Disclaimer: Los personakes le pertenecer a Stephanie Meyer, yo solo invento hsitorias en mi cabeza y los utilizo por ser tan maravillosos.

Esta vez no llenare de nombres ni de palabras extras, solo agradecerle a cada una de las chicas que me siguieron fienlmente durante esta travesia, nunca imagine que a esta historia le iria así de bien, nunca imagine todo el cariño que recibiria, cada una de ustedes al igual que yo sabe a quien va dirigido este capitulo, este final que me produce ganas de llorar por que es triste terminar algo que se le tiene cariño, mejor las dejo leer y disfrutar y nos leemos más abajitio.


Sugerencia músical para éste capitulo:

° Have you ever really loved a Women -Bryan Adams °

° Kissing You - Des´ree °


Epilogo

BPOV

Sentía que mi cuerpo poco a poco comenzaba a llenarse de energía y fuerzas, aquellas que había perdido en esos tres largos días de cautiverio, podía reconocer la suavidad y comodidad de una cama, mi cama, estaba segura que me encontraba de regreso en mi casa. Un enternecedor gorjeo me saco de mis pensamientos y mis sueños para hacerme volver a la realidad. Al abrir mis ojos me di de llego con un pequeño bultito tan quieto y sereno que te llenaba de paz hasta la última fibra de tu cuerpo, me desperecé rápidamente y me senté para luego tomarlo entre mis brazos e inhalar fuertemente su suave aroma infantil, sentir que entre mis brazos mi pequeño estaba seguro, necesitaba realmente creer que lo tenia entre mis brazos.

-Cuanto te extrañe mi pequeñito- le dije mientras le daba pequeños besitos por sus mejillas y cuello.

-¿A mi no me extrañaste?- no había reparado en que Edward estaba observándonos sentado desde uno de los pequeños silloncitos que se encontraban en la habitación, respire fuertemente llenando los pulmones del aroma de mi bebé.

-Sabes que si- fue todo lo que pude decir, algo en mi se sentía fuertemente lastima.

-¿Estás bien?- se podía percibir la preocupación en su voz y pronto estuvo a mi lado acariciando mis espalda, yo asentí levemente ya que estaba segura que si decía alguna palabra mi voz se quebraría -¿Hay algo de lo que quieras hablar?- volvió a preguntar a lo que yo negué con la cabeza –Cariño todos estuvimos muy preocupados por ti- seguía dando caricias sobre mi cabeza y espalda –Les pedí que no te agobiaran con su visita, cuando estés con más energía los llamaremos ¿bueno?- yo asentí y me recosté nuevamente con mi niño entre mis brazos y a los pocos minutos comencé a amamantarlo nuevamente, pude escuchar un fuerte suspiro de Edward y luego que hacia abandono del cuarto.

Tres días habían transcurrido en la misma situación, Alice llamaba muy seguido a Edward y así se pasaban largas horas charlando de algo que nunca llegue a enterarme pues la verdad nunca pregunte, el resto de la familia intentaba visitarme pero yo le pedía a Edward que aún no pues aún seguía algo aturdida por todo lo ocurrido, la verdad era que no tenia fuerzas para dar explicaciones de por que me sentía así, no sabia como ocultar mi pena de saber que Edward me ocultaba que era un hombre libre ¿pero que podía hacer? ¿Obligarlo a que se casara conmigo? ¿Qué cumpliera lo que un día me prometió? Yo no haría eso, quizás el simplemente quiera disfrutar de su nueva libertad.

Cuando la situación ya se hizo insostenible y ya fue muy evidente que algo andaba mal, Edward exploto.

-¿Cariño que es lo que anda mal?- me interrogo, luego de haberse asegurado que Edward Jr. dormía placidamente cuando lo deje sobre su cunita.

-Nada anda mal Edward- le dije con tono despreocupado intentando pasar por su costado pero él me impidió el paso.

-Se que algo anda mal y lo hablaremos ahora- como si fuese un costal de papas me cargo sobre su hombro y me llevo directo al cuarto.

-Bájame Cullen o gritare- lo amenace.

-No lo harías por que sino despertarías al bebé- podía imaginarme su sonrisa triunfal y bufé rendida, al llegar me lanzo sobre la cama y el sobre mi aprisionando mi cuerpo, sin dejarme escapatoria a quedarme entre sus brazos, mi cuerpo no acompañaba mi cabeza pues reaccionaba de inmediato a su tacto.

-Esto es innecesario- regañe como niña pequeña mientras rodaba los ojos.

-Estoy hablando en serio Bella, no me mientas por que se que algo anda mal- se detuvo unos minutos para mirarme directamente a los ojos, unos que demostraban una completa tristeza -es…es por…es por lo que te hizo…ese hombre ¿verdad?- su voz se quebró con un sollozo que partió mi corazón de tristeza, cerré mis ojos con fuerza al recordar lo que tuve que vivir, pero agradecí la bondad o en este caso el fuerte amor de James hacia Victoria y de esa manera no haber completado los planes de ella, una involuntaria lagrima se escapo de mis ojos, la que fue rápidamente limpiada por los suaves dedos de Edward, abrí mis ojos para contarle y él espero mi respuesta expectante.

-Él no me hizo nada Edward, él me ayudo- le dije finalmente, sentí que los músculos de Edward se contraían aún más y pronto su peso desapareció sobre mi, él se sentó llevándome con él quedando frente a frente.

-No lo entiendo- me armé de fuerzas y le conté todo lo ocurrido en esos tres días, Edward asentía escuchándome atentamente, cuando llegaba a la parte de los maltratos de Victoria su mandíbula se contraía y podía escuchar claramente el chirriar de sus dientes.

-Y eso fue lo que sucedió, Victoria te dijo que James me había hecho aquello solo por que fue lo que él quiso que ella viese, pero nada me ocurrió- le sonreí levemente para tranquilizarlo, lo amaba y eso no iba a cambiar nunca, aunque él no lo sintiera con la misma magnitud y fuerza, yo necesitaba que él estuviese en paz, alegre y tranquilo, nada más.

- Aún así pediré la pena máxima- y un sentimiento de odio apareció por sus ojos que se oscurecieron, acaricie su rostro para relajar aquel semblante y le volví a sonreír.

-No lo hagas Edward, estoy segura de que él ya siente suficiente culpa por lo que hizo, él quería ayudarla pero ella nunca lo dejo- le pedí, sentía gratitud hacia James por todo lo que había hecho por mi, si su arma no hubiese sido la gatillado, seria yo la que estaría en estos momentos hospitalizada en un coma inducido, Edward cerro los ojos largos minutos mientras disfrutaba de mis caricias, cuando sus ojos se abrieron estos estaban llenos de tristeza e incluso sus ojos estaban cristalizados, con las lagrimas al borde.

-Creí que moriría si algo te pasaba- me dijo con su voz completamente rota llevando su rostro al hueco entre mi mandíbula y mi clavícula, fuertes sollozos al fin reventaron de su garganta y sus manos me aprisionaron fuertemente contra su cuerpo, su pena era mi pena y con ello intente consolarlo, nunca podría exigirle algo, estaba completamente enamorada de él y por absurdo que pudiese parecer, haría las cosas a su modo, a su ritmo.

Al día siguiente le pedí a Edward que me llevase a la comisaría para darle una visita a James, aunque él protesto bastante finalmente comprendió que para mi era algo importante que debía hacer, mientras tanto Esme cuidaría de nuestro pequeño.

El gris apago y frío del lugar me resultaba escalofriante pero aún así pedí por James Stuart, me guiaron por un estrecho pasillo hasta una sala de visitas muy bien resguardada por gendarmes.

-¿Bella?- pregunto él completamente asombrado, asentí y le sonreí tímidamente.

-Necesitaba agradecerte por todo lo que hiciste por mi- le dije con un hilo de voz, el estar ahí me ponía nerviosa.

-No tienes nada de que agradecer- dijo restándole importancia, yo negué fervientemente mientras lo miraba a los ojos.

-Realmente hiciste mucho por mí, yo…yo no estaría aquí si no fuese por ti- le dije agradecida mientras mi voz se contraía por el dolor de los recuerdos.

-¿Sabes como puedes agradecerme realmente?- me pregunto con una sonrisa mirando mis ojos, yo negué y el continuo –Cuida y protege a tu hijo y a Edward, ámalos cada día con la misma intensidad que veo en tus ojos- pestañee asombrada por sus palabras, la tristeza era tan palpable que no pude resistir a la necesidad de tomar sus manos que estaban sobre la mesa.

-¿Cómo está?- le pregunte, él comprendió de inmediato que me refería a Victoria y una solitaria lagrima escapo de sus ojos.

-Los doctores la mantienen en un coma inducido debido a una laceración que se produjo en su hígado- asentí para que continuara mientras le daba un fuerte apretón a su mano –Dicen que lo más probable es que quede parapléjica ya que la bala traspaso la tercera vértebra lumbar- más lagrimas brotaron de sus ojos y sus manos asían fuertemente las mías.

-Lo lamento- fue todo cuanto pude decir, el me regalo una débil sonrisa que no fue suficiente fuerte como para llegar a sus ojos.

-No es tu culpa Bella, tú solo procura ser feliz- asentí, luego él me comento que lo juzgarían por ser cómplice y él estaba sumamente conciente de ello, de hecho para mellar un poco su dolor y culpabilidad, había exigido que se retirara el fiscal que se le había designado en su caso, él quería pagar su condena por sus actos.

-Cuídate- le pedí cuando ya estaba de pie frente a él con mi mano extendida para despedirme y marcharme y con esto cerrar este capitulo.

-Tú también- me sonrío sinceramente, cuando estaba por traspasar la puerta de la sala de visitas lo escuche llamarme -¡Bella!- me gire extrañada –Lee antes de firmar- me dijo con una sonrisa, yo le sonreí de vuelta y le guiñe un ojo.

Con la convicción de saber que había hecho lo correcto llegue hasta el exterior donde me esperaba impacientemente Edward.

-Ya estoy aquí- le dije para tranquilizarlo.

En un extraño mutismo llegamos a casa, podía sentir los nervios de Edward que incluso me contagiaba.

-¿Todo bien?- le pregunte cuando me abría la puerta del coche, él asintió pero no e convenció.

Al llegar al cuarto del bebé Esme lo mecía suavemente mientras le cantaba una hermosa canción.

-Se acaba de quedar dormido- me dijo en un susurro en cuanto me vio, asentí agradecida y en completo silencio nos fuimos juntas a la cocina, prepare una cena para los tres mientras sentía ciertas miradas cómplices entre Esme y Edward, creo que me lo busque después de estar varios días haciendo yo exactamente lo mismo.

Dos semanas pasaron demasiado rápido, Alice venia prácticamente a diario a charlar conmigo y a visitar a su sobrino favorito, de vez en cuando a las visitas se les sumaba Esme ya que pasaba gran parte del día sola, Edward decía que con todo lo ocurrido se le había juntado mucho trabajo, me dolía pensar que simplemente había sido una preocupación pero que ya estaba todo bien, que todo había vuelto a la "normalidad", un día me atreví a preguntarle.

-Edward ¿tú me amas?- él me miro extrañado, yo pienso que fue por la nota de dolor en mi voz al preguntarle aquello.

-Con todo el corazón- dijo simplemente, me beso la frente y continuo examinando los documentos que tenia regados sobre el escritorio, así eran los días, llenos de trabajo para él y sombríos para mi, donde solo la lucecita de mi hijo me daba consuelo.

Pero aquella última mañana fue de lo más extraño, Edward revoloteaba por toda la habitación completamente nervioso.

-Cariño ¿has visto mis gemelos?- lo mire extrañada –Aquellos que eran de mi abuelo- yo negué y Edward bufo molesto mientras seguía revolviendo los cajones de la cómoda, me pareció extraño que las necesitara ahora.

-¿Para que los necesitas?- le pregunte mientras lo ayudaba en la búsqueda, aquellas joyas tan importantes para Edward no podrían estar perdidas.

-No te lo había comunicado para evitar que regañaras, pero hoy en la noche tendremos una cena en el "Crowne Plaza"- pestañee confundida –Viene toda mi familia desde Alaska, por eso el lugar- me explico, cuando al fin dio con las preciadas joyas las guardo y me miro con una sonrisa –Alice vendrá en unas horas para ayudarte y llevarte- sin decir más me dio un rápido beso en la mejilla y salio a la carrera de casa.

Me sentí un poco desairada con aquella despedida tan simplona, me fui a la ducha mientras el pequeño Edd dormía placidamente, cuando ya estuve lista pasados unos minutos mientras me ataba el lazo de la bata a la cintura, pude escuchar el sonido del timbre, baje rápidamente encontrándome con Alice, Esme y además Carlisle, lo que me pareció de lo más extraño.

-¿Todo bien?- pregunte asustada, los tres me sonrieron y asintieron mientras me besaban la mejilla.

-Yo hago de chofer- dijo Carlisle.

-Yo pasaba a ver a mi nieto favorito- se excuso Esme.

-Yo tengo poco tiempo así que sube, sube- me insto Alice quien me hizo correr escaleras arriba.

Me sentó sobre la silla de la toilette de espaldas al espejo.

-Vas a quedar realmente hermosa- me dijo mientras sacaba algunos cosméticos de un bolsito.

-¿Crees que les agrade a al resto de tu familia?- pregunte nerviosa, Alice me sonrío calidamente.

-Le encantaras, se mueren por conocerte a ti y al pequeño Edward- me dijo –Ahora no hables- esto último fue más como un regaño, pasaron un par de horas en las que me relaje completamente mientras Alice hacia su magia en mi rostro y mi pelo, cuando al fin acabo me lo hizo saber –Listo, estas hermosísima- me dijo con orgullo en su voz, intente girarme para verme al espejo pero ella me lo impidió –Espera un momento, aún falta lo principal, quédate aquí y no te gires bueno- asentí frustrada mientras me volvía a recostar sobre el respaldo de la silla, unos minutos después Alice entro a la habitación –Quédate así unos minutos- ni me inmute, solo podía escuchar el desliz de una cremallera y que se acercaba a mi para desatar mi bata y levantarme para que me la quitara –Quédate con los ojos cerrados, por que si ves el vestido luego dices que no puedes utilizar algo así y ya me hechas todo a perder- se quejo.

-Alice ni se te ocurra que utilizare un vestido con esos escotes de muerte que tanto te gustan- me queje.

-Tus pechos están perfectos con la lactancia, si yo los tuviera no me quejaría tanto- dijo entre risitas, Alice me ayudo a colocarme la fina lencería y luego sentí como deslizaba aquella tela que se me hizo tan suave, me infundo unos tacones no muy altos lo que agradecí –Realmente luces hermosa- dijo con su voz ahogada- inmediatamente los abrí para verla a ella completamente asombrada, apunto hacia el espejo que estaba detrás de mi y me gire sin desviar mis ojos hacia abajo, quería ver que tan espectacular era lo que veía Alice.

-Alice- dije en un jadeo que se quedo atorado en mi garganta, mis ojos escaneaban mi cabello perfectamente ondulado con aquella joya reluciente, no solo en mi cabeza sino que unos finos pendientes en mis orejas y una delicada gargantilla sobre mi cuello, el maquillaje muy natural pero que le daba brillo a mis ojos, pómulos y labios, mi corazón acelerado por la emoción se salto un latido y pensé que en ese momento se detendría al examinar meticulosamente aquel magnifico vestido, un vestido blanco de ensueños (perfil) no se cuantos minutos habré pasado en la misma posición, contemplándome y buscándole razón de ser a todo esto, hasta que Alice apareció hermosa en un vestido verde, perfectamente peinada y maquillada.

-¿A que soy la mejor?- me dijo con una sonrisa orgullosa.

-No…no comprendo- le dije aún ensimismada, ella sonrío pero antes de que contestase Esme apareció con mi pequeño entre sus brazos y a su espalda Carlisle, los tres estaban esplendidos, Esme con un hermoso vestido gris con capaz, Carlisle impecable de Esmoquin, pero lejos el más adorable era mi pequeño Edward con un trajecito de esmoquin a medida, mis ojos se llenaron de lagrimas.

-No puedes comenzar a llorar aún Bella, si quieres puedes después de la ceremonia antes no, estaré preparada- dijo palmeando su cartera de mano.

Al salir un lujoso Rolls Royce decorado con algunas rozas y lazos blancos nos esperaba en la entrada de la casa, mi respiración era frenética por lo que esto no ayudaba más.

-Papá me iré con mi madre y mi pequeño sobrino en mi auto- le informo Alice, Carlisle asintió y me ayudo a entrar al coche.

-¿Nerviosa?- me pregunto mientras íbamos hacia la iglesia, tomo mis manos que se movían impacientes entre ellas.

-Asustada- reconocí con la voz que me tiritaba.

-Espero no te enojes con Edward, él lo llevaba planeando así ya varios meses, desde que supo que ya no estaba más casado con Victoria- mi corazón se contrajo de dolor por las veces que desconfíe de él –Lo hubieses visto como estaba aquella tarde que nos fue a contar a su madre y a mi, estaba como un niño por la euforia, desde entonces, Esme, Alice y Rosalie lo han ayudado a preparar todo- asentí sin saber que decir –Pero después, con lo que ocurrió con Victoria los planes se vieron aplazados, pero aquí estamos- me dio una calida sonrisa.

El trayecto fue más corto de lo que hubiese querido, necesitaba preparar mis nervios y más que nada poder asimilar que todo esto era real, que de verdad estaba sucediendo.

-¿Y si me caigo?- le pregunte aterrada a Carlisle una vez que estábamos frente a la iglesia.

-Yo estaré siempre a tu lado para tenderte una mano, como un amigo, como un padre- me gire para ver sus ojos llenos de bondad y el acaricio mi mejilla para luego acercarse a darme un beso en la frente –Te entrego con toda la dicha del mundo por que se que eres la felicidad de mi hijo- y aquellas palabras me sacaron una sonrisa nerviosa, juntos comenzamos a andar por camino que me conduciría a la eterna felicidad, delante de mi pude ver a Isadora con un hermoso vestidito blanco mientras repartía pétalos de rosas, los invitados se alzaron en cuanto entramos al lugar, mucha gente que no conocía esta ahí, pero si pude divisar a Ángela junto a Ben, a Jacob de la mano con una hermosa morena, intento buscar algún otro conocido pero con un intenso y poderoso haz de luz verde llamo su atención, delante de ella un adonis en un traje negro y camisa blanca y de corbata gris la esperaba al final de aquel pasillo, su corazón se contrajo con tanto amor que comenzó a bombear, era todo tan irreal y mágico que cerré un par de veces los ojos para saber si era real.

Quería correr y echarme a sus brazos, agradecerle de corazón todo lo que hacia por mi cada día, por su amor que me entregaba y que se veía reflejado en sus ojos que me sonreían dichosos, al llegar junto a él, Carlisle unió nuestras manos en un signo tan antiguo pero importante a la vez.

-Cuídala hijo, que mujeres como ella no quedan- Edward lo miro unos segundos, asintió y al tomar mi mano dejo un calido beso.

-Hermosa- dijo mientras sus ojos me miraban con aquel brillo poderoso.

-¿Por qué?- la pregunta salio involuntariamente de mis labios, me aprecia todo de ensueños, no era que no lo quisiese, es solo que de habérmelo dicho me habría ahorrado muchas lagrimas y tristezas que sufrí todo este tiempo.

-¿Es que no quieres casarte conmigo?- me susurro bajito con el miedo impregnado en su rostro.

-¡Claro que quiero ser tu esposa!- aquella afirmación salio muy alta de mis labios ya que hasta el sacerdote la oyó.

-Aún no llegamos a esa parte- me dijo con una sonrisa cómplice, pude escuchar varias risitas de los invitados y de inmediato me ruboricé.

La ceremonia religiosa paso en un abrir y cerrar de ojos, en el momento en que el padre bendijo las argollas, Emmett apareció con mi pequeño entre sus brazos quien simbólicamente sostenía la pequeña almohadilla con las alianzas.

Cuando ya nos estaban declarando marido y mujer, todo encajo a la perfección, mi vida completa encajaba en la vida de Edward y la suya en la mía, los tres por siempre y para siempre.

-Te Amo- me susurro antes de besarme tierna y dulcemente, sus manos en mis mejillas mientras dejaba suaves caricias con sus pulgares era la confirmación de todo aquello, él era mío así como yo era suya hasta el último de mis cabellos.

Al salir la lluvia de pétalos y arroz no se hizo esperar, entre aplausos y silbidos eufóricos de Emmett y Jacob, abrazos y felicitaciones. Los invitados comenzaron a subirse a sus vehículos para ir a la recepción en el hotel, mientras los tres íbamos a dar un paseo y retrataban fotos de los tres en un hermoso parque a un par de cuadras del hotel, cuando llegamos más aplausos nos recibieron, comenzaron los brindis.

-Como te lo había dicho ya Bella, eres lo mejor que le pudo ocurrir a mi hijo y por eso tienes todo mi cariño y apoyo- dijo Carlisle.

-Desde que te vi encontré una luz especial en tu interior, jamás imagine que este seria tu destino pero me siento dichosa de haber contribuido a ello- dijo Esme con una sonrisa.

-Aquí la enana se muere por decir algo pero siempre le toca a ella, esta vez es mi turno- dijo Emmett refiriéndose a Alice –La verdad es que te consideramos una hermana más Bella y siempre que necesites de unos buenos músculos para golpear a ese hermano mío por si algo te hace, es cosa de que me digas nada más- todos se largaron a reír mientras Rosalie rodaba los ojos y luego le palmeaba la cabeza, luego de aquellas palabras el primer baile de los novios fue pedido, aquel vals temido pero que entre los brazos de Edward era como flotar entre nubes.

-¿La está pasando bien Sra. Cullen?- mi sonrisa se ensancho aún más si era posible.

-No lo se, aún estoy pensando si hice lo correcto- le dije juguetonamente.

-Ey- dijo el ofendido pero siempre con una sonrisa –Eres mía y eso ya nadie lo puede cambiar, juntos por siempre- me dijo mientras mi corazón lo amaba más hasta no poder decir basta.

-Juntos siempre- repetí sus palabras antes de sellar aquella promesa inquebrantable con un beso cargado de amor y por que no decirlo, lleno de pasión.

La noche de bodas la pasamos en una habitación del hotel y la luna de miel fue simplemente estar encerrados en nuestra casa sin teléfonos móviles encendidos, sin televisores conectados o información exterior de ningún tipo, Esme y Alice se ofrecieron una enormidad de veces a cuidar a nuestro pequeño retoño para que así pudiésemos viajar aunque fuesen un par de días, pero Edward y yo nos negamos tajantemente cada una de ellas, aún Edward Jr. era muy pequeño y no queríamos separarnos de él, simplemente esperaríamos un par de añitos.

-¿Dónde va mami?- lo escuche preguntar una vez que nos despedimos de Esme y de nuestro pequeño, me gire para lanzarle besos a los que él contestaba con una sonrisa, habían pasado ya tres maravillosos años desde aquella peculiar sorpresa de Edward y al fin cumpliríamos la parte que nos faltaba, nuestra anhelada luna de miel, el viaje consistía en ir a unas apartadas playas de Tailandia, yo hubiese querido algo más cercano pero ese era el sueño de Edward, al llegar al lugar comprendí por que ese era su sueño, el lugar no podía ser más maravilloso, con sus calidas aguas verdes transparentes y la arena suave y perlada.

-¿Mencione que te amo con toda el alma?- me pregunto mientras observábamos aquel paisaje desde la terraza de nuestra apartada cabaña, yo me gire entre sus brazos pensativa.

-Creo que llevas eso de veinticinco minutos que no lo hacías, mucho tiempo eh- le sonríe dichosa, realmente pensé muchos años que la felicidad no se había creado para mi pero desde que mi vida comenzó con Edward, aquello había sido una completa mentira, teníamos peleamos como cualquier pareja, eso era dentro de lo normal, aunque recuerdo que la más fuerte que habíamos tenido fue cuando Edward menciono que le gustaría que ampliáramos la familia, le gustaba la idea de tener una niñita que se pareciera a mi, una o dos, como dijo para si mismo, mi respuesta había sido un no rotundo, puesto que lo único que quería era disfrutar a mi pequeño Edward, por ello fue que desde entonces comencé a tomar pastillas por si él intentaba pillarme volando bajo.

-¿Alguna idea que se te ocurra en este lugar?- me susurro al oído, de inmediato m cuerpo reacciono ante aquella voz, los juegos previos ya no eran necesarios en nuestra intimidad, aunque a veces simplemente los utilizaba para provocarlo más de la cuenta y llevarlo al limite, pero en este caso, cuando yo ya estaba tan lista para él no era necesario.

-Alguna que otra idea loca- le dije mientras comenzaba a devorarme sus labios con un beso demandante, sus ropas que se perdían a medida que caminábamos hacia la alcoba acompañaban las mías que eran completamente desgarradas por sus manos.

-Prometo devolverte aquella tanga- me dijo en mis labios.

-Creo que tendrás que hacerte accionista de Victoria´s Secret- le dije entre risitas.

Cuando sentí el borde de la cama lo empuje con una fuerza inexplicable quedando el tendido, me subí sobre él deleitando mis ojos con la perfección de su cuerpo, podía ver la expectación e impaciencia en sus ojos, me relamí los labios mientras lo observaba detenidamente.

-Por favor- me suplico al ver que aún no comenzaba, le sonreí y comencé a llenarlo de besos por todo el torso, desde su exquisita uve hasta sus hombros y de vez en cuando dejando algunos mordiscos que le arrebataban ciertos gemidos –Un día de estos vas a matarme- me dijo antes de girarme y quedar él sobre mi, levanto mis piernas y en un rápido movimiento se adentro a mi.

-¡Oh Dios!- gemí por la intromisión certera y profunda que me pillo con la guardia baja.

-No amor, no soy Dios, soy Edward y te amare de este modo hasta que la vida se me vaya en ello- entre rápidos vaivenes de pasión, estocadas profundas y gemidos de placer fue que ambos llegamos a nuestro propio paraíso, aquel que solo conseguíamos estando juntos.

-Oye picarona ¿Qué estas soñando?- escuche que Edward me preguntaba, salí de aquel recuerdo tan maravilloso que me había dejado nuestra luna de miel, donde paseamos tomados de las manos, conocíamos algunos lugares turísticos y apagábamos o lo intentábamos al menos, apagar aquella llama tan ferviente que nacía con un solo roce.

-Solo recordaba- le dije ruborizándome.

-Sabes que no necesitas recordar, es cosa que me lo digas y lo puedes revivir- me dijo con aquella mirada lasciva que me humedecía de inmediato.

-¿No tenias una reunión importante?- le pregunte con una sonrisa triunfal, me encantaba dejarlo así.

-Eres cruel- me dijo como un niño pequeño, varios besos nos dimos antes de verlo partir por aquella puerta.

Baje rápidamente a la cocina para prepararle el desayuno a Edd, cuando aquel remolino de travesuras estaba despierto no me quedaba mucho tiempo para poder hacer algo más que cuidarlo.

La mañana paso rápidamente, mientras Edd coloreaba unos cuentos que le había regalado su tío Emmett o Max Steel, como le decía él debido a su gran tamaño, me dirigí al baño, necesitaba salir de cierta duda.

-Esme ¿puedes venir un par de horas a cuidar a Edd?- le pedí por teléfono mientras observaba mi rostro por el espejo, ella acepto de inmediato y con aquella respuesta fui a cambiarme para hacer una pequeña visita, cuando pase por fuera del escritorio de Edward una idea cruzo mi cabeza, tome un papel y una pluma.

-Señora Cullen, buenos días- me dijo Jane en cuanto me vio aparecer por el despacho de Edward.

-Hola Jane ¿mi marido estará disponible?- le pregunté.

-Él a dejado expresamente informado que para usted siempre lo esta- me sonrío amablemente, le agradecí mientras me dejaba pasar.

-Buenos días Sr. Cullen- le dije formalmente haciéndolo reaccionar de los documentos que observaba.

-Bella ¿Qué haces aquí? ¿Paso algo malo? ¿Estás bien? ¿Edd esta bien?- pregunto acelerado mientras se acercaba apresurado a mi.

-Todo bien Señor Cullen gracias- él me miro extrañado por mi modo de hablarle pero al ver que le sonreía me siguió el juego, se fue a sentar hasta su asiento detrás del escritorio.

-¿Qué necesita señorita…? ¿Cuál es su apellido?- me pregunto.

-Swan- le dije mi apellido de soltera con una sonrisa agradecida por corresponder a mi juego.

-Bien señorita Swan ¿en que puedo servirle?- sus cejas se alzaron sugestivamente ante sus palabras, yo me ruborice pero continúe, camine hasta quedar a su lado y e recargaba del escritorio, mi falda se subió un poco más al recargarme dejando gran parte de mis muslos al descubierto.

-De usted mucho- le dije sensualmente, pude ver como su manzana de Adán se movía rápidamente al tragar en seco –Necesito un abogado representante para validar cierto contrato- le pedí, la mirada de Edward se volvió algo extrañada, me observo mientras rebuscaba en mi cartera aquella nota que escribí antes de salir.

-¿Esta segura que conoce bien la información de este documento?- me pregunto divertido.

-Claro, yo lo escribí- le dije sonriéndole, vi como lo desdoblaba y lo leía, breve y conciso le escribí "Seremos padres otra vez" y adjunte mi firma.

-¿Esta segura de esta información?- me pregunto con sus ojos llenos de una dicha embriagadora, yo asentí y de inmediato el me abrazo –Te amo, te amo, te amo, te amo- comenzó a repetir con su cabeza oculta en mi cuello -¿pero como?- pregunto saliendo de su burbuja feliz -¿No era que te estabas…?- lo calle con un beso.

-Hace algunos meses decidí dejarlas e intentarlo, no te lo había dicho para que llegara cuando debiese, no que lo buscaras como conejo- le sonreí, su sonrisa creció y comenzó a besarme todo el rostro.

-Eres muy buena para hacer contrates ¿eh?- me dijo divertido, yo lo mire a los ojos.

-El único contrato importante que he hecho son dos y que nos une a ambos, este lo hice con sangre, uno es un pequeño de casi cuatro años que se llama Edward y el otro aún no sabemos por que es del porte de un poroto- sus ojos brillaron con devoción mientras me besaba con todo su corazón, con toda su alma y me deje llevar, sabiendo que en la vida no necesitaría más que él y mis hijos, que su amor y su apoyo.

Fin


Tengo ganitas de llorar, si lo se soy muy sensible, pero es que los finales siempre me producen eso, sobre todo si se trata de una historia hecha por mi, espero realmente que les haya gustado, la escribi con todo mi cariño y agradecimeinto a las chicas que me dieron sus minutos, que me les gusto cada cap y me lo hacian saber, que me dejaban sus locas teorias que realmente amaba, sus corajes con los antagonistas que me mataban de risa, espero realmente hayan disfrutado de esta historia por que a mi me encanto, decirles que ya me ecuentro mejor, aunque aun esta la tos y los mocos (puaj lo se) pero ya pasara, y nada, contarles que me quedan exactamente ocho horas para poder ir a ver ECLIPSE! hay lo seeee hubiese querido ir ayer al pre-estreno pero tenia evaluacion en la universidad ¬¬ los profesores realmente no nos comprenden, pero ya queda menos!

Besos mis niñas, decirles que aunque no las conozco personalmente, creanme cuando les digo que les tengo mucho cariño por manera de ser con mi persona, que me encanta cuando me hacen saber su opinion y que me hacen reir con sus amenzas de muerte hacia mi o mis personajes crueles xD espero que els haya gustado este final (las que me conocen saben que amo los finales felices) en fin, nos seguiremos leyendo en CIRCUS y mis otras historias que intentare actualizar pronto, es que ya comenzare la segunda ronda de evaluaciones, estoy a un mes de vacaciones de invierno así que ahí tendre más tiempo.

Besos y las adoro!

P.d. en el perfil les dejo algunas fotitos de este cap!