¡Holaaa!

¡Si! No es un sueño, no solo estoy reapareciendo luego de mi hibernación, sino que además... ¡Escribí un Dramione! *Público se atraganta*

Lo se, nunca he escrito de esta pareja... pero llevo días con esta idea rondeando mi cabecita llena de imaginación y ¡voilá! cobró vida.

Por favor pido comprensión. Es mi primer Dramione... y no he leído casi ninguno, así que no me malinterprete señora lectora, cualquier semejanza con cualquier otro fic de este par es mera coincidencia. Y lo digo de verdad, porque a mi me gusta el Pumpkin Pie...

En fin, fic dedicado a la loca e hiperventiladora amante de las tésis Karix, va con todo mi corazón y será un fic un poco largo, espero no recibir muchos tomatazos :). Disfrute la lectura.

Disclaimer: JK es dueña de todo, inclusive de mi alma.

Advertencia: Esto contendrá rica y jugosa limonada, así que si no le gusta aquella fruta cítrica, siéntase libre de retirarse.

Cualquier crítica y aporte es bien recibido.

Capítulo 1:

"El día en que volviste a mi vida"

Las atestadas calles de Londres la molestaban mucho más de lo habitual, no es que ella fuese una amargada y ajetreada citadina que deseaba terminar luego con su trabajo, pero no era precisamente uno de esos días "buenos". Lo único que deseaba Hermione Granger era que aquellas veinticuatro horas pasaran tan rápido como el día en un anuncio de desodorante. Pero no, todo le jugaba en contra hoy, desde el clima – un calor infernal, no muy típico desde hace ya algunos años – hasta la idea de tener que hacer horas extras para ganarse el pan.

Muchos se extrañarían al ver a tan inteligente mujer, que siempre fue la primera en su clase, y con tan importante título en el ministerio de Magia haciendo malabares para conseguir un buen sueldo, pero las cosas no eran sencillas, más aun con una boca más que alimentar en casa…

Esa tarde debía terminar unos informes. Mañana a primera hora atendería en su oficina a un ejecutivo muy importante – O eso decían sus jefes, puesto que ella ni sabía el nombre del susodicho – para el financiamiento de un proyecto de mucha importancia, aunque no la suficiente para obtener fondos del ministerio. Al llegar a su oficina comenzó a redactar como loca, sin ánimos a descanso, tenía que llegar temprano a casa.

-Hermione – escuchó desde la puerta, ella ni siquiera alzó la mirada - ¿No paras a desayunar?

-Lo siento Harry… - respondió resoplando – Necesito terminar con esto para mañana a primera hora.

El ojiverde tomó asiento frente al escritorio en el que su amiga escribía con tanto ímpetu, dejando en él una taza humeante de café y unos pastelillos. No era raro verla trabajar tanto, pero ella necesitaba descansar o se volvería loca. Su vida no solo dentro de la oficina, si no también en su casa era muy movida, nunca tenía tiempo para nada, lo que era absolutamente preocupante por la mala calidad de vida que estaba teniendo.

- ¿No has pensado en… – comenzó el hombre de lentes, no muy seguro de lo que iba a preguntar - …pedirle ayuda al padre de Emily? Digo... necesitas descansar más…

- No – interrumpió la castaña, dejando a un lado la pluma y mirando a Harry rotundamente – Emily no tiene padre. Yo soy madre y padre para ella.

- Hermione no seas orgullosa por Merlín – insistió – estoy seguro de que anoche ni dormiste…

Ella masajeó sus sienes, agotada. Sabía que Harry tenía toda la razón, pero era su orgullo, su dignidad de mujer… la seguridad de su pequeña hija…

- Mira Harry… desde hace mucho tiempo que no veo a… ese – carraspeó incómoda – No necesito ni su dinero ni su compasión.

- ¡Si lo necesitas! ¡Ni siquiera pudiste estudiar luego de Hogwarts por quedar embarazada tan joven!... Así ganarías un sueldo mejor Herms… al menos consideralo.

Ella bebió tranquilamente de la taza de café. Harry supo que eso era un NO.

- Bueno, tengo que irme – Harry se levantó de la silla, se acercó a su amiga y la besó en la frente – Saludos a Emy de mi parte. No te esfuerces demasiado.

La castaña le sonrió, viendo como su amigo desaparecía por arte de magia. Sorbió otro poco del café que tanto la animaba… pero después de la pequeña conversación con su amigo le supo diferente… Era evidente para ella que tenía carencias en relación al dinero, más aun luego de la muerte de sus padres, pero al menos contaba con sus amigos para sobrellevar los problemas. Necesitaba hacer algo para mejorar su situación, y lo único realmente accesible era el trato para mañana. Su estabilidad económica estaba en juego…

OoOoOoO

La atacaba esa desagradable migraña. Esa que llegaba incesante para quedarse escondida en su cabeza, apoderándose de ella, como burlándose de la mala racha, por tener que quedarse a trabajar hasta la noche. Era tarde, debía llegar a casa lo antes posible, ni tiempo tenía para beber una poción que le aliviara esa fuerte presión en su cesera. Tomó delicadamente los informes ya listos para ser entregados, los colocó con cuidado en una carpeta, y tomando su varita y su bolso se desapareció en un abrir y cerrar de ojos.

Apareció frente a la puerta de su casa, esa casa que era todo lo que tenía de sus padres, revolvió su bolso en busca de las llaves mientras maldecía entre dientes el dolor de cabeza que la consumía. Al abrir la puerta intentó hacer el menor ruido posible, dirigiéndose a la única habitación con iluminación visible en la casa: La cocina.

Cruzó el umbral y encontró a una pelirroja rechoncha durmiendo entre sus propios brazos apoyados en la mesa de la cocina.

- Molly… - Movió un poco a la señora para que despertara.

La mujer se levantó sobresaltada, llevándose el corazón al pecho cuando reconoció a Hermione.

-Por Merlín, querida, no me des esos sustos…

-Siento llegar tarde… te agradezco tanto que hayas traído a la niña. No tuve tiempo…

-Eso lo sé, no tienes que disculparte por nada… Ella duerme. Nada es imposible para una mujer que ha tenido ya siete hijos.

Hermione sonrió, conduciendo a Molly a la puerta para que desapareciera hacia la Madriguera. Luego de esto se dirigió a la primera habitación subiendo la escalera y sigilosamente encendió la luz. Un cuarto pequeño, pero muy acogedor se hizo presente, un rosa pálido predominaba en el ambiente y una cuna pequeña decoraba en mayor atención la estancia. En su interior un pequeño bulto dormitaba plácidamente… la madre sonrió orgullosa.

Antes de acostarse bebió la poción para la migraña, el día siguiente sería definitivo.

OoOoOoO

No era su culpa, ella estaba segura. Tenía la certeza de que estaba pagando un karma muy horrible de alguna vida anterior, o tenía un mal de ojo de alguna Slytherin maliciosa desde el colegio… No era posible que con tanto trabajo, tantas horas invertidas, tantos dolores de cabeza y cafés cada treinta minutos su maldito despertador no haya funcionado, y si funcionó ella estaba muy, muy lejos de haberlo oído. Al menos no se había quedado dormida tanto tiempo, solo tenía diez minutos para vestirse, arreglarse, enlistar todo, preparar a Emily, ir a dejar a la niña a la madriguera…

Vale, estaba jodidamente atrasada…

No le quedaba otro remedio que ir con su hija a la oficina, total si utilizaba en ella algún hechizo tranquilizante no molestaría a la hora de entrevistarse con el ejecutivo. Decidida enlistó a Emily y se desapareció con la niña y los informes bajo el brazo.

Cuando apareció en su oficina notó que aún quedaban algunos minutos a su favor, colocó a Emily en un rincón sobre su coche y con un movimiento de varita la ocultó bajo un velo relajante.

-Tranquila amor – dijo, dulcemente – con eso no llorarás, aguanta por favor…

Terminó de maquillarse y ordenó las carpetas, improvisadamente dibujó una sonrisa en sus labios…

Pero fue una sonrisa endeble, efímera.

Fue en ese instante en el que el infinito rechine de una puerta vieja, que Hermione Granger se dio cuenta que la vida no la quería, que algo cargaba su alma o que simplemente le tocó un calvario más grande que a cualquier mortal promedio. Es que… por Merlín… simplemente ¿Por qué a ella? No era mala persona, siempre trataba de ayudar a los demás. Ahora su día se desmoronaba en un instante, ese día que pensó sus sueños serían más fáciles de realizar…

En el momento en el que Draco Malfoy cruzó la estancia, con una sonrisa de medio lado, vestido con una elegante túnica de ejecutivo…

En el mismo momento en que la hija de ambos se quedaba profundamente dormida en la esquina del salón.

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Dele duro al go :)