Esta es una nueva historia que publico, pero no es mía. Estoy traduciendo la historia de "Before Harry: The Marauder´s Tale" escrita por Chelles, y pueden encontrar el link a su página en mi página, si la desean leer en inglés. Ojalá les guste, está MUY buena la historia!

I. El Viaje Empieza

–Bueno, ¿ya empacaste?

–¡Sí!– exclamó James Potter, moviendo la cabeza con entusiasmo. –¿A qué hora nos vamos para King's Cross mañana, papá?

–Bueno–, dijo el Sr. Potter, con el ceño fruncido falsa concentración , –¿qué te parece a las once?

–¡El tren sale a las once!– exclamó James.

–No lo molestes, Harold,– la Sra. Potter intervino. –Vamos a salir alrededor de las nueve y media.

–Muy bien–, James estuvo de acuerdo. Una mirada de preocupación cruzó su rostro. –Me va gustar Hogwarts, ¿verdad?

–¡Por supuesto que sí!– su padre exclamó. –No vas a creer todo lo que hay que aprender. Y, harás amigos maravillosos.

James pensó en los amigos que ya tenía. Deseaba que pudieran ir a Hogwarts. Estaba particularmente triste por dejar a Danny, su mejor amigo.

–¿Por qué tan triste?– preguntó la Sra. Potter, viendo la cara caída de su hijo.

–Sólo desearía que Danny viniera, también,– dijo James en voz baja.

La Sra. Potter tomó su cara entre sus manos. –Yo sé que lo echarás de menos–, dijo. –Me gustaría que se pudiera ir contigo, también.

No mencionó que ella y su marido habían estado viendo a Danny fijamente desde que él y James se habían vuelto amigos cuando tenían seis años, intentando ver si mostraba algun tipo de magia. Sabían que sus padres eran Muggles, pero esperaban que Danny fuera un mago. James hubiera adorado ir a Hogwarts con su mejor amigo. Pero Danny no era mágico, y James iba a ir a Hogwarts sin su amigos de 5 años.

–Nadie de los de primer año tienen amigos todavía,– dijo el Sr. Potter, tomando a James del hombro. –La mitad de la diversión del primer año es hacer amigos.– Sonrió. –Tu madre y yo nos conocimos en nuestro primer año.

La Sra. Potter sonrió también. –Nos conocimos… pero no fuimos amigos hasta el tercer año.

–¿Por qué el tercer año?– preguntó James.

–Cada quien tenía a sus amigos,– dijo el Sr. Potter. –Pero en nuestro tercer año, tuvimos que trabajar juntos. Yo necesitaba un tutor en Transfiguración, y tu madre era la mejor en Transfiguración de nuestra generación.

–Y yo necesitaba ayuda en Defensa Contra las Artes Oscuras, que era la mejor materia de tu padre.

–Así que decidimos ayudarnos el uno al otro. Y así fue como nos llegamos a conocer.– sonrió el Sr. Potter. –Pero cuando llegamos al quinto año, estaba feliz de no tener más problemas con Transfiguración.

–Oh, tú,– dijo la Sra. Potter, haciéndole gestos con la mano.

–¿Transfiguración es difícil?– preguntó James nerviosamente.

–No realmente,– respondió la Sra. Potter.

–Pero Papá tenía problemas con esa materia.– su cara se volvió más nerviosa.

–No era mi mejor materia,– admitió el Sr. Potter. –Pero tu madre era fantástica. A veces creo que podría superar a Dumbledore,– terminó con una sonrisa burlona.

–Oh, Harold, ¡no le digas tales mentiras!– dijo la Sra. Potter. –Dumbledore es el mago más increíble que este mundo ha visto en siglos.

–¿Pero en verdad eras fantástica, Mamá?

–Me iba lo suficientemente bien,– dijo. –Pero creo que serás una estrella en Transfiguración, James.

–¿Por qué?

–¿No recuerdas lo que te dijo el Sr. Ollivander sobre tu varita?

–¿Es buena para transfiguración?– James se estremeció por su recuerdo del Sr. Ollivander. El anciano lo hacía sentir un poco raro.

–¡Exacto! Y tu varita no te hubiera escogido nunca si iba a reprobar en Transfiguración.

James sonrió. Le gustaba mucho su varita. Había amado el sentimiento cuando la había tomado por primera vez, y le habían sorprendido las chispas rojas y doradas que habían salido disparadas de ella cuando la tocó. Cuando la movió por primera vez, las chispas eran rojas. Le habían gustado más las chispas rojas y doradas, pero sus papás y el Sr. Ollivander estaban tan felices con las rojas que él se había puesto feliz también. Ya no podía esperar a usar su varita para magia verdadera.

–Estarás bien, James,– dijo su padre. –Te amamos, y creemos en ti. Serás un gran mago. Estamos seguros de ello.

James sonrió, y no sabía que decir.

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James se despertó a las cinco la siguiente mañana, emocionado y asustado. ¡Hoy! ¡El primero de septiembre! ¡Hoy se iba a Hogwarts! No podía esperar a llegar, pero estaba aterrado sobre qué iba a pasar cuando lo hiciera. ¿Le iría bien en sus clases? ¿Podría saber por dónde ir? ¿Le gustaría la comida? ¿En qué Casa iba a estar? Sus padres habían estado en Gryffindor. ¿Haría nuevos amigos?

Mientras pensaba en nuevos amigos, sintió un poco de tristeza. Iba a extrañar a Danny. Le gustaría que Danny fuera un mago también. Pero Danny iba a ir una escuela secundaria diferente. Haría amigos diferentes.

James finalmente se levantó de la cama, sintiendo como si una familia de mariposas se habían metido a su estómago. Se puso su ropa Muggle favorita, así no iba a llamar la atención en la estación de tren. Su nuevo uniforme de Hogwarts estaban empacados en su baúl. Mientras pensaba en su baúl, y las cosas nuevas que contenía, su emoción le ganó a su nerviosismo.

Bajó las escaleras y entró a la cocina, donde su madre estaba preparando el desayuno.

–¡Buenos días!– exclamó.

–¡Buenos días, mamá!

–Pareces emocionado,– sonrió.

–¡Lo estoy!

La sonrisa de la Sra. Potter creció. –Ven, siéntate y come un poco. No quieres estar hambriento en el tren.

–¿Hay comida en el tren?– preguntó James mientras se sentaba.

–¿Quieres que te empaque algo?

–Va a estar bien,– dijo el Sr. Potter, entrando a la cocina y a la conversación. –Te daré dinero, James. Puedes comprar comida en el tren.

Hetty, el elfo de los Potter, entró a la cocina mientras James se levantaba para tomar el jugo de la mesa. –¡El Sr. James ya esta listo!– exclamó.

–Gracias, Hetty,– dijo el Sr. Potter. –Iré a traer su baúl.

–Gracias por ayudarme, Hetty,– dijo James mientras tomaba la jarra de jugo.

–¡Hetty va a extrañar al Sr. James!– dijo la elfo.

–También te extrañaré,– respondió James.

Con estas palabras, Hetty corrió hacia James, y puso sus brazos alrededor de él, abrazándolo con fuerza. Sorprendido, James la abrazó de regreso.

–Oh, Hetty, cálmate,– dijo la Sra. Potter. –James regresará a casa. Regresará en Navidad.

–Hetty lo va a extrañar igual,– suspiró, alejándose de James y tallándose los ojos.

James se tragó el tapón en su garganta. –Tal vez debería ir a ayudar a papá,– dijo suavemente, y salió de la cocina.

James extrañaría a su familia y su casa. Amaba a sus padres más que a nada, y adoraba a Hetty. Ella era importante para la familia, también. Había sido como una niñera para él desde que nació. Suspiró, y agitó la cabeza. Su madre tenía razón. Iba a regresar en Navidad. Eso no estaba tan lejos.

Para cuando llegó a las escaleras, vió a su baúl bajar hacia él. Saltó fuera del camino, dejando que la magia de su padre lo llevara hacia donde él estaba. El baúl cayó suavemente en frente de James, y su padre bajó unos cuantos pasos atrás de él.

–¿Se te olvidó algo– el Sr. Potter apuntó con su varita hacía el baúl ahora inmóvil. –Alo…

–No, solo quería saber si necesitabas ayuda,– dijo James rápidamente.

–Oh,– el Sr. Potter dijo, bajando su varita. –No, todo está bajo control. Vamos, comamos algo antes de irnos.

En menos de una hora después, James, sus padres, y su baúl estaban listos para irse. Hetty vió con ojos llorosos como la Sra. Potter intentaba alaciar el pelo desordenado de James.

–Veamos,– dijo el Sr. Potter, mirando a su alrededor, –¿Ya tenemos todo?

–Eso creo,– contestó James.

–Bueno,– dijo su padre lentamente, –No estoy seguro.

–¿Qué falta?– preguntó James nerviosamente.

El Sr. Potter sonrió y levantó su varita. –Accio jaula.

James vió con asombro como una jaula grande llegó a su padre, quien la agarró. Adentro de la jaula había una lechuza.

–Esto es lo que falta,– dijo el Sr. Potter con una sonrisa.

–¿Para mí?– dijo James.

–Para ti,– respondió el Sr. Potter. –Tendrás que cuidarlo bien.

–¡Oh, lo haré!

–Y esperamos muchas cartas,– sonrió la Sra. Potter.

–¡Las tendrán!– prometió James, tomando la jaula de la lechuza en sus manos. –¡Muchas gracias!

–Por nada.

Sentándose en el asiento de atrás del coche de sus padres con su nueva lechuza, los miedos de James se empezaron a ir. Iba a amar Hogwarts.

–¿Tienes alguna idea de cómo vas a llamar a la lechuza?– preguntó el Sr. Potter, viéndlo por el espejo retrovisor.

–Todavía no,– respondió James.

–Ya pensarás en algo.

Después de algún tiempo, al fin llegaron a la estación. El Sr. Potter encontró un carrito, y puso el baúl de James ahí.

–Bueno,– dijo, mirando alrededor. –A la plataforma, entonces.

–Vamos, James,– dijo la Sra. Potter. –Vamos primero, y luego tu padre puede seguirnos con el carrito.

–Está bien,– dijo James.

Mrs. Potter tomó su mano, y lo guió hacía la barrera en la pared. James sabía que tenía que cruzar la pared entre los andenes 9 y 10 para llegar al andén 9 y ¾, pero su nerviosismo regresó cuando se acercaron. Sintiendo su ansiedad, su madre empezó a caminar aún más rápido.

–¡No te detengas, James!– dijo en voz baja. –¡Solo sigue caminando y estarás bien!

Su oración apenas había terminado cuando llegaron al otro lado de la pared. El Hogwarts Express de color escarlata brillaba en frente de ellos.

–¡Lo logramos!– exclamó James.

–Por supuesto que sí.

El Sr. Potter apareció junto a ellos, llevando el baúl de James y la lechuza. –Bueno, ¡aquí estamos!

James miró a su alrededor con asombro. No podía creer el número de personas que se habían juntado en la plataforma. Reconoció algunas caras de las fiestas a las que había ido, pero en su mayor parte, estaba rodeado de extraños.

–Será mejor que estés listo,– dijo el Sr. Potter, cuando el silbato del tren sonó. Empezó llevar el carrito hacia el tren. Un portero apareció para ayudar a cargar las cosas de James.

–Ten cuidado, James,– dijo la señora Potter, abrazándolo. –Asegúrate de escribir y haznos saber cómo estás.

–Vas a estar bien–, dijo el Sr. Potter, apretando los hombros de su hijo. –Cuidate.

–Lo haré–, James prometió. Se separó de sus padres, y subió al tren.

–¡Pórtate bien!– su padre lo llamó, enviándole un guiño.

James sonrió y alzó la mano para despedirse. Las mariposas se había trasladado de nuevo a su estómago. Cogió su maleta con una mano, su lechuza con la otra, y empezó a buscar un compartimiento vacío.

Cerca del final del tren, se encontró un compartimiento con un solo ocupante. El niño era más pequeño que James, y parecía muy nervioso.

–¿Te importa si me siento aquí?

–Adelante–, el otro chico respondió. Se puso de pie para ayudar a James a guardar su baúl y su búho. –¿Cuál es el nombre de tu lechuza?

James se encogió de hombros. –No tiene uno todavía. Me lo acaban de dar hoy,– Se sentó frente al otro muchacho, al notar lo cansado que estaba. –Soy James Potter.

–Remus Lupin–, dijo, extendiendo una mano. –¿En qué año estás?

–En primer año,– dijo James nerviosamente.

–Yo también–, dijo Remus, su cara mostrando una sonrisa. –¿Estás nervioso?

James asintió. –Pero estoy seguro de que estará bien, ¿no? Quiero decir, mis padres me dijeron que es genial.

–Igual los míos–, respondió Remus. Parecía un poco incómodo. –Dijeron que es un honor ir a Hogwarts.

James le dirigió una mirada de sorpresa. ¿Honor? Todos iban a Hogwarts. –¿Tus padres son muggles?

–No, somos magos.

–Entonces, ¿por qué lo consideran un honor? Todo el mundo va ahí.

Remus sacudió la cabeza. –Sólo los magos van. No todo el mundo.– Parecía aún más incómodo, pero se encogió de hombros. –Mis padres creen firmemente en la educación. Están realmente entusiasmado por que yo vaya.

James sonrió. –Mi papá dijo que los mejores momentos de su vida fueron en Hogwarts.

–Eso es lo que mis padres me dijeron, también,– respondió Remus, con el rostro relajado de nuevo.

Estaba haciendo un nuevo amigo. Había que tener cuidado. No podía permitir que James supiera su secreto. James era totalmente normal. Él no sería capaz de entender lo que era ser un hombre lobo. Y ciertamente no quería ser amigo de un hombre lobo. No, Remus tomaría el consejo de sus padres, y mantener su secreto.

James le miraba como esperando una respuesta a una pregunta. –Lo siento - ¿Qué?– Remus preguntó, su cara sonrojándose.

–Tee pregunté si tienes algún hermano o hermana–, repitió James, no se molestó por la mente vaga de Remus.

–No, soy hijo único–, dijo Remus con un poco de tristeza. –¿Y tú?

–Soy hijo único, también–, respondió James. –Siempre he querido tener un hermano.

–Yo también–, Remus estuvo de acuerdo. –Un hermano menor, para que yo pudiera enseñarle las cosas.

James sonrió. –Y darle una paliza cuando lo necesitase.

–Yo no creo que querría hacerle daño–, dijo Remus, pensando exactamente lo mal que podía herir a alguien.

La puerta del compartimiento se abrió, y un muchacho de pelo oscuro y ojos claros miró hacia adentro.

–¿Están ocupados estos asientos?

James miró a Remus, sintiendo que era más su cabina, ya que había sido el primero en llegar.

–Todo tuyo–, dijo Remus, agitando su mano hacia los asientos vacíos.

–Gracias–, dijo el muchacho, comenzando a meter su baúl.

–¿Necesitas una mano?– James le preguntó, poniéndose de pie.

–Gracias–, dijo el muchacho de nuevo mientras Remus se levantaba a ayudar.

Los tres muchachos guardaron el baúl, y se sentaron de nuevo.

–Soy James Potter–, dijo James rápidamente. –Y este es Remus Lupin.

–Sirius Black,– el chico nuevo respondió. –¿Ustedes dos están en primer año, también?

–Sí–, respondieron juntos.

–Qué bueno,– Sirius sonrió. –Entonces yo no soy el único.

–¿Estás nervioso?– Preguntó James.

Sirius se rió. –Sólo de que me vayan a poner en Slytherin. Toda mi familia ha sido Slytherin durante siglos.

Los ojos de James se abrieron. –¿Pero no quieres serlo?

Sirius se rió de nuevo. –No me gusta seguir las tradiciones familiares.

–¿No se molestará tu familia?– Remus preguntó en voz baja.

–Probablemente,– Sirius dijo con una sonrisa. –Me gustaría estar en Gryffindor, la verdad.– En realidad, Hufflepuff estaría mejor que Slytherin, añadió mentalmente. Sirius odiaba la obsesión de su familia con la pureza de la sangre y las artes oscuras.

–A mí también–, dijo James. –Mis padres estaban en Gryffindor.– Miró a Sirius. –No me importa.

Sirius se encogió de hombros. –¿Y tú, Remus? ¿Qué casa quieres?

–Gryffindor,– Remus dijo sin titubear. –Mi padre estaba en Gryffindor.

–¿Y tu madre?– Sirius le preguntó.

–Ravenclaw. Pero Gryffindor suena más divertido.

–Espero que todos estemos juntos–, dijo James. –Será bueno tener amigos en la misma casa.

Remus sonrió. –Sí, lo será.– ¡Tenía amigos!

Sirius frunció el ceño ligeramente. ¿Amigos? Él no los conocía muy bien todavía. ¿Estaba seguro de que los quería como amigos? Por otra parte, la única gente que conocía en Hogwarts eran sus primas, Bellatrix, Andrómeda y Narcissa. Mientras le caía muy bien Andrómeda, ciertamente no quería tener que asociarse con Bellatrix y Narcissa, y estaba seguro de que Andrómeda pasaba mucho tiempo con sus hermanas. Debería tratar de hacer amigos - sobre todo amigos que no quisieran tener nada que ver con Slytherin. Sintió su cara deslizándose en una sonrisa. Sacó cartas de su bolsillo.

–¿Alguien quiere jugar Exploding Snap?