Esta historia se llama The Halloween Fair y pertenece a Jayeliwood, yo solo la traduzco con su permiso.


No podía creer que había accedido a ir a la feria. Hacia mucho frio afuera, y mis capas de ropas no parecían ser suficientes. Pero probablemente esta era la mejor opción. Alice me hizo elegir entre vestirme para ir a la fiesta de Halloween o ir a la Feria del Estado. Conociendo a Alice, el disfraz que me había comprado era demasiado atrevido para usar en público. Intenté discutir en contra de la feria, por el precio de las entradas, pero por supuesto ella ganó.

— No te preocupes por eso. — Alice dijo en el teléfono, quitándole importancia.

— No soy una Cullen, no tengo millones de dólares para derrochar en nada, muchas gracias. — dije en un tono sarcástico. Estoy segura de que si hubiéramos estado frente a frente me habría dado un manotazo en la cabeza.

— Bella, mi papá consigue un montón de esos boletos 'A todos los que te puedes subir' del hospital. Ellos están patrocinando un tipo de salud infantil. ¿Ves? No me cuesta ni un centavo que tú vengas con nosotros. Vamos, ¡Será genial! Podemos pasar el rato en la feria toda la noche, comer comida chatarra, y luego tu puedes quedarte a dormir en mi casa.

— No se, Alice… ¿Quiénes van?

— Solo la pandilla. ¿Por favor, por favor, por favor? — podía prácticamente verla haciendo puchero al otro lado del teléfono. Suspiré, sabiendo que ella había ganado.

— Bien. — murmuré agriamente.

— ¡Genial! ¿Por qué no vienes a eso de las cuatro y de ahí nos vamos todos juntos? — dijo, saltando. Sabía que ella estaría rebotando de arriba hacia abajo. Me pregunté cuántos cafés se habría tomado esa mañana.

Así que, aquí estaba, de pie en la puerta principal. Estaba sorprendida de que Alice no estuviera esperándome afuera, pero había llegado quince minutos temprano. Traje una mochila llena de cosas, estaba envuelta en tantas capas como pude. Me sentía como una bestia de nieve con todo esto, y sabía que el frío a ellos no les molestaría para nada. Phoenix me tenía cálida.

Golpeé la puerta suavemente, meciéndome en mis talones de atrás para adelante mientras esperaba que alguien atendiera la puerta. Podía ver el coche de Rosalie en el frente, así que sabía que los mellizos ya estaban aquí. Jasper y Rosalie habían nacido en el sur, pero habían estado aquí mucho antes que yo. Yo era la más nueva del grupo, habiéndome mudado aquí el año pasado. Alice me había acobijado debajo de su bien vestida ala, y habíamos sido buenas amigas desde ese entonces.

Cuando la puerta se abrió, casi me atraganto con mi propia saliva. De pie ante mi, estaba la persona más hermosa que había visto. Era un rostro que conocía muy bien. Era Edward, el hermano mayor de Alice. Me había sentado junto a él en Bilogía avanzada el año pasado, y me gustaba mucho. No creo que él me haya notado siquiera. No lo había visto desde que se había ido al estado de Washington este pasado verano.

— ¿Hola? — dijo luego de un momento. Me debo haberlo quedado mirando como una idiota. Me aclaré la garganta y hablé suavemente.

— ¿Está Alice?

— Ah, si, está aún en su cueva alistándose. Entra. — dijo con una sonrisa maligna. No pude evitar reírme. ¿Qué tan ciertas eran esas palabras? Yo había sido una victima de su cueva de la moda en muchas ocasiones.

— Gracias. — murmuré, mientras pasaba por su lado. Coloqué mis cosas en el piso al lado de la puerta, para llevarlas a la habitación de Alice luego. Estaba preocupada que si iba allí ahora, ella intentaría re-vestirme.

Caminé hacia la sala de estar para encontrarme con Jasper, Emmett y Rose, sentados alrededor de la TV. Rose estaba ojeando una revista de moda, y los chicos estaban jugando un video juego. Me dejé caer en un sillón. — Hola, Bells. — murmuró Emmett, sin sacar su mirada de la pantalla.

— Hola… ¿Quién está ganando?

— Yo. — Jasper dijo fuertemente, chocando contra el hombre de Emmett. Em maldijo fuertemente y comenzó a apretar fuertemente los botones.

Me reí de sus payasadas. — Juego contra el ganador.

Edward ingresó en la habitación luego de un momento y se sentó en el final del sillón, el cual estaba cerca de mí. — Por cierto, soy Edward. Hermano de Alice. — dijo, extendiendo su mano para estrechar la mía.

— Ella sabe quien eres, idiota. Te sentaste al lado de Bella en Biología avanzada el año pasado. — Emmett dijo en un tono sarcástico, mientras continuaba aplastando botones. Aparentemente, algo salió mal porque tiró su palanca de juego. — ¡Maldición!

— Oh…— Edward dijo, distante. Sus mejillas se ruborizaron de un rojo brillante y yo me sentí mal por él. Era horrible que no se acordara de mí, pero honestamente, ¿Quién lo haría? No era algo que los demás miraran mucho. No había nada en mí que fuera memorable.

— Vamos, Bells. Jugamos tú y yo. — Jasper dijo, en un grueso acento sureño.

— Tendrás que jugar con ella luego. Estoy lista para irnos. — Alice dijo, ingresando a saltitos en la habitación.

— Bueno, ahora que la princesa está lista, nos podemos ir. — Edward dijo, poniendo los ojos en blanco.

Alice, en el modo más educado, lo tiro. — Vamos, es hora de irnos.

Antes de que pudiéramos salir, tiré de Alice hacia atrás. — No me dijiste que Edward iba a venir.

— ¿No lo hice? Se me debe haber olvidado. Es algo bueno, de todos modos. De este modo, nadie es el excluido. — sonrió de oreja a oreja, mientras caminaba hacia la puerta. Ella sabía lo que sentía por él. Tenía ganas de golpearme la cabeza contra la pared.

— No creo que todos entremos en el jeep. — Edward apuntó lo obvio. No pude evitar mirarlo. Me sentía como una tonta adolescente encaprichada. Bueno, era una adolescente, pero normalmente yo no era de este modo. Él simplemente se veía tan bien en su chaqueta de cuero y sus guantes. Su pelo cobrizo caía en frente de sus hermosos ojos verdes. Las pocas pecas rojas que le salpicaban su perfecta nariz, simplemente me hacían derretir. No me di cuenta que lo estaba mirando fijamente, pero aparentemente, él si. Sonrió un poco y bajó la mirada.

— Vayamos en dos autos, entonces. Rose, Jasper, Em y yo en el jeep, y tú y Bella pueden ir en tu coche. ¿Qué piensas? — Alice preguntó alegremente. Tenía ganas de dar la vuelta y patearle el trasero, fuerte.

— A mi me parece bien. — Edward dijo, encogiendo sus perfectos hombros.

— Te voy a matar. — murmuré en el oído de Alice, antes de caminar hacia el volvo. Edward, siendo el perfecto caballero que es, me abrió la puerta. — Gracias.

— Es un placer. — dijo, hacienda aparecer su característica sonrisa torcida.

Luego de que cerró la puerta, suspiré pesadamente. Iba a ser una larga noche. No sabía como me las iba a arreglar. Era torpe cuando no estaba nerviosa. ¿Pero cuando estaba así de agitada? Estaba completamente fregada.

— ¿Te importa si pongo algo de música? — me preguntó, luego de subirse al coche.

— Para nada. Adelante. — sonreí un poco. El solo hecho de mirarlo me hacia sonrojar. Oh si, iba a ser una noche muy larga.

Prendió el estéreo. Aparentemente, un CD estaba ya sonando, porque empezó al principio de la canción. Instantáneamente la reconocí. No pude evitar reírme. No encajaba con Edward para nada.

— ¿Que? — me preguntó, mirándome de reojo.

— ¿Bowling for soup? — le pregunté con una ceja levantada.

— ¡Oh! ¿Los conoces? Los vi tocando en el campus. Sus canciones son bastantes divertidas. — dijo con una sonrisa.

Solté unas risitas. — Si, son muy divertidos. — vino una de mis partes favoritas de la canción y no pude evitar cantarla. — She's seen all the classic. She knows every lines. Breakfast club, pretty in piny, even st. Elmo's fire. — se me escapó antes de que lo pudiera evitar. Incluso baile un poco en mi asiento. Cuando me di cuenta lo que había hecho, puse las manos en mi rostro. — Ugh, no puedo creer que hice eso.

Él se rió suavemente. — No te preocupes. Fue lindo. — dejé caer mis manos para mirarlo, mis ojos se ensancharon y un rubor rojo brillante cubrió mis mejillas. Para ese entonces ya habíamos llegado a la feria. Detuvo el coche y se giró para mirarme. — No tengas vergüenza. Fue muy lindo.

— Um, ¿Gracias? — pregunté más que dije. No sabía qué más decir. Me sentía como una completa idiota.

Salí del coche y me uní al grupo que estaba dirigido por, por supuesto, Alice. Ella estaba entregando los pases. — Bueno, ¿en que nos vamos a subir primero?

Bueno, así es cómo empezó mi noche. Cada vuelta parecía necesitar un compañero. Y como yo no tenía pareja como el resto de ellos, tenía que subirme con Edward. La primera vuelta que nos subimos, yo estaba prácticamente sentada e el regazo de Edward. Me moví lo más lejos del asiento que pude, intentando darle cuanto espacio me era posible. — ¿Qué pasa? — preguntó suavemente.

— Nada. — bajé la mirada hacia mis manos, las cuales estaban agarrando fuertemente la barra plateada.

— ¿Tienes miedo? — sacudí la cabeza, incapaz de encontrarme con su siempre intense mirada. Tragué saliva fuertemente, mordiendo mi labio. — Te prometo que no muerdo. — susurró suavemente en mi oído. Me giré para mirarlo. Su rostro estaba a centímetros del mío. Edward me guiñó un ojo juguetonamente y yo abrí mi boca para responder, no realmente segura de qué decir. Afortunadamente, el juego empezó, salvándome de mi misma.

Anduvimos en unos juegos más. Estaba empezando a ponerme más cómoda con Edward, quien parecía que estaba dirigiendo la mayoría de su atención a mí. O quizás, es porque no tenía mucha opción. Uno de los problemas más grandes de ser una persona soltera en un grupo lleno de parejas es que tiendes a …unirte…a la otra persona mientras están jugando, y aparentemente, todo esta emoción, hacia que las parejas estuvieran en el humor de besarse en cada oportunidad que tuvieran.

Rose estaba prácticamente envuelta alrededor de Emmett como su fuera un caño de stripper mientras esperábamos en la fila para la montaña rusa. Si ella movía su lengua un poco mas adelante por su garganta, él probablemente se la tragaría accidentalmente. Las manos de Emmett estaban literalmente pegadas a su trasero. — Se ve que se están divirtiendo. — Edward dijo secamente, poniendo los ojos en blanco.

— Demasiado, si me preguntas. — susurré.

— ¿Entonces, te están poniendo igual de incomoda que a mi? — preguntó, avergonzado. Podía decir que él era un chico del tipo privado, y esta muestra de afecto en público era probablemente demasiado para él. Era algo que teníamos en común. Asentí, mirándolo sobre mi hombro. No me había dado cuenta que estaba tan cerca a mi. Tenía que detenerme antes de que saltara. — ¿Quieres que vayamos a comer algo luego de este juego? Dejémosle tener su momento de inspección de amígdalas.

Me reí. — Si, claro. Estaba empezando a tener hambre.

— ¿Tienes hambre? — preguntó Alice, alejándose de Jasper, quien tenía una mirada muy… feliz… en su rostro. — Yo también. ¿Por qué no vamos todos a comprar algo luego de este?

Edward gimió suavemente por alguna razón. No le pregunté por qué. Quizás solo estaba cansado de todas esas parejas también.

— ¿Quieres compartir una tarta conmigo para el postre? — preguntó, luego de que nos sentáramos con la comida. Obtuve un gran hot-dog con kétchup y un poco de mostaza. Él, un pedazo de pizza. — No puedo comerlo todo yo solo.

— Claro, suena bien. Yo nunca lo puedo terminar tampoco. — le sonreí. Él se rió un poco. — ¿Que?

Tomó una servilleta y limpió la esquina de mi boca. Había una gran cantidad de kétchup en mi mejilla. Me ruboricé intensamente. Desvié la mirada, apretando los labios. — Hey, Bella. ¿Tengo algo en mi cara? — preguntó en una voz demasiado animada.

Me giré para mirarlo y vi que todo su labio inferior estaba cubierto de salsa. Me reí suavemente. Sabía que estaba intentando hacerme sentir mejor, y estaba funcionando. Era un gesto muy lindo. Como él había hecho conmigo, me incliné hacia delante y limpié su rostro. — Eres demasiado, ¿lo sabes?

Me guiñó un ojo juguetonamente, mientras sonreía. Realmente el era demasiado. — Iré a buscar la tarta. ¿Quieres algo especial en ella?

— Solo polvo de azúcar.

— Perfecto. Como me gusta. — sonrió, dándose la vuelta.

Alice se deslizó cerca de mí, inclinando su cabeza en mi hombro. — ¿Te estas divirtiendo?

— Si. — dije a través de dientes apretados. Aún estaba enojada con ella por no haberme advertido por lo menos. Aunque, si lo hubiera hecho, probablemente no hubiera venido.

Ella chocó su hombro contra el mío. — Me dirás sobre esto luego.

— ¿Decirte sobre que? — pregunté confundida.

Me guiñó un ojo, acercándose más a Jasper. Me pregunté que tenían los Cullen con los guiños. Ellos siempre parecían saber algo que tú no. Edward retomó su lugar, sentándose en el mismo banco que yo, en vez de en frente. — Tienes que probar esto. Está muy bueno. — dijo, sacando un pedazo para mi. Lo sostuvo cerca de mis labios, mirándome expectante.

Me incliné hacia delante y mordí lo que tenía en la mano. Era una mezcla del dulce y salado sabor de sus dedos, los cuales estaban ahora desnudos porque se sacó sus guantes para comer. Gemí en placer, pero no por el gusto de la comida barata de la feria. — Está bueno.

Cuando levanté la mirada, Edward estaba mordiéndose el labio y sonrojándose un poco. Bajó la mirada rápidamente, aclarándose la garganta. La acción me recordó… a mi mima. Agarró su soda y tomó un largo sorbo. Quería preguntarle que lo había puesto tan nervioso de repente, pero no tuve el valor para hacerlo.

Nos sentamos en silencio después de eso. No sabía qué decir realmente. Terminamos la tarta y esperamos a los demás, los cuales parecían tardar una eternidad. — ¿En qué se quieren subir ahora? — nos preguntó Alice, tirando su taza.

— No creo que sea una buena idea subirnos en nada ahora. — dijo Rose, frotándose su plano estomago. — No quiero vomitar en mis zapatos Madden. ¿Por qué no jugamos en algún juego o algo?

No tenía dinero para jugar, así que me puse de pie atrás para mirar. Edward se quedó atrás también, dejando que el resto se divirtiera. — ¿No te gustan los juegos de feria? — preguntó.

Me encogí de hombros. — Si, me gustan. Es solo que no tengo dinero para gastar en esto. Admití con un rubor — Nunca ganaría nada, de todos modos.

Apretó sus labios pensativamente por un momento. Edward miró alrededor rápidamente, sus ojos buscaban algo. Aparentemente lo encontró porque agarró mi brazo y tiró de mí. Estábamos de pie en frente de un juego, en el cual tiras una pelota para derrumbar los tres tarros de leche. Tenía precios altos colgando alrededor, mostrando que era uno de los juegos más difícil de ganar. Edward sacó dos dólares, el precio de un tiro y se los entregó al señor. Se volvió hacia mí con una sonrisa ladina. — Elije cual te gusta.

— ¿Qué? — pregunté confundida. Antes de que pudiera responder, agitó su brazo hacia atrás y tiró la pelota con toda su fuerza. Los tarros de leche de metal colisionaron contra el suelo ruidosamente.

— ¡Tenemos un ganador! — el operador del juego grito. — ¿Qué te gustaría?

— Lo que sea que la bella dama quiera. — dijo Edward, sonriéndome. Me estaba mirando por debajo de sus pestañas. Estaba hipnotizada por ellas. — ¿Que es lo que quieres, Bella?

Debía detenerme a mi misma de gritar "A ti Edward. Te quiero a ti". Sabía que eso no era sensato, o posible, así que no iba a arruinar una perfecta noche. — ¿Qué tal el oso de peluche púrpura?

El hombre lo agarró y me lo entregó. Lo apreté contra mi pecho, abrazándolo fuertemente. — ¿Por qué no intentas ganar otro? — le ofreció a Edward, siempre intentando hacer otra venta.

— No, esto es suficiente. — declaré rápidamente, alejando a Edward del juego. Perdimos el rastro de los demás.

— ¿Te gusta? — preguntó, cuando estuvimos a una distancia segura de todos los que llamaban a los juegos.

— Me encanta. Gracias, pero no tenías que hacerlo.

— Quise hacerlo. Cada chica merece tener un animal de peluche ganado para ella en la feria. — dijo, con su hermosa sonrisa apareciendo otra vez. Sentí que se me debilitaban las rodillas y me tomó mucho esfuerzo no dejarme caer al piso. El era tan encantador y ni siquiera lo estaba intentando.

Nos estábamos mirando directamente a los ojos, con el silencio ensordecedor. Comenzó a inclinarse lentamente, sus labios estaban a solo pocas pulgadas de los míos. Comencé a cerrar mis ojos, rogando que lo que esperaba que estuviera a punto de pasar fuera cierto. Sus labios estaban literalmente a solo un suspiro de los míos cuando sentí algo corto e irritante tirando de mi brazo.

— ¡Vamos, iremos a la casa embrujada! — Alice exclamó emocionada. Tenía la peor sincronización. Realmente quería golpearla en ese momento.

— No me gustan las casa embrujadas. — me quejé, mientras me empujaba con ella.

— Bueno, te protegeré, si quieres, Bella. — dijo Edward al lado mío. Su mano toco la parte baja de mi espalda, haciendo que mi corazón latiera ruidosamente en mi pecho. Estaba sorprendida de que él no pudiera oírlo.

— De acuerdo…— dije. ¿Cómo podía negarme ante eso?

Como era Halloween, la fila que era más larga era la de la casa embrujada, haciéndonos esperar mas tiempo que los usuales diez minutos. Había música sonando fuertemente por toda el área. Podía ser una extraña mezcla. Había canciones de rap, heavy metal, canciones de música country, luego algo de los '50. Pero no era horrible. De hecho escuché un montón de canciones que me gustaban.

— ¡Oh! ¡Amo esta canción! — Alice aplaudió fuertemente, soltando risitas. Alice, siendo Alice, no era para nada tímida. Comenzó a bailar, más bien frotarse, contra Jasper. No le tomo¿ó mucho a Rosalie unírseles también. Me reí, viendo su tonta exhibición.

— Me siento excluido. — una suave voz dijo detrás de mí. — ¿No supondría que bailarías conmigo?

Me giré hacia él, mordiéndome el labio. — Soy terrible bailando y no quiero que pierdas un dedo del pie, o algo así.

— ¿Por favor? — preguntó Edward, mirándome por debajo de sus pestañas.

— Honestamente, no se como se baila este tipo de música. — le dije, intentando pensar en otra excusa para no bailar. No era que no quería, sino que no quería lastimarlo o hacerme quedar como una tonta. Pero, si él era igual que su hermana, entonces ya sabía que estaba perdida.

— No es tan difícil, lo prometo. Déjame mostrarte. — sin ninguna palabra más, me dio la vuelta. Colocó sus manos en mis caderas, presionando mi espalda contra él. Con sus caderas, rodillas y manos, me presiono en un estable rito. — Ahí lo tienes. Para nada difícil, ¿verdad?

— No. — chillé.

Continuamos bailando juntos, con sus manos deslizándose hacia mi cintura. Mi cabeza se reclinó contra su hombro sin mi permiso. Me encontré con un sonriente Edward. Decidí intentar hacer algo que una vez vi que Alice lo hacía. Rogué mentalmente que no golpeara accidentalmente a Edward en el rostro. Levanté mi brazo suavemente. Él pareció darse cuenta que era lo que yo estaba intentando hacer porque su mano se deslizó por mi costado y hacia mi brazo, guiándolo hasta que mis dedos estaban descansando en la parte de atrás de su cuello.

— Hey, chicos, es nuestro turno. — dijo Alice, llamando mi atención.

Me ruboricé, desviando la mirada rápidamente, mientras me alejaba de él. Me estaba divirtiendo mucho con esto. Edward no parecía estar avergonzado para nada. Me ofreció su brazo. — ¿Vamos?

Asentí con la cabeza, levantando el oso que había dejado en el suelo. Deslicé mi brazo alrededor del de él. No estaba esperando esto. Era bastante nerviosa. Nunca me gustaron mucho las casas embrujadas. Aunque, parecía ser la única.

Lentamente solté el brazo de Edward mientras entrabamos. Caminé frente a él, deseando poder correr a través de esta cosa o simplemente dar la media vuelta. Sabía que lo estaba por pasar. Alguien saltó, gritándome fuerte. Grité y me giré, corriendo directamente hacia Edward. Sus brazos fueron alrededor de mi cintura fuertemente, sosteniéndome contra él. — Todo está bien. — me silenció suavemente — ¿Por qué no sostienes mi mano? Te prometo que te mantendré a salvo.

Asentí con la cabeza y tomé su mano. Ojalá ninguno de los dos hubiera tenido guantes puestos, así era piel con piel. Estaba más que curiosa de saber como se sentiría. El resto de la casa no era casi nada aterradora. Estaba demasiado envuelta en el hecho de estar tan cerca de él. Cada vez que había un poco de luz, me ponía estudiar sus facciones, pero cada vez que lo hacía él estaba mirándome a mi.

Estábamos casi libres y limpios. Ya no podía oír a Alice o al resto. Debían de haberse perdido en el laberinto en la parte del medio. Podía ver la luz viniendo desde la salida. Comencé a apurar el paso, lista para salir. De repente, algo salió del techo y casi choco directamente con el. Chillé, retrocediendo. No estoy segura en que se me atascó el pie. Me preparé para una caída para finalmente no llegó. Luego de un momento, abrí los ojos, uno por vez.

— ¿Estás bien? — preguntó Edward. Sus brazos estaban fuertemente a mí alrededor.

Intenté ponerme de pie, pero no pude. Mientras intentaba poner presión en mi pie izquierdo, dejé escapar un silbido bajo de dolor. — Me duele el tobillo.

Sin decir nada más, Edward puso su brazo debajo de mis rodillas y me levantó en vilo. Caminó decididamente fuera de la casa y hasta en banco más cercano. Se sentó en él conmigo en su regazo. — ¿Cual es?

— El izquierdo. — me mordí el labio, intentando no llorar.

Cuidadosamente desató mi bota y me la sacó. Me sacó mi media y la colocó a un costado. Delicadamente, pasó sus dedos sobre mi tobillo. — Mueve tus dedos.

Hice lo que me pidió y sentí el dolor corriendo a través de mi pie. Comencé a llorar suavemente, las lágrimas se derramaban por mi demasiado frio rostro. — Me duele, pero no creo que esté roto.

— Creo que tienes razón. Seguro que estará bien en un par de días. — levantó la mirada suavemente y frunció el seño, subiendo su mano hacia mi mejilla. — No te preocupes, estarás bien.

— ¡Oh, Dios mío! Bella, ¿estás bien? — Alice chilló, mientras corría hacia mí.

— Me lastimé el tobillo. — dije planamente, sin querer decir más por miedo que mi voz de quebrara.

— Papá no va a trabajar hasta alas once, así que iré a llevarla a casa para que él pueda examinarla. — explicó Edward.

— Iremos todos. — dijo Alice rápidamente.

— ¡No! — dije, algo fuerte, insegura de contra quien estaba protestando. No quería ser una molestia y arruinarle la noche a nadie. Me sentaría en este banco hasta que todos estén listos para irse, no me molestaba.

— No te preocupes, Alice. Ya quería irme, de todos modos. ¿Por qué ustedes no se quedan y pasan un buen rato? Yo cuidaré de Bella.

— Solo si a ella le parece bien. ¿Lo está? — me preguntó Alice, con largos y redondos ojos.

— Por supuesto. Fundan el lugar por mí, ¿de acuerdo? — le dediqué una sonrisa aguada.

Luego de que ella accediera, Edward me cargó hacia su coche, conmigo abrazando mi oso de peluche y mi bota. Me sentía bastante tonta. No estoy segura de cómo abrió el coche pero pronto estaba dentro, con el asiento reclinado hacia atrás ligeramente. Él se apuró a su lado, metiéndose rápidamente. Subió la calefacción y comenzó el rápido camino hacia su casa.

Intenté moverme para sentirme más cómoda en el asiento, pero accidentalmente puse presión en mi pie. Dejé escapar un silbido y las lágrimas volvieron. Me mordí el labio, rogando que Edward no lo notara. Aunque, por supuesto que si lo notó.

— ¿Estás bien? — preguntó, su mano alcanzando la mía. Comenzó a frotar calmantes círculos en mi piel, calmándome completamente.

No quería que nos dejáramos de tocar. Era tan… íntimo. Sabía que solo estaba intentando consolarme, pero era lindo. Cuando el coche se detuvo, ni siquiera me di cuenta. Edward me miró, nuestras manos aun conectadas. Sonrió ligeramente, sosteniendo mi mirada mientras comenzaba a inclinarse hacia delante. Pensé que iba a besarme, pero por supuesto me equivocaba. Desabrochó mi cinturón de seguridad.

Era solo mi activa imaginación. Eso era lo que yo quería, entonces lo creaba. Usualmente, me gustaba vivir en mi propio mundo, pero hoy era irritante.

— No te muevas. — me ordenó en una voz firme, antes de salir del coche. Corrió hacia mi lado, abriendo la puerta para mí. Como antes, deslizó sus brazos debajo mío y me sostuvo contra él.

— Puedo caminar, lo sabes. — dije, algo jadeante.

— No, tú puedes saltar. Y no quiero que te caigas y te rompas la cara. Así que, silencio. — me reprochó juguetonamente.

Edward abrió la puerta frontal y me hizo entrar, cerrando la puerta con su pie. El ruido hizo eco a través de la casa. — Hey, chicos, llegaron temprano a casa… — escuché la voz de Carlisle, pero se detuvo rápidamente. Se apresuró a través de la sala de estar, ya vestido con su ropa de trabajo, un juego de un brillante conjunto azul. — ¿Qué pasó?

— Se cayó. Parece ser que tiene un esguince en el tobillo izquierdo. La hinchazón y las magulladuras son menores, pero quería traerla hacia ti para asegurarme que estaba bien.

— Súbela hacia mi estudio. La revisaré allí. — Carlisle ordenó, corriendo a buscar su maletín. Edward me cargó por las caleras como si no pesara nada. Estaba sorprendida con lo fuerte que era. Cuidadosamente, me sentó en el sillón de cuero, esperando a que regresara su padre. — Bueno, Bella, debo decir que tienes suerte de haberte caído cerca de un estudiante de medicina, el cual tiene un padre médico. — bromeó Carlisle.

— Suerte para mi, mala suerte para ti. — sonreí, intentando ignorar mi zumbeante pie.

Carlisle me sonrió cariñosamente, luego se inclinó hacia abajo y comenzó a examinar mi hinchado tobillo. Dobló mis dedos en diferentes direcciones, presionando la sensible piel con sus frio dedos. — Edward, creo que tienes razón. ¿Por qué no bajas y me traes una bolsa con hielo junto con sus cosas? Creo que están junto a la puerta.

Edward asintió y salió rápidamente por la puerta. Era un poco extraño estar sola con su padre, aunque él me agradaba y yo lo respetaba mucho. Así que decidí hacer una conversación. — ¿La Sra. Esme no está en casa?

— No, pasará la noche en Seattle. Es una de los jueces del evento de caridad de los bailes de disfraces. Se supone que ella debe elegir el mejor disfraz femenino. Decidió quedarse por el fin de semana y quedarse con algunos de sus amigas de la universidad. — explicó, riendo. — Ella quería que yo también fuera, pero como puedes ver, trabajo de noche este fin de semana. Creo que Halloween asusta a algunos de los nuevos doctores.

— Es una lástima, sonaba bastante divertido. — dije, mirándolo envolver mi tobillo cuidadosamente. Lo hizo perfectamente, no demasiado apretado, tampoco demasiado suelto.

— Bueno, ella debe tener un tiempo para ella sola de vez en cuando. Además, tenemos Año Nuevo. — dijo, con una avergonzada sonrisa en el rostro.

— Traje la bolsa de hielo. Llevé sus cosas a mi cuarto. — Edward entró, colocando suavemente la bolsa de hielo sobre mi pie.

— ¿Tu cuarto? — tartamudeé.

— Si, yo duermo en el sillón. — Carlisle lo miró con las cejas levantadas. Edward lo miro por un momento, recordando que su padre estaba en la habitación y que probablemente debía explicar sus razones un poco mejor. — ¿Qué? Alice patea cuando esta dormida. Probablemente debas tener que arreglar el tobillo roto de Bella y la nariz rota de Alice por la mañana.

Carlisle rió. — Quizás tengas razón en eso. De acuerdo, ¿Por qué no vas y la llevas a tu cuarto? Yo iré en un minuto con algunos analgésicos. Bella, quizás quieras alistarte para dormir porque las pastillas te harán sentirte cansada.

Asentí con la cabeza, intentando ponerme de pie. — Oh, no, no lo harás. — dijo Edward, rápidamente levantándome en sus brazos otra vez. — No harás más daño.

Me cargó los dos cuerpos más de escaleras hasta su cuarto, el cual estaba solo en ese piso. Solo había estado en él una vez y eso fue solo cuando Alice estaba buscando algo. Era un lugar hermoso, la mayoría era dorado y negro. Estaba instalado con sillones de cuero con una gran pantalla plana en frente. Sus CD de músicas estaban en hileras contra la pared, mostrando sus gustos. Me sentó en su cama de dos plazas y cuidadosamente trajo mi bolso hacia mí. — Tú te cambias aquí y yo iré al baño. ¿De acuerdo? ¿Necesitas ayuda?

Me ruboricé de un rojo brillante, tratando de aclarar los sucios pensamientos de mi cabeza. — No, estoy bien. Gracias.

Fue hasta su guardarropa y sacó unas cuantas cosas y se dirigió hacia el baño. No estaba segura cuanto tiempo tenía así que me desvestí rápidamente. Solo había traído mi short y una camiseta sin mangas, no pensaba que iba a estar cerca de… nadie realmente. Suspiré y me los puse. Me sentía muy expuesta. Estaba cepillando mi pelo, cuando Edward salió del baño.

— Wow. — respiró.

— ¿Qué? ¿Tan mal? — le pregunté, bajando la mirada hacia mi.

— No, para nada. Um, tienes un cabello realmente largo. Es lindo. — dijo, apresuradamente. Caminó hasta su TV rápidamente, como si estuviera pensando en algo. — ¿Quieres mirar una película? No estoy realmente cansado.

— Claro. Sería lindo. Tú elige. — le sonreí, rebotando hasta el gran sillón de cuero. El agarró algo y lo colocó en el reproductor de DVD. Fue hasta su cama y se inclinó, y pensé que él se iba asentar allí, para mi decepción, pero en cambio tomó una almohada y volvió hacia mí.

— Es mejor que mantengas tu pie en alto. — me explicó, mientras acomodaba todo por mi, incluso coloco mi pie en la almohada que pasaba a estar justo en su regazo. Me recosté un poco, intentando ponerme cómoda mientras la película empezaba.

Hubo un suave golpe en la puerta. Carlisle metió la cabeza. — ¿Estás bien? — preguntó, mientras entraba.

— Adolorida, pero estaré bien.

— Toma estas. — me dio una pastilla y un vaso de agua. — Tomará una hora para que haga efecto pero ayudará bastante. Edward, ¿no te importa cuidarla?

— Será un placer. — Edward me sonrió. — Estábamos por ver una película

— Bien, entonces, diviértanse. Tengo que ir a trabajar ahora. Si el dolor empeora, quiero que vayas hasta el hospital de inmediato, ¿de acuerdo?

— Si, señor. — le sonreí — Gracias.

— Cuando quieras. Sabes que eres mi paciente favorita. — bromeó, dándome una palmadita en el hombro — Los veo por la mañana, chicos.

— Hey, papá, ¿puedes apagar las luces cuando salgas? — preguntó Edward, poniéndose más cómodo en su lugar, mientras comenzaban los créditos de la película.

La habitación estaba casi completamente negra con las luces apagadas, la única que luz que venía era de la TV. Un hombre lobo americano en Londres comenzó en la pantalla y yo miré hacia Edward, sonriendo malignamente. — ¿De verdad?

— ¿Qué? — preguntó avergonzado — Es Halloween.

Puse los ojos en blanco, pero no me quejé más. No había visto esta antes, sola la más nueva en París. Aunque no era capaz de mirar la película porque comenzó a darme frio. Me estremecí, intentando frotar mis brazos para mantenerme cálida.

Por supuesto que Edward lo notó. Se levantó sin decir una palabra y literalmente me levantó, acomodando mi pie y la almohada. Fue hasta su cama y sacó el acolchado y caminó hacia mí. Se sentó a mi lado y envolvió la manta alrededor de ambos. — ¿Mejor? — preguntó.

— Mucho. — dije. Podía sentir el calor viniendo de su cuerpo. Era casi demasiado para mí. Edward puso su brazo en la parte trasera del sillón, mirando la película otra vez.

Finalmente comencé a relajarme y a mirar la película. Pero, por la misma razón que no me gustan las casas embrujadas, no me gustan las películas de terror tampoco. Chillé fuertemente, y me giré en el hombro de Edward. Sus brazos estaban esperándome, parecía. Me envolvió fuertemente, dejándome esconder mi rostro en su hombro.

— Shh, ya casi termina. — susurró. Su respiración rozó mi oreja, causando que me estremeciera de placer. Debía morderme el labio para no gemir.

Retrocedí un poco para poder mirarlo y me di cuenta, al igual que muchas veces en la noche, él estaba a solo unos pocos centímetros. Podía ver a sus ojos centellar, incluso en la tenue luz. Su agarre en mi se hizo mas fuerte por un momento y luego algo increíble paso. Me besó.

Nuestros labios se estrellaron juntos con una fuerza increíble. Sus dedos se enredaron en mi pelo, sosteniéndome contra él. No podía evitar hacer lo mismo. Quería sentir su hermoso y suave pelo a través de mis dedos. Tiré de sus cabellos suavemente, causando que gimiera.

Sus labios eran mágicos mientras continuaba su maravilloso ataque en mi boca. Cuidadosamente, nos dio la vuelta así yo estaba acostada sobre mi espalda y Edward estaba encima mío. Nuestros labios nunca se separaron mientras el estaba apoyado entre mis piernas. Pensamientos sucios flotaban en mi mente y deseaba que no tuviéramos nada de ropa puesta. Así podía sentir cada centímetro de él presionado contra mi cuerpo.

El beso no era el primer beso que había imaginado. Era mejor. Me había imaginado algo torpe, e incómodo pero este… era fantástico. Él era respetuoso con mi cuerpo y a la vez me hacia sentir deseada. Los besos de Edward eran intensos, al igual que él. Nunca podía haberme imaginado nada así de perfecto.

Ligeramente chupó mi lengua dentro de su boca, masajeándola con la suya. No era una sensación que yo estaba esperando y el shock que corrió a través de mi cuerpo me sorprendió aún más. Sin siquiera pensarlo, mi cuerpo reaccionó, empujándome más cerca de él. Por supuesto, usé mi tobillo herido.

Gemí en protesta al dolor. Edward se alejó al instante y colocó su cabeza en mi hombro, jadeando.

— Lo siento…. — tartamudeó. — Voy demasiado rápido. Simplemente quería hacer eso toda la noche.

Quería explicarle que él no estaba yendo muy rápido. Que me encantaba lo que estaba haciendo y que era mi estúpido tobillo lo que estaba causando todo el problema. Aunque, no sabía por dónde empezar. — Edward… — dije, sin aliento.

Levantó la mirada, esperando a que yo dijera algo. Lucía como un cachorro golpeado en ese segundo, como si estuviera seguro que yo le diría que se esfumara en cualquier momento. Debía hacer que esa mirada desapareciera.

Así que hice lo que mejor podía. Envolví mis dedos en su hermoso cabello y empujé su boca hacia la mía, encontrándola en mitad de camino. Gimió audiblemente contra mi boca, su agarre en mi cintura aumentó un poco.

Quería sentirlo más cera a mi. Quería sentir su peso en mi cuerpo. Envolví mi pierna buena alrededor de su cintura, apretándolo más cerca de mi. Gemí cuando sentí algo duro frotarse en el centro de mis piernas. Nunca había sentido una fricción como esta y era divina. Comencé a mecer mis caderas hacia atrás y adelante un poco, gimiendo contra su boca con cada pase.

Su mano se deslizó de mi cintura hasta mi muslo, estirando sus dedos en mi piel desnuda, mientras llegaba hasta mi rodilla. La tomó, ajustándose un poco bruscamente. Gemí fuertemente, mi cabeza cayendo hacia atrás con la hermosa sensación. Sus labios viajaron por mi mandíbula y hacia mi cuello, donde concentró su dulce tortura.

Nuestros labios se movían al mismo tiempo que los otros, causando que los dos gimiéramos y jadeáramos. Su mano se deslizó arriba y hacia abajo en mi muslo, masajeándolo con sus dedos. — Sabes tan rico como hueles, Bella. — susurró en mi oreja.

Estaba a punto de responderle cuando escuché otra vez mi nombre, pero no de los labios de Edward. — ¡Bella! ¿Dónde estás? ¿Estás bien? — gritó Alice, desde algún lugar de la casa.

Edward gimió fuertemente y antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba pasando, él estaba sentado otra vez, con mi pie en su regazo y la manta sobre nosotros otra vez. Me sonrió con disculpa, su mano descansaba en mi rodilla por debajo de la manta. — Luego. — susurró, antes de que Alice entrara en la habitación, sin molestarse en golpear antes.

— ¡Ahí estás! ¿Qué haces acá arriba? — preguntó Alice, con las manos en las caderas.

— Ella va adormir aquí esta noche. Tú pateas mucho cuando duermes. — dijo Edward, tranquilamente.

— Oh… — murmuró Alice, un poco abatida. Caminó hasta el sillón y se sentó, poniendo mi cabeza en su regazo. — ¿Qué están mirando?

— ¿Dónde está Jasper? — preguntó Edward, agriamente.

Alice estaba enredando sus dedos en mi cabello, jugando con ellos. — Se fue a casa. Tiene que levantarse temprano por la mañana. Y antes de que preguntes, no se dónde están Emmett y Rosalie, pero estoy bastante segura que cualquier cosa que estén haciendo, no involucra ropas.

— Demasiada información. — suspiré, mirando al techo.

— Dímelo a mí. — rió Alice — Bueno, ¿qué estamos mirando? — repitió.

Así que termine tirada encima de dos Cullen, sin realmente mirar la película. Mi mundo estaba comenzando a ir hacia dentro y afuera, mis ojos se cerraban. Entre que Edward me frotaba la rodilla y Alice me acariciaba el pelo estaba sorprendida de que hubiera durado cinco minutos.

Comencé a soñar con la boca de Edward sobre mi otra vez. Era tan vívido. Quizás eran los analgésicos que Carlisle me había dado. Debía agradecerle por eso luego. De algún modo nuestras ropas se habían ido perdiendo y estábamos hacienda algo más que solo besarnos… gemí fuertemente, sintiendo el placer corriendo a través de mí completamente.

— Bella, ¿estás bien? ¿Te duele el tobillo? — preguntó Alice, mientras me despertaba.

Me ruboricé fuertemente, odiando el hecho de que hablara en sueños. Al menos no había dicho mucho. — No, estoy bien.

— Alice, creo que debo llevarla la cama. — dijo Edward, sacando cuidadosamente mi pie de él, mientras se paraba.

— ¿Esa es una indirecta para que me vaya? — preguntó.

— No, soy yo diciéndotelo directamente. — dijo sarcásticamente.

— Bien, bien, bien. — murmuró Alice, inclinándose para besar mi sien. — Estaré abajo si me necesitas. Te veré en la mañana. Siento mucho lo de tu tobillo.

— Probablemente me hubiera pasado de todos modos. — razoné con ella. — Me divertí mucho esta noche, de todos modos.

— De acuerdo, Bella, te veré en la mañana. — repitió. Alice bailó hasta la puerta, lanzándole un beso volado a su hermano, el cual le cerró la puerta. Incluso le echó el seguro. Solté unas risitas, reclinando mi cabeza en el sillón para poder mirarlo. Él me estaba sonriendo.

No podía creer lo rápido que se podía mover Edward. Un segundo él estaba contra la puerta, y al otro segundo estaba inclinado en el brazo del sillón, besándome. Estábamos volteados en dos direcciones completamente distintas, pero eso no parecía alterar lo increíble besador que era. Enterré mis dedos en su pelo. Cuando comenzó a chupar mi labio inferior pensé que iba a morirme. Gemí fuertemente. Comenzó a descender sus besos hacia mi barbilla, mordiéndola juguetonamente, mientras bajaba hacia mi cuello. Parecía que iba a continuar su viaje hacia abajo, pero de repente, se detuvo, descansando su frente contra la mía.

Cerró sus ojos. — Me voy al infierno. — Edward murmuró para si mismo.

— ¿Por qué? — reí.

— Porque me estoy aprovechando de una chica drogada.

Me reí otra vez. — Edward, por favor. No estoy tan drogada. Si mi tobillo no estuviera herido ahora, estaría de pie intentando sacarte las ropas, justo como en mi sueño.

— ¿De verdad? — preguntó estirando las palabras, una larga sonrisa torcida se extendía por sus hermosas facciones.

Me di cuenta lo que había dicho bastante tarde. Cerré mis ojos fuertemente, ruborizándome con intensidad. — Bueno, quizás si estoy un poco drogada. No puedo creer que haya dicho eso. No tengo filtro.

— No, no, no. Quiero escuchar acerca de ese sueño tuyo. — sacudí al cabeza ante su pedido. Ya había dicho demasiado. Acerco sus perfectos labios a mi oreja. — ¿Por favor?

— Edward… tengo vergüenza. — admití, mordiendo mi labio inferior.

— ¿Por qué? — preguntó. Edward vino alrededor del sillón y me recogió en sus brazos. Me cargó hasta su cama y me acostó en el centro.

— Es… — empecé, pero no estaba segura como terminar.

No podía evitar mirar a su perfecto trasero mientras caminaba de vuelta al sillón. Tomó la manta y la puso al pie de la cama. Luego, gateó en la cama hacia mí. Estaba segura de que lo estaba mirando con la boca abierta, así que me aseguré de cerrarla cuando él se acostó a mi lado. — ¿Qué era, Bella? Prometo que no me reiré. — me aseguró, acariciándome la mejilla.

— No estoy preocupada porque te burles de mí. Estoy preocupada por no quedar como una tonta. — corregí.

— ¿Qué tengo que hacer para asegurarme de que no te preocupes por eso? — preguntó, pasando sus manos por mi mejilla y mi barbilla. Me encogí de hombros y aunque el hizo un puchero, Edward asintió. — No voy a presionarte, pero de verdad quiero saber.

— Gracias. — respiré.

Bostecé suavemente, sintiéndome realmente cansada. Casi sentía como si mis músculos estuvieran desconectados de mi cuerpo. Edward rió entre dientes y se inclinó para besar mi mejilla. — Te dejaré que duermas.

Comenzó a ponerse de pie e instantáneamente reaccioné. Agarré su brazo. — No, quédate.

— No quiero hacerte sentir incómoda.

— No quiero que duermas en el sillón y ya que no me dejas dormir allí, solo hay una cosa que podemos hacer. Dormir juntos. — no me di cuenta de cómo sonó eso hasta el momento en que salió de mis labios. Él iba a pensar que era una ramera o algo así. Honestamente, si él me pedía que me sacara la ropa lo haría en un segundo. — Además, será una noche fría. Podemos mantenernos calientes el uno al otro. — intenté clarificar, pero lo hice mucho peor.

Podía darme cuenta que él estaba luchando para no sonreír. — Bella… — dijo mi nombre suavemente.

— ¿Si?

— Ya puedes dejar de hablar, si quieres. — sonrió, sus ojos brillaban juguetonamente. Pasó su pulgar sobre mis labios, causando que mi respiración se agitara.

— Gracias. — murmuré, avergonzada.

— Creo que es una buena idea, de todos modos. Pareces estar algo… fría. — dijo, sus ojos viajaban por mi cuerpo de manera evaluativa. Me tomó un momento darme cuenta a lo que se refería, y automáticamente crucé los brazos en el pecho. No tenía nada que ver con el clima. Se rió entre dientes. — ¿quieres que te traiga algo más cálido para que te pongas?

— No. — sacudí la cabeza — Creo que una vez que nos metamos debajo de la frazada, estaré bien.

Sonrió y nos tiró la manta encima, envolviéndola fuertemente alrededor de nosotros. Se acurrucó cerca de mí, colocó su brazo alrededor de mi cintura. Edward besó suavemente mi cuello, respirando profundamente. — Buenas noches, amor.


¡Hola! ¿Cómo están? Tal como había dicho antes, aquí les traje una nueva traducción, de la maravillosa autora Jayeliwood. Tenía este capítulo ya hecho pero no había tenido tiempo de poder editarlo aún, ayer por fin lo logré. Es una historia que solo consta de seis capítulos, es muy dulce, divertida y llena de lemmons, estan advertidos... :)

Bueno, espero que les haya gustado y continuen leyendo. Pueden ir a mi profile y mirar mis otras traducciones también.

Gracias por leer!

Day.