Sin Límites: Porque las barreras dejan de importar.

Disclaimer: El mundo Twilight y todo lo que tú y yo sabemos no me pertenece, es de Meyer. El resto de situaciones y locuras mostradas en la historia son mías.

Summary: Ellos traicionaron la confianza de los que querían, deseando más de lo que está permitido tomar. Un amor que alimenta el alma de dos seres; pero, ¿puede llegar a destruir a los que los rodean? Es difícil dejar pasar el amor por anteponer a los demás.

A Saranya.x gracias por todo: betear el cap, ayudarme con el summary, darme ánimos y en general aguantarme, eres GENIAL y sabes cómo te adoro linda. Hoy este capítulo es dedicado a ti.

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El viento movía salvajemente mi cabello arremolinándolo a los lados de mi rostro debido a la desmedida velocidad con la que conducía Emmett; pero ya sabíamos, su jeep, sus reglas. Rodé los ojos internamente.

—Rose súbele a esa canción, la amo —Alice empezó a dar saltitos en su asiento y Rose tomó el estéreo y lo puso a todo volumen, sonaba alguna de esas canciones pop que estaban de moda. Alice se arrodilló en su asiento igual que Rose y empezaron a moverse al ritmo de la música.

Rose me miró desde el asiento del copiloto por el retrovisor y sabía lo que quería decir así que inmediatamente las imité moviendo las caderas en perfecta sincronía.

Así fue todo el recorrido hasta la cabaña, entre risas, un desafinado karaoke y vagos intentos de coreografía. Al llegar a nuestro hermoso destino, tomamos el equipaje y nos acomodamos en el lugar, yo dormiría con Alice y obviamente Rose con Emmett; pensé, ¿qué dirían sus padres si supieran de eso?

Alice y yo detallábamos la majestuosa vista que se mostraba ante nosotras, estábamos frente al cristalino mar, el tenue brillo de la arena en contraste con el soberano sol que se alzaba orgulloso en todo su esplendor, el ambiente salado rodeándonos. Ya teníamos puestos nuestros vestidos de baño pero pasados unos minutos ni Rose ni Emmett aparecían en la habitación.

Alice también notó la demora, me miró y rodó sus ojos.

—¡Emmett, Rose, salgan ya! —Grité una y otra vez vanamente pero nadie respondía y estaba claro que ninguna entraría a interrumpir lo que sea que estuviesen haciendo.

—¡Tío! —Chilló Alice tan alto que se me asemejó con el aullido de algún agonizante félido.

—¡Alice! —Respondió Rose saliendo apresuradamente hacia nosotras arreglando su falda, seguida por Emmett que traía una mirada un tanto decepcionada. La pequeña duende tenía esa triunfal sonrisa en su rostro.

—¿Sabes lo incómodo que es pensar que me enrollo con tu tío? —Alice negó haciéndose la inocente.

—No sé de hablas Rosie o… ¿debo llamarte tía política? —Emmett y yo no pudimos evitar reírnos de la consternada cara de mi rubia amiga.

Rose ahogó un grito y la fulminó con la mirada; Alice predijo su ataque y corrió hacia el mar riendo a carcajadas mientras Rosalie la persiguió fingiendo enfado. Emmett y yo nos miramos y rodamos los ojos, los dos sonreímos.

Emmett paso un brazo por mis hombros y caminamos para alcanzar a Alice y Rose que se revolcaban en la arena.

—Es algo extraño ¿no? —me preguntó Emmett.

—Un poco para ser sincera, pero igual es más extraño que Alice te llame tío cuando se llevan tan solo ocho años.

—¡Ey! No es mi culpa que mi querido hermano no conociera los anticonceptivos a los diecisiete años. Yo le hubiese explicado pero apenas era un niño — negué con la cabeza mientras reía por las ocurrencias de Emmett.

Alice es lo que se llama totalmente una hija no planeada, su papá tenía unos pocos treinta y tres años, él y su novia del instituto de la misma edad, ahora ex esposa habían concebido a Alice algo así como en el baile de graduación­; según sé fue muy duro para ellos todo eso de ser padres tan jóvenes, pero estuvieron decididos a tener al bebé y sus padres los apoyaron indudablemente. Yo agradecía por eso, no imaginaba una vida sin Alice. Ella vivía con su papá y Emmett, tras la pacífica separación de sus padres hace poco más de tres años y su mamá ahora vivía en Miami, Alice iba continuamente a visitarla.

—Pero gracias a su ignorancia aquí esta Alice —repliqué.

—Eso sí Alice ha sido como mi hermanita menor y la amo demasiado, gracias a ella conocí a Rose.

Lo miré entrecerrando los ojos, pero él tenía la vista perdida en la pelea de arena.

—Tonta Bella, no me mires así. Tu eres como mi otra hermanita, ustedes son lo mejor que hay en mi vida.

No pude disimular la estúpida sonrisa que se formó en mi rostro y besé su mejilla.

Cuando Alice y Rose se percataron de nuestra llegada rieron por lo bajo y se levantaron abrazadas.

—¿Ya hicieron acuerdo de paz? inquirí por sus tontas risitas.

—Rose se siente vieja al ser llamada tía a los diecinueve así que decidimos ser primas.

Rodé mis ojos nuevamente. A Alice le encantaba adoptar gente, ahora Rose era su prima, yo siempre he tenido el puesto de hermana.

—Pero si Rose es tu prima… ¿yo sería su tío? —preguntó Emmett siguiéndoles el juego con gesto preocupado.

—Nop, tu eres mi otro primo y ustedes no son familia tu eres de parte de papá y Rose de mamá —Alice guiñó y todos sonrieron, estaban totalmente locos.

—Ew, ¿será que podremos bañarnos o seguirán con su árbol genealógico imaginario? —Todos me rodaron los ojos y empezamos a quitarnos la ropa.

Alice tenía puesto un vestido de baño morado con aplicaciones plateadas que resaltaba su nívea piel, Rose por su parte traía un diminuto bikini dorado que había comprado para incitar a Emmett, él abrió los ojos como platos y vi esa mirada cargada de amor y deseo. Ellos llevaban juntos dos años, todos lo sabían menos los padres de Rose ya que querían cuidarle esa inexistente virginidad razón por la cual no la dejaban tener novio, era irónico como sólo la dejaban salir a estos paseos con el confiable ´tío´ de Alice sin saber que él quitó todo vestigio de inocencia de su pequeña.

Emmett tomó a Rose y se sumergió con ella mientras ella gritaba un poco y soltaba risitas. Alice y yo sonreímos, nunca era incómodo estar juntos lo cuatro, éramos como una hermosa familia disfuncional.

Pasamos todo el día entre juegos y competencias, al caer la noche fuimos a comer ya que moríamos de hambre, las chicas empezamos a hacer la cena mientras Emmett fue a prender la fogata para los malvaviscos.

Fue un maravilloso fin de semana, el domingo en la tarde partimos hacia la casa que quedaba a tres horas. Alice y yo nos quedamos en mi casa mientras Emmett llevaba a Rose, nos despedimos de ella y entramos directo a la cocina, teníamos hambre.

Mi mamá estaba haciendo la cena. El característico olor de los pimientos y condimentos que ella utilizaba se propagaban por toda la estancia.

—Hola hermosas, ¿cómo estuvo el viaje? —nos dio un sonoro beso a cada una.

—Bien Renée, la pasamos genial.

—Si mamá, fue fantástico, ¿y tú cómo estás?

—Oh hijas muy bien —mamá estaba muy concentrada eligiendo que pimienta quedaba mejor con su nueva fórmula de lasaña.

Alice abrió la nevera y sacó galletas con mermelada, de mora para ella y fresas para mí.

— ¿Y dónde esta Charlie? —curioseó la pequeña hadita.

—Hoy tenía turno hasta tarde porque Mark está enfermo.

—Uhmm —fue todo lo que articuló mientras masticaba una galleta; pensé que se sentaría conmigo en el desayunador pero tomó mi bolso que traía del paseo y siguió de largo hasta las escaleras dirigiéndose a mi habitación. Bufé y mi mamá soltó unas risitas.

Tocaron el timbre estrepitosamente y concluí que había llegado Emmett; le abrí la puerta al grandulón, que rodeó mis hombros con un brazo y nos dirigió a su lugar favorito en mi casa después de la sala de televisión: la cocina. Saludó efusivamente a mamá como si no se hubiesen visto en años y ella ya le tenía un sándwich de jamón preparado. Ellos hablaban de una nueva receta para pastas y yo salí encaminándome a las escaleras.

Empecé a subir torpemente hasta mi cuarto donde suponía estaría el monstruo come galletas pero cuando iba a la mitad del camino me encontré con Alice que bajaba rápidamente con mi bolso gris en el hombro. Carraspeé a su lado, pero ella se encogió de hombros y volvió a mi popular cocina, la seguí quedadamente y me senté en el desayunador mientras Alice preparaba otra gran galleta llena de mermelada.

La miré enarcando una ceja, ella trago otra galleta y me miró.

—¿Qué no te comentamos que hoy te quedabas en nuestra casa?- fruncí el ceño y miré a Emmett que se hacía el desentendido.

—No, Alice no lo dijeron. ¿No se supone que yo debo decidirlo? —pregunté aunque ya sabía su respuesta.

—Qué tonterías dices Bells, si nadie te ha pedido opinión —todos rieron y un bufido escapó de mi boca; la historia se repetía varias veces en semana, realmente se podría considerar que no teníamos una casa sino dos, bueno tres si contábamos la de la mamá de Alice donde pasábamos vacaciones.

—Pero Alice tengo que terminar un trabajo —repliqué estando al tanto que mis intentos por dañar su elaborado plan eran en vano.

—Ya empaqué tu laptop Bella, está todo controlado —suspiré, a Alice nunca se le escapaba nada.

Nos despedimos de mi mamá y llegamos a casa de Alice en menos de diez minutos por las intrépidas maniobras de Emmett. Era una hermosa y gran casa blanca con ventanales y balcones, todo el interior en tonos blancos y cálidos. Había sido modificada por la abuela de Alice, una amable y joven señora que era como otra madre para mí.

Bajamos frente a la casa mientras Emmett parqueaba y Alice abría la puerta.

Todo estaba oscuro, fui a prender la luz de la sala.

—Parece que papá no ha llegado —

—¿Te lo dijo la casa deshabitada? —pregunté sarcásticamente mientras ella me sacaba la lengua y yo hice igual.

—Son la una para la otra —bromeó Emmett en la entrada.

—Eso sonó lésbico Emm —contestó Alice.

Emmett ignoró su comentario.

—Está bien pequeñas, voy a salir así que juiciosas y no hagan nada que yo no haría —Alice rió por lo bajo, esa era una amplia lista de cosas.

—¿Vas a salir con Rose?

—Sí, iremos a conocer esa nueva discoteca que hay en la afueras de la ciudad.

—Pero es domingo Emm, ¿cómo los padres de Rose le dieron permiso? Mañana tenemos clase —indicó Alice.

Alice estaba en el penúltimo año del instituto y Rose y yo estábamos en segundo semestre de Publicidad y Literatura respectivamente en la UMA, pero nos poníamos de acuerdo con el horario para tener descansos juntas. El instituto de Alice del cual Rose y yo éramos egresadas quedaba a escasas dos cuadras de la universidad por lo cual siempre íbamos juntas.

Emmett se pasó las manos por el cabello nerviosamente, respondiendo:

—La verdad es que ellos no están enterados.

—Lo sabía. No te preocupes, seremos la coartada. Diviértanse —lo abracé y tomé mi bolso gris y el rojo de Alice, cada uno en un hombro.

—Prometo que la próxima te llevo Bells —le sonreí tenuemente, hace rato no hacía nada divertido.

—Oh no, Bella ya es mayor de edad pero yo no, me faltan dos jodidos años, ¿pretenden dejarme aquí tirada?

—¿Cómo crees Alice? Yo jamás haría eso, por eso hay que posponer la salida, estoy tramitando tus papeles —Emmett sonrió pícaramente, creo que era el único tío que le conseguiría papeles falsos a su sobrina para que entrara a una disco y se emborrachara. Él era único. Alice chilló y lo abrazó, se despidió y subimos a su cuarto.

Alice prendió su computador y revisaba actualizaciones de facebook mientras yo terminaba el proyecto de historia de la literatura.

—Alice, termina las conclusiones del trabajo mientras preparo algo para comer.

—¿Disculpa? La chica universitaria pidiéndole a su hermosa y joven amiga... —La miré de tal forma que supiese que si no se callaba no habría comida para ella —. Está bien, yo quiero un sándwich con doble queso.

—Como siempre Alice —le guiñé un ojo y bajé cuidadosamente las escaleras hasta la cocina; encendí los parlantes que estaban en una de las mesas de la cocina —comprados a pedido de Alice —y la cocina se llenó de una armoniosa melodía de Bach.

Minutos después Alice bajó a preparar las bebidas, rápidamente cambió la música inundando nuestro entorno con los éxitos de Michael Jackson, nos sentamos en el desayunador y terminamos cantando y bailando mientras lavábamos los platos.

Subimos y prendimos la televisión en algún canal de buenos videos. Alice ya tenía puesta el pijama y yo seguía en ropa de calle, seguimos hablando y contando anécdotas, algunas veces historias sin sentido que eran muy graciosas o debatiendo algún nuevo libro; empecé a notar como Alice iba cerrando sus ojitos y leves bostezos salían de su boca.

—Alice, duerme —la reprendí.

—No, esta vez si no me duermo hasta que tú lo hagas —susurró entre bostezos.

—Alice sabes que eso es imposible, aprovecha tú que duermes con facilidad, yo tomaré una ducha caliente y ya luego te acompaño —me dirigía hacia el gran baño interno del cuarto de mi amiga.

—Está bien Bells, yo ya me duermo; pero, ¿por qué no tomas una deliciosa ducha con las nuevas regaderas que compró Emmett? Son muy relajantes —sopesé por un momento mis posibilidades y decidí hacerle caso a la pequeña Alice, jamás se equivocaba.

Tomé mi toalla azul —era de Alice, pero ya me había apropiado de ella —mi neceser y el pijama que Alice había empacado. Me dirigí al cuarto de baño del corredor que quedaba entre el cuarto de Emmett y el cuarto principal del fondo, el del papá de Alice.

Acomodé mis cosas y me quité mi ropa doblándola y acomodando todo en el gran tocador. Me adentré en la ducha y reí ante la enorme regadera con sistemas y niveles de poder que estaba a punto de probar; sólo Emmett compraría algo así y solo quedaría bien en esta casa.

Al encender la regadera, pensé en agradecerle a Emmett por comprarlo y al mundo por crear tan excelente utensilio de relajación. Demoré más de lo normal con el agua muy tibia liberando los nudos de mi cuello, tarareando canciones. Cuando salí de la ducha todos los vidrios estaban empañados debido al vapor, caminé con suma precaución hasta donde había dejado mis cosas, con mi mano limpié el espejo del tocador y vi mi piel un poco enrojecida.

Alcancé mis cosas, me puse la tanga gris de encaje que Alice había elegido por mí. ¿Qué esa duende no se sentía incómoda empacando mi ropa interior? Bufé y tomé el pijama que consistía en un muy corto pantaloncito negro ligeramente ancho y una blusa de tirantes gris, solo Alice combina la ropa interior de alguien con su pijama.

Necesitaba desenredar mi cabello en la parte de atrás, así que tomé el cepillo y tiré mi cabeza y torso hacia adelante, agachándome de modo que mi cabello casi tocaba el piso y sentía como se estiraban los músculos de la parte trasera de mis piernas; empecé a cepillarlo y secarlo con la toalla, mientras tatareaba esa nueva canción de Muse y miraba por entre el ángulo que daban mis piernas sintiendo como poco a poco la sangre subía a mi cabeza, de pronto divisé una persona entrando al baño, era el papá de Alice. Quedé paralizada al verlo.

—¿Bella? —preguntó con notable sorpresa en su voz.

Sólo en ese momento recordé la incómoda y comprometedora postura en que me encontraba, mostrando más de mi retaguardia de lo legalmente posible. Me erguí de súbito provocándome un ligero dolor de cabeza, volteé nerviosamente.

—Ed... Edward... —alcancé a susurrar.

Ahí se hallaba él, el papá de Alice tan galante y encantador como siempre con esa masculinidad y perfección que sólo ese hombre poseía. Oh Dios es su padre, deja de verlo de esa forma tan sexual. —pensaba.

—Lo lamento, no sabía que estabas aquí, vi que Alice ya se encontraba dormida y venia a apagar esta luz —se escuchaba apenado y, ¿ansioso?

—Tranquilo, es tu casa.

—Sabes que también es la tuya.

—Gracias Edward.

—Yo… iré a la cama —su verde mirada se incrustó en la mía —con Alice.

¿Con quién más? ¡Idiota! Parecía que no tenía suficiente con tanta vergüenza. Siempre me puedo esforzar para hacer un ridículo mayor.

Él se acerco hacia mí con intención de despedirse y yo por mi parte no podía apartar la mirada de esos carnosos y apetecibles labios de tonalidad carmín, al fin y al cabo su boca era mucho más segura que su inquisidora mirada, pero también más tentadora.

Acunó delicadamente mi rostro en su gran mano y sentí como ardía al contacto.

—Dulces sueños, Bella —acarició superficialmente mi mejilla con sus suaves labios; yo me encontraba sudando frío, rogando porque no notara la arritmia de mi imprudente corazón.

Salió del baño y lo seguí con la mirada, mis pies clavados en el suelo.

El papá de mi mejor amiga me había vuelto a encontrar en una situación muy penosa y no quería ni imaginar qué tanto había logrado ver con este diminuto pantalón. Tendría que agradecer a Alice por combinar mis prendas íntimas, claro, sin darle detalles. Tenía una enorme vergüenza, pero no sabía verdaderamente si se debía a mis incontrolables pensamientos o al hecho de que él hubiese visto mi trasero.

Yo estaba renuente a reconocerlo, ¿cómo reconocer que te gusta el papá de tu amiga?

Hace poco más de dos años procuraba pensar en él como eso… el papá de mi amiga, intentaba con todas mis fuerzas sacarlo de mi mente, que mi corazón no amenazara con delatarme cada vez que él estaba cerca. ¿Cómo no estar nerviosa frente al hombre que te gusta? ¿Existe un deseo más ajeno e imposible? Debe ser que me agradan los sentimientos platónicos.

Entendía perfectamente los catorce años que nos llevábamos, cualquiera diría que una nimiedad, con ese cuento ficticio que el amor no tiene fecha, pero si a eso le sumas que ese hombre es el padre de tu mejor amiga y un gran amigo de tus progenitores parecería un mal chiste macabro; él era un adulto y yo recorría los peldaños para convertirme en mujer.

Era claro para mi parte lógica que debía dirigir mis ojos a prospectos más alcanzables, pero mi terco cerebro y mis alteradas hormonas tenían muy definidos sus intereses.

Me mentía a mi misma creyendo que diciéndole ´papá de Alice´ todo mejoraría, ya que si lo estimaba como el apuesto, inteligente y perfecto hombre que era, me hallaría en un laberinto del cual dudo seriamente si querría encontrar salida.

¿Pero eso qué interesaba? No es como si él tuviese algún sentimiento distinto al fraternal hacia mí. Él me había visto crecer, era tan amigo de Charlie y Renne... él nunca me vería de esa forma, y para mí estaba bien.

Edward era lo que me mantenía a salvo de cometer una locura.

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Aquí está la nueva locura que comparto con ustedes… espero saber sus comentarios.

Ya mis niñas, ya pueden dejar de amenazarme! ¡Ya subí cap! En serio hay muchas personas para agradecerles por todo lo que hacen cada día en mi vida, así que en vez de nombrarlas todas simultáneamente, les dedicare un capitulo a cada una ;) (Ustedes saben quienes son… gracias w.w las quiero)

¡Celes te amo! Sabes cómo me ayudaste con esto, sin ti no estaría este capítulo aquí .Espero ya se acaben las feas miradas y los chantajes de tu parte… o sino no subo nada más(?) xD

Na :L ya en serio… espero les guste

Q estén muy bien,

Liz