Disclaimer: Clover y todos sus personajes pertenecen a CLAMP.

Cap. 1 "Monstruos"

- ¡Rápido! Corran a la recámara y ocúltense. ¡Rápido, rápido!

Mi hermano me toma de la mano y corremos juntos hacia el cuarto. Nos quedamos entre la cama y la pared, agachados, escondiéndonos de quién sabe que cosa. Es lo que nos ha dicho mamá. Mi hermano me toma muy fuerte de la mano y yo a él. Miramos en dirección a la puerta. Las luces del resto de la casa comienzan a apagarse una por una. Es mamá quien corre de habitación a habitación apagándolas y cerrando las ventanas. Ahora todo está oscuro. Entra corriendo a la recámara, cierra la puerta y luego va y se sienta junto a nosotros. La abrazamos. Está temblando y con los ojos cerrados.

De pronto, pequeñas luces comienzan a moverse por las paredes. Son lámparas, desde el exterior. No necesito verlos para saber quienes son. Son del ejército. Y tampoco necesito que me digan a que vienen. Puedo conocer sus intenciones. Son muchos y no puedo contarlos. Pero mi hermano ya lo hizo, son más de 50. Lo sé sin que me lo haya dicho. Dice mi madre que es porque somos gemelos. Por eso podemos saber todo el uno sobre el otro. Y ahora, lo que siento es mucha furia. Mi hermano está enojado. Suelta a mi madre y se levanta.

- ¿Qué estás haciendo? - Mi madre susurra al hablar. - ¡Ven aquí!

Mi hermano continua caminando hasta llegar a la puerta y la abre. Luego voltea y me mira a los ojos. No necesitamos luces para mirarnos.

- No dejaré que te hagan daño, hermano.

Abre la puerta y sale de la habitación. Un vidrio se rompe. Ya entraron, pero solo algunos. El resto se quedó afuera, haciendo guardia. Comienzan registrando la sala, apuntando a todos lados con sus lámparas, que en realidad son largos rifles. Mi hermano se dirige hacia ellos. Su pensamiento se ha vuelto tan oscuro que ya no puedo leerlo. ¡Tengo que detenerlo! Suelto a mamá y corro hacia la puerta.

- ¡NO! ¡Regresa!

- No te preocupes mamá, - sonrío, aunque sé que ella no puede verme - estaremos bien.

Corro hacia la sala. Demasiado tarde, oigo varios gritos y los soldados han comenzado a disparar. El resto de los soldados que estaban afuera tiran la puerta y comienzan a entrar. Cuando por fin llego a la sala, ya hay 6 hombres muertos y mi hermano no tiene intenciones de detenerse. Incluso... parece que lo disfruta.

- ¡DETENTE!

Mi grito resuena en toda la casa. A continuación, el silencio. Los soldados dejan de moverse, mi hermano, quien tenía sus manos estiradas hacia un hombre que misteriosamente flotaba en el aire, baja sus manos. El hombre cae y el seco sonido de su cuerpo contra el piso es lo único que rompe el silencio. Tose un poco. Y luego, todos es silencio nuevamente. Mi hermano camina hacia mí y me abraza.

- No quiero que te pase nada hermano. - Me abraza fuerte y comienza a llorar. - Yo te protegeré. No dejaré que te hagan nada.

- No... - comienzo a dudar. ¿Realmente hace esto por mí? - No debes hacerles daño. Ellos no son malas personas. Por... por favor.

Mi madre se ha levantado y viene hacia acá. Un hombre hace una señal con su lámpara. Todos los demás, bajan sus armas. Mi madre nos abraza.

-¡Ya les dije que no les daré a mis hijos! ¡VÁYANSE! - Mi madre grita hacia la oscuridad. Ella no puede verlos, como nosotros.

- Señora... - uno de los hombres, el mismo que les ordenó a los otros, comienza a hablar. - Esto no es por usted, ni por sus niños. Es por la seguridad de nuestro mundo. Sus niños tienen habilidades especiales y no podemos dejar que anden sueltos por ahí, ¿entiende? Necesitamos que vengan con nosotros, hacerles unas pruebas, no les haremos daño. Usted podrá verlos cuando quiera y además le pagaremos...

- ¡No me importa el dinero!- Mi madre nos abraza aún más fuerte.- ¡Mis hijos no son unos monstruos! Mis niños no...

El hombre que habló camina hacia el interruptor de luz. No, por favor, no lo hagas, no enciendas la luz. Cierro los ojos y entonces todo se ilumina. Mi madre deja de hablar de repente. No abro mis ojos, no necesito hacerlo. Yo ya lo había visto todo desde que había llegado aquí. Noto como los brazos de mi madre pierden un poco de fuerza. Ya no nos abraza como antes.

La sala está completamente destruida. El sofá, partido a la mitad en un rincón, como si hubiera sido arrojado con fuerza hacia la pared. A un lado del sillón, un hombre yace sobre el suelo. Bajo su cuerpo, una enorme mancha de sangre que avanza hacia nosotros. Un hombre más está clavado a la pared con pedazos de los vidrios de la ventana que rompieron. Uno en cada extremidad y otro en la frente. Su cara es irreconocible, está completamente cubierta de sangre. Otro junto a la puerta, con su arma retorcida en torno a su cuello. Uno más en la entrada de la cocina. Sus pies dan hacia nosotros, por lo que mi madre no puede ver que su cabeza está junto al refrigerador, muy lejos de su cuerpo. Hay otros dos afuera de la casa, que fueron lanzados por la ventana, pero mi madre no puede verlos. Y el hombre que mi hermano sostenía en el aire, tiene el cuello rojo y su brazo cercenado a la altura del codo. Trata de detener la hemorragia con la mano que le queda.

El hombre que encendió la luz no había visto la escena tampoco. Se la imaginaba, pero no la había visto. Y veo el miedo en sus ojos. No importa si son grandes y pequeñas, no importa si son cobardes o rudas como aquel hombre del ejército. Las personas siempre terminan mirándonos con miedo. Por eso mi hermano odia a todo el mundo. Por eso solo confiamos en... un pensamiento de repente ataca a mi mente. Miedo. La única persona en este mundo que no nos tiene miedo es... Abro los ojos y miro a mi madre. Sus pupilas tiemblan dentro de sus ojos. Ahora ella también. Nos ha soltado por completo y lleva sus manos a su boca. Quiere gritar pero no puede. Quiere llorar pero no puede. Nos mira y ahora su mirada es la misma que el resto del mundo. Nos teme, cree que somos unos monstruos. Mi hermano me toma de la mano y la mira fijamente. "No le hagas nada, por favor. Es nuestra madre". Mi hermano se gira hacia mí y me mira. No es necesario que le diga nada, solo con pensarlo él lo sabe. Mi madre dice que es porque somos gemelos. "Ya no podemos estar aquí hermano, y lo sabes". Afirmo con la cabeza. Este ya no es un lugar seguro para nosotros. Supongo que iremos con los soldados. Mi madre no ha dicho nada, pero ya lo ha decidido. ¿Y a donde podríamos ir nosotros solos? "No importa donde estemos, lo importante es que estemos juntos". Es lo que piensa mi hermano y me toma más fuerte de la mano. Supongo que tiene razón. Además, los soldados no son malas personas...

- Lle... llévenselos.

El soldado que encendió la luz le hace una seña a otro. Este trae una maleta, llena de dinero.

- Gracias por entender, señora. Le traeremos pronto noticias de sus hijos, y donde y cuando podrá verlos. - Comienza a abrir la maleta. - Le daremos...

- ¡No me importa el dinero! ¡LLÉVENSELOS!

Mi hermano aprieta los puños. "No le hagas nada, por favor". Se contiene un poco. Me mira y me abraza. "No dejaré que te hagan daño, hermano. No importa si es nuestra propia madre, no perdonaré a nadie que te lastime".

El soldado vuelve a cerrar la maleta y la coloca junto a la puerta. Ayuda a levantarse al hombre que está en el suelo, sin un brazo y al salir les hace una señal a los demás. Todos comienzan a salir y uno de ellos se acerca a nosotros.

- Vengan por aquí, por favor.

Tomados de la mano, comenzamos a caminar hacia afuera. En la entrada, me detengo y volteó a ver por última vez a mi madre.

- Adiós mamá.

No me responde, ni siquiera me mira. Su mirada está fija en un punto junto a la puerta. Ah, claro, la maleta del dinero. Me pregunto cuanto valemos, pero no cuento el dinero. Pero sé cuanto es. Mi hermano si lo contó y por eso sé cuanto es. Mi madre dice que es porque... creo que eso ya se los dije. Mi madre podrá vivir sin preocupaciones toda su vida. No la volveremos a ver nunca, de eso estoy seguro. Pero me alegra que vaya a estar bien. Supongo que debo alegrarme por ella...

Continuará...