PURIFICARÉ TU SANGRE

Todos sabéis que Harry Potter es obra de J. K. Rowling, pero aun así lo digo.


Ep. 1: Un giro inesperado

Era una agradable mañana de invierno en la mansión Malfoy... para quien supiera disfrutar de ella, pero definitivamente Lucius Malfoy no era una de esas personas. Se hallaba cómodamente sentado en el sillón de su despacho, leyendo la última edición del Profeta, y a pesar de tener a su alrededor todo cuanto pudiera desear, había algo que le enfurecía. Algo tan atroz y sumamente humillante, que el verlo en aquel periódico hacía crisparse sus manos en un gesto de ira, y su habitualmente imperturbable rostro se arrugaba con una mueca de rabia.

Asquerosa sangresucia...

Y no podía ser cualquier sangresucia de las muchas que, por desgracia, todavía contaminaban el mundo con su mera existencia. No, tenía que ser precisamente ella, esa mocosa insolente que en cierta ocasión había osado mirarle directamente a los ojos, como si fueran iguales. No podía soportarlo.

- ¿Te ocurre algo, Lucius? - se escuchó la refinada voz de Narcissa en la habitación.

Él miró a su esposa. Rubia, pálida, bella y elegante... una sangrelimpia de pies a cabeza, y también una bruja poderosa, desde luego. ¿Por qué no podían ser todas como ella? ¿Por qué debía haber brujas tan indignas de serlo como una repugnante hija de muggles?

- Necesito hablar inmediatamente con Draco - masculló, dejando el maltratado periódico sobre la mesa - ¿Dónde está?

- Creo que en el cementerio con Scorpius. ¿Quieres que vaya a buscarle?

- No, ordénale a uno de esos inútiles elfos domésticos que lo haga. Quiero que también tú escuches lo que voy a decirle.

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Al contrario que su padre, Draco sí sabía apreciar una buena mañana. El joven Malfoy, que ahora contaba 25 maravillosos años, estaba frente a una hermosa lápida de mármol muy bien cuidada, cargando en brazos a su pequeño hijo de un año.

- Siguen sin gustarle las papillas de espinacas, Astoria - decía Draco con una leve sonrisa - Siempre se las acaba escupiendo a la cara a esos torpes elfos. Aunque cuando mi madre le trae los potitos de manzana, hasta tiene que dejarle el frasco a Scorpius para que meta los dedos dentro y compruebe que no hay más.

Aunque su sonrisa era levemente triste, había una huella de orgullo inconfundible en la voz de Draco mientras hablaba de su hijo.

- Y a veces grita mucho por la noche, despertando a su papá al borde de un infarto, ¿verdad? - le hizo una carantoña al chiquillo - Creo que pronto querrá empezar a hablar, Astoria. Me aseguraré de que lo primero que diga sea tu nombre, te lo prometo.

Draco iba a continuar con su conversación, pero advirtió que un elfo corría hacia él. Casi por acto reflejo, frunció el ceño. Esas molestas criaturas... ¿cómo se atrevían a interrumpir ese sagrado momento con su hijo y su difunta esposa?

- Amo Draco, perdone mi atrevimiento... - resopló cansadamente el elfo - Pero el amo Lucius ha ordenado que acuda inmediatamente a su despacho. Parece que es algo importante.

- Oh, qué gran novedad. Siempre es algo importante cuando se trata de mi padre, estúpido ser - pensó Draco para sí, caminando ya hacia la mansión y sin dignarse a mirar nuevamente a aquella despreciable mancha de vida.

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Sabiendo que una conversación con su padre difícilmente acabaría de buena forma, Draco tuvo el buen tino de dejar a Scorpius con la niñera antes de entrar en el despacho. Para su extrañeza, también su querida madre estaba allí. Al parecer, la cosa sí era seria.

- ¿Querías hablar conmigo, padre?

- En efecto. ¿Has leído ya lo que pone en el Profeta?

- Todavía no. Iba a leerlo por la tarde, cuando Scorpius estuviera haciendo la siesta. ¿Por qué?

- De modo que aún no te has enterado del abominable y vergonzoso artículo que han publicado esta mañana - Lucius le lanzó el periódico desde la mesa - Léelo ya, pues.

Draco obedeció, y repasó rápidamente todas las páginas del diario buscando lo que tanto había enfurecido a su padre, pero no vio nada de especial interés: catalogación de una nueva especie de sapo, menores de edad alocados en el Londres muggle, los cotilleos más inventados que verdaderos de Rita Skeeter, un nuevo debate en el Ministerio de Magia, el próximo campeonato de Quidditch... lo de siempre.

- ¿Y bien? - preguntó Lucius, impaciente.

- ¿Y bien, qué?

- ¿No has visto la estadística rosa?

El joven rubio volvió a abrir el Profeta en esa sección, arqueando una ceja al saber que su padre había mirado esa parte, pero inteligentemente se abstuvo de hacer ningún comentario al respecto. La tal estadística decía así:

Las diez brujas más poderosas de esta generación

1º. Hermione Granger - 100

2º. Luna Lovegood Longbottom - 95

3º. Pansy Parkinson Zabinni - 92

4º. Nymphadora Tonks Lupin - 90

5º. Ginevra Weasley Potter - 88

6º. Fleur Delacour Krum - 85

7º. Hannah Abbott MacMillan - 82

8º. Cho Chang Diggory - 80

9º. Daphne Greengrass Nott - 78

10º. Lavender Brown Weasley - 75

Y leyendo esto, sin necesidad de más explicación, Draco supo exactamente qué era lo que había hecho brotar la ira de su padre.

- Ya veo - dijo tranquilamente, volviendo a doblar el periódico.

- ¿Eso es todo lo que tienes que decir? - gritó Lucius, levantándose de golpe y golpeando la mesa con ambas manos - ¡Esa inmunda sangresucia ocupa el primer puesto de la lista! Y no es la primera vez. El Profeta realiza este sondeo cada cinco años, y también encabezó la lista anterior.

- ¿Y qué esperas que haga yo al respecto? - inquirió Draco calmadamente sin dejarse intimidar - ¿Demandar al periódico por publicar VERDADES ofensivas para los sangrelimpia?

- Voy a decirte lo que harás - su tono se había suavizado mortalmente de repente, lo cual sin duda no auguraba nada bueno - Vas a casarte con ella, Draco.

Un ominoso silencio cubrió la habitación. Los ojos de Narcissa se abrieron por la impresión, pero aun así no se atrevió a interrumpir. Lucius seguía con la mirada clavada en su hijo, retándole a que le desafiara, tal como hizo en la pasada guerra contra El-que-no-debe-ser-nombrado.

- ¿QUÉ? – gritó finalmente el ex-príncipe de Slytherin, saliendo de su estupor - ¡No puedes hablar en serio! ¡Ni loco lo haría!

- Pues loco o cuerdo, sí lo vas a hacer. Hermione Granger es la bruja más poderosa que se ha visto en muchos años, y ese poder es indigno de una detestable hija de muggles como ella. Por eso vas a desposarla, y también a engendrar con ella - puntualizó Lucius - Quiero ese poder para los Malfoy.

- No tienes derecho a pedirme algo así. ¡Yo, mezclar nuestra sangre con la de esa... esa asquerosa sangresucia!

- No te lo estoy pidiendo, Draco - corrigió su padre - Es una orden, y vas a cumplirla. Te casarás con ella y le darás nuevos hijos a esta familia.

- No sabes lo que estás diciendo - el joven sacudió la cabeza exasperado - No eres tú quien tendrá que revolcarse con ella.

- Exacto, no seré yo, y por eso tus estúpidos lloriqueos me traen sin cuidado. No creas que a mí me gusta demasiado mezclar nuestra sangre y contaminarla, pero situaciones desesperadas exigen medidas desesperadas. Y esta vez vas a hacer lo que te digo, o ya puedes despedirte de volver a ver a Scorpius.

La nada sutil amenaza puso a Draco repentinamente en guardia.

- ¿Qué quieres decir con eso?

- Me has decepcionado frecuentemente durante muchos años, Draco - habló Lucius con tono de orgullo herido - De hecho, desde que ingresaste en Hogwarts fuiste una mácula para nuestro buen nombre. No me gustaría que Scorpius siguiera el mismo camino que tú.

Si había algún talento que absolutamente nadie le podía discutir a Lucius, era el de poder herir a la gente con las palabras. Unas simples palabras escogidas podían cortar más profundo que cualquier arma, especialmente en el corazón de su único heredero.

- ¿Y qué te hace suponer que ella aceptará de buen grado convertirse en mi esposa? - la amenaza de arrebatarle a su hijo realmente había sido efectiva - Te recuerdo que no éramos precisamente amigos en el colegio.

- En ningún momento he considerado que lo fuese a hacer - replicó Lucius - Pero eso no supondrá ningún problema para ti, espero. Conquístala, sedúcela, chantajéala... dale una poción de amor, ¡hazle un imperius si es necesario! Me trae sin cuidado cómo lo hagas, pero obtén el poder de esa despreciable bruja para los Malfoy.

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- No sé si podré hacerlo, Astoria - murmuró Draco, arrodillado ante la pulcra tumba de su esposa - Mi padre es muy capaz de cumplir sus amenazas, pero yo... no quiero volver a esa vida, a esos días en los que fui un crío ignorante. Me acuerdo de todos los errores que cometí, y me siento enfermo de mí mismo.

Un suave y gélido viento revolvió los platinados cabellos del joven Malfoy.

- Volver a encontrarme con ella sería revivir todos y cada uno de esos momentos - gimoteó, dejando caer la frente sobre una mano - Y además, para hacer lo que mi padre me ordenó... Astoria, ¿crees que puedas perdonarme otra vez? Debo hacerlo por el bien de nuestro hijo, pero en verdad no quiero, no quiero hacerlo...

El dolor que estrujaba el corazón de Draco era inmenso. Le habría gustado soltarlo en lágrimas, puesto que estaba completamente solo, pero el helado aire de invierno congelaba el agua antes incluso de que abandonase sus ojos. Sin embargo, se negó a volver a casa. Todavía era demasiado pronto para él, los recuerdos le atenazaban, y para mostrarse nuevamente ante Lucius necesitaba sentirse sereno. De modo que se quedó conversando un rato más con Astoria, mientras todo el pasado afloraba a su mente.