Edward está a punto de perder a su esposa y Bella a un paso de morir. Podrán las circunstancias de compartir un mismo corazón, hacer sentir esos mismos sentimientos tan fuertes? Lemon por capítulos futuros.

Nuevo fic EdwardxBella (obviamente xP) y espero que realmente les guste!

Este será definitivamente más dramático que los anteriores.

Las ideas me las ha dado mi madre indirectamente, otras de peliculas, etc.

Lemon por capítulos futuros, no sean ansiosos

¡Provecho!

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Cap. 1 Despedidas

Las oportunidades de vivir son escasas y cuando estas eventualidades son favorables, harías lo que fuera por aprovecharlas. A pesar de que te encuentres perdido o en el fondo de un pozo, siempre habrá una luz que logre iluminarte y guiarte por el camino de la felicidad. Y siempre habrá alguien que, a pesar de las circunstancias, te acompañe por ese camino pedregoso.

EPOV

Piii, piiii, piiii--- sentía el monitor por el marcapasos.

-Tanya, amor, por favor, resiste un poco más- le pedía desesperado a mi esposa mientras íbamos a toda velocidad en la ambulancia al hospital más cercano.

-Ed… Edward- susurró con todas las fuerzas que pudo mientras le sostenía la mano.

-Si, si Tanya, mi vida, estoy aquí, a tu lado- las lagrimas recorrían mi rostro sin parar pero Tanya no las podía ver, estaba con los ojos cerrados del agotamiento que tenía.

-Sr. Cullen, llegamos, abra paso- me dijo un técnico mientras abría las puertas de la ambulancia.

Vi como mi amada mujer, mi compañera por más de 4 años, como hacía un gesto de sufrimiento mientras bajaban la camilla a toda prisa. Bajé de inmediato y corrí hasta alcanzarla, no quería perderla ni un segundo de vista, no podía.

Al llegar a la recepción salió mi padre a detenerme y calmarme, aunque sabía a ciencia cierta que no podía entrar al área restringida. ¿Cuantas veces entré, salí y corrí por estos pasillos?, ¿cuantas veces tuve que dar buenas y malas noticias a familiares que sufrían por mis pacientes?, ¿cuantas veces pasé por alto los sentimientos de estas desgraciadas familias?. Y ahora me encontraba aquí, desolado en esta frustración imposible, esperando que en cualquier momento debiera de soltarle la mano a mi esposa, mi compañera por 5 años, a que se la llevaran a pabellón a tratar de arreglar las circunstancias de actos inexcusables y que, en efecto, sabía que eran inmejorables.

-A…amor..? – Tanya me llamaba con todas sus fuerzas, fuerzas que sabía quedaban pocas para su condición- ¿donde… donde estás?

-Acá cariño, a tu lado como siempre lo haré, estoy tomando tu mano, ¿la sientes?- las palabras salían atropellas y nerviosas de mi boca, justamente lo que menos quería para mi esposa.

-Te…tengo miedo- unas lagrimas comenzaron a surcar el desfallecido rostro de mi mujer, haciendo paso entre los restos de sangre que manchaban su angelical rostro.

Un nudo en la garganta que me impedía respirar hizo que mi corazón se encogiera, sintiendo un dolor profundo, doloroso y expansivo en mi pecho. Tanya estaba mal y yo lo sabía y también sabía que mi miedo era superficial al lado del de mi esposa.

-No, cielo, no tengas miedo, estoy acá contigo, ¿recuerdas? No pasará nada malo…-mentir. No podía hacer otra cosa, mentir y hacer que mi esposa se tranquilizara – después recordaremos este momento solo como una mala pasada, un trece de septiembre de mala suerte y nada más. Además está mi padre, el mejor cirujano de toda la ciudad, verás que no será nada.

-Edward – Carlisle hizo un gesto con la cabeza, avisándome que estábamos pronto al área de cirugía.

-Tanya, estaré aquí amor, nos vemos luego, te amo-

Tanya no respondió de inmediato, giró su cabeza hacia donde escuchaba mi voz y sonrió como nunca la había visto hacer. Su sonrisa llegó hasta sus ojos ahora medios abiertos, sus ojos azules se iluminaron y sentí una calidez extrema, como si ahora fuese ella la que quisiese reconfortarme.

-Nos vemos luego- dijo casi con sus últimas fuerzas.

Solté su mano muy a mi pesar. Sentí una electricidad distinta al momento en que nuestros dedos, nuestro último contacto, tomaran caminos diferentes. Los segundos en los que la vi desaparecer hicieron stand by, viendo como cada detalle de su lustroso cabello, ahora bañado en sangre, dejaban su olor en el aire y como se mezclaba a este en un distinguido olor a fresas. Si, ese fue el olor característico de ese día, la última fragancia despedida de su delicado cuerpo, y las últimas palabras que escuché de ella.

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BPOV

-¿Bella? – escuché la melodiosa voz de mi mejor amiga a mi espalda.

-Si, Rosalie, estoy acá – dije sin darme vuelta, ya que mi cuerpo me lo impedía.

Una hermosa mujer entró a mi vista, con su pelo rubio iluminado por el sol, que acababa de esconderse detrás de su cuerpo.

¿Qué haces acá? – dijo mientras llevaba sus manos a ambos lados de su cadera.

-Tomo el sol, ¿acaso no lo ves?- dije lo más sincera que pude pero eso era algo que, por muy cierto que fuese, era algo imposible. ¿Bella Swan tomando sol? No lo creo.

-Corre viento, no deberías estar afuera, ¿Cómo saliste? – agarró la colcha contigua a donde estaba y comenzó a arroparme.

Miré hacia abajo, donde estaba sentada, mi silla de ruedas y luego miré a Rosalie. ¿no era obvio?

-Perfecto – señaló mientras tomaba por atrás los mangos de mi silla y me daba vuelta para entrar a la casa – sabes que no puedes hacer fuerza ¿Cuántas veces te lo tengo que repetir? No, mejor ¿Cuántas veces te lo tiene que repetir el médico?

-Todas las veces hasta que no pueda ver el sol – sonreí. Amaba ver el crepúsculo y eso mi amiga lo sabía.

Rosalie bufó pero la vi sonriente al darme la cara luego de encontrarnos en el living.

-Mañana es trece de septiembre – señalo con la emoción inundándole la cara.

-Ajá – no tenía respuestas para su inconclusa afirmación –y pasado mañana es catorce, ¿cuál es tu punto?

-¡Vamos Bella! – dijo con molestia en su cara – ¡es tu cumpleaños! ¿No puedes recordar ni el día de tu nacimiento y alegrarte por ello?

En realidad este último año poco tenía de alegre y menos lugar para celebraciones ¿Qué había que festejar?

-lo había olvidado – mentí mirando al suelo ya que sabía que si miraba a los ojos a mi mejor amiga ella lo notaría.

-Bella… por favor, no te deprimas –estaba arrodillada a mi lado sosteniéndome ambas manos- encontraremos a alguien, siempre habrá alguien al final de día que… en fin, pronto llegará, estoy segura, y lo primero que haré después será llevarte de compras.

Sonrió y se dio media vuelta a buscar su abrigo.

-Iré a comprar, ¿quieres algo en especial?

-No – le sonreí, verla feliz realmente me alegraba pero ya no había realmente algo que me diera esperanzas, ahora solo tocaba aceptar mi destino.

-De todas formas esperaré a que Rene regrese, no pienso dejarte con ese desconsiderado de Jacob – dejó su abrigo en el sillón y me acercó hasta el marcapasos.

Últimamente mi vida pasaba fugaz frente a mis ojos. Tanto que disfrutar y tan poco el tiempo de hacerlo. Muchas veces pensé que era absurdo e injusto, yo había desaprovechado algunos pequeños momentos de mi existencia y la vida no me había dado segundas oportunidades.

A pesar de querer aprovechar cada momento que me quedaba, cada resplandor, olor o color, mi cuerpo me decía a gritos que se me estaba acabando el tiempo y el cansancio comenzaba a fatigarme.

Había esperado tanto por una oportunidad y al parecer no la merecía.

Esa noche me despedí de mi madre y de mis amigos como cualquier otra y al encontrarme cobijada entre las mantas de mi cama con decenas de aparatos conectados a mi cuerpo comencé a hacer cuenta regresiva en lo que había sido de mi vida.

-Hermosa – me dije.

Y el marcapasos comenzó a sonar continuamente… sin parar.

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Jazzzzzzzzz