¿Qué es el amor?, es un instante.

Esa idea se había introducido lentamente a la cabeza de Diamante, cuando vio alejarse a la única persona que había querido en su corta vida. Recordaba perfectamente ese horrible día de guerra.

Eran los mejores amigos, solo contaban con 15 años y ella con 13, eran inseparables, no había día que no se vieran u hablaran.

Siempre salían a la calle a jugar, a explorar, en busca de nuevas aventuras, siempre hablaban de cualquier cosa que se les ocurriera, no existían los secretos entre ellos.

Cada segundo que pudieran pasar juntos ellos lo aprovechaban, no existía nada malo entre ellos, reían, lloraban, jugaban, peleaban, todo lo hacían juntos, habían estado juntos por diez años, ninguno de los dos tenía amigo alguno, solo se tenían ellos.

Ambos tenían problemas en casa, por eso se entendían mejor, el padre de ella había muerto cuando estaba pequeña, de un infarto, y su madre se había vuelto a casar con un hombre que ella no quería, pues el no mostraba cariño por ella.

El también había perdido a su padre, alguien lo había asesinado, nunca pudo comprenderlo, solo le quedaba su madre enferma y su hermano pequeño. Ambos sabían lo que era el dolor, la perdida, la muerte.

Eran pequeños para saber o para darse cuenta de que existía un gran amor entre ellos, eran pequeños para saber lo que el amor significaba, solo se necesitaban mutuamente. Sabían perfectamente que no podrían vivir el uno sin el otro, lo único que deseaban era pasar el resto de su vida juntos.

Pero la situación era terrible, la guerra no tardaría en llegar al pueblo, aunque ellos no tenían idea de lo que sucedía, tenían la ligera sensación de que sus días juntos estaban contados.

Ese día por la tarde, Serena había llegado llorando, el la había abrazado fuertemente, la había consolado.

"Nos iremos pronto", habían sido sus palabras, el no soporto la idea de separarse de aquella pequeña persona que le brindaba felicidad y tranquilidad, no soporto la idea de no volver a ver su tierno rostro.

Diamante volvió a casa con su hermano y su madre, se encontraban esperándolo sentados en la salita.

-Hijo mío, la guerra nos ha alcanzo, y debemos huir, no podemos quedarnos aquí, mañana mismo partiremos.-le había dicho su madre con lágrimas en los ojos.

El pueblo estaba en peligro, el solo había escuchado sobre la guerra en la radio, era inevitable, sabía que en cualquier momento tendría que enfrentarse a ella de una u otra manera, y eso le partió el corazón.

Al día siguiente por la mañana corrió desesperadamente hasta casa de Serena, debía verla por última vez, tenía que hacerlo.

La tomo de la mano, entrelazando sus dedos con los de ella y caminaron por el pequeño bosque. Por dentro se moría de miedo, hubiera querido huir con ella, lejos de todo, pues era su persona favorita.

-Yo…ya casi me voy.-dijo Serena agachando la cabeza.

-Quisiera poder quedarme aquí, contigo, quisiera que pudiéramos irnos al mismo lugar.

Serena lo abrazó, el la rodeo con sus brazos, ¿Qué sabían ellos del amor?, eran unos pequeños, solo se necesitaban el uno al otro, los dos se complementaban, y a ambos les dolía en el alma separarse.

-No me quiero separar de ti.-dijo ella.

-Algún día nos reencontraremos, algún día seremos amigos como lo somos ahora, jugaremos juntos, nos pasearemos juntos, caminaremos juntos tomados de la mano, platicaremos sobre nuestro día, nos contaremos nuestros secretos, te lo juro, estaremos juntos de nuevo, por que…por que necesitamos hacerlo.

-¿Lo prometes?

El chico asintió con la cabeza, triste, por no saber que tan cierta era su promesa, pero debía aferrarse a una esperanza, por pequeña que fuera, debía creer que volvería a saber de ella, debía creerlo.

Serena saco de su bolsillo una cadena y la deposito en las manos de Diamante.

-Quiero que te quedes con ella.

-Pero…es la cadena que pertenecía a tu padre, no podría hacerlo, es lo único que te queda de el.

-Lo sé…pero quiero que tengas algo con lo que puedas recordarme siempre, ¡no quiero que me olvides!-dijo soltando las primeras lágrimas.

-Nunca lo haré, nunca lo haré.

Diamante también se desabrocho el relicario que colgaba de su cuello y se lo entrego.

-Entonces quédate con esto, por favor, y piensa en mí todos los días.

Se volvieron a abrazar por última vez, esta vez se estrecharon más fuerte, ambos lloraban, sabiendo que probablemente jamás se volverían a ver.

-Nunca nos dejaremos de querer, ¿cierto?

-Nunca.-contestó el.

Volvieron a casa de Serena tomados de la mano, llorando, en silencio. Ninguno se atrevió a articular palabra alguna, el dolor era inmenso. La madre y el padrastro de Serena la llamaron, era hora de marcharse, era hora de subirse al coche.

Separaron sus manos y Serena camino hasta el coche, le dijo adiós con un movimiento de manos, el no pudo moverse, se quedo paralizado mientras la veía marcharse. Se subió al coche, el coche comenzó a moverse, ella miró por el vidrio trasero, vio como el había comenzado a correr tras el coche inútilmente con las lágrimas resbalando por sus mejillas.

Y entonces el se preguntó, ¿Qué es el amor?, es un instante.


Sé que estoy escribiendo también la de Luchando contra mi amor, pero de pronto se me vino esta idea a la mente y decidí plasmarla de una vez, no aguante esperarme hasta acabar la otra, espero les guste.