La noche había caído sobre Konoha. Los árboles se movían agitados en lo más profundo del bosque. El viento se arremolinaba con fuerza. Era uno de esos días, antes de caer una tormenta.

Una ojiperla yacía sentada sobre una roca. El viento mecía sus cabellos suavemente, despegando el flequillo de su cara. Las lágrimas se asomaban por sus ojos. Apretó los ojos con fuerza intentando contenerlas, e intentando olvidar a aquel rubio que ocupaba sus pensamientos día y noche.

Le había confesado todo lo que sentía a aquel cabeza hueca, sin embargo, él permanecía impasible, cegado por la pasión hacia Sakura. Y no había nada más que hacer. En ese momento no le importaba morir, nadie la echaría de menos en Konoha. Sin embargo, ése sería el camino fácil y había aprendido a no rendirse jamás. Se había vuelto lo suficientemente fuerte como para aprender a enmascarar su dolor.

Se limpió las lágrimas de sus ojos y se dispuso a irse a casa. Ya era tarde, y no querría preocupar a Neji.

Algo se movió entre los árboles provocando que la ojiperla se pusiese alerta. Utilizó su Byakugan para ver más allá, sin embargo, no pudo evitar ser emboscada por cuatro hombres que se habían acercado sigilosamente hacia ella.

-Vaya, vaya, mira lo que tenemos aquí. Que preciosidad.-Dijo el primero acercándose a ella con una mirada de lujuria en sus ojos.

La miraron con cara de depravados, y ella se sintió sucia. Las sonrisas se extendían por la cara de aquellos indeseables.

-Ésta es para mí. –Decía uno de ellos mientras se intentaba desabrochar la bragueta de los pantalones.

Que tonta había sido…quedarse en el bosque ella sola era lo más peligroso que podía haber echo. Si se hubiera ido a casa hace horas….

Se colocó en posición de ataque. No iba a rendirse sin luchar. Cuatro hombres eran demasiado pero aún así….

Uno de ellos se acercó con una navaja. Hinata lo golpeó fuerte en el pecho, provocando que aquel indeseable cayese al suelo.

-¡Maldita zorra!!! Gritó otro asestándole un golpe en la cara, que hizo que cayese al suelo quedando sin conocimiento.

Un hilillo de sangre, salió lentamente de su boca.

-Vamos, hay que darse prisa antes de que venga alguien. ¡Sujétala!!!

El más fornido de los cuatro la sujetó por los brazos evitando cualquier tipo de movimiento. Intentó patalear, pero no le sirvió de nada, otro la había sujetado por las piernas.

-Primero yo.-Decía uno de los hombres mientras le rasgaba la ropa con la navaja y se la hacía jirones. Comenzó a desabrocharse el pantalón…

Iba a ser su fin…Apretó los ojos para evitar verlo.

-Adiós Naruto….

Mientras se iba abandonando a su cruel destino, las lágrimas se escaparon de sus ojos.

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Un pelirrojo caminaba por el bosque. La presión de maestro kazekage le restaba mucho tiempo para pensar. No hacían más que atosigarle, y necesitaba estar sólo de vez en cuando. Sus ojos aguamarina, reflejaban una profunda tristeza y soledad, y el haber vivido como una persona fría y despiadada.

Un grito profanado desde lo más profundo del bosque, lo sacó de su ensimismamiento.

En realidad no es que le importase mucho….sin embargo, la curiosidad se adueñó de él, acercándose al lugar.

Escondido tras unos árboles, observó como cuatro indeseables intentaban violar a una muchacha. Ella no paraba de moverse intentando dar patadas, sin embargo era inútil todo aquel esfuerzo de zafarse de ellos.

La rabia se apoderó de él cuando vió como uno de ellos la golpeaba con furia en la cara.

Él nunca había tenido sentimientos por nada ni nadie, pero nunca se le habría ocurrido golpear de esas formas a una chiquilla desvalida.

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-¡Te mataré como no te calles!!!Chilló uno amenazándola con la navaja en el cuello.

-Ni siquiera sabes usarla. ¿Acaso presumes de tu existencia?

Los agresores se giraron inmediatamente para ver de donde provenía aquella espeluznante voz.

Con la navaja en alto, uno de ellos comenzó a temblar.

-¿Tenéis miedo?¿Tenéis miedo de mi existencia?

-¿Dónde estas?¡Sal donde pueda verte cobarde!!!!!

Decía otro con la navaja el alto.

-¡Vamos venga sigue que no era nada!!

Mientras volvía a su labor, unos penetrantes y terribles ojos aguamarina surgieron de la nada.

-¿Quién…..quién eres tú?-Preguntó uno de los hombres temblorosos.

-Yo soy tu propio miedo. Y sólo vivo para eliminar.¿Quién de vosotros irá primero?

La arena comenzó a formarse alrededor de las piernas de los agresores. Mientras intentaban zafarse de ella, la figura permanecía quieta y fría delante de ellos sin mover ni un dedo, con los brazos cruzados.

La arena terminó por cubrirlos enteros, tras gritos de dolor y angustia.

El pelirrojo se humedeció los labios con su lengua, y sonriendo de forma maquiavélica, estiró su brazo y dobló sus dedos hacia la palma de su mano.

-¡Funeral del desierto!!!!

La arena que comprimía el cuerpo de los agresores, explotó en varias direcciones, haciendo que saltasen en pedazos.

Sabaku No Gaara contempló el cuerpo de la joven que yacía en el suelo.

La recordó como aquella Kunoichi de Konoha que se enfrentó en los exámenes para Chunnin.

La muchacha abrió sus ojos despacio. Apenas veía nada, pues su visión estaba borrosa debido al golpe.

Algo en el interior del kazekage, le impidió dejarla así, tirada e inconsciente. Sus ojos aguamarina penetraron en su frágil cara de porcelana y vislumbraron aquellos hermosos ojos color perla.

Se sonrojó al ver que la muchacha estaba en ropa interior, con la ropa echa jirones. Recuperó la compostura, al fin y al cabo, él era una persona de corazón y mente fríos, que jamás sentiría nada por nadie.

Por una vez en su vida, la compasión se apiadó de él y se desprendió de su largo abrigo granate, para cubrir el cuerpo de la chica.

Se arrodilló y la tomó en brazos. Ella instintivamente se aferró a su pecho, tapándose con su abrigo.

Pero…¿Dónde vivía esa muchacha?

Ella estaba demasiado débil como para hablar, así que lo mejor sería….llevarla a su casa por aquella noche. No sabía curar heridas, ya que nunca las había tenido. Necesitaría la ayuda de sus hermanos.

El kazekage entró en su casa ya de madrugada. Sus hermanos permanecían sentados en el sofá.

-Qué pronto has llegado hoy de tu paseo rutinario Gaara. –Dijo Kankuro desde el otro lado del sofá.

-Kankuro, Temari, ayudadme.

-¿Eh?

Temari casi se cae del asombro al ver que Gaara traía a alguien en brazos, cubierta por su abrigo. No podía creerse que su hermano pequeño se molestase así por alguien.

Ambos fueron a ayudarlo con la chica. Temari observó el rostro de la dulce niña.

-Pero, ¿Ésta no es la heredera de los Hyuga?¿Y por qué está así?

-Estaban intentando violarla. –Dijo el pelirrojo.

-Pobre chica….La llevaremos a mi habitación. –Dijo Temari.

Mientras tanto, Kankuro ayudaba a Gaara a subirla por las escaleras.

La echaron en la cama. Estaba llena de golpes y arañazos, y seguía inconsciente. Temari le quitó el abrigo de Gaara cuidadosamente, para taparla con las sábanas de su cama.

-¡Kankuro!!!¡Trae algo para desinfectarle las heridas! Yo mientras tanto, le traeré algo de ropa.

Sabaku No Gaara observó el rostro de la chica por un instante. La verdad es que era muy hermosa. Retiró con cuidado el pelo que cubría su cara sin que sus hermanos lo vieran. Acercó su mano con cuidado para limpiar el hilillo de sangre que salía de su boca.

La muchacha se movió con un espasmo, abrió lentamente sus ojos, para volverlos a cerrar de nuevo.

-¿Qué era esa sensación que recorría el cuerpo del kazekage? Algo que jamás había sentido, ¿Sería compasión?¿Quizás pena?

Un torbellino de emociones lo recorrieron en ese instante en que la había tocado.

Abandonó la habitación furioso consigo mismo por comportarse de esa forma. Él nunca había tenido sentimientos por nadie, sin embargo en el momento en que la vió, algo en su interior lo cubrío de una embriagadora sensación. Maldiciendo salió de casa dando un portazo.

-¿Qué le pasa a Gaara?-Preguntó Kankuro mientras limpiaba las heridas de la chica.

Temari sonrió, quizás porque conocía a su hermano mejor que nadie, y sabía que algo turbaba su interior. Gaara era una persona fría y despiadada, pero Temari sabía mejor que nadie, que en realidad se ocultaba tras una fachada que él mismo se había forjado bajo esa apariencia, sin embargo, era una persona enigmática y que deseaba conocer lo que era el amor de los demás.

-Quizás esta vez por fin aprenda a preocuparse un poco por los demás. Sonrió despreocupada.

Hinata abrió los ojos pesadamente. Se encontraba cálida y a gusto, en una extraña estancia que no era su habitación.

No recordaba como había llegado ahí. Se levantó un poco hasta quedar recostada y se apoyó contra el respaldo de la cama. Miró alrededor miró la ropa que llevaba. Definitivamente no era la suya. Estanterías de libros ocupaban la habitación, y por la ventana, entraban los rayos de un sol abrasador.

Apoyó sus muñecas en la cama para levantarse. Le dolían mucho. Luego observó las marcas amoratadas y recordó lo sucedido, aunque no sabía que estaba haciendo ahí….

-¿Ya estás despierta? Has dormido mucho…

Ante ella estaba Temari con los brazos cruzados, sonriendo porque al fin había despertado.

-¿Qué…Qué pasó?Preguntó Hinata con cierto temor.

-Al parecer intentaron violarte en el bosque. Gaara te trajo aquí. Estabas muy malherida cuando te encontró.

-¿El….el señor Kazekage me trajo aquí?

Temari asintió.

-¡Lo siento! Se apresuró a decir Hinata sonrojada agachando su cabeza en señal de disculpa. No quería ser una molestia…

-No te preocupes…Por cierto, ¿No eres tú la heredera de los Hyuga? ¿La que se presentó a los exámenes Chunnin y acabó malherida?

Hinata asintió.-Me llamo Hinata.

-Creo que ya me conoces, Soy Temari.

-Gracias por…cuidarme.

Hinata se levantó de la cama, pero las piernas le fallaron y se cayó directa al suelo.

-Tómatelo con calma. No hay necesidad de salir corriendo.

-Debo ir a casa…

-Aún estás muy débil. Será mejor que te quedes aquí. Yo debo ir a la villa oculta de la arena, he quedado con Shikamaru. Si quieres, iré a tu casa y le diré a tus padres que estás aquí, seguro que estará preocupados.

-Si, seguro….

Hinata no dijo nada, pero no pensaba que sus padres se preocuparían por ella. En realidad, pensaba que nadie la echaría de menos.

Temari notó algo de tristeza en su voz.

-Bueno, yo me marcho. Gaara está en una reunión y Kankuro se ha ido no se donde. Quédate aquí y si quieres comer algo, la cocina está abajo.

Por cierto, puedes darte una ducha si quieres y ponerte mi ropa.

-¿Es…es tuya?

-Si. Pero no te preocupes, puedes llevarla puesta. ¡Hasta luego!!

Temari salió de la habitación a toda prisa dejando a Hinata sobre la cama.

SE levantó como pudo y se fue hasta la cocina, donde preparó algo para comer. Estaba realmente hambrienta.

Decidió darse una ducha, como le había dicho Temari. Buscó por toda la casa donde podía estar el baño, y así de paso observaba aquella casa del kazekage donde nunca había estado.

Descubrió un baño en una de las habitaciones. Era la habitación del kazekage. En ella, había una calabaza apoyada sobre una esquina y una foto donde estaban los tres hermanos cuando eran pequeños. Kankuro y Temari sonreían, sin embargo el kazekage estaba serio. Parecía triste y solitario. Sus ojos reflejaban la melancolía.

Pensando que quizás no apareciese debido a los serios asuntos que debía tratar un kazekage de su puesto, decidió darse una ducha.

Entró dentro y se fue quitando la ropa, quedandose frente al espejo observando su cuerpo lleno de magulladuras. Abrió el grifo y comprobando la temperatura del agua con una mano, se metió dentro.

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Había llegado a casa antes de lo normal. Llamó a sus hermanos al entrar, pero no contestaba nadie. Decidido se fue a su habitación, y comenzó a quitarse la ropa arrojándola por todas partes. Abrió la puerta del baño para darse una ducha fría y se quedó helado.

Hinata soltó un pequeño grito al encontrarse al kazekage de frente, desnudo, mientras ella se tapaba como podía con una toalla.

La reacción del kazekage fue de darse la vuelta y cerrar la puerta del baño. Se vistió a toda prisa y salió de la habitación.

-¿Qué había pasado ahí?

Se había encontrado a Hinata completamente desnuda, y él, incluso se había sonrojado un poco, aunque intentase disimularlo. Sonrió perversamente dibujando una lasciva imagen en su mente.

-¿Qué hacía ella en su baño?

Intentó leer algo, pero estaba demasiado distraído como para concentrarse. En su mente se dibujaba una perfecta figura de una muchacha desnuda, con su pelo cayendo suavemente sobre su perfecto pecho e intentando taparse con una toalla.

Una reacción de calidez lo embriagó de nuevo, pensando en aquella muchacha. Era muy hermosa. Intentando quitarse esas ideas de la cabeza fue al mueble bar y pegó un trago de whisky.

-Esto…

Gaara se dio la vuelta. Ahí estaba ella de nuevo con la ropa de Temari puesta. No se había dado cuenta de que su hermana llevaba una ropa un tanto provocativa, hasta que vió a Hinata con ella.

-Perdone señor Kazekage…es que su hermana dijo que podía darme un baño y…

-Y no tenías otro sitio que hacerlo en mi habitación. Dijo Gaara con una voz que rozaba la frialdad.

-Lo siento mucho. Dijo Hinata a modo de reverencia. No sabía que…

-Olvídalo. Dijo el pelirrojo mientras se levantaba del sofá.

-¡Espere!!!-Dijo Hinata antes de que Gaara subiese las escaleras. El pelirrojo se dio la vuelta algo ofuscado.

-Gracias por haberme salvado anoche….

-Cualquiera lo hubiese hecho. Dijo éste último con un tono carente de sentimientos.

Mientras el pelirrojo subía por las escaleras, Hinata no pudo evitar sonrojarse al recordar el cuerpo del kazekage. Era precioso, como un muñeco de porcelana tan delicado que podría romperse en cualquier momento. Con esos frágiles y hermosos ojos aguamarina…

Hinata se llamó tonta a sí misma por pensar de ese modo en el señor kazekage, sin embargo algo en su cuerpo le decía que estaba comenzando a sentir algo por él, no sabe si porque él la salvó, o porque era atractivo, pero no pudo evitar pensar en él durante todo el día que ambos evitaron mirarse a los ojos. Hinata cansada de tanta incomodidad, salió al patio a entrenar, mientras el pelirrojo la miraba desde la ventana. ¿Cómo una criatura podía hacer que su existencia no fuese tan miserable?¿Cómo alguien por un momento lo había hecho sonreír?

CONTINUARÁ

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