé –otro trago a la botella-. Angela me lo ha contado y me lo acabas de demostrar.

-O casi todo. Te habrá dicho que te necesito para encajar el resto de las piezas que me quedan. Porque no puedo hacerlo sola.

-Bueno, supongo que podré ayudarte en todo caso con respecto a tu padre y a Russ, porque cuando encontraste a tu madre hablamos de ellos en muchas ocasiones.

-No hablo de mi padre, Booth. Sé quién es mi padre, creo que era una de las cosas que no olvidé del todo, sé quién es Russ, quién era mi madre y lo que supuso para mí encontrar sus restos. Todo muy doloroso pero superado.

-¿Quieres entonces que te cuente algo de mí, de nuestro trabajo, de lo que hacemos?

-Pues mira, no sería mala idea.

-Muy bien. Yo estuve en el Ejército, he viajado mucho, he matado a mucha gente porque era francotirador y estoy en el FBI porque para mí es una manera de en cierto modo devolver lo que quité. Y en cuanto a nosotros, cualquiera puede decirte lo que hacíamos juntos y la relación que teníamos como compañeros. Teníamos una forma muy efectiva de trabajar, aunque no se puede decir que empezáramos con buen pie, formamos parte de un equipo muy sólido que funciona muy bien…

-No quiero hablar de nuestra relación profesional, Booth. Quiero hablar de lo que sentimos.

Brennan contuvo la respiración. Ya lo había dicho. Lo que sentimos. Lo que siento. Es lo mismo, ¿o no?

-Yo siento una profunda admiración por ti y por tu trabajo. Eres la mejor en tu campo, y siempre te lo he reconocido. De hecho nosotros funcionábamos como un reloj suizo gracias a tus cualidades profesionales y a mi instinto para resolver los casos- contestó Booth como si fuera lo más obvio del mundo.

Brennan frotó sus ojos con cansancio.

-Booth, me lo estás poniendo muy difícil… sabes que esto no se me da bien.

-¿El qué? ¿El que me digas que es estupendo que las cosas vuelvan a ser como antes, que seamos compañeros de nuevo? No es nada complicado, Huesos. No tenemos más que continuar el camino que habíamos trazado juntos, y ya está. Aunque tengo que reconocer que para mí no será fácil porque, bueno, la verdad es que la Brennan de las últimas semanas me gustaba. Mucho. Pero te ayudaré en todo lo que sea necesario para que todo sea como siempre ha sido. Creo que me bebería otra –dijo mirando su botella-. No te preocupes, iré yo mismo a buscarla.

Mientras Booth volvía a la cocina, Brennan intentó asimilar lo que Booth había dicho. Nunca antes se había planteado si le gustaba a Booth de otra manera que no fuera

la que habían compartido durante años, pero tenía que reconocer que en las últimas semanas le había mirado de forma diferente. Incluso antes de recordar tenía la sensación de que estaba conociendo a un nuevo Booth. Ella había sido prácticamente otra persona, no podía dejar de lado ese hecho irrefutable, y tampoco podía dejarlo atrás sin más y volver a su vida anterior como si nada hubiera pasado. Porque había pasado.

Había mirado a Booth no sólo como parte de su equipo. Booth se había convertido en un auténtico compañero sin lazos profesionales de por medio. Añoraba su presencia cuando no estaba, sus llamadas de teléfono la reconfortaban, su paciencia infinita cuando se enfurecía consigo misma por no tener las riendas de su propia vida era una virtud maravillosa propia únicamente de Booth. Su pasado tortuoso la abrumaba, y ella deseaba que ni en sueños volviera a pasar un infierno y quería, por todos los medios y dentro de su pequeñez humana, protegerle. Justo lo que él había hecho con ella durante años. Pero Brennan tenía la sensación, ahora y después de un largo recorrido interior, de que Booth no sólo la quería proteger del mundo. También quería protegerla de él.

Ese último fin de semana, colocando sus recuerdos, recordando sensaciones, el agente había tenido un papel muy importante. Tanto que era cierto que su vida anterior no estaría completa hasta que estuviera segura de qué era lo que le rondaba a Booth por la cabeza. Y por el corazón. Porque estaba segura de que había algo, pero su mente empírica y racional le había impedido verlo. Seguro que Booth se había empleado a fondo para ocultarlo y ella simplemente habría ignorado las pocas señales que él le había enviado. Y ahora acababa de decirle que iba a resultarle muy difícil volver a lo anterior. ¿Cómo le haría ver que ella realmente tampoco quería que las cosas fueran como antes?

Mientras Brennan le daba vueltas a la cabeza, Booth estaba a su espalda, bebiendo silenciosamente. Aquello estaba resultando un maldito lío y se había metido de cabeza solito y sin ayuda. No debió ir a buscarla, ni siquiera aunque se lo pidiera. Había tenido mucho tiempo para pensar en el viaje, había incluso pensado tirarse de cabeza a confesarle todo lo que tenía dentro, pero una vez más se había arrepentido. Una de tantas. Cuando Huesos cayó por aquella escalera llevaba ya muchos días dándole vueltas al tema y estaba a un paso de arriesgarse, y entonces ocurrió el accidente. Luego la situación cambió y Huesos cambió, y vuelta a empezar, aunque esta vez el camino fue mucho más fácil de recorrer. Y cuando otra vez hizo acopio de valor, de nuevo otro escollo: Brennan recupera la memoria. Bingo.

Estaba cansado, demasiado cansado para esconder sus sentimientos de nuevo, para recorrer el camino de nuevo, para intentar conquistarla de nuevo. Y cuanto más tiempo pasara a su lado, más difícil sería la tarea.

Tendría que tomar una decisión, largamente postergada, y había llegado el momento. Se sentó de nuevo junto a Huesos y volvió a mirar a la puesta de sol.

-Antes de que nos pongamos a recordar los viejos tiempos como viejos compañeros, tengo que decirte algo.

Brennan le miró expectante. Por fin…

-Hay una vacante en el departamento de asesinos en serie. He pensado que no me vendría mal un cambio de aires y como mi reputación es bastante buena dentro del FBI, a lo mejor me decido y pido ese puesto. No creo que haya problemas para hacerme con él.

De pronto se hizo de noche, casi inmediatamente, y Brennan sintió que también había caído la noche para ella.

Booth se iba. O por lo menos lo pensaba.

-¿Quieres decir que ya no trabajaremos juntos?

-Me temo que no. Los asesinos en serie suelen estar vivos, y a menos que hagamos mal nuestro trabajo, se trata de que no vuelvan a matar a nadie, con lo que intentaremos encontrar los menos restos posibles. Pero tampoco descarto que tenga que visitar el Jeffersonian alguna vez.

Brennan sintió un escalofrío. Era como si todo su cuerpo hubiera perdido el calor, como si le temblara hasta el último pelo de su cuerpo, como si se hubiera abierto un vacío tremendo a sus pies y su único anhelo fuera tirarse de cabeza. Booth se iba.

-No puedo creerlo. ¿Qué hay del equipo y eso de que somos compañeros, los mejores del mundo, y que trabajamos estupendamente como un reloj suizo y demás? ¿Dónde quedaré yo? Bueno, nosotros…

-Hay más gente en el FBI con la que podéis trabajar –vaya, se dijo Brennan, ahora ya no era sólo ella, ahora era un equipo que trabajaba en conjunto-. Tu equipo y tú habéis trabajado con Perotta cuando yo no podía hacerlo por mi espalda o cuando estuve sancionado por el disparo al payaso, ¿recuerdas? –Brennan asintió-. Y no fue tan mal. De hecho, los resultados fueron muy satisfactorios.

-Ya, pero si tú también recuerdas, te dije que no quería trabajar con nadie que no fuera contigo. Me importa bastante poco que Perotta sea una agente eficiente como la copa de un pino. Te dejé bien claro que nunca podría trabajar con alguien que no fueras tú. Y tú vas ahora y te largas. Me dejas. Abandonas. Adiós.

Booth se levantó y le dio la espalda mirando hacia la oscuridad comenzó a tomar posesión del horizonte. Cerró los ojos. Le picaban y los sentía húmedos. No podía dejar que Brennan le viera así.

-Es lo mejor para los dos –dijo apenas en un susurro-. Lo sabes.

El lo sabía. Sabía que aquella situación era insostenible. No podía volver a trabajar con ella como si nada hubiera pasado, porque había pasado, y había sido como un terremoto dentro de su corazón. Y ya no tenía fuerzas para continuar. O todo o nada.

El silencio reinó entre los dos. Brennan tomó una decisión irrevocable.

Se levantó, se acercó a la espalda de Booth y acarició lentamente su columna. Después apoyó su mejilla en su espalda para escuchar su corazón. Temblaba ligeramente, pero no rehuyó su contacto. Booth era tan consciente de ella que le producía dolor, un dolor insoportable.

-Booth, no lo entiendes, ¿verdad? No entiendes por qué nunca he sido capaz de escuchar lo que realmente me decías sin decirlo, lo que tus ojos me querían hacer ver y yo no veía, y no entiendes por qué ha tenido que ocurrir todo esto para que yo me dé cuenta de lo que siento por ti. Te quiero, Booth. Y me da miedo. Miedo porque ahora mi felicidad y toda mi vida dependen no ya sólo de mí misma sino de otro, y miedo también de que cuando todo acabe, sea la persona más desgraciada del mundo y no pueda asumirlo.

-Huesos, no…

-Sí, Booth. Tengo miedo y ahora sí quiero tu protección. Porque te quiero, mucho más de lo que mi racionalidad está dispuesta a aceptar.

-¿Sabes que haría cualquier cosa por ti, verdad? –dijo Booth sin volverse-. Pero tengo que estar seguro antes de dar cualquier paso. ¿Y si todo cambia de repente, y si tú…?

-No ocurrirá, no ahora al menos. No puedo predecir lo que ocurrirá en el futuro, pero tengo claro que tenemos que vivir el presente. Y el presente somos tú y yo, nada más.

Brennan acarició su antebrazo y continuó haciéndolo hasta llegar a su mano. Con delicadeza entrelazó sus dedos con los de Booth, y su corazón dio un vuelco cuando notó una caricia delicada en el dorso de su mano.

-Te necesito para completar el puzzle de mi vida, porque eres una parte tan importante que sin ella no estoy completa. Te necesito para continuar añadiendo trazos porque sin ti no estará dibujada. Te necesito, vaquero. Ahora más que nunca.

Booth finalmente se dio la vuelta y se enfrentó a Brennan. Ella también luchaba por mantenerse serena, pero le estaba costando mucho conseguirlo. Lo sabía.

Brennan acarició su mejilla y Booth cerró los ojos. Se sentía incapaz de soportarlo más y decidió rendirse. Nada tenía sentido más allá de Brennan, todo era accesorio. Rodeó su cintura y apoyó su frente en la suya.

-¿Sabes lo que significa que me hayas dicho todo eso? Significa que toda nuestra vida, todo lo que nos rodea, ya no tiene valor, al menos para mí. Porque me he pasado la vida persiguiendo algo que no sabía que era, y ahora lo sé. Te buscaba a ti, podría jurar por el Santísimo que sabía que eras tú antes siquiera de conocerte, y me ha costado tanto reconocerte y aceptarte que nunca dejaré que te alejes de mí. No he pensado en otra cosa durante meses, y tenía miedo de que me rechazaras… tácitamente, una vez más, como lo has hecho siempre poniendo barreras invisibles entre nosotros.

-Pero después de mantener una relación tan extraña contigo deseando acercarme a ti pero al mismo tiempo manteniendo la distancia, atraída pero temerosa, he decidido que prefiero lamentarme por algo que haya hecho que por algo que no haya llegado a hacer. Y quiero darme una oportunidad.

-¿Y que pasa con la doctora Temperance Brennan? ¿Volverá de nuevo con sus dudas acerca del amor y los humanos, la psicología y el significado de los actos?

-Todos somos un conjunto de actos y actitudes, somos un pasado y tenemos un futuro. Tengo que aprender a aceptarme como soy, y tú también deberás hacerlo conmigo. De hecho, a ti te costó superar tu pasado y aceptar que tuvo lugar, pero lo hiciste y eso te convirtió en mejor persona. Yo deberé aprender de ti, y tú deberás darme la razón cuando la tenga. Por eso funcionamos tan bien.

Brennan le besó. Fue ella quien tomó la iniciativa, y Booth respondió sin poder evitarlo. Tanto tiempo pensando en ese momento, tanto tiempo soñando con ello en la soledad de su despacho, de su apartamento, de su coche. Había llenado horas y horas pensando a qué sabría Brennan, y ahora su sabor era tan intenso, tan perdurable, que no podía dejar de besarla y acariciar su cara, no podía dejar de perderse en el hueco entre su mandíbula y su hombro, no podía dejar de oler su pelo, lleno de matices aromáticos del ambiente.

-A lo mejor no lo hemos hecho de la mejor manera, Brennan, pero ahora todo cambiará. Somos humanos, hemos cometido muchos errores, yo más que nadie probablemente, pero ahora quiero empezar de cero contigo. Quiero conquistarte como no lo he hecho antes, quiero hacerlo despacio, tomarme mi tiempo, disfrutarte simplemente.

Brennan se perdió en sus brazos, se dejó llevar por todo lo que le había vuelto loca desde que abrió los ojos en el hospital intuyendo su presencia. Sabía que eras tú aunque no te viera… Siempre había sabido que él era importante en su vida, aunque él le hubiera restado importancia a su papel. Y allí se encontró en casa. No era su apartamento, ni las casas de acogida, ni siquiera la casa que recordaba haber compartido con sus padres siendo una niña pequeña. Su hogar era Booth, sus brazos, y ya tenía la sensación de haber llegado a su hogar. Por fin.

FIN.