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Cuando terminé mi habitación eran las 9 y media de la noche y decidí cenar otro bocata mientras pensaba en las cosas que tendría que comprar para el baño. Tras hacer la lista y tomar una rápida cena, volví a ponerme mi Ipod y a cantar y comencé con la limpieza del baño tras ponerme una mascarilla y coger la lejía.

*Piii* *piii* *piii*

Nuevamente la molesta alarma del móvil me despertó, esta vez, no me había quedado dormida sobre latas de pintura, sino sobre el retrete, que por fortuna estaba cerrado; pero que aun así la idea resultaba un tanto asquerosa.

Con rapidez me fui hacia mi otra casa, me duché, me enfundé unos vaqueros y una camiseta limpios y me fui a toda velocidad hacia el instituto pues ya llegaba tarde.

Tal y como supuse, llegué tarde y no me dejaron entrar en la primera clase, aun así, me sentía bien, pues la primera clase la tenía con Edward y hoy no estaba de humor para afrontar sus cambios de personalidad. No es que Edward me hubiese hecho algo más desde ayer; solo que aun estaba algo mareada por el olor a lejía y los dolores de cabeza me ponían de muy mal humor.

Cuando finalizó la primera clase, me dirigí a la siguiente y así hasta que todo el día pasó. Aunque en el descanso, las chicas se pasaron toda la media hora celebrando que hoy era el día en que iríamos a la casa encantada y diciendo de que si resistíamos toda la noche los 200 dólares eran nuestros. Aunque las pobres fueron incapaces de convencerme para ir con ellas. La verdad es que podía haber ido ya que por un día que me atrasase en la limpieza no pasaría nada, pero si iba, Alice empezaría a sacarme todas las noches y no conseguiría limpiar la casa ni en 100 años.

Al finalizar la última clase comencé a caminar hasta el aparcamiento. Para mi fortuna o desgracia no vi a Edward por ningún lado. Fortuna, porque cuando lo veía me dolía el pecho y me hacía pensar en que él nunca se fijaría en mí y desgracia porque realmente me gustaba perderme en sus hermoso ojos esmeraldas, disfrutar de sus sonrisas torcidas y ver la forma tan adorable en la que fruncía el ceño. La verdad es que deseaba que Edward volviese a tratarme como el primer día, que nunca nos hubiésemos besado y que ahora pudiésemos fingir ser amigos normales, aunque de todos modos, estoy segura de que no hubiese podido callar por mucho tiempo la tremenda atracción que Edward me producía. Para mi sorpresa y tal y como si el cielo me hubiese escuchado. Vi a Edward apoyado en mi camioneta con su ceño levemente fruncido – adorable – pero a la vez con una cautivadora sonrisa que dejaba ver sus brillantes dientes.

Pasé por su lado sin decir nada y abrí la puerta de mi camioneta intentado fingir que su presencia no me perturbaba lo más mínimo; pero ambos sabíamos que no era así, puesto que en cuanto intenté subirme en mi vehículo uno de mis pies falló y comencé a caer de espaldas. Esperé impacientes la caída en la que me abriría la cabeza; pero nunca llegué a recibir tal golpe, pues unos fuertes brazos me tomaron por la cintura y me pegaron contra algo duro y cálido.

- Parece que es una costumbre que te atrape en el aire – rió aun abrazando mi cintura

- Gr-gracias…

Fue lo único capaz de decir mientras apoyaba mis manos en su pecho y hacía un poco de fuerza para alejarme de él. Edward hizo una mueca de dolor y me soltó, la verdad era que yo no quería separarme de él y que no dejaba de maldecir la distancia que ahora nos separaba; peor si no lo hacía, no podría resistir la sensación de rendirme ante él y ante esos perfectos y suaves labios que parecían llamarme. Con lentitud – y una vez sus brazos soltaron del todo mi cintura – me giré e intenté de nuevo subirme a mi camioneta; pero su mano me detuvo y me bajó con un solo movimiento atrayéndome hacia él.

Por un momento me perdí en sus hermosos ojos que me miraban con un brillo especial y parecían perforar mi alma; pero cuando vi que iba a decir algo, me adelanté.

- Te dije que hasta que no supiese lo que sientes es mejor que me ignoraras.

- Yo… - sus ojos dejaron de estar clavados en los míos y se pasó una mano por su desordenado cabello demostrando que estaba muy nervioso - ¿sabes? Ayer hablé con Alice y me dijo algo que me hizo abrir los ojos.

- ¿Alice?

Edward asintió levemente y con decisión volvió a clavar sus penetrantes ojos en los míos; mientras, para mi sorpresa, llevaba su mano a mi mejilla y la acariciaba con infinita dulzura.

- Como decía, Alice tiene razón. Puede que te parezcas a la chica a la que amaba; pero ese hecho no significa nada; porque cuando te miro, no veo a la chica a la que amaba, sino a la dulce y linda Bella a la amo. – sus palabras me dejaron helada y aunque mis labios se abrieron no conseguí pronunciar palabra alguna por lo que Edward siguió – He de reconocer que nunca olvidaré a mi pequeña princesa pero ella me abandonó y tú apareciste en mi vida como un cometa, iluminando la oscuridad de mi vida, eres tú la que me has hecho volver a sonreír, eres tú la que me hace sentir especial, eres tú la que has conseguido que vuelva a tocar el piano, eres tú a la que quiero proteger, eres tú, la chica con la que deseo pasar el resto de mi vida, solo tú Bella. Y bueno, he de reconocer que te conozco desde hace apenas tres días; pero nunca nadie me ha hecho sentir lo que tu Bella, a nadie he amado nunca como a ti… - una hermosa sonrisa curvó sus labios mientras su otra mano subía mi rostro y con cuidado lo acunó con dulzura – Aun queda algo que debo hacer…

Y antes de que pudiese hablar o moverme, Edward unió sus labios con los míos en un beso cargado de amor y dulzura, un beso, que no tardé en corresponder a la vez que mis manos se enredaban en su sedoso cabello atrayéndolo lo más posible a mí. No había sido capaz de darme cuenta de cuando extrañaba sus labios, sus suaves manos en mi rostro – aunque ahora estaban en mi cintura pegándome a su cuerpo – y sobre todo, cuando le extrañaba a él. A Mi Edward, al chico que hacía que al fin me sintiese completa y que me había hecho olvidar a mi ángel.

Con lentitud sus labios dejaron los míos y los llevó a mi frente con infinito cariño, depositando un suave beso. Después me separó un poco de él tomando mi mentón y haciendo que mirase fijamente sus ojos.

- Este beso, no quiero que lo olvides…nunca… - rogó mientras me abrazaba y hundía su nariz en mi cabello respirando mi aroma.

- Edward… - comencé a penas en un susurró, ahora era el momento en que yo debía decirle lo que sentía, ahora o nunca – yo…te…

¡¿Fuego?! Me pregunté al ver que detrás de Edward, a lo lejos, en el bosque, había una gran columna de humo y al percatarme de que de donde salía el humo era un lugar muy cercano a mi nueva casa – la de mi tío Aro – No sabía qué hacer, tenía que decirle algo a Edward, el cual ahora me miraba con los ojos tristes y preocupados; pero por otro lado… ¡Mi casa podría estar en llamas! No, no podía quedarme a hablar con Edward, tenía que ir rápidamente a mi casa y comprobar que todo estaba bien, tenía aun mucho tiempo para hablar con Edward; pero si perdía mi casa, tendría que mudarme nuevamente a Italia o la casa que estaba arreglando; pero esta ultima aun no estaba lista.

- ¡Lo siento Edward! ¡Tengo que irme!

Rápidamente me aparté de él y me monté en mi camioneta conduciendo a toda velocidad hacia mi casa. No tardé mucho en llegar y ver que todo estaba lleno de bomberos y que el foco del fuego; para mi desgracia, era mi casa. ¿Qué haría ahora?

El fuego fue aplacado al cabo de unos veinte minutos y los bomberos me dijeron que el inicio del fuego había sido una colilla que alguien había arrojado cerca de mi casa y que por desgracia no se había podido hacer nada y la casa estaba totalmente destruida, puesto que al ser una casita de madera toda esta había sido dañada por el fuego.

No pude evitar ponerme a llorar ¿Qué haría ahora? Supongo que debería de llamar a mi tío Aro, además no solo había perdido mi casa, sino mi ropa y lo peor, todos mis ahorros, ahora ni tan siquiera tenía dinero para seguir con la reforma de la otra casa. Ahora tendría que regresar a Italia y olvidarme de la búsqueda de mi ángel, de mis nuevos amigos…de Edward…

Nuevamente me subí en mi camioneta y conduje hacia mi otra casa. Por fortuna, mi habitación ya estaba lista y aun tenía un poco de material para seguir con la reforma, aunque no podría comprar lo muebles que se habían roto tras el asesinato de mi madre; pero al menos podría pasar un par de días más en Forks y hablar con Edward de mis sentimientos por él.

Me pasé varios minutos pensando en Edward y en como lo había dejado abandonado. La verdad es que él tendría derecho a odiarme por la forma en la que le deje después de sus lindas y dulces palabras. Me sentía tan mal, en un solo día había perdido las dos cosas más importantes en mi vida a Edward y la casa que hacía posible mi vida en Forks.

Ahora ya solo me quedaban mis amigos – y eso si ellos no estaban enojados por como traté a Edward – y una casa casi en ruinas que solo me traía malos recuerdos. Sí, definidamente Forks me traía mala suerte. Tomé el móvil entre mis manos con la intención de llamar a Edward y hablar con él; pero cada vez que iba a llamar, el miedo a su rechazo me invadía y rápidamente guardaba mi móvil.

Tras darle vueltas y vueltas a que hacer como vida, decidí que lo mejor era ponerme a limpiar de nuevo e intentar arreglar la casa para poder vivir, al menos, hasta que se me acabase el dinero que llevaba en la cartera.

Nuevamente me puse mi Ipod y comencé tararear mientras recogía las cosas del baño, el cual ya estaba limpio y me metía en un pequeño despacho que tenía mi padre Charlie y que nunca dejamos tocar a Phil, ya que está lleno de los buenos recuerdos que vivimos mi padre y yo juntos.

Comencé a pintar las paredes de un color crema mientras me movía al compás de la canción de My inmortal y la tarareaba suavemente; pero para mi desgracia, el Ipod también se puso del lado de mi mala suerte y dejó de funcionar haciéndome soltar un gruñido de frustración. ¿Y ahora que haría? Sin música y solo con el cantar de los animales del bosque esta casa tan oscura era realmente espelúznate y lo fue más aun, cuando escuché murmullos en la planta baja.

Con decisión, pero a la vez temblando como un flan, tomé un palo de madera y comencé a caminar hacia las escaleras. Vi, para mi desgracia que la planta baja estaba iluminada por la luz de varias linternas y los murmullos comenzaron a sonar aun más fuertes; pero seguía sin entender lo que decían. Agarré con más fuerza la viga de madera y pisé el primer escalón haciendo que el ruido a madera sonase por toda la casa de manera terrorífica. De pronto, me cegaron la luz de varias linternas y todos gritamos a la vez la misma pregunta.

- ¡¿Quién anda ahí?!

De pronto se formó un silencio terrorífico, aunque en pocos segundos la luces de la linterna dejaron de cegarme y entonces, puede ver quiénes eran los allanadores. Cuál fue mi sorpresa, al ver a cinco personas con rostros perfectos que me miraban extrañados pero a la vez aliviados.

- ¿¡Bella?! – preguntaron los cinco a coro mientras yo terminaba de bajar las escaleras y depositaba la viga de madera en el suelo

- ¡Dios Bells! ¡Casi me matas de un ataque al corazón! – gritó Rosalie sosteniendo la mano contra su pecho

- ¡Ustedes sois los que casi me matáis a mí! – reclamé – Además, ¿Por qué estáis aquí?

- Eso debería de preguntarlo yo – reclamó Alice con los brazos en su cintura en forma de jarra - ¿No se supone que tenías cosas que hacer?

- No, Alice te equivocas – reí – yo soy la que puedo preguntar, ya que vosotros allanasteis mi casa

- ¡¿Tú casa?! – Preguntaron todos sumamente asombrados

- Bella, si no tenias dinero para comprar una casa mejor nos lo hubiese dicho y te hubiésemos acogido –Susurró Rosalie de manera compasiva

- No es eso, no es eso – negué enérgicamente con la cabeza – Esta casa no es la que compré, la que compré esta un par de manzanas mas a bajo, aunque por desgracia a salido ardiendo, por eso es que me fui del instituto tan de repente, vi la columna de humo – aclaré y vi como en el rostro de Edward se formaba una linda sonrisa y me miraba nuevamente como lo había hecho en el aparcamiento.

- ¿Entonces esta casa…? – volvió a insistir Alice

- La heredé de mi madre. La verdad es que yo nací en Forks y en esta casa es donde viví hasta mis diez años. Cuando mi madre fue…asesinada, yo me mudé a Italia con mi tío Aro y mis primos

Todos ellos me miraron con los ojos abiertos como platos y la boca que casi tocaba el suelo; pero aunque balbuceaban miles de cosas no decían nada coherente. Yo no entendía el porqué de su comportamiento, supuse era por la forma en la que narré que mi madre había sido asesinada; pero es que si explicaba más detalles no podría evitar romper a llorar y no quería mostrarme débil ante ellos.

- ¿Entonces…tú…?- comenzó Alice; pero se vio silenciada por Emmett

- ¿Tú eres la que hacía el ruido en la planta de arriba y el supuesto fantasma que se ve en los videos?

- ¿Eh?

- Bella ya sabes – sonrió Emmett – esta es la casa de la puesta, la abandonada y tétrica…

- Supongo que era yo… - susurré pensativa – como estaba con el Ipod no me enteraba cuando alguien entraba o salía de la casa así que…

- ¡Emmett no seas burro! ¡Eso no es lo que tenías que preguntar! – le regañó Alice golpeándole suavemente en la cabeza, a lo que su hermano simplemente le miro confundido – Bella – me llamó - ¿Tú eras...? ¿La hija de Reneé? ¿La que presencio como mataron a su madre?

Cuando Alice pronuncio aquellas palabras no pude evitar recordar con detenimiento cada una de las imágenes de aquella noche, y mirar a todos lados viendo aun los restos de la pelea en el suelo de la sala. Lentamente noté como algo recorría con lentitud mis mejillas y con lentitud cerré los ojos dejándole la libertad a más lágrimas de salir de mis ahora rojos ojos. DE pronto, noté algo cálido rodear mi cintura y con cuidado fui abriendo los ojos y viendo como Edward me miraba con infinito amor y me pegaba a él con sumo cariño, haciéndome apoyar mi cabeza en su pecho.

- ¿y yo era el burro? – reclamó Emmett - ¡Tú hiciste llorar a Bella!

- Yo…esto…Bella lo siento – se disculpó Alice

- No importa, solo que…bueno…en estas circunstancias en difícil no recordar – reí sin humor mirando la escena del salón y escondiéndome aun más en el pecho de Edward

- Me lo imagino… - susurró Jasper

- La verdad…es que no creo que seas capaz ni tan siquiera de imaginarlo Jass – le miré – No quiero decir que tú no me comprendas – alegué rápidamente – solo que…bueno…nadie es capaz de imaginar lo que es eso.

Todos me miraron esperando a que les explicase como me sentía. Sabía que ellos no me preguntaban por el hecho del morbo que podía ocasionar una noticia como esa, ellos me preguntaban porque querían ayudarme, querían que me desahogase.

- Yo estaba durmiendo y escuché gritos – comencé mientras Edward me apretaba aun más fuerte contra él – La imagen de mi madre contra la pared toda llena de sangre aun recorre mi mente, la forma en la que Phil me tocó…en la que se lanzó sobre mi madre y comenzó apuñalarla, todo pasó tan rápido y a la vez tan lento…todo fue…como una pesadilla, una pesadilla que te persigue eternamente y de la que nunca despiertas… - nuevas lágrimas volvieron a recorrer mi rostro

- Lo siento… - susurraron todos

- No es vuestra culpa. Además, no todo fue tan terrible, al menos sigo viva, gracias a mi pequeño ángel – sonreí - ¿recordáis chicas el chico que os dije que me salvó de la muerte? – ellas asintieron y sonrieron de una menara que no logré descifrar que les sucedía – Bueno pues, él fue el verdadero motivo por el que regresé a Forks, para buscarle y agradecerle por salvarme la vida…- no era necesario añadir que había estado enamorada de él – ese pequeño ángel arriesgó su vida por mí, la verdad no estoy muy segura de cómo paso todo solo sé que…

- Con ayuda de tú ex-portátil Phil cayó inconsciente y ese nos dio el tiempo suficiente para escapar – Miré a Edward entre sorprendida y confusa ¿Cómo sabía Edward eso? ¿Por qué había dicho ``nos´´? ¿Es que acaso él…?

- Tú…eres… - susurré

- Aquel día, como otro cualquiera, me escapé de mi casa y trepé por el árbol que había justo a tu ventana hasta llegar a esta y colarme en tu habitación. Adoraba verte dormir – sonrió – te veis tan linda, además, hablabas en sueños y me gustaba saber lo que pensabas; pero ese día no estabas en tu habitación y había mucho jaleo en la planta baja. No pude evitar la curiosidad así que caminé pro el pasillo hasta llegar al barandal y ver que sucedía en la planta baja. Aun siento arder mi sangre cuando vi como ese tipo recorría tu cuerpo con sus asquerosas manos… ¡Yo no podía permitir algo así! ¡No podía permitir que te hiciese daño! Entonces corrí a tu habitación y busqué algo con lo que defenderme. No encontré nada y de pronto, cuando escuché los gritos de tu madre cogí lo primero que vi, el portátil y lo lancé sobre la cabeza de ese desgraciado. Él cayó desmayado al suelo y yo corrí a tu lado. Estaba tan asustado, te amaba y no podía imaginar que te hubiese perdido. Cuando llegué a tu lado aun respirabas y mi corazón volvió a latir, fue cuando te desperté y te llevé hasta mi casa. Por fortuna mis hermanos se habían ido a casa de mis tíos y no tuve que someterme a uno de sus interrogatorios. Mi padre te curó y creí que de ahora en adelante todo estaría bien; pero cuando te llevé hasta tu casa…desapareciste y dejaste de ser mi hermosa vecina, aquella de la que me había enamorado solo al verla a través de una ventana, convirtiéndote así en mi amada chica desaparecida, a la que creí olvidar cuando te conocí y me enamoré perdidamente de ti. Aunque ahora…supongo que nunca dejé de amarte…

Mis ojos se llenaron de lágrimas, después de tanta confusión y de tanto dolor, Edward era mi ángel, al que siempre y por siempre amaría; peor nuevamente era incapaz de decir nada. Así que ya que no podía hablar, lo demostraría con actos. Me moví un poco en los brazos de Edward y me puse de puntillas para llegar a sus labios y besarle con suma devoción, con cariño, con dulzura, de manera tierna y cargada de amor. Edward me pegó a su cuerpo aun más – si es que eso era posible – mientras movía sus labios al compás de los míos. Definitivamente, Edward y yo éramos como las dos piezas de un puzles hechas para encajar a la perfección, para siempre.

Con lentitud me separé de él y la sonrisa curvada de sus labios me estaba haciendo perder el hilo de mis pensamientos. Bueno, si es que alguna vez había podido pensar estando entre sus brazos. Abrí mis labios con la intención de decir algo; pero Edward rió y me volvió a besar esta vez de manera apasionada e incluso llegándome a apoyar contra la pared que tenía detrás de mí. No pude evitar dejarme llevar por él y llevar mis manos a sus cabellos, desordenándolos aun más y disfrutando de lo sedoso de sus cabellos cobrizos.

Nuevamente nos separamos, cuando comenzaba a faltarme el aire y Edward aun seguía mirándome con esa sonrisa endemoniadamente sexy; pero esta vez ni sus musculoso pecho chocando pegado al mío, ni sus brillantes ojos verdes, ni sus carnosos labios me distraerían.

- Edward…te amo…desde la primera vez que vi tus hermoso ojos en la oscuridad de esta habitación…te amo con cada célula de mi cuerpo, con toda mi alma…y te amaré siempre…

- Yo te amaré eternamente… - sus labios nuevamente volvieron a capturar los míos

- ¡Ya vale! ¡Ya vale! – gritó Emmett - ¡Chicos que hay público! – se señaló a él y a todos los demás que sonreían divertidos - ¿Por qué no os buscáis un hotel?

- ¡Cállate Emmett! ¡Tú eres peor que nosotros! – le regañó Edward

- ¡Ja! ¡peor yo beso mejor! ¿Verdad Rosalie?

- A mí no me metas – se quejó Rosalie mientras todos comenzaban a reír

Después de eso pasamos la noche todos en mi casa, entre chistes de Emmett, cotilleos de Alice, anécdotas vergonzosas sobre Jasper por parte de Edward y comentarios chistosos por parte de Rosalie que normalmente hacían quedar mal a Emmett.

Al día siguiente los alumnos que había organizado la apuesta de la casa encantada nos dieron nuestros 200 dólares y cuando salí del instituto fui a casa de Edward y tras hablar con sus padres me ofrecieron quedarme en su casa a vivir con ellos, he de reconocer que no quería, pues me daba vergüenza y ellos apenas me conocían, pero tras una ``charla de persuasión´´ - en la que más que todo se dedicó a besarme para persuadirme – por parte de Edward acepté y desde ese momento vivo con los Cullen.

Ahora, al fin puedo asegurar que Forks, no me traía mala suerte, sino todo lo contraría a fin de cuentas…al fin había encontrado a mi ángel. Con el cual, de un momento a otro...compartiría el resto de mi vida.

- Si quiero… - susurré al cura mientras Edward me miraba con la más hermosas de sus sonrisas

- Para siempre… - susurró y deslizó el anillo por mi dedo…

Aun no podía creer que me estaba casando con Edward Cullen y tampoco podía creer que fuese incapaz de escuchar con claridad lo que le cura decía, solo sé que la ceremonia terminó cuando Edward me tomó de la cintura y me besó con tremenda dulzura mientras me cogia en sus brazos y como a una princesa y la gente comenzó a lanzzarnos arroz y petalos de rosas y a felicitarnos.

Sí, mi vida no podía ser más prefecta ahora, era la Señora Cullen y estaría con Edward hasta que la muerte nos separese...bueno según Edward...él me amaría hasta después de la muerte, igual que yo a él.

FIN


N/A: Bueno aqui está el último capitulo de este fic ^^ Espero que os haya gustado y que me dejeis muy lindos Reviews con vuestras opiniones ya que espero ansiosa saber que pasa por vuestras cabezas ^^

Me despido de todos vosotros mis queridos lectores con muchos besos vampiricos :[

Nos leemos!! ^^