Las cartas que te escribí.
Por Alisse.


Capítulo XVIII. Las cartas que te escribí.


Si dependiera de ella, Helga definitivamente se habría quedado durmiendo todo el día, o por último acostada en su cama, a salvo... y más bien escondida, aunque no quisiera llamarlo de esa manera (ya saben, tiene orgullo y una reputación que tenía que cuidar). Lamentablemente para ella, quedarse así no era una opción, no al menos para su vida.

Se levantó con deseos de haberse quedado dormida y así tener una excusa para poder faltar a la escuela. Si bien una parte de ella quería ir y hacerse cargo de Megan (aún tenía que pagarle lo que había ocurrido en el restaurante, el día anterior), otra parte le repetía constantemente que Arnold le había robado algunas de las cartas que le había escrito cuando no estaba en Hillwood... y lo peor, era que sabía más o menos cuáles se había llevado.

De todo eso, tenía que reconocer que no le preocupaba tanto lo que él pudiese pensar de ella, al tener confirmado que seguía enamorada de él... lo que la ponía nerviosa era la posible actitud que él podría tomar a partir de eso... con sólo recordar aquel beso que le dio antes de irse... causaba que su estómago se retorciera a causa de los nervios.

¿Por qué todo tenía que ser tan complicado?

Se metió a bañar y se arregló para la escuela con lentitud de tortuga. Tenía todas las intenciones de llegar tarde a la escuela, total, para ajustar cuentas con Megan tenía bastante tiempo... lo que más le urgía en esos momentos, era evitar a Arnold a toda costa.

Después de mucho demorarse, que Olga la apurara alguna que otra vez, lo mismo que Bob, bajó a desayunar. No se extrañó de encontrar a los tres Pataki's sentados a la mesa, comiendo. Ella tomó su lugar habitual, y como pudo trató de evitar la mirada que Olga le daba. Después de unos minutos, se dio cuenta que su hermana estaba más insistente de lo normal.

-¿Qué pasa?- le preguntó, con desgana. Su primera intención no era descargarse con ella, pero le fue imposible no hacerlo. Aunque su relación había mejorado considerablemente, Olga seguía siendo algo exasperante, para su gusto.

-Tenemos una noticia que darte- le dijo Olga, sonriendo ampliamente, Helga se dio cuenta que a penas podía contener la emoción en sus palabras -te aseguro que estarás feliz.

-¿Y esa sería...?- preguntó, un poco suspicaz, ya que tenía claro que a veces las buenas noticias para ella, no tenían nada que ver con las "buenas noticias" que Olga solía tener. En todos esos temas solía tener un tanto de desconfianza hacia su familia.

-No tienes que preocuparte porque te despidieron- sonrió ampliamente Olga, en su voz se notaba perfectamente que a penas contenía la felicidad y emoción -ya tenemos el empleo justo para ti.

Helga abrió levemente la boca, para comenzar a discutir (tenía en su cabeza que si ellos creían que era preciso para ella, era porque definitivamente no lo era), pero antes que pudiera decir cualquier palabra, Bob la interrumpió y comenzó a hablar él.

-Olga nos dijo lo que pasó con tu trabajo...- dijo él, y Helga lo miró enarcando una ceja. ¿Qué tanto podría haberle dicho Olga, que no conocía toda la historia? -y cree que es el momento propicio para que comiences a trabajar en el negocio de celulares.

-¿Qué?- a pesar que no lo quería, la voz le salió más débil de lo que le hubiera gustado. Definitivamente no estaba a dispuesta a aceptar algo así -pero, ya les dije que no quiero trabajar en el negocio, mucho menos si Olga va a estar ahí.

-De eso mismo se trata- replicó Olga, soltando una risita -viendo que ya me ha ido mejor en el tema de la actuación, hacía unos días había hablado con papá porque quería dejar la tienda, y deseábamos preguntarte si tú querías tomar mi lugar en ella. El que te corrieran de tu trabajo nos vino como anillo al dedo.

-¿Te gustaría trabajar en el negocio, Helga?- le preguntó Miriam, tranquilamente -tendrás el mismo sueldo que Olga tenía por hora, y obviamente tu horario no será tan exigente como en el restaurante, será fijo. ¿Te parece?

Lo anterior había dejado a Helga con la boca abierta, literalmente. Las condiciones de trabajo habían cambiado bastante en comparación a la última vez que había salido el tema que ella trabajara para Bob. Tomar el lugar de Olga no sonaba tan mal, a pesar que podrían surgir conflictos de eso (por posibles comparaciones), pero la rubia estaba segura que podría con eso. Además, estaría trabajando con John, y ella sabía que su amigo estaría dispuesto a ayudarla.

-Está bien, acepto- asintió Helga, tratando de no demostrar que se sentía contenta porque sus padres habían confiado en ella para darles esa tarea.

-Excelente- asintió Bob -cuando salgas de la escuela irás a la tienda, ahí conversaremos sobre tus tareas y eso.

-Muy bien- sonrió la chica -ahí nos veremos.

Cuando salía de su casa, pensó que no todo estaba tan mal, como había pensado en un comienzo que sería. Su periódo cesante había sido sólo de unas cuantas horas, lo que definitivamente sería muy bueno para su economía.

Al cerrar la puerta, se fijó en la hora. Soltó un bufido cuando se dio cuenta que era la misma hora de todos los días, así que su intento por llegar tarde a la escuela se tradujeron en perderse el bus escolar. De esa manera se salvaba de encontrarse con cierto rubio, ladrón de cartas...


Rhonda salió más temprano que de costumbre de su casa, más que nada porque sabía que Megan no la pasaría a buscar. Había estado prácticamente toda la noche pensando en lo que había pasado el día anterior... sabía lo orgullosa que era su amiga, y lo manipuladora que era con los demás, así que bien podría estar despidiéndose de ser una "popular" y estar con ese grupo tan pintoresco de la escuela.

La chica soltó un bufido. A pesar de todo eso sentía que su conciencia estaba tranquila. Arnold era muy buena persona para que Megan lo engañara de esa manera, y Helga... bueno, sí, era una desgraciada y la constante guerra que habían tenido estaba declarada a sangre, pero... el amor que sentía por Arnold todos lo conocían desde que tenían 10 años...

Subió al autobus y no se extrañó al darse cuenta que la mayoría de sus amigos prácticamente no la miraban. Le pareció increible lo rápido que había corrido la noticia sobre su intervención en la relación de Megan y Arnold. Antes de querer buscarse algún problema, se sentó de lado contrario al que fuera su grupo, mirando hacia la calle por la ventana. Desde su posición, no notó las miradas confusas de Nadine, Lila, Phoebe y Sheena, y mucho menos los comentarios que hacían.

Lo que la sacó de sus pensamientos, fue el hecho que alguien se sentara a su lado. No se sorprendió en lo absoluto que Arnold estuviera ahí, a su lado, sonriendo levemente.

-¿Cómo dormiste?- le preguntó él, aunque por la sonrisa ella se dio cuenta que sabía la respuesta.

-Tanto como tú...- contestó Rhonda, sonriendo de medio lado. Arnold mostraba unas marcadas ojeras debajo de sus párpados, lo que no pasó desapercibido a la chica -¿hablaste con Helga?

-Se podría decir que sí...- cuando ella lo miró confusa, él soltó una risita -creo que las cosas no salieron tan bien como esperaba...

-¿Y qué esperabas?- le preguntó Rhonda -¿que abriera los brazos y prácticamente te agradeciera porque fuiste a conversar con ella?- preguntó, y contrario a lo que esperaba, Arnold rió un poco.

-Nunca se pierde la esperanza- replicó él, después de unos momentos -ni siquiera sé si querrá perdonarme...

-Tú no eres tan culpable en todo esto- dijo Rhonda, encogiéndose de hombros -fue Megan la que movió los hilos para que todo fuera así...

-Pero aún así...

-Lo sé, con un poco de voluntad las cosas hubieras sido diferentes para todos- contestó Rhonda, haciendo ojos al cielo. Los dos guardaron silencio unos momentos -tú sabes que te perdonará, ¿cierto?- dijo ella, suavemente -sabemos que es rencorosa, pero sé que lo que siente por ti es más fuerte todavía... ha podido sobrevivir a todo esto, no hay que olvidarlo...

-¿De verdad crees que me perdone?

-Por supuesto- asintió Rhonda, y luego miró divertida a Arnold -pero, eso no quita el que pueda hacerte sufrir un poco.

-Claro, si no fuera así, dejaríamos de hablar de Helga G. Pataki- dijo Arnold, a lo que Rhonda rió un poco. El rubio la quedó mirando unos momentos, y luego preguntó -¿has hablado con Megan?

-Hoy no- contestó Rhonda, y luego dio una mirada hacia los demás –aunque creo que ella sí habló con ellos… ni siquiera me miraron cuando subí al autobús.

-No puedes esperarte otra cosa- suspiró Arnold, encogiéndose de hombros. Había notado eso a penas había subido al autobús. Por algunos momentos había pensado en intervenir de alguna manera, pero algo le dijo que sería mejor si hablaba con Rhonda sobre el asunto –creo que nunca había notado la influencia de Megan sobre los demás.

-¿De verdad?- le preguntó Rhonda –en fin… ¿sabes quién me extraña que no haya subido?- dijo la chica, y cuando Arnold la quedó mirando, siguió hablando –Helga.

-Sí, es verdad- asintió Arnold –también me había dado cuenta de eso. ¿Tú crees que vaya a la escuela hoy?

-No lo sé… bueno, si no vas, siempre puedes ir a verla a su casa después de clases.

Arnold hizo una mueca, demostrando perfectamente que si por él fuera, el momento del "reencuentro" lo alargaría un poco más. Aunque sabía que eso no lo ayudaría para nada, su instinto de supervivencia le decía que era lo mejor para él, esperar que las aguas se calmaran un poco… lo suficiente como para lograr que ella lo escuchara sin explotar de la ira a la mitad de su frase.

Cuando Arnold notó que a la distancia se podía ver la escuela, tomó aire… se acercaba la hora de la verdad.


Su plan no había funcionado para nada. Helga llegó casi a la misma hora de siempre a la escuela, lo que sí ya era un tanto adelantada. Resignándose en este punto, decidió ir a arreglar uno de sus asuntos, antes de entrar a clases.

Apuró el paso hacia los casilleros, prácticamente ignorando a Phoebe y Lila, que cuando la vieron caminaron hacia ella para hablarles quizás de qué cosas. Con una sola mirada les indicó que no era el momento, a lo que ella se detuvieron a la mitad. Helga sonrió cuando, a la distancia, pudo ver que Megan estaba en su casillero, arreglando sus cosas, seguramente.

Caminó y cuando llegó a su lado, cerró el casillero, golpeándola en la cabeza.

-¡¿Quién demonios…?- Megan palideció cuando vio a Helga, de pie, a su lado; y por la mirada que tenía, dispuesta a golpear a la chica en cualquier momento -¿qué es… qué es lo que quieres?- balbuceó la chica, tratando de no demostrar el miedo que estaba sintiendo.

-Las dos tenemos un asunto pendiente- contestó Helga, cruzándose de brazos –y lo vamos a arreglar ahora- agregó la rubia.

-No te me acerques- Megan retrocedió hacia el lado contrario de los casilleros –te pueden suspender, tú lo sabes… Butler quiere…

-Sé que me quiere fuera de la escuela- Pataki hizo dio un suspiro de exasperación -¿tú crees que me importa?

-¿Debería?- preguntó Megan, alejándose de Helga cada vez que la chica intentaba acercarse a ella.

-Eso te gustaría- gruñó Pataki –ahora deja de correr, ayer en el restaurante te hacías la muy valiente, ¿no?


Si bien Rhonda se sentía algo dolida por lo que Megan había hecho, a penas vio que Helga estaba con ella corrió a lo más que dio por los pasillos de la escuela, buscando aquella persona que podría detener la posible masacre que podría formarse.

-¡Arnold!- gritó Rhonda, cuando lo vio a la distancia, conversando con Gerald. Los dos chicos la quedaron mientras se acercaba corriendo -¡qué bueno que te encuentro!

-¿Qué ocurre?- preguntó confuso el rubio, aunque había una parte de él que sí lo sabía.

-Helga… va a golpear a Megan- dijo Rhonda, y notó muy bien cómo Gerald fruncía el ceño, confuso. Arnold ni siquiera se inmutó.

-¿Y… yo tengo que intervenir porque…?- preguntó tentativamente Arnold. Esta vez Gerald lo quedó mirando confuso a él, y Rhonda se mostró seria.

-Arnold, por favor…

-Está bien, está bien- suspiró el rubio –ya voy.

No les costó demasiado saber dónde era todo el problema. Una buena cantidad de alumnos habían rodeado a las dos chicas y parecía como si estuvieran asistiendo a una pelea de Lucha Libre, por los gritos que habían. Esto, por supuesto que angustió a Arnold, que se apuró en llegar con ellas.

A duras penas se abrió paso entre los alumnos, sólo para ver cómo Helga tenía arrinconada a Megan en los casilleros. A punto de golpearla.

-¡Helga!- casi gritó, alarmado, yendo hacia ellas. Contrario a lo que esperaba, la rubia ni siquiera lo miró –Helga… esto… no vale la pena, ¿si?

-¿Ah no?- preguntó la otra, despectivamente y mirando levemente a Arnold -¿por qué?

-Porque…- Arnold pensó unos momentos que decir, definitivamente no esperaba que la rubia le preguntara por razones –porque… te pueden castigar.

-Otra vez con eso…- gruñó Helga, volviendo su atención hacia una pálida Megan –vete de aquí, Cabeza de Balón, lo quieras o no, tú novia sí merece que le rompa el cuello.

Arnold se dio cuenta que si quería evitarlo, debía hacer algo en ese momento. Y lo hizo de la única manera que se le ocurrió.

A duras penas se abrió paso entre ellas y, al instante que la tuvo en frente, se acercó y la besó. Los dos pudieron escuchar los "oh" de los que lo rodeaban, incluida Megan.

Y la verdad, poco le importaban.

-¡Pataki!

El gritó de Butler los hizo separarse, quedando los dos viendo al director, que parecía tener un tic en el ojo en esos momentos.

-¡Besándose con Shortman en los pasillos!- gruñó el hombre -¡una semana de detención para los dos! ¡Y en mi oficina!

El hombre se fue, y junto con él, la mayoría de los que los rodeaban. No sabían en qué momento Megan se había ido también.

-… Detención…- murmuró Helga, como si recién estuviera reaccionando. Sintió una mano en su brazo, y a ver, se encontró con una divertida sonrisa de Arnold.

-Es mejor que la suspensión, te lo aseguro…- el rubio le guiñó un ojo, y se alejó. Helga escuchó perfectamente la carcajada que soltó Gerald cuando su amigo se acercó a él, caminando luego hacia el salón que les tocaba.


Helga no estaba segura de cómo actuar durante ese día, era todo lo bastante extraño como para dejarla pensando casi todo el día…

Podía sentir perfectamente las miradas divertidas de Lila y Phoebe durante la jornada en clases, aunque no quiso hacer comentario alguno. Pero sí aprovechó el desquite que le permitió el que, de la nada, Gerald caminara por el pasillo y, disimuladamente, dejara una rosa sobre la mesa de Phoebe, para luego, sin hacer ningún comentario, se alejara.

Phoebe se puso colorada, sobre todo cuando Helga comenzó a reírse de ella y a molestarla.

También notó perfectamente cómo, durante el almuerzo (y cuando ellas estaban haciendo la fila para tener el suyo) Rhonda estaba sentada sola, más bien aislada de todos.

Helga notó perfectamente cuando Nadine, después de retirar sy bandeja y como si fuera lo más normal del mundo, caminó hacia la mesa que estaba Rhonda y se sentó con ella, comenzando a comer. Después de mirarse levemente, tanto Lila como Rhonda la siguieron, ante la mirada sorprendida de la pelinegra (y de odio de Megan, por supuesto). Después de pensarlo unos instantes, Helga hizo lo mismo.

Independiente de la cara confusa de Rhonda, no costó demasiado que se fuera integrando a la conversación.

Helga sonreía levemente. Con eso le demostraba que ellas (sus amigas), no eran como Rhonda y sus amigos.

Lo que sí, y lo que en cierta manera a Helga le causaba gracia, era el que Megan prácticamente estaba huyendo de ella.

Durante toda la jornada no habló con Arnold. Podía sentirlo, como siempre, mirándola casi a escondidas. Pero ella estaba decidida a no hablarle, y él... no estaba segura qué era lo que él deseaba.


A la hora de salida, llamó a Olga para explicarle que no podría ir ese día a la tienda, que por favor la cubriera. Olga, sin hacer demasiadas preguntas, aceptó.

Al entrar a la oficina de Butler, se encontró con que ahí también estaba Biece (el profesor de teatro, ¿recuerdan?), conversando animadamente con Arnold.

-Helga, que bueno que llegaste- le dijo, con una gran sonrisa.

-No me diga que volvió a adueñarse de un castigo de Butler...- gruñó Helga, haciendo que el profesor soltara una risa.

-No, ¿cómo crees?- contestó el profesor, con cierta ironía -fue él quien me pidió que buscara un castigo para ti, y sabiendo que pronto viene el estreno de la próxima obra...

-Ya me tiene dentro de ella- Helga se cruzó de brazos -¿qué más podría hacer?

-La escenografía, por supuesto- contestó Biece, con una gran sonrisa.

A Helga le dieron deseos de golpear su cabeza contra la pared.

Fue durante ese rato, que Arnold se las ingenió para llegar a su lado. Los dos parecían bastante ocupados en sus actividades, y Biece los había dejado solos.

Helga se dedicaba a armar una puerta, cuando en frente suyo Arnold dejó una caja, casi del porte de la palma de la chica. Sin tocarla, miró a Arnold con suspicacia.

-¿Qué es eso?- le preguntó.

-Un regalo...- contestó Arnold, sin mirarla -Ehm... el que te traje de San Lorenzo...

Esta vez Helga frunció el cejo, y quedó mirando la cajita. Después de dudarlo un poco, decidió tomarla. Sin abrirla volvió a mirar a Arnold.

-¿Me estás diciendo que... esto lo trajiste de regalo de San Lorenzo?- preguntó Helga, y Arnold asintió -... ¿por qué no me lo diste antes?

-Por...

-¿Por qué no se lo diste a Megan?- lo interrumpió Helga.

-Porque lo compré para ti...- contestó Arnold.

Si bien estaba loca por abrirlo, lo dejó a un lado y continuó con lo suyo. Arnold se dio cuenta que ya no debía seguir evitando la conversación pendiente.

-... Leí... leí tus cartas- le dijo.

-¿Y te entretuviste?- le preguntó cortante Helga.

-Eh...- por algunos momentos no supo qué decir, pero decidió que no se dejaría espantar por las palabras de ella -No se trata de eso...

-¿Entonces?- preguntó Helga, cortante.

-Escucha... sé que... desde que volví... no he sido justo contigo...- Arnold trataba de todas las formas de poder ordenar sus ideas, y así que ella lo entienda -y... sé que te he hecho mucho daño también, y...

-¿Quieres ir al punto, Cabeza de Balón?

-Lo siento... siento mucho lo que pasó- dijo él -se que ayer incluso te dije cosas injustas... como que tú me habías obligado a estar Megan- Helga no cambió en ningún momento su expresión -sólo quiero saber si... si... aún sientes... algo por mí.

Helga, después de unos momentos, se volvió a mirarlo. Arnold no desvió sus ojos, esperando su respuesta. La chica terminó suspirando.

-¿Cuál esperas que sea mi respuesta?- le preguntó ella, molesta.

-Pues... ¿con la verdad?- preguntó él, con cierta timidez. La sonrisa con que lo dijo hizo que Helga enrojeciera levemente. Trató de disimularlo mirando hacia otro lado.

-Hum...- Helga dejó pasar unos momentos, antes de decidirse qué decir -¡Escúchame, Arnoldo, tendrás que hacer mucho mérito para que te perdone!

-Lo que quieras...- respondió el otro, sonriendo.

-Y ahora, aléjate, quiero terminar esto hoy- gruñó la rubia, y después de hacer una pequeña reverencia, Arnold volvió a lo suyo. Helga trató como pudo de esconder la sonrisa que insistía en invadir su rostro.


Rato después, cuando los dos salían de la escuela, Helga caminaba unos cuantos pasos más adelante. Si bien se trataba de hacer la "enojada", Arnold no estaba del todo seguro de cuánto le estaba resultando tal papel.

-¿Cuándo vas a dejar de sonreír?- gruñó Helga, mientras salían del edificio.

-Dame una razón para hacerlo, y lo haré- replicó él, tratando de no sonar divertido.

-Tengo una muy buena- dijo Helga, poniéndose en frente de él y deteniendo la marcha -no te perdonaré tan fácil.

-Lo sé... pero me tiene tranquilo el saber que poco a poco estoy haciendo mérito- dijo Arnold, esta vez sonriendo ampliamente. Helga enarcó una ceja, sin entender del todo hacia dónde iba su comentario.

-Si te refieres al regalo...

-No exactamente...

Casi sin darse cuenta, Arnold le estaba robando el segundo beso del día, y antes que pudiera reaccionar, ya se había alejado.

-Nos vemos, Helga- dijo, y fue a reunirse con Gerald, que lo esperaba en la otra esquina. Helga lo quedó mirando, dándose cuenta de pronto que ella tampoco estaba sola.

-Tenía la idea que te demorarías bastante en perdonarlo- escuchó, y vio a Rhonda, Phoebe, Lila, Nadine y Sheena detrás de ella, mirándola con cierta picardía.

-Era la idea... pero cada vez que hace eso gana muchos puntos...- admitió Helga, sonriendo un poco.

-En ese caso, no creo que sea malo que subas la exigencia- dijo Lila, comenzando a caminar. Las demás las siguieron -él no tiene que saberlo.

-Es una buena opción- asintió Nadine.

-Bueno, vamonos, las invito a tomar helado- dijo Rhonda.

-El mío doble...

-Eso quisieras, Pataki...


Fin


...

Y?, ¿qué les pareció?

El final abierto volvió a ser parte de un fic mío, y lo lamento de verdad (a los que no les gustan), pero tengo una pequeña debilidad con ellos, sobre todo con los fics de Arnold y Helga, jejeje.

Agradezco a TODOS los que siguieron el fic durante este tiempo. Si soy sincera estoy muy sorprendida por la cantidad de reviews que tiene, cuando empecé a escribirlo no pensé que llegaría a tantos seguidores.

¿Volveré a escribir de Hey, Arnold? Por supuesto, pero aún no les aseguro en cuánto... tengo hartas ideas, sólo tengo que elegir cuál fic escribir, avanzar en algunos pendientes y listo, estaríamos otra vez leyéndonos.

¡Hasta muy pronto! (no crean que los dejaré tranquilos, jajaja)