Disclaimer: Harry Potter no es mío. Tampoco ninguno de sus personajes o historias, ni -por desgracia- la fama y el dinero que ha ido dejando. Así que no me demandéis; no merece la pena.

Nota: primera incursión en una pareja post-marauders!!! ¿No es increíble? Veamos... como yo soy yo, no puedo dejaros sin mis notas, porque soy feliz escribiendo, así que os contaré que, aunque la pareja Ron/Hermione estaba cantada, sigue sin gustarme del todo. Así que no creo que esto vaya a gustar en exceso a sus fans; aún así, dadle una oportunidad. Es un intento como otro cualquiera de contar una historia, ¿no? Pues eso.


Ahora que todo es distinto

Llega tarde, otra vez. Llega tarde y cansado, y se sienta en el sofá, y cierra los ojos. Hermione le mira, de arriba abajo, y se deja caer junto a él.

-Los niños están acostados –musita. Hay un cierto tono de reproche en su voz; Ron huele ligeramente a alcohol. Whisky de fuego, para ser exactos, y alguna botella muggle, si apuramos.

-Ajá –gruñe, y puede significar cualquier cosa. O no. A lo mejor no significa nada, como todo, últimamente.

Era tan fácil, antes, cuando eran adolescentes.

Hermione lo recuerda perfectamente. La batalla –la Batalla Final, la llaman ahora- y el ruido, y la muerte, y ese primer beso desesperado y húmedo de sudor y lágrimas y sangre, el calor de los labios de Ron contra los suyos, el tiempo detenido. Se besaron como si fuese el último día, el primero. Se querían.

Se quieren, aunque a veces cueste creerlo.

-No has venido a recogerles –le reprocha-. Era el primer año de Hugo, Ron. Tenías que haber venido –quiere seguir. Seguir hablando, quejándose, hasta hacerle reaccionar. Pero él dice Lo siento y termina la conversación. Aunque ella no quiera.

-Me voy a la cama.

Se levanta del sofá; camina con paso lento, tambaleante. Lleva el uniforme desarreglado, la corbata suelta; una mancha de carmín en el cuello. Hermione cierra los ojos, se abraza, llora en silencio.

Era tan sencillo, antes. Cuando salvar el mundo era su mayor preocupación, cuando él la rescataba de mortífagos, y ella se interponía entre los hechizos y ese chaval pelirrojo que la sacaba de quicio. Cuando Voldemort era un nombre prohibido, y la vida pendía de un hilo cada segundo del día. Era todo tan sencillo, entonces.

Se levanta despacio, ella también. Los escalones crujen y se quejan bajo sus pies; ella haría lo mismo, si pudiera. Hermione Weasley, antes Granger, heroína abandonada, treinta y ocho años, dos hijos. La vida se le escapa de las manos, segundo a segundo, y no sabe qué hacer, no sabe cómo pararla.

Entra en la habitación sin hacer ruido; no quiere despertar a Ron, ahora. Mañana tienen trabajo, los dos; necesitan dormir. Al menos ella.

La cama está fría, y es estrecha. Antes no importaba, porque dormían más cerca de lo físicamente posible, y se susurraban al oído, y se besaban y se comían, uno al otro, con los ojos y los labios.

Ron duerme al otro lado, una isla pelirroja asomando entre las sábanas. Ojalá no lo quisiera tanto, piensa. Ojalá. Les separan veinte centímetros, cinco minutos; les separa toda una vida.

Antes todo era tan fácil.


Esto... ¿Reviews?

Bueno, os haya gustado o no, yo lo dejo por aquí. Digo yo que es un punto de vista ligeramente distinto de esta relación que, de otra forma, me provoca un pelín de sobredosis de azúcar. Obviamente, las parejitas felices no son mi estilo, así que tengo que destrozar todas las que toco y/o escribo. Así que, si hay peticiones de que no escriba una sola palabra sobre alguna, podéis dejarme la recomendación en un review -a esto se le llama publicidad subliminal, ¿no?- diciéndolo.

Y ya está. Fin. The End. Finiquitado.

Daenerys Pendragon