Edward POV.

Él día había amanecido como cualquier otro, con Alice gritando y persiguiendo a Emmett por haber roto algo de su estuche de maquillaje y con mi madre trayéndome un rico desayuno a la cama y preguntándome si tenía planes para hoy. La verdad es que no tenía nada planeado; pero seguramente tocase un poco el piano, hacía tiempo que no componía y sabía que a mi madre le encantaba escucharme tocar.

Tras desayunar y vestirme con lo primero que pillé en el armario, bajé las escaleras y dejé los platos del desayuno en la cocina.

- ¡Edward! – gritó Alice lanzándose a mis brazos - ¡Buenos días queridísimo hermano!

- Alice…no pienso ir de compras contigo

- ¿Eh? ¿Por qué piensas que iba a pedirte algo?

- Porque me abrazaste y me llamaste ``queridísimo hermano´´ eso suena a soborno emocional – reproché

- Jo que malo eres – infló sus mofletes como una niña pequeña

- Vamos Alice, sabes que odio ir de compras ¿Por qué no le dices a Rose?

- Ella tiene una cita con Emmett

- ¿Y Jasper?

- Está arreglando unas cosas para nuestra cita de esta tarde. Edward tú eres el único que puedes… ¿Por favor? – ¡No por favor! ¡la carita de perrito no!

- Está bien Alice…te llevaré – suspiré resignado – No sabes las ganas que tengo de que te regalen un coche.

Mientras Alice se arreglaba me puse a ver un rato la tele. La verdad es que estaba algo molesto. No solo porque tendría que acompañar a Alice de compras; sino porque tanto mis hermanos como mis amigos tenían planes de pareja y yo me pasaba las tardes de domingo encerrado en mí casa, solo. No les tenía envidia…bueno quizás un poco…pero la verdad es que yo aun no había encontrado a la chica que me hiciese sentir todo aquello que en los libros describen. La que hiciese que descargas eléctricas recorriesen mi cuerpo al contacto con su piel, aquella que me hiciese sentir mariposas en el estomago o por la que suspirar cada noche. Quizás es que mi destino era estar solo, quizás no había nadie para mí…Supongo, tendría que conformarme con él amor de mi familia, que hasta el momento, había sido suficiente para hacerme feliz y hacerme sentir completo.

- ¡Edward! ¡Vamos ya estoy lista!

Alice apareció dando pequeño saltitos de bailarina. Resignado me levanté del sofá y ambos nos dirigimos al garaje en busca de mi preciado volvo.

- ¿A dónde vamos a ir?

- Bueno, la verdad es que voy a comprar algo de… - bajó la mirada un poco avergonzada – lencería…así que quisiera ir sola…

- Oh… ¿Entonces donde quieres que te deje?

- En la esquina del centro comercial. No hace falta que luego vengas a recogerme, iré andando ya que tengo que hacer unas paradas en el camino en casa de algunas chicas del inti para hablarles de tu cumpleaños.

- Alice…ya te dije que no quiero que hagas nada ostentoso, solo quiero estar en casa con la familia.

- Si ya, ya…lo que digas

- Volví a suspirar, estaba claro que Alice me estaba preparando algo muy ostentoso para mi cumpleaños y las palabras, fiesta y Alice son una combinación terrible.

No tardamos mucho en llegar a la esquina del centro comercial y Alice se bajó de mi volvo tras darme las gracias y un beso en la mejilla. Pensé si comprarme algo de ropa, pero la verdad era que no me apetecía, así que marché nuevamente a mi casa. Cuando llegué, no había nadie en casa y esa paz era perfecta para componer. Así pues, me senté en mi querido piano de cola y dejé que la magia recorriese mi cuerpo.

No sé cuantas horas pasé tocando, solo sé que desperté de mi trance cuando se escuchó el ruido de un trueno y una fuerte lluvia comenzó a mojar las calles.

- Pobre del que ahora esté fuera de casa… ¡Alice!

Rápidamente recordé que mi hermana aun seguía en el centro comercial y con esta lluvia le resultaría imposible regresar a casa sin coger un buen resfriado y la verdad, no quería que mi hermana pequeña tuviese que estar en cama por enfermedad. Rápidamente tomé las llaves de mi volvo y conduje por las calles de Forks hasta llegar a la entrada del centro comercial. Para mi sorpresa, Alice no estaba allí. Quizás la lluvia la ha cogido cuando estaba regresando pensé, por lo que comencé a dar vueltas por las calles en busca de mi hermana.

Llevaba más de 10 minutos dando vueltas como un león enjaulado y seguía sin haber rastro de Alice por ninguna parte, lo peor, es que estaba lloviendo aun más fuerte…

- ¿Alice dónde estás?

Me pregunté algo frustrado mientras miraba a cada lado de la carretera en su busca. Tan metido estaba en mi tarea que no me percaté de que había un camión de mudanzas justo enfrente de mí bloqueándome el camino hasta que mi coche impactó contra él. Por fortuna, iba muy despacio y mi querido bebé salió vivo del accidente.

- ¡Ten más cuidado chaval! - gritó uno de los hombres de la mudanza mientras ingresaba en el interior del camión

- Perdone. Ha sido un accidente. Por cierto ¿Aun les queda mucho?

- Unos veinte minutos quizás – respondió mientras cargaba una pequeña mesa

- ¿Veinte minutos? – pregunté desesperado

- Mientras puede irse a la cafetería de enfrente a tomarse algo. Intentaremos ser rápidos pero con esta tormenta es algo complicado

El hombre se perdió en el interior de la casa y yo, resignado, decidí seguir su consejo y entrar en esa cafetería; pero cuando miré hacia ella puede ver a través del enorme ventanal de la cafetería, que esta estaba abarrotada de gente. Había niños correteando por allí y por allá, jóvenes parejas de enamorados compartiendo un chocolate caliente, empresarios que revisaban sus papeles mientras daban pequeños sorbos a su taza de café, ancianitas que charlaban, e incluso Alice estaba allí conversando con alguien…¡¿Alice?! ¡¿Qué hacía Alice allí?!

Rápidamente me bajé del volvo y corrí bajo la lluvia hasta la cafetería. Entré con cuidado de no darle a algún pequeño con la puerta y una vez dentro comencé a caminar en la dirección de… ¿un ángel? Parpadeé incrédulo ante lo que mis ojos veían. Hablando con Alice, estaba la chica más hermosa que había visto en mi vida. Su cabello marrón caía sobre sus hombros en forma de cascada, su rostro en forma de corazón, era pálido pero sus mejillas estaban sonrosadas, como si suaves pétalos de rosas se hubiesen posados suavemente en ellas y sus ojos…sus ojos eran como un mar de chocolate fundido. No entendí muy bien por qué mi corazón había comenzado a latir de esa manera, ¿acaso era por ella? ¿Acaso había llegado el día en que una mujer me había enamorado? No estaba seguro…no sabría decir si lo que sentía era amor; pero estaba totalmente seguro de que necesitaba saber más de aquel hermoso ángel, fuese como fuese, costase lo que costase…

Salí de la cafetería y vi que ya había escampado. ¿Cuánto tiempo me había pasado observándola? Quizás demasiado…quizás se había dado cuenta…quizás pensaba que era una acosador o un enfermo…quizás…

- ¡Edward! ¿Qué haces aquí? – preguntó Alice que estaba a mi lado con una sonrisa

- Yo…he venido a buscarte, como antes estaba lloviendo y…

- Edward… las calles están secas, hace mucho que dejó de llover – replicó mientras rodeaba el coche y abría la puerta del copiloto para entrar y sentarse a mi lado

- Bueno…es que como el camión de la mudanza me bloqueó el camino entré a tomar un café. Te vi hablando con una chica y no quise molestar así que me quedé en el mostrador tomándome un café

- Amm…bueno, pero podía haber venido con nosotras, Bella es una chica muy linda no le hubiese importado.

- ¿Bella?

- Es la chica con la que estaba. Seguro que te cae genial, es muy dulce y tenéis muchas cosas en común. ¡Además aunque apenas la conocí hace unos minutos ya somos super amigas! ¡incluso me dio su número! – presumió mostrando una servilleta con un número apuntado en ella.

Cuando vi esa servilleta se me ocurrió el plan perfecto. En cuando llegásemos a casa cogería la servilleta y llamaría a esa chica. Aunque el plan tenía muchos agujeros, como por ejemplo… ¿Qué iba a decirle? ¿Cómo haría para quedar con ella?

No tardamos mucho en llegar a casa y vi que Alice colgó su chaqueta en el perchero y se marchó danzando hacia su habitación.

- Es el momento… - susurré

Con pasos cuidados me acerqué hacia la chaqueta e introduje mi mano en el bolsillo de esta. Para mi pesar. La servilleta no estaba allí, seguramente Alice la había metido en el bolsillo de su pantalón y hay sería imposible de cogerla. Aun así, me llevé varios minutos pensando en cómo apoderarme de aquel número de teléfono pero de nada sirvió. No se me ocurría absolutamente nada, lo único que me quedaba era pedírselo a Alice. Por que como era lógico no iba a meter mi mano ene l bolsillo del pañalón de mi hermana pequeña cuando ella aun los tuviese puestos… ¿Cuándo ella aun los tuviese puestos? Repitió mi mente. Ya está esperaría a que se los quitase y…

- ¡Edward atrápalos! – cuando me giré unos pantalones impactaron en mi cara y escuché la musical risa de Alice – Lo siento, es que tengo prisa ¿puedes echarlos al lavado por mi? – no me dio tiempo a contestar - ¡Gracias Eddi! ¡Adiós!

No me lo podía creer. Esto era una señal. Una divina señal del cielo. Rápidamente metí mi mano en el bolsillo trasero del pantalón en busca del papel…pero no lo encontré. Busqué en todos los bolsillos y nada. Maldita señal divina que no sirvió de nada…Me quejé interiormente y comencé a subir las escaleras a grandes zancadas y bastante enojado por mi mala suerte. Tan ensimismado estaba maldiciendo mi suerte que n me di cuenta cuando llegué a entrar en el cuarto de Alice. Rápidamente fui a retroceder; pero entonces caí en la cuenta de algo…quizás la servilleta estaba en la habitación.

Busqué por todos lados, debajo de la cama, entre la ropa de Alice, entre sus cosméticos e incluso dentro de sus tacones; pero nada. La servilleta no aparecía. Enfurruñando le di una patada a la papelera y varias bolas de papel quedaron esparcidas por el suelo.

- Mierda, vaya suerte la mía…

Me agaché con sumo cuidado para recoger todos los papeles que había por la habitación y no pude evitar que mi corazón se acelerase cuando vi que el ultimo papel que me quedaba por recoger era una servilleta, pero no una cualquiera… ¡Era la servilleta! Lo más seguro era que Alice hubiese apuntado el número en su móvil y luego hubiese tirado la servilleta. Esta tan emocionado, necesitaba volver a verla, ya.

Rápidamente saqué mi móvil y comencé a marcar. Un toque…dos toques…tres toques… ¿Acaso no llevaba el móvil encima? Cuatro toques…Suspiré y situé el dedo sobre el botón de colgar.

- ¿Sí? – la voz de esa chica era la más hermosa de las melodías y anquen sonase algo tembloroso a mi me pareció como el canto de un ángel

Me quedé unos segundos en silencio. Estaba feliz; pero… ¡¿Qué haría ahora?! No podía decir. Hola Bella, soy el hermano de Alice que te vio en la cafetería y se quedó obsesionado contigo. ¡No! ¡Obviamente no podía decir eso!

- ¿Edward sabes donde esta Alice?

- ¡Jasper! – grité, acababa de ocurrírseme el plan perfecto - ¿Puedes venir a mi casa? ¡Necesito enseñarte algo muy importante!

- Yo…-No la di tiempo a conectar sabría que intentaría explicarme que ``supuestamente´´ me estaba equivocando de número

- ¡Perfecto! Entonces te espero en mi casa

- Pero… - intentó aclarar las cosas nuevamente

- Ya sé, ya sé…estas en la casa del pueblo y siempre es mi hermana la que te acerca. Tú no sabes llegar hasta aquí. Bueno coge algo para apuntar y toma nota – ordené. La verdad era que Jasper estaba ahora mismo en mi habitación, mirándome con cara de no entender que estaba haciendo pero riendo divertido al verme de manera tan infantil engañado a esa chica. - Escúchame. Coges la carretera 101 y un poco antes de llegar a la rotonda que hay casi al final de la carretera, coges un carril que cruza el bosque que hay a mano derecha. Sigues el carril todo recto durante un par de kilómetros y el primer carril que veas a mano izquierda lo coges. Sigues todo recto durante un par de kilómetros más y listo. ¿Ves que fácil? Entonces te veo ahora Jasper. ¡No tardes! – y colgué rápidamente.

- ¿Se puede saber que hacías Edward? – rió Jasper

- Bueno…es una larga historia… - sonreí mientras pasaba mi mano por mis cabello, despeinándolos por completo

- Bueno ya me contarás, pero ahora supongo que tengo que irme antes de que llegue esa chica.

- ¿Y bueno Jasper que querías? ¿Por qué has venido?

- ¿Me estás echando? – rió – Es broma. Bueno solo quería que me dejases tu guitarra. Le tengo preparada una cena romántica a Alice y le compuse una canción; pero mi guitarra se rompió esta mañana así que…

- Claro Jass no hay problema.

Nos marchamos a mi habitación y abrí el armario para coger mi guitarra y entregársela. Jasper me sonrió y tras estrecharme la mano y despedirse con una sonrisa y un gracias se marchó alegremente. Me di cuenta de que aun seguía con la servilleta entre mis manos y decidí que lo mejor sería esconderla. No quería que Alice se enterase que había entrado en su habitación y había rebuscado en su basura. El problema, es que no sabía donde escóndela. Tendría que ser en un sitio que supiese que Alice nunca miraría, ni Emmett tampoco… ¿En el cajón de la ropa interior? No Emmett muchas veces cogía prestada mi ropa interior ¿Debajo de la cama? No, mi madre podría encontrarlo ¿En el armario? Umm…eso sería buena idea. Abrí mi armario y entonces vi el escondite perfecto. Al final de este había un traje d chaqueta ue solo usaba para ocasiones muy especiales y no había ninguna ocasión especial en la que usarlo, era el escondite perfecto. Rápidamente guardé la servilleta en el bolsillo de mi chaqueta y cerré el armario mientras comenzaba a bajar las escaleras para recibir a mi ángel ¿mi? Eso sonó muy posesivo…

Pasaron unos minutos y finalmente el timbre sonó. ¡Aquí estaba ella! ¡Estaba tan nervioso! Pero bueno ahora solo tendría que abrir la puerta y…y… ¡Edward no pensante en qué hacer cuando ella llegase! Me regañó mi conciencia mientras comenzaba a moverme nervioso por la casa. Nuevamente el timbre sonó. Haber, tenía que pensar algo…y rápido. Tan absorto estaba en que hacer que no me di cuenta y acabé chocando contra mi piano.

- ¡Auch! – grité y nuevamente se me ocurrió una idea

Corrí rápidamente hacia la puerta y la abrí para nuevamente salir corriendo hacia mi piano y sentarme en este. Mi madre siempre decía que la música era la forma más hermosa de expresar los sentimientos sin palabras y eso era lo que yo quería hacer; pero…no había compuesto nada para ella, así que tendría que tendría que tocar algo que supiese que podría gustarle y creo que tenía la idea perfecta.

- Entra Jasper, ¡Que no te de vergüenza! ¡Estamos solos! – dije sonriendo para hacer más creíble me mentira.

La escuché entrar y cerrar la puerta y entonces dejé que la magia fluyera por mi cuerpo. Deslicé mis dedos por las teclas del piano y la hermosa canción que compuse hacía unos días para mi madre comenzó a sonar por toda la casa. La verdad es que me olvidé de la chica y cerré los ojos mientras seguía tocando.

He de reconocer que la melodía era bastante larga; pero la chica, la cual había sentido sentarme a mi laso, no se quejo en ningún momento y escuchó hasta la última nota. En cuando mis dedos dejaron libres las teclas del piano la chica soltó un suspiró lento y susrró

- Es muy hermosa…triste…pero muy conmovedora…

La miré con dulzura y la vi sentada con los ojos cerrados, como una auténtica diosa, se veía tan dulce, tan hermosa, tan perfecta y su sola imagen me alteraba por completo. De pronto, abrió sus ojos con sorpresa y a la vez algo de miedo. Supuse ella estaba confundida. Se supone que era una desconocida en mi casa y yo se suponía no la conocía y la había confundido con mi mejor amigo. Ahora agradecía haber participado en un par de obras de teatro en el instituto. Intenté tranquilizar el continuo y desenfrenado latir de mi corazón y poner la expresión de sorpresa más creíble posible.

- ¿Qui-quien eres? – pregunté muy metido en mi papel

- Yo…yo… ¡lo siento! ¡No fue mi intención! Yo…bueno tú…usted…usted me llamó y me confundió con un tal Jasper yo solo…solo quería notificarle que se había equivocado para que no tuviese problemas con su amigo; pero usted me abrió y la música…era hermosa y yo…bueno yo… ¡Lo siento!

No pude evitar sonreír. Ella se veía tan culpable y un rubor cubría sus mejillas. La vi cerrar sus ojos con fuera y de pronto se levantó e intentó huir; pero yo no podía permitir que se fuera. No todavía. Como si se tratase de un acto reflejo tomé su mano y entonces lo sentí. Sentí esa extraña descarga eléctrica recorriendo todo mi cuerpo y haciéndome estremecer ante el roce de su suave piel. Ella se giró para mirarme con sorpresa, sus ojos estaba abiertos como platos y sus mejillas seguían teñidas de rojo. Era tan adorable.

Sin decir nada tiré suevamente de ella y la indiqué que se sentase a mi lado. Ella obedeció y tomó asiento a mi lado aun con nuestras manos entrelazadas.

- Tú…no tienes la culpa. Si todo ha sucedido como me has contado. Supongo que…soy yo quien te debe una disculpa… - susurré tristemente para que pareciese más creíble lo de mi ``fallo telefónico´´

- Supongo… - susurró aun sonrojada. Dios no sabía las ganas que tenía de acariciar sus mejillas

- Lo siento. A veces, soy demasiado…impulsivo y nuevamente te pido disculpas por mi error. – volví a disculparme para que sonase todo lo más creíble posible.

- No…no es nada…

El silencio se izo presente. Sus ojos estaban clavados en los míos ahogándome en el mar de chocolate fundido que eran estos. Acaricié son delicadeza su mano haciendo que más descargas recorriesen mi cuerpo y que mi corazón latiese de manera desenfrenada. Si esto seguías así no tardaría en abrazarla y morder su labio inferior de la misma forma en la que ella lo hacía. Esa chica me tenía hechizado y solo deseaba que nunca se alejase de mi lado.

- Yo…supongo que…tengo que irme… - susurró finalmente

- Supongo… - repetí sin saber muy bien lo que decía

Nuevamente silencio. El ángel soltó mi mano y se levantó con lentitud. Yo no dije nada, me quedé viéndola levantarse y caminar por el salón hasta desaparecer por la puerta. Aun no sabía que me pasaba, ni por qué me resultaba imposible moverme, quizás fuese por mi culpa o porqué mi corazón aun no se acostumbraba a los efectos que esa chica causaba en mí.

Al cabo de unos instantes me di cuenta de que la había dejado marchar sin tan siquiera presentarme y que si no hacía algo rápido me sería imposible volver a verla y eso era lo último que yo deseaba. Rápidamente cogí mi móvil y miré el registro de llamada para localizar el número de mi ángel y llamé. Esta vez no tardó apenas unos segundos en contestar.

- ¿Dígame? - preguntó en un susurro casi inaudible

¡Mierda Edward has vuelto a hacerlo! 6¿Quçe se supone que le dirás ahora?!

- ¿Sí? – insistió ella

¡Edward Anthony Masen Cullen! ¡Rápido piensa en algo! Miré a todos lados un poco desconcertado y entonces vi la solución a mis problemas.

- Creo que Jasper me dio un número equivocado. –Susurré nuevamente fingiendo una equivocación – Siento volver a molestarte.

- No importa…

- Aun así, en el fondo, es bueno poder localizarte, me gustaría preguntarte algo.

- ¿Di-dime? – Preguntó algo nerviosa, se escuchaba tan adorable. Ya era incluso capaz de imaginar sus mejillas sonrojadas.

- ¿Te has dejado aquí una chaqueta marrón? – pregunté mientras tomaba la chaqueta que estaba sobre el piano

- Si – afirmó - ¿Puedo ir a recogerla?

- Claro, no hay problema. – intenté que mi voz no sonara muy emocionada

- Gracias

Me dirigí hacia el portón de mi casa y me apoyé en la puerta sonriendo. Estaba tan nervioso, tenía tantas ganas de volver a verla y eso que apenas hacía unos minutos desde su partida. Finalmente en unos pocos segundos una furgoneta roja aparcó frente a mi casa y ella bajó con cuidado y casi perdiendo el equilibrio. Sonreí a un más ampliamente mientras ella caminaba en mi disecación también con una hermosa sonrisa.

- Bienvenida de nuevo – saludé– sígueme, la chaqueta está junto al piano.

Entré en la casa y ella me siguió con pasos lentos. Cuando llegamos al salón la vi detenerse en la entrada. Sonreí ante su imagen. Se veía tan tímida y dulce. No lo dudé, quería que ella estuviese conmigo, así que tomé su mano y camine con decisión hacia el piano. Ella pareció sorprendida cuando lo hice pero aun así no soltó mi mano, sino que la agarró con fuerza. Sonreí y le di suaves caricias. Mi cuerpo reaccionaba ante su contacto haciéndome sentir más y más descargas eléctricas y como mi corazón estaba a punto de estallar. Cuando llegamos junto al piano solté su mano y caminé hacia la banqueta a por su chaqueta. Cuando me giré nuevamente para verla ella tenía los ojos cerrados y acariciaba el piano como si fuese un figura de porcelana. Dios Edward ¿por qué no has podido nace piano? me quejé interiormente mientras avanzaba hacia ella y recordaba lo que había dicho cuando me escuchó tocar.

- ¿Realmente te pareció hermosa? – abrió los ojos de golpe y yo me recosté sobre el piano mientras sostenía su chaqueta y sonreía al verla – Tú dijiste, que la melodía era hermosa… - aclaré

- Y lo era. Nunca he escuchado nada tan maravilloso. - susurró y volvió a acariciar el piano

- Edward…

- ¿Ese es el nombre de la melodía? – Preguntó curiosa y yo no pude evitar reír

- Ese es mi nombre. – aclaré – Soy Edward, Edward Cullen; pero llámame Edward. Anquen creo que debería haberme presentado antes – sonreí y le tendí mi mano en señal de saludo.

- Yo soy Isabella Swan; pero por favor llámame Bella – Estiré mi mano para estrecharla con la suya

Silencio. Nuevamente el silencio volvió a reinar en aquella estancia, que aunque algo oscura, podía ser iluminada por el brillo de sus ojos chocolate. De pronto Bella soltó mi mano y apartó su mirada sonrojada. Se veía tan adorable.

- Esa canción… ¿La has compuesto tú?

- Sí. La he compuesto para mi madre…

- Es…algo triste ¿no crees?

- Tiene que serlo. Ella falleció hace mucho tiempo. Antes mi música era amena; pero desde entonces…no sé porque, nunca fui capaz de componer algo…como decirlo… ¿Alegre? Sí, creo que alegre es la palabra – No puede evitar que mi sonase triste y que mis ojos perdiesen el brillo que los caracterizaba. Me sentaba mal recordar a mi madre. Así que desvié la mirada para que ella no lo notase. No quería preocuparla

- Yo…lo siento, no…no quería… - susurró de manera culpable

- Tranquila Bella, no es culpa tuya. Además tengo unos padres adoptivos magníficos y unos hermanos a los que quiero mucho. – sonreí intentando hacerla sentir mejor

- ¿Entonces? ¿Por qué escribes canciones tan tristes?

- Buena pregunta. Aunque no tengo una respuesta para ella. Mi hermana dice que algún día, cuando mi corazón vuelva a estar completo, mi música volverá a ser la que era; pero no logro entender a que se refiere con completo. Adoro a mi familia y no podría pensar en unos padres mejores, por lo que no sé qué es lo que realmente quiere decirme.

- Siento no poder ayudarte.

- Realmente me has ayudado – sonreí y volvió a mirarla - Quería que Jasper me diera su opinión sobre esta melodía y tú ya me has dado la respuesta. – Bueno realmente Jasper ya me había dicho que la melodía le gustaba mucho

- Supongo…

Volvió a deslizar su mano por el piano y yo dejé de estar recostad para acercarme a ella y ponerle su chaqueta sobre los hombros. La había visto temblar ligeramente y no quería que pasase frió.

- Te vas a resfriar… – Susurré muy cerca de su oído viendo como se estremecía con ellos. No puede evitar reír, me gustaba causar esos efectos en ella.

- Gracias – sonrió – Será mejor que me vaya. Mi padre tiene que estar a punto de llegar y no quiero que se preocupe.

- Está bien. Te acompañaré a la puerta. – me ofrecí

Tal y como dije la acompañé hasta su furgoneta y no pude evitar reír al ver su trasto de coche y señalar mi resplandeciente y querido volvo. Ella me miró como si tuviera tres ojos y tras soltar un largo suspiro se subió a su ``coche´´ y bajó la ventanilla.

- Adiós Edward. Espero volver a oírte tocar – sonreí alegrándome el hecho de que ella quisiera volver a estar conmigo

- Espero que sea pronto. - reconocí

Lentamente levanté mi mano y la llevé hasta su rostro. Dudé y después cogí un mechón de su sedoso cabello y lo acomodé tras su oreja. Con cuidado deslicé mi mano por su rostro y me quedó durante unos segundos o incluso minutos, acariciando mi mejilla. No podía creer lo que estaba haciendo; pero ella me tenía totalmente hipnotizado y solo quería seguir acariciando su suave piel. Bella no dijo nada, solo ser ruborizó de manera adorable y se quedó disfrutando de mis caricias.

De pronto, caí en la cuenta de algo. Estaba siendo muy descarado y puede que Bella me tomase por algún enfermo. Me tensé y rápidamente aparté mi mano de su mejilla metiéndola en uno de mis bolsillos.

- Lo siento. He sido un descarado – me disculpé – No sé, no sé porque he hecho algo así. Perdóname Bella – rogué reflejando un total arrepentimiento

- No…importa…- susurró – Adiós Edward

- Adiós…

Me despedí y me quedé quiero mientras ella se marchaba. Le había dicho que no sabía por qué la había acariciado de esa forma; pero la verdad es que eso no era cierto. Ahora lo tenía todo, ahora entendía por qué mi corazón latía de manera tan poco normal, por qué mi piel buscaba la suya, por qué su contacto me hacía sentir descargas eléctricas, por qué no podía dejar de pensar en ella… Yo Edward Cullen…estaba incondicional e irrevocablemente enamorado de Bella Swan.

FIN


N/A: Bueno a petición popular aqui está el Epilogo de Edward POV en el que explico como consiguió el número de Bella y como es que no se había equivocado y lo mejor, como quedó profundamente enamorado de Bella desde la primera vez que la vio en aquella cafetería hablando con Alice.

Bueno espero que me os haya gustado y que me dejeis un lindo reviews con vuestras opiniones ^^

Y bueno ya que habesi terminado por este fic tengo algunos más subidos así que podeis ojearlos y decidme si os gustan ^^

Bueno besos vampiricos para todos!! :[

Nos leemos!!