Bueno, finalmente, después de mucho tiempo, este es el último capítulo de esta serie. Puse todo de mí en él, a pesar de que ya no soy la misma persona que era cuando comencé a escribir la historia. De verdad espero que les guste. Solo me queda decir: gracias por acompañarme durante tanto tiempo y darme el honor de ser mis lectores, aunque solo haya sido por un momento.

El final de una era

Cuando desperté era pasado el mediodía, lo deduje por la luz del sol que entraba por la ventana. Jake no estaba en la cama, así que me desperecé e intenté escuchar los sonidos de la casa. No podría estar muy lejos, su lado de la cama aún estaba tibio.

- ¿Jake? –pregunté.

- Genial, eso es todo entonces. Debo irme, nos vemos –dijo. Estaba al teléfono. De seguro hablaba con alguien de la manada, para arreglar los turnos de patrulla o algo así. Segundos después estaba en la puerta.

- Hola, dormilona –murmuró con una sonrisa, entrando en la habitación. Aún llevaba solo la toalla con la que se había quedado dormido.

- No alardees, tu lado de la cama aún está caliente –levantó sus manos, mostrándome las palmas en señal de rendición y yo le sonreí. Se acercó para recostarse junto a mí, poniendo un brazo detrás de su cabeza y pasando el otro por debajo de mis hombros, para poder estrecharme contra él.

- ¿Cómo está la manada? –pregunté. Se quedó quieto por un segundo, pero luego respondió con tranquilidad.

- Todos están bien –dijo, y luego me besó en la cabeza con ternura-. Tu celular sonó más temprano –me dijo. Me estiré para tomarlo de la mesa de luz y tenía una llamada perdida de mi padre. Mi corazón se agitó con la posibilidad de que pudieran llegar de la caza y encontrarnos en la cama, prácticamente desnudos.

Me apresuré a escuchar el mensaje de voz que hacía que la pantalla titilara. Una robótica voz me indicó que presionara el número uno para acceder a él.

"Hola cariño"

Era mi padre. Su voz no mostraba ningún tipo de alarma, pero eso era lo que debía esperar, después de todo, la alarma llegaría cuando nos encontraran.

"Nos desviamos un poco de la ruta, así que llegaremos en la madrugada de mañana. Si necesitas algo, solo llámanos. Sentimos la tardanza, te quiero"

"¡Diviértanse!" escuché en un grito de la tía Alice, seguida de una risita cómplice. Sentí mis mejillas coloreándose a la vez que papá soltaba un bufido y cortaba la comunicación. Dejé el teléfono sobre la cama y volví a mi posición junto a Jake.

- No volverán hasta la noche –comenté mientras me amoldaba a su pecho de nuevo.

- Eso significa… -deslizó los dedos por mi cintura hasta que alcanzó el nudo de mi bata y lo deshizo con un movimiento fluido y delicado- Que estás usando demasiada ropa -sonreí y volteé la cabeza para mirarlo. Paseé mis dedos por su pecho, bajando por su estómago para llegar al borde de la toalla que envolvía su cadera.

- Pues entonces, tú también –repliqué, desenvolviéndola para que dejara de cubrirlo. Me sonrió y yo me removí contra él para besar su cuello. Su piel se sentía suave, con un leve sabor a canela. Supuse que ese aroma tendrían las sales que usó para el baño la noche anterior.

Puse una de mis piernas entre las de él, para poder incorporarme y besarlo en la boca. Me correspondió con un gemido ronco, besándome mientras sus dedos se enredaban en mi cabello. Tuve cuidado de bajar mi cuerpo lentamente, apretándome contra él a la vez que continuaba besando su cuello. Sus manos se encargaron de quitarme la bata con movimientos torpes y ansiosos.

Me presioné contra su cuerpo con más intensidad cuando la molesta tela estuvo fuera de mi camino. Sentía su piel más caliente que la mía, y parecía que podría quemarme si no tenía cuidado.

Apoyándome en mi codo derecho, alejé mi rostro del suyo solo lo suficiente para ver su expresión mientras mi mano izquierda bajaba por su estómago. Rodeé su miembro con mi mano procurando ser delicada. Pude sentir cómo terminaba de endurecerse por completo mientras lo tocaba. No dejé de mirarlo a los ojos mientras lo hacía, subiendo y bajando mi mano por su erección.

Se mordió el labio cuando lo rocé ligeramente con las yemas de los dedos, esparciendo por todo el largo la humedad que la excitación comenzaba a causar. Se sentía increíble tenerlo de esa manera, todo mío. Bajé mis labios a su cuello y lo besé ahí mientras mi mano continuaba su lenta tortura, subiendo y bajando por su miembro, ahora completamente duro. Me sentía orgullosa de mi misma de poder hacerlo sentir de esa manera.

Una de sus manos se posó en el costado de mi rostro a la vez que la otra bajaba por mi espalda para tocar mis glúteos, acariciándolos y apretándolos según la intensidad con la que lo tocara. Pero no era suficiente. Necesitaba más… así que mi boca bajó por su pecho y luego por su estómago para llegar por fin a su cálido miembro.

Miré a su rostro mientras mi mano rodeaba la base con más seguridad. Jake gruñó y cerró los ojos, hundiendo sus manos en la cama, cerrando los puños en las sábanas. Volví mi vista a lo que tenía enfrente de mi rostro. La suave piel se veía tensa por la anticipación, y no quería hacerlo esperar: Mi lengua se paseó por la punta sin ninguna delicadeza, haciendo que todo su cuerpo se estremeciera.

Lo rodeé con mis labios, intentando mantener un movimiento constante de arriba a abajo. Acompañé el vaivén con mi mano, que aun rodeaba la base mientras mi boca y lengua se encargaban de la cabeza.

- Dios, Ness –gimió. Levanté la vista y lo vi, aún con los ojos cerrados. Su mandíbula se veía increíblemente tensa, como si estuviera apretando los dientes hasta casi romperlos. Pensé que quizás no estuviera disfrutando, pero el profundo gemido que salió de sus labios en ese mismo instante, hizo que me tranquilizara.

Cerré los ojos y me dediqué completamente a la tarea. De todos modos, era muy difícil pensar en cualquier cosa que no fuera la tensión de su piel bajo mi lengua, la rigidez de su miembro perdiéndose en mi boca.

- Creo… que es suficiente –soltó en un grave gruñido entrecortado, pero no me detuve. "Jamás tendré suficiente" murmuré en mi mente. Estaba bastante segura de que podía escucharme. Continué con los movimientos, rozándolo con mi mano y mi lengua cuando me hacía falta respirar.

Noté que estaba a punto de incorporarse y detenerme, así que formé una imagen de mi misma en mi mente, arrodillada junto a él, sosteniendo sus manos. Esto era demasiado excitante como para que siquiera pensara en parar.

Abrió los ojos mirando a la nada que lo detenía, luego se quejó con un profundo y prolongado gemido cuando supo de qué se trataba.

Ahora mi mano se movía más y más rápido, acompañando los movimientos de mi boca. Escuchaba el sonido que provocaba cuando chocaba contra su vientre a un ritmo constante y decidido. Primero noté que hacía fuerza contra el agarre que mi ilusión tenía de sus muñecas, pero al cabo de un minuto noté que se había rendido. Sus caderas comenzaron a moverse, levantándose con un movimiento sutil pero seguro. Estaba perdiendo el control, podía sentirlo. Todo su cuerpo permanecía tenso, a la espera de que el placer finalmente llegara a su punto máximo.

- Ness… vas a hacer que… Cielo santo, detente… –suplicó, pero su tono me rogaba que continuara. Su piel, tan tensa y caliente me pedía que no parara. El movimiento de su cadera hacía que se hundiera más en mi boca, perdiéndose casi completamente ahí y marcando el ritmo que deseaba. Esta vez no se me escaparía. Por una vez, sería yo la que lo hiciera llegar al Cielo y volver.

"Relájate" le indiqué. Eso era todo lo que quería, que fuera completamente mío, que supiera que no tenía que contenerse estando conmigo, así como él me había demostrado que yo no tenía que hacerlo con él.

Aun se mostraba reacio, así que aumenté la velocidad, intentando facilitarle el abandonar sus reservas.

- ¿Eso es… lo que quieres? –preguntó, interrumpiéndose en la mitad de la frase para tomar aire. Levanté la vista y noté que me miraba. No supe en qué momento la ilusión había desaparecido, pero ahora una de sus manos se había vuelto un apretado puño encima de su pecho, mientras que la otra se aferraba a la cabecera de la cama con fuerza. Observé la palidez que la tensión causaba en la piel de sus nudillos. El vaivén de mi mano no se había detenido, y tampoco lo hizo entonces, pero sus ojos me habían atrapado. Una expresión de tortura se dibujaba en ellos, podía notar las ansias que le producía todo esto. Lo contrariado que parecía.

"Solo déjate ir", sugerí con el tono más sensual del que fui capaz. Su respiración se había agitado hasta el punto en el que no era capaz de distinguir un jadeo del siguiente. Sus ojos por fin me liberaron al tiempo que se cerraban, mientras un profundo y gutural gemido se escapaba de su pecho de nuevo, más sensual y excitante de lo que creí posible.

Sus manos se enredaron en su propio cabello, sus dedos tan rígidos como el resto de su cuerpo, y por instinto elevó su cadera para hundirse más profundamente en mi boca mientras se corría.

Me moví más lento y finalmente me detuve, obligando a su miembro a entrar lo más posible en mi boca. Era la primera vez que lo sentía viniéndose, y temía que ahora fuera adicta a la sensación. Bebí de su dulce néctar tanto como pude mientras lo observaba estremeciéndose. Su cuerpo temblaba, como si electricidad lo estuviera atravesando de pies a cabeza.

Cuando estuve segura de que el orgasmo había terminado, me alejé solo un poco, arrodillándome en la cama a un lado de sus piernas para poder observarlo mejor. Soltó lentamente el aire que guardaba en sus pulmones y pude ver que su piel brillaba como si hubiera sudado. No era fácil hacer que Jake sudara.

Abrió los ojos después de un momento, mientras alejaba sus manos en su cabello y me buscaba de nuevo con la mirada. Limpié mis labios con mi lengua y él soltó otro gruñido bajo y sensual. Me sentía demasiado orgullosa de mí misma en ese momento. Le sonreí con suficiencia y una extraña mueca se formó en sus labios.

- Lo siento –susurró.

- Yo no –repliqué cruzándome de brazos, eso pareció quitar algo de la culpa que había en su mirada, reemplazándola con una extraña mezcla de satisfacción y lujuria. Negó con la cabeza, ahora una tenue sonrisa jugaba en las comisuras de sus labios, pero antes de que pudiera verla con claridad, pasó sus manos por su rostro y volteó la mirada hacia el techo.

- Dios, eres increíble –murmuró, aun luchando por recuperar el aire. El sentimiento de orgullo que revoloteaba en mi pecho aumentó todavía más.

Llenó sus pulmones con fuerza y se incorporó de repente para besarme, tomándome por sorpresa. Luego de un momento se alejó lo suficiente para apoyar su frente contra la mía. Se mordía el labio mientras me miraba, pero la sonrisa no se había ido de su rostro.

- Jamás podré creerlo –murmuró con un tono bajo y áspero.

- ¿El qué? –pregunté con dificultad.

Separó su rostro del mío y me miró levantando las cejas.

- Que seas tan… ¡Mía! –gritó mientras me tomaba de la cintura y me movía hacia un lado para que cayera en su regazo. Su nariz se pegó a mi cuello y simuló que olfateaba mi piel como un perro. El cambio de ambiente estuvo a punto de desorientarme. Comencé a reír sin poder evitarlo, y aprovechando eso, Jake se incorporó en la cama y optó por hacerme cosquillas. De pronto me sentí como cuando era una niña, y los juegos con Jake eran tan naturales como respirar.

Mis risas se detuvieron de a poco una vez que sus manos se quedaron quietas en mi piel. Abrí los ojos y noté que me estaba mirando. En algún momento se había movido para quedar recostado a mi lado, acomodado de forma que su rostro quedara a unos veinte centímetros del mío. La sonrisa en él, probablemente era un reflejo exacto de la mía. El brillo de sus ojos era una de las cosas más hermosas que hubiera podido imaginar. Sin dudas, este había sido uno de los mejores días de mi vida.

- Te amo –volví a decir, sin poder refrenar las palabras. Su sonrisa se amplió aún más.

- Yo también te amo –susurró, bajando lentamente su rostro para besar mi cuello con delicadeza. Sus movimientos eran cuidadosos, tan solo pequeñas y tenues caricias… aunque eso no evitaba que su piel quemara la mía donde fuera que me tocara.

Cerré los ojos y me concentré en la forma en que deslizaba sus dedos por mi estómago, a un lado de mi ombligo, mientras su boca no cesaba de besar la piel de mi garganta. Se incorporó un poco sobre su otro brazo y me miró a los ojos. Su mirada me atrapó al tiempo que su mano continuaba bajando por mi cuerpo.

Lo sentí abrirse paso entre mis piernas. Acarició la cara interior de mis muslos con suavidad, haciendo que un reflejo involuntario hiciera que separara las rodillas. Él se encontraba recostado a mi izquierda, así que pasé mi pierna izquierda por encima de las suyas, dándole más acceso a su mano, que continuaba haciendo que mi piel ardiera.

Arqueé la espalda cuando sentí sus dedos rozando mi entrepierna con lentitud, y noté mi respiración acelerándose, al igual que los latidos de mi corazón. Sus dedos llegaron a la humedad que él había provocado y una sonrisa de suficiencia volvió a jugar en la comisura de sus labios.

- Adoro cuando te pones así… -soltó aun mirándome a la cara. Sus ojos no me habían liberado, incluso aunque yo no fuera capaz de devolverle la mirada por más de unos cuantos segundos a la vez. Me mordí el labio e intenté tragar con dificultad. Sentía la boca seca mientras sus dedos trazaban un camino de arriba a abajo en mi intimidad, esparciendo el líquido que desbordaba.

Un estremecimiento recorrió mi cuerpo cuando sus dedos llegaron a mi clítoris, apenas rozándolo con delicadeza. Pero no se dedicó a eso por mucho tiempo: su mano se alejó en cuestión de segundos. Con movimientos lentos pero calculados, tomó la pierna que mantenía encima de su cuerpo y la levantó apenas un poco, flexionándola aún más, acomodando mi cadera levemente, de forma que la parte inferior de mi cuerpo se acomodara al de él.

No estuve segura de lo que pretendía hasta que sentí su miembro rozando la parte interior de mis muslos, donde antes se había paseado su mano. Se sentía tan caliente y tentador… Sentí mi piel erizándose mientras volvía la vista hacia su rostro. Continuaba mirándome con intensidad, quemándome con la mirada.

Noté que usaba su mano para dirigir su miembro hasta mi entrada, pero no bajé mis ojos de los suyos. Una fugaz e inconfundible sonrisa de aspecto presumido se formó en su rostro cuando me mordí el labio de nuevo, justo cuando comencé a sentirlo dentro de mí.

Una vez que se hubo posicionado como quería, devolvió su mano a mi pierna, posándola en la cara interna de mi rodilla para mantenerla en alto. Lo sentí hundiéndose poco a poco en mi interior, invadiéndome centímetro a centímetro con lentitud. Solo cuando no hubo más espacio vacío dentro de mí fue que escondió su rostro en mi cuello, soltando un leve gruñido que logró quitarme aún más la respiración, si es que eso siquiera era posible.

Comenzó a moverse lentamente después de unos segundos, haciendo presión en la parte baja de mi abdomen con su mano, quizás para dirigirse con más seguridad. Sentí sus labios moverse en mi cuello de nuevo, y cerré los ojos para evitar la sensación de que mi cabeza flotaba.

Su mano se movió hacia arriba desde mi estómago, acariciando todo lo que tenía a su paso hasta mis pechos. Sus caricias eran suaves pero increíblemente certeras. ¿Cómo podía ser que supiera exactamente lo que más me provocaría?

Tragué con dificultad y sentí el aire abandonar mis pulmones cuando aumentó la velocidad de sus movimientos, al tiempo que levantaba la mirada para clavar sus ojos en los míos de nuevo. Me removí un poco para pasar mi brazo izquierdo por detrás de su cabeza, de modo que pudiera tocar su espalda. Deseaba tocarlo, sentir su piel bajo mis dedos, sus músculos tensándose bajo mi contacto.

Mi mano libre fue a parar a la suya, que aún continuaba recorriéndome. Me mordí el labio con fuerza, intentando no gritar. No estaba segura de por qué, pero tenía la sensación de que si lo hacía, la atmósfera que nos rodeaba se rompería como si de una pompa de jabón se tratara.

Tan solo podía escuchar los ocasionales gruñidos que Jake producía, aunque tampoco él parecía querer pronunciar ninguna palabra.

Mis pensamientos se dispersaban cada vez que encontraba sus ojos mirándome. Pero ya no quería concentrarme en nada, más que en él. No quería ilusiones, ni poderes, ni recuerdos, tan solo quería sentirlo, saber que era mío así como yo era suya.

Su velocidad aumentó aún más mientras me miraba a los ojos y mi mano se tensó alrededor de la suya cuando comencé a sentir el placer gestándose en mi bajo vientre, y luego extendiéndose por el resto de mi cuerpo. Pero no cerré los ojos. Continué mirándolo mientras me estremecía, completamente abrumada por el placer como para hacer algo más.

Pero no se detuvo, sino que continuó aumentando la velocidad hasta que noté el fuego ardiendo en sus ojos unos minutos después, cuando finalmente llegó al orgasmo también. Creo que fue la intensidad de su mirada lo que hizo que lo acompañara al éxtasis una vez más… y su respiración, tan agitada y sensual, tuve la sensación de que sonaba como si intentara susurrar mi nombre cuando su mano se oprimió de nuevo contra la parte baja de mi estómago para presionarme contra su cuerpo.

Ambos nos quedamos quietos después de eso, intentando recuperar el aliento. Noté que mi piel se erizaba en aquellos lugares en donde Jake dejaba de tocarme, pero el frío no llegó a invadirme, ya que me acomodé a su costado como si de un reflejo se tratara. Él envolvió sus brazos a mí alrededor de inmediato y sonreí contra la piel de su pecho. Podía escuchar su corazón golpeando contra sus costillas, acelerado e inquieto.

Sus dedos trazaron figuras en mi espalda hasta que cerré los ojos.

Una brillante luz se dibujaba en el cielo, bañando todo a mí alrededor y haciendo que todo se viera claro y deslumbrante. Todo giraba, pues unas familiares manos me mantenían en el aire. Jake hacía que diera vueltas girando sobre sus talones y alzándome por encima de su cabeza.

El sentimiento de seguridad que me embargaba siempre que estaba con él hacía que riera como una niña, encantada por su sonrisa y por su calidez. Él era mi hogar. Todo lo que quería en mi vida, todo lo que jamás me hubiera atrevido a desear.

De pronto estaba quieta frente a él, solo mirándolo mientras me sonreía. Una ráfaga de viento hacía que se desprendieran flores de los árboles a nuestro alrededor. Estábamos en el bosque. Árboles completamente llenos de flores nos rodeaban. Cerezos. El inconfundible perfume me envolvió y Jake levantó la vista para mirar la lluvia de flores que nos rodeaba.

Me desperté sobresaltada y noté que ya estaba oscureciendo. Jake respiraba tranquilo, pero a pesar de que no podía verlo, porque mi rostro aún descansaba sobre su pecho, supe que no estaba dormido. Gruñí para encontrar mi voz y me pasé una mano por la cara antes de mirarlo.

- Hola –lo saludé. Mi voz sonaba pastosa. Me sonrió por toda respuesta-. Tenía un sueño de lo más hermoso.

- Lo sé –su mirada señaló a mi mano, que también se apoyaba en su pecho, dándole acceso a lo que pasaba por mi mente. Le devolví la sonrisa. Me gustaba que lo hubiera visto, me gustaba que supiera que lo amaba incluso estando inconsciente.

- ¿Pudiste dormir? –negó con la cabeza y se encogió de hombros cuando fruncí el ceño.

- No ha pasado mucho tiempo –replicó, como si se tratara de algún tipo de excusa.

Su estómago gruñó y de pronto comprendí que no habíamos probado bocado en todo el día.

- ¿Qué dices si buscamos algo de comer? –pregunté. Él asintió con la cabeza y me incorporé para dejar que se levantara-. Iré a refrescarme un poco.

Me puse la bata y entré en el cuarto de baño. Escuché a Jake moverse por la habitación y luego por la casa mientras mojaba mi rostro con agua tibia.

Cuando salí, busqué ropa interior de un cajón y escogí un conjunto simple que aún no había usado frente a Jake.

- Iré a buscar una camisa –escuché que murmuraba, aunque no estaba cerca. Sonaba como si estuviera en la planta baja, caminando hacia la habitación de Emmett. O al menos eso supuse, solía pedirle prestada ropa de vez en cuando. Claro que solo usaba aquella que mi tío aún no había estrenado, ya que decía que las usadas apestaban.

Caminé por mi habitación para buscar ropa, pero todo estaba terriblemente organizado. Fruncí el ceño y caminé hasta la puerta de mi closet. Una nota permanecía pegada ahí, a la altura de mis ojos. La tomé para leerla. Era la caligrafía de la Tía Aly.

"Es hora de renovarse! Cambio de guardarropas! Con amor, Alice"

Suspiré antes de armarme de valor y abrir la puerta. Ella había sugerido ir de compras antes de que Jake llegara, pero tenía la sensación de que no tenía ni idea de las dimensiones de su propuesta.

Entré con cautela y prendí la luz para elegir algo de lo que había comprado para mí. Fruncí el ceño cuando vi algunas de las cosas que había conseguido. Había vestidos de diferentes colores, todos brillantes o confeccionados totalmente en tela de encaje. Tomé uno largo que parecía cubierto de pies a cabeza con lentejuelas de diferentes colores y volados por todas partes. "¿En qué universo usaría yo algo así?" Pensé mientras negaba con la cabeza y lo devolvía a su lugar. Toda la ropa parecía sacada de una fiesta de disfraces de mal gusto.

- Jake ¿podrías alcanzarme la ropa que traía puesta ayer? –solté en voz alta, con un deje de desesperación. No contestó de inmediato, pero supe que me había escuchado. Se aclaró la garganta antes de responder, parecía incómodo.

- Acabo de ponerla en remojo. No sé cómo explicaremos las manchas de vino –soltó. Parecía nervioso, y su voz provenía del pasillo, fuera de mi habitación.

Maldije para mis adentros buscando desesperadamente algo relativamente normal para ponerme. No era la primera vez que la tía Alice se metía con mi ropa, pero esta vez se había extralimitado. Había unas cuantas camisetas dobladas y acomodadas en un estante, pero ningún pantalón para usar con ellas, solo una falda negra de picos que no me cubría siquiera la ropa interior. Gruñí y la arrojé a un lado, en el piso.

Rebusqué entre los vestidos con creciente pesimismo. Estaba considerando seriamente ir a revisar la ropa de mamá, cuando vi un vestido blanco y simple que llamó mi atención. Suspiré aliviada y lo tomé para mirarlo en detalle. Probablemente me llegaría hasta encima de las rodillas. La tela era suave y tenía finos tirantes en los hombros. Me lo puse por encima de la cabeza y me acerqué al espejo para mirarme.

Era acampanado, y la caída de la tela sobre mis piernas era realmente hermosa. El torso parecía tener pequeñas flores bordadas, aunque solo se distinguían por momentos, ya que también se trataba de hilo blanco, aunque un poco más brillante.

Descansando en uno de los breteles, había una flor blanca de pocos pétalos. Me pareció demasiado, así que la quité. Se trataba de una pinza.

- Estás hermosa –comentó Jake desde la puerta. No lo había escuchado acercándose. Volteé para mirarlo y caminó hacia mí, hasta que quedamos frente a frente. Llevaba una camisa blanca de mangas largas y había tomado unos pantalones de repuesto que guardaba en mi cuarto. Me sonrió y miró mi mano, donde estaba la flor-. ¿Puedo? –me preguntó.

Se la ofrecí, temiendo que la pusiera en el bretel de nuevo, pero en lugar de eso, la usó para sostener en alto un mechón de mi cabello, del lado izquierdo de mi cabeza. Su sonrisa se amplió aún más, mientras continuaba mirándome.

- Perfecta –sentenció. Le devolví la sonrisa y me volví de nuevo hacia el espejo. Me encogí de hombros. Me abrazó por detrás y me plantó un beso en la mejilla. Miré su reflejo mientras hablaba.

- ¿Bajamos? –susurré. Me soltó para que pudiera buscar zapatos.

Tomé unas sandalias simples, las únicas que no tenían tacón, y que por suerte para mí, hacían juego con el vestido. Me las puse y bajamos para buscar algo de comer, pero las mesas estaban vacías, solo había algunas botellas y un par de cacahuates. Fui a la cocina para inspeccionar, pero cuando abrí la nevera, no había ni un bocado de comida. Quizás habían olvidado hacer las compras.

Me rasqué la cabeza y volteé hacia Jake, que me miraba desde donde estaba apoyado en la mesada y se dedicaba a morderse una uña. No solía tener ese hábito, así que asumí que de verdad tenía hambre.

- No hay nada –le informé.

- ¿Qué tal si vamos a mí casa? –respondió. Me lo pensé un segundo y luego asentí con la cabeza mostrándome de acuerdo. No era lejos de todos modos. Y resultaba mucho más práctico que buscar un buen restaurant en Forks.

Me tomó de la mano y salimos de la casa. No hablamos demasiado por unos cuantos minutos. De nuevo me invadió la sensación de que algo le molestaba. No era el mismo de siempre. Cuando su mano comenzó a sudar, decidí que tenía que averiguar lo que le molestaba.

- ¿Me dirás qué es lo que sucede, o tengo que torturarte para que lo escupas? –solté a modo de broma, a pesar de que la pregunta era seria. Me miró de reojo y forzó una sonrisa en su rostro. No parecía del todo sincera, y mi corazón se estrujó por ello. Se encogió de hombros en respuesta a mi expresión.

Casi un largo minuto pasó en silencio. Dejé de caminar y tiré de su mano para que se detuviera y me encarara. Lo miré a los ojos por un largo momento, y entonces lo comprendí. Estábamos caminando hacia su casa y ya había anochecido.

- La reunión del consejo –susurré, comprendiéndolo al fin. Lo había olvidado por completo. ¡Por eso parecía tan inquieto! Que idiota había sido al no recordarlo. Jake desvió la mirada y se mordió el labio. De pronto sentí un nudo en la boca de mi estómago.

- No es sino dentro de un par de horas –respondió con un tono bajo y nivelado. Probablemente yo era la única que hubiera podido distinguir la nota de nerviosismo en su voz.

- Siento mucho que tengas que pasar por eso por mi culpa –murmuré bajando al mirada. Se detuvo para abrazarme y apoyé la cabeza contra su pecho.

- Jamás vuelvas a decir algo como eso –susurró con los labios pegados a mi cabello-. No tienes que preocuparte por nada, créeme –se alejó solo lo suficiente para mirarme a los ojos-. Y si alguna vez sucediese algo, pasaría por el infierno mismo con gusto, solo por ti –completó. Sentí mis ojos humedecerse, pero le ofrecí la más sincera de las sonrisas. ¿Cómo era posible que lo amara más a cada minuto?

Me removí en sus brazos, poniéndome de puntillas para besarlo en los labios con toda la dulzura de la que fui capaz.

- No sucederá nada malo, ya verás –aseguró cuando me alejé.

- De verdad espero que tengas razón –respondí, intentando confiar en lo que decía. Creer completamente en sus palabras.

Seguimos caminando después de eso. Su postura estaba más calmada que antes y su paso me parecía más relajado, y aunque aún detectaba un leve nerviosismo cuando su mirada se encontraba con la mía, decidí no continuar presionándolo. Debía ser aterrador tener un nuevo miembro en la manada, uno que no tenía idea de la relación que se compartía aquí con los vampiros, alguien que no sabía del tratado… un lobo que no supiera acerca de mí. La idea daba vueltas en mi cabeza, aturdiéndome y asfixiándome.

Quizás ninguno de nosotros tenía demasiado apuro por llegar, porque ambos caminamos a paso humano durante un buen rato. Mi mente iba y venía en el hecho de que Jake parecía increíblemente nervioso. ¿Había razón para que lo estuviera?

Deseé que mi familia estuviera cerca. Ciertamente tenían más experiencia en tratar con lobos desconocidos. Imaginé al tío Jass calmando la situación, a papá previniendo posibles ataques basándose en sus pensamientos, a la abuela Esme hablando con dulzura para que nada se saliera de control. Tenía que admitir que formaban un equipo impresionante.

Unos cuantos minutos después, el celular de Jake vibró en su bolsillo y se detuvo para mirarlo. Al parecer se trataba de un mensaje de texto.

Suspiró con dificultad y lo miré, aún más nerviosa que antes. Guardó el teléfono en su bolsillo y me ofreció una pequeña sonrisa.

- No te preocupes. Solo debo entrar en fase un momento ¿Sí? -asentí con la cabeza y me crucé de brazos. Comenzó a desabrochar sus pantalones mientras yo lo miraba-. No falta mucho para llegar, ¿por qué no te adelantas y buscas algo de comer? –agregó.

¿Estaba imaginándolo o su voz sonaba estrangulada? Lo miré frunciendo el ceño, sin moverme de mi lugar.

- No pasa nada, es solo que muero de hambre –un nudo se formó en mi garganta cuando dudé de sus palabras. Sabía que no estaba siendo completamente sincero conmigo, pero si no quería que permaneciera con él mientras hablaba con su manada, no podía obligarlo.

- ¿Te espero en tu casa? –pregunté. Sentí mi corazón rompiéndose un poco con la perspectiva de que hubiera una parte de su vida en la que él no quisiera hacerme partícipe.

- Estaré pisándote los talones –aseguró. Por fin su tono sonaba sincero, pero por alguna razón su voz no fue más que un susurro. Me dio un corto beso en los labios y continuó quitándose los pantalones. Muy a mi pesar, volteé y continué mi camino hacia la casa a paso lento. No debía estar muy lejos ya.

Mi mente continuó vagando entre el miedo y la paranoia mientras mis pies me llevaban automáticamente a la casa que tanto conocía. Todo estaba oscuro a mi alrededor, pero podía ver perfectamente los árboles y el pequeño sendero que una vez habíamos construido Jake y yo con nuestras propias manos, para conectar su casa con la mía. Nos recordé a él y a mí, hacía unos años, arrancando las hierbas y aplastando la tierra. Solía pensar que si alguna vez él necesitaba llegar a mí, le sería más fácil encontrarme con ese sendero ahí.

Sonreí a la nada sin poder evitarlo y me abracé a mí misma cuando su contacto me hizo falta. Siempre echaba de menos su calor y sus abrazos cuando se alejaba, no importaba que solo se tratara de unos cuantos minutos. Abrazarlo era una de mis cosas favoritas en todo el mundo, simplemente acurrucarme en sus brazos, llenar mis pulmones de su aroma, apoyar mi cabeza en su pecho y escuchar su corazón.

¿Estaría dispuesta a renunciar a eso por alguna razón? Él había dicho que solo renunciaría a mí si yo se lo pidiera, pero yo no estaba segura de ser capaz de renunciar a él. Si la impronta de Seth no me toleraba, si la manada estuviera en mi contra por su causa ¿podría dejar que continuara su camino sin mí? Un nudo se formó en mi garganta por la perspectiva de esa posibilidad y deseé que él estuviera conmigo. De alguna forma su presencia hacía que todo en mi cabeza se aclarara, permitiéndome concentrarme sólo en aquello que era realmente importante.

Suspiré y pensé en lo que me había asegurado ese día. Las palabras revolotearon en mi cabeza tan claramente como si las estuviera diciendo en mi oído: "Tú eres mi vida Nessie. Nada podría jamás hacer que me separara de ti". Sonreí sin poder evitarlo mientras sentía que la piel de mis brazos se erizaba. Solo estaba siendo estúpida. Podíamos superar cualquier cosa que se nos presentara. Y ciertamente habíamos superado cosas peores que una nueva integrante en la manada.

Continué caminando, mirando al piso, perdida en mis pensamientos. Al menos ya solo faltaba menos de un kilómetro para llegar a la casa de Jake. Una tenue brisa soplaba a mis espaldas y me traía su olor, que me rodeaba como si él se encontrara a tan solo unos cuantos metros.

Sonreí con más ganas cuando el universo se mostró de mi lado. Justo en frente de mí, en el sendero, había una flor. Me puse en cuclillas en el piso para poder levantarla y la acerqué a mi rostro. Se trataba de una azalea… una blanca. Se veía exactamente igual a la primera flor que Jake me había regalado, hacía ya la mitad de mi vida. Llené mis pulmones con su perfume y reafirmé mi creencia de que nada jamás podría romper lo que Jake y yo teníamos.

Aún estaba en el suelo, cuando una pequeña briza movió los árboles de mi alrededor y levanté la vista, saliendo de mi ensimismamiento. Una pequeña luz entre las hojas, más adelante, captó mi atención. Al principio pensé que se trataba de una luciérnaga, pero cuando enfoqué la vista para observarla con atención, distinguí que se trataba de un pequeñísimo destello de luz artificial. Fruncí el ceño y me puse en pie lentamente.

Más luces comenzaron a aparecer, ahora rodeándome, hasta formar un tejido repleto de luces encima de mi cabeza, y a los lados del sendero. Un resplandor entre blanco y anaranjado adornaba los troncos de los árboles y las hojas a mi alrededor. Era lo más hermoso que había visto jamás. Respiré con dificultad, intentando comprender qué era lo que estaba sucediendo.

- ¿Sabes?... -susurró la voz de Jake detrás de mí, y volteé para encararlo. Llevaba un saco negro encima de la camisa que había estado usando, y un pantalón a juego. Un enorme nudo se formó en mi garganta de nuevo-. Una vez pensé que toda mi vida era una broma. Hubo un momento hace unos años, en el que creí que nada valía la pena… que simplemente no estaba destinado a que las cosas me funcionaran.

Hizo una pausa y se acercó un poco, hasta quedar a casi un metro de mí. Sentí una lágrima rodar por mi mejilla. No podía ser cierto.

- Y entonces apareciste… y mi mundo dejó de girar alrededor del Sol. Comprendí que todo lo que había pasado tenía sentido, y que sin importar lo que sucediera, el hecho de que tu existieras hacía que todo fuera correcto. Supe que todo lo que deseaba, era hacer que el mundo fuera tan maravilloso para ti, como lo es para mí desde que llegaste a mi vida.

Suspiró y se aclaró la garganta. Las lágrimas me dificultaban verlo con claridad, pero distinguí su hermosa sonrisa, aquella que sólo me dedicaba a mí.

- Sabes que vencería al mundo entero si fuera necesario, solo con nuestro amor impulsándome. Movería montañas y llegaría al cielo solo por verte a los ojos. Significas más para mí de lo que jamás comprenderás, y no pasa ni un minuto en el que no te ame más que el anterior… Te he amado toda tu vida. Y estos últimos años, cuando mi forma de verte cambió, me aterrorizaba la idea de que pudieras amar a alguien más, como yo había comenzado a amarte a ti… Y entonces tú me correspondiste –rió con un suspiro mientras negaba con la cabeza-. Jamás entenderé por qué, pero simplemente… me aceptaste.

Bajó la vista para mirar algo que mantenía en su mano y que hasta entonces no había notado. Reconocí el hermoso anillo de compromiso de su madre y mi respiración se ahogó en mi pecho. Todo esto debía tratarse de un sueño.

- Lo eres todo para mí, Renesmee, y si ya juraste ser mía para siempre… me gustaría prometerte que yo seré tuyo cada día y cada noche, por toda la eternidad. Sin importar lo que pase, que pasaré el resto de mi vida amándote… –se acercó a mí, hasta quedar a unos cuantos centímetros y me miró a los ojos, con una mirada tan profunda y significativa que supe que jamás la olvidaría-. Pero quisiera el honor de poder llamarte mi "esposa".

Mi sonrisa se amplió y asentí con la cabeza mientras extendía mi mano cerca de las suyas para que pudiera ponerme en anillo.

- Mil veces "sí" –susurré con la voz ahogada. Su expresión fue de pura dicha cuando me abrazó con fuerza, levantándome del piso para poder dar vueltas conmigo en brazos. Cerré los ojos hundiendo mi rostro en su hombro e inhalando su perfume. No podía ser cierto.

Me apoyó en el piso con delicadeza, aunque eso no hizo nada para evitar la sensación de que flotaba. Su mano acunó mi rostro justo antes de que sus labios atraparan los míos, en un beso dulce, que se sintió increíblemente sincero.

Cuando escuché aplausos provenientes de más adelante, supe que no estábamos solos. Bajó su mano por mi cuello, luego por mi hombro y mi brazo hasta tomar mi mano y se adelantó unos pasos sin soltarme. Tomó aire llenando sus pulmones antes de hablar, pero cuando lo hizo, su tono era más satisfecho de lo que jamás lo había oído.

- Renesmee Carlie Cullen… bienvenida a nuestra fiesta de compromiso –anunció con una enorme sonrisa, haciendo una pequeña reverencia y extendiendo su brazo libre hacia delante de nosotros, como si fuera necesario indicar el camino.

Más adelante en el sendero, noté que el tejido que sostenía las luces también estaba repleto de azaleas, iguales a la que había encontrado en el camino. Llené mis pulmones mientras miraba hacia arriba, intentando asimilar lo hermoso que era todo esto, y caminé a un lado de Jake hasta que llegamos al claro que estaba a un lado de su casa, cuando terminaba el camino.

Todos aplaudieron de nuevo en cuanto pusimos un pie fuera de la línea de los árboles, atravesando una cortina traslúcida compuesta también de luces y flores, que Jake hizo a un lado para mí.

Mi familia entera estaba allí, así como el padre de Jacob y ambas manadas. Le lancé una pequeña mirada de reproche a Jake cuando comprendí que éste había sido el plan desde su regreso. Esto era lo que había estado planeando en su fiesta de bienvenida, y por lo que lo había notado nervioso e inquieto desde entonces.

- ¿Y la reunión con el consejo? –susurré por lo bajo mientras nos acercábamos al centro de la pista. Habían colocado un lustroso piso de madera en todo el claro, que hacía que las luces que nos rodeaban se multiplicaran en el reflejo que arrojaba.

- Mi padre se encargó de pedirle a tu familia que colaborara con la aclimatación de Neyhomí. Esta mañana me llamaron para decirme que todo había salido a la perfección -sonreí mientras todos se acercaban en pequeños grupos para felicitarnos. No había estado equivocada antes: mi familia sí era increíble para tratar con nuevos lobos. Abracé a todos mis parientes mientras Jake agradecía a Alice y a los demás por haber hecho que todo se viera perfecto. Al parecer él les había pedido las flores y las luces.

Cuando el grupo de las manadas se acercó, los chicos me saludaron de uno en uno, cada quién con su impronta orgullosamente a su lado. Seth fue el último en acercarse, y me abrazó con un brazo mientras mantenía su otra mano aferrada a las de una chica de aspecto temeroso pero resuelto.

- Ness, ella es Neyhomí –anunció con un tono alto y casi vanidoso. La muchacha me dio la mano con amabilidad y Jake se aclaró la garganta con intención.

- Ney es una sacerdotisa –agregó Jake, ante lo que ella se ruborizó.

- Es una líder espiritual –aclaró Seth con entusiasmo. Miré a la muchacha implorando por una explicación con la mirada. Ella soltó una pequeña risa, poniendo los ojos en blanco en dirección a nuestras parejas.

- Significa que puedo formalizar su matrimonio ante las tribus –comentó.

- ¿Lo harías? –susurré con la voz estrangulada. Tan solo pensar en que hacía menos de una hora tenía pánico de su reacción ante mí, hacía que la cabeza me diera vueltas.

- Será un placer –respondió con tono dulce-. Nada en este mundo tiene más peso o es más sagrado que la unión de un lobo y su impronta –lanzó una breve mirada a Seth y noté la sonrisa de éste mientras se ruborizaba.

Sonreí de nuevo y miré a Jake sin poder evitarlo. Él me devolvía una hermosa mirada… y cuando Seth y Ney se alejaron, me estrechó en sus brazos de nuevo, despegando mis pies del piso como siempre lo hacía cuando la felicidad lo embargaba. Me dejé llevar por la sensación de sus brazos a mí alrededor, con un sentimiento que crecía en mi pecho sin que pudiera o quisiera evitarlo: nos perteneceríamos el uno al otro ante el mundo, incluso en más formas de las que ya lo hacíamos… Claro que sería el final de una etapa, pero sabía que no era más que el comienzo de una hermosa, nueva y deslumbrante realidad juntos.