Pedazos de una Kunoichi

1er Oneshot: Manos

El primer trueno fuerte lo despertó. Fue un alivio, otra vez estaba teniendo una de esas pesadillas, un recuerdo del pasado resucitado por la oscuridad.

Giró boca arriba. Estaba cansado, no hacía más de dos horas que se había acostado, pero estaba seguro de que no volvería a dormirse… ¿y si se levantaba e iba al templo o a entrenar un rato?

Otro trueno, aún más fuerte que el anterior lo sacó de sus pensamientos, y apenas había dejado de temblar la tierra cuando comenzó a llover ensordecedoramente.

Maldijo su suerte. Ahora además de despierto estaba encerrado por el temporal. Frunció el ceño al pensar que en otro momento hubiese salido igual, pero ahora, si se mojaba Misao le reñía. ¿Cuándo había dejado de ser el maestro del ninjitsu, el hombre de hielo, el gran Aoshi Shinomori para convertirse en el objeto de todos los regaños de su protegida? Un poco de respeto, por Kami! Y eso no era lo peor, sino el hecho de que él hiciera todo lo posible para evitarlo: se acostaba temprano, no se salteaba las comidas, se cuidaba del frío y del cansancio extremo, no meditaba más de tres o cuatro horas por día y hasta estaba pensando en dar clases de kendo para no aburrirse. Solo le faltaba mover el rabo al verla llegar…Ah! Cierto, las personas no tienen uno.

Un nuevo trueno opacó el sonido discreto del shoji deslizándose. Por eso le sorprendió verla de pie junto al futon, envuelta en una manta y con los ojos brillando por el llanto amenazante.

-A… Aoshi sama… sé que soy la Okashira y todo eso, pero…-, cerró los ojos con fuerza y se abrazó aún más con la manta. Esta vez no había sido un trueno, sino un rayo al caer lo que la dejó momentáneamente sin respiración.

La contempló un instante. En ese momento, tan asustada, no se parecía en nada a la muchachita impulsiva e impertinente que veía a diario.

Suspiró.

Seguramente Okina le comería la cabeza al día siguiente, pero que más podía hacer? No era tan frío como para decirle que regresara a su habitación y lo dejara en paz. Además, con un poco de suerte él también volvía a dormirse.

Levantó las mantas en una muda invitación y dejó que se acurrucara a su lado y apoyara la frente en su costado, como escondiendo el rostro. Sintió su naricita fría y la respiración entrecortada por los temblores de su cuerpo menudo. Se dejó envolver por el perfume de su cabello, y estaba concentrado en disfrutar de eso secretamente cuando sintió sus filosos y delgados dedos recorriéndole con lentitud una cicatriz que asomaba por el cuello de la yukata. Impulsivamente le sujetó la mano. No podía permitir que le hiciera sentir eso, no ella. Para cuando apartó los ojos de sus manos aún unidas para excusarse, se encontró con los de ella. No lo miraba asustada, ni sorprendida; solo lo observaba con esa dulzura suya, con el brillo intenso de sus ojos...

Sintió el vuelco violento de su corazón, y aquella tibieza maravillosa desparramándosele por el pecho, sanando sus heridas, incitándolo a sonreír.

Se asustó. No recordaba haber sentido algo así antes y rompió el contacto de sus manos como si de pronto le quemara.

-Duerme.- dijo con la voz áspera. La vio asentir confundida y hacerse un ovillo aún temblando.

Se quedó viéndola un instante, otra vez había sido rudo.

Sintiéndose culpable volvió a arroparla arrancándole una sonrisa bajo las mantas.

-Buenas Noches, Aoshi sama.-

-Buenas noches, Misao.-, respondió más suavemente, y se quedó observando el techo, pensando.

Lo que un día Okina dijo, y él creyó era un delirio de la anciana y depravada mente del viejo, se había cumplido: Lo que sentía por ella no era la simple simpatía que se había ganado por la dedicación hacia él, no. Iba mucho más allá de eso, iba al punto de conocer y amar cada uno de sus ademanes, de sus risas y sonrisas, iba al punto de querer perderse en sus ojos, de ser su visita lo más importante del día, de ser su compañía, sus palabras, sus cruces furtivos de miradas lo mejor de su vida. Si, la amaba. La amaba y ahora que lo había descubierto sabía que no podría escapar de esa dulce prisión que era la necesidad constante de tenerla consigo. La amaba y no podía hacerlo porque era su protegida, su pequeña kunoichi, su alumna y la niña que vio crecer. La amaba y no podía permanecer más a su lado porque podría perder la razón que dominaba su cuerpo y hacérselo saber. Y tampoco podía irse sin morir por ello.

Había dejado de llover y pronto amanecería.

Giró la cabeza lentamente para ver su melena negra y brillosa en contraste con las sábanas blancas de su cama. Recordó otras mañanas en las que todavía contemplaba su belleza con inocencia, o amándola de otra forma. Se acurrucó hasta quedar a su altura y procurando no despertarla le cubrió la mejilla con una mano, viéndola de frente, oyéndola suspirar por ese simple contacto.

-Lo siento tanto…- murmuró.- Perdóname por esto, Misao. No puedo permanecer a tu lado. Aún no.-

La besó en la frente de forma lenta, cerrando los ojos, intentando guardar por siempre la suavidad de su piel y la tibieza de su respiración. Al separarse la vio sonreír fugazmente y aún dormida buscar su calor. La arropó levantándose con lentitud mientras ella se quedaba tranquila. Tomó del armario su traje oniwabanshu, la gabardina que ella le había reparado y sus kodachis, y salió del dormitorio apretando los puños con fuerza para no mirar atrás.

Cuando llegó al patio trasero el sol apenas estaba despuntando, pero ya se veía que sería un día hermoso. A él, en cambio, el aire le resultó frío, tal vez solo fuera por que el aliento de ella era cálido o porque ya comenzaba a sentir su ausencia. Prefirió no saberlo, fuera cual fuera la respuesta lo haría regresar a ese dormitorio, y él debía irse.

-¿Qué le diré a Misao cuando me pregunte por ti?-, pregunto una voz a sus espaldas. Se detuvo en seco y sin voltear a verlo tragó saliva intentando pasar el nudo de su garganta.

-No le digas nada.- respondió intentando que la voz no le saliera aflautada.

-Ya sabes que puedes regresar cuando quieras, muchacho. Esta es tu casa, y nosotros tu familia.-

Aoshi asintió en agradecimiento y retomó su marcha sintiendo que con cada paso se le escapaba un poco de vida.

.·º·.·º·.·º·.·º·.

Despertó sintiendo los rayos suaves del sol en el rostro, y recordó de forma confusa, como si fuese un sueño, la mano de Aoshi cubriéndole la mejilla.

Sonrió.

Sabía que había sido real por que aún le parecía sentirlo hablándole, aunque no recordaba lo que le había dicho.

Se estiró disfrutando de la tibieza de la cama, aunque ahora solo se debiera al calor de ella. Y al levantarse caminó descalza para abrir la ventana y sentir el aire con olor a sol y primavera, a hierba buena y eucalipto, como el aliento de él.

Observó la ciudad en movimiento, la gente pasando con prisa frente a su ventana, cómo el mundo seguía indiferente a lo que sentía… Secó con rapidez una lágrima traviesa a la que se le dio por recorrer su mejilla, y entonces una mano arrugada se posó en su hombro con aprehensión. Ella la acarició agradecida.

-No te preocupes, Jiya. Volverá.


Notas de la autora:

No sé si es raro o carece de sentido…

Me inclino más por lo segundo, pero a estas horas ya ni pienso…

Esto lo tenía guardado en la PC desde mayo. Se suponía que era el principio de una historia, pero creo que se me fue la inspiración y bueno, ahí no más quedó.

Por otro lado, estuve buscando unos apuntes de la facultad (que por cierto no encontré) y di con un montón de cosas como esta, escenas sueltas que alguna vez escribí y que no llevan a ninguna parte. Pienso ir subiéndolas a modo de oneshot.

Espero que les gusten y me dejen muchos reviews (no necesariamente tiene que pasar lo primero para que hagan lo segundo. Ya saben que acepto críticas

Este primer Oneshot está dedicado a:

Ann de Shinomori: jeje, ya sé que tengo que terminar de escribir la historia que me pediste (Ikuratemo Itsudemo), pero el señor tiempo libre, y las señoritas musas nunca se ponen de acuerdo en asistir a mi vida al mismo tiempo. Si me regalas una agenda tal vez pueda darles cita el mismo día en el mismo lugar.

Natsumi Niikura y Bruja: Perdón por el abandono temporal de Ikuratemo Itsudemo Explicaciones más arriba.

Mego: Bienvenida a la vida nuevamente!!! Ahora SI, nos mantenemos en contacto.

Vero: Bienvenida a ff

Y a todos los que lean!!!

Dejen review y hasta la próxima.

Kunoichi Karla