Disclaimer: Sólo el drabble me pertenece.

Claim: Edward/Carlisle.

Summary: Desde hacía algún tiempo que Carlisle Cullen había aprendido cuál era la mejor medicina.

Notes: Drabble, 382; Slash; Cítricos; Dedicado a Janelle Mindfreak (porque ama el E/C tanto como yo).


Medicina.

Todos los días recordaba la amargura que sintió en el corazón cuando pensó que Edward Mansen moriría. Se decía que no hubiera soportado ver morir a la imagen que él tenía de un hijo.
Y se hubiera perdido tanto.
Se hubiera perdido un compañero de cuarto, un compañero de trabajo, un amigo e incluso un maravilloso amante.

Suspiró y deslizó las manos por el escritorio, a su mente vinieron los recuerdos de la noche pasada (y la anterior a esa, y la anterior, y la anterior) cuando Edward le tocaba ahí y en otras partes.
La madera se sentía fría, aún en comparación con su cuerpo, (quizás era que no se sentía tan tibia como la piel de Edward cuando le susurraba cosas al oído y le abrazaba más fuerte de lo posible, no era la tibieza a la que estaba acostumbrado cuando los labios vagaban).

Durante muchos años de su vida estuvo pensando que la soledad sería su única compañía, pero se equivocó terriblemente. Cuando Elizabeth Mansen le dijo que hiciera todo lo posible porque su hijo se salvara y fuera feliz, él supo que haría todo cuanto estuviera en sus manos para salvar a ese chico.
Hizo mucho más. Lo mantuvo feliz, satisfecho con la vida (y con vida, me refiero a vida sexual, mucha y fuerte) y con una sonrisa en la cara (de esas sonrisas que se plantan en tu boca luego de un buen sexo).

—Veo que te gusta recordar —le dijo Edward, para luego besar su cuello.
—Nunca se deben olvidar las cosas, Edward —le responde.

Y sin darse cuenta (o totalmente consciente, mejor dicho), estaban uno sobre el otro, tocándose sin ningún límite, no había ningún obstáculo entre sus cuerpos, las manos volaban por la piel y los jadeos de excitación eran la música que se tocaba en el piano (más específicamente, arriba del piano) y la pasión se desbocó en un juego tosco y rápido, furioso pero a la vez delicado, ese toque que sólo el otro podía tener.
Se frotaban al compás de la música grabada en sus mentes y las lenguas jugaban juntas, mezclándose y entrelazándose en una danza repleta de instintos.

Desde hacía algún tiempo que Carlisle Cullen había aprendido que la mejor medicina es el sexo.


Hola :)

Meli, va para ti con mucho cariño, por escribir tan bien y por amar tanto esta pairing (L) Sé que no se puede comparar —ni en un millón de años— con lo que tú escribes, pero espero que te haya gustado.

Besos.