Disculpen por demorarme, pero en general escribo cuando realmente la inspiración viene a mi :)

Y viendo Luna Nueva y Romeo y Julieta, se me ocurrió esta parte que en realidad no tenia prevista, así que sería un capítulo especial en donde pude atar cabos sueltos sin siquiera darme cuenta.

¡Provecho!

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BellaPOV

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-Ok Bella, ¿que trago te pido?- Rosalie definitivamente era la más emocionada por nuestra salida.

-Rose… sabes que no puedo tomar alcohol- nuevamente dije como lo más obvio del mundo –pídeme una coca cola o un agua mineral… ¿sabes? Iré yo a pedirlos, necesito descansar.

Ok, estaré por ahí, ya sabes, por donde está ese chico grande- me guiñó el ojo divertida, ya sabía a quien iba al asecho.

Sentarme fue lo mejor de todo el día, habíamos prácticamente corrido a mi casa ya que los chicos del taller de Rosalie me habían hecho un almuerzo y luego Rosalie pasó toda la tarde buscando aquel vestido azul ceñido solo para esta salida y tantos cambios de ropa eran realmente agotador. Miré a Rosalie y luego a Jacob, ambos estaban felizmente entablando una conversación con aquellas personas que les gustaba y me sentí, por primera vez en mucho tiempo, sola. Sonreí ante tal descubrimiento y levanté mi brazo para que el barman me atendiera cosa que fallé estrepitosamente. Perfecto, hasta el barman me evita. Cuando a mi lado alguien levantó su brazo y gritó:

-¡Hey! La señorita quiere pedir, ¿sabes?- dijo un tipo de unos veintiocho años que me resultaba extrañamente familiar.

-Una coca cola por favor- le pedí al barman cuando se dirigió a mi.

-Y yo un wisky doble- dijo mi nuevo acompañante- vaya, ¿eres de las del grupo saludable que las traen a bares a la fuerza?

-¿Y tu eres del grupo de los que vienen a ahogar todas sus penas a las barras y a hablarle a las chicas?- dije en tono irónico.

-Claramente cada uno tiene sus razones para estar aquí- me sonrió, pero no pude ver si lo decía en serio o no porque no podía verle la cara con los focos apuntando a diferentes direcciones.

-Ajá, en eso estamos de acuerdo- tomé mi vaso, me paré y me dirigí a mi mesa a un lado de la barra sin agradecerle a aquel chico por lo de mi bebida, no quería ser grosera pero tampoco estaba en días de querer agitarme en una discusión estúpida.

-¿También eres de las chicas que dejan el vuelto como propina?- una mano en mi mesa dejó unos billetes y subí por su brazo hasta llegar al rostro para darme cuenta que era el mismo chico de la barra… y de restorant.

Su rostro era de modelo de revistas y su cuerpo, a pesar de estar tapado por una camisa de piqué y unos pantalones de tela, dejaban entrever un cuerpo tonificado y delgado, alto y con una sonrisa torcida que me deslumbraba. Pero fue otro rasgo el que me descolocó de asombro: Unos ojos verde esmeralda viéndome fijamente, penetrantes y profundos me dejaron anonadada.

Sentí un calor subiendo hasta mis mejillas y rápidamente supe que estaba totalmente colorada, por suerte podía esconder mi estado tras las sombras.

-Te ves adorable enojada- soltó. Ok, no podía esconderlo, por suerte pensaba que estaba enojada y no avergonzada- te vi hoy, eres una de los dueños del restorant italiano ¿cierto?

-Soy la dueña prioritaria- tomé los billetes y aproveché de esconder mi rostro tras mi hombre deseando no estar ni la mitad de nerviosa que estaba ahora.

-Oh, vaya, pero el chef se sigue ganando el papel principal- añadió, pícaro.

-Pues… yo soy la chef- dije orgullosa pero no pude evitar nuevamente mis mejillas arder una vez más.

Él comenzó a reírse y me preocupé de que estuviera haciendo el ridículo o tuviera algo en la cara. En realidad era bastante confiada pero su presencia me hacía sentir extraña, y no en un mal sentido sino que en una sensación ajena a mí.

-Así que estoy frente a una persona multifacética- sonrió y añadió en su susurro, hablando más para si que para que yo lo escuchara –y si algo de este libro no es muy claro, en el margen de sus ojos va glosando…

-…A este libro de amor, que ahora es tan bello, le falta cubierta para ser perfecto- terminé su frase y el parecía bastante sorprendido.

-Creo que te subestimé- dijo con un brillo en sus ojos en su mirada penetrante.

-¿Es así como conquistas? Citando a Shakespeare…- sonreí para mis adentros, le estaba funcionando.

-En realidad me sorprende que sepas la frase, y no, solo me gustan los clásicos- aclaró.

-Aunque es un poco triste que me hayas citado la persuasión hacia Julieta para casarse con Paris, ya sabes, algo imposible- dije sin prestarle atención a lo anterior.

Pero esta vez mi acompañante sonrió de una forma melancólica y se dio la vuelta para irse.

-Espera- ¿Qué hice? Por qué lo detuviste? –em… si quieres puedes acompañarme, no tenemos que hablar de clásicos si no quieres- añadí al ver su semblante sombrío.

Pero está vez la alegría de su sonrisa le llegó a la mirada y su voz, suave, aterciopelada sonó clara y curiosa –me gustan los clásicos.

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EPOV

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-¿Qué lees?- me preguntó curiosa, mi mujer, pillándome desprevenido mientras se sentada a mi lado en la terraza.

Me limité a mostrarle la portada y ella arrugó su nariz.

-¿Qué?- pregunté. Esta vez yo era el curioso.

-Lo leí una vez, hace algunos años en el colegio. Aunque todo el mundo ya se sepa la historia estaba emocionada, ya sabes lo romántica que soy- se acurrucó a mi lado – pero digamos que no fue lo que esperaba.

-¿Te decepcionaste de Romeo y Julieta?- pregunté incrédulo.

-Si, me molestaba un poco la ingenuidad de Julieta y la impulsividad de Romeo…-se quedó callada, un silencio incómodo para nosotros, nunca pensé que su comentario nos llegaría de esa forma.

-Solo porque no te guste la personalidad de los protagonistas no significa que sea una mala obra- traté de romper el hielo.

-No, eso fue después de sentirme decepcionada- añadió pensativa.

-¿Y que fue lo que te decepcionó entonces?

-De yo ser Julieta… me hubiese quedado con Paris- terminó, media avergonzada.

Estaba sorprendido, realmente sorprendido. La tomé del mentón y la obligué a mirarme a los ojos.

-¿Estás arrepentida de algo?- solté.

-¿De que hablas?- dijo nerviosa –solo estoy haciendo ver mi punto de vista.

-Ok, ¿crees que Julieta, de no haberse suicidado, estaría arrepentida de algo?- reformulé mi pregunta.

Sabía que mi pregunta no iba dirigida solo a la vida de Julieta y sabía que no podía mentirme, yo lo notaría. La había dejado acorralada y solo tendría que soltarme la verdad pero aún si lo hiciera, no podría sentirme victimizado, ya que respondería de acuerdo a la obra y yo por ningún motivo me identificaba con Romeo.

-Creo que… apresuraron las cosas- dijo después de mirar hacia la otra esquina. Esa respuesta me dolió más de lo que hubiese imaginado.

-Entonces ¿dices que fue algo puramente carnal lo de Julieta y Romeo? ¿Qué a la larga se enamoraría de Paris y se arrepentirías de no haber tomado en cuenta la decisión de sus padres?- me tomó toda la fuerza del mundo formular aquellas preguntas y que a la vez no sonaran como un ataque.

-Solo pienso que Julieta no juzgó a Paris por lo que realmente era, no le dio oportunidad alguna, ni a su madre ni a su empleada y nunca pensó en su futuro con Romeo- dijo cortante, alejándose de mi –además creo que fue la excusa de Shakespeare para asesinarlos al final.

-Vaya, para ser generalmente yo el racional aquí, me dejaste desprevenido- fue lo único que se me ocurrió decir en ese momento, tratando de que mi respiración fuese acompasada –pero no creo que haya sido la excusa ni tampoco creo en el supuesto arrepentimiento de Julieta, el fin era algo inevitable y darse vueltas en el "que hubiese sucedido si" es estúpido e inútil. Las cosas pasan y uno tiene que saber afrontarlas y superarlas.

Traté aún más que nada de nuestra vida privada se manifestara en ese último comentario pero sabía que era demasiado tarde y Tanya ya se había dado cuenta, no era tonta.

-Algo inevitable…- susurró mientras se paraba.

-Pero si le envidio una cosa a Romeo- solté de forma sutil.

-¿El qué?- preguntó, desganada.

-El suicidio… lo hacen ver tan fácil,… algo de veneno, una daga al corazón…

Me sonrió triste, melancólica y apesadumbrada y antes de entrar a la casa, añadió.

-Algún día vas a poder comentar Romeo y Julieta con alguien que piense parecido a ti… te evitarás las comparaciones y los comentarios helados… y serás feliz.

La cortina, debido al viento, se interpuso entre ella y yo y cuando volvió a su lugar Tanya ya no estaba. Sabía que algo tan delgado como esa cortina era lo que nos separaba y a la vez, era lo que formaba un abismo entre nosotros. Por algo tan delgado como una cortina podía perderla.

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¡Es corto! Pero era un capítulo salido de la nada y de mucha emoción.

Trataré de subir el siguiente capítulo la próxima semana :D

Jazzzzzzzzz