Nota de la autora: Finalmente me inspiré y subí antes el capítulo. Espero que esté a la altura de sus expectativas. Es lo mejor que pude lograr con el escaso tiempo que la vida me deja.

Cariños,

Mad.

ps: Capítulo dedicado a todas las madres en su día. Lectoras y escritoras.


"I'll never betray your trust

I'll never betray your faith

I'll never forsake your heart

I'll never forget your face"

Anathema.


El Diario de una Máscara

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28.- Desde tu primera caricia.

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Llevaba sentado en el comedor de la mansión más de media hora, mirando al vacío, sin haber dado una probada del plato que yacía sobre la mesa, ya completamente frío. Sus manos, que reposaban encima, se encontraban crispadas a pesar de lo inexpresivo de su rostro, dando una imagen completamente perturbadora y amenazante.

Estaba viva.

Por Salazar que estaba viva y coleando.

Podía verla a través de los ojos de esa señora de tez oscura, tan claro como si estuviese observando una fotografía. Hermione Granger había sobrevivido al derrumbe, lo que implicaba que Malfoy también, que ambos habían escapado juntos y que los muy cobardes se estaban escondiendo bajo sus narices, disfrazados bajo la poción multijugos. Y eso lo sacaba de sus casillas, ya que en la última semana se había convertido gratuitamente en un verdadero infieri, lamentando la muerte de una zorra traicionera que no se merecía sus pensamientos.

Ni uno solo.

Cerró los puños hasta dejar sus nudillos blancos y golpeó la madera, llamando la atención del resto de los comensales, que guardaron un momento de silencio antes de volver a sus respectivas cenas. Y es que Theodore Nott no podía creerlo. A pesar de todos sus esfuerzos, había perdido la batalla, pero estaba seguro que ganaría la guerra. No dejaría que ese par de idiotas se burlaran de él. Ellos se enterarían. ¡Oh si!, ellos sufrirían lo mismo que sufrió él, o peor. Peor sonaba mejor. Mucho mejor.

Mientras él repasaba las mil formas en que podría ocuparse de esa pareja, a lo lejos una joven de cabellos negros como la noche y tomados en una apretada coleta, lo observaba detenidamente, tratando de descifrar qué escondía. Pansy Parkinson jamás bajaba la guardia cuando se trataba de Nott, pero tenía sentimientos encontrados por aquél mortífago que conocía desde la infancia. Melancolía por aquellos años donde los tres jugaban a las escondidas en el patio trasero de Malfoy Manor, y terror por el hombre en que se había convertido.

Pero también se sentía culpable...

Luego de que Voldemort se enterara de la deserción de Draco, y qué fue lo que se llevó en el camino, la serpiente puso un grito en el cielo al saber que tuvo bajo su poder a la sangre sucia mas impura de todas y que a él no le hubiesen notificado sobre el asunto. Fue una verdadera suerte que no asesinara a Theodore ahí mismo frente a todos, ya que no tardó en descubrir que era él quien había retenido tan magnifico botín. Simplemente, el Señor Oscuro se dedicó a torturarlo a punta de cruciatus por dos días, sin darle agua ni comida, y violó su mente exigiendo cada uno de sus recuerdos, los cuales finalizaban con la muerte de Draco Malfoy y Hermione Granger, aplastados bajo una montaña de rocas.

Todo esto se filtraba con facilidad para el resto ya que los desleznables de Chaos y Chronos festinaban con el asunto, mientras sus compañeros mortifagos apostaban botellas de whisky para ver cuánto resistiría antes de morir bajo la varita del que no debe ser nombrado. Pero no, Theodore Nott no murió y había vuelto más oscuro y temible que nunca. Solo hablaba para repartir maldiciones imperdonables y lo escuchaban murmurar solo a menudo, completamente enloquecido.

Por su parte, Parkinson aún no podía pegar un ojo por las noches, pensando en qué pasaría si descubriesen que fue ella quien ayudó al rubio escapar...

"Draco", pensó con tristeza al representarse su rostro esa noche antes de partir. Se negaba a aceptar que su amigo haya perecido poco después de haber arrancado de ese nido de serpientes. No le cabía en la cabeza que el destino pudiera ser aun más cruel. Pero no tenía tiempo de pensar al respecto. Debía saber que ocultaba Nott. "A la mierda" se dijo, mientras se arreglaba el caracho de funeral con una pequeña bofetada y avanzaba hasta su compañero, con el objetivo de obtener algo de información, sentándose frente a él con desparpajo.

-Gracias por acercarte -esbozó irónico el mortífago-. Ya me tenias de mal humor mirándome con esa horrenda expresión a lo lejos. Es de mala educación fisgonear, ¿no sabias? se supone que fuiste criada en una familia noble. Veo que el dinero no compra modales después de todo.

Ella aclaró su garganta, tratando de parecer impasible frente a sus ataques.

-Es difícil no verte así cuando llevas tanto tiempo sentado mirando tu plato con semblante asesino, Theodore. ¿Estás bien?

Nott levantó la mirada y río.

-¿Te refieres a la tortura? Tu conciencia puede estar tranquila, Parkinson. No puede perecer lo que ya ha muerto. Y yo morí hace años.

"¿Mi conciencia?" Se preguntó ceñuda, y él leyó a la perfección esa duda a través de su único ojo azul.

-Sé perfectamente que Malfoy no pudo haber planeado ese escape solo.

La mortifaga se enderezó instantáneamente para hacer distancia entre ambos, sintiendo como el alma se le escapaba del cuerpo. Theodore siempre había sido muy perspicaz, pero ahora, su astucia amenazaba su vida, y lo que era más importante, su posibilidad de tomar venganza por la muerte de Alex.

Con una mano se arregló el parche, mientras la otra se la llevaba al bolsillo, estrujando su varita en el lugar. Sus labios estaban rectos y su cara se había vuelto de hormigón, indescifrable.

Al ver su reacción, el mortifago dejó escapar una carcajada cruel.

-No te preocupes. No te delataré... De momento. Así que analiza bien tus opciones porque el único bando ganador es este, no donde está ese traidor.

Ella arrugó la nariz, extrañada.

-¿A que te refieres? -indagó sin bajar la guardia-. Draco murió, tus recuerdos se lo mostraron al Señor Tenebroso.

Pero él no le contestó. Se levantó de aquella mesa sin probar bocado y le dio la espalda, alejándose a paso lento pero seguro.

-Oye, espera, ¡respóndeme! -le gritó exasperada, pero su ex amigo ni siquiera volteó.

Pansy se mordió el labio nerviosa. Después de tanto llorar la muerte de Draco a escondidas, le costaba creer que todo fuese una falsa y que hubiera logrado su objetivo, ya que era más factible convencerse de que Theodore había perdido la chaveta. Sin embargo, si era así, si Draco había logrado ingresar contra todo pronóstico a La Resistencia, eso quería decir que no había nada imposible, ni una sola cosa.

Soltó la varita que aferraba en su bolsillo y aspiró hondo.

Llevaba cinco años buscando al asesino de Alexander y el muy desgraciado había tapado sus huellas de tal forma que lograr recolectar pistas era prácticamente imposible. Lo único que tenía claro hasta el momento era que la muerte había sido ordenada desde arriba, que no fue casualidad ni estar en el lugar equivocado, y que el maleficio sólo pudo haberlo ejecutado otro alumno de Hogwarts, ya que esa noche la seguridad del castillo no fue vulnerada por mortifagos.

Apretó los dientes de impotencia. Algo dentro de su corazón le advertía que pronto se verían las caras. Y ella se encargaría de destruirlo a como diera lugar.

Incluso a costa de su propia vida.

.


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Tan pronto el portazo retumbó a sus espaldas, ella quedo petrificada en su sitio, absolutamente inmóvil. Toda su valentía se había esfumado en un chasquear de dedos, siendo reemplazada por la escandalosa revelación de lo que había hecho y sus implicancias.

-Mueres de vergüenza, ¿no? -aseveró a su lado el rubio, soltando con suavidad el agarre que ella había hecho de su mano, la que ahora apretaba con fiereza sin notarlo.

Hermione abrió los ojos de par en par y lo miró suplicante. No quería que pensara que su vergüenza tenía como motivo el que la vieran con él. Eso no podía estar más alejado de la verdad. Lo que la avergonzaba eran las circunstancias en que su mejor amigo se había enterado de todo el rollo.

-¡Lo siento! –exclamó entonces, tapándose la cara con las palmas de las manos, mientras él alejaba para colocarse frente a ella-. Lo que pasa es que... Que nos viera así, ¡por Merlín! ¿Te imaginas si hubiera llegado cinco minutos después? ¡Qué digo! ¿Treinta segundos después?

Draco la observaba impasible y se encogió de hombros despreocupadamente.

-Habría aprendido un par de cosas –soltó como quien comenta el clima-. No veo el drama, ya está grandecito.

No solo fue lo que dijo, sino cómo lo dijo, lo que le provocó un acceso de risa a la castaña, logrando relajar su nerviosismo, mientras él la miraba de vuelta sin entender cuál era el chiste. Llevaba aún el torso descubierto, ya que en vez de colocarse su remera una vez sorprendidos, solo se limitó a tomarla y hacerla una bola en su puño. Al parecer, no tenía problemas con la desnudez o solo era un descarado de primera.

Hermione en ese momento comprendió que Draco podría tener su lado oculto, su faceta filosofa y su escondido buen corazón. Pero, en el fondo, siempre sería un Malfoy, un arrogante y engreído sin remedio. Eso venia en el paquete y no le molestaba aceptarlo tal y cual era. En eso pensaba cuando entre risa y risa, sintió una brisa entrar por su abdomen, lo que le recordó que su blusa ya no tenía botones y que estaba mostrando más de la cuenta. En un acto un poco infantil considerando el contexto, juntó los extremos del frente con las manos, cruzando los brazos para taparse, tosiendo para pasar desapercibida.

-Entonces –continuó Malfoy, alzándole una ceja- después de esto, asumo que lo que sea que tengamos, será de conocimiento público.

-Claramente -respondió ella-. ¿Te molesta?

Ahora fue el turno de Draco de sonreír, haciéndolo de una forma tan sutil y elegante, que a Hermione la atacó un escalofrío.

-En absoluto. Prefiero que la comadreja sepa su lugar -declaró soberbio.

Ella parpadeó rápidamente, dejando entreabiertos los labios de la sorpresa.

-¡Por favor! –le espetó él, incrédulo-. Es demasiado evidente. Es cosa de ver cómo te mira y el rastro de baba que deja en el camino. Ya veía que en cualquier momento te sacaba una argolla por delante. Es imposible que no lo notes. Nadie es tan ciego. Nadie es tan inocente.

Hermione desvió la mirada incómoda. Sacar a Ron a colación en ese instante no era algo que le agradase en lo absoluto, sobretodo considerando las grandes probabilidades de que se enterara del percance en la cocina por boca de Harry. De solo pensarlo se le arrugaba el corazón en una pasa y se sentía una sucia rata traicionera. Él le había abierto su alma y lo único que le había pedido es que le dijera cuáles eran sus sentimientos por Malfoy una vez que los descifrara. ¿Y ella que había hecho? Tan pronto los descifró se entregó al rubio en bandeja de plata de la forma más imprudente imaginable.

-¿Por eso decidiste dar el paso? –preguntó entonces, devolviendo la mirada a aquellos ojos grises que la desarmaban y la llevaban a actuar de formas que jamás hubiera imaginado.

Él ladeo la cabeza, pensativo. Su pecho desnudo subía y bajaba casi imperceptiblemente y Hermione hacia tremendos esfuerzos para no desviar la mirada al sector y grabarlo en su memoria a fuego.

-Ahora que le doy una vuelta, sí, puede ser en parte por eso -reconoció, exhalando hondamente-. Pero también en parte porque me di cuenta que en las circunstancias en las que nos encontramos, en cualquier momento tanto tú como yo podemos desaparecer sin más. Imaginarte en peligro a causa de tu propia torpeza, me hizo destapar la caja de Pandora que tenía guardada, suprimida en lo profundo de mi consciencia, y mandé todo a la mierda. Así que lo acepto, Granger, ganaste. Al parecer, esos años te me incrustaste en el cerebro a pulso y me hiciste quebrantar todo el desprecio que te había jurado y re jurado. Es molesto en demasía... No te imaginas la incomodidad que me genera ir contra todo lo que alguna vez dije, pero ya no quiero luchar. Total, mañana puedo estar muerto y prefiero ser un muerto sin pendientes.

Hermione tenía sentimientos mixtos también. Era difícil todo el asunto, pero darse cuenta de su propia fragilidad, también le pasó la factura.

-Me agrada que seas tan directo ahora –reveló para cambiar el tema, bajando la mirada a sus pies, dando pequeñas patadas con la punta del zapato izquierdo-. Me estresaba mucho conversar contigo sin saber qué es lo que estabas pensando. Era realmente frustrante no saber cuál era tu disposición conmigo.

Lo escuchó carraspear, impaciente.

-Ya te dije, ganaste, reconozco que tampoco me eres indiferente, así que no tienes motivos para frustrarte más. Pero no quiero más mentiras, Granger. Yo no te mentiré, ya no. Y espero que seas capaz de ser sincera conmigo en adelante o hasta acá no más llegamos.

Hermione elevó los ojos hasta los suyos, notando el tono amenazante, lo que la tensó, pues parecía que a pesar de que él se había abierto a la posibilidad de perdonarla e incluso a tener algo, aún una parte de él desconfiaba por sus acciones pasadas.

-Mi promesa hacia ti no ha caducado. Tendrás acceso a mis verdades cuando quieras –le aseguró ceñuda.

Se miraron por largos segundos como si buscasen confirmar la verdad de las palabras del otro, mientras el ambiente se había congelado de súbito y la realidad se hizo presente de forma abrumadora. La verdad sea dicha, Hermione estaba comenzando a desilusionarse, pues todo lo que había deseado, lo había probado por breves minutos y ahora percibía como se alejaba sin remedio. Es más, no se había movido de la puerta inconscientemente pues temía que si Draco Malfoy se largaba de ahí, él daría pie atrás y se retractaría de todo.

-En fin, ahora que lo pienso, fue bueno que el inoportuno de Potter nos encontrara –pensó en voz alta el rubio, lo que se le clavó como un cuchillo en pleno corazón a la muchacha.

Y ahí estaba su temor materializado.

O al menos eso creía.

-Ah... –expresó ella como toda respuesta, sin poder ocultar la decepción en la tonalidad de su voz, esquivando su mirada con fastidio.

Pero ella no estaba entendiendo nada…

… Nada en absoluto.

Él lanzó la remera que llevaba en el puño a un costado y se acercó a paso quedo, muy lentamente, y arrastrando las palabras le dijo.

-No sé tú opinión, pero haber comenzado "esto", de esa forma tan frenética en la cocina habría sido...

-¿Muy precipitado? -se apresuró a completar ella con un gesto de desgano, inadvertida de las intenciones de su compañero.

Él seguía acercándose con sigilo, y poco a poco fue acorralándola contra la puerta de la habitación. A Hermione le costó comprender qué estaba pasando, y luego, le era imposible pensar en absoluto, ya que su cercanía y su torso desnudo la tenían marcando ocupado.

-Torpe –corrigió él, como si se tratase de un profesor disciplinando a una alumna-. Si voy a botar todas mis paredes contigo, si voy a quitarme la máscara frente a ti después de todo lo que ha pasado entre nosotros y todo el tiempo transcurrido, no quiero que la primera vez que te tome sea tan a la rápida, tan descontrolado –explicó vehemente-. Eso habría sido un craso error.

Él había colocado la palma derecha en la puerta, apoyándose por sobre la cabeza de Hermione, bajando el mentón para poder observarla desde arriba. Ella, un poco desorientada por su estrategia, dejó caer sus manos a los costados, sin darse cuenta que con ese desliz quedaría entreabierta su blusa carente de botones.

Los ojos del rubio brillaron entonces como los de un gato en la oscuridad, saboreando la oportunidad.

-¿Lo es? -preguntó sinceramente Hermione, en un hilillo de voz.

Malfoy le regaló una sonrisa ladeada, generándole otro escalofrío que le provocó una pequeña contracción.

-Por supuesto. Hace cinco años perdí la oportunidad de ser el primero en la Sala de los Menesteres. Tuve mis razones pero aun así, ese barco ya zarpó. Pero no me gusta ser del montón, Granger, nunca me ha acomodado. Así que si no pude ser el primero, quiero ser el mejor y de un plumazo borrar al resto. Quiero noquearte y que olvides cualquier experiencia pasada sin necesitad de recurrir a un obliviate. Y para eso necesito algo más que un revolcón en la cocina. Para eso necesito tiempo y metodología. No quiero un allegro, quiero la sonata completa con todos sus movimientos.

Draco le hablaba de una manera hipnotizante, seductora y autoritaria al mismo tiempo. Mientras lo hacía, con el dedo índice de su mano libre había comenzado un trayecto desde la frente de la joven, delineando su perfil, pasando por su cuello, bajando por la parte del medio de su pecho -que ahora se movía visiblemente en búsqueda de aire-, hasta colgarse del centro de su sujetador, balanceándose en el lugar, entre sus senos.

Hermione sintió como su piel se erizaba en ese camino de perdición, y cerró los ojos momentáneamente, deleitándose con el recorrido. Casi sin tocarla, con el suave roce de su dedo, había logrado activar cada célula de su cuerpo nuevamente. El frío había desaparecido por completo y ahora se sentía sofocada, con un agradable calor en el vientre.

Pero ella quería más. Quería consumirse en llamas y sentía que iba a enloquecer si él no la seguía tocando.

-¿Eso no es razonar mucho? –inquirió en un gemido involuntario, sintiendo como se le volvían a encender las mejillas.

Él negó y se acercó a su lóbulo derecho, mordiéndolo traviesamente.

-Planear es lo segundo más delicioso después de ejecutar -afirmó, elevando la mano que tenía colgada de su sujetador para colocarla también sobre la puerta, esta vez, a la altura del hombro de la muchacha -. Tú mejor que nadie debería entender el placer que da el llevar a cabo algo bien razonado, ¿no?

Hermione sentía un nudo en la garganta, y aunque no se lo diría, lamentaba enormemente que esa mano se alejara de su cuerpo.

-Parece que te gusta cerrarme el paso -le picó, tratando a duras penas de seguir el ritmo.

Pero sus esfuerzos eran débiles. Se sentía como un pequeño ciervo frente a las luces altas de un automóvil. Prácticamente estaba intoxicada con el aroma de Malfoy, drogada con su proximidad, anhelante de fundirse en él, pero no era capaz de tomar la iniciativa. Por primera vez le gustaba sentirse vulnerable, pequeña, indefensa frente a sus avances. No sabia si era masoquista o qué, pero la determinación del rubio, su seguridad y desfachatez, le hacían flaquear las piernas. Eso, acompañado de su tonificado cuerpo, que se moría por recorrer y probar.

-Tal vez –reconoció él-. Me gusta verte temblar cuando lo hago. En realidad, me gusta verte temblar de anticipación. Como ahora.

Nuevamente, esa sequedad molesta en los labios la estaba matando. Así que se los remojó en un gesto inocente, lo que desde la perspectiva de Malfoy parecía una invitación a perderse en ellos.

-Tengo frío -se justificó en un fútil intento de mantener algo de dignidad-. Por eso tiemblo.

Lo sintió reír, satisfecho.

-Eso vamos a solucionarlo de inmediato.

Draco movió sus manos por la madera hasta llevarlas al cuello de Hermione, deslizándolas por ahí en una caricia mortal y seductora, para luego desviarse por los hombros, corriendo la blusa que a penas la tapaba, haciendo que ésta cayera al piso. Hermione sintió como la tela la rozaba y cerró los ojos, intensificando la agradable sensación del movimiento. Él siguió el trayecto y con sus manos acarició los brazos de la muchacha, frotándolos mansamente para luego cambiar de dirección y colocarlas en su cintura en un agarre posesivo. Acercó los labios a su cuello sin soltar un ápice su cintura y comenzó a recorrerlo con maestría, bajando el bretel izquierdo con los dientes a la vez que la presionaba con su cuerpo contra la puerta.

Ella suspiró y se quejó a la vez. Estaba muy confundida. Malfoy era todo un misterio y le era imposible adelantarse a sus movimientos.

-No puedes ubicar esta versión de mí en tus registros, ¿o me equivoco? –le murmuró Draco al oído, mordiendo suavemente el hueso de su clavícula-. Claro que no. Solo conoces mi lado agresivo, el indiferente y tienes un magister en mi lado mordaz. Por el diario, ya conoces mi faz introspectiva, ¿pero la parte lúdica? Esa te prometo que será igual de interesante para ti si te dejas llevar... Porque estoy hambriento. Y puedo jugar contigo toda la noche.

Bajó las manos a sus caderas y las aprisionó con firmeza otra vez, tal como lo hizo en la cocina, arrancándole un quejido sensual que la llevó a arquear la espalda como reacción inmediata. Aprovechando el hueco que se había formado entre ella y la puerta, él coló una de sus manos y la subió serpenteante por su columna, hasta llegar a su nuca, desabrochando en el camino su sujetador color piel. Ella sintió el click y luego percibió como la presión de la tela cedía.

Abrió la boca para objetar pero él la acercó por la nuca y comenzó a juguetear con sus labios, primero el de abajo, luego el de arriba. A Hermione le cosquilleaba un poco esa sutil barba y sentía la boca inflamada, sensible a cualquier toque. Seguía los movimientos de él, acataba su ritmo embriagador como una esclava, convirtiendo ese beso en una danza acompasada donde él llevaba la batuta. Cuando él profundizó más y la apretó contra si, Hermione sentía que se iba a desmayar en cualquier momento por la falta de oxígeno. ¡Pero que demonios! No quería separarse de él. Prefería dejar de respirar.

Draco exploraba cada rincón de su boca con destreza, sin apuros, lo que la ponía mas ansiosa de ser posible. Sin embargo, cuando percibió sus manos descendiendo por su vientre hasta sus jeans, bajando el cierre con todo el tiempo del mundo, el sonido de la cremallera le sirvió como alarma de que todo era muy real y que estaba justo en un punto de no retorno. No pudo evitar tensarse y dejar la inercia de sus brazos para tratar de abrocharse el pantalón.

Él la atajó por las muñecas sin apretarlas y evitó la maniobra con unos reflejos envidiables. Estaba haciendo sus mejores esfuerzos para entregarle una experiencia inolvidable a pesar de que por dentro, su lado más animal y primitivo, rugía por invadirla sin demora.

No podía permitir que ella dudara. Era imperativo para él llegar hasta el final y concretar algo que no tenía idea que deseaba.

-Déjate llevar -repitió contra su boca, demandante-. Confía en mi.

No importaba cuanto respirara, sencillamente no estaba ingresando aire en sus pulmones. Luchaba para recuperar algo de voluntad, pero la tenía doblegada y se creía capaz de acceder a cualquier cosa que él le pidiera si se lo decía de esa forma, con ese tono.

-Está bien -jadeó entregada.

Malfoy soltó sus muñecas y devolvió una mano a su cintura, mientras que con la otra buscaba su propia varita en el bolsillo trasero de su pantalón. Hermione sintió que se petrificaba cuando lo escuchó murmurar un encantamiento para insonorizar la habitación. Eso no se lo esperaba.

-Es necesario -le explicó, lanzando su varita a un costado, volviendo a atacar su cuello-. No queremos despertar a nadie.

Ella soltó un "oh" a penas audible, azotada por el significado de sus palabras, por el trasfondo de ellas. Su mente se había ido de vacaciones mientras su cuerpo estaba entregado a las millones de explosiones eléctricas que le provocaba el rubio. En cualquier momento hacía cortocircuito.

Con rapidez y firmeza para no trastabillar, Draco la giró por la cintura para dejarla de frente a la puerta, procediendo a acariciar desde sus hombros hasta la punta de sus dedos, levantándole los brazos para dejarla apoyada contra la madera con las palmas abiertas.

"No te muevas" le susurró mientras agarraba su cabello, lo giraba y lo colocaba por delante de su hombro, comenzando a besarle la espalda, acompañando cada caricia con una mordida precisa, justo al medio entre el dolor y el placer. Ella se erizaba mientras él iba camino al sur, hasta el borde de sus pantalones, los cuales bajó con los dientes mientras delineaba desde sus muslos hasta sus piernas, abarcándolas con las manos de una forma provocativa, apoderándose de ellas. Al llegar a los tobillos, con delicadeza le quitó los zapatos sin desatarlos, para luego quitarle por fin la prenda, recorriéndola ahora en retroceso, deleitándose de cómo ella contorsionaba su cuerpo al no resistir más. Camino arriba, la liberó definitivamente de su sujetador.

Ella estaba al borde.

Y él también estaba rozando sus límites.

Al llegar nuevamente a su altura, la volvió a girar para enfrentarla, elevándola por los muslos para sentarla sobre sus caderas. Por segunda vez en la noche, Hermione instintivamente cruzó sus piernas por detrás de su espalda para no caer, mientras él se hundía en el comienzo de su pecho. Ella sintió la necesidad de enterrar sus dedos en aquellos cabellos platinados, y lo hizo, acariciando su cabeza, tirando de su pelo cuando él le provocaba un espasmo de placer, hasta que él volvió por su boca, en un beso cada vez más demandante y profundo, tanto que el rubio no pudo evitar que el bulto de sus pantalones se hiciera evidente para ella, buscándola e incitándola a ir más allá.

De pronto, él se giró con ella encima y caminó a tientas hasta la cama que estaba al fondo de la habitación, dejándola caer sobre el colchón de espaldas. El cuerpo de Hermione rebotó y quedó ahí, inmóvil, con los ojos cerrados y una expresión deleitada en su rostro. Tenía los brazos reposando a los costados, los senos firmes apuntando hacia arriba y el cabello en forma de abanico. Draco miró concentrado aquella pieza de arte que había esculpido, grabando en su cerebro cada detalle, antes de dejar caer sus propios pantalones y hacerse espacio entre sus piernas, avanzando lento pero seguro por sobre ella, hasta llegar a su rostro y tomarlo con una mano.

-Mírame -soltó de una forma más ruda de lo que hubiera querido, pero estaba enloqueciendo después de tanto reprimir sus instintos-. Abre los ojos y mírame.

Ella apretó los párpados y luego abrió los ojos de par en par.

Ahí estaba nuevamente esa mirada, la misma de la cocina, la misma que quería solo para él.

Aquellos ojos estrellados. Aquellas mejillas arreboladas, ardientes de deseo.

-Si quieres dar marcha atrás, este es el momento -advirtió con la respiración entrecortada-. Después, no respondo de mis actos.

Ella levantó ambas manos y las dejó en la angulosas mejillas del rubio, acariciándolas tiernamente con los pulgares. Desde ahí, bajó por su cuello, viró por su espalda hasta sus omóplatos y volvió por su pecho, rozando los seis pequeños tatuajes que lo adornaban, para luego bajar, introducir su mano en la ropa interior que los separaba, y rozar su hombría con timidez, azorada por su tamaño y por cómo seguía creciendo frente al contacto.

Ahora fue el turno de él de cerrar los ojos, extasiado.

-Draco -le musitó, modulando su voz para ser lo suficientemente enfática-. Desde tu primera caricia no soy capaz de pensar. Haz lo que quieras. Prefiero recibir una imperdonable a que te detengas.

Él gruñó como respuesta y atrapó sus muñecas para dejar sus brazos por encima de su cabeza, sobre el colchón. La retuvo con una sola mano mientras que con la otra recorría su cuerpo hasta sus muslos, acariciándolos para subir hasta aquel lugar que aún no había explorado, pero que lo llamaba como un canto de sirena. Hermione aguantó la respiración al sentir sus dedos encima en movimientos circulares, y gritó de sorpresa cuando él, en un movimiento brusco y preciso, había desgarrado sus bragas, liberando el camino a la gloria.

-Respira hondo -le advirtió, justo antes de casi hacerla perder el conocimiento.

De una estocada, sin más juegos, él se había adentrado hasta lo mas profundo de su ser, haciendo que ella elevara las caderas instintivamente a la vez que dejaba escapar un sensual grito desde la base de su garganta. Lo sentía palpitar en su interior, mientras su cuerpo era un carnaval de fuegos artificiales como si se tratase de año nuevo.

-¿Estás bien? -preguntó él, contrariado por su reacción.

Ella gimió y llevó sus manos hasta su fornida espalda, enterrando las uñas en el lugar.

-No pares -le soltó en una orden.

Poco a poco, él comenzó a moverse, primero de manera lenta y tortuosa, después rápido y duro, para regresar al punto de inicio en un ciclo delicioso. Hermione no quiso reprimir ningún quejido, ningún gemido, ningún jadeo, y eso estaba logrando trastornar al rubio, que tenía que realizar grandes esfuerzos para no dejarse ir. Quería prologar lo más posible ese concierto que Hermione le brindaba con su trémula voz, aunque ella no ayudaba mucho con eso. Con ese contoneo corporal, con esos arañazos que le dibujaba en la espalda, y con el movimiento que realizaba con sus caderas para pegarse aún más a él, su objetivo de mantenerse incólume era casi una misión imposible.

¿Cuánto tiempo transcurrió? Ninguno de los dos se enteró. Se habían fundido en uno, en cuerpo y consciencia, dejándose llevar entre caricias, a veces tiernas, otras veces algo violentas.

Cada vez que ella gritaba su nombre enloquecida, era una hermosa melodía para Draco.

Cada vez que él la besaba mientras la invadía bien al fondo, era una dulce perdición para Hermione.

Hasta que todo comenzó a escalar sin restricciones. Los gemidos ya eran gritos, las caricias ya eran fuertes agarres, y el vaivén armónico ahora solo era un choque frenético de caderas.

Un último grito, un último jadeo.

Y luego llegó el momento en que ambos pudieron tocar el paraíso por largos segundos, para luego desplomarse exhaustos, sintiéndose completos, descendiendo a la realidad como una pluma desde el techo. Lenta y apaciblemente.

Él, para no aplastarla, rodó sin separarse ni salir de ella, quedando de espalda y dejándola encima de su pecho. Hermione cayó sobre él como una muñeca de trapo, con su cabello desparramándose como una cascada en el lugar, percibiendo como su cuerpo aún tenía pequeños espasmos de satisfacción. Traía los ojos cerrados y una amplia sonrisa dibujada en el rostro. Su mente estaba en blanco... hasta que la mano de él comenzó a acariciarle la nuca en un gesto curiosamente tierno después de tanta voracidad.

-Misión cumplida -bromeó todavía extasiada -. Con suerte recuerdo dónde estoy.

Lo sintió reír y pasar de su nuca a acariciar su espalda. Ella se erizó al sentir sus dedos deslizarse otra vez por su columna, y acomodó la oreja en su pecho para detectar su corazón. Extrañada, notó que su palpitar ya se había regularizado mientras que el propio aún estaba desbocado. Y eso que todo el trabajo lo había hecho él.

Fue entonces que sintió algo palpitante en la entrepierna.

Algo que crecía en su interior.

-Tienes que estar bromeando -musitó sorprendida-. ¿Tan rápido?

Draco la tomó por los hombros para retirarla de su pecho y dejarla sentada encima, bien posicionada para un segundo round.

-No te mentía cuando te dije que se venia una noche larga, Granger. Tampoco te mentía cuando te dije que estaba hambriento. Y dudo que se me sacie pronto. Puedo estar así por días.

Hermione resopló divertida.

-Arrogante -le espetó.

Pero ella sabia que no se trataba de arrogancia, sino de una advertencia...

... que Draco Malfoy se encargaría de cumplir al pie de la letra.

.


.

Trataba de concentrarse pero no podía. Era capaz de jurar por Merlín que lo intentaba, pero nada daba resultado, pues su cerebro estaba en otra parte. Y es que en la reunión, sus ojos estaban incrustrados en Harry, tratando de indicarle que quería hablar con él, mientras que sus recuerdos estaban fijados en Draco, y en todas las veces que la noche pasada éste la reclamó para sí, no dándole tregua ni una gota de sueño...

Sacudió la cabeza y trató de enfocarse en la discusión. Finalmente habían descubierto el punto débil de Voldemort y por fin podrían tomar la ventaja. El que no debe ser nombrado había evitado la muerte fragmentando su alma mediante asesinatos, guardándola en objetos llamados horrocruxes, que le permitían permanecer ligado a la tierra. Por eso había sido capaz de volver desde el infierno para atormentarlos. Por eso su aspecto repulsivo, carente de humanidad.

En La Resistencia, nadie supo explicar cómo el innombrable accedió a este conocimiento, ya que el único libro donde el mismo se consulta se encontraba en posesión de Dumbledore. Sin embargo, la fabricación de horrocruxes era la única justificación plausible para la supuesta inmortalidad de la serpiente, y todo eso se había descifrado gracias a hurgar en los recuerdos de Draco Malfoy, contrarrestando lo explorado con la información que ya tenían disponible.

La reunión finalizó con una lista de posibles objetos encantados, los cuales de por si ya se fichaban como poderosos, ya que son capaces de obrar sobre quienes intenten destruirlos. No sería una tarea sencilla, especialmente teniendo en consideración lo corrompida del alma de Voldemort, pero al menos ya tenían un plan concreto, con altas posibilidades de éxito. Hermione podía palpar cómo la guerra estaba alcanzando su punto decisivo, y si quería ayudar en el desenlace, tendría que aprender a separar las aguas del trabajo y del placer. Al menos en su mente, ya que ahora estaba inundada de recuerdos que la aturdían.

Tan pronto la gente comenzó a dispersarse, Hermione se apresuró para alcanzar a Harry, quien a todas luces trataba de evitarla. Tuvo que atravesar un mar de gente y varios pasillos para poder interceptarlo, agarrándolo del codo con suavidad.

-Necesito hablar contigo -dijo en voz baja.

Él la miró de regreso de reojo.

-Sígueme. No tengo mucho tiempo.

Caminaron callados hasta que se encontraron completamente solos, justo a la entrada de la casa que los albergaba. Harry tomó asiento en la escaleras que daban a la salida y Hermione lo imitó, extrañada por cómo se estaba comportando.

-Hermione -comenzó él, en tono serio-. Sé a lo que vienes y quédate tranquila. No le he contado a nadie lo que pasó anoche.

La muchacha respiró aliviada.

-Ni siquiera..

-Ni siquiera a Ron -la interrumpió-. No es mi deber hacerlo y por lo demás, tal como dijiste, eres grande y esa clase de decisiones no me incumben. No interferiré.

A pesar de lo que decía, el tono del pelinegro sonaba un poco resentido, pero ella no quiso polemizar al respecto. Le bastaba con saber que no la había delatado.

-Gracias -suspiró aliviada-. Quería que Ron se enterara por mi del asunto.

Harry se removió incómodo.

-Sobre eso... Necesito pedirte un favor -señaló, observándola intensamente con sus ojos verdes-. Preferiría que de momento no hicieras pública tu relación o lo que sea que tengas con Malfoy. Hicimos un descubrimiento que nos puede llevar a la victoria y no quiero que nadie se desconcentre de ello por ustedes.

-¿Por nosotros?

-Hermione -la llamó exasperado-. No te hagas, sabes que si se filtra serán la comidilla de todos, y es natural que así sea. Nadie en sus cabales los imaginaría juntos. A mi aún me cuesta reconciliarme con la imagen de anoche así que deduce cómo se distraería el resto si se enterara. Y no puedo permitir eso. Necesito que todos se enfoquen en encontrar los horrocruxes. Hazme ese favor, ¿quieres?. Después de la guerra, has lo que quieras.

Hermione se mordió el labio sin saber que decir. No le gustaba tener que ocultarse y dudaba mucho que a Draco Malfoy le gustara permanecer como un sucio secreto.

-Pero Harry... Al menos tengo que decírselo a Ron -contra argumentó-. No puedo ocultárselo.

Pero el pelinegro negó categóricamente su solicitud.

-Necesito a Ron. Se ha convertido en un pilar fundamental de La Resistencia, y por mucho que haya madurado en el último tiempo, esta noticia lo devastará. Además Hermione, ¿estás segura de que quieres romperle el corazón por algo que no va a funcionar?

-¿A qué te refieres? -preguntó a la defensiva, molesta por tamaña afirmación.

Harry Potter se arregló las gafas antes de continuar, visiblemente incomodo. "¿Acaso él sabía algo que le estaba ocultando o solo hablaba desde el prejuicio?"

-No actúes precipitadamente. Piensa en la historia que tienes con Malfoy. Lo distintos que son. Ahora estas infatuada, pero en una semana más, ¿quién no te asegura que no querrás asesinarlo? ¿En verdad quieres declararle al mundo que estas enamorada de tu eterno rival sin siquiera verificar si funcionan como pareja? En serio, Hermione. Espera después de la guerra. Yo puedo guardar su secreto. No los juzgaré, pero traten de ser más discretos de ahora en adelante.

Ella lo miraba fijamente, un poco dolida por su falta de fe en aquella relación que tanta ilusión le hacia. Sin embargo, podía entender a su viejo amigo. Sus reparos, sus preocupaciones, sus consejos. Probablemente si el asunto fuera al revés, ella estaría dándole las mismas advertencias, basada en lo que dicta la experiencia y la razón. Pero ella actualmente no estaba fundando sus actos en eso, sino en aquellos sentimientos que se aferraban en su corazón y que trasuntaban todo su cuerpo.

-Tengo que hablarlo con él -respondió, pensativa-. No puedo tomar una decisión de ese calibre por mi cuenta.

Harry la miró con un dejo de pena, y Hermione no supo identificar cuál era el motivo exacto de la misma.

-Confío en que no se opondrá -esbozó apoyando las manos sobre sus rodillas para levantarse -. Por mucho que no me agrade, es inteligente. Sabrá que es lo mejor.

.


.

Lo veía acariciar su mentón, pensativo.

En su afán de ser lo más transparente posible, lo había citado a escondidas en su habitación, contándole con todo detalle la conversación sostenida con Harry, sin omitir nada, casi segura de que el rubio se opondría con uñas y dientes a permanecer oculto, en las sombras. Sin embargo, después de un rato su respuesta le sorprendió.

-Entiendo -soltó finalmente, regresando en sí-. Voy por un café. ¿Quieres?

Ella boqueaba como pez fuera del agua, impactada y también algo dolida. ¿Cómo era posible que haya cedido tan fácil? ¿Acaso él opinaba igual que Harry en todo? ¿Inclusive en que lo suyo tenía fecha de vencimiento?.

-Potter tiene razón -agregó él, como si leyera su mente-. Pero sólo en lo relativo a no distraer al resto. Por lo demás, es un soberano imbécil.

-Ajá.

Hermione se cruzó de brazos con una mueca de decepción en la cara. Al parecer, era ella quien no quería mantenerse oculta. Extrañamente, estaba orgullosa de haber conseguido finalmente lo que tanto anhelaba, pero jamás confesaría en voz alta que la petición de su amigo le caía como una patada en el estomago.

De reojo, vio como Draco la miraba comprensivamente, como si leyera su cabeza o sus movimientos sin ninguna dificultad. Ella se descruzó los brazos y trató de mutar su rostro a un semblante indiferente. Pero ya era tarde. El rubio la había pillado al vuelo.

Él se acercó con una prestancia que le alteró la tranquilidad y se agachó hasta su altura, nariz con nariz.

-No te preocupes, será divertido -prometió con una voz cadenciosa-. Como podrás adivinar, me gustan los secretos. Soy especialista en guardarlos.

Y dicho eso, se retiró de ahí, luciendo una sonrisa ladeada que auguraba un futuro interesante. Hermione sacudió la cabeza para reaccionar y trató de auto convencerse de que él solo estaba exagerando.

Cuan equivocada estaba.

Había olvidado que Draco Malfoy era un experto cuando se trataba de ese tópico. Es más, tan pegada estaba en el Draco del diario que había borrado de su memoria todas las veces que lo pilló seduciendo a alguien tras una estatua, o lo que presenció aquella noche en que se infiltró en las mazmorras oculta bajo la capa de invisibilidad para devolverle su diario. Incluso, había dejado en la oscuridad de sus recuerdos todas las leyendas respecto a la promiscuidad de las serpientes y su capacidad para salirse con la suya.

Quizás fue por eso que la pilló por sorpresa la primera vez que prácticamente la secuestró y la tomó justo antes de salir a una misión con Ron.

En ese primer "ataque", él rápidamente la había atrapado entre sus brazos y sin dejarla protestar, se había hecho un camino con habilidad hacia su interior, sin siquiera desvestirla, solo corriendo lo necesario. Hermione, para no meter ruido y delatarlos, había mordido tanto su labio que logró probar su propia sangre e incluso le llegaron a doler los dientes. En esa oportunidad, una vez que la llevó al orgasmo, la devolvió a su trayecto con la misma habilidad, toda alborotada, sonrojada y sin poder regresar a arreglarse, pues no había tiempo y él lo sabía. Podría llegar a pensarse que aquello era un plan para marcar territorio antes de salir con el pelirrojo, pero como él nunca la celaba verbalmente, era difícil comprobarlo.

Siempre la pillaba de improviso, y Hermione transitaba nerviosa y ansiosa por partes iguales, a la espera de la próxima vez, casi como si fuera un juego, ya que todo ocurría bajo las narices del resto sin que se dieran cuenta, lo que le daba un placentero toque prohibido. Es más, astutamente había logrado llevarla a la cocina y finalizar lo que habían dejado inconcluso allá, reclamándola contra ese refrigerador inservible que ahora no era capaz de observar sin sonrojarse.

¿Como no podía saciarse? Era como si quisiera recuperar el tiempo perdido. Como si quisiera comprar tiempo para el futuro. Y lo peor de todo era que al separarse, ella se iba con la peor de las pintas, agotada, despeinada, a veces sin ropa interior, mientras él recuperaba la dignidad de inmediato y se marchaba con toda prestancia, como si nada hubiera pasado. Era el colmo del descaro.

De esa forma, las dos semanas que transcurrieron fueron unas de las mejores que recordara Hermione en su vida, y no solo por el sexo, sino por todo lo que vivió en ellas. Con naturalidad, casi todas las noches Draco se escapaba de su habitación y dormía con ella, abrazándola por la espalda o acunándola desde el frente. Incluso tenían como costumbre, antes de caer en los terrenos de Morfeo, leer en silencio, cada uno en su propio mundo, pero siempre con los pies enredados entre si, haciendo presencia, acompañándose.

Durante el día, iban a sus respectivas misiones o tareas, por lo que las tardes las pasaban conversando de cualquier cosa, menos de eso, como si la guerra no existiera. Hermione se maravillaba con lo fácil que le resultaba hablar con él de lo que fuera. Sus conocimientos eran variados y su astucia para responder estaba al orden del día. Con él, nunca se aburría, y cuando estaba lejos, contaba los minutos para volver a encontrarlo.

Era todo lo que ella deseaba.

Aunque el paraíso no duraba 24 horas, pues también peleaban. ¡Oh, como peleaban!, ambos habían demostrado ser reyes de la obstinación y podían argumentar y contra argumentar por largos minutos solo para probar un punto. En ocasiones, ninguno quería ceder, ninguno quería perder, y daban círculos y círculos hasta quedar agotados y cada uno por su lado, maldiciendo por lo bajo. Él molesto por lo terca y sabelotodo que ella era. Ella rabiosa por sus sarcasmos y lo mordaz que él era. Pero el enojo no duraba más de un día, haciendo de las reconciliaciones nocturnas algo notable.

A veces Hermione podía jurar que Draco le buscaba pleito a propósito, solo para hacer las paces después.

Sin embargo, algo dentro de su cuerpo la molestaba como una mosca en el oído, como una piedra en el zapato. Sabia que no le era indiferente, sabia que estaba colada en su cerebro y sabia que la deseaba con voracidad. Pero, ¿la quería? No tenía la más mínima idea pues jamás le había confesado nada al respecto, y ella tenía miedo de preguntar, porque estaba claro que él le diría la verdad sin tapujos, y Hermione no estaba segura de si podría soportar una negativa. Al final de cada encuentro, en el fondo de su alma añoraba una declaración, pero ésta nunca llegaba, lo que la frustraba cada día más.

Pero eso acabaría pronto.

Decidió que esa noche se haría mujer y tomaría el toro por las astas. Le preguntaría derechamente qué sentía y si no estaban en la misma sintonía, sería capaz de aguantarlo.

Quería creer que era capaz de aguantarlo.

No obstante, sus planes se vieron entrampados cuando citaron a una reunión ampliada de urgencia, algo inusual en La Resistencia pues las misiones se daban en secreto a cada pareja, para evitar tener todos los huevos dentro de una misma canasta. Estaba toda la plana mayor y fue el propio Scamander padre quien leyó los nombres involucrados en las próximas misiones, las cuales se auguraban desde ya largas y complicadas, pues tenían por fin ubicar los horrocruxes faltantes.

Ya se habían ocupado del anillo de Sorvolo Gaunt y de la copa de Helga Hufflepuff con algo de facilidad, pues su ubicación les era conocida. Pero los siguientes eran una verdadera aguja en un pajar y para eso ya no bastaban parejas, había que formar equipos que comenzarían su viaje a partir de mañana mismo.

-Para la diadema de Rowena Ravenclaw, Ron Weasley, Hermione Granger, Seamus Finnigan y Parvati Patel. Para el diario de Tom Riddle, Luna Lovegood, Draco Malfoy, Hanna Abott y Neville Longbottom. Para el guardapelo...

Hermione dejó de escuchar ya que un pitido comenzó a retumbar en su tímpano. Sin poder evitar el instinto, se giró hasta ubicar esa cabeza rubia que la atormentaba, notando su expresión pétrea e impasible. Se volvió hacia adelante, tratando de no entrar en pánico. En esa búsqueda cada equipo podía tardarse una eternidad, y eso implicaba que no vería a Draco en un largo y doloroso tiempo. Eso, si ambos lograban volver con vida.

Tan metida estaba en sus tribulaciones que no notó cuando terminó la reunión y la gente comenzó a salir de la Sala de Consejo. "Demonios", masculló. En un último intento por enmendar las cosas, avanzó contra la corriente hasta el encargado de dar la noticia para verificar si no había escuchado mal.

-No, señorita Granger. Esos son los equipos -le dijo Scamander, revisando la hoja-. Fueron aprobados en base a lo que sugirió el joven Potter, así que si tiene alguna queja, le pido que se dirija a él. Yo solo fui el mensajero -agregó, indicándole con un ademán donde se encontraba el susodicho.

Ella le agradeció su deferencia con un asentimiento y se apresuró para alcanzar a su amigo, sintiendo como la furia comenzaba a inundarla.

-Lo hiciste a propósito, ¿cierto? -le masculló cuando lo atrapó, agarrando su antebrazo para obligarlo a caminar con ella-. Dijiste que no te interpondrías.

-Y no lo he hecho -murmuró él, aparentando que nada pasaba, ya que aún había gente alrededor-. Negocios son negocios, Hermione. Necesito que estén concentrados y si los ponía en el mismo equipo a Ron, Malfoy y a ti, eso solo terminaría en miseria. Lo sabes.

Hermione refunfuñó, incapaz de contradecir su afirmación.

-Entiendo -reconoció finalmente-. Pero arréglalo. Prometo que lo nuestro no interferirá en la búsqueda.

-Ya lo está haciendo. Me estás pidiendo que cambie toda una estrategia por ello -le refutó ceñudo, fulminándola con la mirada-. Y la respuesta es no. No cambiaré los equipos. Olvídalo.

Ella maldijo por dentro. Era cierto. Estaba pidiéndole mucho solo porque estaba aterrada del tiempo que transcurriría antes de volver a ver al hombre que le robaba el aliento, y eso en la medida que todo saliera bien, ya que la búsqueda de los horrocruxes perdidos era una ruta llena de peligros e imprevistos.

Harry se deshizo del agarre con disimulo y siguió su camino sin darle más atención, molesto por la solicitud de su amiga. Hermione empuñó las manos y caminó rauda a su habitación, pues necesitaba soledad para ordenar sus pensamientos. Sin embargo, tan pronto entró vio que no estaría sola. Draco estaba adentro y miraba por la ventana apoyado en el marco, aparentemente absorto.

-Asumo que no dio resultados hablar con Potter -le dijo de súbito, sobresaltándola.

Hermione exhaló decepción pura y se acercó a la ventana, rodeándolo por la espalda en un gesto íntimo y cargado de significancia.

-Asumes bien.

Solo dijo esas dos palabras y guardó silencio, sin saber qué decir a continuación. Había pensado que a él no le importaba, pero ese ánimo suyo solo podía enrostrarle lo equivocada que estaba. La diferencia radicaba en que él sabía ocultar a la perfección sus emociones en público, y ya intuía que cualquier intento de revertir la situación era una pérdida de tiempo.

-No quiero alejarme de ti -le confesó entonces ella, en un arranque de sinceridad-. Draco yo... yo...

Pero él se había volteado, colocando su índice derecho en los labios, ordenándole con ese gesto que callara. Su mirada metálica estaba atravesándola con intensidad y preocupación. Algo en su semblante no estaba bien. Estaba tenso y sombrío. Sus ojos parecían un pozo sin fondo.

-¿Por qué no me dejas decirlo? -le reclamó dolida.

-Porque no me lo merezco.

Ella retrocedió sintiendo que el aire le faltaba. No entendía qué estaba ocurriendo. La noche anterior todo había ido como siempre, y ahora las malas noticias caían unas tras otras.

No. No estaba en condiciones de lidiar con eso ahora. No se sentía capaz.

-Necesito aire -dijo ella, girando sobre sus talones para arrancar de ahí.

Salió convertida en un torbellino de la habitación, sin notar que detrás iba Draco también, siguiéndola de cerca. Alcanzó a llegar a la mitad del pasillo cuando él la tomó del brazo para retenerla.

-No es lo que piensas -explicó con voz grave y solemne -. No es necesario que huyas.

Ella se removió furiosa.

-Suéltame Malfoy -advirtió con los ojos como rendijas-. Me quedó claro que estas dos semanas han sido un juego para ti.

Él gruñó molesto e inconscientemente, intensificó el agarre, provocándole un quejido.

-No lo fueron -la corrigió, arrastrándola para atraparla contra la pared, apretándole los hombros con los dedos para evitar su escape-. Recuerda que yo ya no te miento. Lo sabes.

-¿Entonces? -demandó Hermione, altiva -. Te escucho.

Malfoy abrió la boca y la volvió a cerrar, contrariado, como si no pudiera encontrar las palabras precisas para explicarle qué diablos estaba ocurriendo. Sin embargo, justo cuando se disponía a hablar, una tercera voz los interrumpió.

-Quítale tus pezuñas de encima o no respondo.

Los amantes giraron la cabeza en dirección al ruido, encontrándose del otro lado del pasillo con Ron Weasley, que desde el final, empuñaba su varita contra el rubio, malinterpretando la escena. Hermione sentía que estaba cayendo en un hoyo negro en movimientos espirales. La situación empeoraba a más no poder y tenía unas náuseas horrendas. Todo tenía que ser una pesadilla. Eso no podía estar ocurriendo.

-Si ella quisiese que se las quitase, ya me lo habría pedido, comadreja inoportuna -replicó Draco entre dientes-. Y no te metas donde no te llaman.

Hermione percibía la garganta apretada y no tenía idea cómo salir de esta. Ron se había puesto casi violeta de indignación y se acercaba a largos trancos, dispuesto a trenzarse a golpes con su rival. Si las miradas matasen, ambos ya estarían bajo tierra.

Pero Draco Malfoy estaba corriendo contra el tiempo y no había espacio para pelear.

-Lo siento –le susurró con un aire devastado, volviendo su atención a la muchacha-. Son tantas cosas las que te quiero decir, pero no podré hacerlo. Hay algo que no preví y ahora es demasiado tarde. Solo ten claro esto.

Y la besó.

La besó chocando sus labios con fuerza e intensidad, para luego separarse con la misma rapidez con que la abordó, no sin antes musitarle al oído un franco "y yo a ti". Ron Weasley había quedado petrificado en pleno avance con la secuencia, tan sorprendido como ella misma. Pero ninguno tuvo tiempo de reaccionar, ya que el rubio la tomó inesperadamente por los hombros y la empujó contra su enemigo acérrimo, quien la atajó a duras penas, rebotando ambos en el suelo.

-¡Afírmala Weasley! -le ordenó con urgencia-. ¡Por lo que más quieras, no la vayas a soltar!

Y entonces pasó.

Por la camisa de Draco, a la altura de su pecho, se notaban seis brillos que comenzaron a crecer y a crecer, dificultando la vista cada vez más. Hermione palideció al entender las implicancias del hecho, porque esa escena la había visto antes, tanto en la vida real como en sus pesadillas. "La séptima prueba" apareció en su cabeza como una revelación, y a toda prisa trató de levantarse para correr a sus brazos y evitar su partida o irse con él.

Pero no alcanzó a ponerse de pie porque unos brazos se cernieron alrededor de su cintura.

-¡Suéltame Ron! –vociferó enloquecida -. ¡Déjame ir!

La luz se esparcía por todo el pasillo y se tornaba cada vez más oscura, más densa, logrando ocultar poco a poco la silueta de Malfoy. Desesperada, le dio un codazo a Ron en la boca del estómago liberándose de su agarre, pero ya era demasiado tarde para cualquier maniobra. Un campo de energía negra había cercado al rubio, para luego desvanecerse junto a él en una implosión que la hizo trastabillar y desplomarse de rodillas, succionada por su fuerza.

Hermione temblaba, percibiendo como lágrimas caían desde sus ojos desorbitados.

Pues lo había perdido...

…y esta vez, podía ser para siempre.

.

Continuará…