Capítulo 1: Zoccola

Escuché que la puerta se abría.

Gruñí, dejando a un lado las tijeras de podar, alejándome de la terraza en donde cultivaba mis flores.

Casi media noche a mitad de semana. Solamente había una persona que podía llegar a necesitarme en un momento así; y solamente había una persona con la copia de mis llaves.

-"¿Qué quieres?"

Impaciente, me crucé de brazos esperando una respuesta. Él solo gruñó y tumbó sus llaves en el sofá, abriéndose camino por la sala. Se quitó el saco, develando unas oscuras manchas sobre su camisa blanca. Arrumbó la prenda en alguna esquina y prosiguió con su camino hacia el baño.

-"¿Es tuya?"- Logré detenerlo antes de que se escondiera detrás de la puerta. –"La sangre. ¿Es tuya?"- Repasó sus manos por su cabello, mostrando una muy fingida sonrisa de orgullo.

-"Por supuesto que no."- Se señaló a sí mismo. A su camisa. –"Es de un pobre diablo."

-"No me refiero a eso."- Caminé hacia él, señalando con la mirada a unas pequeñas manchas de sangre que se incrustaban en mi alfombra. El rastro lo venía siguiendo desde la puerta. –"¿Qué pasó ahora?"

-"Ya te he dicho que nunca me preguntes de los negocios."- Estaba acostumbrado a que me dijera eso pero usualmente sus palabras eran más enérgicas. Ahora sonaba cansado. Nervioso, tal vez. –"Ahora déjame. Me daré un baño."

-"Déjame ver."

-"¡No es nada!"- Ahora estaba seguro de que era algo. Frustrado por su actitud, caminé hacia él y pateé la pierna que, suponía, estaba herida. –"¡Con un demonio!"- Exclamó después de un largo alarido. –"¿Qué carajos te pasa?"

-"¡Eso debería de decirte yo!"

A regañadientes lo llevé hacia la habitación y lo recosté, colocando un par de almohadas sobre la pierna herida.

-"Déjalo ya. No es gran cosa."- Arrastró sus palabras, sabiendo de que ya era imposible ocultar su secreto. No puso demasiada resistencia a que le quitara el pantalón. –"Mañana iré que lo revisen."

-"¿Mañana?"- Examiné la herida y me di cuenta que era de bala. Aún así, él tenía razón: no era gran cosa. Un roce que abrió ligeramente la piel, eso era todo. La sangre medio coagulada que alcanzaba a escurrirse provocaba que la lesión se viera peor de lo que realmente era. –"Y que se te infecte, claro. No tengo interés en estar con alguien con una pierna purulenta. Es repugnante."

Busqué el botiquín médico (objeto que estaba acostumbrado a usar frecuentemente) y me lavé las manos.

Pronto estaba limpiando la herida.

Él se mantuvo en silencio durante todo ese tiempo. A veces emitía quejidos pero ya había aprendido que no tenía que prestarles demasiada atención. Él podía con eso y más.

No era la primera vez que llegaba a mí en ese estado y al menos en esa ocasión sabía que yo mismo podría hacerme cargo. Otras veces no había tanta suerte y tenía que forzarlo a subirse a una estúpida ambulancia.

-"Yo no sé…"- Su pierna se movió hacia arriba; el antiséptico que le aplicaba causaba mucho ardor (él decía que sólo así se podía estar seguro de que funcionaba). –"¡Quédate quieto!"- Lo reacomodé. –"Yo no sé por qué vienes cuando estás así. ¿Crees que soy tu enfermera? Por una vez en tu vida ve a un maldito hospital por tu cuenta. No me pagas para esto."

-"Ya cállate."

Cubrió sus ojos con el antebrazo.

-"Si no quieres ir al médico, al menos deberías de irte a tu casa. Si vas a manchar una alfombra con sangre, que no sea la mía. Ten por seguro que te enviaré la cuenta de la limpieza."

Pasaron varios minutos hasta que quedé satisfecho con la curación. Me quedé sentado sobre la cama, mirándolo con detenimiento.

Lucía más cansado que lo usual y estaba cubierto de polvo. En sus mejillas había rastros de manchas del lodo que formó su sudor con la tierra. Su pecho subía y bajaba sin ritmo y tragaba saliva constantemente. Comencé a preocuparme. Él seguía nervioso y cuando él se ponía así era porque tenía que ser algo muy malo.

-"¿Qué?"

Como siempre: diciéndome que me callara pero instándome a seguir hablando cada que le obedecía.

-"¿Tienes algo más? ¿Veneno?"

Negó con la cabeza. Sus movimientos fueron lentos pero convincentes y me aterró el que no tomara mis palabras como algo ridículo y exagerado.

-"Solo es…"- Exhaló pesadamente. –"Las cosas no salieron conforme al plan."

-"Eres un salvaje."- Coloqué mi mano sobre su rodilla sana, trazando círculos alrededor de su hueso. –"Yo no sé por qué te metes en esas cosas. ¿Cuándo se ha visto a un caporegime mezclarse con los soldados? Es absurdo."

-"Sólo así me divierto."- Subió un poco su cabeza. –"Y ya también te he dicho que no hables de esas cosas. Alguien como tú no debería de saber nada de eso."

-"No entiendo por qué siempre actúas como si yo no fuera parte de ese mundo."

-"Porque no lo eres."

-"¿No trabajo para ti? ¿No tengo que aguantarte cuando llegas con un pulmón a punto de colapsar o cuando haces rabieta porque el jefe te pide más de lo que debería? Tengo que soportar a tus vulgares soldados y a recibir amenazas de muerte en tu nombre. Yo creo que sí lo soy."

-"No sabes nada. No tienes qué saber nada."

-"¿Dormirás aquí?"

-"¿Tú qué crees?"

-"¿Quieres un trago?"

-"Anisetta."

Me levanté y me incliné hacia él, midiendo su temperatura con la palma de mi mano.

-"Anisetta será."

Giré para salir de la habitación pero su mano me detuvo.

-"Oye."- Me jaló hacia él y me besó en los labios. -"Esta vez no se te ocurra ponerle hielo."

Sonreí y acaricié su frente.

-"No lo haré."

Comentario de la Autora: ¡Estas soooooooooooooooooon las mañaniiiiiiiiitaaaaaaaaaaaas que cantaaaaaaaaaaaaba el Rey Daviiiiiiiiiiiiiiid! ¡A LAS AIKO-CHANAS FEITAS! ¡SE LAS CANTAMOS ASÍ! Jojo! Bueno, como podrán ver este es el regalo de cumpleaños para Aiko. Desde hacía mucho tiempo que traía la espinita de una historia con DM mafioso y Afro de su... ejem... acompañante. Su idea era bastante más sexosa de lo que me atreví a escribir así que quedó en esto.

¡Mujer! Espero que te haya gustado. Ojalá que este año te sea bien padriuris y que todo te salga úber chévere. *sniff* Sabes que te aprecio, condenada. Te aprecio porque estás tan loca como yo. Ojalá que sigas muy bien en la uni y que estés llena de salud, dinero y amor... y bishies.

Ejem... pero ahora sí al fic. Bueno... zoccola es italiano para... ejem... mujeres de la vida galante. Para este fic me imaginé a ambos un poco mayores a la serie de SS. Después de todo, no es tan facil convertirse en caporegime ¿ne? Me imagino que los eventos ocurren como por los 50's. El asunto de la mafia es algo muy complicado pero creo que en la saga del Padrino dan una muy buena idea del asunto, además, la semana de la mafia en Bio Channel me ayudó. Espero no haber cometido alguna bestialidad.

El siguiente capie es Mascarita's POV!