Disclaimer: como ya todos saben, los personajes le pertenecen a la gran Stephanie Meyer, pero la historia es mía, así que disfrútenla.

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¿Cómo están mis bellas? ^^

Ya estoy de vacaciones, así que he vuelto con fuerza y nuevas historias por delante. Este pequeño OS esta algo descontinuado ya que ya pasó Navidad, pero como doña Imaginación decidió iluminarme días después de esta fecha, pues qué se le hace. Disfruten de este pequeño outtake en la medida en que sea posible y pues nos vemos pronto con el capítulo final de GP. Para las que quieran adelantos del capítulo final, ya los publiqué por mi facebook. Y por último; este capítulo va dedicado con todo mi corazón a las chicas del grupo "Por las que queremos que Awen actualice Remi"… Están locas de remate y por eso nos llevamos tan bien. A esos pedacitos de mi alma, ¡las quiero!

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Santa Claus no existe

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-¡Quiero a mi Mamaaaa…! –gritó Mike privado del susto, haciendo saltar a Jessica que lloraba desesperada a su lado.

Vi a mi mami meterle una paleta en la boca para callarlo mientras amenazaba por su celular a mi papá. Cosas como; "te matare Charlie", "mi niña esta mal", "¡encuentra un psicólogo para ellos!" se escapaban de su boca con un tono demasiado chillón para mi gusto. A mi me dolía mucho la cabecita de tanto llorar pero los adultos no dejaban de gritar.

Recostando mi cabecita en el suelo, volví a mirar a Mike que ahora se turnaba en chupar su paleta y decir por momentos que quería a su mamá, para luego centrar mi atención en la Barbie Malibu que descansaba cerca de mí y a la que le faltaba su cabeza. Suspiré, yo no le había pedido eso a Santa, pero por lo menos ahora entendía el por qué nunca acertaba en mis regalos. El año pasado por ejemplo, Ed pidió una Play 1 y Santa le trajo un piano. ¿En qué se parece un play 1 a un piano? No lo sé, pero ahora si entiendo el porqué mi cuarto está lleno de ropa que no uso y barbies que me parecen tontas. Y luego dicen que lo hacían por nosotros. Bufé. Si lo hubieran hecho por nosotros, por lo menos nos hubieran dado lo que pedíamos, ¿verdad? ¡Ay los adultos!, pensé fastidiada mirando a los niños que no dejaban de llorar.

Mike y Jess no me gustaban, pero eran nuestros nuevos compañeros del curso. Quise acercarme a ellos pero estaba demasiado, ¿cómo dice papá? A pedo, si, a pedo como para poder moverme. La verdad no sé qué es eso de pedo, yo pensé que pedo significaba cuando te tirabas un gas pero una vez escuché a papi decirle a mami; "mira amor, ese hombre esta a pedo", a mi no me parecía que se hubiera tirado un gas ya que el hombre solo estaba ahí, tirado en el suelo, sin hacer nada. Pero bueno, yo estaba así ahora, mi cabeza me dolía y no tenía ánimos de levantarme. Por un lado ya estaba haciéndome a la idea mientras que por el otro, seguía esperando que papá regresara y dijera que todo esto no era más que una broma, pero ya habían pasado horas y Mocho seguía desaparecido, la barba chamuscada de Santa estaba hecha un ovillo a los pies de Emmet, nuestro árbol no era más que un recuerdo tras haberse prendido fuego y mis tías miraban con miedo a Edward que abrazaba sus piernas y se mecía de atrás a adelante, murmurando bajito un "Santa no existe".

Tengo 7 años y esta es la historia de cómo mi familia destruyó mis sueños.

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Hoy es navidad, una de mis fechas favoritas. Digo una porque la otra es mi cumpleaños. Sonriendo dejé que mami terminara de arreglarme el cabello. Según mi papá, mamá anda pasando por una etapa difícil así que debemos ser buenos con ella; menostasia creo que lo llama, y según él mami actúa raro por eso. Puede ponerse a llorar de la nada, tirarle a dady lo que encuentre a la mano cuando éste la hace renegar o de un momento a otro estar de lo más feliz y cariñosa.

A mi me parece que no esta rara, eso es normal en ella.

Miré por la ventana y sonreí al ver a tía Esme tirando de Ed hacia la casa, pero éste insistía en seguir lanzándole bolas de nieve a Em que agarraba a Mocho como escudo. Este último, emocionado por seguir jugando con ellos, se lanzó contra tía Esme tirándola al suelo y hundiéndola en un gran montículo de nieve para terminar prendiéndose de la pierna de Ed y arrastrándolo lejos de la escena del crimen.

"Pobre Mocho, tía Esme lo matará", pensé girándome hacia mamá para apurarla. -¿Ya mami?

-Listo mi princesa.-dice ella dándome unas palmaditas para que me baje de la silla.

Prefiero no mirarme al espejo. Mamá últimamente anda experimentando con mi cabello. Cada vez que recuerdo la vez que me hizo miles de pequeñas trenzas en todo el cabello, empieza a dolerme la cabeza. Le llevó días conseguir soltármelas todas, y para cuando lo consiguió, tenía el cabello tan ondulado que Em empezó a decir que me parecía a Krusty el payaso, porque por unos lados me faltaba cabello y por otros estaba demasiado esponjoso.

Corrí hacia la primera planta y me crucé con tía Leanne en las escaleras, que batallaba con un sucio Em cuesta arriba.

-¡Pero no quiero cambiarme mamá!-exclamó Emmy agarrándose de la baranda con brazos y piernas.

Tía Leanne suspiró y empezó a tirar de él.- Tus amiguitas van a venir y te van a ver así, ¿qué crees que pensarán?

-No me importa. Las niñas son tontas.

"Hombres", pensé rodando los ojos al llegar a su altura. -¡Tú eres el tonto! – le grité antes de patearlo en la canilla.

Emmy se soltó asombrado y tía Leanne aprovechó ese descuido para arrastrarlo escaleras arriba. –Gracias cielo.

-De nada tía.-sonreí, deteniéndome a pensar por un momento que tal vez yo también debía estar menostasica, eso que papi dice que tiene mami, ya que también me ponía a llorar o les pegaba a Ed y Em de la nada.

Suspiré. Vaya, estoy menostasica.

-¡Que hermosa está mi princesa! – exclamó Tía Esme interrumpiendo mis pensamiento mientras tiraba de Ed hacia arriba. Ambos estaban a inicios de las escaleras y mi tía no parecía muy contenta cuando Mocho pasó por su lado yendo a alcanzar a su dueño.

-Eddy.-lo miré burlona, antes de correr hacia él.

-¿Qué te han hecho en…? – dijo mirando mi cabello con el ceño fruncido.

-Mi mamá…- él entendió.

-¡No quiero bañarme! –La voz de Em resonó en toda la segunda planta.

Tía Esme se estremeció y miró a Ed con el ceño fruncido. -¿Tú también me vas a dar batalla?

Edward negó.

-Bien.-sonrió Tía Esme.- Cielo, ve a bajo y vigila a tus tíos, ¿sí?

Asintiendo, terminé de bajar las escaleras y fui a la sala. Hoy era de esos días en los que el clima era perfecto. La noche parecía un gran manto negro espolvoreado con chispitas de luz, esas que me encantan sobre mis muffins. Había luna llena y un día antes había dejado de nevar. Una sábana blanca cubría el lindo jardín de mi tía Esme que ahora estaba decorado en motivos navideños. Mocho, el perro de un solo testículo de Em, Edward, Emmet y yo habíamos estado haciendo ángeles de nieve en el patio trasero, cerca a nuestro gran roble, hasta que mi mami había decidió apartarme un rato para arreglarme para la fiesta que darían esta noche.

-Odio la navidad.

Y ahí estaba papi colocando más adornos en el arbolito de navidad de espaldas a mí. Refunfuñando, se bajó de la escalera en la que estaba subido para ir por un nuevo juego de luces. –Princesa.-dijo abriendo sus brazos para que fuera hacia él.

-Papi, si sigues diciendo eso Santa no te traerá regalos este año.-lo resondré corriendo a su encuentro.

Tío Andrew apareció por la puerta corrediza que daba al patio delantero, interceptándome en plena carrera.-Lo que pasa Belli-Bells es que tu papá es el Grinch –dijo riendo al haber dejado a mi papi con los brazos extendidos.

Empecé a reír con ganas junto a él, cuando paro de darme besos y empezó con las vueltas. Abrazándolo con fuerza escuché a papi refunfuñar por la poca atención que su propia hija le brindaba.

-Ya baja a mi nuera.-el guapo de mi tío Carlisle entro en la sala cargando varios pufs consigo. Dejándolos a un lado, me tomó de brazos de mi tío para darme un sonoro beso y dejarme en el suelo.- ¿Y qué te parece? –dijo abriendo los brazos para abarcar todo el salón.

-Estas muy lindo, tío.

Su risa profunda retumbó en su pecho, cuando me volvió a apretar en un cálido abrazo.

-Ya ríete como hombre.-dijo tío Andrew golpeándolo por detrás-Y tú Belli-bells, no le mientas. Las niñas buenas no dicen mentiras.

Arrugando el ceño, lo miré con las manos en jarras como veía a tía Leanne hacer cuando lo iba a reprender.-Yo no miento.

Su sonrisa me volvió a confundir, pero tío Carlisle me apartó de él antes de que volviera a molestarme.- En sí lo decía por el salón, hermosa. ¿Te gusta como está quedando?

Asentí reparando en lo linda que estaba quedando la casa. Habían traído un pino enorme del mercado de pinos, y mis tías se habían encargado de colgar de el un sinfín de bolas brillantes, ángeles, renos, y estrellas. Cintas azules y plateadas lo envolvían dándole un toque mágico con la nieve falsa que habían echado en todo el. A Santa le iba a encantar, pensé esperanzada.- Me gusta, pero sólo falta una cosa…

Tío Andrew estaba a punto de botar a mi distraído dad de su silla, cuando se detuvo para observarme.- ¿Y eso es? – dijo instándome a que continuara.

-Leche y galletas.

-¿Qué eso no servía solo para el hada de los dientes? – preguntó tío Carlisle.

Suspiré mirando a los adultos que no sabían nada. Acercándome a mi tío le puse una manita en su mejilla.- Tío, usted es muy hermoso pero no sabe nada de Santa Claus.

-Ni de mujeres.-acotó Andrew consiguiendo que le diera la razón.

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Eran casi las 12 y el salón de baile estaba lleno de adultos. Risas y pedazos de conversaciones de las que no entendíamos ni pio, salían de ésta junto a la suave melodía de un rico piano. El pasillo hacia la sala principal en donde estaba el gran árbol, estaba despejado. A su derecha, la puerta que daba a la cocina no paraba en su vaivén de ir y venir, con el movimiento del personal que mis tías habían contratado para esa noche. Frente a ese lugar, las grandes puertas del salón de baile estaban abiertas de par en par, siendo nuestro único obstáculo para llegar a nuestra meta.

La puerta de la sala principal al final del pasillo.

Sin esforzarnos mucho podíamos ver que la tenue luz de una habitación iluminada solo por las luces navideñas procedentes del gran árbol, se filtraba por una pequeña rendija de la puerta entre abierta. Nerviosa, busqué la mano de Ed, y él respondió a mí con un ligero apretón. La luz en las escaleras hacia la segunda planta, era escaza, cosa que agradecíamos. Los mozos que entraban y salían de la cocina no reparaban en las caritas nerviosas de los niños sentados en la oscuridad.

-¡Buuu…!

Salté del susto apretándome a Eddy, cuando Em apareció a mi derecha junto a un jadeante Mocho que tiraba de su correa para librarse.

-No debiste traerlo.-dije dándole un golpe en la cabeza.

-¿Y que se pierda la diversión?

Eddy apretó mi mano buscando mi mirada.- Ya casi es hora.

La chillona voz de Jessica, sonó a nuestras espaldas. –Nuestros padres se van a molestar.-ella aún seguía vestida como para la fiesta y no dejaba de pegarse a Eddy de una manera que me molestaba mucho.

-Puedes quedarte si quieres.-contesté contenta de que Ed hubiese apoyado mi idea de ir a esperar a Santa al gran salón, y no la tonta idea de Jessica, de quedarnos en la habitación de Ed a jugar al papá y la mamá.

Ella me sacó la lengua y apretó su vaca de peluche, que parecía cebra.-Iré.

Tonta, pensé molesta.

-Y yo también.-susurró Mike, bajando descalzo por las escaleras hasta estar a mis espaldas. El si se había cambiado y estaba en bata al igual que nosotros. Mike, haciendo a Emmy a un lado tomó mi mano y empezó a tirar de ella.

Eddy gruñó a mi lado y volvió a tirar de mí hacia él.- No toques a mi hermana.

Mike se puso rojo pero no bajo la mirada.- ¡No es tu hermana!

-No, pero yo que tú no le daría la contraria.-dijo Emmy tomándolo por los hombros antes de empujarlo con fuerza para que bajara de una vez.

Niños. Rodé los ojos.

Edward empezó a sonreír cuando Mike trastabilló pero se detuvo al ver que Jessica se colgaba de su brazo. Suspirando, me adelante despacio caminando pegada a la pared. Poco a poco me fueron siguiendo, avanzando pegados a la pared en fila india. Estábamos a solo unos pasos de la cocina y unos cuantos pasos más de la sala principal, cuando la puerta de la cocina se abrió.

Edward se apresuró a cubrirme la boca con su mano al ver que estaba a punto de gritar. Uno de los mozos había salido cargando una fuente de emparedados haciendo a Em suspirar.

-Ni se te ocurra Emmy.-murmuré bajito cuando él empezó a seguir al mozo. Bueno, en sí a la comida.

Tomándolo de su polera tiré de él junto a Ed. Sus ojos me miraron suplicantes para luego, de un momento a otro, abrirse de par en par con alarma. Una fea sensación, de esas parecidas a las de cuando Ed, Em y yo dormíamos juntos de más niños, me recorrió la espalda.

-No me digas que te hiciste pis.

Emmet arrugó el ceño antes de negar. Edward rió a su lado.

- ¿Entonces qué?-susurré molesta, y él empezó a reírse nervioso de la nada.

El sonido de una fuente estrellándose contra el suelo interrumpió su respuesta, seguido de las maldiciones de tía Leanne y el jaleo de voces irritadas dentro del salón de baile.

Oh, no.

-¡¿Quién soltó al maldito perro? Carlisle, ¡por amor de Dios! ¡Quítale el pavo!

Y esa era mi linda y delicada tía Leanne gritando a todo pulmón.

Santa cachucha.

-¡Corran! – grité aprovechando el gran jaleo.

Las puertas seguían abiertas de par en par cuando cruzamos por ellas y vimos a Mocho corriendo sobre la mesa del bufet botando las cosas a su paso, mientras cargaba consigo parte del pavo en su hocico. Emmet empezó a reír nervioso tras de nosotros cuando llegamos exhaustos a la sala y nos dejamos caer en el suelo.

-Lo van a matar.-dije agitada, apoyándome contra la puerta cerrada.

Sentí a Edward asentir a mi lado y a Emmet lloriquear desde algún lugar en el suelo.

-¿Y ahora qué?- preguntó una irritada Jessica, cuando empezamos a arrastrar a Emmet tras uno de los sillones.

-Ahora esperamos.

Pero en realidad no tuvimos mucho que esperar. Estábamos escondidos tras los sillones y teníamos una buena vista del árbol bien iluminado cuando escuchamos unos extraños sonidos de las afueras del salón. Las puertas de cristal estaban abiertas y la luz de la luna, iluminaba bien el descalzo de esa entrada, cuando lo vimos aparecer.

-¿No se supone que baje por la chimenea? – susurró Ed a mi lado, moviéndose nervioso en su sitio.

-Shushh…-bisbiseé.

Santa dio un paso hacia adelante y se balanceó de manera graciosa. Emmy se rió entre dientes a mi costado consiguiendo un golpe de parte de Eddy, o tal vez Jessica.

-¿Qui-Quién está ahí? –gruñó el extraño de amplia barriga y barba blanca.

Sonriendo emocionada abracé a Ed, mientras susurraba.-Es él.

-¡Hip! ¿Quién…?-Santa volteó alarmado al escuchar movimiento pero no midió su fuerza. De un momento a otro ya estaba en el suelo.- ¡Mierda!

-Que grosero.-murmuró Jessica y todos asentimos.

-¿Esta… roncando? – la sorpresa en la voz de Mike se reflejo en todos nuestros rostros. Lastima que los adultos no estuvieran ahí para reprender a Santa por decir groserías.

-Hay que despertarlo…-sugirió Ed.

- ¿Quién irá?

-¡Em! –dijimos Ed y yo a la vez.

Emmet nos miró con una seriedad poco propia de él, antes de que una sonrisa traviesa iluminara su rostro. Dios, creo que no era una buena idea.

Santa había caído de espaldas frente al gran árbol. Las luces de colores bailaban sobre su barba blanca para cuando Emmy llegó a rastras hasta estar frente a él.-Esta muerto creo.-susurró hincándolo con un dedo.

Un fuerte ronquido contradijo su versión.

-Vamos Emmy. Despiértalo.- lo apuré nerviosa.

Asintiendo, Emmy se giró para observar al gran hombre frente a él. Sacándose su zapatilla empezó a retroceder poco a poco de espaldas a nosotros pero con la vista fija en Santa.

-¿Qué va a…? ¡No!

Emmet tiró su zapatilla con todas sus fuerzas hacia la cara de Santa antes de tirarse tras el mueble junto a nosotros.

-¡¿QUÉ DIABLOS? –gritó Santa incorporándose de un salto- Malditos fantasmas.-murmuró sobándose la cara enrojecida por el golpe.

-¿En serio Em? ¿En serio? –gruñí bajito para que solo él me escuchara, pero Emmy seguía luchando con todas sus fuerzas contra las ganas de largarse a reír. Suspirando me centré en observar al hombre que nos podría dejar sin regalos.

Santa gruñó un par de veces más mientras se tambaleaba por la sala e iba sacando cosas de su gran bolsa roja. Nuestros regalos, dijo alguien bajito, pero no pude identificar quién.

-¿Crees que Rudolf esté afuera? –preguntó Em estirándose para ver algo a través de las puertas de cristal.

-Ni lo pienses Emmet.-bufó Ed a su lado.

-Chicos miren.

Mike señaló al frente.

Apoyado en el árbol, Santa sacó un cigarro de su cinturón y se lo colocó en la boca. Buscando dentro de su barba, sacó un pequeño objeto plateado y empezó a agitarlo hasta que de este salió una pequeña llamarada de fuego. Parecía irritado por algo, así que comenzó a decir cosas malas mientras golpeaba el pequeño objeto contra su palma. La llama se disparó quemándole los dedos y Santa dejó caer el pequeño objeto soltando un par de juramentos.

-¡Mira! –gritó Ed, sin importar que nos escuchara pero para esos momentos los gritos de Santa eran más fuertes.

El objeto había caído en cámara lenta sobre su enorme barba, que se prendió fuego en segundos. Santa comenzó a gritar como niña mientras el fuego se extendía por su barriga y empezaba a quemarle la ropa. No me di cuenta que estaba gritando hasta que Ed me sacudió por los hombros y tiró de mi hacia afuera. Cogiendo uno de los cojines me lo paso e hizo lo mismo dándoles al resto.

-¡Vamos! –gritó, poniéndole una zancadilla a Santa que cayó como una gran bolsa de papas al suelo. Ed se paro a un lado y comenzó a atacarlo a cojinazos mientras santa se arrancaba la barba, y los pantalones en ese orden lanzándolos hacia el árbol. De un momento a otro, todos estábamos atacando a santa con los cojines, buscando parar el fuego.

-¿Qué diablos…? –Las luces se encendieron y tío Carlisle entró en el cuarto, seguido de tía Esme.

- ¡Dios mío! ¡Niños no! ¡Mi árbol! Carlisle, haz algo.

Tía Esme corrió a separarnos, pero Santa ya no se estaba quemando. En su lugar el gran árbol se había prendido fuego pero de lo concentrados que estábamos en golpear a Santa, no lo habíamos notado. Santa empezó a reír descontrolado, antes de quedarse quieto y no producir ningún sonido más. Tío Carlisle apareció por un lado con un gran balón rojo que empezó a botar un polvo feo que picaba la garganta. Y el fuego se apagó.

-¿Santa murió? – no me di cuenta de lo que preguntaba, cuando sentí las lágrimas bañar mis ojos. Eddy se abrazó a mí, mientras Emmy miraba ceñudo al cuerpo estático de Santa.

-No cariño, él está bien. Hicieron un gran trabajo.-dijo tía Esme limpiándome la mejilla. Pero me costaba creerle.

Poniéndonos a resguardo, regresó hasta donde un ya no tan gordo Santa empezó a roncar de manera escandalosa.- ¿Ves cielo? Tu tío Andrew esta bien.

-¿Tío Andrew? –la voz de Ed salió cortada.

-¿Papi…?

Emmy dio dos pasos al frente cuando su mamá apareció por la puerta, blandiendo un cuchillo roja de la furia.

-¿Dónde está Mocho? Lo vi entrar en este cuarto, y por el amor de Dios, Andrew, esta vez no intentes detenerme. – Tía Leanne soltó un gritito y dejó caer el cuchillo de la impresión.- ¡¿Andrew?

Andrew se removió en medio de su borrachera, sonriendo de manera inocente.- Te lo juro amor… ¡hip!... fue el perro. –balbuceó intentando buscar apoyo en el aire para levantarse, pero volvió a caer sobre la alfombra chamuscada. Pocos segundos después, había vuelto a roncar.

-Tío Andrew es… ¿Santa? –con el ceño fruncido Eddy se dejó caer en suelo. Se veía tan gracioso asi todo confundido, lástima que ahora no tuviera ganas de reír.

- ¡¿Santa? –dijo llamándolo una vez más al ver que éste no se despertaba.

Un silencio incómodo sumió toda la habitación. Los adultos se miraban unos a otros tratando de encontrar las palabras exactas para explicarse, cuando el llanto tímido de una niña fue tomando fuerza.- ¿Por qué no se mueve, Eddy? – preguntó Jessica empezando a llorar.

Mike se tiró al suelo y comenzó a patalear.- ¡Quiero a mi mamá! ¡Ahora!

-Shushh –bisbiseó tía Esme.

Tía Leanne empezó a cachetear a tío Andrew para que despertara.-Más te vale que te levantes o sino te dejaré sin sexo en lo que queda del año…

Los ojos de Jessica se abrieron como platos -¡Dijo sexo!

Em, Ed y yo bufamos.-Siempre dicen esa palabra.

-Pero luego te dicen que no lo repitas.- agregó Em.

Y ahí estaba otra de las cosas que no entendíamos. ¿Por qué decían ciertas palabras frente a nosotros si luego no querían que las repitiéramos? A ellos parecía funcionarles muy bien cuando se querían comunicar. Claro que cada una parecía causar una reacción diferente, como por ejemplo: cuando papi decía "mierda", mama ponía cara de querer arrancarle la cabeza con lo que tuviera a la mano, entonces nosotros comprendíamos que "mierda" era una mala palabra; o cuando decía "pescar" o "salida de hombres", mami solía contestarle "¿mejor por qué no te mudas al bosque?" o en el otro caso "saldré con las chicas", ambas respuestas ponían de mal humor a papá, así que ambas palabras no eran ni malas ni muy buenas, pero era mejor no usarlas por si acaso. ¡Oh!, ¡oh! y la mejor de todas era esta palabra "sexo", ya que no podemos saber hasta ahora si es una buena o mala palabra. Emmy dice que depende del tono de voz que emplee, porque cuando su mami se lo dice a tío Andrew con tono alegre o meloso, tío Andrew se pone como loco o menciona que Andrecito ya está emocionado y expectante, ya saben, su mascota invisible. Pero cuando se lo dice como ahora, en ese tono enojado, tío Andrew se encoje en su sitio como si hubiera matado a un gatito. Y eso es realmente malo.

-¡Jo, jo, hip!- ¿No les dije que es una palabra mágica?, reí por dentro. Tío Andrew se incorporó como un resorte, y miro a tía Leanne con una amplia sonrisa-¿quieres tu…-hip-… regalo?

-Oh por Dios…

Tirando de tía Leanne la sentó sobre su regazo. –Dime, ¿has sido una buena niña? – Dijo moviendo sus cejas de manera cómica.

-¿Entonces tu papá es Santa? –suspiró Jessica mirando a Emmy en busca de respuestas.

La risa de tío Andrew llamo la atención de todos en la sala. Mirando a Jessica como si no fuera más que un chichón de piso, dijo.- Mírala amor, la pobre niña no sabe que Santa no existe –hip- y seguro también cree en el hada de los dientes…

-¡Andrew, cállate!

-¿Santa no existe? –preguntó Jessica empezando a llorar -¿Y el hada de los dientes tampoco?

Tío Andrew asintió.-Pero no llores pequeña, no te preocupes –hip- que te he traído –arrugó el ceño- no, no te traje nada- hip- pero espera –dijo gateando en calzoncillos hasta sus donde estaban tirados sus pantalones chamuscados. Buscando dentro de estos sacó su billetera mientras los adultos veían con los abiertos los corazoncitos en de su ropa interior.- ¿aceptas billetes de 100?

Jessica reanudó el llanto y tía Leanne empezó a darle de cojinazos a tío Andrew para que se callara de una vez por todas. Mike comenzó a gritar por su mamá con más fuerza. Eddy se dejó caer en el suelo mientras musitaba "Santa no existe". Emmet se cruzó de brazos mientras decía molesto, "yo quiero que Santa exista, tiene que traerle otro testículo a Mocho". Y yo empecé a llorar sin saber en realidad por qué lo hacia.

El aullido de un perro se alzó en la noche desde algún lugar desde fuera de la casa y pensé que por lo menos, Mocho aún seguía vivo…

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Ya sé, soy de lo peor pero no importa.

Muchas gracias a Dark Thalassa por betear este capítulo. Love u ami ^^.

Ahora si, ¿reviews?