Disclaimer: Ya lo saben, nada me pertenece.

Para Drehn, que es un sol, esperando que me perdone por este drabble y que te hayan gustado los anteriores como a mí me gusta pasar tiempo con vos.

Noches de película
(Teddy and Potters)

–Es extraño. Antes ustedes me esperaban a mí –comentó Teddy, tumbándose en el sillón y haciéndolo suyo, con toda esa familiaridad que presentan las tradiciones.
Albus lo miró de reojo, acuclillado buscando entre los viejos videos de siempre, batallando con Oliver (el gato de la familia, más precisamente suyo y de Lily) para quitárselo de encima.
No dijo nada, pero sonrió.

–Ah, ya ves cómo acaba viniendo. Le gusta que nos preocupemos por él –sonrió Lily, encargándose de los dulces.

–Sí, ya –respondió Teddy, atrayendo a Oliver para dejarlo sobre su pecho y pelearlo desde allí, jalándole la cola y rascándole las orejas.

Será que Lily es la que más conoce a James (no podía ser de otra manera), porque tiene razón. Él llega en ese momento en el que a nadie le importa, en el que todos están ligeramente molestos y se preocupan por fingir que no, que no importa si ese tonto rematado de James rompe la vieja costumbre o se olvida por salir con sus amigos.
Viene con una de esas sonrisitas de pedir perdón que le funcionaban con mamá, mojado de pies a cabeza y con el cabello alborotado. Siempre se queja, pero Albus sabe que no se perdería por nada la noche de películas.

–Eh, lo siento –dice. Albus ni siquiera lo mira, porque ya ha empezado la película y James no se lo merece, por llegar tarde.

–Si te vas a quedar mojado, ni se te ocurra sentarte conmigo –le advierte Lily, frunciendo el ceño. –Venga, James, ya empezó.

–Ya, ¿cuántas veces hemos visto Star Wars? –refunfuña.

Teddy se lo piensa un poco y luego se encoge de hombros. No tiene ni idea de cuántas han sido ya; la primera vez fue hace muchos años: James recién tenía doce y vieron tres seguidas en una sola noche. Lily se enamoró enseguida de Anakin (amor que perduró incluso en los tiempos oscuros de la cuarta, quinta y sexta), y luego cayó dormida en brazos de Teddy antes de que terminara la segunda.
Después de eso es tradición reunirse los cuatro una vez al mes a mirar alguna película, Star Wars de preferencia, no importa cuál episodio (si Lily es quien elige, seguramente verán el segundo), si Albus elige, pondrá la segunda del Señor de los Anillos, que es su preferida y la de James (la de Albus por el discurso final de Sam, la de James por la guerra).

Teddy sabe, pero no lo dice, que lo importante no es cuántas veces han visto Star Wars, lo importante es cuántas veces más la verán, todos juntos, desparramados por el piso, peleándose por el sillón como hacían cuando tenían doce y Anakin Skywalker reducía al famoso Harry Potter a ese oh, cállate, papá, no entiendes nada ("¡eso, papá! Lo siento, pero no lo entenderías" "es que papá, ¿no ves que Anakin es lindo?" "eh, esto, Harry…"); arrojando los dulces por todos lados, intentando meterlos dentro de la remera de Lily o en el cabello de Albus, y luego acabar todos batiéndose a duelo en honor de La Fuerza; duelos donde Leia, Luke y Obi-Wan (llámense Lily, Albus y James) se enfrentaban al temible Darth Vader (Teddy para los amigos) y reducían las flautas de pan del almuerzo de mañana a montones de miga.

Bueno, la idea es la siguiente: los hijos del Gran Mago Harry Potter también conviven con esa parte muggle que Hermione y Harry nunca dejaron atrás, así que no me pareció extraño que tuvieran un televisor y que miraran películas (e hicieran de eso una tradición de hermanos y primos).
Bueno, técnicamente, eso.

Hasta acá llegamos. Gracias a quienes leyeron y dejaron sus reviews (o no).