Los personajes no me pertenecen, le pertenecen a Stephenie Meyer.


Obsesión oscura

Capitulo 13. Retroceso

La mañana llego rápidamente, para mi suerte y alivio no tuve pesadillas; Edward cumplió su palabra y anoche masajeo mi espalda suavemente, sus manos fueron como caricias de plumas, me relajaron tanto que no me di cuenta en qué momento me había quedado dormida.

Me levante, muy relajada y feliz, observe a Edward vestirse, antes no le había prestado atención, pero hoy… no pude evitar fijarme en todos y cada uno de sus movimientos, el sutil movimiento de sus muñecas al abrochar los botones de su camisa, el giro de sus dedos para amarrar el moño de su corbatín, su ceño ligeramente fruncido en concentración… debía reconocer que Edward en verdad es sumamente guapo.

Desvié mi mirada antes de que él se diera cuenta, acaricie mi vientre suavemente, después de todo parecía que las cosas por fin comenzaban a mejorar; me encamine al baño para cambiarme, sentí la mirada de Edward fija en mí, pero esta vez no la sentí tan pesada como otras veces.

– Lista para que bajemos a desayunar y luego vayamos al pueblo – su tono no fue del todo pregunta, así que solo me limite a asentir, no queriendo contrariarlo. Me ayudo a bajar las escaleras, en el comedor recorrió la silla para que me sentara.

Para mi fortuna había jugo de naranja nuevamente, casi ronronee de placer el sentirlo en mi boca, la miel le daba una dulzura increíble. Al terminar de desayunar, Edward me guio hacia el portón y me ayudo a subir al carruaje que nos llevaría al pueblo; durante el trayecto no pude evitar observarlo, su semblante me era completamente nuevo, su rostro se veía completamente relajado y sus ojos verdes brillaban como dos gemas.

Nuestro viaje fue corto no más de 20 minutos, llegamos cerca el centro del pueblo, cerca de la estación de policía, no pude evitar que un dolor atravesará mi corazón y la nostalgia me invadió completamente, me sentía tan triste, que no pude evitar que las lagrimas salieran de mis ojos, se que parece tonto pero no pude evitarlo.

– Isabella… – Edward me miro, se veía algo preocupado – te sientes mal – sus ojos me recorrieron completa, deteniéndose en mi vientre, negué; se acerco a mí y tomo una de mis manos entre las suyas – ¿Qué sucede entonces? – esta vez su tono fue conciliador y suave.

– Yo… no lo sé, solo… recordé a mi padre – nuevas lagrimas brotaron de mis ojos al mismo tiempo que sentía la mano de Edward tensarse junto con la mía, hubiera tomado mas en cuanta ese gesto pero el dolor me era casi insoportable, ni siquiera cuando mi padre había muerto me había sentido así. Con un poco de torpeza Edward me acerco hacia él, una sensación extraña me recorrió pero no tuve de hacerle caso.

No sé cuanto estuve sollozando en sus brazos, pero poco a poco el dolor y tristeza que sentía comenzaron a disminuir, me aleje de él, limpie mis lagrimas lo mejor que pude, sabia por experiencia que mis ojos ahora estaban completamente hinchados y rojos – podríamos esperar un rato por favor – le suplique, pues no quería que nadie me viera así.

– Claro podemos esperar el tiempo que quieras – me respondió, su voz era algo áspera. En el tiempo que esperamos solo me observe las manos, no sabía que mas hacer, puesto que ahora mas tranquila no encontraba el motivo de mi llanto y tristeza tan intenso; solo escuchaba los sonidos de la calle, y nada más, sabía que Edward estaba aquí porque sentía su mirada fija en mi, cuando me sentí más tranquila decidí que ya era tiempo para salir.

– Estoy lista – levante mi mirada y observe a Edward quien a su vez observaba hacia la calle, asintió y salió del carruaje, y como siempre me ofreció su mano para ayudarme a bajar, la tome y la corriente eléctrica volvió a hacer su aparición. Él pareció darse cuenta también ya que me miro por el rabillo de su ojo.

Caminamos lentamente por las calles, cuando nos topábamos con alguien nos sonreían y daban los buenos días, Edward solo asentía con la cabeza. Pronto llegamos a una tienda, Edward abrió la puerta del local para mí; el interior se encontraba tapizado de toda clase de cosas para bebes, una señora mayor se nos acerco.

– Buenos días, soy la señora Cope – sonrió ampliamente.

– Buenos días – le conteste mirando a mi alrededor.

– ¿Ropa para bebe o quieren ver los muebles? – pregunto fijando su vista en mi vientre.

– Ambos – respondió Edward.

– Claro, síganme – comenzamos a seguir a la señora Cope – ¿algo en especial que deseen ver?

Mire a Edward que seguía son su vista al frente, iba a responder algo pero el hablo primer – podríamos ver muebles de madera de caoba.

– Por aquí – nos guío al fondo de la tienda, a mi paso pude observar muchos más muebles, mecedoras, cunas, sillitas, pequeños roperos, jugueteros; los había en muchos tonos, rosa, azul cielo, verde, blanco, amarillo… – aquí están – mire lo que nos indicaba y me encontré con esos mismos muebles pero estos no tenían color, bueno si, el color de la madera.

– Tiene sin barniz – me gire a mirar a Edward, no sé porque los quería sin barniz, pues así lucían muy lindos.

– Claro, por este lado, padre cuidadoso ¡eh! No crea todo lo que escucha.

– Me gustan más las cosas naturales – la señora Cope se giro para mirarlo y le sonrió.

– Aquí están, solo que no son de caoba, lo siento, son de pino, pero tiene la ventaja de que tienen un color precioso.

Edward camino alrededor de los muebles, su ceño estaba fruncido – acércate – me susurro la señora sobresaltándome, un leve jadeo salió de mis labios, y fue lo suficiente para llamar la atención de Edward, me miro y se acerco a mí.

– Que te parecen – sus ojos se veían brillantes de nuevo – es verdad el color es precioso, y tienen un acabo muy fino, el pulido es… – paso sus dedos por toda la orilla de la madera – excelente. Isabella qué opinas – me acerque y coloque mi mano sobre la mecedora, observe los demás muebles, todos eran hermosos, asentí – la entrega requiere un pago extra sobre el precio o ya está incluido.

– Si realiza la compara de el juego completo de muebles no hay cargo adicional.

– Muy bien, que así sea, ahora si pasamos a ver la ropa.

– Claro, regresemos.

Nuevamente la seguimos, casi llegamos a la salida del local, la señora camino detrás de un pequeño mostrador y comenzó a sacar cajas con bolsas llenas de ropa – bueno ¿Qué colores quieren llevarse, verde, amarillo, beige o blanco?

– Isabella, que color prefieres llevarte – Edward concentro su mirada en mi, y yo gire para mirar la ropa que la señora Cope estaba sacando de las bolsas, mordí mi labio inferior, todo era lindo, tome un conjuntito de pantaloncito y lo levante, luego observe un pequeño vestido en color amarillo, no sabía que elegir, todo era tan hermoso.

– Puede cambiar el modelo, si es niña o niño, también tengo paquetes de ropa… – comenzó a describirme el contenido de los diversos paquetes de ropa, al final me decidí por uno neutro, suetercitos, mallitas, puñitos, calcetincitos, zapatitos, camisetitas, con un juego para el baño y una par de cobijas de tamaño medio; Edward entrego un anticipo del 50%, acordaron el día de entrega de los muebles, puesto que la ropita nos la llevamos.

La sonrisa de Edward no se borro en todo el camino de regreso al carruaje, deposito el paquete en el interior y luego se giro para mirarme – me parece que son cerca de las 12, vayamos a comer – me ofreció su brazo y lo tome gustosa, las cosas no podían ir mejor, caminamos por todo el centro del pueblo, pasando frente a la comisaria, no pude evitar suspirar, Edward me miro y una sonrisa triste cruzo su rostro. Seguimos caminando hasta llegar al único hotel del pueblo, recordaba que una vez comimos en el restaurante del interior.

– Señor Cullen buenas tardes – saludo un joven – su mesa de siempre lo espera, por aquí – Edward coloco su mano en mi espalda para que tuviéramos mayor movilidad entre las diversas mesas del lugar, el joven recorrió mi silla y tome asiento.

– Gracias Seth, para mí lo mismo de siempre, para mi esposa… traernos la carta.

– Enseguida – dijo y se retiro.

Un silencio un poco incomodo se instalo entre nosotros, me entretuve jugando con la orilla del mantel hasta que Seth regreso.

– Señora – levante y observe la carta del menú frente a mí, la tome.

– Elige lo que quieres Isabella – me dijo Edward, lo observe por unos segundos antes de regresar mi mirada al menú, todo lo que describían parecía delicioso, pero al leer la palabra carne gratinada con queso, casi sentí que mi boca se llenaba de saliva.

– Quiero la carne gratinada con queso – pedí rápidamente – y jugo de naranja endulzado con miel.

– Claro – afirmo Seth y se retiro.

Nuevamente el silencio se apodero de nosotros, solo el sonido de cubiertos a nuestro alrededor y de el leve murmullo de conversaciones me distrajeron, mire hacia otra mesa y observe como llenaban una copa con agua y eso… causo que unas tremendas ganas de ir al baño me invadieran, mire a Edward y mordí mi labio inferior nuevamente, hacia mucho que no hacia eso tan seguido en un solo día.

– Edward.

– Dime – regreso su vista hacia mí.

– Necesito ir al baño – agache mi cara al sentir que me sonrojaba.

– Oh, es por ese pasillo – levante la vista y observe la direcciona hacia donde apuntaba su dedo, me levante en el momento en que Edward recorría mi silla – no tardes mucho – asentí y me encamine hacia el baño, había una pequeña fila de 3 mujeres delante de mí, suspire. Después de lo que me parecieron horas por fin pude entrar, fue un gran alivio debo reconocerlo; tenia la ligera sospecha de que el embarazo me estaba afectando en muchos sentidos.

Salí del baño y me encamine de regreso a la mesa, iba concentrada en mis pensamientos sobre mis cambios desde que me enterara que estoy embarazada que no me di cuenta a tiempo que una puerta frente a mí se abría y que alguien con una bandeja salía rápidamente. Solo fui capaz de cerrar los ojos y cubrí mi vientre, lo siguiente que supe fue que escuche el sonido de platos rompiéndose un unos brazos deteniéndome.

– Lo siento tanto, discúlpame, yo… – abrí mis ojos y me tope con otro par en color negro que me miraban fijamente.

– Estoy bien – le dije un poco temblorosa, sus manos seguían apretadas a mi alrededor y eso me incomodo, pues a ojos de alguien más esto no era correcto y menos para una mujer casada – podría soltarme – pedí con un hilo de voz, pues su forma de mirarme me estaba poniendo nerviosa.

Él estaba por hablar cuando escuche mi nombre ser llamado por una voz muy conocida para mí. Gire mi cabeza y me tope con Edward parado al inicio del pasillo, su semblante era tenso, sus manos se encontraban cerrados en puños, sus ojos llameaban de furia, en dos zancadas se acerco a nosotros y me saco de los brazos del joven.

– Isabella – me miro fijamente, su rostro desencajado me asusto – nos vamos – siseo en voz baja y peligrosa.

– Señor Cullen, lo siento, yo tuve la culpa, la señorita…

– No hay problema Jacob, MI esposa y yo nos retiramos – sin decir más se dio la vuelta y me arrastro detrás de él, su mano apretaba fuertemente mi muñeca, apreté mis labios para impedir que las lagrimas se desbordaran, no entendía que sucedía con Edward, ¿acaso había hecho algo mal? Al salir del restaurante siguió con ese mismo paso, la gente nos miraba al pasar junto a nosotros, llegamos rápidamente al carruaje, me tomo de la cintura y sin mucho cuidado me introdujo en el interior del mismo y le grito al conductor que regresábamos a casa.

Deje que las lagrimas se desbordaran, no entendía nada, un golpe cerca de mi me sobresalto y un par de sollozos escaparan de mis labios – no te quedaron las reglas claras o que Isabella, cuando nos casamos quedo establecido que eres MÍA – un corto silencio se extendió entre nosotros antes de que hablara de nuevo – que se supone que hacías con él, Isabella, tuviste suerte que nadie te viera, no me gustan las habladurías y no permitiré que surjan por tu causa.

– Yo choque con él – respondí en voz baja.

– Chocaste con él… pues a mí no me parecía eso – otro golpe más, este se escucho más cerca, el carruaje se detuvo y Edward bajo rápidamente, me tendió la mano y en cuanto la tome me arrastro fuera de él, casi tropecé pero eso pareció no importarle – Zafrina recoge el paquete que está dentro del carruaje – grito y me siguió arrastrando, subió las escaleras de forma apresurada ocasionando que me tropezara y me lastimará, mis suplicas no le importaron, al llegar a nuestra habitación cerró la puerta tras él – eres MÍA Isabella, eres mi esposa y debes respetarme – se acerco a mí y me sacudió bruscamente, las lagrimas seguían su camino por mis mejillas.

– Ya te dije que paso – volví a decirle casi en un susurro, pues sentía un enorme nudo en mi garganta, él pero pareció no escucharme porque volvió a gritarme que le pertenecía, su rostro estaba completamente distorsionado por la furia.

– Te quedaras encerrada en tu habitación hasta que considere que has entendido lo que significa el matrimonio – se dio la vuelta y salió de la habitación, escuche el clic de la cerradura, me deje caer al suelo amortiguando la caída con mis manos, ¿Por qué no entendía que no había pasado nada? ¿Por qué se había comportado así?

Llore toda la tarde hasta quedarme dormida sobre la alfombra, pensé que todo sería mejor pero me había equivocado, él seguía siendo un monstruo, no le había importado que yo estuviera a punto de caer varias veces y mi bebe sufriera daño, no le importaba nada… solo él.