El tiempo pasa volando y lo prometido es deuda. Aquí está el penúltimo capítulo de este fanfic que con tanta ilusión empecé hace tiempo (cof cof mucho tiempo cof cof). A los que aún siguen pendientes y no perdieron las esperanzas, a ellos, les dedico estos últimos capítulos. ¡Disfrutadlos! Espero que tanta espera haya merecido la pena ;)


Durante sus meses de cautiverio Bella se había familiarizado con la mansión. Conocía ya sus fríos pasillos y las puertas que jamás se abrían por mucho que lo intentara. Sabía que el lugar estaba habitado por más vampiros al servicio de Aro pero pocas eran las veces que los veía. Era Vladimir el que seguía de cerca sus pasos y ahora sabía por qué. El vampiro caminaba a su lado con la misma expresión de aburrimiento de siempre como si nada hubiese cambiado en las últimas horas. Parecía que en él habitaran dos personas diferentes. ¿Y si así era? ¿Y si, después de todo, nunca dejó de estar al servicio de su señor?

-No voy a traicionaros.-dijo de repente.

Bella lo miró de soslayo sorprendida.

-No sabía que también pudieras leer la mente

-Y no puedo, pero tu cara es como un libro abierto.

Ella sonrió para sí.

-Edward solía decirme lo mismo cuando era humana.-susurró.

-Nunca he estado al servicio de Aro. Conocí a Carlisle hace muchos siglos y cuando él decidió dejar a los Vulturis me ofreció irme con él pero yo sabía que en algún momento un enlace dentro de los Vulturis sería útil y decidí quedarme.

-Debió de ser difícil sacrificar tu libertad en favor de la suya.

-Sí, pero no me arrepiento. Mi sacrificio servirá para una liberación mayor. Si vencemos a Aro el mundo de los vampiros cambiará.

-¿Y Marco y Cayo?

-No son estúpidos. Vencido Aro saben que el clan de los Cullen podría derrocarlos así que su tipo de gobierno cambiará para evitar la rebelión de toda la comunidad vampírica.

Bella lo escuchaba en silencio y muy atenta.

-Nuestro mundo lleva milenios esperando la llegada de un clan como el de los Cullen. Ha tardado siglos en formarse pero, por fin, todo está listo.

-Sé que son fuertes ¿pero hasta ese nivel llega su poder?

Vladimir la miró apretando sus labios en un intento de disimular una sonrisa.

-Su poder no radica en la fuerza sino en la mentalidad de cambio, un pensamiento renovado que trastornará nuestro mundo.

-Pero si hubiese sido Carlisle quien se quedará con ellos quizá el cambio hubiese sido más rápido, directo a la raíz.

-No, Bella. Sí, la semilla del cambio está en Carlisle y de él ha pasado a sus hijos de la misma manera que pasará a nuestro pueblo y, precisamente por eso, no podía quedarse en el palacio. Ese tipo de ideas son peligrosas para unos gobernantes que se niegan a abandonar el trono. No hubiese resistido y los Vulturis hubiesen terminado por matarlo. Carlisle no puede pretender ser algo que no es, es algo heredado de su parte humana lo que lo lleva a querer salvar vidas. Por eso debía quedarme yo. Todos estos años he podido permanecer imperturbable ante las barbaries de los Vulturis y eso ha hecho que confíen en mí.

-¿Has mantenido el contacto con Carlisle todo este tiempo?

-Solo cuando era necesario. No podíamos arriesgarnos.

-Podías haberme contado todo esto cuando llegué aquí.

-¿Y arriesgarme a que Aro lo descubriera al verte demasiado tranquila? Sabría que alguien de dentro te estaba ayudando.

Bella asintió. Tenía razón.

-Veo que realmente crees que ese cambio tan grande se ejecutará.

-Por supuesto. Solo es cuestión de tiempo, siglos quizá, no estoy muy seguro, de que los Cullen se hagan con el trono.

-Ya te lo dije, ellos no quieren el poder.

-Puede que ahora no, pero con el paso de los años nuestro pueblo se dará cuenta de que el poder de los Vulturis ya no puede vencerlos y ellos mismos propiciarán el cambio. Y será a los Cullen a quien aclamarán como nuevos reyes.

-Y si…

-Silencio.-la interrumpió Vladimir.-Aro está cerca.

En ese mismo instante el rostro del vampiro cambió de nuevo a su expresión habitual y se adelantó un par de pasos a la muchacha.

-Vamos, muévete. -le urgió-Podrías haber bajado tú solita ¿sabes?

Bella lo entendió. Ella también debía interpretar su papel a la perfección.

-Llevo tres kilos más en mi vientre desde ayer. Hago lo que puedo.

Finalmente llegaron a la biblioteca. A Bella nunca dejaría que asombrarle lo imponente de la estancia. Realmente amaba ese lugar. Era una sensación extraordinaria la de verse rodeada de libros, de conocimiento.

-Toda tuya.-dijo Vladimir y se marchó.

-Espera..

Pero ya no quedaba ni rastro del vampiro.

-¿Buscas algún libro en particular, querida?

La voz de Aro la sorprendió pero no dejó que se reflejara en su rostro. Dio media vuelta y allí estaba, apoyado junto a una las inmensas estanterías. Su mirada codiciosa sobre su vientre.

-Cualquiera valdrá. Todos consiguen abstraerme de este lugar.

-¿No estás contenta con mi hospitalidad? Te he dado total libertad, un guardaespaldas, te alimento e incluso dejo que vengas a leer estos viejos libros.

-¿Total libertad? No puedo salir fuera, lo que tú llamas guardaespaldas para mi es un vigilante y si no fuera porque me necesitas hace mucho que me hubieras dejado morir.

Aro se irguió y se alejó de la estantería. Su expresión había cambiado, todo rastro de broma lo abandonó.

-Si está noche no obtengo lo que quiero lo tomaré a la fuerza.-su tono era amenazante.-Ya no me haces falta.

-No...no puedes atravesar la placenta- le respondió Bella sin demasiada fuerza en su voz.

-No necesito atravesarla si te abro en canal.

La explícita amenaza la hizo estremecerse. Iba totalmente en serio, no había duda en su mirada. Intentó recomponerse y parecer serena. Firme levantó la cabeza mientras hablaba.

-¿Tan desesperado estás? Ya no hay tiempo ¿verdad?

El ceño de Aro se frunció y estiró el brazo hacia la balda de libros más cercanas y la golpeó con todas sus fuerzas. Resentidos, los libros cayeron junto a la estantería entera con un estrepitoso ruido.

-Nunca van a tenerte. No importa si su vidente lo ha visto. Sé que sus visiones cambian, yo me encargaré de que cambien y tu querido Edward sufrirá el desgarrador dolor de llegar tarde por segunda vez. ¡No saldrás viva de este lugar!-rugió.

Bella se estremeció de nuevo. Realmente estaba desesperado. ¿Qué había cambiado?

Aro pasó junto a ella antes de marcharse y la joven pudo sentir el hedor de la muerte en él. Había un aura oscura que no había sentido antes.

Pasaron varios minutos desde que Aro abandonara la habitación para que Bella pudiera sobreponerse y empezará a buscar lo que necesitaba.

Intentó ignorar el temblor que seguía recorriendo su cuerpo y ordenar sus pensamientos. Algo había quedado grabado en su subconsciente, lo sabía. Había leído algo, en algún sitio...pero no lograba recordar el qué ni en cuál libro buscarlo. Sin embargo, si hubiera encontrado algo tan importante como eso ¿cómo lo había podido pasar por alto?

"Vamos, Bella, concéntrate."

Estantería por estantería Bella fue revisando el título que había impreso en el lomo de los libros. Algunos libros los reconocía, eran historias antiguas, leyendas sobre los vampiros en todas sus variantes.

No supo calcular cuánto tiempo estuvo sumergida entre las letras, poco en realidad, pero la vida que había dentro de ella se movía inquieta, ya quería conocer el mundo.

-Venga, cariño. Aguanta un poco más. Por mamá.-acarició su vientre suavemente y el bebé se calmó.

-Eso es.

-Bella.-la voz de Vladimir la llamó.- ¿Cómo vas?

-Cansada.

El vampiro la recorrió con la mirada rápidamente.

-Es obvio. ¿Ya lo has encontrado?

Ella negó.

-Ni siquiera sé lo que estoy buscando.-se pasó su cansada mano sobre la frente.-Y ya no me queda tiempo. El bebé quiere salir.

De pronto, como si un rayo cargado de cientos de voltios la atravesara, sintió un agudo dolor en su bajo vientre. Por un momento creyó que podía partirla en dos. El rostro de Vladimir se desdibujó por unos segundos y sus pies dejaron de sostenerla.

-¡Bella!-dijo alarmado el vampiro.

Vladimir la llevó al sillón que había detrás del escritorio y la sentó con cuidado en él.

-Son contracciones ¿verdad?

La joven solo pudo asentir.

-Dime qué debo buscar.

-Primero llama a Edward.-dijo casi sin aliento.

-Aún no podemos. Es demasiado pronto.

-Alice tendrá una visión y vendrá de todas formas.

-Alice puede levantar barreras y sabe que algo así le distraerá totalmente de su objetivo. Concéntrate y dime qué debo buscar.

-No lo sé, Vladimir.-confesó con la voz quebrada.-Lo he intentado, pero no hay nada aquí que pueda ayudarnos. Nada que se me haya podido pasar por alto.

-Alice tuvo una visión tuya entrando a este lugar. Te vio diciendo que habías encontrado la forma de vencerlo.

-He revisado los libros que...aaaahhh!

Un nuevo latigazo de dolor la hizo callar. Esperó unos minutos y volvió a continuar.

-Los libros que he leído todo este tiempo, los he vuelto a hojear pero no hay nada.

Vladimir miró las estanterías una a una. Los libros abiertos, desmadejados por el suelo. Y algo vino a su mente.

-¿Y si no es un libro?

-¿Eh?

-Algo tiene que haber en esta habitación. Algo de apariencia inocente que no levantaría tus sospechas.

Bella sentía su cuerpo expandirse. Podía oír cada milímetro que sus huesos cedían preparándose para el alumbramiento. Oía cómo el corazón bombeaba la sangre más rápidamente para hacerla llegar hasta el bebé. Lo oía alimentarse. Sangre, sangre recorriendo todo su cuerpo. Su propia sangre en el cuerpo de Aro, aquella que no era compatible.

¡Eso era!

-Vladimir, lo tengo. Sé cómo vencerlo.

El vampiro la miró reticente al principio pero luego sonrió con satisfacción. Se había cumpliado la visión de Alice. Abrió la boca para preguntarle cuál era la ansiada respuesta pero oyó a lo lejos el leve revolotear de la capa de Aro.

-Se acerca.-dijo y acto seguido desapareció.