Disclaimer: Los personajes no me pertenecen en los absoluto. Son propiedad de Ferderico Moccia, un genio italiano. La historia es mía, aunque es algo que Moccia pudo haber escrito; tal vez un momento perdido en la historia.

Nota: Para AnnaReyesW [la querida saltamontes-más-peque-que-yo] por darme este maravilloso regalo: presentarme a Federico Moccia y hacerme amar a Alessandro Belli. Baci!Y por betear esta historia.

Summary: Erica ha encontrado el verdadero amor.


Pensamientos


Habitación beige. Ella. Y él.

Ella, Erica, apenas puede pensar con claridad. Aún no se puede creer que todo esto haya pasado. Comenzó de la forma más inesperada; apenas por una casualidad. Porque claro, el destino quiso que él, Stefano, fuera tan tonto que olvidara el portátil en la basura. Y gracias a eso lo descubrió. Ya no era más el tonto sino su tonto.

Ella lo conoció primero, por decirlo de alguna forma, al leer esos bellos escritos que inundaron de calidez su corazón; las sensibles palabras de un desconocido la hicieron sentir más viva que las caricias y mimos de Giò, su novio de toda la vida.

En momentos así es que se pregunta por qué no lo conoció antes. ¿Por qué el destino es tan caprichoso? Igual le pasó a Niki con Alessandro y a Diletta con Filippo: se conocieron cuando menos lo esperaban. ¿Será que todo debe suceder en el momento exacto? ¿Será que el destino tiene un cronómetro en la mano?

Siente un movimiento. El brazo de Stefano se cierra más en torno a su cintura y la atrae hacía sí. Erica se deja llevar por él. Se pregunta qué estará soñando. ¿Soñará con ella? ¿Serán sus sueños tan bellos como sus escritos? ¿La amará en ellos con la misma intensidad y pasión que en la vida real, justo como acababa de pasar?

Erica detiene sus pensamientos y sonríe. El cansancio y el amor le han embotado la mente; comienza a divagar. Decide que lo más sensato es entregarse a los brazos de Morfeo y con un poco de suerte, soñar con el hombre de quien se enamoró antes de conocerlo… bueno, técnicamente hablando. Abraza a Stefano, cuidando de no despertarlo, y se acomoda de tal forma que su oído quede en el pecho desnudo de él, y que los latidos de ese corazón que ya es suyo la arrullen.

La madre de Erica duerme beatíficamente. Su hija está en casa de sus amigas disfrutando el din de semana. Al menos eso le dijo ella al salir por la tarde con mochila en mano. No hay por qué dudar. Confía plenamente en Erica.