RECORDATORIO: Twilight no me pertenece.

Amor sin Miedos por Princesa Lúthien
Summary: Frente a ella, Edward la miraba fría y calculadoramente, odiaba verla llorar pero también odiaba que se hiciera la víctima. Él también estaba sufriendo ¿por qué Bella no se daba cuenta de eso?
R: M
Género: Romance/General

CAPÍTULO 6 – EL TIEMPO NO SE DETIENE

El sonido de la lluvia al caer debería ser relajante, aún así, aquella atmosfera de algo parecido a la incomodidad seguía entorno a Edward y a mí. Fingí estar concentrada en lavar los platos mientras él leía el periódico en la mesa, aunque sabía que más tarde que temprano Edward me haría esa pregunta que yo había intentado, durante años, evitar. No estaba segura de sentirme preparada para abordar con él un tema tan delicado pero si él quería que se lo explicara entonces yo no me negaría.

—Ehh, este Bella—, dijo Edward intentando sonar desinteresado

— ¿Siii?

— ¿Por qué… por qué Alice y tu se odian tanto?

Tantos años intentando evitar este tema y nunca se me ocurrió idear un plan al cual recurrir en casos como este. ¡Tonta Bella! Fregué con más fuerza de la necesaria el plato que tenía en las manos intentando quitar una inexistente macha o simplemente haciendo tiempo mientras mis neuronas decidían si hacer o no sinapsis y ayudarme con la conversación. "¡Código Rojo! ¡Código Rojo!" Un bombillito rojo empezó a alumbrar dentro de mi cabeza seguido del sonido de una alarma, una como las que había escuchado en las pelis de bomberos.

¡¿Qué se supone que debo decir?

— ¿Nunca—, mi voz se escucho algo ronca—, te enteraste? — ¡Pues obvio que no! De lo contrario no lo estaría preguntando ¡Estúpidas neuronas! ¿Eso era todo lo que podían hacer? Uff, en definitiva no sirvo para trabajar bajo presión.

—No, nunca—. Se limitó a responder.

¡Oh genial! ¿Ahora qué? Piensa tonta Bella, piensa ¡Ya sé!

—"'Cause I'm Slim Shady, yes I'm the real Shady. All you other Slim Shady's are just imitating. So won't the real Slim Shady please stand up, please stand up, please stand up" —. Moví mi cabeza al ritmo de la canción que sonaba en mi cabeza mientras dejaba que la letra de "The Real Slim Shady" saliera de mis labios.

—Bella ¿te sientes bien? —

Edward sonó perturbado pero yo solo pude ponerme feliz. Ja, sabía que funcionaria. "Distrae y Vencerás" seria mi nuevo lema a partir de hoy. —Claro que lo estoy. ¿Por qué lo preguntas?

—Empezaste a cantar y… ni siquiera sabía que te gustara Eminem

—Sí, bueno, ¿Qué quieres que te diga? Hay muchas cosas que no sabes sobre mi señor "quiero saber todos tus sucios secretos" — sentí tan cerca la victoria. ¡Soy tan lista!

— ¿De qué hablas, Bella?

— ¿De qué hablas tú, Edward? Yo estaba tranquila cantando cuando tú me interrumpiste

—De hecho estábamos hablando sobre… ¡ajá! Te descubrí Bella —, dijo casi gruñendo— no trates de cambiar el tema.

Un último intento no me vendría nada mal así que cerré el grifo y me voltee para poder verle. Ante mis ojos vi el fracaso de mi plan cuando note que sus cejas casi se tocaban.

—No sé si debería ser yo quien te lo contara—, le susurré con aire cómplice y ojitos de gatito mojado, —después de todo ella es tu prima—

Edward me miro fijamente durante unos cuantos latidos de corazón. Su rostro de nuevo tuvo aquella expresión de paz y seguridad con la que siempre andaba. Hizo una mueca con los labios antes de hablar.

—Es sólo que todo pasó tan de repente. Un día eran las mejores amigas y al otro simplemente no se hablaban— susurró y vi como sus ojos se ponían ausentes y preocupados… ¡era un chismoso de primera!

—De hecho fue por ti—. Susurré muy bajo con la esperanza de que no me hubiera oído pero…

— ¿Por mi?

—Fue lo que escuchaste ¿o no, Dumbo? —. Intenté no rodar los ojos mientras lo decía. (1)

— ¿Cómo me llamaste?... no importa sólo, explícate— demandó confundido al principio y ceñudo después. Odiaba cuando me obligaba pero sólo por el simple hecho de que no podía resistirme a cumplir sus deseos.

—Pídemelo de buena forma—. Dije intentando copiar la expresión que ponían mis hijas cuando querían que Edward les diera algo.

Volvió a poner su sonrisa "la que no mato la dejo boba" y suavemente me dijo, —cariño, cuéntame qué pasó entre Alice y tú—

— ¿Cómo negarme cuando me lo pides de esa forma tan cortes?

—"Cortes" es mi segundo nombre, muñeca— termino con un coqueto guiño que me hizo reír.

Le pedí que nos sentáramos, de todas maneras era una historia algo larga y difícil de contar. Ni siquiera había comenzado a hablar cuando mi pecho empezó a doler por Alice, la buena y dulce Alice.

—Antes de comenzar, Edward, necesito que entiendas que no odio a Alice y a pesar de que lo que hizo estuvo mal, supongo que la entiendo—. Estaba nerviosa, no sabía cómo iba a reaccionar Edward ante la noticia.

—Bella, no te entiendo. ¿Qué fue lo que hizo Alice? —

—Cállate y déjame hablar— Edward abrió la boca, seguramente para contrariarme, sin embargo se contuvo e hizo un movimiento con su cabeza invitándome a seguir con la historia.

—Supongo que todo empezó cuando comenzamos a salir. Obviamente tú nunca lo notaste y yo tampoco pero, Alice, tenía una rara obsesión o mejor dicho un enamoramiento por ti. Nunca le había dado mucha importancia a la relación que tenias con ella hasta el día en que supe la verdad—. Me quede en silencio un par de segundos esperando por su reacción, sólo que fue la que no esperaba.

Mire a los lados mientras Edward se reía a carcajadas.

—¿Te estás dando cuenta de lo qué dices? ¡Alice es como mi hermana! — siguió con su risa alrededor de 3 minutos, tomo un poco de aire y exclamo — ¡Enamorada de mi! — sólo para volver a reír.

En un momento de locura, tome uno de los cojines de la sala y se lo mande directo a la cara. No me gustaba para nada su risa burlona. Tome otro cojín, me acerque a él y empecé a golpearlo mientras me hablaba — ¡Pues—, golpe — ella—, otro golpe —no te —, sí, uno más— quería como un hermano!— solté el final en un solo aliento. Definitivamente Edward sacaba lo peor de mi y por peor me refería a mi yo ridícula.

Me senté y crucé los brazos ante ese despreciable ser que ahora me miraba ceñudo y no me gustaba aunque eso era mejor que tener que escuchar su risa mientras se burlaba de mi y no conmigo. —Sabía que no me creerías—, le reproche— pero de todas maneras, es tu problema si decides creerme o no—. Dispuesta a dar una salida dramática, me puse de pies y comencé a caminar, a paso lento pero decidido, hasta la cocina donde me atajo y me pidió que siguiera con la historia. De nuevo hice el puchero y conseguí que me dijera "cielo" antes de obligarme a sentar.

—A ver, explícame. ¿Cómo es eso de que — estuvo a punto de reír pero mi mirada de slytherin, ósea de chica mala, le hizo morderse los labios— Alice… está enamorada de mi? —

—Ya no sé Edward, es un tema muy delicado para Alice… no me corresponde a mi hablar sobre esto—

—Es mi prima y como sabes que solo quiero lo mejor para mi familia, deberías contármelo—. Puso cara de preocupado pero no perdí el tiempo tratando de creerle.

—Tienes razón, pero es tu prima que casualmente está enamo…—

—¡No, no lo digas! — Me detuvo mientras negaba con la cabeza y me taba la boca con una de sus manos — El solo escucharlo me da nauseas— arquee una ceja y le mire violentamente. Puede que Alice y yo ya no fuéramos las mejores amigas del mundo pero las palabras de Edward estaban siendo cueles, el no tenía derecho a menospreciar el imposible amor que Alice le profesaba en secreto.

Una sonrisa tierna se asomo por labios y retiro su mano de mi boca para ponerla sobre mi hombro. Sus dedos jugaban con algunos mechones de mi cabello cuando empezó a hablar. —Me sorprende que aún pueda leerte—. Él se refería a que podía saber mis pensamientos porque se reflejaban en mi rostro, en mis ojos. —Y no me malinterpretes… amo a Alice, pero como a una hermana. La idea no me gusta porque no me imagino haciendo con ella… todas esas cosas que compartí contigo. Contar las estrellas, besarte hasta quedar sin aliento, caminar tomados de la manos, hacerte el amor, tener hijos… eso es algo que no quiero vivir con alguien a quien considero una hermana, independientemente de si lo es o no. Esas son cosas que sólo compartes con una chica especial, una que amas con tu alma ¿entiendes?—. Asentí un par de veces.

—Puede que sepa a qué te refieres—. Después de todo no me imaginaba haciendo todas aquellas cosas que él dijo con otra persona que no fuera el hombre al que yo amara, con otra persona que no fuera Edward Cullen.

Ugh, de nuevo el ambiente se puso pesado. Ya me estaba volviendo toda una experta en eso, quizá debería escribir un libro… ya sabes a lo que me refiero…

"10 formas para crear momentos incómodos por Bella Swan"
1.Habla con tu ex marido sobre tu sentimientos más profundos, eso siempre funciona.
Contraindicación: Puede que genere un silencio atormentador.
Mantener fuera del alcance de los niños.
2. Habla con el hombre que amas y cuéntale porque su familiar más querida te odia a muerte.
Contraindicación: No apto para embarazadas.
3. Dile a tu ex marido que lo dejaste porque su hermana está enamorada de él.
Contraindicación: Puede que tenga un ataque respiratorio debido a un ataque incontrolable de risa.

— Bella, Bella— Un suave apretón en mi antebrazo me trajo de vuelta a la realidad. Tarde unos segundos en darme cuenta que era Edward quien intentaba llamar mi atención.

— ¿Qué? —, le dije aún un poco confundida.

— ¿A dónde te fuiste? —

—Sólo estaba pensando en mi primer Best-Seller—, consté — será fascinante—. Asentí mientras hablaba para darle más fuerza y validez a lo que decía. Edward no aparto su mirada de la mía.

—¿Estás tratando de distraerme de nuevo?—, preguntó incrédulo.

—Eh… noo, aunque no me molestaría seguir hablando de eso. Mira se va a llamar "Diez formas de…"—. Edward negó con la cabeza y juro que rodó los ojos antes de negar con la cabeza.

—Deja eso y dímelo ahora...preciosa—.

—De acuerdo. Veía la lluvia caer detrás de vidrio de la ventana de nuestra habitación y un relámpago alumbro el grisáceo cielo justo cuando sonó el timbre. Froté mis brazos con mis manos mientras bajaba por las escaleras y me apresuraba a abrir la puerta. Mi madre entró mientras cerraba una sombrilla de tamaño descomunal que dejaba deslizar lentamente heladas gotas de lluvia por la impermeable tela de un profundo y oscuro color negro, como un augurio de lo que estaba por suceder…

—Deja el drama—, me interrumpió Edward

—Le quitas la diversión a las cosas, pero bien, será como quieras. En la mañana luego de hablar con las gemelas y empacar sus ropas en un maletín, llamé a mi madre para que fuera a recogerlas. No quería que estuvieran presentes por si nos poníamos a gritar y eso. —Me estremecí de sólo recordarlo—. No recuerdo bien cómo, pero Alice se entero de que iba a marcharme de tu lado y llego a la casa hecha un manojo de nervios y algo furiosa. Supongo que estaba tratando de controlarse para no abalanzarse sobre mí y matarme.

—Espera, no entiendo. Ustedes aún eran medio amigas cuando… terminamos.

—Lo sé, cuando llego furiosa no le dije nada porque supongo que la entendía. Eras como su hermano y yo prácticamente estaba a punto de destruir nuestro hogar. Su rencor de una u otra forma era algo predecible. Pero, ella empezó a gritarme, me decía cosas del tipo "Estás cometiendo el peor error de tu vida" o "¿no te das cuenta de que es el mejor hombre que hay sobre la faz de la tierra?".

Al principio no les di mucha importancia, pero según iba avanzando la pelea no pude evitar darme cuenta de ciertas cosas que no encajaban en su actitud de "hermana protectora" y note que ella estaba celosa. Fue un descubrimiento bastante raro.

—Dímelo a mí—. Dijo Edward algo confundido. —¿Qué paso luego de que llegaste a la conclusión de que Alice estaba celosa?

—Pues al ver como Alice estaba atacándome verbalmente no me lo pude guardar y se lo dije, luego vino la parte del silencio incomodo, creí que después de eso íbamos a hablar como la gente civilizada y verla derramar lágrimas mientras me decía lo mucho que te amaba, pero, ocurrió todo lo contrario. Alice se puso de pies, me cacheteo y luego vino la parte de los gritos, creo que ese día me dijo hasta de que me iba a morir, pero por lo poco que recuerdo dijo "quita novios", "rompe hogares", insulto a mi madre y al final entendí que a pesar de que me quería como amiga no podía soportar que estuvieras conmigo y que desde el principio fue así—.

—Ahora que lo pienso le encuentro sentido a lo que dices pero… wow—.

—Sí… "wow" es la palabra correcta para esa situación—.

El sonido de nuestras respiraciones era lo único que se escuchaba. Edward se veía un poco pensativo y distraído pero no culpaba. Sutilmente, puse mi mano en su nuca y con mis dedos le acaricie esperando que se relajara. Quería reconfortarle, de todas maneras no tenía ningún caso que se pasara el resto de la vida pensando en eso, sin embargo, lo único que salió de mi boca fue una frio: —No le comentes que te lo dije, vendría y me quemaría viva ¿de acuerdo? —

—Sí, ok—. Dijo después de un rato. Me miro a los ojos antes de recostarse sobre mis muslos. Mientras seguía digiriendo la noticia, eso pensaba yo, me dedique a jugar con su cabello, seguía siendo divertido.

—No pienses más en ello, Edward—. Le susurré al oído. Él se limitó a fruncir los hombros como un niño pequeño. Tenía que distraerlo, odiaba verlo triste sólo porque no se lo merecía y dejando que el sentimiento de culpa me embargara hice lo que me pidió. Baje la guardia.

—Estuve—, me aclaré la garganta—, pensando sobre tu propuesta—. Le hice saber después de haber suspirado. Sabía que me iba a arrepentir de esto pero era algo que simplemente tenía que hacer.

— ¿Vas a salir conmigo?

—Pareces sorprendido pero sí—. Bajo su mirada, estiré el brazo hasta la mesa donde reposaban mis libros y le alcancé un pequeño rectángulo de cartulina. — Mira, lo encontré hoy dentro de mi bolso, es una invitación para las gemelas. Supongo que mientras ellas están allí nosotros podemos, no sé… tomar algo o bueno, lo que sea. Así que… ¿qué dices?

Edward se levanto de forma apresurada y con una sonrisa coqueta musito "¿A qué hora es la fiesta?". Rodé los ojos dejando que una sonrisa se extendiera en mis labios y me marche de la habitación mientras él leía con detenimiento la pequeña tarjeta.

Horas más tarde cuando estaba a punto de meterme a la cama, unos suaves e insistentes golpes en la puerta de mi dormitorio me indicaron que alguien me llamaba. Era Edward que se acerco con paso vacilante hasta mi cama y se sentó justo a mi lado.

—Solo quería que supieras que estoy feliz de que hayas accedido a salir conmigo mañana—. Las palabras salieron finas de sus labios mientras sus dedos se paseaban lentos por mi mejilla hasta llegar a mis labios que delineó tiernamente.

—Sabes que eso no va a cambiar nada ¿verdad?—. Por mi parte, no me estaba haciendo falsas ilusiones sobre la salida y a pesar de que él ya había dejado un poco claro sus sentimientos hacia m´, no quería arriesgarme y de todas maneras no importaba lo que hiciera o dejara de hacer, las cosas entre nosotros jamás iban a volver a ser iguales que cuando éramos sólo una pareja de enamorados. En la cita de mañana, solo quería hablar y divertirme un poco con un viejo amigo.

—No tiene nada de malo intentarlo, creo—. Por lo visto él si esperaba algo, pero no quería preguntarle que era.

Edward estaba muy equivocado si creía que por una tarde juntos, iba a dejar mi nueva y no tan mejorada vida aquí para volver a América. Y yo esperaba no equivocarme al salir con él y le pedía al cielo el tener la fuerza de voluntad suficiente para que una tarde juntos no me hiciera cambiar de opinión.

Al siguiente día, las gemelas pasaron todo el día arreglándose para ir a la fiesta y yo estaba nerviosa por pasar el resto del día con Edward además que se supone que hacía una no pareja en un día nublado en Londres. Ir al "London Eye" sería aburrido además de repetitivo y no salía mucho así que no tenía conocimiento de algún sitio bueno en la ciudad. Me estresaba no tener nada preparado para nuestra ¿cita?

—Despídase de mamá—. Escuché a Edward que venía un par de pasos atrás que mis hijas.

—Adiós mami—. Nessie me dio un besito en la mejilla y Lizzy me abrazo para susurrarme al oído que me iban a extrañar.

—Yo ya las echo de menos preciosas—, les dije abrazándolas y besándoles repetidas veces sus sonrojadas y tiernas mejillas—, prométanme que se portaran bien.

— ¡Lo prometemos! —. Les hice la "mirada de mamá" esperando que entendieran que habría consecuencias y no muy buenas si hacían alguna travesura para luego dejarlas ir corriendo a los brazos de su padre que las alzo sin ninguna clase de esfuerzo.

— ¿Para mí no hay un beso? —. La voz de Edward me hizo sonrojar y como no quería darles mal ejemplo a mis hijas, obviamente, pues sería de muy mala educación no dar algo cuando te lo pedían, me acerque y bese suavemente la comisura de sus labios pero por error, claro, fue él quien movió sutilmente la cara. Su sonrisa fue mucho menos nerviosa que la mía.

Edward ordenó a las niñas ir por sus respectivas maletas que yo me había encargado de empacar cuidadosamente.

—Iré a dejar a las niñas y el resto del día seré solo tuyo—.

Asentí y le entregué las llaves del auto.

Casi una hora después Edward entro distrayéndome de mi lectura.

—Traje esto—. cantó con un humor mientras me mostraba un par de botellas de vino. —No sé qué tal sea pero igual lo compré—. Su sonrisa fue contagiosa.

—Creí que íbamos a salir—. Dije aún con sonriendo pero algo confusa.

—También yo pero luego pensé que quedarnos en la casa sería lindo—. Levanto los hombros restándole importancia al asunto.

—Este, —señaló el vino—, es para después. Primero quiero que veamos una película. Como en los viejos tiempos. ¡Yo hago las palomitas! Tu solo siéntate y relájate.

—Ni siquiera sabes cómo utilizar un microondas Edward, déjame ayudarte— Le dije tranquilamente, era tan lindo tratando de complacerme. Después de que hizo un muy besable puchero accedió a que le ayudara.

—Quería que este día fuera especial para ti, no que tuvieras que hacerme mis palomitas— refunfuño Edward como un niño pequeño sentándose en el sillón con un tazón lleno de la que sería nuestra merienda.

—Este día ya es especial—. Le aclare sin mirarle pero con una sonrisa.

Aunque lo intentaba, no podía recordar el nombre de la película que estaba viendo. En lo único que podía pensar era en los brazos de Edward que me rodeaban suavemente, e su pecho presionando mi espalda, en sus muslos rodeando mi cuerpo y en su respiración que despeinaba mi cabello cuando suspiraba.

Note como los dedos de Edward tomaban mi quijada para empujarla dulcemente hasta que nuestros ojos se encontraron. Sus labios se movieron, sin embargo, a mis oídos no llego ningún sonido.

— ¿Qué? —. Le susurré.

Una hermosa sonrisa se poso en sus labios al mismo tiempo que sus manos se posaban en mi abdomen.

Cuando volvió a hablar, esta vez procuré prestar atención a lo que decía. —Yo también estoy un poco distraído—

— ¿Ah sí? —. Fue lo único que se me vino a la cabeza. Mi mente y mis sentidos estaban totalmente llenos de Edward quien suspiro y llevo su frente a la mía. Sus brazos me apretaron más fuertemente contra su cuerpo, abrigándome, abrazándome.

—Tengo algo entre mis manos que no estoy dispuesto a dejar por más tiempo—. Susurró tan suavemente que apenas si lo alcancé a oír.

Rocé mi nariz con la suya. —¿Mi estómago? — Ya sabía que se refería a mi persona en total. Yo no quería aceptarlo. O quizá, era lo único que necesitaba.

Con nuestras narices rozándose, lo único que tuve que hacer, fue ladear un poco mi rostro. Con esa cercanía, pude vislumbrar sus brillantes y arremolinados ojos que me dieron fuerza para seguir. Su aliento se mezclo con el mío mientras dejaba que mis manos se deslizaran hasta la suyas, les di un apretón cuando mis labios encontraron los suyos, tiernos y vigilantes. Tras el primer contacto, separé nuestras bocas rápidamente y vacilante esperando su reacción.

Para mi suerte, Edward acerco mi rostro al suyo y volvimos a besarnos, esta vez con más anhelo e insistencia, con más emoción, más cuerpo y más alma que cualquier beso que no hubiéramos dado en toda nuestra vida. No sabía muy bien que significaría este acto en mi vida, lo único de lo que tenía conocimiento era de que había momentos en los que después de todo, el tiempo sí se detenía.


(1) Dumbo: Elefantito que es ridiculizado por sus grandísimas orejas.


Toc- toc- toc
(8) Te pido me perdones por mis desapariciones, el no verte por días no es lo que tú supones. Pues no es gusto, no es mi voluntad, cree lo que digo. Que aunque no me veas (leas) yo voy a estar siempre contigo (8) Visita de Enjambre
¡Eso! Ahí está, se las dedico por haber tardado tanto =P

En fin… ¡BUENAS! ¡Hola tú! ¿Qué tal te pareció el capítulo?
GRACIAS a ti por leerme y por haberme – o no- agregado en F/A - S/A – F/S – A/A y por supuesto a ti que me has dejado tu comentario.
En unas días subiré un O/S titulado "Sunrise comes too son" que estoy ansiosa porque leas. =D
¡Feliz año!
Un beso y un abrazo.
Con todo,
Princesa Luthien