-Nunca duermas en la cama de un extraño-

Disclaimer: Los personajes y todos los elementos de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es propiedad exclusiva de WndrngY, yo sólo me adjudico la traducción. Queda prohibido publicarla o postearla, en ninguno de los dos idiomas, sin el expreso consentimiento de la autora.


Esta es la parte del capítulo en la que hablo de Sowelu y la mayoría de ustedes se la saltean. Si estás leyendo esto házmelo saber en un rw ;)


Capítulo Treinta y Dos
Don't Fear the Reaper

B POV

"¿Hola?" llamé al interior de la casa, que parecía vacía. La puerta del frente estaba sin llave, pero nadie respondió cuando golpeé, ni después de haber tocado varias veces el timbre.

Entré, mirando alrededor con cautela. Cuando él me llamó esta mañana diciendo que tenía algunas cosas para darme, casi me había negado a venir. Ahora estaba deseando no haber venido, porque parecía que había viajado hasta aquí en vano.

"¿Hola?" grité con más fuerza, con una nota irritada en la voz.

"¡Arriba!" respondió él, como si lo hubiera dicho antes y estuviera irritado también.

Subí las escaleras despacio, preguntándome con qué me iba a encontrar, tratando de prepararme para cualquier cosa. Lo que vi estaba más allá de lo que podría haber imaginado.

"¿Qué estás haciendo?" inquirí.

"Hola Bells. Sólo estoy juntando algunas cosas de tu antiguo cuarto. Estaba seguro de que querrías algunas de estas cosas, pero tal vez quieras tirar otras."

Mi padre, Charlie Swan, el Jefe de Policía, estaba sentado de piernas cruzadas en mi antiguo cuarto, revisando los cajones de mi viejo escritorio y guardando cosas con cuidado dentro de una caja de cartón. La puerta de mi armario abierta mostraba que ya había sido vaciado, y había más cajas tapadas y apiladas contra una pared.

"¿No crees que debía haber sido yo quien hiciera esto?" pregunté. En vano intenté pensar qué diablos podría haber ahí dentro que no quisiera que mi padre viera.

Él levantó la vista y me miró con una sonrisa maliciosa. "¿Tienes miedo de que te castigue por escaparte en plena noche con ese chico Newton durante la secundaria?"

"¿Qué? ¡No puedes saber eso por el contenido de esos cajones!" Ridículamente, sentí mi cara arder.

"No, lo supe en el momento en que sucedió. Te escuché salir."

Me senté en el suelo con un golpe seco, dejando caer mi bolso a mi lado. "¿Y por qué me dejaste ir?"

"Oh, es que me imaginé que si sentías la necesidad de verlo, era porque realmente debías hacerlo. Yo siempre confié en ti, por eso no me preocupaban mucho tus razones." Me sonrió otra vez, sus ojos centelleando fugazmente. "Además, volviste como a la media hora. No creo que te hayas divertido mucho esa noche."

"¡Papá!"

"Lo lamento, lo siento. Sólo bromeaba."

Traté de protestar, pero mi bufido se convirtió en una triste risa. "Tienes razón. Estaba rompiendo con él. No me había atrevido a hacerlo esa misma noche más temprano, pero no podía dormir hasta que no lo hiciera."

"Bueno," comentó, deteniéndose por un momento antes de volver a revolver los cajones. "A veces desearía que te hubieras divertido más en la secundaria."

"¡Papá!" repetí, sonando como un disco rayado.

"¡No quise decir eso! ¡Dios! Quise decir que tú fuiste siempre tan seria y cautelosa. Parecía que Emmett se llevaba toda la diversión, mientras que tú estabas demasiado asustada para divertirte."

"Yo también me divertía," murmuré. "Me haces sonar como una suerte de paria introvertida."

"No es eso lo que quise decir. Me preocupaba que te parecieras demasiado a mí."

"Eso no es tan malo. Tú no eres tan malo como padre." Le sonreí con picardía cuando rodó los ojos en mi dirección.

"Detente. Me vas a hacer sonrojar." Se levantó con un gemido típico de viejo y estiró la espalda con dificultad. "Te voy a dar el honor de seguir con esto, Bells. Tenemos que dejar la casa en orden para poder venderla."

Intenté morderme la lengua, pero no hubo forma de frenar las palabras. "¿No crees que deberías quedarte con la casa por un tiempo más, hasta que estés seguro de que las cosas funcionen en Florida?"

"Haremos que funcione. Este es el plan al que accedí y estoy plenamente comprometido con él." Se detuvo para considerar un momento las siguientes palabras. "Más que eso. Estoy entusiasmado. Raro, ¿no?"

Asentí, de acuerdo con eso. "Raro lo define bien."

"Trata de entender, cariño. Tu madre siempre quiso empezar de nuevo, vivir en algún lugar cálido y tropical. Pero no pudo hacerlo porque más que eso, deseaba estar conmigo. Ahora yo quiero devolverle el favor y darle esa experiencia, mientras aún seamos jóvenes y podamos disfrutarlo."

"Ustedes fueron muy afortunados de encontrarse el uno al otro," dije finalmente, incómoda y un poco ridícula por tener esta conversación con mi papá en el cuarto de mi infancia.

"Fue un poco de suerte y el resto mucho trabajo. Nos equivocamos muchas veces. Pero sí, supongo que somos afortunados."

"¿Papá?"

"¿Hmm?"

"Crees…" me detuve, preguntándome si esta sería una buena idea.

"¿Creo, qué?"

"Estamos enfrentando muchos cambios. Edward dice que quiere casarse conmigo."

El asintió y esperó, como si mi declaración fuera una noticia vieja.

Tomé una bocanada de aire y continué. "Ya viví una experiencia antes, pensando que estaba segura… ¿crees que Edward podría alguna vez…, ya sabes, engañarme? Quiero decir, no, yo sé que no lo haría, pero igual me pregunto… Creo que todos sabemos que no soy la mejor persona para juzgar ese tipo de cosas. Por mi experiencia pasada."

Sacudiendo la cabeza, mi padre se sentó al final de mi cama y se acomodó con las manos entre las rodillas, mirándome de forma pensativa. "No, Bella. No creo que Edward alguna vez te engañe. Creo que te ama. Habiendo dicho eso, tengo que agregar que no hay garantías. La vida está llena de problemas y complicaciones, y a veces las personas buenas cometen errores terribles. Como cuando yo dejé que tu madre se fuera contigo y con Emmett, porque mi estúpido orgullo no me permitía rogarle que se quedara.

"Al final eres tú quien escoge con quién estar, basándote en si vale la pena o no el esfuerzo. Pero nunca vas a librarte de ese esfuerzo, porque de eso se trata la vida. ¿Comprendes?"

"Claro, papá" contesté, haciendo un esfuerzo por deshacer el nudo que se me había hecho en la garganta.

"Está bien. Ahora encárgate de limpiar este lío de recuerdos femeninos y luego te llevaré a almorzar."

De camino a casa y con el Volvo lleno de cajas, llamé a Edward al trabajo. Era uno de los nuevos términos en la negociación que habíamos llamado Cómo Lidiar con James: tenía que llamarlo cuando iba a algún lugar, y cada vez que volvía. Quizás era un poco exagerado (quizás no), pero si esta medida hacía que Edward no volviera a meterse en problemas, hacerlo valdría la pena.

La noche en que volví a casa hablamos sobre el tema… eventualmente. Estaba enojada con Edward por ponerse voluntariamente en peligro, pero yo misma sabía que no podía estar enfadada por mucho tiempo. Yo sabía que sus acciones eran producto de su necesidad de protegerme, una forma de lidiar con el estrés y la incertidumbre.

"El problema mayor no es lo que hiciste, sino que lo hiciste a mis espaldas. No me gusta tener que preocuparme porque estés escondiendo cosas de mí," traté de explicar.

"Bueno—"

"Y si creías que estabas haciendo lo correcto, debiste ser capaz de contármelo."

"Lo sé, pero—"

"Ya hemos hablado antes de esto. Quiero que hagamos esto juntos y—"

"¡Bella, detente! ¿Me vas a dejar decir algo?"

Me tapé la boca con una mano, indicando que podía hablar, pero él sólo se me quedó mirando por un buen rato.

"No me acuerdo lo que quería decir," admitió finalmente con cierta timidez.

"Lo lamento," dije, apoyando mi mano en su brazo. "Me dejé llevar."

"Está bien. Es sólo que… antes de que empecemos a hablar estoy seguro de que yo tengo razón, pero tú empiezas a hablar y luego ya ni me acuerdo qué me hizo pensar que yo tenía razón."

"Quiere decir que tal vez estés equivocado," me encogí de hombros.

"O tal vez tú hablas tanto que me confundes y ya no puedo discutir contigo."

Volví a encogerme de hombros. "Como tú prefieras."

"En serio, lamento habértelo ocultado. Fue totalmente innecesario y sólo te lo oculté porque sabía que si te lo decía me harías cambiar de opinión."

"¡Por supuesto que habría hecho eso! ¡Lo que hiciste fue peligroso!"

"¡Pero lo hizo acabar en la cárcel, que es donde pertenece!"

"¡Y ahora anda por ahí suelto, y sólo Dios sabe su próximo movimiento!"

Esas palabras fueron las que dieron lugar a una nueva ronda de planeamientos y preparaciones ante cualquier cosa que pudiera hacer James ahora que estaba suelto de nuevo. La discusión quedó en ese punto, al menos por el momento, lo que me trae de vuelta a la llamada a Edward mientras estaba saliendo de la casa de mi padre.

"Hey Sugar," contestó inmediatamente. "¿Qué quería Charlie?"

"Resulta que quería liberarse de toda la basura que había en mi cuarto para poner la casa en venta. No creerías la cantidad de cosas de las que no fui capaz de deshacerme. Nunca me había dado cuenta de lo sentimental que soy."

"Me encantaría echarle un vistazo a esas cosas. Un vistazo a la joven Bella… podría ayudarme a entender un par de cosas."

"¿Cómo qué? Sabes que no soy tan profunda. Soy un tipo de chica simple y sencilla." Elegí ignorar el bufido de incredulidad que escuché al otro lado de la línea.

"Bueno, ¿crees que estarás en casa para la cena esta noche? Tengo una propuesta para ti."

"¿De qué tipo? ¿De casamiento, o indecente? Porque ya te dije que me casaré contigo y estoy abierto a cualquier tipo de propuesta indecente que tengas en mente."

"Ninguna de las dos, señor Cullen. Tendrás que venir a casa a las siete y media para averiguar de qué se trata."

"Estoy intrigado. Y allí estaré. Por ahora, más me vale volver al trabajo o me van a mirar muy mal cuando me vaya dos horas antes de lo que corresponde."

Estacioné el Volvo en la acera para poder descargar todas las bolsas en el garaje, donde solía dejar el coche. Cuando Edward llegara a casa le pediría que las subiera al ático a través de la escotilla en el techo del garaje. Nunca iba a admitir en voz alta que a veces era útil jugar el rol de la dama débil de la casa. Como cuando no quería ir al ático, que era oscuro y probablemente estaba lleno de arañas.

Una rara sensación de estar siendo observada me hizo darme prisa para meter las cajas en el garaje y cerrar la puerta. No es que creyera que James estuviera allí, pero en esos días aquella sensación era constante, sin importar lo mucho que me esforzara en ignorarla. Me metí en la casa y encendí la alarma, recién entonces pudiendo relajarme.

Después de acomodar un poco la casa, tomé una ducha, me puse ropa cómoda y llamé a Bruce para arreglar algunos detalles de una oferta que él me había hecho en base a una idea que yo misma le había propuesto. Iba a contarle todo a Edward esa misma noche y quería poder contestar a todas las preguntas que él me hiciera. Cuando corté con Bruce empecé a hacer la cena. Encendí la radio en la estación de música retro a la que Rose me había hecho adicta y empecé a cantar en voz alta, orgullosamente fuera de tono al ritmo de Der Kommissar.

Una energía tibia y eléctrica se estaba abriendo camino por mis venas. Todo estaba llegando a su cauce, volviéndose una clara visión de lo que yo quería para el resto de mi vida. Sólo esperaba que Edward estuviera en la misma página. Había comenzado a hablar con él sobre eso la noche en que volví de Hilton Head, específicamente desde el momento en que me pidió que no vuelva allí sin él.

"No quiero ir sin ti nunca más. Pero sí quiero volver a ir… juntos." Me giré sobre mi estómago para poder mirarlo a la cara. "Todo el tiempo en que estuve allí me la pasé pensando en lo genial que sería vivir ahí; estar ahí para Alice y Jasper y su bebé, estar ahí para tu familia. Y pronto mi propia familia va a estar mucho más cerca de Hilton Head que de aquí. Yo sólo… ¿qué opinas?"

Él se me quedó mirando, perplejo, buscando en mi rostro algún signo de que estuviera bromeando, o de inseguridad.

"Yo… no lo sé. Suena genial, pero ¿qué hay de mi trabajo? ¿Y el tuyo? ¿Y qué hay de Emmett y Rosalie?"

"Lo sé, lo sé. Sé que hay cosas que tendremos que pensar bien, pero creo que yo podría arreglar mis asuntos para hacerlo. Podría buscar un trabajo allí, o incluso hablar con Bruce acerca del restaurante que él me ofreció. No estoy segura de que haya encontrado un lugar, o un chef, todavía. Y dejar a Emmett y a Rose sería difícil, pero también fue difícil para Alice y Jasper, y sin embargo ellos se fueron. Nosotros vendríamos aquí, y ellos irían para allá… podemos hacerlo.

Lo que más me preocupa es tu trabajo. Yo sé lo mucho que significa para ti trabajar con Tom. Pero… últimamente no parece que trabajar para él haya sido lo que tú esperabas que fuera."

"No," admitió después de un momento. "Supongo que no es exactamente lo que esperaba, pero con un poco de tiempo podría serlo. Tendré que pagar mis deudas y ponerme al día con proyectos ordinarios. Es lo justo… no será fácil, pero es lo justo."

El corazón se me cayó a los pies. Él no quería volver a Hilton Head. Había estado tan segura de que saltaría de emoción cuando se lo propusiera…

"¿O sea que realmente quieres quedarte aquí en Seattle?"

"No, no para siempre, pero si renuncio ahora, voy a sentir que me estoy dando por vencido." Entrelazó sus dedos con los míos y apoyó nuestras manos unidas sobre su mejilla. "Mira, yo también lo he pensado, créeme; lo he pensado mucho. Pero no quiero darme por vencido. Es probable que nunca vuelva a tener una oportunidad como esta."

Cerré los ojos y mentalmente borré todas las imágenes que habían estado cociéndose en mi cabeza en los últimos días: Edward y yo caminando por la playa durante la tarde, teniendo grandes cenas con el clan Cullen, viendo el crecimiento y los cambios de Alice durante su embarazo, y estar ahí cuando ella y Jasper se convirtieran en padres por primera vez. Me convencí de que eran ilusiones adecuadas para las vacaciones pero que era hora de volver a la realidad, que tampoco estaba tan mal.

"No, no" me reí, incómoda. "Tienes razón, tiene más sentido que nos quedemos aquí. Sucede que mientras estuve allí la pasé muy bien y todavía estoy un poco alucinada con mis vacaciones."

Y así habíamos dejado el tema, aunque yo todavía estaba teniendo problemas para olvidarme del asunto. Había estado pensando mucho en eso, y cuando hablé con Bruce decidí que necesitaba poner todo en perspectiva otra vez. Le iba a decir a Edward lo que realmente deseaba, iba a escuchar lo que él tenía para decir y de alguna manera íbamos a llegar a un acuerdo. Los problemas más grandes de nuestra relación habían sido por no decir las cosas como eran, o simplemente por no decir cosas que tendríamos que habernos dicho.

El ruido sordo de la puerta del garaje abriéndose me advirtió que Edward acababa de llegar. Salté a la parte trasera de la casa para apagar la alarma y abrirle la puerta y me apresuré de vuelta a la cocina para seguir agitando la mantequilla de la salsa béarnaise, no quería que se quemara y se pegara al fondo de la sartén. (N/T: la salsa bearnesa, como diríamos en español, es una salsa a base de manteca y huevo… y otras cosas de las que jamás he oído hablar porque sé tanto de cocina como de física cuántica, je. El punto es que generalmente se usa para acompañar carnes o pescado)

"La cena está casi lista. Si quieres tomar una ducha rápida, tienes el tiempo justo, ¡pero no me hagas esperar!" grité de modo juguetón cuando escuché la puerta de atrás abriéndose. La canción de la radio cambió a una de mis favoritas de toda la vida, Don't fear the reaper. Como Edward no me había contestado ni se había acercado, me di vuelta para ver qué estaba mal.

James estaba de pie a dos metros de distancia, con las manos en alto de forma pasiva y mirándome con intensidad.

"Está bien, Bella. No pasa nada." Habló despacio, de forma tranquilizadora, como si le hablara a un animal asustado o a un niño pequeño.

"No puedes estar aquí, James." Traté de poner mi voz más autoritaria, como en los tiempos en que era su jefa de cocina, pero no pude sacar bien la voz porque prácticamente me estaba ahogando de adrenalina.

"Él no está aquí, no tienes que preocuparte. Ahora podemos hablar de verdad."

"¿Hablar sobre qué? Él me dijo que tú no parabas de repetir eso, que necesitabas hablar conmigo. ¡Y yo sólo quiero que me dejes en paz!" La histeria de mi cabeza estaba haciendo su camino rápidamente hasta mi voz.

"¡No, Bella! ¡Tú viste lo genial que era todo cuando trabajábamos juntos! Estábamos en sincronía, como si nos leyéramos la mente. Podríamos tener eso otra vez. Podemos abrir nuestro propio restaurante y dejar todo esto atrás." Se acercó un paso más y estiró una mano hacia mí. "No estoy histérico"

En mi cabeza, llena de histeria a causa del miedo, eso resultó casi gracioso. Sabía que lo que él quería decir era que no estaba enojado conmigo, pero resultaba claro que estaba completamente histérico. Tuve que hacer un esfuerzo para no soltar una risa amarga y usar el sentido común. Dudaba que pudiera hacerlo entrar en razón, no podía enfrentarme físicamente a él, y aunque tenía las manos vacías y parecía calmado, sabía que se pondría violento fácilmente.

"James, necesito que entiendas que amo a Edward. Nos vamos a casar." Él sacudió la cabeza con desdén y frunció el ceño. "Podemos dejar todo esto atrás. Olvídalo todo, ¿sí? Eres un gran cocinero, y podrías abrir tu propio negocio si eso es lo que deseas."

James dio un paso atrás y se inclinó sobre la encimera, cruzando los brazos sobre el pecho. Me miraba directa y profundamente, sin hablar. Podía ver los músculos de su mandíbula tensándose. El olor de mantequilla quemada desvió mi atención hacia la hornalla y me apresuré a alejar la sartén y apagar el fuego. Miré el reloj del horno con disimulo, rogando porque Edward llegara y no llegara de trabajar al mismo tiempo. Sólo Dios sabría lo que pasaría si Edward llegaba y encontraba a James en nuestra casa. Me sacudió un estremecimiento y sentí un sudor frío cubriéndome la piel.

Pasó el tiempo y yo seguía congelada en mi sitio, esperando su próximo movimiento. Pero él seguía quieto, mirándome con ojos calculadores. La sugestiva letra de la canción parecía sonar mucho más fuerte y no pude evitar pensar con enojo que nunca podría volver a oírla sin recordar este momento. Gradualmente comencé a moverme, siguiendo con la tarea que él había interrumpido. Era una acción estúpida y sin sentido, pero me ayudaría a calmar los furiosos picos de adrenalina que amenazaban con desmayarme o hacerme vomitar en cualquier momento. Después de dar vuelta los filetes en la parilla del horno, eché un vistazo al reloj de pared con disimulo, pero a James no se le escapó el gesto.

"Él va a volver pronto. Deberíamos irnos ya." Era una afirmación tranquila y directa, no parecía una pregunta.

"Tú deberías irte," corregí. Tartamudeé al decir las palabras, haciendo un esfuerzo por respirar a causa del pánico. "Ve, James. No se lo diré a nadie."

Su mano me tomó fuertemente por el brazo antes de que pudiera registrar que se movía detrás de mí. "Vamos, nos tenemos que ir. Él te tiene encerrada como a una mascota y te dice mentiras sobre mí. Tenemos que hablar."

"¡Si yo quisiera hablar contigo, lo haría!" grité, tratando de zafarme de su agarre, pero él me aferró con más fuerza, poniéndome en el punto más alto de la histeria. "¡Y en cambio te tengo miedo! ¡No quiero verte nunca más! ¡Te odio!"

Planté ambos pies en el suelo y me aferré a la manija de la puerta del horno. De ninguna manera iba a dejar que James me sacara de mi casa. Dando un tirón desgarrador de mi brazo derecho, me obligó a soltar la mano izquierda de la manija del horno, pero antes de que pudiera empujarme más lejos agarré la manija de la sartén que había estado usando para derretir manteca. Quería arrojársela a la cara, pero no tuve fuerza suficiente ni alcancé el ángulo adecuado para hacerlo.

La sartén golpeó el hueso de su cadera y salpicó mantequilla fundida en su costado y por todo el suelo. James gritó a causa del dolor y la rabia, pero para mi sorpresa ni siquiera eso bastó para que me soltara el brazo. Siguió tirando de mí hacia la puerta trasera, lo que le resultaba más fácil ahora que mis pies descalzos resbalaban por el suelo grasoso.

Yo seguí aferrándome a los cajones y a los bordes de la mesada con todas mis fuerzas, y él tuvo que hacer más fuerza. Pero perdió el equilibrio y acabó de espaldas en el suelo, finalmente soltando mi brazo dolorido. Yo caí parcialmente encima de su cuerpo pero me apresuré a saltar lejos de él para esconderme detrás de la mesada de la cocina.

Podía oírlo moviéndose, tratando de levantarse sin resbalar sobre la mantequilla mientras intentaba pensar en un plan. Pero no podía pensar en nada, mi mente estaba obnubilada de terror. Lo único que se me ocurrió fue hacerlo hablar para que no me lastimara.

"Dijiste que querías hablar, James. Podemos hablar aquí si te quedas donde estás," llamé desde mi posición, detrás de la mesada. Me apoyé contra ella sólo por tener la sensación de tener algo firme tras la espalda.

"¿Quieres esperar a que él llegue? Lo mataré esta vez." Su voz me llegó desde detrás de mí, por encima de la mesada. Cuando habló otra vez, lo hizo desde mi derecha. "Esta vez yo tendré ventaja y lo mataré antes de que tenga tiempo de reaccionar."

Cerré los ojos y pasé saliva, tratando de no pensar en esa idea. "¿Por qué? Él solo quiere protegerme. ¿Por qué quieres lastimarme?"

Él se rió con sarcasmo y se acercó hasta quedar sentado frente a mí, con nuestras rodillas casi tocándose. "Nunca quise lastimarte. Yo quería que estuviéramos juntos, y lo hubiera logrado de no ser por él."

"¡Lo que dices no tiene sentido! Tú querías mi empleo, ¿recuerdas? ¡Nunca me quisiste a mí!" Cerré los puños sobre mis rodillas, tratando de controlar la rabia. "Edward no se interpuso ente nosotros – tú y yo no éramos más que compañeros de trabajo."

Siempre te he querido a ti! ¡Nunca fuimos sólo compañeros de trabajo, y tú lo sabes!" James se movió hasta quedar apoyado en sus rodillas, de modo que su frente y la mía quedaron a sólo centímetros de distancia. "Tú lo sabías, pero te entregaste como una puta a él y me lo refregaste en la cara."

Sacudí la cabeza y abrí la boca para contestar, pero él me agarró los brazos con tanta fuerza que me hizo gritar.

"Después de eso, pensé que ya no te quería. ¡Eras una asquerosa puta!" Sentí su aliento en mi rostro mientras me gritaba, pero pronto él me empujó contra la mesada y volvió a su posición anterior. "Traté de concentrarme en conseguir mi propio restaurante para mostrarte… pero no, tú lo saboteaste. Quería odiarte, pero no podía dejar de pensar en ti. No podía dejar de verte por todos lados."

Deseaba tanto cerrar los ojos para no ver su rostro enloquecido y lleno de odio, pero tenía que ver para saber qué iba a pasar a continuación. Tenía que hacer un esfuerzo por protegerme, de la misma forma en que Edward se había esforzado en hacer lo mismo por mí.

"Y luego te vi esa noche en el estacionamiento, toda engalanada. Estabas hermosa… y asustada. Lo vi en tu rostro, y entonces lo supe; él te estaba controlando, forzándote a quedarte con él. Manteniéndote alejada de mí."

"Tenía miedo de ti, no de Edward. ¡Me habías amenazado, y me estabas persiguiendo! Necesitas ayuda, James." Calmada y racionalmente, intentaba explicarle los beneficios del tratamiento psicológico a un loco. Que por cierto me miraba como si le estuviera hablando en japonés.

El sonido de la puerta del garaje abriéndose otra vez nos sorprendió a los dos, que saltamos sobre nuestros pies.

"No te muevas, no hagas ni un sonido, ¡o lo mataré!"´siseó James. Desafortunadamente para él, ya me había dicho que iba a hacer exactamente eso sin importar lo que yo hiciera, así que planeaba gritar como una banshee. Al menos de esa forma advertiría a Edward antes de que James lo atacara. Pero antes de que pudiera abrir la boca, vi a James meter la mano debajo de su camisa y sacar un arma pequeña de la cintura de sus jeans.

El pomo de la puerta traqueteó mientras Edward metía sus llaves. Sólo tenía unos segundos para actuar. Tiré del mango de la sartén de hierro fundido con un movimiento que tenía años de práctica y la golpeé con todas mis fuerzas contra la mano que sostenía el arma. James gritó de dolor mientras el arma caía al suelo y yo lo asesté de nuevo, esta vez golpeando el costado de la sartén contra un lado de su cabeza. Sentí un tirón en mi muñeca derecha, la sartén cayó al suelo junto al cuerpo desmayado de James y Edward irrumpió por la puerta, todo al mismo tiempo.

El oficial Evington no estaba entre los policías que respondieron al llamado esta vez, pero apareció cuarenta y cinco minutos después con ropa de civil, recordándome un poco a mi padre durante los fines de semana. Pensé en Charlie y me sentí repentinamente culpable por esperar que este hombre valiente pero tan normal como cualquier otro me protegiera de James. Me alegraba que eso no haya tenido que pasar.

"¿Estás bien?" me preguntó después de hablar con varios otros policías.

Asentí y me encogí de hombros al mismo tiempo. Edward estaba sentado junto a mí, sosteniendo mi mano izquierda entre las suyas. Apenas habíamos cruzado una palabra desde que cruzó la puerta. Él sólo había salteado a James para agarrarme a mí y sentarme sobre su regazo, los dos sobre el suelo pegajoso lleno de mantequilla. Yo apreté mi mano lastimada sobre su pecho mientras él sacaba su celular para llamar al 911. Y luego esperamos. Él me mecía gentilmente, besando mi pelo de vez en cuando mientras yo escuchaba el enloquecido latido de su corazón y me preguntaba si James estaría muerto o no.

Un coche patrulla llegó a los pocos minutos, y lo siguieron dos ambulancias y otros autos de la policía. Ante el sonido de las sirenas James se agitó ligeramente, una de sus manos se abrió y se cerró de forma casi automática mientras dejaba escapar un audible gruñido de dolor. En el momento no supe si estaba decepcionada o aliviada de que estuviera vivo. No quería ser responsable de matar a un ser humano, pero tampoco quería tener que volver a verlo en mi vida.

El primer equipo de paramédicos se llevó a James mientras Edward y yo, sentados en el comedor, intentábamos explicarle lo que había pasado a la policía. El segundo grupo me miró de arriba abajo y uno de ellos me vendó la muñeca después de que me negara rotundamente a ir con ellos al hospital.

"Vas a ir a ver a un médico mañana por la mañana," me dijo una doctora con determinación. Tenía más o menos mi edad y el pelo rubio y corto parado en todas direcciones. "Estoy segura de que te la rompiste."

"Yo me aseguraré de que vaya," dijo Edward en voz baja. Cuando me di cuenta de que ella no sólo no se había ido sino que todavía nos miraba, alcé las cejas a modo de pregunta.

"Estás mostrando algunos síntomas de shock emocional. Y él también. Nos vamos a quedar por aquí un poco más."

Seguí su mirada y observé a Edward. Tenía el rostro pálido como la tiza, los labios fruncidos y los ojos llenos de tensión.

"Lo lamento," susurré, afligida.

"¿Qué?" Él se inclinó hacia mí para escucharme y yo envolví su cabeza con mis brazos y lo atraje más cerca.

"¡Lo lamento, lo siento tanto!" repetí, más fuerte porque esta vez estaba llorando. "Yo saqué la alarma. Prácticamente le abrí la puerta."

Durante el interrogatorio, había explicado que al oír la puerta del garaje abrirse había creído que era Edward. Uno de los oficiales de policía me explicó que la ventanilla del pasajero de mi Volvo estaba rota, y ellos asumieron que James había roto mi auto para usar el sistema que abre la puerta del garaje automáticamente. Edward dijo que él no había visto que a mi coche le faltaba una ventana cuando llegó, pero que sí le llamó la atención que el auto estuviera en la calle en vez de dentro del garaje.

Me quedé completamente sin aire mientras Edward me aferraba contra su pecho, con una mano en mi pelo y la otra acariciándome la espalda.

"No, Bella, no. No fue tu culpa. ¿No lo ves? Salvaste mi vida. Eres increíble, Sugar, eres todo. Estoy tan… agradecido de que estés bien."

"No estoy bien, no estoy bien." Me aferré a él, llorando en su hombro. Sabía que pensarían que estaba loca, que estaba perdiendo la cabeza o entrando en shock. Pero las horribles y abrumadoras emociones que había reprimido hasta entonces estaban volviendo a mí con todas sus fuerzas y no habría podido hacer nada por detenerlo.

"Sí, lo estás," insistió Edward con fiereza. Sus manos seguían acariciándome la espalda mientras murmuraba incoherencias en mi oreja.

"Señorita Swan." Levanté la vista para ver quién nos había interrumpido y vi al oficial Evington de pie junto a nosotros con un vaso de jugo de naranja.

Edward lo tomó con gesto agradecido y me lo pasó. Yo no lo quería realmente, pero me daba algo para hacer mientras intentaba distraer mis nervios. Y por alguna razón en ese momento me supo delicioso, fresco, con la temperatura perfecta.

Evington se sentó en la mesita ratona, mirándonos a Edward y a mí que estábamos en el sillón. En ese momento me di cuenta de que alguien había puesto una manta sobre el sillón para evitar que nuestra ropa llena de grasa lo manchara, y me sentí agradecida por eso. Necesitaba una distracción.

"Realmente lamento que hayas tenido que pasar por esto," me dijo el oficial. "Pero esta vez va a tener que estar preso por un largo tiempo. Y eso será después de que se recupere de la herida en la cabeza."

"Bien," dije con tono ácido. "Espero que se pudra en la cárcel. Espero que tenga daño cerebral. ¡Desearía haberlo matado!"

Edward apretó su agarre a mi alrededor, pero no dijo nada. Sabía que a él le pasaba lo mismo. Sin importar cuáles fueran los problemas mentales de James, habíamos perdido toda la simpatía que pudiéramos haber tenido por él cuando ingresó en nuestra casa e intentó sacarme de ella a la fuerza. No quería ni siquiera imaginar lo que hubiera pasado si él hubiera logrado sacarme de la casa y meterme en su auto. Y estaba segura de que él realmente hubiera matado a Edward. Ese momento angustiante en que sacó el arma y me di cuenta de cuán en serio iba seguía repitiéndose una y otra vez en mi cabeza. Y otra cosa que no podía dejar de imaginar era a James sacando el arma y disparando a Edward a quemarropa mientras yo lo miraba todo sin poder hacer nada.

"Puedo decir que no te culpo por eso, pero me gustaría recomendarte una terapia para víctimas de crímenes violentos." Me dio una tarjeta, supuse que era de un terapeuta, pero no la miré más de un segundo. Ya habría tiempo para eso. En esos momentos lo único que quería hacer era irme a dormir y olvidar.

"Gracias," dije. "¿Sabes cuándo se irán todos? Sólo quiero ir a la cama."

"Pronto," prometió. "Iré a ver cómo va el asunto de la recolección de evidencias."

Los paramédicos por fin estaban levantando su equipo y preparándose para irse a la próxima tragedia o casi-tragedia. Me pregunté cómo harían para lidiar con este tipo de cosas todos los días. Nadie llama a un policía o un paramédico cuando pasa algo bueno.

Poco menos de una hora más tarde, todo el mundo se había ido y Edward y yo quedamos solos. Necesitábamos bañarnos, así que nos metimos juntos porque ninguno quería estar solo. La tibia presión del agua y sus caricias suaves en seguida comenzaron a calmar mis nervios acumulados en las últimas horas. Lo ayudé a lavarse con verdadero cariño e intentando no pensar en que estuve a punto de perderlo. Después nos secamos y nos vestimos con ropa cómoda de cama.

Cuando terminamos me quedé de pie junto a la cama, vestida y sin saber qué hacer.

"¿Bella?"

"No creo que pueda dormir," admití.

"¿Quieres tomar un Advil o algo?" me preguntó, mirándome de costado mientras se secaba el pelo con una toalla de mano.

"No, me pone estúpida y al día siguiente me levanto deprimida."

Edward se colgó la toalla alrededor del cuello y me abrazó, simplemente abrazándome y meciéndome gentilmente por unos minutos.

"¡Hey!" saltó repentinamente, alejándome un poco para mirarme a la cara. "¡Ya sé lo que vamos a hacer!"

Se apresuró hacia el armario y después de revolver por un minuto sacó una bolsa de Target de donde sacó un DVD que me tendió con una floritura. (N/T: Target es una cadena de supermercados, como Wal-Mart)

"Vi esto el otro día, cuando tú estabas en Hilton Head, y no me pude resistir. En honor a la segunda noche que pasaste en mi cama…" Era la temporada completa de Top Chef: Chicago en DVD.

"¿Sí?" me preguntó cuando vio la sonrisa que se formó en mi rostro. Asentí y él me llevó al comedor, deteniéndose sólo para agarrar una manta del armario del pasillo.

Mientras él luchaba con el envoltorio plástico de la caja para poner el primer disco en el reproductor de DVD, yo me metí en la cocina y puse una bolsa de maíz en el microondas para hacer palomitas. Edward entró justo cuando dejaron de sonar las explosiones dentro de la bolsa y los dos nos movimos alrededor del desorden de la cocina, sin prestarle atención. Él puso las palomitas en un recipiente y sacó un par de botellas de agua del refrigerador. Yo busqué un paquete de M&M de almendras y un puñado de servilletas en la despensa.

Entrada ya la noche, nos la pasamos hablando y comiendo y mirando a distintos chefs competir en desafíos tan ridículos como sublimes. Cuando el cielo empezó a aclararse, finalmente no pude mantenerme despierta. Edward se estiró en el sillón y mantuvo la manta abierta para que me acurrucara junto a él. Yo hice un esfuerzo por dejar ir la tensión de mis hombros y espalda, absorbiendo lo mejor de Edward y dejando todo el resto afuera, lejos de nuestro mundo.

Recordé la noche en que nos mudamos juntos, cuando le pregunté si lo nuestro no le parecía demasiado bueno para ser verdad. Sin titubear él me había dicho que no, que lo que nosotros teníamos le parecía real y correcto, y que en verdad era cuando las cosas iban mal que a él le parecía irreal.

"Todo va a estar bien ahora," le escuché decir mientras comenzaba a caer en un pesado sueño, y elegí creer en sus palabras.

Ambas canciones mencionadas en el capítulo son de los años 70-80. La primera está casi completamente en alemán así que… no tengo nada que decir al respecto. La segunda, Don't fear the reaper (de Blue Öyster Cult), se traduce literamente como "no le temas a la muerte". Muy adecuada ¿no?

Esta mañana me quisieron asaltar en el bus de camino al trabajo, así que estoy un poco agitada por eso y por más que intento no encuentro nada para decir. Perdón. Hasta el próximo capi...