Summary: Encontrar una niñera no está siendo una tarea fácil para Edward Cullen hasta que una hermosa y joven camarera se muestra dispuesta a ayudarlo. Todos Humanos.

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Epílogo: Celebración

Los Cullen, o mejor dicho Alice, habían organizado una barbacoa para celebrar el segundo año de matrimonio de Bella y Edward y todo el mundo en kilómetros a la redonda había sido invitado. Había luces en los árboles, música en directo, mucha comida, bebida y mucha diversión.

Todo el mundo estaba allí también para conocer oficialmente al nuevo integrante de la familia Cullen: Anthony, hijo de la festejada pareja. Nessie por otro lado se mostraba orgullosa al presentarle su hermano a cada invitado. Sin embargo, había tanta gente que por un momento se sintió intimidada porque no se había soltado de Edward desde que llegaron los primeros invitados.

- ¿No quieres ir a jugar con Ashley? - le preguntó Edward - Mira, está allí con tía Alice

- No - dijo apretándose contra el cuello de su padre – hay mucha gente! Además… Anthony me necesita.

- Entonces, ¿podrías soltarme un poco para que pueda respirar?

La niña lo soltó ligeramente.

- Creí que querías presentarle a todos a tu hermanito. Estabas muy contenta mientras organizábamos la fiesta. Has ayudado a inflar los globos y a decorar el jardín. Se supone que estamos celebrando. No tengas miedo.

La pequeña hundió el rostro en su hombro.

- Tienes que admitirlo, amor - dijo Bella sentada a su lado - Ver a todos los Cullen reunidos en el mismo sitio puede ser abrumador. Además… casi todo Forks está presente. Esta vez Alice se superó a si misma!

- Alice es Alice, cielo – sonrió Edward besando a su esposa – Como una Cullen, ya deberías saberlo. Tengo que ir a ayudar a mi padre - dijo Edward

- No señor! – dijo Bella sonriendo y tomándolo de la mano - Estás haciendo lo que se supone que debes hacer, ser el apoyo de Nessie. Tu padre lleva años organizando barbacoas y no creo que necesite tu ayuda.

- Así que vas a pasar la fiesta en mis brazos, ¿o me equivoco? - dijo y besó a la niña en la cabeza.

Nessie asintió y Edward se rió.

- ¿Qué es tan divertido? - preguntó Emmett uniéndose a ellos.

- Cosas de mi hija. ¿Qué tal te va?

- Digamos que me alegro de volver a casa después de tres meses en el extranjero con mi hermosa esposa – dijo sonriendo – extrañaba las bromas a mi cuñadita!

- Si Emmett! Yo también te extrañé – dijo irónicamente Bella.

- Eres una verdadera vikinga! Una mártir! – dijo con entusiasmo Emmett – No cualquiera sobrevive dos años al lado de mi hermanito! Sin duda eres un milagro en esta familia…

- Ya comenzamos de nuevo…- dijo Edward girando los ojos impaciente.

Emmett no pudo evitar reír a carcajadas.

- Hablando en serio. Me alegro mucho de verlos así, felices. Nunca había visto a Edward tan feliz.

- Nunca antes había sido tan feliz.

- ¿Papá? ¿Recuerdas cuando me dijiste que podía tener un perrito?

Edward abrió los ojos incrédulo y miró a Bella en busca de ayuda. Ella le devolvió una sonrisa, arqueando una ceja.

- Sí, sí lo recuerdo, es sólo que...

- ¿Me puedes regalar el perrito cuando sea mi cumpleaños?

- ¿mmm no prefieres otra cosa? Los cachorros necesitan muchos cuidados.

La niña agitó la cabeza. Sus ojos estaban tristes.

Edward miró a Emmett y a Bella y suspiró.

- Bueno… parece que tendremos que buscar un perro.

Emmett se quedó mirando a Edward mientras se alejaba.

- No sé qué le has hecho, pero parece un hombre nuevo. Ninguno esperaba que volviera a casarse ¿Cómo lo conseguiste? ¿Eres una bruja? ¿Alguna poción?

- Sólo lo amo, como he hecho desde que lo conocí – dijo mirando a sus esposo a la distancia - Creo que por fin se dio cuenta que podía ser feliz…

- Me alegro de que todo haya salido bien, hermanita.

- Yo también.

Emmett miró a su alrededor y bajó el tono de voz.

- Dios! aquí viene la diablillo…

- Creo que todo el mundo lo está pasando bien, ¿cierto? - preguntó Alice con una gran sonrisa

- Ya sabes cuánto disfruta la gente en tus fiestas, Alice

- Lo sé – sonrió radiante - Me alegra oír eso. Aprovechando que estás aquí, quiero que hablemos de organizar una fiesta para celebrar el cumpleaños de Nessie…

- Mejor me retiro – dijo Emmett con cara de pánico – Ni siquiera ha terminado esta fiesta y ya estas pensando en organizar la siguiente! Eres incorregible Alice!

Alice se quedó mirando cómo se alejaba.

- Un día de éstos, me rogará que organice algo! Ya lo veras! Recuerda mis palabras.

- Si tu lo dices…- ambas rieron

- ¿No te parece Anthony adorable? - preguntó Alice unos minutos más tarde, mirando hacia donde estaba Esme con su nieto Anthony en sus brazos.

- Completamente - contestó Bella con una sonrisa boba en su cara al ver a su hijo – es mi vida.

- Es tierno observar a Edward. Se ha acostumbrado rápidamente a la paternidad, teniendo en cuenta las circunstancias.

- Sí, pero no me sorprende. Tiene una familia maravillosa y el es una gran persona. Solo era cosa de tiempo.

- Le has cambiado la vida cuñadita – dijo Alice tomando su brazo – Cuando se conocieron, siempre estuvo muy orgulloso de ti, como si fueras algo suyo.

- Así es, Alice. Le pertenezco. Siempre le he pertenecido y siempre le perteneceré.

***

La fiesta estaba siendo un total éxito y Bella sonrió a Vera que le estaba contando la enésima travesura de uno de sus quince nietos, y buscó entre la muchedumbre en busca de dos caras conocidas.

La de su marido, que se había ido aproximadamente hacía una hora a conversar con su padre, y la de su hijo de cinco meses, al que estaban paseando por toda la fiesta como si fuera un muñeco de exhibición. Todos caían rendidos a los encantos del nuevo Cullen.

Anthony era apenas un recién nacido y, aunque estaba bien cuidado en brazos de la madre de Edward, Bella quería saber dónde estaba.

En aquel momento, sintió un par de fuertes manos masculinas en la cintura y se giró sobresaltada para encontrarse con los ojos verdes de su adorado marido.

- Vaya, me has asustado! - exclamó.

- Hola, Vera - saludó Edward a su vecina - ¿Te importaría que me llevara a esta preciosa mujer? La necesitamos en la mesa de los postres.

- No, claro que no. Ya terminaré otro día de contarte las aventuras de Henry.

- Por Dios! - murmuró Edward al oído de su mujer.

A continuación, la giró en otra dirección y se alejaron.

- Qué historia tan interesante.

- No te puedes ni imaginar - contestó Bella chasqueando con la lengua - Creo que podré sobrevivir sin saber cómo lograron sacarle los dos granos de maíz de la nariz a Henry. Gracias por rescatarme.

En lugar de llevarla hacia la gran mesa en la que había bizcochos, galletas y tortas de todos los colores y sabores, Edward se llevó a su mujer hacia el estacionamiento

- De nada. Tenemos que hablar.

Al instante, Bella dejó de sonreír y se puso en guardia.

- ¿Qué pasa? ¿Es Anthony? ¿Está enfermo? ¿Le ha ocurrido algo a Nessie?

- No, no te preocupes, cielo. Nuestros hijos están bien - contestó Edward con paciencia.

A continuación, la apoyó contra el coche y la besó con pasión, hasta que Bella casi se hubo olvidado de la preocupación por su hijos.

- A ver si así dejas de preocuparte por Nessie y Anthony.

- Soy una madre primeriza y todas las madres primerizas nos preocupamos por nuestros hijos.

- Sí, ya lo sé – sonrió Edward - Se te da de maravilla.

Bella enarcó una ceja.

- Lo de ser madre, digo - se apresuró a añadir Edward – no me refería a lo de… preocuparse

- Ah, bueno - sonrió Bella

- ¿Qué te parece si nos escapamos de la fiesta y nos vamos a casa? Podríamos estar solos y hacer lo que nos diera la gana.

Bella recordó la primera vez que se habían acostado y se planteó la posibilidad de estar a solas con Edward, solos de verdad.

Desde que había nacido Anthony, no habían tenido muchos momentos para estar solos porque, si no era Alice, o Emmett con Rosalie, eran los padres de Edward los que iban constantemente a ver a Anthony y a Nessie y, cuando se marchaban, había que atender a los niños o estaban agotados.

- Me encantaría - contestó.

Ya llevaban tres o cuatro horas en la fiesta y lo cierto era que le apetecía irse a casa, estar tranquila y descansar en brazos de su marido.

- Voy a recoger a Anthony y a Ne...

Edward la interrumpió con un beso.

- He dicho solos - le dijo - Anthony se va a quedar a dormir esta noche en casa de mis padres. Y Nessie está feliz de hacer una pijamada con Ashley en casa de Alice.

Bella negó con la cabeza.

- Oh, no. No puedo...

- Sí, claro que puedes y, además, lo necesitas. Ambos lo necesitamos. Anthony va a estar perfectamente en casa de mis padres. Les he dicho que nos llamen si sucede cualquier cosa y te prometo que tendré el móvil encima todo el rato. Incluso, si quieres, lo puedo poner en modo vibrador.

- Muy gracioso - contestó Bella mordiéndose el labio inferior y mirando hacia la fiesta.

Aunque no veía a su suegra ni a su hijo por ningún lado, sabía que estaban por allí y que todo iría bien. Y estaba segura de que Nessie estaría perfectamente con Alice.

Lo cierto era que echaba mucho de menos estar a solas con Edward, sólo ellos dos, y poder dedicarse a hacer el amor.

- Está bien - accedió aferrándose a su brazo mientras Edward le mordía el lóbulo de la oreja.

- ¿Te he dicho hoy lo mucho que te amo? - le dijo.

- Sí, en el desayuno - contestó Bella.

- Bueno, pues te lo voy a repetir por si no te ha quedado claro. Te amo.

Bella chasqueó con la lengua, le pasó los brazos por el cuello y lo besó.

- Yo también te amo, cariño.

- Creo que… - dijo Edward mientras acariciaba con devoción la mejilla de si esposa - lo más inteligente que he hecho en mi vida ha sido casarme contigo. Caíste del cielo como un ángel a mi vida, Bella. Y la iluminaste por completo.

La seguridad y el amor que destilaba cada una de las palabras que pronunció y la sinceridad que Bella vio en sus ojos la llenaron de una emoción y felicidad incontrolables. Se abrazó a él con fuerza y lo besó para que le quedara claro lo orgullosa que estaba de él, de ser su esposa, de ser la madre de sus hijos.

Edward se perdió completamente en ese beso. El olor de su pelo recién lavado y su perfume de flores se habían apoderado de él, la caricia de sus manos, de su aliento y de sus caderas lo habían excitado en un instante.

A pesar de que se había esforzado por mantener el control, por lo menos hasta llegar a casa, no pudo. La deseaba, la deseaba con tanto ardor que la imagen que se le vino a la cabeza fue la de un toro embistiendo algo rojo.

En cuanto estuvieron solos en el coche, se abalanzó sobre ella, besándola con pasión, acariciándola por todas partes, apartando la ropa hasta llegar a su piel desnuda.

Bella sabía a chocolate del pastel que acababan de compartir, pero también a sí misma, a mujer dulce y apasionada.

Bella lo deseaba con la misma pasión. Sus manos abrieron los botones de su camisa, desabrocharon los de su cinturón. Era obvio que estaba tan ansiosa como él de que sus cuerpos desnudos se encontraran.

Edward comprendió que no era el único que estaba increíblemente excitado, así que la dejó ocuparse de su camisa y de su cinturón mientras se ocupaba de subirle la falda hasta la cintura.

Dio gracias al cielo cuando vio que no llevaba medias sino solamente unas braguitas que no tardó en deslizar por sus piernas.

Para entonces, Bella había logrado desabrocharle la hebilla del cinturón y se estaba ocupando de la cremallera de los vaqueros. Edward no dudó en ayudarla.

En cuanto su erección estuvo libre, tomó aire y la miró a los ojos. Bella también lo estaba mirando. Edward vio que tenía la respiración entrecortada y una expresión de impaciencia en el rostro.

- Eres mi vida Bella Swan. Por siempre.

Bella lo besó como si se le fuera la vida en ello y le pasó los dedos por el pelo. Sin dejar de besarla, Edward la tumbó sobre el asiento del coche y se arrodilló entre sus piernas. Con un leve movimiento de su pantalón y de la falda de Bella, se encontró dentro de ella.

Su cuerpo lo recibió húmedo y Edward se sintió en el paraíso, dejando escapar un gemido de placer y apoyando su frente contra la de ella para intentar recuperarse.

- ¿Estás bien, cielo? - le preguntó.

A continuación, sintió que Bella asentía y que apretaba los músculos internos de su vagina alrededor de su erección para animarlo a que siguiera adelante. Qué dulce agonía.

Aquella mujer era increíble, abierta y deseosa, fluida y graciosa, pero a la misma vez salvaje y desinhibida. Tenerla entre sus brazos era como sentir una corriente eléctrica por todo el cuerpo.

Desde que había probado el cuerpo de su esposa, no podía parar de besarla y de acariciarla. La quería desnuda y a su lado, gimiendo y disfrutando las veinticuatro horas del día. Y ahora estaba de nuevo bajo él, dejando que la tomara, amándolo como solo ella sabía amarlo, con ternura, sensualidad, entrega. Nada más nada menos que en el coche.

Edward se dijo que debería parar, disculparse y llevarla a casa o, por lo menos, llevarla a algún lugar decente donde terminar lo que habían empezado, a su casa o a un hotel, a algún lugar con una cama y sábanas limpias, pero ya era demasiado tarde, así que Edward le separó las piernas y se introdujo en su cuerpo por completo.

Bella no podía pensar y apenas podía respirar sintiendo el peso de Edward sobre su cuerpo. Su calor, su intensidad, sentirlo dentro de ella era desbordante. Quería que se moviera, quería que le diera lo que necesitaba antes de que la urgencia por llegar al orgasmo se le antojara insoportable.

- Mi amor, por favor - suplicó.

Cuando Edward comenzó a moverse, Bella suspiró aliviada. Edward aumentó el ritmo de sus movimientos, penetrando en su cuerpo cada vez con más fuerza hasta que Bella sintió que se le nublaba la vista y le pareció que estallaban cohetes por todas partes.

Se mordió el labio inferior para no gritar, pero acabó gritando cuando el orgasmo se apoderó de ella y una gigante oleada de sensaciones la llenó por completo.

Edward se introdujo en su cuerpo un par de veces más antes de gritar y dejarse caer sobre ella. Bella oía su respiración entrecortada y sentía el latido de su corazón contra su pecho.

Pasaron varios minutos hasta que ambos fueran capaces de moverse. Edward se apartó a regañadientes, ayudó a Bella a sentarse y le puso bien la ropa. A continuación, la sentó en su regazo y apoyó su frente en la de ella hasta calmar sus respiraciones completamente.

- Wow, la que acabamos de montar - comentó Bella tras un breve silencio.

El parabrisas y las ventanas estaban empañados por lo sucedido y no veían el exterior.

- Creo que Emmett estaría orgulloso de nosotros – dijo Edward riendo.

- Si, pero creo que ni tu madre ni tu papá compartirían el entusiasmo de Emmett – dijo sonriendo Bella – estamos en el estacionamiento de su casa!

- Es tu culpa, cariño – acotó Edward besándola suavemente – por lucir tan tentadora este día.

- Lo mismo podría decir de ti, Cullen. Te veías completamente… sexy.

Edward movió la cabeza sonriendo, sorprendido de sus reacciones. Estaban comportándose como unos adolescentes.

Tenía la corazonada de que Bella iba a provocar siempre ese tipo de respuestas en él.

Y él encantado.

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Hola!

FIN! THE END! se acabó! :( Espero que les haya gustado el epilogo, y la historia en general, pero como saben... todo en la vida tiene que terminar u.u

Solo quiero agradecer su apoyo incondicional a este fanfic, cada review, cada comentario, cada sugerencia la agradezco de todo corazon! y espero que hayan quedado muy conformes con el fin de esta historia. Como saben estoy trabajando en la secuela de pretendiendo y estoy subiendo mientras la historia de Alice y Jasper, pero no se, al parecer no ha tenido muy buena aceptacion, pero es lo que hay XD

Nos vemos en ... otro fanfic y NO OLVIDEN DEJAR SUS REVIEWS!

Un abrazo de oso

PollyCox99