RECORDATORIO: Twilight no me pertenece.

Amor sin Miedos por Princesa Lúthien
Summary: Frente a ella, Edward la miraba fría y calculadoramente, odiaba verla llorar pero también odiaba que se hiciera la víctima. Él también estaba sufriendo ¿por qué Bella no se daba cuenta de eso?
R: M
Género: Romance/General

Capítulo 1 – El final del principio

Forks Washington - 2007

Bella, miraba con tristeza los azulejos del suelo dejando que su espesa melena café le cubriera la cara intentando no mostrar las saladas lágrimas que salían como gritos de sus ojos para deslizarse por sus mejillas dejándola en un estado de sumisión ante su espectador. "¿Cómo es que habían llegado hasta este punto?" Bella, no dejaba de preguntárselo una y otra vez. ¿Dónde había quedado el amor, la confianza, la amistad? ¿Dónde estaban reflejados todos esos años en que se decían cuanto se amaban? No en sus lágrimas por supuesto y luego de meditarlo por un tiempo, creyó darse cuenta de la verdad. Ella nunca fue lo suficientemente buena para alguien como él y tal vez nunca lo seria.

Frente a ella, Edward, su esposo, la miraba fría y calculadoramente. Cerró los ojos cuando sintió una punzada en el pecho. Odiaba lo que estaba pasando, aún más, detestaba verla llorar pero no soportaba que ella se creyera la víctima. Él también estaba sufriendo ¿Por qué Bella no se daba cuenta de eso?

Esa noche cuando Edward entro en el que debería ser su reconfortante hogar se encontró con algo que no se parecía a lo que él había soñado casi toda su vida. No encontró sus niñas revoloteando por la sala, ni la televisión encendida en Disney Channel, tampoco escuchó la rara música que Bella siempre escuchaba y que lo hacía reír cuando estaba en casa. Un sentimiento de pérdida y de anhelo embargó su corazón y sus pensamientos y deseo ser un "chico duro" de aquellos a los que nada los aflige. En cambio era un esposo y padre de familia que se dejaba llevar por sus sentimientos que la mayor parte del tiempo eran cálidos y tranquilos.

Mientras Edward veía a su frágil esposa delante de él, supo que este sólo era el final. Su relación con ella que había soportado el instituto, la universidad y un corto matrimonio se había ido apagando poco a poco. Primero con pequeñas discusiones que se hicieron más y más frecuentes sin llegar nunca a una verdadera reconciliación ya que Edward no quería "seguirle la corriente" así que prefería callar y dejarla peleando sola. Luego Bella insinuando cosas que, por Dios, no eran ciertas y por supuesto, como ella aseguraba, todo el veneno que había dañado su matrimonio había sido culpa solamente de él.

—Isabella—, la llamo Edward —, ¿no piensas decir nada? ¿No piensas discutir conmigo? Porque a mi parecer eso es lo que más te gusta, llamar la atención con tus gritos—. Bella reprimió un sollozo ante el cortante y frio tono de su voz, entonces, deseó que no la hubiera enfrentado.

—Yo... —. La voz de Bella se apagó no sabiendo que decir. Edward jamás le había hablado así, no tenía ni idea de cómo reaccionar.

— ¿Tu qué? —. Le preguntó un impaciente Edward que se odiaba más que nunca por lo que estaba haciendo pero ¡ya estaba harto! Él sólo quería llegar, abrazar a sus hijas, besar a su esposa mientras le hacía el amor y ¿con qué se encuentra? Con una solitaria Bella apunto de marcharse.

—Edward…—susurró con voz quebrándose por el dolor.

— ¿Sabes? —, comenzó Edward a hablar al tiempo que se acercaba al tembloroso cuerpo de su esposa pero sin llegar a tocarla—, siempre tuve razón. Fui un estúpido al creer esto funcionaria—. Bella lo miro sin comprender. —Si no me hubiera dejado llevar por mis sentimientos y esto de querer estar siempre contigo, tu seguramente serías una gran escritora o que se yo, pero en lugar de eso, estas frente a mí llorando. Esto nunca valió la pena.

—Pero si Edward, soy la madre de tus hijas— Respondió Bella casi en un grito histérico.

— ¿Entonces por qué actúas de esa manera?—. El tono de Edward rayo a la desesperación. ¡No entendía nada!

—Actúo así por las otras, Edward, por ellas—. Fue la simple respuesta de su mujer.

— ¿Ellas? — Preguntó él — Ellas quiénes ¿De qué estás hablando?

—No soy ingenua, sé que te ves con otras que según tu son "alumnas" ¿Me crees estúpida?

—Tú no sabes lo que dices, Bella —. Le dijo Edward.

—Claro que sé lo que digo, y es que tú me estas engañando.

Por un largo momento que Bella quizá interpretaría mal, Edward no supo que decir.

— ¿Cómo se te puede ocurrir semejante tontería? —, dijo al fin obteniendo como respuesta una incrédula mirada de Bella.

—Son mejor que yo ¿no?– dijo la chica con lágrimas en sus ojos. Y cómo no podían serlo. Edward ya ni siquiera quería tocarla, no le dirigía ninguna mirada, no la determinaba. Él ya había encontrado a alguien más para regalarle sus atenciones, sus caricias.

— No puedo creerlo, Bella ¡reacciona! ¿No te estás dando cuenta que tu inseguridad está arruinando todo? No hay ninguna otra en mi vida—.

El silencio se apoderó de la habitación por varios minutos hasta que Edward, no sin esfuerzo, se trago sus lágrimas para hablar. —No eres la Bella que amaba, simplemente eres una desconocida para mí. Es como si la mujer de la cual me enamore estuviera muerta. No se a quien tengo en frente—

Esa verdad hizo que el corazón de Edward se estrujara y que el de Bella, roto porque ella así lo había querido, se enfriara.

Esto se les había salido de las manos, cada palabra dicha esa noche había sido el más mortal y peligroso veneno para su amor.

Bella supo que ese sería el final de su cuento de hadas, pero Edward nunca aceptaría un final que no fuera feliz.