Esta historia se llama The Halloween Fair y pertenece a Jayeliwood, yo solo la traduzco con su permiso.


Dos meses después…

Edward y yo hicimos todo rápido. No es que me molestara. Pasamos cada fin de semana juntos y hablamos por teléfono todos las noches que no estábamos juntos. Estábamos completamente envueltos en el otro. Él era mi mundo ahora. Y yo sabía que yo era el de él. No había mejor sentimiento en el mundo.

Pasé Navidad con los Cullen, lo cual fue un evento alocado. Ellos nunca hacían cosas pequeñas. Pero, la mejor parte de la noche fue cuando Edward y yo nos retiramos a su cuarto.

Subimos a su habitación, llevando tazas de chocolate caliente con nosotros. Todas las parejas estaban hacienda lo suyo. Ya teníamos el regalo del otro allí arriba. Edward tenía su mano en la parte baja de mi espalda mientras caminábamos. Parecía que siempre nos estábamos tocando de algún modo. No se sentía bien si no lo estábamos haciendo.

Nos sentamos en el sillón en silencio, envueltos en una manta, tomando nuestro cacao. Edward tenía un brazo envuelto alrededor de mis hombros, mi cabeza estaba apoyada en la suya. Estaba por la mitad cuando Edward tomó la taza de mis manos y la colocó a un lado.

Levanté los ojos hacia él, con una curiosa expresión en mi rostro. Él me sonrió ligeramente. —Lo siento, estoy impaciente.

Solté unas risitas —Mi regalo no es tan espectacular.

No, no por eso. No puedo esperar a darte el tuyo —declaró Edward, poniendo los ojos en blanco de manera dramática.

Sabes que no tenías que darme nada —le dije, con seriedad.

Él puso los ojos en blanco otra vez. —Shh, ¿okay? Simplemente disfrútalo. Haz eso parte de mi regalo, ¿por favor?

Suspiré pesadamente, pero asentí con la cabeza —De acuerdo.

Él sonrió y fue a buscar mi regalo. Era una cajita pequeña que me asustó. Pequeño para los Cullen significaba que costaba… un montón. Me mordí el labio para evitar quejarme. Edward se sentó a mi lado y tiró de mi hacia su regazo. Envolvió ambos brazos a mi alrededor de manera segura, su barbilla descansaba en mi hombro. Colocó la pequeña cajita azul en la palma de mi mano —Ábrelo —susurró, mientras retiraba el pelo de mi hombro.

Edward… —comencé, pero él, suavemente, comenzó a mordisquear mi oreja, silenciándome.

Ábrelo, por el amor de Dios, Bella. No te va a morder. Pero, quizás yo sí lo haga si no te apuras —bromeó.

Suspiré pesadamente y saqué el blanco moño de la caja, luego retiré la tapa. Lancé un grito ahogado cuando vi lo que estaba dentro. —Edward…

Sacó el brazalete y lo aseguró alrededor de mi muñeca. Giró el encantador corazón para que pudiera leer el grabado. "EC+IS".

Bueno, pensé en gritarlo desde el techo más alto, pero eso me alejaría de tu lado por mucho tiempo. Luego pensé en grabarlo en un árbol, pero, ya sabes, es malo para el medio ambiente. Así que decidí que sería más fácil grabar en plata que te amo.

Me giré en sus brazos y lo besé con fuerza, causando que riera. —Edward, ¡eres tan cursi! —reí con felicidad entre besos.

Justo lo que todo hombre quiere escuchar cuando confiesa su amor… —él dijo, poniendo los ojos en blanco.

Tomé su rostro y colisioné mis labios contra los suyos —Yo —beso —Te —beso —Amo —beso —Mucho.

Él rió, tomando mi cabello así podía estirarme hacia atrás. Sus intensos ojos verde quemaban en los míos —¿De verdad?

Puse los ojos en blanco. —Si. Por supuesto que sí. Te amo, Edward.

Oh, Bella… —él dijo, pasando los dedos por mi mejilla.

Ahora, es tiempo de mi regalo —dije, a punto de saltar de su regazo para tomarlo. Él tomó mi cintura firmemente, manteniéndome en el lugar.

Después. Quiero besar a mi hermosa novia ahora…

Me recostó en el sillón, casi como lo había hecho la primera noche, y comenzó a besarme. No. Era más que eso. Era asombroso. El modo en que sabía, el modo en que me tocaba… no podía estar más feliz.

No hicimos el amor esa noche, incluso aunque ambos de verdad, de verdad queríamos hacerlo. Hablamos sobre eso. Pero, Edward dijo que tenía algo especial planeado para nosotros. No iba a discutir con él. Él me avisaría cuando estuviera listo. Yo era suya cuando él me quisiera.

Estaba alistándome en la habitación que habíamos reservado en el hotel esa noche. Era la noche de Año Nuevo y la Universidad de Washington estaba teniendo una fiesta formal. Edward reservó una de las suites apenas se enteró, aparentemente. No sabía de que otro modo él hubiera conseguido una habitación así. Él ya estaba abajo. Dijo que tenía unas cosas que hacer antes de que la noche acabara.

Odiaba el vestido que Alice había escogido. La odiaba más por haberlo escogido. Era un… tubo. Era apretado, abrazando mi cuerpo. Era un brillante vestido azul con lentejuelas que llegaba hasta mis muslos, unos cuantos centímetros arriba de mi rodilla. Mis pechos estaban presionados hacia arriba de manera incómoda, por el sujetador sin breteles que ella me dio. Y, la urgencia de sacarme la tanga y dejarla detrás, era casi abrumadora. Iba a tener que asesinarla. De manera lenta y dolorosa. Ella tenía suerte de estar a dos horas de distancia de mí en este momento.

Alisé mi cabello y me coloqué el maquillaje. Finalmente, unté un poco de perfume en diferentes lugares de mi cuello y mis muñecas. Estaba tan nerviosa que mis rodillas estaban temblando. No estaba segura de qué pensaría Edward de esto. Habíamos salido en algunas citas, pero siempre estábamos de jeans. Nunca me había vestido así para él antes. Aunque, sabía que él si iba a lucir muy bien. Él lucía tan bien sin importar lo que estuviera usando. Pero, la idea de él usando un esmoquin era… intoxicante.

Bajé en el ascensor, jugueteando nerviosamente con mi vestido. Seguía estirándolo hacia abajo, deseando que mágicamente se hiciera más largo. Pero, tan pronto como las puertas se abrieron, nada de eso importó.

Edward estaba de pie en el vestíbulo hablando con alguien, y usando un esmoquin. Él estaba hablando y riendo, sonriendo por algo. Lucía espectacular. Salí del ascensor y comencé a caminar hacia él, determinada en tener mis brazos a su alrededor.

Un segundo después de que me viera caminando hacia él, su sonrisa se amplió. Dejó a la persona con la que estaba hablando sin decirle una palabra, y comenzó a caminar hacia mí. Nos encontramos en la mitad.

—Te ves asombroso —dije, sonriéndole. Me sentí enteramente ruborizada.

—Mira quién habla. Santo Dios. Simplemente volvamos a la habitación ahora —suspiró, sus manos yendo hacia mi cintura.

Reí, mientras él me acercaba y comenzaba a dejar besos a través de mi hombro —¿No quieres bailar conmigo? —pregunté.

—Nu uh —murmuró en respuesta, besando la base de mi cuello.

—¿No quieres estar aquí para la cuenta regresiva? —intenté nuevamente.

—No —suspiró pesadamente contra mi oreja.

—¿No quieres presumir de tu sexy novia y darle envidia a todos tus amigos? —pregunté sarcásticamente, poniendo los ojos en blanco mientras lo hacía.

—Bueno, supongo que hay tiempo para eso —rió entre dientes mientras chupaba mi lóbulo —Además, quiero fotos tuyas con ese vestido.

—Si, mejor que tengas fotos. Nunca más voy a usar esto otra vez —murmuré, mientras él comenzaba a tirar de mi dentro del salón de baile.

Llevó los labios hacia mi oreja —Honestamente, estoy más interesado en cómo luces sin él.

Sentí cómo se debilitaban mis rodillas.

Bailamos, bebimos ponche, tomamos estúpidas fotos, y hablamos con sus amigos. Edward nunca se alejó de mí en la noche entera, y yo lo amé. Estábamos sentados en una de las mesas, descansando un poco, alrededor de la once y cuarenta y cinco. Estaba sentada sobre su regazo, con las piernas cruzadas, así nadie me veía nada. Una de sus manos estaba en mi muslo y la otra estaba trazando suaves dibujos en mi estómago. Su rostro estaba enterrado profundamente en mi cuello, chupándolo y cubriéndolo con besos. Estaba intentando no chillar y reír mientras lo hacía, mis brazos estaban alrededor de su cuello. Él rió, jadeante, ante mi meneo en su regazo, mordisqueando mi piel. Gemí, mi cabeza cayó hacia atrás por un momento —Oh, Edward… para-a-a… —solté unas risitas.

—¿Por qué? —preguntó, lamiendo mi lóbulo.

Abrí mis ojos y vi que había una pareja mirándonos. Por una chica de pelo rubio rojizo con furiosos ojos azules. Ella estaba de pie junto a un chico delgado y extremadamente moreno, el cual estaba susurrando furiosamente en su oído. Ella parecía estar haciendo puchero.

—Nos están mirando.

—Mm, no me importa —el sonrió de oreja a oreja contra mi piel, pero lentamente, se alejó un poco así podía mirar su reloj —Pero, tengo algo que quiero mostrarte.

Me hizo ponerme de pie y también lo hizo él —¿Qué cosa? —pregunté.

—Ya verás —sonrió, colocando un pequeño beso en mi mejilla mientras salíamos de la habitación.

Pasamos directamente junto a la pareja y escuché a la chica enfurruñarse fuertemente. Edward ni siquiera miró en su dirección. No creí que él notara a nadie excepto a mi. Su brazo estaba fuertemente envuelto alrededor de mi cintura mientras me guiaba hacia el ascensor.

—Nos perderemos la cuenta regresiva —dije, mientras él presionaba el botón hacia nuestra suite.

Él sacudió la cabeza —No, no la perderemos. Créeme. Tengo algo especial planeado —me acercó con un tirón en mi brazo, envolviéndolo alrededor de su cuello. Edward bajó sus labios hacia los míos y me besó fuertemente.

Gemí en su boca, mis manos descansaban en su cuello. Una de sus manos estaba sobre la parte baja de mi espalda, y la otra en mi trasero. Él me apretó y masajeó suavemente, la parte de debajo de mi cuerpo meneándose contra él todo el tiempo. Era bastante obvio que él también lo estaba disfrutando.

Sus ojos nunca abandonaron los míos mientras entrábamos en nuestra habitación. Me presionó contra la puerta y me besó, una mano sobre mi cabeza, mientras que la otra buscaba en su bolsillo la llave. Le tomó unos segundos encontrarla. Estaba segura de que el hecho de que mi rodilla estuviera rozando el interior de su muslo mientras mi pie se frotaba contra su pantorrilla no lo distraía para nada.

Finalmente, entramos, continuando nuestro beso. Con unas risitas, salté, envolviendo mis piernas alrededor de su cintura. Él gimió fuertemente, sus manos yendo hacia mi trasero. Vi cómo sus ojos se dirigían hacia el reloj —Diez minutos… —murmuró para si mismo.

—No podría pensar en una manera mejor de empezar un Nuevo año y terminar el Viejo —dije, mientras besaba su cuello.

—Yo si —él dijo suavemente, acariciando mi cabello —Quiero hablarte sobre algo.

—Lo que quieras, Edward —dije, alejándome un poco para mirarlo. Pasé mis dedos por la parte de atrás de su cuello, jugando con los suaves rizos de la parte de atrás de su cuello.

—Quiero hacerte el amor esta noche. Quiero demostrarte cuánto te amo. Fuiste lo mejor que me pasó este año. Y, sé que serás lo mejor del próximo, y del siguiente y del siguiente… —dijo, un pequeño rubor corriendo por sus mejillas —Si tú no quieres, lo entiendo. Pero, prefiero estar solo contigo en mis brazos que en una habitación llena de personas que apenas conozco.

—Soy tuya —presioné mis labios contra los suyos.

—Bella, quiero que lo pienses. No quiero que te arrepientas por un momento…

Presioné mis labios contra los suyos otra vez. —Como te dije el primer fin de semana, estoy lista cuando tú lo estés.

Me colocó cuidadosamente sobre mi pie, y suavemente comenzó a besar mis labios y mis mejillas. Lentamente, le saqué la chaqueta y la lancé al piso. Sus dedos se enterraron en mi cabello, acariciándolo suavemente. Sentía como si estuviera siendo venerada por él.

De algún modo, de desvistió antes que yo, sólo en boxers mientras besaba mis hombros y mi clavícula. Aunque, yo no tenía mucho de lo que despojarme. Un simple baje de cierre y no estaría en nada más que en mi ropa interior también.

El hotel estaba vivo debajo de nosotros. Podía oír los festejos y las risas mientras empezaban la cuenta regresiva para la medianoche.

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Edward me giró lentamente y cubrió mis omóplatos con besos. Una de sus manos estaba en mi estómago y la otra bajaba el cierre de mi vestido.

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Cayó hacia el piso en un bulto y yo salí de él, girándome en sus brazos así podía mirarlo. Sus labios se encontraron con los míos en un beso apasionado, mientras que sus manos se dirigieron hacia la parte de atrás de mi sujetador. Con un simple giro de sus dedos, la tela se alejó de mi cuerpo y cayó hacia el piso.

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Edward suspiró contentamente, una de sus manos moldeaba uno de mis senos. Mis pezones se endurecieron ante su tacto y yo respiré profundamente. Bajó sus labios hacia mi oreja y susurró suavemente —Me casaré algún día contigo. Te haré mi esposa.

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Me giré lentamente y vi la más dulce sinceridad en sus ojos. Asentí lentamente, no diciéndolo que sí ahora pero dejándole saber que algún día, si lo haría. Sus cálidas manos rozaron mis costados, mientras él bajaba sus suaves labios hacia mi pecho, besando ligeramente mi palpitante corazón. Lo sentí retumbando fuertemente ante su toque.

—Te amo —susurré, mientras él llevaba sus labios de regreso hacia los míos. Nunca obtendría demasiado de sus besos.

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Caminamos hacia atrás en dirección a la cama, mis rodillas doblándose mientras golpeaban el borde del colchón. Me caí hacia atrás, poniéndolo arriba mío. Él era siempre tan cuidadoso asegurándose de que no me lastimara. Ligeramente, sus labios se pasearon por mi pecho, llevando uno de mis duros pezones hacia su boca. Lo chupó por un momento, liberándolo con un tirón de sus labios.

Gemí fuertemente, presionando mis caderas contra las suyas.

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—Te deseo, por favor —jadeé, mi cabeza cayendo hacia atrás contra la almohada, mientras que él atormentaba mi otro pezón. —Te quiero dentro de mí.

Sus ojos estaban pesados con deseo, sus labios brillando con humedad —¿Estás segura?

Asentí con la cabeza, presionando mis caderas así su dura erección se frotaba contra mi húmedo centro. Era su turno de gemir.

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Tiré de sus boxers rápidamente y él los pateo hacia el final de la cama. Sus talentosas manos trabajaron mi tanga. Enterró uno de sus dedos dentro de mí sintiendo cuán húmeda estaba. Estaba empapada, el líquido ya corría por mis muslos. No necesitaba más ayuda. Ya habíamos tenido dos meses para el jueguito previo.

—Hazme el amor, Edward…

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Tomó un condón de la mesa de noche, algo que no sabía que él había puesto allí. Aunque estaba agradecida de que lo hubiera hecho. Masajeé su longitud suavemente, mientras él abría el paquete con sus dientes. Tomé el látex del paquee de aluminio y cuidadosamente, lo enrolle en él. Estaba casi orgullosa de mi misma porque lo hice la primera vez sin temblar. Él presionó sus caderas hacia delante con el toque de mi mano, sus ojos medio cerrados.

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Quería que se sumergiera dentro de mí. Quería dejar que se ahogara en mi húmedo cuerpo. Yo era suya y lo necesitaba tanto que dolía. Pero, él tenía otros planes. Bajó sus labios hacia los míos y besó ligeramente las esquinas de los míos.

Su mano trazó la línea de mi cabello, sobre mi oreja y a través de mi mandíbula. Sus ojos estaban oscuros y llenos de pasión. Comencé a jadear mientras mi corazón martillaba. De solo mirarlo me iba a venir.

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—Bella, te amo susurró suavemente mientras me miraba. Lo sentí rozarse contra mi entrada y yo levanté mis caderas para sentir más de él.

—Edward, por favor…

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Bajó su boca hacia la mía y me besó fuerte. Tomo una de mis caderas, masajeándola con la palma de sus manos. La parte de debajo de nuestros cuerpos se movían contra el otro, su larga longitud me provocaba. La sentí rozarse contra mi hinchado centro y grité, cerrando mis ojos.

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—No desperdiciaré otro segundo de mi vida sin estar dentro de ti —susurró, a un respiro de mis labios.

Con eso, se presionó profundamente dentro de mí.

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Hubo presión, pero solo por un momento. No era el tipo de dolor para el cual me había preparado. Mi cuerpo se relajó debajo de su calor. Sentí cómo mis muslos se inundaban con líquido. Edward gimió suavemente, su cabeza cayendo hacia delante mientras se enfundaba más profundo dentro de mí.

Vagamente escuché el festejo y la música abajo y los fuegos artificiales fuera de la ventana. Todo en lo que podía concentrarme era en el movimiento de nuestras caderas mientras nos presionábamos juntos. Yo era suya y él era mío.

Fue lento al principio, pero podía notar que su control decaía.

—Más fuerte, Edward. ¡Por favor! —le urgí, sabiendo que mis palabras lo descontrolaría.

Él gruñó suavemente, tomando mi rodilla y flexionándola hacia arriba. Mis piernas se abrieron ampliamente, mientras mi pierna se envolvía a su alrededor. Metiéndolo más profundo dentro de mí, se movió más rápido a un ritmo firme. Grité fuertemente, mis ojos girando hacia la parte de atrás de mi cabeza.

Sus dedos eran asombrosos, pero no se comparaban para nada con esto. Esto era perfección. Los fuegos artificiales de afuera no se comparaban en nada a los fuegos artificiales explotando frente a mis ojos. Clavé mis uñas profundamente en los hombros de Edward, gritando fuertemente —¡SI! Sí… sí… —canturreé, mi voz temblando.

Edward silbó a través de sus dientes apretados y podía notar que él quería esperar un poco más. Yo quería que perdiera el control. Teníamos toda la noche y el resto de nuestras vidas para esto. Quería que se sintiera bien ahora. Presione mis caderas fuertemente hacia arriba, mis manos tirando de sus cabellos.

—Bella —gimió, completamente perdido a sí mismo.

—Soy tuya, Edward. Todo de mí. Tómame. —le dije, tan calurosamente como me fue posible. Su agarre en mi muslo se hizo más apretado y sus ojos se cerraron fuertemente. Su boca se abrió mientras jadeaba, retorciéndose fuertemente dentro de mí.

Sus brazos parecieron volverse de gelatina en ese memento. Se cayó encima mío, su rostro enterrado en mi cuello —Eres asombrosa —me dijo, jadeante, su voz amortiguada.

Solté unas risitas suavemente —Espera hasta que tenga un poco de practica —bromeé.

Él gimió suavemente, besando un lado de mi cuello ligeramente —Va a ser un año maravilloso.


*sniff sniff*

Bueno, aquí les traigo el epílogo de la historia, tenía planeado postearlo ayer pero no me dio el tiempo.

Estoy triste de que se termine esta mini historia pero muy contenta de que les haya gustado, y le agradezco a todas las que estuvieron conmigo desde el principio y las que se sumaron después también.

No pude responder a todas sus reviews, pero sepan que leí yodas y cada una de ellas y les agradezco porque no importa el dia horrible que haya tenido porque al leer sus comentarios simepre me quedaba con una sonria tonta en mi cara, siempre me alegraban el día. Aunque a algunas de ustedes las seguire leyendo en mis otras traducciones :)

Muchas gracias nuevamente. Háganme feliz por última vez y dóganme qué les pareció. ¡Al fin tuvieron su noche! ¡Y qué noche! Nada menos que en la noche de Año Nuevo. ¿Hay algo más romántico que eso? ¿Les gustó el lemon?

¡Cuídense todas!

Day