Bueno, por fin traigo aquí el fanfic en cuestión. Dije que no publicaría aquí el prólogo, porque me conozco y desde el prólogo hasta el primer capítulo pues he tardado lo mío (mis meses, T_T). De hecho, no voy a publicar el siguiente, hasta no haber escrito el siguiente al que tenga escrito; para que, en caso de tardar mucho, poder tener otro en la manga y no manteneros en ascuas. Espero que os parezca bien mi política :)

A ver... las presentaciones. Señoras y señores, éste es mi primer Drarry y, espero sinceramente, acabarlo relativamente pronto. Quizás en un año lo tenga. Ya sabéis, por medio habrá muchas viñetas y , no puedo evitarlo.

No sé si se pueden considerar así aún, pero si no os habéis leído el 7º malo.

Y por último, mis dedicaciones: (pondré los nicks del LJ)

Para Abygate69, Sirem, Lucirfensin, ladyvoldie y azazelblack.

Con mención especial para Suiris

Malfoy contra el felétono.

La rueda de prensa ya estaba terminando, pero Kingsley no parecía cansado. Muchos decían que había nacido para ese trabajo. Daba la cara, se enfrentaba al problema y mantenía abiertas todas las opciones posibles a la hora de solucionarlo.

La guerra había terminado, y de alguna forma la parte más fácil se había ido con ella. Puede que el terror ya no patrullara en las calles junto a los dementores, que habían vuelto todo a Azkaban- pero ahora la desconfianza se había instalado entre los londinenses.

-¿En qué consisten los cursos muggles que el Gobierno pretende hacer? –preguntó un periodista mientras se sucedían los flashes.

Kingsley sonrió, le encantaba esa idea:

-La idea del Gobierno, actualmente, se basa en la convivencia entre magos y muggles, y en el respeto de los primeros para con estos últimos. Hemos programado una serie de cursos en los que los magos habrán de vivir durante dos semanas como muggles, con sus inventos y sin la magia. Pretendemos hacer comprender a las nuevas generaciones porqué lo importante es la convivencia.

-¿Sólo los alumnos de Hogwarts podrán participar en esta experiencia?

-No. En nuestro programa de penas judiciales también hemos incluido estos cursos con el objetivo de rehabilitar a todos los magos que el sistema permita.

Ante tal noticia los periodistas alzaron la mano casi simultáneamente, pero el ministro levanto su mano instándoles a que pararan. No más por hoy. La entrevista había terminado.

Kilómetros más allá del Ministerio de Magia, tres jóvenes magos descansaban tumbados en el sofá de una casa a medio construir mientras la radio daba las últimas noticias mágicas.

-Esas han sido las palabras del ministro. El objetivo del Gobierno de continuar construyendo una paz duradera parece estar dando sus frutos. Sobre todo en las zonas más devastadas por la guerra…

La voz de Lee Jordan ocupaba el silencio que reinaba en la estancia. La casa del Valle de Godric presentaba un aspecto mucho mejor que la última vez que habían estado allí. Harry había heredado también la Mansión Black pero se sentía más a gusto allí, donde sólo había pasado un año de vida. Había contratado arquitectos que, mágicamente, habían reconstruido lo que una vez había sido su hogar. Sin embargo, aún faltaba mucho por hacer. Los muebles se amontonaban en el salón en espera de ser colocados en su lugar concreto. Y Hermione no había aprendido a cocinar, por lo que cada vez que Ron y ella iban al Valle de Godric a ayudar a Harry tomaban comida preparada que traía Hermione del mundo muggle.

De pronto Ron estalló en una carcajada. Hermione le miró por encima del hombro, sin volverse mucho. Los tres estaban tirados de cualquier manera en el sofá y aunque sus cabezas se rozaban no podían verse las caras.

-Imaginaos la cara de Malfoy cuando tenga que utilizar un felétono. –dijo antes de echarse de nuevo a reír.

-Pues la misma que la tuya cuando tengas que llamar por teléfono –terció Hermione mirando a Harry. Los dos se echaron a reír más fuerte aún mientras Ron les dedicaba una mirada furibunda.

-No te preocupes, Ron –le dijo Harry- procuraremos que tú también asistas a esos cursillos del Ministerio.

-Estás de coña, ¿no? Ya tengo bastante con tener que aprobar séptimo cuando ni siquiera sé qué hacemos en Hogwarts otro año más, como para encima tener que hacer un cursillo pro-muggle.

-Sabes muy bien el porqué de cada cosa, Ron. –Le recriminó Hermione mientras se ponía erguida en el sillón y miraba a su amigo. – Después de todo lo que ha pasado, es una gran idea por parte del Ministerio fomentar la relación entre el mundo mágico y el muggle. Deberían hacer más cosas así, como por ejemplo, con los elfos domésticos.

Harry miró a Ron y se echó a reír cuando este puso los ojos en blanco. ¡Otra vez no! Hermione debía de haber aprendido de su madre, cuando cogía carrerilla no paraba. Se levantó y se acercó al cartón que había en el suelo donde habían colocado la comida. Agarró una bolsa de patatas fritas y comenzó a comer.

-Bueno, si tenemos comida como esta, a mí no me importa ir. –sentenció Ron bromeando. Harry le hizo un gesto para que le lanzara otra de las bolsas de fritos que Hermione había traído, cuando ésta se sentó en el sofá más cómodamente para explicarles la idea que se le acababa de ocurrir.

-¡Apuntémonos los tres! Podemos hacer ese cursillo los tres. Todavía quedan cuatro semanas para que empiece el curso, y el cursillo dura solo dos.

-¿Y la casa…? -comenzó Harry

-¿Y el verano…? –le siguió Ron

- Aún quedan dos semanas de verano, y el cursillo no es de veinticuatro horas al día. Nos deja tiempo para nosotros, digo yo. Venga chicos, ¿cuántas veces se os presenta una oportunidad así?

-Pocas –admitió Ron, y agregó – y en todas ellas procuro escapar.

Hermione miró a Harry buscando su apoyo, pero éste se estaba riendo de la ocurrencia de su amigo.

-O sea, que me vais a dejar a mí sola…

-No fastidies, Hermione. Tú eres hija de muggle, ¿para qué necesitas ese cursillo?

-Me interesa saber cómo reaccionan los magos ante los inventos muggles.

Los dos chicos la miraron y Ron murmuró algo de que Hermione no tenía remedio. Harry, en cambio, sonrió para sí y se volvió hacia ella.

-¿Vendrá Malfoy?

-Probablemente. Los Malfoy necesitan limpiar su nombre, y para ello Draco tendrá que sacar las mejores notas en ese cursillo para hacerlo más creíble.

-¿Qué? ¿Encima hay exámenes? –exclamó Ron que parecía que estaba viviendo su peor pesadilla.

-Iré- le prometió a Hermione, y con eso consiguió que Ron, a regañadientes eso sí, aceptase apuntarse al cursillo con ellos. Al fin y al cabo, iba a ser muy graciosa la cara de Malfoy cuando tuviera que enfrentarse al felétono.