Hay algo de inexacto en los recuerdos:
una línea difusa que es de sombra,
de error favorecido.

Y si la vida
en algo está cifrada,
es en esos recuerdos
precisamente desvaídos,
quizás remodelados por el tiempo
con un arte que implica ficción, pues verdadera
no puede ser la vida recordada.

Y sin embargo
a ese engaño debemos lo que al fin
será la vida cierta, y a ese engaño
debemos ya lo mismo que a la vida.

Temo a la similitud de las cosas. El olor del tocino junto a los huevos fritos, el zumo de calabaza y la naranja recién exprimida, el crujir de los cereales en boca de estudiantes, las risas y bostezos mañaneros, el batir de alas de cientos de búhos entrando por los altos ventanales del Gran Comedor, incluso las quejas por parte de aquellos que no hicieron tareas o los falto de sueño. Cada una de las expresiones son inclusive las mismas, aunque con diferente tono, significado e intención.

Y es que es tan difícil hacer conciencia sobre lo acaecido, sobre lo venidero…sobre todo, lo presente. En ida y vuelta es en lo que las memorias trabajan sin dar lugar a un momento de descanso y alivio. "Cierra los ojos y cuenta hasta tres" es una frase ya distintiva de mis despertares.

Es como un mal reproductor o una película dañada que donde sufre el deterioro, después de buscar la solución y continuar con la proyección, llega a hastiar por la obstrucción, de ver la misma imagen una y otra vez y no saber si la terminarás de disfrutar o simplemente te quedarás en el momento exacto de donde falló. Y no es que aburriera si se ve las veces que fueran necesarias e incluso imaginar un desenlace, simplemente todo se reduce a lo mismo: tormento.

La repentina luz resplandeciente invadiendo la intranquilidad de mis sueños me lleva a la conciencia de que ha amanecido, sin embargo, la notoriedad de que ha cambiado el color del cielo no da cabida a mis ojos que por permanecer tanto tiempo abiertos y fijos en la nada provocan un extraño color en ellos y un sentimiento de vacío.

Todo es tan similar, sí; tan parecido y tan difícil de poder comparar.

- Cierra los ojos y cuenta hasta tres…

Inhala.

- ¿Pueden creer que ya sólo nos quedan 2 años para terminar? – les había dicho al par de magos que me acompañaban a mi clase y de allí ellos continuar unos pisos más arriba con la suya.

- Por fin, creí que nunca se terminaría, bueno, aún no se termina, tú lo has dicho, nos falta todavía mucho y… - nos dijo Ron como si la vida se le fuera acabar en aquella frase.

- Preferiríamos no cantar victoria antes de tiempo – coincidieron mis amigos con una sonrisa nerviosa.

- No se preocupen, todo va a salir bien. Si ya llegaron hasta aquí conmigo, van por buen camino – sonreí altanera y rodé los ojos cuando mis amigos bufaron por el comentario.

- ¿Ah, sí? – me retó Ron con la cara roja de la vergüenza.

Pero antes incluso de contestar, Harry le interrumpió con voz cansina.

- Si, Ron – le dijo con media sonrisa – Lo creas o no, por Hermione hemos llegado lejos, se ha portado muy bien al ayudarnos a estudiar y hacer los trabajos, aunque contigo claro, no es ayuda, sino un milagro caído del más allá…

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Contén el aire.

- ¡Te lo dije, Ron! – había logrado gritar con el alma entera, pero ni eso lo detuvo. Lo ahorcaría de ser posible.

- Vamos, Hermione – se rió nervioso mi amigo y corrió en busca de Harry, quien se encontraba leyendo una vez más cómo limpiar y peinar adecuadamente su escoba.

- ¿Y ahora qué? – él siempre se divertía y enfadaba al mismo tiempo cuando nos escuchaba pelear, según sus nervios era tan divertido, cada uno contraatacaba con argumentos demasiado ilógicos para su gusto.

Harry muchas veces decía que eso de ser Suiza demasiado seguido llegaba a ser ligeramente estresante.

- ¡Volvió a tomar mis cosas! – vociferé molesta, bueno más bien ofendida por lo que me acababa de revelar – Sabe a la perfección que se las prestaré, sólo que detesto que no me avise…

- El daño está hecho – concluyó Harry la pelea y continuó con su libro.

- ¡EXACTO! – bien, ese grito también lastimó mis tímpanos – Esta vez no terminó revolviendo todas mis cosas, sino que tiró varias pociones sobre mis cosas…

- Pero lo limpié – chilló Ron apenado. Y volteó a ver a Harry para que lo apoyara en su error – Limpié el desorden que causé, nada quedó dañado…

- Sí, claro – gruñí molesta – Ya verás que sí quedó algo dañado…

Entonces me aventé encima de Ron, quien se encontraba como si nada después de su estúpido argumento sentado a un lado de Harry. Debí prever antes de pensarlo, sabía a la perfección que esto de jugar a las luchas con los chicos siempre me fallaba. Nunca ganaba. Mi grito de sorpresa al verme atrapada por aquellos dos fue cambiado por la enorme carcajada que solté cuando Ron me tocó con exactitud en el punto débil de mi pierna.

- Yyyaaa…yya – pedí entrecortadamente. Odiaba que me hicieran eso porque terminaba llorando de la risa y los otros se divertían a mis anchas cuando me amedrentaban – Estaaa bien, deeebí pensarlo dos veces antes de hacerloooo…

Ambos soltaron una carcajada y me sentaron sobre el sillón en medio de ambos.

- Es bueno que aceptes tus errores – se rió deliberadamente Ron de mí. Lo fulminé con la mirada.

- Ya cálmense – suspiró Harry y después respiró profundamente.

La pelea que les daba siempre los cansaba un poco al final, era más débil con los dos juntos, pero les daba lucha y en mi forcejeo siempre salía n cansados. Ni mis manos ni pies dejaban de moverse un sólo segundo. Todo mi cuerpo en general lo movía. Sí, pero allí la más afectada era yo a final de cuentas.

Harry tomó de nuevo su libro y se puso a leerlo. Ron se giró hacia un lado para buscar también su libro de Quidditch. Cuando descubrí que él podía leer sin ser obligado casi lloré de la emoción, algo era algo. Suspiré e intenté acomodar mi uniforme que quedó hecho un desastre después de aquel fiasco de batalla.

Acosté mi cabeza en las piernas de Harry y subí las mías en los muslos de Ron. Era costumbre que nos quedáramos así cuando peleábamos. Accio libro escuché decir a Harry y me pasó mi libro que se encontraba frente a la chimenea cuando lo había dejado unos 15 minutos antes y subí a comprobar el desastre que mi adorable amigo Ron había hecho.

Al paso de 10 minutos de silenciosa lectura, sentí cuando Ron comenzó a golpear con un dedo distraídamente en mi pantorrilla. Siempre lo hacía cuando estaba completamente entregado al libro. Entonces lo recordé.

- Hay un Dios que todo lo ve y lo siente – susurré pensativa sin dejar de leer y pasé a la siguiente pagina – Algún día les ganaré…

Esta vez mis amigos soltaron una risotada divertidos por mi extraño comentario. Harry enseguida captaba las frases muggles, pero Ron se quedaba cortísimo. Al parecer los había dejado cortos a los dos con mi inicio. Sí, era raro. Muy vengativa me había escuchado. Me les uní a las risas.

Harry acarició mi mejilla izquierda con suavidad riéndose y luego cada uno seguimos con nuestra lectura.

2


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Exhala.

- Detesto que hagas eso, Hermione – suspiró Ron enfadado cuando íbamos camino al Gran Comedor.

- ¿Y ahora qué problema tienes conmigo, Ron?

- Por favor, no quiero escucharlos, no empiecen – masculló Harry adelantándose casi dos metros de nosotros.

- No es eso, simplemente que nos habías prometido… – hizo caso omiso a Harry - … que dejarías ese estúpido giratiempo al finalizar el curso anterior…

Suspiré.

- Lo sé, pero este año habría excelentes materias y no quería perder la oportunidad – expliqué apenada y le di un ligero codazo a mi amigo – Sabes que solamente así puedo tomar las clases…

- Sí, entiendo perfectamente esa parte en la que estás obsesionada con las clases – continuó pensativo y enseguida brincó a un lado cuando sintió que mi mano se dirigía directamente a su nuca.

- Ya sólo faltan 4 meses y medio para que termine el año…

- ¿Y eso significa que lo vas dejar cuando termine? – Harry interrumpió nuestra conversación más que civilizada con Ron. Ambos lo volteamos a ver con una ceja levantada.

- ¿No te habías excluido de la plática?

- No…

- Sí, claro…

- Como sea, ¿lo prometes? – hizo una mueca de preocupación.

- Si, Ron – sonreí. Lo abracé por la cintura y me pasó el brazo por los hombros. Harry nos esperó para que camináramos al mismo paso – Además no tienes de que preocuparte, es seguro, Harry ya ha viajado conmigo…

- No es eso, sino que… bueno, tendrás tiempo extra para clases, pero últimamente ni tenemos tiempo para nosotros, sólo nos encontramos en ratos libres con trabajos, tareas extras, quejas, ponernos al corriente con lo que falta…pero nunca nada divertido…

- Eso es cierto, Mione – respondió pensativo Harry y alzó los hombros. Se giró hacia mí y tomó mi mano aún con la mirada perdida. Me pregunté qué le preocuparía.

3

..

- Ya me cansé de esos recuerdos tuyos sin sentido – le soltó de pronto un joven – Ni siquiera sé si son reales o no.

Hermione escuchó a lo lejos aquellas palabras, mismas que iban con un dejo de burla, enojo y hastío. Entonces se dio cuenta, estaba en su cuarto todavía, levantó su mano en donde reposaba un reloj y vio que eran 5:45 am y se alertó.

- ¿Qué haces en mi habitación? – le preguntó ligeramente alterada y se cubrió por completo con las cobijas.

- ¿No es obvio?

- Te advertí que no quería que entraras en mi habitación, mucho menos en mi mente – tomó su bata de la orilla de la cama y se la colocó con trabajo.

- Creí que hoy tendrías algo nuevo para mostrarme, pero ya veo que no – se burló el mago girándose a la ventana y caminó hacia el lugar – Eres en exceso aburrida cuando repites las situaciones una y otra vez.

- ¿Qué es lo que quieres? – le soltó con la voz en hilo. El que alguien más supiera sobre su situación, como él la llamaba, la hacía sentir todavía más atorada en ese agujero.

- Las preguntas las hago yo, Granger – giró su varita entre los dedos distraídamente todavía mirando a los jardines del colegio – Dime, ¿quién es Harry y Ron?… porque déjame decirte que mientras dormías esos dos nombres los mencionabas demasiado para mi gusto…

- Me importa un bledo si te gusta o no que sueñe con… - pero se tapó enseguida la boca con ambas manos y agachó su mirada asustada.

Los sueños eran algo que ya no tenía importancia para ella. Además de que ya no identificaba de cuándo es en realidad o un simple sueño. Cada segundo de su vida era un constante recuerdo. Así que era confuso.

Todo se quedó en silencio.

- Mírame – ordenó aún con ese dejo burlón en su voz. Lo escuchó más cerca de ella.

- No – respondió acostándose en la cama de nuevo y cubriéndose con las cobijas hasta la cabeza.

- Maldita sea, mírame – en esta ocasión su voz fue demandante, potente y la escuchó mucho más cerca. Lo podía sentir a su lado, pero no quiso comprobarlo.

Tenía que ser una pesadilla. Todo aquello estaba siendo una mala pasada para alguien que se dedicaba a hacer el bien y no interfería en problemas de otras personas, exceptuando, claro, a sus mejores amigos, quienes al contrario de enfadarse con ella siempre le agradecían.

- No te lo diré de nuevo – su aliento cálido había llegado extrañamente por algún orificio de su protección y dar por completo en su cara.

Abrió los ojos indecisa, con enojo y miedo, ya comenzaba a cansarse de esa estúpida situación. ¿En qué momento sus cobijas habían sido arrebatadas?

- Recuerda que tú misma te metiste en todo esto, no me vengas con cosas que no van – le dijo el muy desgraciado en vista de lo que vio en su mente. Odiaba que hiciera eso. Por eso mismo lo había… - Si, Granger, por eso me dejaste…

- Entre nosotros nunca hubo nada – le retó molesta y giró su cara hacia un lado, detestaba sentirse como comenzaba a hacerlo – No puedes dejar algo que nunca te perteneció…

- Me conmueven tus palabras – su voz llegó con un suave veneno hasta sus oídos.

- No lo hagas – susurró con la voz rota y se giró por completo haciéndose ovillo. No le importó tenerlo a su espalda, qué más podía perder si su vida misma ya la había perdido hace un par de meses.

Todo un mundo destruido en un abrir y cerrar de ojos. Y es que la vida a veces no era nada justa, ahora sí convenía decir esa famosa frase dicha por un mundo entero cuando veía que algún plan no iba viento en popa. No. Ahora era diferente. Todo acabado. Destruido. Y no satisfecho con ello, poniéndole frente a su esencia, sí, porque eso era lo que estaba viviendo, a alguien a quien lejos estaba de desear ver.

Se abrazó por completo su cuerpo. Todo lo que sus manos frías le permitían cubrir.

- Deja de llorar, Granger – le exigió con furia el mago. Detestaba verla en ese estado. Las lágrimas eran para las personas sin personalidad y débiles. Y ella distaba de serlo.

- ¿Qué importa si lo hago? – nuevamente susurró. Apenas se escuchaba su voz, tan débil y sin vida – Lárgate si no te parece…

- Sabes que no lo haré – se rió con cinismo el chico y lo sintió acercarse a ella – Además, ya quisieras que te hiciera caso, es perfectamente conocido en todo el colegio que disto de obedecer a alguien…

- Lo sé, Tom – con una de sus manos limpió su cara, odiaba llorar, aborrecía sentirse sin vida, pero lo haría por ellos, por su familia, por su propia vida, debía luchar para encontrar la solución – Eso me lo hiciste saber cuando te conocí…

Sintió cuando el cuerpo del mago se acostó a un lado de ella. Y no es que le gustara hacer algo que le pareciera demasiado humano, pero parecía ser una de las cosas que le apasionaba y una de ellas era estar en una situación donde ella fuera la débil, la entregada y humillada. La que se rindiera.

- No te atrevas a llamarme por mi nombre – le gruñó molesto y colocó parte de su cuerpo pegado a la espalda de la bruja. La tomó del brazo libre para hacerle arrepentirse por su falta de respeto – Tú no tienes ningún derecho…

No dijo nada. Lo único que hizo fue hacer lo que sabía a la perfección funcionaria. Puso encima de la mano del mago su otra mano y entrelazó sus dedos. E hizo algo que nunca antes había hecho.

- Abrázame…sólo abrázame… – él intentó soltarse del agarre, detestaba en demasía aquellos gestos, pero la bruja se empeñaba en hacerlo, todo aquello podía funcionar sin necesidad de su actitud - … por favor…

El mago se mordió con fuerza el labio. Molesto. No, furioso. Le daba asco toda aquella situación. Le soltó con fuerza la mano y le giró el rostro bruscamente por el mentón.

- ¿Y ahora quieres también que te bese? – siseó con rabia. Los ojos le brillaron a la expectativa de la respuesta. La ahorcaría allí mismo si le daba una positiva.

Pero ella no daría respuesta. No. Le demostraría. Y le besó. Con enojo, con tristeza, con decisión…con resignación. Dolor. Mucho dolor.

Sintió la tensión del chico y unos segundos después percibió el movimiento de sus labios al responderle torpemente. Qué más daban sus actos, estaba decidida a dar lo mejor de sí. Todo esto tendría algo bueno, las cosas pasaban por alguna cosa y ella tomaría lo efectivo que le saliera en el camino. Inconscientemente el mago se colocó sobre ella, amoldando su cuerpo para estar en una mejor posición. La Gryffindor abrió más su boca para darle mayor paso al chico y así profundizar el beso, entonces con desesperación buscó la lengua del chico y cuando la encontró, todo lo vio perdido. Ella. Él. Todo. Gimió sobre su boca ahogando el llanto que empuja salir hace minutos desde lo más profundo de su ser.

Aún así continuaron besándose. Las lágrimas llegaron a labios de ambos. Un sabor salado. Una extraña mezcla de satisfacción, amargura y traición. Un regusto masoquista.

Hermione al abrir los ojos notó que él nunca los había cerrado. Sin embargo, ella se había entregado por completo a aquella blasfemia.