Capítulo I: ¿Cuánto a cuánto?

¿Se supone que debo abrir la puerta yo misma Black? – puse los ojos en blanco y me moví con desgana para abrírsela, con gusto le aplastaría la cabezota algunas veces pero como poder si yo la amaba, siempre lo había hecho y siempre sería así.

Llevada 30 años siendo el chofer de aquella insoportable mujer y aún podía recordar claramente el primer día que la vi.

Mi primer día como chofer de la Srta. Alechan, una famosa actriz de cine, llegue con media hora de antelación quería familiarizarme con el sitio y sobre todo con el auto.

Toque el intercomunicador de la entrada la respuesta tardo apenas unos segundos,

Buen día – la voz ronca de un hombre con tono bastante cortés se dirigió a mi desde el aparato – dígame ¿en qué puedo servirle?

Eh… soy el nuevo chofer, Jacob Black – estaba algo nervioso no solo por ser nuevo en esto sino también por la persona para quien trabajaría.

Tenía fama de ser tan poco tolerante como hermosa y la mayoría de los que habían trabajado para ella duraban poco en sus puestos.

Ah sí le esperábamos – volvió a decir la voz – al entrar dé la vuelta a la casa le esperare en la puerta de servicio –

Muchas gracias – apenas logre terminar la frase cuando escuche un zumbido en la puerta indicándome que podía pasar.

La casa era bellísima, rodeada de un jardín excelentemente cuidado con flores de todas las especies conocidas y seguramente también desconocidas del mundo.

Una gran fuente en medio hacía sentir el ambiente tan fresco, para ser un gigantesco jardín el sitio era acogedor a su modo.

La casa por supuesto no era menos opulenta. Blanca con tejas rojas nada impresionante de no ser por el increíble tamaño, debía tener dos tal vez tres pisos y un millar de ventanas y ventanales por todos lados me hacían pensar que debía ser muy clara en su interior.

Al dar por completo vuelta para llegar a la parte trasera de la casa, lo que me llevo mi buen rato, podía ser el equivalente a una caminata corta de ejercicio matutino, un hombre mayor perfectamente vestido con un traje negro, que supuse sería era el mayordomo, me esperaba con aire impaciente.

Por aquí Sr. Black por favor sígame, de prisa la Srta. Alechan no debe tardar en bajar para desayunar así que apenas tengo tiempo de darle las instrucciones correspondientes – lo seguí tratando de mantener su paso, realmente estaba apurado – esta será su habitación trabajara de lunes a sábado siendo el domingo su día libre, sus uniformes están en el closet. Colóquelos en la cesta que se encuentra en el baño, junto con cualquier prenda de ropa que quiera que el servicio le lave. Le espero en veinte minutos en el estacionamiento – dicho esto se retiro de la habitación cerrando la puerta detrás de él.

Era una de las principales razones por las que acepte este trabajo, no tendría que pagar por casa o comida así que podría ahorrar prácticamente todo lo que ganara.

La habitación era bastante cómoda y más grande de lo que esperaba, con los muebles necesarios pero, como todo en aquella casa, decorada bellamente. Si así eran las habitaciones del servicio que podía esperar de las habitaciones de la Srta.

Claro como si fueses a verla alguna vez Jacob Black - dije para mí mismo.

Revise el closet para encontrarme con tres uniformes idénticos, completamente negro el traje con camisa blanca y uno con detalles grises mucho más elegante, sería para ocasiones especiales seguramente.

A los quince minutos me encontraba en la puerta de la cocina y dos minutos después llego Alfred, no me había dicho como se llamaba y francamente me recordaba al mayordomo de Batman, para mostrarme los autos de la Srta. Alechan, si leyeron bien los autos, en el estacionamiento había un rustico tipo Jeep completamente equipado para campo traviesa, una limosina blanca con la iníciales K.A. en plateado grabadas en las puertas posteriores ni pensar en alquilar una, ella debía tener la propia totalmente personalizada a su estilo y un volvo plateado último modelo.

Ese auto sería el que debía utilizar para transportarla a diario y la limosina solo para estrenos y festejos especiales o cuando ella así lo solicitase.

Revise todos los detalles, ajuste el asiento del piloto, el otro chofer debió medir uno noventa dividido entre dos, el asiento estaba casi empotrado debajo del volante.

Me distraje revisando debajo del auto en busca de cualquier desperfecto en los frenos o el tren delantero, mis conocimientos de mecánica habían sido de gran importancia para mis empleadores.

Estaba totalmente embobecido con los sistemas de amortiguación y dirección del volvo cuando el aclarar de garganta de una voz femenina me saco de mis ensoñaciones.

Junto a mí la punta de la primera de un par de sandalias doradas demarcaba su impaciencia golpeando el piso, Wow si esos eran los pies ya quería ver yo lo que estaba más arriba.

No pude evitar levantarme con la mirada fija en esas piernas desde la punta de los pies hasta el punto en que la abertura de la falda que me privaba del placer continuar mi recorrido visual.

Las uñas perfectamente arregladas pintadas con un brillo perlado que contrastaba de manera peculiar con la blanquísima piel parecida al terciopelo que subía hasta un delicado tobillo rodeado por una elegante tobillera con dijes de piedras, una pantorrilla marcada por el ejercicio sosteniendo un tonificado muslo que se escondía donde la falda de vuelos del vestido de flores color pastel cortaba la continuidad del glorioso cuerpo que bebía esconderse debajo de la finísima tela.

Aun pude definir las curvas de su cadera y la estrechez de su cintura, el movimiento de su torso al respirar, moviendo la tela del escote que dejaba entre ver el contorno de su generoso pecho, un dije en forma de K complementaba la cadena de oro que rodeaba su cuello largo y estilizado, los ángulos redondeados de su barbilla eran el marco perfecto para esos labios carnosos apenas cubiertos por un brillo rosa.

Al momento en que nuestras miradas se encontraron me perdí en aquellos ojos castaños grandes y llenos de vitalidad que parecían devolverme una mirada furiosa al tiempo que un mechón de su cabello castaño, que al sol destellaba en tonos rojizos, escapo de detrás de su oreja.

El impulso de devolverlo a su lugar estuvo a punto de traicionarme pero la voz más melodiosa y perfecta que había escuchado jamás me hizo recobrar la cordura.

Será posible que deje de mirarme con esa cara de idiota y me abra la puerta del auto para poder marcharnos, voy a llegar tarde – se volvió tan elegantemente tongoneando sus caderas de manera tan sensual que se me hizo imposible no mirar su trasero perfectamente redondeado.

Volvió a hablarme como si supiera lo que hacía aun cuando no me miraba.

A moverse ¿Señor? – note la interrogante en su voz y le respondí.

Black, Jacob Black -

Bien Sr. Black le parecería bien si nos vamos de una buena vez –

Le abrí la puerta rápidamente viéndola subirse, como podía moverse así todo el tiempo sigilosa e insinuante como una loba al acecho.

Me subí al auto salimos de la casa no sin antes preguntarle.

¿Hacia dónde nos dirigimos Srta? –

Me dio la dirección, no conocía muy bien la ciudad pero los recorridos que había hecho con otro chofer a manera de entrenamiento me habían orientado lo suficiente para saber a donde debía ir.

Las primeras semanas fueron bastante fáciles, incluso algunos días ni siquiera tuve que llevarla a ningún lado, los que aprovechaba para lavar el auto y hacerle mantenimiento.

Eran los días en que salía con su novio, un famoso cantante de rock, solía gustarme su música antes de saber que era su novio pero ahora le detestaba intensamente y no entendía muy bien porque o más bien no quería entenderlo.

Las veces que me tocaba buscarle o llevarle a su casa refunfuñaba todo el camino, ese paliducho pelo de paja era insoportable no se que le veía, era un flacucho insípido.

Bueno la verdad no era nada feo pero si insoportable.

Con lo que si me divertía muchísimo era con las salidas solo para chicas que hacia una vez a la semana, primero todas sus amigas eran actrices, modelos o cantantes muy famosas y cada cual estaba más buena, no conozco otra palabra con la que describir aquellos mujerones, que la otra.

Rubias, morenas, pelirrojas esos días un desfile de hermosas y voluptuosas mujeres, operadas o no realmente me importaba poco, se paseaban frente a mí para subir a la limusina, el auto indicado para la ocasión, haciéndome agua la boca al verlas.

Algunas veces me parecía que mi jefecita echaba chispas por los ojos al notar mis descaradas miradas, pero ¿qué razón podía tener para tal cosa?, seguramente era mi imaginación.

Normalmente hablaban de ropa, zapatos o maquillaje, cosas de chicas bastante aburridas y triviales debo agregar, y en cuanto comenzaban a surgir los nombres de hombres a la conversación mi jefa subía el vidrio que me separaba de ellas para que no pudiese escucharles.

Como si me interesara lo que el novio de tal le dijo a cual – refunfuñe en cuanto el vidrio hubo subido por completo.

Cantaba distraídamente una canción en la radio cuando de pronto el sonido del intercomunicador llamo mi atención.

Estuve a punto de contestar cuando me di cuenta que lo habían presionado por error.

Apague la radio de inmediato, no quería que se dieran cuenta que las escuchaba, esto se pondría interesante.

no sé como lo toleras de veras, a veces puede ser tan insoportable – escuche terminar una frase.

Bueno Naty querida, en el corazón no se manda y si Koko le quiere ella sabrá que le ve, ¿no crees?

Lo sé Joy, es muy guapo eso salta a la vista, pero le ha sido infiel a todas sus novias anteriores ¿Quién te asegura que no te hará lo mismo Koko?

Él me ama Naty yo lo sé – esa era la voz de mi jefa – y no sería capaz de hacerme algo así –

Yo estoy de acuerdo con Naty, Koko – añadió una voz que no había escuchado antes – por favor no te confíes tanto de James los hombres no cambian de la noche a la mañana –

Debo confiar en el Adri, además no puedo pasar todos los días persiguiéndole como una paranoica – hablo de nuevo mi jefa –

Está bien Koko, no queremos ser aguafiestas así que mejor dejémoslo, solo queremos que sepas que nos preocupamos por ti – dijo otra voz que no había sonado con anterioridad – y hablando de otro tema, bueno es el mismo tema pero mejor dirigido – se carcajeo antes de continuar - se me cae la baba cada vez que veo a tu guapísimo chofer, el tipo esta como le da la gana – la risas corearon el comentario y yo me infle como un pavo real casi le agradecí.

Uff si Gaby yo casi estoy que le salto encima sin pensarlo mucho – le respondió entre risas la que si no me equivocaba debía ser Adri de nuevo.

Por favor chicas, es el chofer – agrego mi jefa con tono despectivo – aunque debo admitir que tienen razón el tipo tiene lo suyo y muy bien distribuido para ser sinceras – era la primera vez que la escuchaba reír así, tan natural, tan ella misma a mi parecer, me dejo sorprendido su comentario, se había fijado en mi, quizás no tan exhaustivamente como yo solía mirarle cada vez que podía pero definitivamente no le era indiferente.

Señoritas las desconozco – menciono una nueva voz, ¿Cuántas mujeres había allá atrás? Ah sí seis contando a mi jefa claro – no puedo creer que quieran saltar encima de un simple chofer solo por estar repapacito – soltó tremenda carcajada tras su comentario, mientras sus compañeras gritaron al unísono.

¡¿Mer?! –

¡Bueno chicas estoy casada no ciega! – todas rieron.

Luego volvieron a los diseños que utilizarían en la gala tal y la noche cual, deje de prestarles atención.

Ya en mi cama después de un ajetreado día no podía dormir, solo pensaba en mi jefa y el ajustadísimo vestido lila que llevaba hoy, se le marcaba cada curva de su perfecto cuerpo y era fácil notar que no llevaba ropa interior, recordar eso tenía efectos en mi dignos de una ducha de agua muy muy fría.

Decidí levantarme o terminaría jugueteando conmigo mismo como un tonto adolescente.

Fui a la cocina a buscar algún refrigerio en el refrigerador para controlar un poco mi ansiedad.

Tome un pote de helado de chocolate y una cucharilla, Alfred había dicho que podía comer cuanto quisiera siempre y cuando no fuese del otro refrigerador, en realidad se llamaba Wilfred pero Alfred me gustaba más, ese tenia las exquisiteces de la Srta. Alechan, nunca lo había abierto aunque me daba algo de curiosidad.

Me senté en la mesa de la cocina y encendí el televisor buscando algo interesante que ver, encontré la repetición del juego de baseball de la noche de hoy y me dispuse a disfrutarlo cómodamente así que subí los pies en otra silla y me arrellane plácidamente.

¿Cómo va el juego Black? – me sorprendí tanto que al tratar de incorporarme lo más rápido posible solo logre caerme de la silla como un bodoque.

¿Te encuentras bien? – la escuche preguntar de nuevo.

Ahora estaba de pie junto a mi mirándome entre preocupada y divertida, la sobre bata blanca de seda le llegaba a las rodillas dejando ver sus piernas divinas, tuve que girarme para evitar la tentación de mirar debajo de ella.

Eh… si gracias… lo siento Srta.… me asusto… - balbuceé tontamente.

No te preocupes sólo vine por algo de comer, no puedo dormir –

¿Comer a esta hora? No es esa una práctica prohibida entre las actrices, ¿No están siempre a dieta? – pregunte risueño.

Me miro de arriba abajo como sopesando mis palabras

Oh… lo siento mucho, no quise ser indiscreto – tome el helado y me encamine a mi habitación.

¿Quieres un hotdog? – me pregunto como si no hubiese notado que ya me iba.

No supe que hacer, era sumamente incomodo pero no pensaba rechazarla.

Por… supuesto y si quiere puedo preparar leche malteada de chocolate – le mostré el embase entre mis manos.

Me parece perfecto – contesto sonriéndome – y yo no hago dietas, como de todo a todas horas solo me mato el gym 2 horas diarias – puso los ojos en blanco y me sonrió de nuevo.

Ok esta no era para nada la mujer que me habían descrito los otros choferes, una ogra que asesinaba con la mirada y soltaba hieles por la boca, más bien parecía dulce y para nada engreída al menos no en este momento.

Apenas serví los dos vasos de leche malteada la oí chiflar para llamar mi atención, logre levantar la cara segundos antes que un paquete de pan se estrellara contra mi pecho y por poco lo dejo caer, se rió nuevamente antes de pedirme.

¿Puedes abrirlos? – ella colocaba unas cuantas salchichas a sancochar sobre la hornilla.

Claro – le respondí comenzando con la tarea asignada.

La mire maravillado mientras colocaba las salsas, el queso y trituraba unas papitas dentro del paquete, parecía haberlo hecho muchas veces.

Ni por asomo le digas a Wilfred que me levanto a comer por las noches o dormiría de guardia frente al refrigerador para que yo no tuviese que preparar nada – me advirtió divertida.

No se preocupe Srta. por mi no se enterará – le conteste sincero.

Te lo agradezco, es demasiado servicial y si se lo permito me convertirá en una inútil muñequita –

Muñequita no muñecota diría yo, pensé mirándola de nuevo, la tela sobre su cuerpo debía ser tan suave como su propia piel, deseaba tocarla desesperadamente.

Contrólate Jake, es tu jefa, es tu jefa, me repetí para mi mismo todas las veces que fue necesario para que mi cuerpo se sosegara.

Le entregue su bebida y tome un pan para rellenarlo mientras ella hacía lo mismo, de pronto comenzó a dar saltitos señalando el televisor a mi espalda. Me gire para mirarlo, el equipo local había dado un home run y ella estaba súper emocionada.

¿De veras le gusta el Baseball? – le pregunte antes de dar un enorme mordisco a mi hotdog.

Asintió repetidamente ya que tenia la boca llena.

Definitivamente me sorprende, no espere que fuese una mujer tan… normal, no sé de que otra forma decirlo –

¿Qué esperabas Black? ¿Qué tomara sangre y durmiera en un sarcófago o qué aullase a la luna llena por las noches? – se carcajeo al parecer conocía la fama de monstruo que le daban.

Lo siento… creo que soy un gran tonto Srta. – le respondí rascándome la cabeza evidentemente apenado.

Ah… hagamos algo en los momentos en que estemos solos como ahora y fuera de tu horario de trabajo puedes tutearme, llámame Kokoro o Koko si prefieres, no me molesta – me aseguro antes de morder nuevamente su hotdog.

Está bien… Koko, lo intentaré – prometí algo nervioso y bastante apenado – si no le… te molesta mi nombre es Jacob – le recordé, quizás sería mas cómodo si ella también me llamaba por mi nombre.

Lo sé, también lo intentare… Jacob – me sonrió de nuevo pero esta vez se sonrojo un poco, se veía muy hermosa.

Tuvimos que controlar varios gritos para no despertar a Wilfred cuando nuestro equipo anotaba carrera o cuando se equivocaban, podía decir una sarta de barbaridades para ser una señorita.

Me sentía sumamente cómodo y era evidente que ella también.

Cuando termino el partido la ayude a recoger todo, no podíamos dejar evidencia del delito para que Wilfred supiera de las travesuras nocturnas de Koko.

La siguiente noche la lleve a una gala de premios MTV o algo así, le tocaba entregar uno si no me equivoco, la escuche mencionar al actor que le acompañaría un tal Taylor no se que.

Estaba radiante llevaba un corpiño negro bordado en pedrería, sobre una falda de vuelos y botas hasta debajo de las rodillas, se veía muy moderna pero sin perder la elegancia.

Puedes retirarte ya Jacob, dormiré en casa de James esta noche – asentí y me despedí con la mano, ya me había arruinado la noche.

Claro que me costó trabajo dormir, me la imaginaba en los brazos de aquel idiota besándolo mientras él la acariciaba, durmiendo junto él en su cama y yo aquí más solo que la una.

Bah y porque debe importarme lo que haga – me dije – es solo mi jefa, nada más – me puse la almohada en la cabeza y me obligue a dormirme, no sé cuanto tarde pero al final lo logre.

Por la mañana me enfrasque en el mantenimiento de los autos, ella no regresaría hasta la noche y quería mantener mi mente ocupada.

Ya tarde me di una ducha y me fui directo a la cama, estaba destruido.

No sé que hora era cuando comencé a escuchar ruidos en la cocina, me levante medio sonámbulo para ver que sucedía y allí estaba ella, mirando el juego de basquetbol en la tele.

En cuanto me vio me tendió un plato con dos sándwiches, al parecer me esperaba.

¿Cuanto a cuánto? – le pregunte con naturalidad mientras me sentaba en una silla a su lado y le daba un buen mordisco a uno de mis sándwiches, al parecer esto se convertiría en alguna pequeña costumbre solo entre nosotros y por mi fantástico.


Feliz cumpleaños mi Koko, hice esto con muchísimo cariño para ti y espero que te guste.

Te amo mi Alpha hermosa.

Gaby Black.