Bueno este es el capítulo final, sólo falta el epílogo y habrá terminado completamente. Gracias a Nande-chan por el beteo.

25 de Octubre

Draco le dio una tosca mirada de odio a su desayuno, como si el pan tostado hubiera hecho algo para hacerlo enojar. Suspiró y empujó lejos el plato. En realidad, sí lo había hecho. Una de las primeras cosas que Harry había hecho cuando se mudó al departamento fue comprar un nuevo tostador, llamando al viejo tostador de Draco un peligro explosivo esperando su oportunidad.

De hecho, Harry había encontrado errores en la mayoría de los electrodomésticos en el departamento… excepto por el estado-de-la-maquina-artística-de-expresso, que era la única cosa en la cocina que Draco usaba. Fue una de las razones por la cual buscó mudarse a un departamento diferente, un lugar que les proporcionara más espacio y una mejor vista. Sabía que su departamento era minúsculo, pero difícilmente importaba cuando era sólo un lugar para dormir después de un día largo de trabajo. Lo que era de nuevo, supuso.

Draco apretó los dientes, enojado porque se permitió revolcarse en su propia lástima otra vez. Si no era cuidadoso, se encontraría pasando su día entero llorando por Harry, y eso no era aceptable. Era un hombre adulto (un Malfoy, cosa que sus padres nunca se olvidaban de recordarle ahora que su relación había sido reavivada) con un negocio muy exitoso y nada más que una vida plena. Y si eso no era suficiente para Harry Potter, bueno, entonces que se joda Harry Potter.

Dejó que su cabeza cayera con su elección desafortunada de palabras en su charla mental. Nunca se había jodido a Harry Potter ¿o sí? No, había sido paciente, cuidadoso y comprensivo, mira a donde lo había llevado. Harry regresando con su ex, ni siquiera a dos meses de regresar de la isla, aparentemente decidiendo que le gustaban más las mujeres que los hombres.

Miró alrededor, preguntándose si tomaba la decisión correcta al seguir con la mudanza. Sólo porque Harry ya no estaba en su vida, no hacía el lugar más grande o mejorado para la cocina o pasar las noches en él. No era que planeaba hacer las dos, pero aún así. Harry sólo había vivido ahí un poco más de un mes y aún así había recuerdos de él por todas partes. Ron había ido y había empacado todas las cosas de Harry la semana pasada, pero ahí seguían los recuerdos de las largas y lentas sesiones de sexo en la regadera, tardes juguetonas en el sofá… demonios, Harry le había hecho una mamada en la silla del comedor en la que estaba sentado en ese momento.

Draco se sacudió esos pensamientos inútiles, determinado a dejar atrás a Harry y seguir adelante. Su madre le imploraba que conociera al hijo de alguna bruja con la que solía trabajar en uno de sus comités interminables, yendo al punto de organizar una cena para Draco con él esa tarde, en la casa del hombre, no menos. Bufó, preguntándose si su madre asumía que todos los hombres gays no pensaban en nada más que el sexo.

Su padre era más circunspecto, rehusándose a ser arrastrado a conversaciones sobre Harry, lo que a Draco le parecía bien. Sabía que su padre pensaba que había dejado ir una oportunidad de primera cuando dejó ir a Harry sin luchar, pero francamente, no podía importarle menos sobre que podría hacer por su familia el unir el nombre Malfoy con Harry Potter.

Draco apuntó su varita al pan tostado sin comer y al café frío, apareciéndolos en el fregadero. Tenía que ir a trabajar.

–Eso servirá –dijo Neville con un tono de orgullo en su voz mientras se ponía de cuclillas, revisando la línea bien formada de plántulas y hierbas con apariencia feliz plantadas en el duelo recién labrado.

Harry pasó una mano por su frente, sin importarle que el gesto llenara su frente con tierra. Neville y él habían pasado el día entero alistando el jardín para esa noche y estaba más que aliviado que hubieran terminado antes del anochecer. Le había tomado más trabajo del que había pensado dado el tamaño relativamente pequeño del diseño del jardín.

–Vendré mañana y pondré las protecciones y hechizos necesarios –dijo Neville, parándose y sacudiéndose sus manos sucias en sus pantalones gastados–. Estas plantas no están adaptadas al clima de Inglaterra, así que necesitamos poner un calor estándar y encantamientos de protección.

Harry asintió, aun cuando no tenía idea de lo que hablaba Neville. Suponía que la mayoría de los lugares en donde las plantas crecían eran secos y calientes, pero realmente no lo había considerado cuando decidió plantar el jardín.

–Y vas a necesitar unos cuantos hechizos de cosecha y secado, pero eso no vendrá hasta después –continuó Neville sin notar la cara de incomprensión de Harry –. Mi abuela tiene uno de estos, así que estaré feliz de venir cuando las plantas estén listas y te mostraré como se hace.

Harry asintió de nuevo, una sonrisa asomó a sus labios mientras pensaba en lo que sería ir ahí y cosechar las pequeñas hojas. Como se llegaba de eso al producto final era un completo misterio para él, pero esperaba que sus esfuerzos no se fueran a la basura. Todo eso le había parecido una idea muy brillante cuando lo pensó por primera vez, pero ahora, parado en el recién plantado jardín, observando la forma en como la tenue luz se reflejaba en las ventanas de la casa que tan impulsivamente compró, no estaba tan seguro. Pasó una mano por su cabello, tratando de mirar la recién pintada casa de campo con su extenso pórtico, sus sólidas y tradicionales líneas a través de ojos diferentes.

Saltó cuando Neville le dio una palmada en la espalda, siguiendo su mirada con una sonrisa de entendimiento.

–Es justo lo que necesitas –dijo, protegiéndose los ojos del sol mientras veía la casa–. Romper de lleno con el pasado. Algo nuevo que puedas hacer por ti mismo.

Harry asintió, sintiéndose ligeramente mareado con las implicaciones de las aparentemente palabras consoladoras de Neville. Necesitaba poner el pasado (todo) tras él. Sólo deseaba que hubiera alguna forma de saber que estaba haciendo lo correcto.

–Es el mejor trato que vas a conseguir –dijo Ron, su rostro era duro al mirar a Ginny.

Le había pedido que revisara el acuerdo al que su abogado había llegado. Había esperado que le tomara un rato pensar en él, posiblemente que le llevara tanto como para ir a casa y hablarlo con Harry antes de decirle su opinión. Seguramente si Harry sabía que este iba a ser su destino iba a intervenir ¿no?

–Pedí que Harry estuviera en la sentencia –dijo ella tranquilamente, mirando sus manos, que estaban entrelazadas sobre sus piernas. Sabía lo que su familia pensaba de ella esos días, incluso su mamá pensaba que era una desgracia. ¿Cómo era que Harry podía ignorarla en una situación como esa, cuando todos los demás la habían abandonado? Estaba segura de que si iba al juicio y veía lo maltratada que estaba, qué tan injustamente era tratada, él la defendería.

–No debiste hacer eso –dijo Ron, su mandíbula estaba tensa y miró hacia otro lado, incapaz de verla a los ojos.

– ¿Qué dijo cuando recibió la notificación? –preguntó, incapaz de detenerse.

–No podría saberlo –espetó Ron, inconscientemente barajeó los pergaminos en sus manos y dejó el paquete acomodado en la mesa.

– ¿No se está quedando contigo y Hermione? –preguntó Ginny, sintiendo una ligera chispa de esperanza.

Tal vez si Harry había decidido mudarse de regreso a su departamento después de todo. La habían mantenido a oscuras virtualmente sobre todo, era una invitada indeseada del Ministerio hasta que su juicio hubiera acabado. Inicialmente, su abogado le había prometido que la mantendrían en la celda del Ministerio una noche mientras los papeles se llenaban, pero el Auror que había hechizado había sufrido una reacción negativa a algunas de las pociones que le habían dado en San Mungo, lo que cambió su condición de estable a crítica. También significaba que los cargos hacia ella eran más graves y que dada la conexión que tenía con Benito, los abogados del Ministerio, habían considerado un riesgo de vuelo internacional y habían apelado exitosamente a mantenerla encerrada hasta el juicio.

–No –dijo Ron fríamente, empujando su silla hacia atrás y poniéndose de pie. Sabía exactamente lo que estaba haciendo Ginny (tratando de manipular las emociones de Harry para que le pidiera al Wizengamot una sentencia menor), pero también sabía que no iba a funcionar. Incluso si Harry lo hubiera querido, no había nada que pudiera hacer. No era el que había hecho los cargos, eso había sido hecho en su defensa (y también en la de Adams) por el DALM.

Hizo una mueca ante la sonrisa completamente feroz de Ginny, una sacudida de incomodidad bajo por su espina dorsal. No sabía cuando su hermanita menor se había convertido en esta mujer convenenciera y manipuladora, pero definitivamente sentía que estaba sentado frente a una extraña, no un miembro de su familia.

Tomó su portafolio, decidiendo que Ginny pensara lo que quisiera de su confirmación de que Harry ya no se estaba quedando con él y con Hermione. Ciertamente no le iba a ofrecer detalles de la vida de Harry.

– ¿Te veré mañana? –preguntó ella, un rastro de duda se asomó en su voz por primera vez. Ron se encogió, odiándose a sí mismo por preguntarse si la emoción había sido real o fingida–. ¿En el juicio?

Ron negó con la cabeza, deteniéndose en la entrada para mirar a su hermana.

–Tengo trabajo. Mamá y papá estarán ahí –dijo, descansando su mano en la perilla de la puerta.

– ¿George? –preguntó, mordiendo su labio cuando Ron negó con la cabeza–. ¿Percy?

Ron negó con la cabeza otra vez, mirando hacia el piso. Todos sus hermanos habían acordado apoyar a Harry en esto, no a ella. Incluso sus padres sentían que Ginny se merecía un tiempo por lo que había hecho, aunque esperaban que declinaran Azkaban por una cárcel con menor seguridad que ofrecía terapia y rehabilitación.

–De acuerdo –gruñó ella, sus facciones se tornaron en una mueca de odio.

–Buena suerte, Gin –dijo él suavemente, saliendo de la habitación sin mirar atrás.

Draco se sentó en su silla, tomando un descanso de su lectura para masajear sus sienes adoloridas. Su madre le había llamado por chimenea hacía unos minutos, recordándole que había acordado conocer al hombre con el que lo citó esa noche. Fue más ceder ante su acoso infernal, pensó duramente. Lo último que quería hacer en el mundo en ese momento era pasar la tarde teniendo una pequeña charla incomoda con algún extraño sólo porque su madre pensaba que necesitaba empezar a salir más.

–Draco –dijo Pansy desde la puerta, haciéndolo cerrar los ojos con frustración.

– ¿Otra vez?

–Otra vez. Por favor, por favor, sólo ve. Nos está volviendo locos a todos. ¡La recepcionista está amenazando con renunciar si tu madre no deja de llamar!

Draco asintió con resignación, empujando el tajo de cartas a un lado y pasando una mano cansada por su cara. Se aparecería en su casa, se cambiaría y luego se aparecería en la mansión para ver a su madre. Sin duda tendría un ataque de histeria si se presentaba vestido así para una cita.

–¿Puedo decirle que vas apara allá? –preguntó Pansy esperanzada, mirando mientras él agarraba su capa del perchero en una esquina.

–Sí, está bien –resopló, dándole una mirada de odio antes de desaparecer con un pop.

–Gracias, Merlín –murmuró ella, regresando a la chimenea para darle las noticias a Narcissa.

– ¿Unas palabras, Draco? –Lucius arrastró las palabras desde su asiento frente al fuego, haciendo que Draco se amedrentara. Apenas había obtenido la dirección de la red Flú de su cita a ciegas y esperaba poder escaparse de la mansión sin ver a su padre. Simplemente no se sentía con ganas de lidiar con un regaño de él encima de lo que estaba seguro sería una cena desastrosa con el hombre misterioso del que su madre había hablado tan efusivamente.

–Por supuesto, padre –respondió Draco, cuidadoso de mantener su quijada relajada. No sería bueno enfrentar a su padre con los dientes apretados, el hombre siempre notaba cosas como esa.

–Siéntate –dijo Lucius, señalando la silla larga opuesta a él. Draco se sentó automáticamente, los años de entrenamiento para obedecer las órdenes de su padre regresaban a pesar del hecho de que habían pasado años desde que había sido obligado a seguirlas.

–Esta cosa entre Potter y tú –empezó Lucius y sólo era su voluntad de acero y estricta educación que evitó que Draco lo interrumpiera, asegurándole que ya no había cosa alguna entre Harry y él–. Me preocupa, Draco.

Draco peleó para mantener su expresión indiferente. Realmente no estaba de humor para escuchar cómo un vínculo con Harry Potter podía hacer grandes cosas por el nombre Malfoy. Casi había explotado en carcajadas la primera vez que su padre lo había llamado así… un vínculo. Un término tan frío y clínico para describir la única relación que había tenido que había sido completamente basada en emoción y atracción en vez de cualquier pensamiento racional.

–Me doy cuenta de que tu madre y yo hemos estado… distantes de ti en los últimos años –continuó Lucius, aparentemente inconsciente de la batalla interna por la calma que su hijo estaba teniendo–. Pero eso no implica que no me haya preocupado por tu seguridad y felicidad todos los días. Eres mi hijo, Draco. Sólo quiero lo mejor para ti.

Un hombre con menos temple hubiera estado boquiabierto ante las palabras de Lucius, pero Draco simplemente lo observó cautelosamente, manteniendo sus reacciones firmemente seguras.

–En estos años hemos tenido desacuerdos sobre las acciones que eran para tu mayor beneficio, pero sin importar que yo estuviera de acuerdo o no con las decisiones que tomaste, siempre te he amado y he estado preocupado por tu bienestar.

Draco asintió inmutablemente, inseguro de cómo responder a una muestra tan extraña de emociones por parte de su padre. Aunque las palabras habían sido pronunciadas en su típico estilo seco, la profundidad de sentimientos tras ellas había sido clara. Estaba impactado por la forma franca en que su padre estaba hablando, no era algo que él había escuchado antes.

–Me temo que estás dejando que tu orgullo se meta en el camino en tus beneficios, con Potter –su padre dijo y Draco se tensó. Lucius se detuvo, claramente incómodo con la conversación–. Está claro para mí que lo amas. Y no importa cuáles son mis sentimientos en la materia, te debes a ti mismo ver si lo que tenías con él puede ser salvado.

Lucius alzó una mano cuando Draco iba a protestar, interrumpiéndolo.

–Esto no es sobre el nombre de la familia. Esto es sobre ti, Draco. Tu madre y yo estamos tan contentos de estar de vuelta en tu vida y no puedo evitar pensar que Potter tuvo algo que ver con ello. Cuando estás con él, estás más… deslumbrante. Más feliz. Eso es todo lo que quiero para ti, Draco. Que encuentres a alguien que te haga feliz.

El débil control que Draco tenía de sus emociones se rompió ante la mención casual de su padre de lo feliz que había estado con Harry. Dolor e ira se reflejaron en sus ojos grises y su garganta se tensó.

–Harry tomó su decisión –dijo, odiando el tono rasposo de su voz que desenmascaraba sus emociones.

Lucius se puso de pie, levantando de su escritorio un folder delgado. Lo abrió, sacó un pedazo de pergamino y se lo dio a Draco.

–Esto es de la declaración de Ginny Weasley –dijo Draco, sus cejas se fruncieron con confusión mientras veía a su padre.

–Así es. Su declaración controlada con Veritaserum –respondió Lucius, dándole a Draco una mirada que lo acalló cuando iba a preguntarle más–. Aún tengo amigos en el Ministerio, Draco. –Lucius arrastró las palabras, mirando fijamente a la esposa que descansaba en su tobillo –. Sin importar mis circunstancias actuales.

Draco asintió, sus ojos regresaron al texto adornado en el pergamino. Los Aurores le habían preguntado a Ginny si tenía o no una relación sexual con Harry Potter y ella había dicho… parpadeó, releyendo la línea. Había dicho que no. ¡Había dicho que no!

–Hijo de perra –murmuró Draco, regresándole el pergamino a su padre.

–Dejando al lado la declaración sobre Lily Evans, creo que es seguro decir que el señor Potter no escogió a nadie más, Draco.

Draco mordió su labio, reprimiendo una sonrisa. Harry no lo había engañado con Ginny.

– ¿Draco? –Su madre lo llamó desde la puerta, sorprendiéndolo–. ¿Aún sigues aquí, cariño? Vas a llegar tarde.

–Madre, yo…

–Simplemente no puedes retractarte ahora, Draco –reprendió Narcissa, entrando al salón e indicándole que se levantara. Alisó las arrugas del traje muggle que había escogido para esa noche, sonriendo con satisfacción cuando dio un paso atrás para mirarlo–. Ya preparó la cena. Sería enormemente grosero. Tienes que ir.

Draco tragó, inseguro de qué hacer. No quería ir a esta cita en primer lugar y, ahora que sabía que Harry había mentido acerca de dormir con Ginny, menos quería ir. Pero su madre estaba en lo correcto. Y como era el hijo de uno de sus amigos, sería un horrible insulto dejarlo plantado. Sólo tenía que ir y presentar sus disculpas. Seguramente el hombre entendería. Y luego se comunicaría por red Flú con Ron; sabía que Harry se estaba quedando ahí últimamente. Con suerte lo alcanzaría antes de que se durmiera. Por mucho que lo molestara ser el que diera el primer paso, era obvio que tendría que, si había alguna posibilidad de reconciliación. Después de todo, Harry pensaba que él lo había engañado, justo como él pensaba que Harry lo había hecho.

–Por supuesto –dijo, dando un paso adelante para darle un beso en la mejilla.

–Llámame por chimenea mañana para saber cómo fueron las cosas –dijo, siguiéndolo hacia la chimenea.

Draco asintió ausentemente mientras revisaba la dirección de la red Flú escrita en el pedazo de pergamino que su madre le había dado antes. Frunció el entrecejo ante el extraño nombre, alzando los hombros mientras lanzaba polvos Flú a las llamas, diciendo "paraíso" al entrar.

La primer cosa que Draco notó cuando salió de la chimenea fue el ventilador en el techo en la sala de estar. No sólo era inusual para una casa de magos tener una cosa así (usualmente los hechizos refrescantes eran suficientes, especialmente en el Reino Unido, donde los veranos no eran terriblemente calurosos) sino que también era una réplica exacta del que veía noche tras noche esperando dormir mientras estaba atrapado en la isla con Harry.

Se sacudió las cenizas de su abrigo, la esperanza se encendió en su pecho mientras miraba alrededor de la sala desierta. Todo era una reminiscencia de la casa de campo, desde el color de la pintura en las paredes a los cómodos e informales muebles. Casi se olvidó de respirar mientras se apresuraba hacia lo que él asumía era la cocina, siguiendo el sonido del tintineo de los vasos.

Se detuvo abruptamente en el marco de la puerta que daba a la iluminada y resplandeciente cocina, jadeando bajito cuando vio a Harry yendo y viniendo, mezclando bebidas. El hombre de cabello negro estaba de espaldas a él, pero indiscutiblemente era él. El corazón de Draco casi se sale de su pecho, sus piernas perdieron fuerza por el alivio.

–Harry.

Harry se dio la vuelta, sus ojos verdes se abrieron como platos mientras estudiaba a Draco. La cara del rubio estaba un poco sonrojada, y no podía decir si estaba feliz o enojado de descubrir que Harry era su cita a ciegas para esa tarde.

–Tú… pero…

–Espero que no estés terriblemente enojado con tu madre por mentirte –dijo Harry, aún tratando de determinar la reacción de Draco. No había saltado inmediatamente a la chimenea, lo que era un buen signo, pero tampoco se había movido del marco de la puerta, lo que podía ser malo.

–Ella… pero tú no… esto es…

Harry sonrió, el nudo duro que su estómago había estado apretando toda la noche se aligeró. Draco sin palabras era una cosa rara de hecho, y era más probable que significara que estaba contento, no enojado, por el cambio de circunstancias.

–Si aún quieres tener una cena con un tipo cualquiera, creo que el vecino está libre hoy. Definitivamente es gay, al menos por la forma en que toqueteó el trasero de Neville cuando estuvo aquí antes.

Las palabras de Harry sacaron a Draco de su estupor y se tambaleó hacia adelante, eliminando la distancia entre ellos con unos pocos pasos largos. Tomó la cara de Harry entre sus manos y lo jaló para darle un beso intenso que decía todo lo que su boca parecía incapaz de decir.

Harry gimió, pasando sus manos por el cabello de Draco mientras respondía al beso con igual fervor. Habían pasado semanas, pero Draco se sentía y sabía exactamente igual y Harry se hundió en el beso, desesperado por borrar cualquier recuerdo de su pelea o el tiempo que pasaron separados.

–Harry –suspiró Draco contra sus labios, descansando su frente en la de Harry mientras trataba de recuperar el aliento y enfocar su mente en el hecho de que estaba ahí parado con Harry–. Merlín, Harry.

–Draco –dijo Harry con la misma reverencia, sus manos recorriendo cada parte de Draco que podía alcanzar. Quería estar seguro de que eso no era un sueño, que Draco de verdad había ido y que parecía extrañar a Harry tanto como Harry lo había extrañado.

–Mentí –ambos dijeron al mismo tiempo, dejaron un momento de silencio antes de estallar en risas.

–Sé que lo hiciste –dijo Harry, dando un paso atrás para poder ver a Draco mientras hablaban–. Vino a verme hace unos días. Joder, Draco. Lo siento. Nunca debí dudar de ti y nunca, nunca quise hacerte pensar que había regresado con Ginny.

Draco sonrió avergonzado. El malentendido había sido tanto su culpa como la de Harry; abiertamente había mentido acerca de dormir con Blaise porque había estado tan enojado por la acusación.

–Blaise vino a verme –admitió Harry, un sonrojo se extendió en sus mejillas.

Draco entrecerró los ojos, preguntándose exactamente qué le había dicho Blaise a Harry. Ciertamente él no le había dicho a Draco de la visita, lo que lo hacía más sospechoso.

–Me dijo, eh, bueno…

–Mierda –maldijo Draco, sintiendo un sonrojo intenso aumentar en sus propias mejillas. Nunca quiso que Harry supiera eso. Estúpido imbécil Blaise.

–No, me agrada saberlo –dijo Harry rápidamente, mirando hacia arriba para encontrarse con la mirada de Draco–. Desearía que me hubieras dicho, pero me agrada saberlo.

Draco se encogió ligeramente de hombros. No podía entender cómo eso importaba en lo absoluto, sobretodo en un momento como ese. ¿No deberían estar hablando de la pelea que tuvieron? ¿O del ataque de Ginny? Draco tenía detalles de Ron, pero aún se sentía molesto cuando pensaba que tan fácilmente las cosas habrían estado peor.

– ¿Dónde estamos? –preguntó Draco de pronto, mirando alrededor de la cocina lujosa, como si apenas se hubiera dado cuenta de donde estaba.

–Bueno –dijo Harry, luciendo extremadamente incómodo–. Blaise me dijo que habías estado pensando en moverte a un lugar más grande. En que nos mudáramos a un lugar más grande. Y yo, precisamente, yo…

–Compraste un departamento para nosotros –dijo Draco, una pequeña pizca de diversión se asomo en su voz. Volvió a mirar la gran cocina, preguntándose qué rayos había posesionado a Harry para hacer algo como eso. ¿Qué pasaba si él no quería vivir con él? ¿Qué si odiaba el lugar? ¿Qué pasaba si decidía que estaba mejor sin él?

–No exactamente, no –dijo Harry, llevándose una mano nerviosa a su cabello.

– ¿Entonces de quién es el lugar? –preguntó Draco, un torbellino de miedo giró en su estómago. ¿No había leído mal a Harry o sí? Definitivamente no era la casa de Ron y dudaba que cualquiera de los amigos de Harry pudiera pagar un lugar así. ¿Y si Harry lo había llevado para decirle que estaba viendo a alguien más?

–Em, bueno, nuestra. Tuya y mía. Nuestros nombres están en el contrato –tartamudeó Harry, mirando el suelo de azulejo.

Draco lo miró por un momento largo, confundido. Cuando las cosas tomaron sentido, se apresuró hacia la ventana arriba del fregadero de la cocina, forzando la mirada para ver a través de la oscuridad de afuera. Definitivamente no estaban en Londres y podía ver la débil silueta de un patio y un jardín afuera.

– ¿Una casa? ¿Nos compraste una casa?

El sonrojo de Harry se intensificó, apenas resistiendo la urgencia de moverse.

–Parecía lógico. Querías más espacio y nos gusta nuestra privacidad. Una casa parecía tener más sentido.

Draco se le quedó viendo sorprendido por unos momentos más antes de lanzarse hacia la puerta y abrirla. Salió al extenso pórtico, boqueando ante la gran extensión de tierra alrededor de ellos. La casa que Harry les había comprado estaba localizada en una gran parcela de tierra, asegurándoles privacidad de ojos fisgones.

Aún en la oscuridad, podía ver el tamaño de las plantas en el jardín. Inhaló un poco, la mezcla de esencias hizo que su pecho se contrajera.

–Plantaste un jardín –dijo suavemente, sin darse vuelta cuando Harry caminó tras él. Podía sentir el calor de su cuerpo a través de su ropa e instintivamente dio un paso atrás, su cuerpo buscando contacto con el de Harry.

–¿Reconoces las plantas? –preguntó Harry, descansando su mentón en el hombro de Draco.

–Té. Plantaste un jardín de té –dijo Draco, su voz llena de expectación. Era, sin lugar a dudas la cosa más dulce que alguien había hecho por él. Hablaba volúmenes de qué tan bien lo conocía Harry y las leguas que iría para hacerlo feliz.

–Tenemos todo lo necesario para hacer las mezclas que más te gusten –murmuró Harry en su oído, mordisqueando ligeramente su lóbulo.

Se quedaron ahí de pie por unos momentos más, el aire frío los hizo acurrucarse más cerca para buscar calor mientras veían el jardín y la tierra que lo rodeaba.

– ¿Quieres ver el resto de la casa ahora? –preguntó Harry, aún inseguro si a Draco le había gustado o no el gesto.

–No –dijo Draco, alejándose de Harry.

El corazón de Harry se detuvo y se forzó a encontrarse con la mirada feroz de Draco. Su pulso se aceleró cuando vio deseo en las profundidades grises en vez del rechazo que esperaba.

–El dormitorio primero –dijo Draco su voz estaba ronca por la necesidad–. El resto de la casa puede esperar.

TBC