Disclaimer: Saint Seiya no me pertenece, le pertenece a Kurumada.

Pensamientos en cursiva

1. El regalo de Shun

Las guerras santas han terminado, Athena, Poseidón y Hades hicieron una tregua y Zeus decidió devolverle a cada quien los guerreros caídos en batalla.

Así que en el santuario se encontraban todos los santos dorados, los de plata, y los de bronce estaban disfrutando de una vida tranquila sin peleas en otros lugares del mundo. Seiya estaba pasando el rato con Miho en el orfanato, Hyoga se fue a Siberia a visitar a su aldea natal, Shiryu partió a Rozan para ver a Shunrei, ya que el maestro de Libra se había quedado en el santuario, Ikki…bueno nadie sabe dónde está Ikki.

Shun estaba sentado al lado de una de las ventanas de la vasta mansión Kido mirando a lo lejos el paisaje que descubría montañas cubiertas por una espesa niebla, pasando sus ojos de la tierra al cielo, donde brillaban cantidad de luceros de distintos tamaños y colores, admirando su belleza, dejó caer una lágrima de sus ojos esmeralda cuando escuchó pasos detrás de él.

- Son hermosas ¿no Shun? Las estrellas –Le dijo Saori en tono dulce- ¿Te pasa algo? Parece que tu alma llora.

- Saori san…- Dijo Shun algo sorprendido-No, no pasa nada es sólo que…Extraño a mi hermano, no sé dónde pueda estar a pesar de que estoy seguro de donde quiera que esté está sano y salvo. Además…- titubeó un momento- Todos tienen un lugar a donde ir, yo, yo…No merezco esto, no merezco estar aquí.

Los ojos del peliverde se llenaron de lágrimas que empezaron a caer desmesuradamente por sus mejillas y empezó a hundirse en sus pensamientos cuando Saori se acercó a él rodeándolo con sus brazos y diciéndole con una leve sonrisa

- Shun, esta siempre será tu casa, no importa lo que suceda. Siempre tendrás un lugar al que regresar.

-Saori san- Shun correspondió al abrazo de su diosa secándose las lágrimas con sus manos – Muchas Gracias. Yo siempre estaré para protegerte, para protegerlos a todos. No te defraudaré, no defraudaré a mi hermano.

Saori se sintió complacida al escuchar esas palabras de Shun y se disponía a salir de la habitación cuando se detuvo en seco

- Shun, acabo de recordar algo.

- ¿Dime Saori san?-Preguntó algo confundido

-Es que, estaba de compras con Tatsumi y pensé en traerte algo, ya vengo.

-P-pero ¡Saori san! –Intentó protestar pero ya Saori había salido a toda velocidad del cuarto.

Shun esperó y al cabo de una media hora reapareció la pelimorada trayendo algo en su mano derecha.

-Disculpa la demora, es que tuvimos que sacar todas las cosas de la compra porque no recordé dónde la había puesto, así que registramos las cincuenta bolsas-dijo con una sonrisa y una gotita en la frente- Toma, esto es para ti- Le ofreció el paquete a Shun.

-P-pero, Saorin san, yo.-

-Nada de peros, ¿No vas aceptarme un regalito si quiera? –Preguntó Saori con ojos llorosos (NA: como las del perrito de uno cuando lo va a regañar)

- Es que, ya es suficiente con que dejes que me quede aquí. Además ni siquiera es navidad ni mi cumpleaños.

- Ya te dije que no te preocupes por eso Shun además es algo que quiero hacer no me gusta verte triste y así estás últimamente. Entonces, ábrelo.

Mientras Saori decía esto le alargó el objeto a Shun, quien lo tomó resignado y cuando se dio cuenta de lo que era abrió los ojos como platos, estaba admirado.

-Muchas gracias Saori San.-Le dijo con un abrazo

- De nada, ya tendrás con qué distraerte.-La diosa le dedicó una sonrisa y miró su reloj, alarmándose- ¡Qué tarde es! van a ser casi las doce, Buenas Noches Shun.- Y desapareció por las escaleras.

-Buenas noches.- Le dijo aunque ya se había ido.

Ahora el peliverde se quedó examinando lo que le acababan de dar. Era un libro de gran tamaño, la carátula era el doble de grande de los libros de texto que usaba para sus clases-Ahora que todo estaba en calma Saori le había puesto un tutor para que estudiara con ella- y le llamó mucho la atención el acabado, estaba adornado con bordes dorados en curvas, era de color vino y tenía la inscripción "Mitología Griega, las constelaciones y su significado". Shun procedió a abrirlo y en la primera página, escrita con una caligrafía de hermosos trazos decía "Quien sea el primero en poseer este libro será dotado de grandes poderes". Shun la leyó en voz alta-no había nadie mas que él en esa habitación después de todo- y cuando acabó un fuerte viento entró por la ventana, tirando todo a su paso, las sillas chirriaban, las puertas del closet se abrían y cerraban, los muebles se movieron de sitio arrastrados por el vendaval y el libro empezó a brillar con una luz cegadora que hizo que el ojiverde cerrara los ojos con fuerza y después de unos instantes todo volvió a la normalidad. El libro dejó de resplandecer y el viento ahora era suave brisa.

-¿Qué fue eso? –Miró a su alrededor y vio que todo estaba en su lugar, no había ningún desorden y el libro ya no resplandecía.-Tal vez fue mi imaginación. Saori San tiene razón, debería ir a dormir y mañana empezaré a leer.

Shun era un aficionado a la lectura después de todo y su diosa estaba al tanto de eso, le fascinaban especialmente los libros de cuentos y las historias fantásticas de la mitología de todas partes, sobre todo la griega. Así que se puso su pijama de ositos cariñositos y se cayó en los brazos de Morfeo sin tener la más mínima conciencia de lo que estaba por venir con ese curioso objeto.

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