Disclaimer: Nada me pertenece. Los personajes son de Stephenie Meyer, y este maravilloso fic es propiedad de Makiko Lime. Yo sólo hago el plagio con autorización. (?)

Summary: TH. Ella necesitaba tener experiencia, él podría dársela. ¿Estaría bien jugar a darse besos? Bella&Edward.

» Aviso desde antes que los personajes estarán con un poco de OoC, aunque intenté acercarlos a su personalidad lo más posible. Gracias.


Enséñame a besar

Original: Makiko Lime
Adaptación: Janelle Mindfreak


Capítulo 1


Soltó un gemido, agarrándose la cabeza con sus manos. ¡Oh, no! ¡Tonta, tonta, tonta Bella! ¿Cómo no pudo pensarlo? ¿Cómo no lo previno? ¡Estaba más claro que el agua! A él no le gustaban las chicas que no sabían besar, y ella era justamente una de esas chicas. ¿A quién se le ocurrió esperar a ese «chico indicado»? ¿A quién?

¡Qué ilusa!

Alice sonrió nerviosamente, acariciándole la espalda en un gesto de contención pero nada daba resultado, simplemente Bella se sentía demasiado desilusionada. Quería decirle: «Te lo dije», pero sentía que aquello era ya de ser muy mala amiga.

—Oh, no, no, no —gemía Bella, moviendo su cabeza en un gesto negativo, cómo aún no creyéndoselo—. ¡Dime que Ángela se equivocó! ¡Dímelo!

Alice simplemente cerró los ojos y pronunció dos palabras. Bella se puso azul, luego blanca y finalmente roja.

—¡No lo comprendo! —volvió a decir Bella, apoyando su codo en el pupitre y sosteniendo su mentón con la palma de su mano—. ¿No estaría encantado de ser el «primer beso» de una chica?

Alice se hincó, apoyando su mentón en el pupitre y encogiéndose de hombros, sin saber realmente qué contestarle. Eso realmente era extraño, ese muchacho verdaderamente tenía muy buena suerte con las chicas y cualquiera se sentiría honrado de besar por primera vez los labios de una joven.

Este mundo era una locura.

—¡Anímate, Bella! —saltó de pronto la de pelo en puntas, sonriendo con optimismo—. Sólo ten esperanza, ya sabremos qué hacer…

La chica de ojos chocolates alzó una ceja, mirándola como si estuviera pidiéndole que construyera un castillo medieval.

—¿Cómo quieres que tenga esperanzas si no sé besar? —murmuró bien bajo, no deseando que nadie escuchara pero en ese momento todos se habían quedado en silencio y las miraron con curiosidad.

Bella se sonrojó furiosamente.

—¡Hey, Bella!

Puso los ojos en blanco.

¡Ahora sí que su mundo se derrumbaba y todos estaban contra ella! ¡No podía ser que él viniera justo en un momento como este!

«¡Demonios, hoy no es mi día de suerte!»

—¿Qué quieres? —preguntó entredientes, fijando su vista chocolate en la verde del muchacho.

Él sonrió inocentemente.

—Me enteré que él te rechazó —contestó, sonriendo hasta mostrar sus dientes y desordenándole el cabello suavemente—. ¡Mira que no tiene suerte, eh!

Ella volvió a ordenar su cabello, de un color achocolatado y unas pequeñas ondas finalizando con rizos en las puntas. Era bonita, aunque ella no lo reconocía; su cabello era algo espeso y muy suave, casi como la seda. Rodeaban su cara de niña, que era algo pálida.

Unos ojos chocolates se oscurecieron de la frustración. Él y sus indebidos comentarios, cómo odiaba que se comportara a veces de esa manera.

—Cállate —murmuró con amargura, soltando un suspiro y pensando en cómo sería mejor asesinarlo: ahorcarlo o a golpes—. Y miren quién habla. Tanya también te rechazó.

El chico tomó una silla vacía y se sentó frente a Bella. Alice los miró divertida y luego se levantó, diciéndoles que iba al bufé a comprar algo.

—Tanya no me rechazó, simplemente no era de su tipo —se encogió de hombros y luego volvió a sonreír con burlería—. ¿Y por qué te rechazó? ¿Por tu cara de niña? ¿Por tu cabello? ¿Por tu cuerpo escaso de curvas?

Bella gruñó amenazadoramente y sin soportarlo más, lo golpeó en la frente. ¡Oh, estúpido idiota! ¡Qué ganas de molestar tenían algunos!

—¡Cállate, Edward! —la voz de Bella sonó un poco angustiada y el chico rápidamente adoptó una expresión seria—. Me rechazó porque… porque… —volvió a gemir, ocultando su rostro entre sus brazos—. ¡Porqué no sé besar!

Edward abrió los ojos y la miró confundido. ¡Tonterías! ¡Ningún chico con algo de cerebro dejaría escapar una oportunidad de besarse con una chica cómo ella!

Claro, puede que nunca se lo diga.

—¡Oh, qué excusa más barata! —concedió Edward, asintiendo levemente como si recién le hubiera llegado la razón a su cerebro—. Realmente te los buscas, ¿eh?

Bella lo miró de soslayo pero luego volvió a ocultarse entre sus brazos. Debía hacer algo, ese chico le gustaba mucho, demasiado… Estaba dispuesta a sacrificar su primer beso para que él la besara.

Sólo quería un beso, nada más.

Soltó un sollozo.

Edward la miró preocupado, mordiéndose el labio inferior. Al parecer ese chico le había pegado fuerte y odiaba ver a las mujeres llorar.

—¿Te gusta tanto? —fue lo único que pudo decir el joven, se encontraba bastante confundido por aquella reacción de Bella.

—¿Y tú qué crees? —recriminó Bella, dejando ver su rostro manchado por las lágrimas—. ¡Demonios, soy una tonta por llorar!

Edward soltó un suspiro algo cansado y buscó en el bolsillo de su uniforme un pañuelo. Se lo entregó fingiendo indiferencia, pero Bella parecía algo confundida por aquella pequeña amabilidad que no se veía mucho en él.

«Una vez al mes, aprovéchalo, Bella», se dijo la chica tomando el pañuelo con cuidado, pasándoselo por el rostro.

«Aprovéchalo», extrañamente, esas palabras resonaban constantemente en su cabeza. Todo el tiempo, como remordiéndole la conciencia, siendo cada vez más fuerte. Era extraño, pero una idea estúpida se estaba formando en su cabeza.

—Oye, Edward… —la voz, esta vez, le salió muy seria y madura para su gusto. Rápidamente, él la miró con curiosidad—. ¿Hace cuanto que somos amigos?

Él abrió los ojos, como no esperándoselo. ¡Oh, claro! ¡Era extraño que ambos reconocieran siquiera que eran compañeros y Bella venía diciendo desde hace cuánto que eran amigos! Bueno, él siempre la consolaba cuando se sentía mal porque su padre había fallecido, o cuando un chico —como ahora— la rechazaba.

Siempre le contaba muchas cosas y, aunque pelearan muy a menudo, estuvieron juntos en las buenas… y en las malas.

—¿Y eso qué tiene que ver?

—¡Respóndeme! —pidió Bella, pensando todavía en su estúpido plan que se había formado tan rápido en su cabeza.

«Quiero que sea atractivo».

Edward se encogió un poco, dándole miedo que gritara de esa forma.

—Desde… desde los tres —balbuceó confundido, esta vez estaba pensando seriamente en llamar a un especialista—. ¿Y qué con eso?

Una sonrisa dulce, tierna y amable se formó en los labios finos de Bella.

Huh, esa sonrisa no le gustaba para nada.

—Quiero que encuentres un amigo (atractivo sería mucho mejor), que no le interese besar por primera vez a una chica —respondió Bella con una gran sonrisa, mostrando sus dientes.

Edward la miró con ojos verdes, abrumado por lo que acabó de escuchar. Luego de unos segundos, conmocionado por la sorpresa, sacó su celular y buscó el número de Demetri, pero recordó que lo había borrado.

—¿Estás loca? —preguntó con suavidad Edward, mirándola como si de repente tuviera lepra.

—¡Pero, Edward! —exclamó Bella, sintiéndose algo desolada—. ¡Quiero tener, al menos una vez, una historia con un chico atractivo!

—¿No te querías besar al perro?

—¡Su nombre es Jacob! —recalcó Bella con indignación.

Edward sonrió un poco, encontrándolo divertido pero luego esa sonrisa se apagó con rapidez. ¿Qué debía hacer?

Miró a Bella, estudiándola detenidamente. Pasó de sus tupidas pestañas hasta la fina nariz, llegando a los rellenos pero delicados labios. Gruñó por lo bajo, desviando la mirada hacia la ventana, soltando un suspiro.

—¿Para qué quieres un amigo mío? —volvió a mirarla, esta vez sus ojos estaban algo oscurecidos y Bella se extrañó un poco.

Eso sólo sucedía cuando él estaba realmente muy enojado. ¿Cuál sería entonces ese motivo? ¿Será que…? Sacudió la cabeza, sintiéndose nerviosa de pronto.

—Es que… —bajó la cabeza, encontrando su brillante plan un poco más idiota a cada segundo—. Si no he besado a nadie todavía, Jacob no querrá que yo lo bese… Y de verdad me gusta, gusta... y... —estaba muy confundida, realmente.

Edward soltó un suspiro cansado.

—Yo lo haré –sus mejillas se tiñeron de un rosa pálido, e iban tomando cada vez más color.

Bella lo miró sorprendida, abriendo sus ojos como platos. Corrió la silla, haciendo un chillido exagerado y se levantó de un golpe.

—¡¿TÚ?!

—Baja la voz, ¿quieres?

Ella volvió a sentarse, sonrojándose furiosamente. ¿Besar a Edward? Se estremeció al imaginarse esa boca contra la suya, usando esa lengua no para molestarla… sino para besarla.

—Pero… pero… pero…

Edward estaba más rojo todavía.

—¡Hmp! Es sólo para que no te beses con cualquiera —cerró los ojos, frunciendo el ceño, mirándola ahora fijamente—. No me digas que… no te parezco atractivo —y le regaló su mejor sonrisa torcida.

¡Oh!

Bella volvió a sonrojarse, bajando la mirada. Él bromeaba siempre con que si era o no atractivo, pero eso nunca se lo dijo después de ofrecerse para besarla. ¿Qué le podía decir? ¿Sí? ¿No? ¿Cómo podía calificarlo?

Lo miró de reojo, fijándose en ese cabello broncíneo, en esos ojos verdes y en esa boca. ¡Esa boca que la mayor parte del tiempo la molestaba! ¡Cuándo la abría era un adjetivo mordaz tras otro! Se movió inquieta, y soltó un suspiro.

No iba a negar que fuera atractivo, pero tampoco tenía comparación con Jacob. A su lado, Edward era algo debilucho, desgarbado y más pequeño. Su cabello era demasiado despeinado y lo hacia ver algo… despreocupado, mientras que el cabello de Jacob era corto y varonil.

«Pero seguramente no tan suave como el de él…», dijo una voz en su cabeza.

El sonrojo volvió.

Edward era muy desordenado, siempre llevaba la chaqueta de la escuela abierta, no era muy bueno en Física y era demasiado callado, un poco presumido e idiota algunas veces, pero también era amable cuando quería, serio en los momentos precisos y cuando la quería hacer sentir bien… con muy pocas palabras, él lo lograba.

Además, con él compartió más cosas que Jacob con ella…

¡Arg, era todo tan confuso y extraño!

—Yo… yo… no… no lo sé… él… es… b-bueno, tú… Er… yo… —tartamudeaba Bella, pero un suave agarre por su mentón la silencio completamente.

Los ojos verdes de Edward miraban fijamente sus labios, y la boca de él estaba entreabierta. Cerró los ojos fuertemente cuando empezó a acercarse peligrosamente.

«Me… me va… me va a besar… Oh… Y delante de todos… E- Edward… tonto…», pensó Bella, sintiéndose muy nerviosa, su corazón latía de una forma tan rápida. Apretó los labios y esperó. «Q-Que sea… rápido…»

Pero él desvió rápidamente su destino, besándole ahora en la comisura de su labio.

Su corazón se detuvo por unos momentos, y con muchísima más rapidez volvió a latir, llevándole la sangre a sus mejillas.

—Piénsalo, Bella —le pidió con voz ronca, levantándose apenas el timbre empezó a sonar—. Nos vemos a la salida, ¿entendido? —y se esfumó.

Bella estaba shockeada.

¡Tenía que verlo!

¡Oh, Dios!

¡Y… y encima le había gustado aquello!


Continuará.


Este fic es una genialidad (cállate, Makiko, aunque lo niegues es cierto). Ya tengo algunos capitulos adaptados, así que no tardaré más de 5 días en ponerlos. :)

¿Verdad que les gustó? Si quieren que Edward les enseñe a besar, dejen un review, yo le diré. (?)

Saludos.

~ Janelle.