Epílogo.

Seis meses después.

El avión está a punto de aterrizar en suelo alemán. Seis meses han pasado desde la última vez que estuve aquí, pero siento como si hubieran pasado seis años: tan diferente me considero ahora de como fui al marcharme. Al irme, temí no tener ganas de regresar, pero ahora sé que mis temores fueron infundados. El tiempo que pasé en México no sólo me tranquilizó y me devolvió la calma, también me hizo ver que deseaba radicar permanentemente en Alemania.

No por Genzo Wakabayashi, sino por mí. Me había forjado un camino en ese país y deseaba seguir recorriéndolo, independientemente de lo que sucediera con él. Yo regresaba porque no hacerlo sería equivalente a dejar que ese traumático suceso interfiriera con los planes de vida que ya tenía establecidos desde antes, y entonces el fantasma de Tetsuya Kitagawa me quitaría algo tan importante como la vida misma: mi libertad. Así pues, tras seis meses de estar con mis padres en México, tratando de relajarme y de disfrutar de la vida, regresaba a Alemania a continuar con lo que había dejado atrás. Durante todo este tiempo, estuve viendo a un psicólogo, para tratar de superar el trauma (los primeros días tuve muchas pesadillas por las noches, en donde me veía caer, una y otra vez, a través del ventanal del campanario de la casa de Daisuke Wakabayashi), y él me recomendó que lo mejor sería volver a la ciudad en donde todo sucedió, para poder dar final a mi historia. El Dr. Balderrama aseguraba que sólo eso acabaría de curarme por completo. Bien, pues entonces volvería a Hamburgo, e incluso quizás regresaría a la casa donde todo sucedió, aunque sólo pudiera verla por fuera (Elieth me comentó que Genzo la había puesto en venta), para cerrar el capítulo de manera definitiva. Una vez hecho esto, me iría de Hamburgo para no volver a poner un pie en ella. Claro, yo regresaría a Alemania, pero al igual que como hicieron el resto de mis amigos, empezaría de nuevo en otra ciudad. Después de todo, el país es muy grande.

El tiempo había pasado para todos, por supuesto. Gwen y Leo regresaron a Alemania, pero ambos se establecieron en Múnich, y trabajaban actualmente en el Hospital General; según supe, los dos tenían el deseo de irse a África a trabajar para Médicos sin Fronteras, pero lo harían después de que se casaran. Sí, estaban comprometidos, pues al parecer, Leo no quiso perder más el tiempo y le propuso matrimonio a Gwen durante su convalecencia en Francia. Se casarán a finales de año, así que quizás ya estén planeando su viaje a África para el próximo. Otto Heffner conoció en su estancia en Francia, además, a una amiga de la madre de Leo, una mexicana llamada Belén, y tal parece ser que el amor también tocó a la puerta del ilustre abogado alemán. Ya sólo el tiempo dirá que sucederá entre ellos.

Con respecto a los forenses, supe que Wojkiewicz se jubiló un mes después de la muerte de Tetsuya. Pretextó que tenía problemas de salud, pero me parece que fue el estrés lo que lo acabó, como a todos. Actualmente, radica en una casa de campo con su esposa, en algún lugar de la Baviera. No me lo imagino usando los clásicos pantalones cortos de cuero, pero Jean me jura y me perjura que él lo ha visto vestido así, y en honor a la verdad, me gustaría comprobarlo. Quizás vaya después a visitarlo en cuanto tuviera la oportunidad. Y hablando de Jean, su padre se lo llevó a Francia en cuanto él despertó del coma; por suerte, no hubo daño cerebral qué lamentar, de manera que mi amigo se recuperó a pasos agigantados en su tierra natal. Jean no había decidido aún si permanecería en Francia o si volvería a Alemania, pero durante su recuperación conoció a Azumi Hayakawa, una enfermera japonesa quien casualmente también es amiga de Taro Misaki, y se enamoró de ella. Azumi se ha dedicado a cuidar de Jean celosamente, todos los días, y algo me dice que quizás sea ella el motivo por el cual mi amigo decida quedarse en París. Otto fue el único que regresó a trabajar al Servicio Médico Forense de Hamburgo, cinco meses después de su ataque; él dice que ser técnico histopatólogo y embalsamador es su vida, que es el único oficio que conoce, y que el Forense de Hamburgo es el único lugar de trabajo que toleraría. Actualmente, está abogando para que se coloque una placa en el edificio, en honor de todos los que fallecieron a manos de Kitagawa. Yo espero que le vaya mucho mejor en el futuro de cómo le ha ido hasta ahora.

¿Qué sucedió con los Wakabayashi? Es difícil decirlo. Tras mi partida de Alemania, intercambié correos electrónicos en dos o tres ocasiones con Genzo, pero él no hablaba de su familia, y las únicas noticias que recibía de ellos provenían de Elieth, o incluso, de Karl. Supe que Kana Wakabayashi, madre de Genzo y de Eriko, continuaba viviendo en Japón, y que seguía sin dirigirle la palabra a su marido. Akira continuaba manejando la empresa Wakabayashi sin problemas financieros, aunque sus socios comerciales murmuraban constantemente que su esposa lo había abandonado por un caso de infidelidad. Akira tuvo que dejar de acudir a las reuniones sociales a las que era invitado, debido a que los cuchicheos entre los asistentes eran cada vez más fuertes. De Touya no sabía gran cosa, por no decir que nada; Karl me comentó que había escuchado decir a Genzo que su hermano iba a ser padre por segunda ocasión (Touya ya tenía un hijo previamente), y que si nacía un niño, le pondría el nombre de Tetsuya. De ahí en más, no sabía absolutamente nada de la vida del primogénito de los Wakabayashi. Kenji siguió con sus planes previamente establecidos, sin alterar el curso de ninguno; de la pobre Hana no supe nada, pero supongo que continúa estudiando en el colegio.

De quien sí me enteré de muchas cosas sobre su vida personal y laboral, fue de Eriko. Elieth y Karl fueron invitados a su boda con Taro Misaki, y ahí se enteraron de muchas cosas. La tragedia de su familia impulsó su carrera, irónicamente, y se casaba con el hombre de su vida, alguien que la adoraba y la trataba como la princesa que sentía ser. Pero a pesar de esto, Eriko no era feliz. Elieth me contó que ella continua yendo a terapia, y que tal vez nunca sería capaz de superarlo del todo. ¿Sería ése su castigo por tantos años de maltrato psicológico a Tetsuya? Quizás sí, quizás no. También era cierto que la pobre mujer ya había sufrido mucho por sus errores, los cuales había pagado con sangre, y que en algún momento merecería volver a ser feliz.

Schneider y Elieth no estaban viviendo juntos como tal, aunque pasaban muchas noches en compañía. Ella continuaba trabajando en la agencia de diseño en Múnich, y él seguía jugando en el Bayern Munich; su relación va viento en popa, parecen el par de enamorados que continúan juntos contra viento y marea. Ni las locas admiradoras de él, ni los insistentes pretendientes de ella han conseguido separarlos, todo lo contrario, han fortalecido mucho su relación. No tengo idea de si tienen planes de casarse o continuar siendo novios por toda la eternidad, pero no corre ninguna prisa. Lo importante para ellos es que se aman, están juntos, son exitosos y tienen toda una vida por delante. Yo sé que, a la larga, Karl acabará por proponerle matrimonio a Elieth, y cuando eso suceda, quiero ser yo la madrina de mi mejor amiga, y estar presente también cuando nazca el primer hijo de ambos. Ésta es una de las razones por las cuales regresé a Alemania, para poder estar presente en los momentos importantes de mis mejores amigos.

Con respecto a mí, Elieth me habló de un empleo como médico en el Hospital General de Múnich. Ya había enviado mi currículum por correo electrónico, pero necesitaba acudir en persona al hospital, y entrevistarme con la persona encargada de Recursos Humanos para ver si era candidata adecuada. Hacía mucho tiempo que había dejado de ver pacientes vivos para dedicarme a los muertos, pero estaba gustosa de hacer el cambio. Como le había dicho a Genzo: No quería volver a ver un muerto en lo que me restaba de vida. De cualquier modo, si no conseguía el trabajo en ese hospital, ya habría otros más en donde poder meter mi solicitud. Segura estoy que en Alemania debe haber un sitio en donde busquen a un médico deseoso de trabajar con personas vivas.

¿Y qué pasó con Genzo Wakabayashi? No es que haya estado evitando hablar de él a propósito, sino que quería dejarlo para el final. Genzo afrontó lo mejor que pudo el trauma al que estuvo expuesto. Supe que se alejó aún más de su padre, y apoyó totalmente a su madre y a su hermana; de por sí, Genzo no era particularmente unido a Akira, y tras esto, su relación se fue al traste. Asistió a la boda de su hermana y constantemente está al pendiente de su salud mental, aunque él debería preocuparse más por la suya propia que por la de los demás. Sin embargo, Genzo aceptó la oferta de jugar en el Bayern Munich, al lado de Schneider, por lo cual tuvo que mudarse de ciudad y abandonar Hamburgo. Wakabayashi se convirtió en el portero titular del equipo, y su fama alcanzó mayores alturas gracias al gran trabajo que hizo en los partidos. Pronto, el Bayern se enfrentaría en la Champions League a los mejores clubes de Europa, y tanto Karl como Genzo confiaban en llevarse el título. Yo veía regularmente las noticias del Bayern Munich en los canales de televisión de paga de México, y así fue como me enteré que, de seguir con tan buena actuación, Genzo se llevaría el título de mejor portero. Yo esperaba que así sucediese.

En los pocos correos electrónicos que Wakabayashi me envió, me confesó que todavía estaba en etapa de duelo, pero que iba superándolo poco a poco. El mantenerse tan activo en los entrenamientos y partidos mantenía su mente ocupada y lo liberaba del estrés. Yo sabía que, tarde que temprano, Genzo dejaría atrás su pasado, pues él es un hombre fuerte, con voluntad de acero. Claro que lo lograría.

Durante el tiempo en que estuve en México, pensé constantemente en Genzo Wakabayashi y en nuestra no-relación. Sobra decir que lo extrañé muchísimo. Ansiaba volver a verlo, extrañaba sus labios, su cuerpo, su media sonrisa, su voz, su aroma. En otras palabras, extrañaba todo de él. La pregunta era: ¿estaría Genzo extrañándome a mí? Él no era precisamente muy cálido en sus emails, pero tampoco era frío; era simplemente él, cosa que podía resultar desesperante para una mujer que estuviera pensando en su persona, al otro lado del planeta. No escribía nada más que lo necesario, aunque sus mensajes no eran precisamente breves, y si bien ponía frases del tipo de "cuando estés aquí, haremos esto" o "ya te invitaré a uno de mis partidos cuando regreses", eso no indicaba que por fuerza me estuviera extrañando. Quizás sólo trataba de ser amable conmigo, o consideraba poco ético el romper mi corazón por correo electrónico. Mi cabeza y mi corazón estaban hechos un lío, pero no me animé a preguntarle directamente a Genzo sobre "nosotros", así que tampoco le avisé que regresaría a Alemania. Estando allá, por fuerza habríamos de encontrarnos, si es que ahora jugaba en el mismo equipo de Karl, y ya cuando Genzo y yo estuviéramos frente a frente, quizás sería capaz de preguntarle si de verdad seguía sintiendo algo por mí, o si todo fue producto del estrés del momento. Mientras tanto, tendría que esperar y contener mis ansias por volverlo a ver.

Al fin, el avión tocó suelo alemán; confiaba en que Elieth y Karl irían por mí al aeropuerto, pues les había avisado con antelación sobre mi llegada. Mientras recogía mi equipaje y checaba mi visa, pensaba en lo mucho que ansiaba en poder comer algo, darme un buen baño y descansar un rato, antes de ponerme al corriente con Elieth sobre las últimas noticias. Sin embargo, por más que busqué con la mirada, no encontré ni a mi amiga ni a Schneider por ninguna parte. ¿Se les habría olvidado que llegaba este día? ¿O se habrían retrasado? Comencé a recorrer la sala de llegadas, impacientándome por no encontrar a mis amigos, hasta que mis ojos se toparon con una figura conocida que me dejó sin aliento.

Genzo Wakabayashi estaba parado frente a mí.

¿Me engañaban mis ojos, o él realmente se encontraba ahí? Más importante aún: ¿estaba Genzo en el aeropuerto por mí, o esperaba a alguien más? No tuve tiempo para pensar en esto, porque él me vio en ese momento, me sonrió y se dirigió hacia mí. Yo me quedé paralizada en mi sitio, sintiendo que todo era un sueño, hasta que él me abrazó y me besó en la mejilla.

- Bienvenida.- saludó Genzo, sonriente.- ¿Qué tal el vuelo?

- ¿Qué haces aquí?.- le pregunté, ofuscada.

- ¿No es evidente?.- él no me soltó.- Vine por ti.

- ¿Tú? ¿Cómo? ¿Qué pasó con Elieth y Karl?.- no atinaba a abrazarlo, pero tampoco hice esfuerzos por zafarme.

- Están esperándote en Múnich.- respondió Genzo.- ¿Estás lista para irnos?

- Pero… ¿Qué? O sea, no esperaba verte aquí.- balbuceé.- Aclaro, no estoy diciendo que me moleste, todo lo contrario, es sólo que… ¡Bueno, no te avisé que regresaba a Alemania!

- Schneider me lo informó.- aclaró él, y me soltó.- Me dijo el día y la hora de llegada de tu vuelo, y que tanto él como la Peque podrían faltar a su promesa de venir por ti si yo quería acudir en su lugar. Por eso es que yo estoy aquí, gracias a que ellos me avisaron, porque por alguna razón, tú decidiste no contármelo directamente. ¿Hice mal en venir? ¿Has cambiado de parecer con respecto a lo que dijiste la última vez que nos vimos? ¿Te ha desagradado verme?

- ¿Qué? No, no.- me apresuré a contestar.- Claro que no me desagrada que estés aquí. ¡Si me moría de ganas de volverte a ver! Es sólo que no sabía qué seguías pensando tú al respecto. Me ha desconcertado verte aquí porque pensé que quizás habías cambiado de parecer. Digo, no hablamos sobre "nosotros" en los emails que intercambiamos, y no quise preguntar por un medio tan impersonal, así que quise esperar a estar aquí para preguntártelo de frente. No quise avisarte tampoco de mi llegada para que no te sintieras presionado, no te lo tomes a mal, pensé que sería lo mejor, ya que no me habías mencionado si seguías sintiendo algo por mí.

- Lily, lo acabas de decir: no quise hablar de lo nuestro a través de un medio tan impersonal como lo es el Internet.- respondió Genzo, acariciándome el rostro.- Si ya venías de regreso, era mejor esperar a recibirte y aclarar las cosas después, frente a frente. No quise presionarte con esto, además, mientras estabas allá. Se supone que te fuiste a México para relajarte, no para preocuparte más. Ya había fijado un límite para tu regreso: si tardabas más de un año en volver, yo mismo iría a buscarte.

- ¿En verdad lo hubieras hecho?.- me ruboricé hasta las orejas.- ¿Eso significa que sigues sintiendo algo por mí?

- ¿Aún lo dudas?.- Genzo rió, y me volvió a abrazar.- Lily, cuando Schneider me dijo que regresarías, no lo pensé dos veces. Supe que quería volver a verte, y comenzar de nuevo si fuera necesario, porque sigo sintiendo por ti lo mismo que cuando te marchaste. Dicho en otras palabras: aún te amo. Cuando me di cuenta que me ocultaste tu regreso, pensé que eso podría deberse a que no querrías verme más. Sin embargo, decidí que, de ser ése el caso, tendría que comenzar de cero otra vez. O mejor dicho, comenzar de cero por primera vez, ya que nosotros no empezamos de cero, precisamente. Ahora dime, con franqueza: ¿tú sigues sintiendo lo mismo por mí?

- Estoy loca por ti, Genzo Wakabayashi.- me colgué de su cuello.- Y me pone tremendamente feliz que tú sientas lo mismo.

- Mucho más que eso.- murmuró él a mi oído.- Ya tendrás tiempo de averiguarlo.

Genzo y yo nos besamos con intensidad a medio aeropuerto. Y fue así como comenzó nuestra verdadera historia.

Notas:

- Este fanfic está inspirado en un hecho de la vida real: en el 2005 atendí el caso de un señor de 75 años se había caído de la azotea de su casa y llegó grave al hospital, en las mismas condiciones en las que llegó Daisuke Wakabayashi en esta historia. Los médicos y familiares comentaron varias veces que era sospechoso el hecho de que un hombre mayor haya subido solo a la azotea sin razón aparente, y más de uno barajó la posibilidad de un asesinato, dado que era de una posición económica acomodada. El asunto no pasó a mayores (en México estos casos nunca pasan a mayores), se calificó la muerte como accidental, y la vida siguió su curso, pero me dio a mí la idea para escribir un fanfic sobre un asesinato. En aquél entonces no tenía definidos ni al criminal ni el motivo, por lo cual no desarrollé la historia y la dejé como prospecto; en el 2007, por segunda ocasión, quise comenzar a escribirla, con Touya como el asesino, y la herencia como motivo, pero me pareció mucho "cliché" y deseché la idea. Dicen que la tercera es la vencida, y fue hasta el 2009 que al fin se me ocurrió algo diferente para el asesino y su motivo, y comencé a escribir el fanfic. Sin embargo, en el 2010 tuve una crisis de pseudoescritora, me harté de los fanfics y me emocioné escribiendo historias originales, me mudé de Fanfiction a Fictionpress, y dejé abandonado este cuento. Incluso, le declaré a varias personas que nunca lo terminaría (y en algún lugar puse que ya no haría más fanfics para el cumpleaños de Genzo). Pensé que esto era permanente, que la "madurez" me haría cambiar los fanfics por las historias originales, pero a principios de este año se reactivó mi vena de fangirl. Creo que los fanfics no han dicho su última palabra conmigo, aunque ahora los combino con las historias originales, por eso es que tardo más en escribir un capítulo. El caso es que, por fin, pude escribir esta historia y concluirla. ¿Habrá más fanfics míos en el futuro? Probablemente, ya veremos qué dice la vida. ¿Me interesan las críticas negativas y los insultos? Por supuesto que no.