NdA: Bueno, este es el final de la segunda parte. ¡Han sido nueve meses, como en un embarazo! XD Muchísimas gracias a todos por leer y comentar, especialmente a aquellos que lo habéis hecho con constancia, dándome ánimos capítulo a capítulo.

No puedo decir con seguridad cuándo empezaré a publicar la tercera parte. Espero que sea en septiembre u octubre, pero depende de lo mucho que adelante este verano. Hasta entonces, muchos besos a todos/as y que paséis un buen verano (los del hemisferio norte lol)

Capítulo 39 Se acaba el curso

Tres días antes de que terminara el curso, durante el desayuno, Scorpius recibió una lechuza anónima con un paquete para él. Su primo Gabriel insistió en hacerle antes un par de hechizos para asegurarse de que no era una trampa, pero el bulto parecía inofensivo. Cuando Scorpius lo abrió, lleno de curiosidad, vio que contenía un libro. Se llamaba "Historias de los famosos fantasmas del Reino Unido" y parecía bastante antiguo. Scorpius buscó la fecha de impresión y vio que era de 1785.

-¿Quién te lo ha enviado? –le preguntó Damon, intrigadísimo.

-Ni idea.

Tenía una dedicatoria, también anónima, escrita con mayúsculas. "Espero que esto satisfaga tu curiosidad". Scorpius lo abrió rápidamente y vio que tenía numerosas láminas con dibujos de fantasmas conocidos –como Edgard Cloggs, que estaba en Hogwarts, o el célebre Stanis el Hipocondríaco, que habitaba en una de las plantas de San Mungo-. Al lado de cada página había una breve biografía del fantasma en la que explicaba qué había hecho en vida y por qué no había pasado al Más Allá. En algunos casos, como en el de los fantasmas de las Casas de Hogwarts, no daban razón alguna sobre su transformación post mortem, pero para su sorpresa, sí venía la información sobre el profesor Binns.

-¡Damon, mira! "Cuthbert Binns, el fantasma más reciente de esta pequeña colección, nació el seis de octubre de 1603, hijo de una familia de magos. Por parte de madre era el último descendiente de los Ablake. "

-¿Un Ablake? –exclamó Morrigan, interrumpiéndole con asombro. No era para menos, los Ablake había sido un linaje tan antiguo como el de los Fundadores.

Scorpius siguió leyendo.

-"En 1614 comenzó su educación en Hogwarts, donde fue Sorteado en Hufflepuff. Binns participó en el coro y en el club de duelos, y se sacó cinco ÉXTASIS: Historia de la Magia, Pociones, Encantamientos, Estudios Muggles y Astronomía. En 1630 comenzó a dar clases en Hogwarts como profesor de Estudios Muggles y cinco años más tarde ocupó el puesto de profesor de Historia de la Magia, donde permaneció hasta el día de su muerte, el 28 de marzo de 1748"

-Pero, ¿por qué se convirtió en fantasma? –le interrumpió Damon, impaciente.

-Ya va. –Scorpius siguió leyendo, olvidado el desayuno-. "Sin embargo, en 1632 la tragedia se había abatido sobre él. Binns estaba enamorado de una sangremuggle que había ido de Hufflepuff llamada Beatrix Clemens, pero cinco días antes de la boda, ésta fue brutalmente asesinada por los duendes en un ataque a Godric's Hollow. Se rumorea que Binns, loco de dolor, sustrajo el cuerpo de su amada de la tumba en el cementerio muggle en el que la habían enterrado y lo depositó en algún lugar de Hogwarts. Esa sería la razón de que Binns quisiera permanecer eternamente en el colegio, junto a la tumba de Beatrix."

Todos los que estaban a su alrededor habían escuchado la historia con curiosidad y acogieron esas últimas palabras con una mueca de ligera aprensión.

-¿Creéis que está enterrada dentro del castillo? –dijo Britney.

-Seguro que está en las mazmorras –aventuró Damon, sonando fascinado y asqueado a la vez.

Sus palabras provocaron una inevitable ronda de gemidos y exclamaciones de asco.

-No seáis idiotas, seguro que la enterró en el cementerio, donde están Dumbledore y toda esa gente –dijo Scorpius.

-No creo –replicó Britney-. Si la hubiera enterrado en el cementerio lo diría claramente, ¿no?

-No si lo hizo a escondidas, para evitar que la familia de ella tratara de recuperar el cuerpo.

Damon meneó la cabeza.

-Bueno, por mí puede quedarse convertido en un fantasma para siempre. No pienso pasarme el año que viene buscando un cadáver de hace más de trescientos años por todo el colegio. Además, Zabini tenía razón. Prefiero un profesor aburrido que hable de duendes a uno interesante que hable de Voldemort.

Scorpius asintió, porque él pensaba lo mismo. Además, tal y como estaba escrito, ni siquiera era seguro al cien por cien, parecía sólo una teoría. En aquel momento, le parecía un misterio mayor y más interesante preguntarse quién le habría enviado aquel libro. ¿Quién habría sido? ¿Quién sabía que estaba interesado en los fantasmas? ¿Y por qué lo había enviado anónimamente?

Intrigado, reanudó su desayuno.


Albus había terminado preocupándose un poco por sus notas. Tenía la sensación de haber trabajado tanto como el año anterior, pero algunos Ravenclaw habían estado insinuando que le inflaban las notas por ser hijo de quien era, y que eso se había terminado con la expulsión de James. Cuando las listas con las calificaciones aparecieron en los tablones de anuncios, Albus fue rápidamente a mirarlas con Amal, Urien, Rose y su amiga Camilla.

Pronto estaba sonriendo, aliviado y satisfecho. En Pociones y Defensa había bajado un poco, pero seguía estando entre los cinco primeros, igual que en Historia de la Magia y Cuidado de Criaturas Mágicas. Además, había sido el primero en Encantamientos y el segundo en Herbología. Su nota más baja era en Estudios Muggles, y había quedado el octavo de todo el segundo curso. Los estúpidos que se habían metido con él podían irse a la mierda.

Después de asegurarse de que su prima, Urien y Amal no se habían llevado ninguna sorpresa desagradable de última hora, miró las notas de Scorpius. Había quedado primero en Defensa, segundo en Pociones, tercero en Transformaciones y el noveno en Herbología, mucho más que el año anterior. Las demás notas también eran buenas, así que se sentiría complacido. Por simple curiosidad, Albus comparó a continuación las notas de Diana Goyle y Charles Paltry. La niña había suspendido Encantamientos, Transformaciones y Estudios Muggles, pero había aprobado todas las demás, aunque por los pelos. Sin embargo, Paltry lo había suspendido todo excepto Criaturas y Herbología. Albus supuso que ya era oficial; Charles Paltry era el alumno más inútil de todo Hogwarts. Lo bueno era que no parecía quitarle el sueño en lo más mínimo.

Las notas de Mei no eran tan buenas como algunos esperaban. Rose tenía razón; ser inteligente y ser hábil con la varita no significaban lo mismo, y en casi todas las asignaturas, la práctica era, como poco, tan importante como la teoría. Aun así había acabado la primera en Estudios Muggles, Encantamientos, Astronomía y Aritmancia de tercero, una asignatura que daba en lugar de Historia de la Magia (Mei les había contado que había empezado a recitar de memoria el libro de primero en el despacho de McGonagall para convencerla de la pérdida de tiempo que suponía mandarla a esas clases).

Los Hufflepuff habían ganado aquel año la Copa de las Casas. Slytherin había quedado en segundo lugar, a sólo dos puntos y los Ravenclaw los terceros, a siete. Los Gryffindor cerraban la clasificación, a nueve puntos de los Hufflepuff. Cuando las cuatro casas terminaban el curso tan apelotonadas se solía considerar que había sido un buen año y los profesores parecían de buen humor. Albus tenía una opinión distinta sobre el curso, sobre todo considerando el resultado que había tenido para James, pero admitía que algunas cosas estaban bien. Neville y Zabini ya no iban dando y quitando puntos arbitrariamente, casi todo el mundo dejaba a Scorpius en paz y ellos dos podían hablar todo lo que les diera la gana sin que nadie les dijera nada.

-Ya verás mañana después del desayuno –le dijo Scorpius, la última tarde de colegio-. Todos los Slytherin nos hemos puesto de acuerdo y vamos a darle una lección a Slughorn.

Albus lo miró, boquiabierto y un poquitín alarmado.

-¿Qué? ¿Qué vais a hacerle?

-No puedo contártelo, es un secreto. Pero no te preocupes, no vamos a lanzarle un conjuro, ni nada de eso. Es sólo… aj, no lo soporto. Es lo que dice Aino: si quieres hacerle la pelota a alguien que tratabas mal, hazlo, pero que no se note tanto, joder.

Dado que Slughorn no le caía muy bien y que además Scorpius había prometido que no iban a hacerle daño, Albus se desentendió del tema y ya no volvió a acordarse de ello hasta que entró en el Gran Comedor para el último desayuno del curso. La amplia sala aún seguía adornada con los colores amarillo y negro de Hufflepuff, recuerdos visibles de la victoria de los tejones. A pesar de que el curso ya había acabado oficialmente, los alumnos que estaban allí todavía seguían vistiendo el uniforme de Hogwarts: la tradición mandaba que se cambiaran de ropa en el propio tren de vuelta a casa. Pero sí llevaban libros, jaulas con mascotas, y bolsas de mano, ya que de ahí irían directamente a subirse en los carruajes que esperaban en el patio para conducirles hasta la estación de Hogsmeade. Los elfos se ocupaban de transportar los pesados baúles al tren.

Mientras desayunaban, Albus estuvo observando de tanto en tanto la mesa de Slytherin. Quizás porque sabía que tramaban algo, le pareció que se les estaba notando bastante. Todos lanzaban miradas ocasionales en dirección a la mesa de profesores y había más cuchicheos de lo normal. Pero los profesores no parecían sospechar nada a excepción quizás de Zabini, a quien Albus pilló un par de veces mirando inquisitivamente a los alumnos de Slytherin.

El desayuno se prolongó sin prisas hasta que todo el mundo quedó satisfecho y a una señal discreta de la directora, los platos, vasos y restos del desayuno desaparecieron de las mesas. Después, McGonagall se puso en pie, con una media sonrisa en la cara.

-Señoras, señores, el curso en Hogwarts ha tocado a su fin. Espero que disfruten de sus vacaciones y que no olviden todo lo que han aprendido este año. A los alumnos de séptimo, todos les deseamos lo mejor. Y ahora, por favor, sigan todos a los jefes de sus Casas hasta el patio y tengan un buen viaje.

Los cuatro Jefes de Casa -Neville, Slughorn, Flitwick y Lynch- se levantaron entonces de sus asientos y se dirigieron hacia las cabeceras de las mesas de sus alumnos. Albus se puso en pie para ir tras Neville, lanzando una mirada de desconcierto en dirección a los Slytherin porque no sabía cuál podía ser esa lección de la que le había hablado Scorpius. Pero entonces se dio cuenta de que, si bien todos los alumnos de esa Casa se habían levantado de sus sitios, no miraban a Slughorn, sino a Zabini, que seguía en la mesa de los profesores con cara absolutamente impasible.

La disposición de las mesas hacía que en las ocasiones en las que se tenía que salir ordenadamente del Gran Comedor los Slytherin abrieran la marcha.

-Vamos, chicos –dijo Slughorn.

Pero sus alumnos permanecieron donde estaban, en posición casi formal, todos con la vista fija en Zabini. La única excepción eran la media docena de Slytherin que habían recibido desde siempre las simpatías de Slughorn; ellos no debían de haber sido informados de aquel motín porque dieron un par de pasos antes de darse cuenta de que nadie más les seguía; entonces se quedaron quietos, con expresión confundida.

-¿Por qué no se mueven? –cuchicheó Amal.

Albus meneó ligeramente la cabeza mientras Slughorn trataba de nuevo de hacer que los Slytherin le siguieran. No tuvo mejor resultado que antes y McGonagall intervino en tono irritado, repitiendo sin saberlo la pregunta de Amal. Kaspersen y Higgins, los dos prefectos de séptimo, dieron un paso al frente.

-Estamos esperando a nuestro Jefe de Casa, profesora –dijo Higgins, educadamente.

-El profesor Slughorn está justo delante de ustedes –replicó la directora, con una mirada que indicaba que sabía perfectamente de qué iba todo aquello.

-Sí, lo sabemos, profesora McGonagall –dijo Kaspersen, tan educado como su compañera-. Pero estamos esperando al profesor Zabini.

Algunos alumnos de las otras Casas protestaron por el retraso, pero casi todos estaban pendientes del espectáculo que se había presentado inesperadamente ante sus ojos. Albus casi sentía pena al ver la expresión de Slughorn, quien obviamente no se había esperado algo así; casi, porque no se olvidaba de cómo había pasado de hacerle la pelota a fingir que no existía a raíz de lo de James. Scorpius, por su parte, mantenía la vista fija en Zabini, como el resto de sus compañeros. Albus, que lo conocía bien, se dio cuenta de que por seguro que se sintiera de lo que estaba haciendo, también parecía un poco nervioso, probablemente por las posibles consecuencias.

-El profesor Zabini no es el Jefe de Slytherin –dijo McGonagall, cada vez más impaciente-. Hagan el favor de seguir al profesor Slughorn fuera del castillo para que todos podamos marcharnos de aquí.

Los dos prefectos de séptimo intercambiaron una mirada y Kaspersen asintió antes de girarse hacia sus compañeros.

-Ya habéis oído a la directora. Seguid al profesor de Pociones fuera del castillo.

Slughorn apretó los labios y se puso en marcha. Esta vez sí, los Slytherin le siguieron. Albus los observó con una ligera perplejidad, porque no sabía si habían ganado o perdido. Cuando empezaron a salir por la puerta, Neville les hizo un gesto y los Gryffindor se pusieron en marcha tras ellos.

-No me extraña que los Slytherin prefieran a Zabini, aunque con nosotros sea lo peor –dijo Amal, por lo bajo-. Slughorn no les hace ni caso.

Albus no sentía mucha simpatía tampoco por el profesor de Defensa tampoco, pero sabía que en eso Amal tenía razón.

-Ya, pero por eso tendrían que haberse quedado allí hasta que Zabini los llevara al patio, ¿no?

Amal asintió, pero Molly, que andaba cerca de ellos, negó con la cabeza.

-No, ¿no has oído lo que ha dicho Kaspersen? Están siguiendo al profesor de Pociones, no al Jefe de su Casa.

-Pero es lo mismo –replicó Amal-. Slughorn es el Jefe de Slytherin.

-Pero han dejado claro que ellos no piensan así.

-Entonces, ¿han ganado? –intervino Albus.

Su prima se encogió de hombros.

-Supongo que sí.


Scorpius les pidió a sus amigos que buscaran un compartimento vacío y le guardara un sitio y se fue a buscar a Albus. Había mucha gente por los pasillos, no parecía tarea fácil.

-Eh, Holmes, ¿has visto a Albus? –le preguntó a un Ravenclaw de su curso muy amanerado.

-Creo que estaba hablando con esos gemelos de Hufflepuff, por allí.

-Gracias.

Scorpius siguió su camino y dio con los Scamander, quienes le dijeron que Albus estaba un poco más lejos. Enseguida lo vio, saliendo de un compartimento y mirando a su alrededor. Albus también lo vio y, sonriente, se acercó a él.

-¿Has visto lo que le hemos hecho a Slughorn?

Albus asintió, con aspecto de encontrarlo divertido.

-Estáis locos. ¿Os ha dicho algo?

-Ni adiós –dijo, pagado de sí mismo.

Entonces dos chicas que habían estado hablando un par de compartimentos delante de ellos –una en la puerta, la otra dentro- se fueron hacia otro vagón, dejando aquel vacío. Scorpius y Albus se metieron en él sin pensarlo, pues era mejor hablar allí dentro que en mitad del pasillo.

-¿Y Zabini?

-Todavía no ha dicho nada, pero ya le viste.

-Estaba serio como un palo –dijo Albus, sorprendido.

-Estaba aguantándose la risa –le corrigió Scorpius, pensando que era algo obvio-. Ya sabes que él tampoco soporta a Slughorn.

El tren se puso en marcha lentamente y Albus miró un momento la estación que dejaban atrás. A Scorpius le pareció que ponía una cara un poco rara, como si en parte no quisiera marcharse. Pero antes de que pudiera preguntarle qué le pasaba, Albus apartó la vista de la ventana y lo miró a él.

-¿Y cómo se os ocurrió hacer algo así? –preguntó.

-Se le ocurrió a los mayores, a Aino y los demás. Y hablaron con nosotros hace un par de días para ver si estábamos de acuerdo. ¿Viste la cara de McGonagall? Ojalá el año que viene nos ponga al profesor Zabini de Jefe de Slytherin. Vamos a hablar con nuestros padres para que escriban a McGonagall y pidan también que sustituya a Slughorn.

-¿Eso se puede hacer? –exclamó Albus, abriendo mucho los ojos.

-Claro –dijo, con más seguridad de la que realmente sentía. En el fondo, McGonagall no le parecía muy influenciable-. Si todos los padres de los alumnos de Slytherin dicen que no quieren que McGonagall ponga a Slughorn de Jefe de Casa tendrá que hacerles caso, ¿no? Dice Aino que es una cosa muggle, medidas de presión o algo así.

Los mayores encontraban divertido lo de las medidas de presión muggles. Gabriel le había dicho que eso les pasaba por obligar a los Slytherin a dar Estudios Muggles. Justicia poética o algo así. Pero aunque McGonagall no les hiciera caso, al menos le habían dejado claro a Slughorn lo que pensaban de él, y después de aguantarlo dos años, le parecía un broche perfecto al fin de curso.


Harry se Apareció en King's Cross con tres aurores más un par de horas antes de que el tren de Hogwarts tuviera previsto llegar a la estación. Lo primero que hicieron fue lanzar un hechizo anti-Aparición que cubría por completo la estación y después cruzaron disimuladamente al andén 9 ¾. Una vez allí, activaron las terminales de Red Flú y rastrearon todo el andén en busca de cualquier cosa mínimamente sospechosa. Por último ejecutaron una serie de hechizos y conjuros que detectarían cualquier traslador ilegal o persona con multijugos o glamoures más complejos que un simple maquillaje que entrara en el andén. (El ministerio había estado recordándoles durante dos semanas a los padres de los alumnos que se abstuvieran de ir al andén si estaban ocultando con magia algún defecto físico porque la piel se les volvería verde lima en cuestión de segundos).

Demasiadas reglas, demasiadas restricciones. Aunque ese nunca había sido su caso, Harry sabía que la vuelta a casa había sido siempre un momento feliz para todos los que estaban en la estación. Los niños sonreían ampliamente mientras se despedían de sus amigos una vez más y abrazaban a sus padres y el aire estaba lleno de risas, chillidos y nombres gritados de punta a punta del andén. Pero no iba a haber nada de eso aquel día.

Sin embargo, era otra cosa lo que había encogido su estómago. Albus estaría allí en menos de una hora; James llegaría a la mañana siguiente. Y tendría que sentarse con ellos y con Ginny y contarles que sus padres iban a divorciarse. Lily aún no se había acostumbrado del todo a la idea; estaba claro que también iba a amargarles el verano a sus hijos. Pero lo peor era la incertidumbre. Había una parte de él que quería pasar ya el mal trago y así poder dejarlo atrás de una vez.

Los minutos fueron pasando, a veces demasiado rápido y a veces demasiado lento. Los primeros padres aparecieron una media hora antes que el tren. Harry los conocía a casi todos de vista, cosa que en esos momentos le venía bien. Igual que había sucedido en Navidades y en Pascua, todos se mantenían cuidadosamente alejados unos de otros. Harry le dijo a los aurores que empezaran a moverse entre la gente, atentos a cualquier actitud sospechosa y él hizo lo mismo, fijándose sobre todo en los pocos magos que no reconocía.

Entre todas aquellas caras familiares, Harry distinguió al señor Lovegood, el padre de Luna, y fue a hablar con él. Al parecer, Luna y Rolf seguían en el extranjero, así que habían mandado al abuelo a por ellos. El señor Lovegood llevaría después a sus nietos a reunirse con su madre.

Ginny, quien ya le había dicho que iba a dejar a Lily con Molly y Arthur, llegó entonces con George y Angelina; los tres pasaron de largo sin dedicarle más que una fría inclinación de cabeza. Harry supuso que ya no importaba si la gente empezaba a murmurar sobre lo secos que habían estado el uno con el otro. Percy fue el siguiente Weasley, y él no sólo se detuvo a saludarlo como siempre, sino que lo felicitó por las medidas de seguridad.

-Nunca se tiene suficiente cuidado.

Harry le dio las gracias y siguió paseando entre la gente. Una cabeza rubia llamó su atención: los Malfoy y sus amigos habían llegado a la estación. Harry se dio cuenta de lo mucho que había cambiado la manera de moverse de Malfoy desde el último año; antes caminaba como un hombre que estaba ocupándose de sus propios asuntos y esperaba que los demás hicieran lo mismo, sin mirar a nadie, pero ahora andaba de nuevo como si la estación fuera suya. Quizás no le faltaban razones, ya que la gente también reaccionaba ahora de manera distinta a la que recordaba de antes. En la mayoría de ojos que lo seguían, había más curiosidad e interés que otra cosa.

Pero esa recuperación social que tanto irritaba, entre otros, a Ginny, a él no le molestaba en absoluto. Si quería que la gente viera algo más en James que el grave error que había cometido con Scorpius, ¿cómo iba a negarle la misma consideración a Malfoy? No había hecho nada malo desde el final de la guerra, hacía ya más de veinte años. Reducirlo a lo que había hecho a los dieciséis o diecisiete años era justificar que otros hicieran lo mismo con James. Al fin y al cabo, para el mundo mágico era peor quitar la magia que intentar asesinar a alguien, especialmente si esto último lo habías hecho bajo coacción.

Malfoy se dio cuenta de que Harry le estaba mirando y le saludó con un gesto de la cabeza. Harry se lo devolvió y continuó moviéndose entre los suspicaces padres. Ahora ya no había espacio suficiente como para que todos pudieran estar a una distancia segura de todos y la tensión era visible; cualquier roce provocaba miradas alarmadas o amenazadoras y Harry suponía que si nadie había sacado aún las varitas era porque habían machacado hasta la saciedad que ese día sería imposible usar la Aparición o trasladores sin registrar en King's Cross.

Harry vio entonces llegar a Ron y Hermione, quienes también habían dejado a Hugo en La Madriguera, y se acercó a ellos, sonriendo.

-Un poco más y no llegáis.

-Nunca encuentro sitio para aparcar –se quejó Ron. Él y Hermione llevaban ropas al estilo muggle, aunque seguramente las habían comprado en Hogsmeade-. No sé cómo los muggles consiguen llegar puntuales a sus sitios.

-Es que necesitas un metro más de espacio que cualquier otro conductor del mundo, Ron –replicó Hermione. Después se giró hacia Harry y bajó un poco la voz-. ¿Estás nervioso?

-Un poco –admitió.

-Bueno, lo raro sería que estuvieras tan tranquilo –dijo Ron, comprensivo-. Pero todos hemos pasado por cosas peores.

-Los niños no –replicó Harry.

-No es el fin del mundo –dijo Hermione-. Se acostumbrarán, ya lo verás. Lo importante es que sepan que vosotros seguís queriéndolos tanto como antes y que Ginny y tú os portéis civilizadamente el uno con el otro.

Sí, Teddy también le había dicho algo similar. Su ahijado había descubierto lo que pasaba después de intentar encontrarlo en su antigua casa un par de veces; cuando Ginny le había avisado de que Teddy andaba buscándolo, Harry se había puesto en contacto con él y se lo había explicado todo, sin entrar en demasiados detalles. Teddy se había disgustado bastante y, al igual que Cavan, le había preguntado si no podían llegar a otro tipo de arreglo menos drástico, pero había quedado claro que entendía la reacción de Harry.

Ninguno de los dos le había dicho nada a Andromeda, pero Teddy aseguraba que su abuela sospechaba algo. Aun así, ella no había preguntado y Harry había pospuesto su conversación con Andromeda hasta que hubiera hablado con James y Albus.

-Creo que ya viene el tren –anunció Ron, estirando el cuello.

Los rostros de la gente se giraron a la vez en la misma dirección. Ron tenía razón, el expreso de Hogwarts estaba entrando en la estación por una vía invisible a los ojos de los muggles. A pesar de su nerviosismo, Harry sonrió con ganas de ver a Albus.

-Sí, ahí está…

El tren se estaba acercando, reduciendo cada vez más la marcha y dejando escapar maravillosas nubes de vapor por la chimenea de la locomotora. Los padres empezaron a acercarse al borde del andén y Harry suspiró y le hizo una señal a los aurores para que se pusieran manos a la obra. Tenían que supervisar la bajada del tren de los alumnos para asegurarse de que todos acababan en las manos de sus padres, tíos o abuelos, y no en las de algún secuestrador. Algunos de esos niños, especialmente los más pequeños, ya tenían la cara pegada a los cristales y sonreían y saludaban a sus padres con la mano. Harry entendía su alegría: volvían a casa. Y no importaba que para él, ese sentimiento siempre hubiera aparecido al otro lado del trayecto.

El tren se detuvo con un último estallido de vapor. Empezaban las vacaciones. Y en muchos sentidos, también empezaba el resto de su vida.

Fin.


Gabriel1090, muchas gracias. Y paciencia, que unos meses no es tanto XD

Dana R, bueno, no cabe duda de que Lucius tiene sus defectos. Y Astoria es maja, pero no deja de ser una Slytherin. La manipulación es lo suyo, jaja.

Samyrose, sí, quería que Cavan fuera un buen chico ^^ La separación es muy reciente, ni siquiera se han divorciado aún, es normal que Ginny sienta amargura. Preocúpate si en la cuarta parte sigue igual, jaja. Y bueno, hay gente que prefiere a los niños y otros que prefieren a los mayores. Supongo que eso es buena señal, jaja.

Himram, me alegra que te guste mi Harry ^^ Ciertamente es un poco desaliñado, pero tampoco un completo desastre. Me alegra que te guste mi Astoria. Y en cuanto a la tercera parte, si todo va bien será en septiembre-octubre. Ya veremos, depende de lo que adelante este verano.

Annet, pues muchísimas gracias, guapa, siempre es un placer que alguien se una a la saga. Y me alegra mucho que te guste cómo escribo ^^

Miriya, sí, Cavan no quiere líos con la prensa. Y como Aino ya ha terminado en Hogwarts, y con todo el verano por delante, seguro que a Scorpius se le olvida su primer crush. ¡Suerte con los exámenes!