Capitulo 9

-¿Qué haces aquí? – preguntó sin pensar.

-¿Qué hago aquí? – repitió sonriendo burlonamente – hasta donde recuerdo este es mi departamento.

¡¡¡Demonios!!! parecía que había cosas que solo le pasaban a ella ... ¿cuáles eran las posibilidades de que se abriera la tierra y se la tragara?

-Bueno … sí … - contestó sumamente apenada y pensando que definitivamente ese no era su día – quiero decir ¿Por qué estás aquí?

-¿Y por qué no estaría?

-El Sr. Thomas mencionó que no venías muy a menudo, por eso me atreví a entrar - estaba abochornada y él lo sabía.

-Es peligroso entrar sin permiso a un lugar ajeno.

-Es de mi tutor ... ¿Por qué debería correr peligro?

-De tu "ex tutor" Candy no lo olvides - contestó tomando un sorbo de vino - pero no te preocupes ladronzuela.

-¿Ladronzuela? – repitió indignada tanto por el adjetivo como por lel tono en que lo dijo.

-Sí – contestó con calma - hasta donde recuerdo esa camisa me pertenece.

Candy estaba empezando a odiar esa conversación ...

-Tuve un percance - comenzó a explicarle - … mi ropa está completamente empapada y …

-Pudiste pedirla …

-No había nadie – respondió seria y mirándolo en forma retadora.

-Eso es Candy – pensó él – no puedes evitar una buena pelea aunque lo intentes.

-Si tanto te molesta te la devuelvo…

-Me parece perfecto – contestó dejando su copa y saliendo del Bar para acercarse a ella con una mirada sumamente atrevida.

¡¡¡Pero que oportuna!!! ¡¡¡tenía que abrir la bocota!!!

-Una vez que se seque mi ropa ... – completó dando un paso atrás y pensando en lo estupido de su contestación.

-¿Sabes Candy? No soy afecto a compartir y mucho menos cuando se apropian de mis cosas de manera inadecuada.

-Albert – murmuró con preocupación en la voz al ver que se aproximaba a ella y cruzó los brazos sobre su pecho a manera de protección.

No pudo evitar comenzar a reir, después de todo era una buena manera de disimular el enorme deseo que se había apoderado de él. La amaba desde hacía mucho tiempo, era muy difícil reprimirse ahora que era toda una mujer y no ayudaba el hecho de encontrarse completamente solos y en esas circunstancias.

Ella tenía que actuar rápido, su mente debería ser más ágil, adelantarse a lo que él pensaba o haría.

-Insisto Candy, cualquiera en mi lugar trataría de recuperar lo que le pertenece.

-¿Quieres tomarlo?

-Es mío ¿no?

-Sabes Albert, me diviertes - le dijo mientras ponía sus manos en la cintura y lo veía fijamente.

-¿Ah sí? - preguntó sonriendo.

-Claro, juegas un juego bastante obvio.

-Me podría decir Dra. ¿De qué habla? - preguntó en parte intrigado, en parte sorprendido.

-Hablo de lo que sientes por mí y no te atreves a decir.

-¿Perdón? – preguntó serio y quedándose por un momento estático.

-¿Acaso crees que no noto la manera en que me miras?

Albert sonrió más tranquilo y la miró fijamente a la cara.

-Eres hermosa … muchos hombres miramos así a todas las mujeres hermosas.

Punto para Albert. Candy sintió como si la hubiera abofeteado.

-Es una pena que no seas mejor que el resto de los hombres - le dijo con voz alterada y resentida.

-¿Y tú eres mejor acaso que el resto de las mujeres? - le contestó él en el mismo tono.

-Mucho mejor que con las que sales, eso lo puedes asegurar - le gritó rabiosa dándole la espalda ¿quién carajo se creía que era?

-Si mis habilidades de observación no me fallan, no puedes comparar ya que hasta donde sé, jamás has salido con un hombre ¿o si Candy?

-¿Debo deducir que me propones salir con el primer tarado que se me cruce en el camino sólo para adquirir experiencia? - contestó alzando la voz y regresando la vista a él - No me conoces Albert … yo jamás entregaría mis sentimientos a alguien que no lo merece – "mentira, mentira … le gritaba su mente … los has entregado ya al que menos lo merece".

-Pues no te tardes mucho.

-¿Acaso piensas proponerme algo? – preguntó retadora.

-Eres hermosa Candy, pero no eres mi tipo.

-¿Y cuál es tu tipo entonces? - le gritó - ¿Alguna mujer barata que se entregue a ti a la primer provocación? – dijo con los celos carcomiéndole el alma – Quizá alguna de las amiguitas que acostumbras traer. ¡Ah! … ahora lo comprendo, seguramente esperas a alguna y por eso quieres lograr que me vaya de aquí ¿no? ¿De eso se trata todo esto?

Celos ... celos que salían por todos los poros de la piel y la encendían haciendo brillar sus ojos con algo parecido a la ira. Su pecho subía y bajaba al compás de esa agitada respiración que parecía querer robarle todo el aire.

-No soy ese tipo de hombre.

-¡Todos son iguales Albert! No fijas demencia … y tampoco te preocupes, en este mismo instante me voy – dijo dándose media vuelta para dirigirse a la habitación y entrar hecha una furia.

Albert sonrió enigmático. Era tan predecible …tan explosiva … tan hermosa que no sabía cuánto tiempo más podría soportar estar en ese papel.

-Candy – le dijo tomándola del brazo para hacerla voltear hacia él dentro de la alcoba después de alcanzarla.

-¿Qué?

-Mi camisa …

-Sí … ahora te la devuelvo y suéltame ¿sí? – su voz realmente mostraba coraje, sus ojos le quemaban las pupilas y él estuvo a punto de reír.

-No hasta que me pagues el favor.

-¿Cuál maldito favor?

-Vaya lenguaje de mi ex pupila, parece que el Colegio San Pablo no hizo nada por ti.

-¿Quieres dejarte de tonterías? – gritó ya exasperada – no soy más una niña, no tiene caso que me hables así.

-Si no eres más una niña … comprenderás entonces el precio del favor que te hice.

-¿¿Cuál favor Albert?? - volvió a gritar irritada.

-¿Te parece poco estar en mi propiedad y con mi ropa?

-No le veo la suficiente importancia como para tener que pagarte, es sólo una maldita camisa.

-¿Ah sí?

-¿Qué tanta importancia tiene una condenada prenda de vestir?

Ni bien acababa de decir estas palabras cuando Albert tomó la ropa de Candy que estaba sobre la silla y apresurándose hacia la ventana la arrojó hacia el jardín. Estaban en un 4to piso.

-¿Estás demente? - le gritó - ¿Qué rayos te pasa?

-Es sólo ropa Candy ¿Qué tanta importancia puede tener una condenada prenda de vestir?

Si estaba enojada antes ahora estaba realmente furiosa. Se acercó a él y con todo el coraje que sentía, centró su fuerza en la mano derecha y lo abofeteó tomándolo desprevenido.

Fue tal el impacto que Albert no pudo evitar que la inercia lo moviera de su lugar.

Con la mano tocando su quijada volteó a mirarla con ojos chispeantes.

-Tienes mucha suerte de ser una chica Candy … a un hombre jamás se lo hubiera permitido.

-¡Me importa muy poco lo que pienses y lo que hagas! - gritó apretando los puños.

-¡Me alegra saberlo! – contestó acercándose a ella, y tomándola por las muñecas le empujó hacia atrás hasta que chocaron contra la pared. Estaba completamente contra su cuerpo, seguía aprisionado sus brazos recargados a la altura de sus rostros.

-Que bueno que no te importe lo que haga Candy – le dijo apretando los dientes, mirándola y sintiendo contra su pecho el frágil cuerpo de la mujer – que bueno que te importe muy poco lo que piense porque de otra manera jamás volverías a dirigirme la palabra – añadió hundiendo su rostro en el cuello de la chica para aspirar su aroma y recorrerlo con sus labios.

No creía lo que estaba pasando. Albert estaba encendido, su corazón latía desbocado. Su cuerpo había reaccionado por sus palabras humedeciendo su interior y deseando con todas sus fuerzas ser su mujer.

-Basta – exclamó contrario a sus deseos.

-No puedo …. No quiero – contestó recorriendo su mejilla y perdiéndose en sus labios en un beso que les quitó la respiración a ambos. Poco a poco fue soltando sus brazos para explorar su perfecta anatomía. Candy vibraba cada vez que él descubría una parte más de su cuerpo. Estaba con sus brazos sobre su cuello, comenzó a bajarlos por el marcado pecho y abdomen del hombre, quería descubrir ella también todos los misterios que estaban protegidos por la incómoda ropa.

-Candy – murmuró perdido en sus labios, en su cuerpo, en su propio deseo que amenazaba con traicionarlo en cuestión de segundos.

Ella siguió bajando sus manos hasta llegar a ese pantalón que deseaba arrancar lo más pronto posible de su lugar.

-Candy … te amo …

Era lo que tanto había deseado oír, lo que había anhelado escuchar durante muchos años. Ahora estaban en una posición bastante propicia para hacerse promesas que quizá no cumplieran y fueran sólo por la emoción del momento.

Este simple pensamiento desmoronó todo lo que habían vivido. Se dio media vuelta dejándolo sólo y deseoso de más.

-No Albert, nunca más me vuelvas a decir eso …

-Candy – interrumpió él acercándose a su espalda – nunca he dicho nada más en serio en toda mi vida. Te amo desde que eras una adolescente, desde que te volví a ver a tu regreso de Londres.

-¿Cómo?

-Sí, pero era una aberración en ese tiempo, tú eras casi una niña y yo …

-¿Lo dices en serio? - la pregunta llena de sorpresa atrapó a Albert.

-Esa es mi verdad Candy. Siempre te que he querido ... No voy a negar que me encantaba sacarte de quicio y …

-¡Eres horrible! - le dijo dándose vuelta y sonriendo.

-Y tú preciosa … te verías perfecta durmiendo cada noche a mi lado - murmuró lentamente en su oído, mientras aspiraba nuevamente el delicioso aroma a rosas que emanaba su cuerpo.

-¿Cómo tu amante? – preguntó con una punzada en el alma.

-Como mi esposa … Te quiero como mi compañera …la madre de mis hijos.

Candy lo miró a los ojos, no necesitaba más así que tomó las manos del hombre y las dirigió a la altura de sus senos para que comenzara a desabrochar los botones de su camisa.

Albert se sorprendió con esa tácita respuesta pero no pensaba quejarse, sólo quería estar seguro de que era lo que ella realmente deseaba.

-¿Estás segura? ¿No quieres una sábana para comenzar? – preguntó bromeando, pero observando fijamente el cuerpo de su futura mujer. Con sólo miradas se habían comprometido para toda la vida.

-Puedes quedarte con las sábanas, con tu apellido de cobijo no necesitaré nada más – contestó dejando caer la camisa una vez que terminó de desabotonarla – ¿En qué estábamos?

FIN


MUCHISIMAS GRACIAS a todos los que me acompa;aron hasta el final de esta historia. En verdad aprecio sus comentarios, su tiempo y el cari;o con que recibieron esta historia ... GRACIAS, GRACIAS, GRAAAAAAACIAS!!!!!!!

Incoip: Testarudos pero al final ... siempre gana el corazon (o al menos eso espero yo). Cuando el amor cuesta ... se valora mucho mas!!!. Un beso y mil gracias por escribir!!!.

Roni de Andrew: Amiga ... siii, me encanta imaginarme a Albert papucho con ese look ... creo que todo le queda bien ... no por nada es guapisimo, encantador y carismatico ... en serio que ya lo quisiera yo un dia!!!! Besitos y estamos en contacto ;)

Lady Andrey: Como tiene admiradoras este guero no??? Yo si creo que estaba enamorado de la pecas ... una persona puede hacer muchas cosas por sus amigos ... cosas que igual ni nos imaginabamos, pero estoy 100% convencida que se pueden hacer muchisimas mas por amor ... y vaya que Albert siempre estuvo ahi para la pecas. Yo creo (mi opinion) que cuando tu pareja es ademas tu mejor amigo ... las cosas son muchisimo mejor ... =) Un beso albertfan y tks por escribir!!!!! =)

My-queen: Gracias hermosa! Espero que te guste tambien el capitulo final!!!! de verdad que no soy muy buena para finalizar los fics pero pues de alguna manera tiene que pasar ... prometo echarle mas ganitas a los que siguen ... a mi se me dificulta muuuuuuucho pero bueno .... Te mando un beso desde mi hogar dulce hogar y de verdad mil gracias por dejarme tu comentario!!!!! =)

Y a todos y cada uno de los que me dejaron un review ... de verdad lo aprecio de CORAZON!!!!!! hacian mi dia increible!!!!!

Miles y miles de besos!!!!!

Scarleth Andrey!!!! =)